Etiqueta: democracia

  • Democracia de dos patas

    Democracia de dos patas

    La democracia es el peor sistema diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás. Winston Churchill

    Democracia de dos patas

    Se me viene la mente esta analogía que hacía un amigo mío:

    Las vacunas son muy buenas, son tan buenas que ni nosotros ni la gente cercana a nosotros ni nuestros grupos de referencia nos enfermamos de aquellas enfermedades de las que nos vacunamos. Como nunca hemos vivido sin vacunas y no entendemos como viviríamos con su ausencia, las damos por sentado y no terminamos de valorar los beneficios que tienen. Entonces, un grupo anti-vacunas bajo el cobijo de la conspiración -y no la ciencia- puede promover el no uso de las vacunas, porque dicen que provocan autismo -de acuerdo a un estudio que en un principio lo sugería pero cuya hipótesis terminó siendo completamente descartada por la comunidad científica– y la gente se escandaliza. Los movimientos anti-vacunas no conocen la dimensión del problema que ocurriría si la gente dejara de tomar vacunas. Una minoría creyó su discurso, y el número de enfermos por sarampión se disparó.

    Algo así ocurre con la democracia. Nos hemos acostumbrado tanto a ella que subestimamos sus beneficios. Los damos por sentado.

    Los millennials, según un estudio de Harvard, son quienes están más decepcionados con la democracia, son quienes creen menos en las elecciones y no ven con tan malos ojos un levantamiento militar.

    Pero los millennials nacieron en democracia y siempre han vivido en ella, es decir, no han vivido dentro de otro régimen político, y los menos informados ni siquiera entienden bien a bien como se viviría dentro de un régimen autoritario.

    No me imagino a un joven promedio usuario de las redes sociales tratando de derrocar a un dictador a punta de pistola. Varios jóvenes de hoy ven inclusive con romanticismo a esas naciones donde muchas libertades están coartadas porque dicen, las otras están garantizadas. Cuba, por ejemplo.

    Esta gráfica ilustra la posición de los más jóvenes frente a la democracia. La pregunta que plantea es ¿consideras que tener un sistema político democrático es una mala o muy mala forma de gobernar a este país? Los más jóvenes consideran que es una mala forma, y también ha crecido esa creencia en los últimos años:

    Pérdida de fe en la democracia
    Fuente. quartz.com

    ¿Existen problemas en el mundo moderno que aquejan a la sociedad? Naturalmente. Es cierto que en algunos países desarrollados las clases medias no la están pasando muy bien, es cierto y tienen razón quienes dicen no sentirse representados por sus políticos. Los problemas existen. Pero son problemas que deberían poder resolverse dentro de una democracia en vez de tratar de prescindir de ella.

    Regresando a la analogía de las vacunas, es cómo si los efectos secundarios que algunas de estas pudieran provocar -mareos, debilitamiento, por suponer- fueran razón suficiente como para prescindir de ellas. En vez de presionar a las farmacéuticas para que mejoren sus fórmulas, dejamos de tomar vacunas, no importa si nos volvemos vulnerables ante el tétanos, la polio o la malaria.

    Hace tiempo escribí sobre la responsabilidad que las corrientes políticas democráticas tienen en el ascenso de figuras como Trump. De hecho, es muy sano que quienes creen en la democracia y quienes simpaticen con corrientes políticas que forman el consenso democrático liberal (desde la socialdemocracia hasta la centro-derecha) empiecen a hablar y a escribir sobre lo que dejaron de hacer. Me parece muy acertado que muchos liberales hablen sobre como cayeron en excesos con la cacareada corrección política y la política de identidad, excesos que cayeron en la arrogancia y contradicen el espíritu democrático como la negativa a debatir con los conservadores (muchos de ellos incluso parte de ese consenso democrático-liberal).

    Pero estos inconvenientes están muy lejos de ser una razón de peso para optar por un régimen autoritario.

    Por ejemplo, en los círculos liberales no se invita a los conservadores a debatir y se les recrimina por aquellas creencias suyas, que se afirma, atentan contra la igualdad o las minorías (ej, estar en contra del matrimonio igualitario). Pero los conservadores pueden poseer medios de comunicación, programas de radio, sitios web para expresar sus ideas y no ser reprimidos por ello. En un régimen autocrático -ese que se anhela al igual que se desconoce-, la libertad de expresión queda severamente comprometida. Ya no es que no te inviten a debatir, sino que te repriman por expresar tus ideas, que pises la cárcel o inclusive que pierdas la vida. Claro, esto no significa que pasemos por alto que a los conservadores no se les invite a debatir, sino que estos problemas y conflictos se solucionen dentro de la democracia.

    Muchos de quienes se dicen decepcionados por la democracia posiblemente no terminen de entender qué signifique vivir con estos derechos restringidos -cuando menos-. Posiblemente no entiendan los riesgos que conlleva vivir bajo regímenes autoritarios.

    De igual forma podemos hablar de los inconvenientes económicos. Las clases medias ya no están creciendo y la desigualdad es cada vez mayor, pero los régimenes autoritarios no suelen ser grandes promotores de clases medias -con excepción de países como Singapur, o en cierta medida China, a costa de varias libertades civiles- y los que están en la élite del poder tienden a acaparar casi todos los recursos. Incluso en aquellos países donde la igualdad es la bandera.

    Los desencantados no proponen una nueva forma de gobierno, sino que voltean atrás a esas fórmulas que fracasaron en tiempos pasados. Ante la escasez de líderes en las democracias modernas, voltean a los populistas y demagogos cuyas propuestas pueden ser desmentidas por aquellos que tienen conocimientos medianos en la materia. Los millennials, decepcionados e indiferentes, decidieron hacerse a un lado, y cedieron la iniciativa a aquellos que se sienten indignados que buscan soluciones fáciles e inmediatas a sus problemas.

    Parece que la democracia, como si se tratara de una relación sentimental, volverá a ser valorada hasta cuando ya no esté. Y si eso pasa, vamos a tener que esforzarnos pero mucho para que regrese con nosotros.

  • Los 6 tipos de usuarios de Internet (y por qué no es tan democrático)

    Los 6 tipos de usuarios de Internet (y por qué no es tan democrático)

    Con la llegada de Internet pensamos que la democracia se iba a consolidar. El argumento esa muy sencillo: si la información está al alcance de todos, entonces todos pueden beneficiarse de ella. Gracias a Internet ya no existirían medios unidireccionales que monopolicen la información sin que el usuario pudiera responder o interactuar. Entonces, se decía, la ignorancia cerraría sus puertas para crear una sociedad compuesta solamente de ciudadanos críticos e informados. Nada más falso.

    Los 5 tipos de usuarios de Internet (y por qué no es tan democrático)
    eldiario.es

    Pensamos que la amenaza a esa democratización y posibilidad de compartir conocimiento peligraba gracias a mecanismos institucionales restrictivos como la Ley SOPA. En realidad, parece que la disponibilidad del conocimiento puede ayudar a reforzar la desigualdad -tanto económica como intelectual- dentro de una sociedad porque nuestra capacidad económica y nuestra capacidad intelectual condiciona lo que podemos hacer con dicho conocimiento.

    Ciertamente, Internet ha abierto puertas a aquellos que antes no tenían acceso al conocimiento. Por ejemplo, personas de países en desarrollo que no podrían aspirar a estudiar una carrera -pero que gracias a sitios web como coursera.org o edx.org pueden adquirir conocimiento para especializarse de forma gratuita-, son mejores profesionales con un mejor ingreso. Pero de la misma forma, una persona que antes se encontrara en una posición relativamente cómoda y que no ha podido o querido adaptarse a Internet, puede verse perjudicada. Por ejemplo, personas con trabajos que han sido reemplazados por el desarrollo tecnológico.

