Etiqueta: corrupcion

  • ¿El cambio está en uno mismo?

    ¿El cambio está en uno mismo?

    Pareciera que este mes estoy inspirado para escribir, aunque lamentablemente la inspiración proviene de cierto sentimiento de indignación ante lo que está pasando en el país. Y es que a veces nos dicen a quienes escribimos (tanto a bloggers como nosotros como a periodistas profesionales) que lo hacemos como acto catártico o pretendemos sacar todo lo que traemos dentro, y es cierto. A mí me funciona más hablar aquí que gritar consignas en una marcha, no se me da, ya lo intenté el jueves pasado y  mejor me dediqué a documentar dicha marcha con mi cámara réflex.

     Ese momento en que cada vez más mexicanos deciden dejar de quejarse en la comida o en su smartphone y salen a las calles a reclamar lo que es suyo. Denise Dresser tiene mucha razón cuando dice que desestabilizar no necesariamente es algo malo, porque lo que se quiere desestabilizar es la corrupción, la impunidad, la violencia y la injusticia. Porque los mexicanos queremos un gobierno de leyes, justo, que promueva la paz y que genere las condiciones para que podamos crear nuestro proyecto de vida.

    Me viene un tema a la mente, una consigna que fue repetida varias veces hace dos años, consigna que ahora se vuelve repetir. Dicen que para cambiar al país, tienes que empezar a cambiar tú, que el cambio está en uno mismo, como si hubiera una incongruencia por el simple hecho de manifestarte o señalar a los gobernantes. Que si quieres que México cambie, tienes que empezar por sacar la basura, por estacionar bien tu coche y así. El argumento puede tener razón pero hasta cierto punto, hasta el punto en que puede usarse deliberadamente para desinhibir a quienes protestan contra los gobernantes o los políticos, como si no tuvieran derecho de hacerlo.

    Es cierto que una parte de lograr un cambio en la sociedad tiene que ver con el ejemplo, con ser un buen ciudadano. Pero paradójicamente sumado a todo ello (no invadir banqueta, no dar mordida, pagar impuestos, y un sin fin de etcéteras) está la natural inconformidad del ciudadano con quienes se corrompen, con quienes promueven la injusticia. Si yo decido no ser corrupto porque he asimilado que la corrupción es mala, entonces por consecuencia me debería indignar que terceros practiquen la corrupción, y entonces me debo indignar mucho más que las autoridades, en quienes he depositado el rumbo del país, sean corruptas. Entonces no sólo no tengo «prohibido» moralmente manifestarme o señalar como algunos sugieren, sino que es muy deseable y es muy congruente con lo que pienso.

    No ser corrupto es muy difícil. Muy posiblemente tu umbral de corrupción es mucho más bajo que el de los políticos, pero la constante práctica de estos actos son los que hacen que se asuman como normales y el individuo crezca en una espiral de corrupción donde lo que vemos como reprobable se termina viendo como algo normal. Posiblemente en diversos momentos has cometido actos que pueden pasar como corruptos y ni siquiera te has dado cuenta. Otras veces lo has hecho porque has sentido que no tienes de otra, o porque crees que si lo haces «de manera honesta» no podrás avanzar en un sistema que promueve la corrupción. El hecho de despertar y darte cuenta que tu país está sumado en un mar de corrupción y de impunidad, de alguna manera te puede llevar a una reflexión personal, a hacer un análisis de tu propia persona y meditar tu papel dentro de la sociedad.

    En la marcha del jueves que tuve posibilidad de asistir en Guadalajara, entre los manifestantes hubo una gran civilidad: Habían personas y grupos de diversas ideologías, unas que puedo no compartir tanto pero respeto; pero se palpó un sentimiento de unión, de solidaridad, de capacidad de organización. Los manifestantes tenían la capacidad de autogobernarse, se señalaban a aquellos que se tapaban la cara y se les invitaba a que se hicieran a un lado, y procuraban en todo momento que todos se portaran con civilidad. Eso es algo muy positivo porque es muestra de que los mexicanos tenemos la capacidad de organizarnos bien. En la manifestación constantemente se señalaban a personas o instituciones, pero más que señalarlas per sé, el significado de fondo era reprobar esas malas prácticas que a ojos de muchos pueden representar, y las que han orillado a tener los problemas que padecemos (como los 43 desaparecidos de Ayotzinapa).