    Decía que los seres humanos no nos encontramos en las mismas condiciones. Tenemos distintos ingresos, nacemos en condiciones totalmente distintas, algunos tuvimos más suerte que otros, unos somos más inteligentes o tontos que otros, unos somos más sociables o antisociales que otros, unos tenemos más valores y principios que otros, y algunos tenemos más o menos criterio que otros. Debido a estas diferencias, que pueden ser atenuadas pero nunca eliminadas, es que en el mundo hay ganadores y perdedores. Y de igual forma, hay quienes ganan mucho más con Internet que otros.

    Entendiendo estas diferencias, me atreví a hacer una escala de usuarios de Internet y su papel con la información que ahí se genera. Tal vez pueda escucharse un tanto reduccionista al simplificar el rol del individuo en Internet de esta forma, pero creo que es la forma más fácil de explicar cómo la gente genera o consume contenidos en Internet, y cómo es que estos roles generan una condición de desigualdad:

    1. El capitalista
    2. El influencer
    3. El técnico
    4. El crítico (o informado)
    5. El ingenuo
    6. El ignorante (o anticuado)

    Esta lista está organizada -de mayor a menor- por la capacidad que cada uno tiene para beneficiarse de la información en Internet. A los primeros dos -el capitalista y el influencer- los podemos considerar emisores -es decir, ejercen influencia sobre los demás al emitir o controlar la información-, mientras que los otros tres son receptores de la información. El técnico, por su parte, puede jugar ambos papeles.

    Antes de empezar a describir a cada uno, debo señalar que aunque coloqué al capitalista por encima del influencer, no siempre sucede que el capitalista tenga más poder de influencia que el influencer. Es decir, un influencer podría ejercer más influencia que aquel que tiene algunos millones de dólares para invertirlos en pauta y big data. También se puede dar el caso que el individuo juegue más de un papel. Un influencer que amase dinero gracias a la publicidad en Youtube y lo invierta para tener mayor alcance, podría ser considerado capitalista también.

    También un emisor puede jugar al mismo tiempo el papel de un receptor. Un influencer, por ejemplo, puede ser un crítico, o bien, puede jugar el papel del ingenuo, con lo cual logrará amplificar la desinformación dentro de Internet.

    De igual forma un crítico podría llegar a jugar el papel del ingenuo en más de alguna ocasión. Que suela estar informado no lo hace completamente inmune de caer en alguna trampa.

    Pero aún haciendo estas aclaraciones, el individuo terminará siempre jugando más un papel que los otros. El capitalista será siempre más capitalista que influencer, y el crítico será la mayor parte de las veces crítico y no ingenuo.

    1.- El capitalista

    El capitalista, Donald Trump, Facebook

    El capitalista se encuentra en la punta de la pirámide social: ha amazado mucha fortuna, y así como puede invertir en bienes raíces o empresas, también puede invertir dinero para influir en la opinión pública -de forma positiva o negativa-. No sólo es el capitalista tradicionalmente hablando, sino quien tiene dinero a su disposición, como pueden ser los gobiernos o diversas instituciones.

    Vamos a decir la verdad, quien tiene más dinero tiene mayor capacidad de influir -o manipular- a la opinión pública. Dentro de esta categoría no sólo podríamos considerar a individuos, sino a empresas como tales. Quienes tienen capital pueden invertir en tecnología o infraestructura. Google o Facebook pueden considerarse capitalistas: casi toda la información que circula por Internet pasa por ellos, y aunque, al menos en teoría, tomen una postura neutral con respecto a la información, al modelar la estructura por la cual la información circula, terminan ejerciendo influencia porque condicionan la forma en que el usuario final la consume.

    Un individuo o empresa que tenga la suficiente cantidad de dinero para crear unidades de conocimiento se puede considerar capitalista. Un grupo de accionistas que desarrolle un portal de información en línea y tenga los suficientes recursos para darle una gran exposición también. Un capitalista puede manipular a la opinión pública a su favor. Si un político tiene dinero como para esparcir información falsa a su favor, también es un capitalista.

    El propio Donald Trump -o su campaña- es un capitalista -en este sentido-, y a la vez, también explica el rol capitalista de Facebook -aunque Mark Zuckerberg no simpatice con Trump-. La inversión de la campaña de Trump en Facebook Ads y big data fue esencial para ganar las elecciones. Si Obama mostró que Internet puede darle el triunfo a candidatos progresistas, y si Egipto y Libia demostraron que Internet puede derrocar dictaduras, Trump logró mostrar que Internet también puede ser la vía para el ascenso de algún político autoritario o hasta fascista.

    Básicamente, el equipo de campaña de Trump invirtió una gran cantidad de dinero en pautas. Quienes hemos usado Facebook Ads, sabemos que la infraestructura que tiene la red social es algo enorme, complejo e intrigante. Por ejemplo, la campaña de Trump buscaba disuadir a aquellos sectores que Hillary necesitaba: los blancos liberales idealistas, los afroamericanos y las mujeres blancas. Y lo logró.

    Segmentar la audiencia a la que se quiere llegar -gracias a los custom audiences, los lookalikes y la segmentación por intereses– es algo completamente posible. Si quiero mostrar anuncios a jóvenes de la Ibero considerados de izquierda que mantienen una relación, que tienen una edad de 18 a 22 años de edad, que anden en bicicleta y que además les guste correr, lo puedo hacer. Gracias a nuestra actividad en Facebook -las Fan Pages que te gustan, los contenidos que compartes, cuando publicas que tienes novia o que vas a entrar a estudiar algo-, la red social crea un perfil de nosotros y de cada usuario, de tal forma que les pueda servir a los anunciantes para mostrarte sus productos. Gracias a Facebook, un capitalista puede influir en la población -desde crear consciencia sobre algún tema hasta desinformar por medio de notas falsas para modificar percepciones políticas- y beneficiarse de ello.

    Sólo basta tener mucho dinero para que el alcance sea mayor.

    2.- El influencer

    Fuente: Youtube
    Fuente: Youtube

    El influencer no tiene -necesariamente- la cantidad de dinero que un capitalista tiene, pero tiene la capacidad de ejercer influencia sobre otras personas. Cuando hablamos del influencer, se nos vienen a la mente los videobloggers como Werevertumorro o Chumel Torres. Sí, ellos son un tipo de influencers, pero no son los únicos.

    También lo son las personas líderes en su ramo que han utilizado Internet para amplificar su alcance son influencers. Por ejemplo, los especialistas en marketing digital, psicología, política, o finanzas personales –Sofía Macías por ejemplo- que son muy conocidos por quienes conocen el ramo.

    También los periodistas, columnistas y opinólogos que crearon parte de su reputación fuera del Internet -es decir, en medios tradicionales-, y que gracias a éste han tenido un mayor alcance -lo cual ocurre sobre todo en Twitter-, lo son, porque gracias a Internet ejercen influencia sobre los demás. Por ejemplo, Denise Dresser o Pedro Ferriz de Con deben ser considerados como influencers.

    Muchos influencers no necesitaron de mucho dinero para crearse una reputación tal que les diera la capacidad de influir sobre los demás, pero sí necesitaron de mucho talento, o una gran habilidad para crear un proyecto.

    Los influencers son quienes han tenido una mayor movilidad social gracias a Internet. Mientras los capitalistas ya lo eran, los influencers, en muchos casos, eran personas comunes y corrientes que dieron con la fórmula correcta.

    El influencer también puede modificar o manipular la opinión pública, pero a diferencia del capitalista -quien en muchos casos puede ocultarse-, el influencer tiene que dar la cara, y su reputación queda sujeta al escrutinio público.

    Cuando hablamos de la viralización de un contenido, el influencer juega un papel esencial. Contrario a la creencia general de que los contenidos se viralizan solos como si se multiplicaran como un virus, ésto ocurre gracias a que dicha información llega a uno o varios influencers -que no necesariamente conoces-, y cuando éstos lo comparten, amplifican considerablemente su alcance. El libro The Tipping Point de Malcolm Gladwell, ilustra bien la forma en que el conocimiento se viraliza.

    3.- El técnico

    El técnico
    Funny botanist © Serg Nvns – Fotolia.com

    El técnico es aquel que puede beneficiarse de la información gracias a su especialización en áreas relacionadas con las tecnologías de la información. Un técnico puede ser un data scientist que tiene la capacidad de analizar cantidades de datos muy grandes (big data), un hacker que a través de sus conocimientos en computación puede obtener un beneficio de la información, o un programador que pueda diseñar la arquitectura de sitios e interfases por medio de las cuales se transmita dicha información.

    Los técnicos generalmente no emiten información, pero sí pueden condicionar la forma en que ésta se consume, pueden influir para determinar quienes consumirán determinada información, o bien, pueden tomar decisiones con base en la información que recibe y obtener un beneficio. Un data scientist puede analizar datos de tal forma que con los cruces que haga tenga un mayor conocimiento de un sector de la población, conozca sus hábitos de consumo o incluso su perfil psicológico. Esto le ayudará mucho para influir en dichos segmentos que le interesan y conoce a la perfección.

    El hacker puede manipular los canales de comunicación -para distribuir información, chantajear a gobiernos, empresas o instituciones-, o puede extraer información con el mismo fin, para obtener un beneficio personal, político o ideológico. También puede ser contratado por capitalistas para que le ayudan a sus fines, o bien, pueden atentar contra los intereses de dichos capitalistas.

    El técnico es el único que posee conocimiento especializado en tecnologías de la información, por lo cual, todos los otros tipos de usuarios (excepto el ignorante, quien no accede a Internet) dependen de él. El capitalista, por más dinero que tenga, necesitará de un especialista para poder crear la arquitectura de una unidad de conocimiento, o utilizará un sistema «creado por técnicos» para poder invertir en publicidad digital. El influencer necesita de plataformas creadas por técnicos (como Youtube o Twitter) para poder alcanzar a sus seguidores. Y así también el crítico y el ingenuo también necesitarán de esas plataformas para consumir contenidos en Internet.

    4.- El crítico (o informado)

    Fotografía: Alfredo Cunha
    Fotografía: Alfredo Cunha

    Como mencioné, a diferencia de los primeros dos personajes, el crítico no genera información sino que la consume o la comparte en sus redes -con un limitado alcance-. El crítico es el mejor consumidor de información en Internet y es el más inmune ante la manipulación que pueden llegar ejercer tanto el capitalista como el influencer porque son, valga la redundancia, críticos con la información que reciben.

    El crítico, gracias a su criterio, sabe utilizar la información a su favor. El crítico suele ser educado -aunque pueden darse casos en que una persona con alta escolaridad puede tener menos criterio que uno con menor escolaridad-, y suele tener el hábito de adquirir conocimiento de forma constante.

    El crítico es quien sabe usar mejor todas las herramientas que facilita Internet. Posiblemente busque especializarse gracias a esta herramienta por medio de sitios en educación en línea o haga consultas en buscadores o sitios especializados para solucionar problemas. Además, sabe ser selectivo con la información que consume. El crítico revisa las fuentes de la información que circula en Internet, suele mostrar escepticismo y sabe contrastar información.

    Sin embargo, tenemos que recalcar que el crítico no es perfecto, porque a pesar de su capacidad de contrastar y ser selectivo, puede estar condicionado por sesgos ideológicos -ya sea, preferencia política, religión, políticas económicas- que harán que dé preferencia a cierto tipo de información.

    Otro detalle a señalar es que el tipo de contenidos que un usuario tiene más posibilidad de consumir en Internet, es aquel con el que muestra mayor simpatía. Esto ocurre porque redes sociales como Facebook muestran al usuario contenidos similares a los que suele compartir o con quienes suele interactuar, así generando una cámara de eco. Lo mismo ocurre con Twitter donde el usuario tiende a seguir más bien a usuarios que sigan una línea ideológica similar.

    El crítico es aquel que asumimos en que nos convertiríamos todos, y por eso pensamos que el poder de los capitalistas estaría limitado por la población en su conjunto y la sociedad ya no volvería a ser manipulada, pero no fue así.

    5.- El ingenuo

    El ingenuo
    http://www.academiasidiomas.es/

    A través de la historia hemos aprendido que, en mayor o menor medida, la gente informada y preparada intelectualmente es una minoría dentro de una sociedad dada; mientras que la gente que no lo es, suele ser mayoría. Quizá suene políticamente incorrecto decirlo, pero es una realidad que puede ser fácilmente demostrable.

    De esta forma podemos entender que «el ingenuo» sea el personaje que más abunde en Internet.

    El ingenuo es quien es más susceptible de ser manipulado por quienes emiten la información (capitalistas o influencers). Aunque el ingenuo se conecte constantemente a Internet, no está preparado intelectualmente para absorber la información que recibe. De hecho, no suele utilizar Internet tanto para informarse, sino para divertirse. El ingenuo entra a Internet para estar conectado en Facebook -donde puede recibir información falsa que no tiene capacidad de rechazar-. El ingenuo, por ejemplo, puede dar por válida información que circula como cadena en Whatsapp.

    Si bien, algunos ingenuos suelen ignorar información relevante que pueda malinformarlos -por ejemplo, que no estén interesados en política, y no pongan atención a anuncios o artículos relacionados-, otros pueden pensar que son críticos y apasionarse por diversos temas, pero sin la capacidad de interpretar o contrastar la información que reciben.

    El ingenuo, al igual que el crítico, no sólo consume información , sino que también la comparte; con lo cual puede desinformar a más gente. Pueden existir casos en que un influencer pueda llegar a jugar el papel de ingenuo y compartir información falsa en redes, amplificando su alcance y desinformando a mucha gente sin tener la intención de ello. Supongamos, por ejemplo, que Chumel Torres recibe información sobre un desfalco que nunca ocurrió, e indignado, lo comente en sus redes; información que será dada como verdadera por muchos usuarios de Twitter.

    6.- El ignorante (o anticuado)

    El ignorante (o anticuado)
    http://www.dfiles.me/

    El ignorante es aquel que básicamente no tiene acceso a la información porque no está familiarizado con Internet. Este grupo naturalmente está compuesto principalmente por personas mayores de edad.

    El ignorante también puede jugar el papel de ingenuo o de crítico con respecto a la información que circula en Internet y le llega por medios externos. Por ejemplo, un pariente que le comente sobre cierta noticia que circula en Internet, y el ignorante, al ser una persona leída y cultivada, tenga la capacidad de darse cuenta que esa noticia es falsa.

    Los ignorantes, al no estar conectados, no reciben beneficio alguno de Internet, y por tanto, se encuentran en desventaja frente a los demás. En muchos casos, esa desventaja se puede convertir en menos oportunidades profesionales, rezago, o incluso en cierta exclusión social (que todos los familiares estén conectados menos él).