    El hecho de que la sociedad se manifieste por temas totalmente ligados a problemas de corrupción e impunidad muestra que se reconoce que dichos actos son negativos, y el hecho de que sean reprobados por toda la sociedad puede ayudar a que el individuo se la piense dos veces antes de cometer algún acto de ese tipo. Tomando los datos de un estudio de Transparencia Internacional, hago una comparación entre México y Rusia. Los dos tienen un nivel de percepción de corrupción similar (en ambos países el 79% de la población cree que la corrupción es un problema en el sector público), pero la mayoría de los mexicanos creen que la gente ordinaria puede hacer algo por abatir la corrupción (un 81%) mientras que menos la mitad de los rusos cree en ello (44%). Eso pone en ventaja a nuestro país al haber una mayor intolerancia ante la corrupción. Creo que el problema estriba más en hacer consciente a la gente como es que pequeños actos que pueden ser calificados como corruptos, son la base para tener un país que no puede construir un Estado de derecho aceptable.

    El cambio está en uno mismo, sí. Pero parte del cambio tiene que ver también con procurar no sólo que el individuo no sea corrupto, sino que también la comunidad no lo sea. Por eso es positivo saber que en México se empieza poco a poco a tener la costumbre de exhibir en las redes sociales a quienes incurren en estos actos, y también que la sociedad cada vez se anima más a salir a las calles para reprobar a aquellos gobiernos que a su juicio, representan corrupción e impunidad.

    Cierto que para cambiar al mundo hay que saber proponer, pero para ello, primero hay que señalar las carencias y reconocerlas. Es inclusive antinatural pretender ser una persona derecha y que al mismo tiempo no te importe que quienes rodean decidan no serlo. Porque al final, parte de no ser corrupto tiene que ver con la sensibilidad y el deseo para que los demás no lo sean.

    Publicado en www.mexicotecalifica.org

  • La corrupción me da Peña

    La corrupción me da Peña

    Recien subí una tabla a la Fan Page de Facebook (que pasé a Excel pero cuya fuente es el Programa de las Naciones Unidas del Desarrollo) donde se muestra como México es el campeón de la corrupción en Latinoamérica, relacionado a las mordidas y a los sobornos. Por ejemplo, el 20% de los mexicanos afirma que algún policía le pidió mordida en los últimos 12 meses. En Brasil sólo el 4% lo afirmó, y en Venezuela 7.8%. En México, el 21% afirma que se justifica pagar soborno, ¡El más alto de Latinoamérica!

    La corrupción me da Peña

    La corrupción es una clara muestra de que las instituciones no funcionan bien. La gente se corrompe más fácil en un ambiente donde no existe un estado de derecho, e incluso la corrupción es contagiosa: Si las personas perciben que las instituciones funcionan para unos cuantos, tenderán a corromperse de forma más fácil puesto que asumirán que es absurdo respetar la ley cuando esta sirve a unos cuantos, o bien, nadie la obedece. Y eso es lo que pasa con México.

    Algunos historiadores afirmaban que México era corrupto porque en tiempos de la Nueva España las leyes eran tan duras que el individuo se acostumbraba a evadirlas. Pero el problema en realidad es más simple, el problema está en las instituciones, en la forma en que está organizada una nación. El ser humano no tiene en sus genes el «chip de la corrupción», se comporta así porque vive dentro de un sistema que la promueve y que le dice que si quiere salir adelante, necesita echar mano de ella. El hombre se adapta a su entorno.

    Por eso es simple, pero muy difícil disminuir la corrupción hasta niveles tolerables. Tendría que haber un gran esfuerzo de voluntad de quienes son parte de las instituciones, pero también por parte de los ciudadanos. Esto implicaría cierto sacrificio a corto plazo para obtener un beneficio tangible a largo plazo. Tal vez por esto algunos afirman que la corrupción es algo cultural, porque es tan difícil erradicar que piensan que ya es algo de nosotros.