    Conclusión

    Al darnos cuenta que tanto los recursos económicos, el talento, los roles de cada individuo en una sociedad, y la capacidad intelectual determinan la forma en que cada usuario consume los contenidos en Internet, entonces entendemos por qué tener tanta información en nuestras manos no se ha transformado en esa democratización que tantos esperábamos.

    Más bien, Internet ha cambiado las reglas del juego. Y algo que ha quedado en evidencia, es que nuestras instituciones y nuestras formas de organización se han visto rebasadas por esa súbita cantidad de información que apareció en nuestras manos y que hace menos de dos décadas no teníamos.

    Posiblemente el ascenso de la ultraderecha en Occidente tenga, entre muchas explicaciones, que aquellos que están más informados suelan ser más escépticos con sus gobiernos, haciendo menos atractivas las candidaturas con posturas cercanas al centro político -con lo cual algunos fueron disuadidos de votar-, en tanto que aquellas personas con menos educación y que son más proclives a ser engañados por medio de Internet (véase Estados Unidos y Brexit) vieron en candidatos populistas y demagogos una opción muy atractiva.

    Estoy seguro que con el tiempo podremos saber utilizar Internet y todo el conocimiento que hay ahí de mejor forma, hay indicios de ello. Pero ya no podemos pensar a estas alturas del juego que Internet por sí sólo democratizará al globo terráqueo. Posiblemente fuimos muy idealistas, ahora es muy conveniente tomar una dosis de realidad, y empezar a trabajar desde ahí.

  • Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Un voto por la oscuridad

    Lo que sucedió con Colombia el día de hoy nos deja una gran lección.

    Primero, que los votantes son más bien irracionales y no racionales; segundo, que las encuestas no son una herramienta de referencia fidedigna; y tercero, que el miedo es un gran arma electoral, mueve masas de forma inimaginable.

    Cierto, mencioné tres lecciones y no una. Pero es que sabiéndolas interpretar, se resumen en una sola: Donald Trump puede ganar la presidencia el 8 de noviembre.

    Quienes claman que los acuerdos de paz en Colombia no eran justos posiblemente tengan razón. Muchos esperaban ver a los miembros de las FARC enjuiciados y no «legalizados». Pero también es muy cierto que con estos acuerdos se terminaría una guerra que ha lastimado tanto a este país y que no tenía salida. Curiosamente el SÍ ganó en aquellas regiones más lastimadas por la guerra, y el NO ganó en aquellas regiones «cómodas» que posiblemente no entienden que significa vivir en esas circunstancias y no les ha tocado.

    Un día que pudo ser histórico se convirtió en uno oscuro. Los colombianos votaron por la guerra movidas por el miedo, así hay que decirlo, no es necesario ser políticamente correcto. Paradójicamente, un dos de octubre, ese día infame para la historia mexicana por la masacre de Tlatelolco, en Colombia se votó SÍ a la guerra.

    Me siento apenado por mis amigos colombianos que están consternados por la decisión que han tomado sus connacionales. Pero lo que me preocupa más es lo que falta por venir.

    El miedo, la ignorancia y los sentimientos viscerales están ganando terreno en un año oscuro para la democracia liberal. Los muros, la nostalgia por el pasado, la cerrazón. Si uno quiere buscar paralelismos con el escenario de entre-guerras, posiblemente los encuentre y seguramente no serán pocos. Son esos mismos sentimientos los que dieron pie para que el fascismo ascendiera y causara una gran tragedia global.

    El 8 de noviembre podría convertirse en uno histórico, pero no por tratarse de el fin de alguna dictadura, del derrocamiento de un régimen opresor o el fin de una guerra, sino todo lo contrario. A estas alturas, mucha gente sigue confiada y piensa que Donald Trump tiene la elección perdida. Las encuestas no lo marcan como favorito, pero las encuestas tampoco marcaron como favorito al Brexit, y mucho menos al NO en colombia. Puede pasar cualquier cosa.

    Habría qué preguntarse qué está pasando en el mundo para que esta ola de retrocesos se expanda por todo Occidente. ¿Está la democracia en crisis?

    La respuesta no es simple. En algunos países las clases medias se han estancado, y a diferencia de décadas anteriores, no sienten que el futuro les vaya a ser muy promisorio. ¿Las razones? Varias, entre ellas están los avances tecnológicos. propios de la transición de una sociedad industrial a otra de las tecnologías de la información, que están desapareciendo puestos de trabajo poco cualificados que serán sustituidos por máquinas o inteligencia artificial -Trump tiene mayoría de votantes en estados donde este tipo de empleos están desapareciendo, y el Brexit ganó mayoría de adeptos en regiones similares-. Por otro lado, el deterioro del estado de bienestar (welfare state) causado por un lado por lo insostenibles que son las pensiones y porque políticamente ya no ha sido tan rentable sostenerlas -recordemos que en muchos casos se implementaron con el fin de contrarrestar fuerzas con el comunismo soviético-, así como la concentración de recursos en una minoría también ha creado una sociedad más desigual.

    Es cierto, este es un problema real que invita a replantear el sistema bajo el cual vivimos. Francis Fukuyama alerta sobre un deterioro en el sistema político de Estados Unidos, fenómeno que se replica en muchos países occidentales. El politólogo estadounidense afirma que los sistemas no son eternos y tienden a la entropía, cosa que ocurre con los Estados. Ese deterioro ocurre cuando el Estado se vuelve incapaz de adaptarse a las circunstancias para poder satisfacer las necesidades de sus gobernados. En muchos países, el sistema democrático ha mostrado cierto deterioro. La sociedad occidental ha sufrido muchos cambios mientras que sus gobiernos se han mostrado rezagados. Fukuyama afirma que el sistema político estadounidense se ha mostrado inoperante. Moises Naím por su parte, afirma que el poder se ha fragmentado de tal forma que los gobiernos son incapaces de tomar decisiones determinantes por el «exceso» de contrapesos, mecanismos y trabas que fueron concebidos originalmente para evitar el exceso de poder.

    La misma desigualdad puede ser un peligro para la democracia. Como sostiene el propio Fukuyama, las democracias surgieron en países con una clase media de tamaño considerable. Aquellos países cuya clase media es reducida, han tenido más problemas para sostener un régimen democrático, o bien, son regímenes autoritarios. En este sentido no es raro que muchas manifestaciones que van en contra, como las de Donald Trump, se den en países, o regiones, donde la clase media está estancada, de la misma forma en que ocurrió con el debilitamiento de las clases medias tras la crisis de 1929 que prendió la mecha para que los regímenes fascistas ascendieran.

    Pero si bien, estos signos son reales, la reacción es bastante desproporcionada. Y me atrevo a decir que es así, porque dicha reacción no sólo se alimenta de este estado de las cosas, sino de los discursos demagógicos y de miedo pronunciados por aquellos que afirman, con cifras irreales a la mano, que el mundo está peor que nunca. En realidad, a pesar de lo que acabo de mencionar, hay muchos otros indicadores que contradicen los discursos de estos demagogos que desde la extrema izquierda o derecha, buscan engañar a sus simpatizantes.

    Por ejemplo, a pesar de los atentados en varias ciudades de Europa, la violencia en el mundo se encuentra en su mínimo histórico:

    ourworldindata_global-war-deaths-1400-today-size-of-the-bubble-shows-percentage-of-world-population-killed_the-hague-centre-for-strategic-studies0
    The Washington Post

    De la misma forma, la pobreza extrema se ha reducido de forma considerable.

    www.brookings.edu
    www.brookings.edu

    A pesar de que las cifras no son tan pesimistas como muchos creen, la percepción tiene un papel muy importante en el discurso de aquellos demagogos que buscan poner la reversa. Un atentado en una ciudad como París donde 80 o 100 personas mueren no tiene gran relevancia estadísticamente hablando, pero sí lo tiene de forma simbólica, París es considerada la capital cultural de Occidente y un atentado contra esa ciudad, es un atentado contra el corazón occidental. DAESH y demás organizaciones terroristas, han sido de alguna forma efectivos en su intención de debilitar a Occidente. Los atentados perpetrados han alimentado el discurso de los demagogos como Trump, y quienes podrían alterar el orden.

    El caso de Colombia posiblemente no tenga mucha relación con el estancamiento de las clases medias y demás factores que mencioné, pero sí ejemplifica el papel que tiene el miedo a la hora de salir a votar.

    A pesar de que Hillary va a la cabeza en las encuestas, los discursos irracionales basados en los sentimientos más primitivos y viscerales pueden terminar modificando las tendencias. ¿Habremos aprendido la lección? Lo sabremos el 8 de noviembre. Y espero que sí lo hayamos hecho, de lo contrario, podrían venirse tiempos muy oscuros.

    Nota al pie: Desde aquí aprovecho para lamentar la muerte de Luis González de Alba. Quien fuera manifestante en la Masacre de Tlatelolco en 1968 y  estuvo preso dos años por la misma razón, murió quitándose la vida en su casa de la Colonia Americana en Guadalajara. No, no es casual que haya muerto un 2 de Octubre. Así lo decidió hacer porque esta fecha marcó su vida. El escritor fue polémico por las confrontaciones que tuvo con la izquierda, varias veces no concordé con él, pero fue una persona muy inteligente y culta, lo cual siempre dejó impreso en sus escritos. Que en paz descanse.

  • Donald Trump y buenas noches. Cómo la ignorancia puede tumbar a EEUU

    Donald Trump y buenas noches. Cómo la ignorancia puede tumbar a EEUU

    A veces creo que idealizamos mucho a los países desarrollados. «Mira, en México pasa esto, en cambio en Estados Unidos, o Dinamarca, o Suecia». En esa excesiva idealización olvidamos que la especie humana es la misma, que aquello que es diferente es la evolución de las instituciones con las que se gobiernan, la cultura, el nivel de educación (producto de lo primero) o que ellos tienen acceso a más insumos porque tienen una mayor capacidad de producir más. Dicha evolución es producto, por lo general, de decisiones tomadas en momentos coyunturales.

    Donald Trump y buenas noches. Cómo la ignorancia puede tumbar a EEUU

    Pero los habitantes de los países desarrollados tienen las mismas necesidades físiológicas y psíquicas que un nicaraguense, un tailandés o el jefe de una tribu africana. Es decir, tienen la necesidad de recibir afecto, de alimentarse, de tener sexo o de autorrealizarse.

    Tal vez explicando esto podría entender un poquito más por qué la gente de Estados Unidos tiene la capacidad de hacer que Donald Trump sea un contendiente serio para la Presidencia de Estados Unidos. Ésto se podría explicar aceptando que el ser humano no es infalible y puede fallar, pero no sólo eso, Estados Unidos, por más potencia hegemónica que sea, no es la cultura más avanzada de este planeta, ni es el país más desarrollado. Un ejemplo es la educación, en la prueba PISA, Estados Unidos no obtiene muy buenos resultados. En lectura está apenas encima de la media de la OCDE (lugar 17) y en matemáticas se encuentra muy debajo, en el lugar 27, mucho más cerca de México (último lugar) que de Corea del Sur (primer lugar).

    Estados Unidos tiene una clase intelectual relativamente sólida, tiene muy buenos físicos, matemáticos, científicos, filósofos, politólogos. empresarios. Muchos de ellos tienen alguna relación con la Ivy League, así llamado al conjunto de universidades más destacadas de Estados Unidos. Parece que más allá no hay mucho que mostrar: la educación es mala, no es digna siquiera de un país desarrollado. Esto nos podría explicar en cierta parte, que Donald Trump pueda contender a la candidatura.

    Pero aún así una nación verdaderamente desarrollada no está completamente inmune a los populistas, en los países escandinavos han aparecido grupos extremistas. Es mucho más difícil manipular a una persona educada, pero tampoco es completamente imposible. Pueden darse diversas circunstancias para que el docto pueda caer en la trampa. Pero ciertamente es mucho más difícil y el alto nivel de educación funge como un escudo relativamente eficiente frente a los demagogos.

    Pero no es el caso de Estados Unidos, porque al menos en su mayor parte, la ignorancia en el país norteamericano es lo que ha hecho que Donald Trump pueda llegar a ser Presidente. Trump les ha dado una voz a aquellos que no tienen un lugar en la sociedad estadounidense, en parte porque no tienen una gran educación y tampoco tienen una gran preparación para desarrollarse profesionalmente. Parte de su electorado son aquellas personas que ante la huida de sus empleadores a otros países para tercerizar la mano de obra (una de las razones por las que México es vilipendiado de Donald Trump) y el arribo de otras razas o estratos sociales que amenazan su «zona de confort» han visto con buenos ojos a los caudillos populistas (sí, igual que en Venezuela o Bolivia). Dicha masa tiende a ser muy tradicionalista y suele tener rasgos autoritarios, porque éstos son los que les permite defender su estilo de vida de lo que consideran «amenazas» como los latinos, terroristas, matrimonios gay o capillas de otras religiones:

    Trump_poll2.0.0

    Estados Unidos está pagando caro no haber procurado una buena educación para sus ciudadanos, la vasta ignorancia en ese país está poniendo en riesgo esas estructuras creadas a través del tiempo y que le permitieron erigirse como potencia política y económica. La ignorancia puede poner en riesgo los principios democráticos del país.

    Y no sólo eso, la presencia de Donald Trump deja a los Estados Unidos en una franca contradicción. Ese país que tanto ha criticado a los populistas latinoamericanos se está dando el lujo de hospedar uno en su territorio para que pueda contender por la presidencia. Los republicanos, quienes han criticado más a este tipo de políticos, callan frente a la presencia de un magnate demagogo en su propio partido. A muchos no les gusta Trump, pero la mayoría de ellos (incluso Rubio y Cruz, los más cercanos competidores) dicen que lo apoyarán si termina siendo el candidato elegido por su partido.

    https://www.youtube.com/watch?v=5NzhQWcc7h4

    ¿Cuáles son los alcances de Trump? No lo sabemos. No lo sabemos porque Trump es poco predecible y porque las instituciones estadounidenses nunca se han puesto a prueba con un presidente demagogo que raya en el fascismo. Algunos afirman que todo sólo se trata de una estrategia de campaña y que no deberíamos preocuparnos, pero las declaraciones de Donald Trump son lo suficientemente fuertes como para subestimarlas. No son pocos los casos en que los medios subestiman a aquellos candidatos antidemocráticos bajo ese argumento. Sólo hay que recordar el primer artículo que escribió The New York Times sobre Hitler, donde afirmaban que su «anti-semitismo» sólo era una estrategia para atraer votantes y tenían fuentes confiables que les confirmaban que en realidad Hitler no era así. Ya vimos lo que pasó:

    CclFZopWEAAAtl2

     

    Si Trump gana, Estados Unidos pierde mucho. De hecho su calidad de potencia hegemónica estaría en peligro. El discurso sobre la democracia y las libertades es lo que todavía hace fuerte a ese país. Con Trump en la Casa Blanca, dicho discurso, en una presidencia que en el más benévolo de los casos sería contundente con los inmigrantes y establecería políticas económicas proteccionistas más de corte corporativista, ya no tendría sentido, o al menos quedaría en entredicho.