    Pero quienes afirman eso, entre ellos el Presidente Enrique Peña Nieto, no sólo se equivocan, sino que dicha afirmación puede ser usada para tomar una actitud displicente ante el problema de la corrupción: -Ah, es que los mexicanos somos así, desde que nací ha habido corrupción, ya nos amolamos-. Pero las evidencias contrarían a quienes hacen ese tipo de aseveraciones, y una de las más simples es la que hizo León Krauze en ese «ejercicio» donde varios periodistas (alguno de ellos paleros, hasta con toque seductor) entrevistaron al Presidente. Krauze puso el ejemplo de los mexicanos que residen en Estados Unidos, donde ellos respetan la ley, no dan mordidas y no se pasan los altos. También hizo la comparación entre Noruega y Rusia, donde sus instituciones han creado dos realidades diferentes para con el petróleo.

    Pero yo voy más allá, libros como Why Nations Fail de Acemoglu y Robinson, y El Manual del Dictador de Bruce Bueno y Alastair Smith, hablan de las diferencias entre los países que son prósperos y los que no lo son. Ambas obras demuestran que dichas diferencias no se deben necesariamente a la cultura sino a las instituciones, y como es que son las coyunturas (como se explica detalladamente en Why Nations Fail) las que van determinando cuales son las naciones que se desarrollan y cuales no, y no es ni la cultura, la geografía o el clima (esto último alguna vez lo llegué a creer debido al orden actual donde los países más desarrollados tienden a ser más fríos y a las afirmaciones que llegó a hacer Montesquieu de ello). Un ejemplo que citaban los autores era la diferencia entre Nogales Sonora, y Nogales Arizona, ciudades vecinas separadas por la frontera que comparten el mismo clima e incluso las dos ciudades son habitadas por personas de origen mexicano, pero cuyos niveles de desarrollo son disimiles.

    Pienso que para combatir la corrupción, lo primero que se debe de hacer es reconocer que se trata de un problema institucional, instituciones que sostienen la silla desde la cual se está gobernando, y que no se trata de un problema exógeno. De lo contrario nos auto condenaremos a ser corruptos para siempre, y más si le creemos esa afirmación a un Presidente que afirma que en México todas las denuncias con su debida prueba son resueltas: ¡Por favor!

     

  • México tan… corrupto

    México tan… corrupto

    El título de este artículo podrá sonar muy pesimista o agresivo, pero en realidad sólo es descriptivo. México es un país muy corrupto, y la corrupción es no sólo un defecto, es parte del sistema, la forma en que las cosas funcionan en México no pueden entenderse sin la corrupción. De hecho sin esa variable se tendría que cambiar la forma en que nuestro país trabaja, porque no sólo pareciera que se tolera la corrupción, sino que se promueve.

    México tan... corrupto

    -Y cuando el Presidente Peña Nieto soplaba las velas del pastel en el 85 aniversario de su partido, todos los tricolores gritaron ¡mordida, mordida!-.

    Pero no sólo es el PRI ni es exclusivo de éste partido el problema de la corrupción. El tema de Oceanografía mancha la reputación del PAN, porque ese robo tuvo lugar dentro de sus gobiernos, y los azules no hicieron nada, más bien, en algunos casos, parecieron ser partícipes. Y la ola de la corrupción no deja atrás a los perredistas, que la flamante línea 12 del Metro inaugurada con mucho orgullo por Marcelo Ebrard, tuvo que ser cerrada parcialmente porque las vías no correspondían con los vagones, lo que causó su prematuro desgaste. La razón para que esto hubiera sucedido, sí, corrupción.