    También tendríamos que ver que efectos tendría el hecho de que la nación que presumió de ser el referente de democracia ante el mundo, por su capacidad de influencia, termine orillada por un régimen más cercano al fascismo. En caso de que Donald Trump, quien ha terminado por fracturar al Partido Republicano, termine radicalizándose en la Casa Blanca (una posibilidad), la «idea» de la democracia en el mundo perdería fuerza, al ya no haber potencia que la defienda (ni Rusia, ni China son países democráticos). Esto podría ser, sí, un gran problema.

    Trump metería a Estados Unidos en una cerrazón, con sus empresas obligadas a no tercerizar mano de obra en el extranjero y al expulsar a la mayor cantidad de migrantes. Ese país que se caracterizó por desempeñar un papel activo en todo el mundo, al influir sobremanera en los demás países, pero al permitir hasta cierto grado también, que otros países y culturas (entre ellos México) influyeran sobre éste, terminaría en el aislacionismo.

    No es gratuito que los medios de Estados Unidos ya se estén preocupando ante la posibilidad de que este magnate llegue a la Casa Blanca. La libertad de expresión no parece muy asegurada, más cuando Trump afirmó que tomará medidas con los medios que lo han estado criticando:

    trump-cover

    Y todo esto no es producto de eventos cíclicos en el mundo. Parece ser, más bien, producto de la ignorancia y la irracionalidad. Porque un país desarrollado no puede permitirse tener debates parecidos más bien a la lucha libre, y menos a un espacio para confrontar ideas de gobierno. Porque sí, el GOP (Partido Republicano) ha dejado patente la ignorancia que prevalece en amplios sectores del pueblo estadounidense, porque un circo es más atractivo, gritos, insultos, bromas, sarcasmos.

    Estados Unidos parece estar en franco declive. Si bien, Obama ha logrado hacer una buena presidencia, no ha podido por sus fuerzas contener los efectos de una cadena de errores cometidos en los últimos tiempos y que han puesto a Estados Unidos en una situación delicada, ésto aunado al surgimiento de nuevos actores en este delicado mundo de la geopolítica.

    Lo peor que podría ser el electorado estadounidense es votado por Donald Trump, porque no hará grande a Estados Unidos de nuevo (como reza su slogan), posiblemente lo condenará a no volver a ser grande jamás.

    https://www.youtube.com/watch?v=66duYXWEhqw

  • ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    Si tratamos de hacer una lista de los políticos destacables del pasado a la fecha, nos encontraremos con que, de acuerdo a nuestro juicio, son muy pocos: que de esos pocos la mayoría pertenecen al partido político con el que simpatizamos o simpatizábamos (la probabilidad de sesgo es alta). Si a alguna persona de a pie le preguntas que alcalde-gobernador-presidente ha levantado a su ciudad-estado-nación, posiblemente se quede callado. Incluso puede que te mencione algún político que generó mucha expectativa pero que jamás llegó a gobernar (ejemplo, Colosio).

    ¿Por qué, a pesar de todo, depositamos nuestra fe en un político?

    Pero a pesar de esto, cuando vienen nuevas elecciones, muchos optan por depositar su esperanza en alguien. El perfil de ese depositario gana adeptos no tanto por medio de sus resultados, sino por el de su discurso basado en la esperanza, en la confrontación contra un Gobierno sin legitimidad, o contra una situación en particular. También lo hace por las propuestas que ese depositario presenta, porque vamos, proponer es algo sencillo, hacer diagnósticos es muy fácil, lo difícil es llegar e implementarlos.

    Contrario a lo que piensan muchas personas, gobernar no es fácil. Es cierto que dentro de la política hay mucha corrupción, y en algunos ocasiones el que manda es parte del problema, pero éste, sea honesto o no, se tiene que enfrentar a muchas cosas y debe jugar con muchas piezas para poder implementar, hasta donde quepa, su estrategia de Gobierno. El poder de quien está al frente de una nación o una porción de él es mucho más limitado de lo que muchos creen (varios años de régimen autoritario nos acostumbraron a una figura ya casi inexistente, de quien gobierna y hace de acuerdo a lo que cree conveniente).

    El político del discurso esperanzador se sienta en su silla y se da cuenta (en caso de que haya sido lo suficientemente ingenuo como para pensar que toda su lista de buenas intenciones se puede implementar al pie de la letra) que tendrá que negociar, que tendrá que dejar del lado algunas «promesas» para poder conservar otras, se dará cuenta que lo que gobierna es algo tan complejo que es imposible solucionarlo con una receta. No es tan difícil encontrar políticos «bienintencionados» que al final, abandonaron su puesto en medio de un mar de críticas.

    Y si bien, mantener con firmeza los ideales es una cualidad esperada en un político, éste también tiene que aprender a ser pragmático. El pragmatismo no es atractivo para el electorado (a veces por el contrario) y por tanto, no es algo que se pueda «vender» en una campaña, pero es un rasgo que todo político debe de tener.

    Una figura como Bernie Sanders puede ser muy atractiva cuando se trata de enfrentar a las engorrosas multinacionales y el 1% más rico, por eso su popularidad aumenta hasta amenazar a Hillary Clinton, pero en la silla presidencial necesitará mucho más que eso para satisfacer las promesas hechas a sus seguidores. Sobre todo, cuando se trata de un país democrático, o al menos un país que intenta conformar una democracia, tendrá que llegar a acuerdos, tratar de persuadir a otros actores de la política, acordar con algunos grupos de interés para poder confrontar a otros. Es decir, necesitará mucha cabeza, y mucho de ese no tan querido pragmatismo para poder llegar a gobernar bien.

    Democratic presidential candidates Hillary Clinton and Bernie Sanders started the MSNBC debate in Durham, N.H. sparring over foreign policy and campaign finance reform, but ended the night on a friendly note.

    Posted by Washington Post on Thursday, February 4, 2016

    Pero a pesar de esto, la mayoría del electorado asume que "el nuevo" lo podrá con todo, que dará un giro radical a la ciudad-estado-nación que pretende gobernar (cuando la experiencia nos dice que los cambios son más bien progresivos, producto de una continua práctica de políticas públicas acertadas), y que meterá a todos los corruptos a la cárcel. Pero a pesar de que "el nuevo" realmente tenga la intención de hacerlo, en realidad no podrá hacerlo todo. Posiblemente los "esperanzados" tengan que involucrarse más para generar los cambios que desean y no solamente ser meros espectadores.

    Generalmente cuando llegan las elecciones, llega el momento de la esperanza, tal como si no hubiera alguna otra época en donde las cosas pudieran cambiar. Pero son pocos los momentos en los que transcurre el tiempo para llegar a la conclusión de que aquel político que tanto nos emocionó con sus discursos, terminó alzándose como aquel quien marcó un antes y un después. En realidad pasan dos cosas, que dicha figura "se quedó un tanto corta" en relación a nuestras exageradas expectativas, a veces producto de una vasta lista de promesas, o bien de una exagerada idealización. Pudo ocurrir que éste terminó siendo como cualquier otro político o aún peor; o bien, que no tuvo la disposición de enfrentarse a toda esa maraña de intereses considerada como el enemigo a vencer en la campaña (pregúntenle a Vicente Fox).

    Es curioso que depositemos todavía nuestra fe en un político (basta con que sea de oposición, o ahora, un candidato independiente), cuando la evidencia empírica parece no invitarnos mucho a hacerlo. Pero a la vez no es difícil entender este tipo de fenómenos. La gente necesita alguna luz de esperanza ante la generalizada concepción de que no están siendo bien gobernados. Aunque también es cierto que a veces no parecen darse cuenta de que pueden jugar un rol más activo dentro de la sociedad, más allá de lo que esa figura que los entusiasmó, pueda hacer.

  • Carmen Salinas de Gortari

    Carmen Salinas de Gortari

    Entre la clase política es trendy meter a artistas de la farándula y figuras cuyo poder mediático es inversamente proporcional a sus dotes artísticos. Difícilmente un artista de verdad se prestaría a tales juegos, los que no son tan de verdad sí lo hacen, pero por ser fenómenos mediáticos y no por el talento que están ahí. Porque jalan gente, entonces jalan votos, su condición los convierte en un buen arma para los partidos políticos que necesitan tener más curules. Lo único que tienen que hacer es levantar su manita cuando les digan y hacer un poco de ruido.

    Carmen Salinas de Gortari

    En nuestro activismo de sofá hemos conseguido más de 100,000 firmas para que Carmen Salinas abandone su curul. Tristemente ya hemos visto lo que la clase política hace con ese tipo de firmas (ejemplo, las que pedían la pérdida de registro para el Partido Verde) y es lo que Carmen hace, limpiarse con ellas. Si bien la intención es buena, creo que deberíamos dimensionar bien las cosas, y bajo el mismo criterio se debería de hacer lo mismo con un montón de diputados con un perfil tal vez más bajo o «respetable» pero cuyos resultados a veces ni siquiera logran superar lo que puede hacer una Carmen Salinas.

    Carmen Salinas genera ruido también por su estilo folclórico, por su escasez de clase y porque no muchos podemos concebir que alguien que fue conductora de un reality show tan degradante como Hasta en las Mejores Familias esté tomando decisiones trascendentales para el país. Una figura como Carmen Salinas degrada la política. Platón se revolcaría en su tumba si viera que tan alejado está el sistema de gobierno de nuestro país de su ideal meritocrático donde los más preparados deberían gobernar un Estado.

    Pero funciona, funciona porque el grueso de la gente es ignorante. Porque su héroe (o más bien anti héroe) favorito le puede hacer a la política. Si el Cuau mete muchos goles entonces puede gobernar; si Carmen Salinas es muy campechana y retadora, entonces la puede armar legislando (aunque el tipo de gente que vota por ella posiblemente no conoce bien la forma en que se legisla en el país). Lo triste es eso, que funciona. Y más triste es que hay diputados con un perfil aparentemente más normal que son tan deficientes, que una Carmen Salinas, con todo su semblante vulgar y corriente lo puede hacer mejor que ellos.

    Es cierto que no sólo en México ocurre esto, en Estados Unidos un actor se convirtió en Presidente, Ronald Reagan, que con sus limitaciones al menos se preocupó por hacer bien su trabajo y generó algún tipo de liderazgo en ciertos sectores ideológicos (próximos al conservadurismo). Carmen Salinas y demás actores aspirantes a ser políticos, ni siquiera se molestan en prepararse y trasladan su papel de actor o futbolista a su curul o despacho, en vez de al menos molestarse en dejarlo un lado como Reagan o Schwarzenegger. Es decir, en Estados Unidos los actores aspiran a ser políticos (y no es que me termine de gustar esa idea) y en México los actores aspiran a ser actores en un recinto donde se debería hacer política; quienes hacen política de verdad los promueven para poder jugar con los intereses de tal forma que los beneficien.

    Al parecer, la preparación no es siempre moneda de cambio para entrar a los recintos donde se toman las decisiones más importantes. Lo peor de todo es que si la preparación no es «tan importante» la honorabilidad lo es mucho menos.

     

     

     

  • Lo que nos dejaron las elecciones intermedias

    Lo que nos dejaron las elecciones intermedias

    La campaña de las elecciones intermedias fueron las más deslucidas de la historia democrática (por llamarlo de una forma) de México. Guerra sucia, partidos burlándose de la ley, «artistas» promocionando ilegalmente a un partido, videos de propaganda que cayeron en lo chusco, falta de propuestas y demás. No todo fue malo, el surgimiento de candidatos independientes como El Bronco, Clouthier y Pedro Kumamoto que no sólo contendieron, sino que ganaron sus respectivas elecciones. También en las elecciones locales (dentro de las urbes) tuvimos votantes menos apáticos y más informados. Estas fueron las elecciones intermedias donde más gente salió a votar. La clase política, con sus excepciones, no estuvo a la altura. La ciudadanía dio un paso adelante aunque todavía le falta mucho por mejorar. 

    Lo que nos dejaron las elecciones intermedias

    No sé si la campaña fue mala porque la clase política está más podrida o más bien la ciudadanía se ha vuelto más exigente para con ésta. O posiblemente fue una combinación de las dos cosas: Una clase política más corrompida ante una ciudadanía más exigente, lo cual da como resultado una mayor fricción entre ambas partes y una gran decepción de la segunda ante la primera. También es cierto que la sociedad urbana está más preparada que la sociedad rural y por lo cual al tiempo que las zonas urbanas castigan a quienes han gobernado mal;  en las elecciones federales, donde las zonas rurales aportan un considerable número de votos, el partido en el poder salió ganón a pesar del descrédito general y a pesar de su ínfimo índice de popularidad.

    Por ejemplo, en Guadalajara el voto duro y las estructuras han dejado de ser una garantía. Partidos tradicionales como el PRI y el PAN fueron barridos por Movimiento Ciudadano (antes Convergencia), que aunque integrado por ex priístas, ex panistas, ex perredistas y otros indepndientes, ha generado cierta esperanza en la Zona Metropolitana de Guadalajara (sobre todo porque se han sabido vender muy bien), su modus operandi se encuentra en las redes sociales y no en las estructuras y el voto duro. El caso del independiente Kumamoto va todavía más allá. Lo que se vio tanto en la capital de Jalisco como en Nuevo León es aleccionador para los partidos grandes, porque su voto duro y tradicional ya no les da y tendrán que preocuparse por convencer a los inconformes, a esos «que están cansados de PRI y PAN» (en algunos casos el PRI o hasta el PAN llegaron a postular a perfiles valiosos, pero éstos pagaron los platos rotos de otros de sus miembros). Eso obligará a estos dos partidos a gobernar mejor dado que su nivel de votos será proporcional a sus resultados y no a su voto duro, lo cual ayudará a democratizar más al país.

    En el ámbito federal la situación es diferente. En este caso las estructuras tienen más peso y por eso se entiende como el partido de un Gobierno con tan bajos índices de aprobación puede conseguir mayoría (aunque no absoluta) en el congreso (La alianza PRI-PVEM tendrá a 327 de 500 diputados). Para el 2018, tendrá que surgir algún líder que por sí sólo pueda jalar votos, un «Bronco» o un Enrique Alfaro a nivel nacional. De lo contrario, si los opositores colocan figuras medianas, el PRI, aunque su gobierno esté muy descalificado, volverá a gobernar este país seis años más.