    Los tricolores saben que no pueden presentarse como un partido limpio, pero sí pueden mostrar a los demás como igual de sucios, por eso es que el tema del Monexgate, donde la comisión creada por nuestros legisladores comprobó que rebasaron 10 veces el tope de campaña en las elecciones pasadas (si eso no es fraude electoral, que es), ha quedado en un segundo plano, mientras se habla insistentemente de Oceanografía y de la línea 12 del Metro de la Ciudad de México.

    México está sumido en una crisis corruptil, a pesar de que exista una incipiente conciencia en la sociedad. Pero todavía no es lo suficientemente grande como para que los políticos dejen de lado sus prácticas. En Guadalajara subieron el precio del autobús en medio de muchas críticas, prometieron mejorar el transporte, pasaron unas semanas para enterarnos que un «camionero» atropelló a decenas de estudiantes en una parada (con víctima fatal incluida) y después de una junta de «control de daños» en el gobierno, decidieron regresar el precio del autobús a seis pesos, al tiempo en que metían al tambo al chofer, creaban miles de comisiones y reglas por encimita, claro, sin tocar a la mafia que está detrás de los autobuses, cuyos dirigentes abusan de los choferes, lo cual aumenta el número de fatalidades cometidas por estos mismos. Naturalmente si Guadalajara no tuviera una sociedad que poco a poco comienza a ser más consciente, ni siquiera estas soluciones por encimita, hubieran ocurrido.

    Bruce Bueno y Alastair Smith afirman que en Rusia se promueve la corrupción para que dirigentes como Vladimir Putin se mantengan en el poder. ¿Cómo le hacen? Pagando poco a los servidores públicos. ¿Por qué? Porque de esta forma se les da rienda suelta para que sean corruptos, pero también de esta forma dichos servidores no se pueden rebelar. Por ejemplo, Bueno y Smith afirman que en Rusia a los policías no les pagan más que el equivalente a $5,000 pesos mensuales, pero dejan que se corrompan, siempre y cuando sean leales al sistema, porque de lo contrario, el gobierno (el mismo promotor de la corrupción) podría castigarlos por «corruptos». ¡Pero bueno, eso sólo pasa en Rusia!, en México eso no pasa porque los policías ganan, esteee… y los maestros, a ver, esperen, ahorita vuelvo, acabo de recordar que dejé a mi abuelita en la parada del camión, me tengo que ir, adiós, adiós.

    Rusia es un país que tiene muchísimas cosas en común con México (con la excepción de que no tenemos tantas gimnastas bonitas, ni ese alfabeto cirílico al cual no le entendemos), y la forma de gobernar no es muy diferente. Los dos países vienen de régimenes antidemocráticos (el de Rusia, sí, más totalitario y opresivo) surgidos de sendas revoluciones (la rusa y la mexicana), tuvieron una transición democrática a medias y corren el riesgo de cierta regresión, y claro, los dos países tienen abundante petróleo (recordemos que la abundancia de recursos naturales tiende a corromper a las naciones). Entonces no es raro pensar que en México se promueve la corrupción con el fin de que el Gobierno se pueda sostener en el poder. Vayamos al Estado de México, de donde es originario nuestro Presidente y veamos en que estado está. Es el estado más corrupto, tiene los peores indicadores tanto en corrupción, feminicidios, inseguridad. Y aún así, su Gobernador pudo obtener la Presidencia de la República. Habrá que pensar si esto tiene que ver con la tolerancia y displicencia ante la corrupción, o por la corrupción misma.

    Cierto que hablar de una nación donde la corrupción no exista, es hablar de una utopía irrealizable. Seguramente si te vas a vivir a Finlandia, Islandia, o Nueva Zelanda vas a escuchar de algún caso de corrupción. Lo que sucede es que en estos países los niveles de corrupción no son lo suficientemente grandes como para lacerar el progreso y la estabilidad de la sociedad. En cambio países como México y Rusia pueden afirmar que se han estancado, en gran medida, por la corrupción.

    Así que si deseas combatir la corrupción, tal vez no sólo te enfrentarás con antivalores muy arraigados difíciles de extirpar, sino con aquellos a quienes podrías afectar su deseo de poder.