    Lentamente, pero la ciudadanía sigue creciendo, y poco a poco se involucra más; organizaciones no gubernamentales tienen una mayor relevancia como el IMCO y su 3 de 3. Internet y las redes sociales tienen mayor peso. Una Fan Page disfrazada puede ser más efectiva que el encabezado de un periódico comprado. En las grandes urbes, la sociedad ya no se traga la guerra sucia tan fácil, los individuos son más escépticos y exigentes con la información que reciben. En Guadalajara Alfaro entendió esto y ganó, el PRI quizo hacerlo como siempre lo hacía y salió vapuleado. Ésto es sano, porque ésto posiblemente orillará a los tricolores a hacer cambios dentro de su partido, y tanto ellos como panistas, perredistas y demás sabrán que la gente ya no se traga las cosas de forma tan fácil. Alfaro y su equipo saben que si no gobiernan bien, su chiste sólo durará 3 años, y que la confianza que le depositaron su votantes tiene muchas condiciones.

    La «conversación» en redes es cada vez más elevada. Vi mucho debate, más argumentaciones, las descalificaciones y las actitudes infantiles todavía abundan pero un poco menos (excepto de candidatos y sus equipos de campaña que inundaron nuestros muros con guerra sucia). Los opinólogos y expertos debaten entre sí, que si el voto nulo, no o sí, una campaña de Denise Dresser promoviéndolo, que con todo el respeto que me merece su persona, esta vez se equivocó. Espero que para 2018 este crecimiento de la calidad de la conversación virtual aumente y no quede en un «peñabots vs pejezombies».

    Posiblemente el nuevo líder o la nueva oposición no venga de los partidos, posiblemente sea un independiente, o pertenezca un partido y sea líder a pesar de éste (pudiera ser el caso de Javier Corral en el PAN). PRI, PAN, y PRD no han entendido la lectura. Tan no la entienden que han recurrido al uso de «artistas» o payasos o futbolistas (recurso también de los partidos pequeños que son igual que los grandes) Los últimos dos se sumergen en la desesperanza y esperan el fracaso de sus opositores (y ni así), el PRI piensa que con dividirlos ganará (hasta el momento en algunos casos funciona, en otros ya no).  La partidocracia puso candados a la puerta y los ciudadanos vieron que podían entrar por la ventana. Presionaron para que se aprobara una Reforma Política; tal vez los gobernantes subestimaron el papel que podía tener un candidato independiente y a regañadientes le dieron acceso. Hoy Nuevo León será gobernado por «El Bronco».

    Las nuevas formas no son una garantía, un candidato independiente también se puede corromper o puede gobernar mal; las redes sociales también pueden desinformar. Pero una mayor apertura y un más amplio abanico de opciones siempre es mejor que un sistema cerrado. En un sistema más democrático, horizontal y abierto, el PRI, por un ejemplo, tendría que despojarse en cierta medida de algunos de sus defectos para poder competir (corrupción, verticalidad) a la vez que conservaría virtudes (su experiencia y oficios), igualmente con el PRD y el PAN; pero para esto necesitan ser críticos (mucho) con ellos mismos; de lo contrario a la larga podrían no sobrevivir y podrían menguar ante nuevas formas de hacer política.

    Las elecciones dejan un sabor agridulce, a nivel federal un gobierno que hace mal las cosas puede no ser castigado. A nivel ciudad sucede lo contrario. La sociedad de alguna forma crece y tiene que ver menos con la clase política que gobierna. Porque aunque de alguna forma la sociedad puede tener el gobierno que merece, también la sociedad puede dar un paso adelante, en tanto la clase política sufre una especie de rezago, lo cual ocasiona una fricción, esa fricción entre sociedad y clase política que vivimos actualmente.

  • La idealización de los candidatos independientes

    La idealización de los candidatos independientes

    Vivimos en un México donde los partidos están desacreditados, vivimos en una crisis política donde el ciudadano ha dejado de sentirse representado por aquellos que alguna mayoría (relativa o absoluta) votó. Peor aún, México es el país cuyo mayor porcentaje de ciudadanos ve a los partidos como corruptos (con el 92%). Estamos en un lío, en una crisis que por alguna razón no ha desembocado en algo más serio como podría ocurrir en otros países.

    La idealización de los candidatos independientes

    Bajo esa coyuntura aparecen los candidatos independientes gracias a la Reforma Política instrumentada por el Gobierno actual (que cabe decir que se llevó a cabo más bien por presión de la ciudadanía y no tanto por las»buenas intenciones» de los gobernantes). Figuras como «El Bronco» en Nuevo León, Manuel Clouthier en Sinaloa contendiendo por una diputación federal o Pedro Kumamoto por el distrito 10 de Zapopan, entre otras han irrumpido en el escenario político.

    La figura de los candidatos independientes representa un avance en un país que más bien pareciera ir para atrás. Pero sería también irresponsable idealizar ésta figura como si bastara con ésta para cambiar a nuestra nación. Es cierto, el independiente tiene menos compromisos con intereses que están enquistados dentro de los partidos. El independiente no se tiene que ajustar a la clásica cultura política del PRI, ni a los ideales conservadores del PAN. Cierto también es que el independiente puede traer su propia agenda. Pero su carácter de independiente no garantiza que ésta figura sea ajena a la corrupción y no garantiza que hará un buen gobierno.

    Así como el candidato independiente tiene menos intereses a los cuales atarse, tampoco tiene la fuerza de un partido que es muy importante para gobernar, sobre todo cuando se trata de candidatos a un puesto legislativo donde sí o sí tendrán que unirse a alguna u otra bancada a la hora de votar leyes, porque por sí mismos representan un sólo voto. Ciudadanos independientes como Pedro Kumamoto podrán hablar de lo malos que son los partidos y los políticos (afirmación algo falaz en tanto el problema no es la figura de los partidos sino los niveles de corrupción en que han caído) pero en caso de ganar la elección no sólo se convertirán en políticos, sino que tendrán que cabildear, negociar y tejer alianzas con ellos.

    Hago memoria, y la primera vez que ganó la oposición una gobernatura lo hizo el PAN en tiempos de Carlos Salinas con Ruffo Appel. Ese triunfo fue importante y fue el inicio del fin del régimen priísta de ese entonces. Ahora el PAN es un mal chiste y el PRI ha retornado al poder tal y como era antes. En esos más de 20 años pasaron muchas cosas, pero la apertura democrática no garantizó nada por sí sola. De la misma forma como aplaudimos la entrada de los candidatos independientes, tampoco podemos idealizarlos y pensar que por sí mismos representarán un cambio. Los independientes pueden ser un factor de cambio sí, un cambio para el cual se necesitan varios factores.

    Hay que recordar que los países más democráticos y funcionales siguen teniendo un sistema de partidos. No es ese sistema el problema, no es la figura del partido; el problema es el nivel de corrupción al que han llegado éstos. La irrupción de un candidato independiente puede ser tan buena como la creación de un nuevo partidos con ideales diferentes. El candidato diferente es un nuevo recurso, una nueva forma de hacer las cosas, pero para arreglar el lío en que nos hemos metido se necesita algo más. Los independientes también adolecen de defectos. El Bronco, por más ostente ser independiente estuvo 35 años en el PRI y conoce su cultura rancia de pe a pa; Kumamoto es seguramente un joven con ideales loables pero su misma figura de joven apartidista que no ha tenido contacto con la política lo convierte en una figura con poca experiencia.

    Tan loable es la llegada de los independientes que vengan a refrescar de «ciudadanía» a la política, como aquellos que con ideales y nobles intenciones prefieren optar la ruta de integrarse a un partido (por más pocos sean, existen). No sólo necesitamos candidatos independientes, sino que la ciudadanía en general se involucre más desde su trinchera en el quehacer público. Aplaudo la llegada de estas figuras y sobre todo sus esfuerzos ante un instituto que les pone muchas piedras en el camino, pero tampoco idealizo, porque si creemos que con eso basta y nos quedamos de brazos cruzados, volveremos a contar la misma historia.