     

     

  • Deseos de navidad

    Deseos de navidad

    Soy un creyente de que los mejores regalos recibidos, son aquellos que no se piden, y que más bien, son producto del esfuerzo continuo del individuo por obtenerlos. Pero hoy me aferraré a la tradición de pedir a un ser supremo. Sea El Niño Dios, Santa Claus, o demás personajes a los cuales los niños piden sus regalos (y de quienes sospecho, una confabulación donde participan los papás de los niños).

    Deseos de navidad

    Entiendo que para Santa, hacer al gobierno priísta actual, un círculo de bondad y honestidad, o peor aún, lograr que nuestro querido Presidente se convierta en un estadista con altos niveles del intelecto, es algo más que imposible. Por eso me gustaría pedirle más bien, eliminar las causas para que este tipo de gobiernos existan, y para que su efecto nocivo se pueda contener o neutralizar.

    Primero. Quisiera tener una sociedad que se involucre más en política. Que se informe más, que piense más, que busque desde su posición ciudadana incidir. Al ver que una incipiente minoría despierta y lo hace, y ver que a pesar de todo, puede tener cierto poder; al tener más ciudadanos activos, lograremos hacer más democracia. No estuvo errado Gustavo Madero, el Presidente del PAN, cuando afirmó que «a los jóvenes les vale la política», y es que desatenderse de la política es casi como si alguien dijera que no le importa el estado de su salud porque no le entiende a eso y porque siempre es igual. Estar al tanto de lo que pase, debería ser una obligación moral de todos los ciudadanos, no importa que no guste, o que sea deprimente. Por más se cierren los ojos, más deprimente se mantendrá el estado de la política actual.

    Segundo. Quisiera que cambiáramos un poco el enfoque. Tenemos manifestaciones en contra de la privatización de Pemex, en muchos casos se cree que el modelo económico es la causa de todos los problemas. Pero muchas veces hay mucha apatía hacia la raíz de todos los males que es la corrupción. Muchos políticos incluso son cínicos y gustan presumir de todas las fechorías que cometen, pero en muchos casos, la gente pareciera ser displicente y enojarse solo en la comida o en las redes sociales. Hay mucho descontento, y es totalmente entendible porque responde a algo real, pero muchas veces está mal enfocado, y se expresa más con cartones evidenciando el bajo nivel intelectual de Peña Nieto o señalando características que no suelen ser el mal en sí, sino la corrupción que lo rodea, que con iniciativas ciudadanas con el fin de terminar con la corrupción, que condiciona todo aquello que es relevante, incluso la apertura de Pemex.

    Tercero. Quiero más ciudadanos que pongan el ejemplo. Conozco muchos casos de quejosos e «indignados» que a la primera oportunidad, dan mordida, tiran basura y no respetan su entorno, pero te rebaten cuando los recriminas porque aseguran que «una mordidita de $100 pesos no se compara con lo que nos roban los políticos». Necesitamos más ciudadanos ejemplares, que no necesiten ser reprendidos por las autoridades (que en muchas ocasiones pueden comprar) para que actúen bien, que dejen de pensar solamente en sí mismos y tengan un mayor sentido de la comunidad.

    Cuarto. Quiero que los mexicanos dejen de ser mediocres. Dejar de pensar que ser ciudadano se limita a trabajar 8 horas diarias, pagar impuestos de mala gana, y votar cada 6 años. Que los mexicanos dejen de creer en la cultura del menor esfuerzo, tanto en su trabajo como en el quehacer social. Necesitamos gente que se involucre, que participe.

    Todo aquello que deseo que cambie, la educación, la situación política actual, la economía, tendrá más posibilidades de ser cambiado, si estos cuatro puntos se cumplen. Si se quiere cambiar, se debe de tener voluntad para hacerlo. De lo contrario seguiremos estancados, y la discusión sobre como mejorar a México seguirá reducida a limitados círculos de académicos e intelectuales.

    Que tengan una feliz navidad.

     

  • Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

    Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

    ¿Por qué una nación decide organizar una Copa del Mundo de futbol o unos Juegos Olímpicos? Razones hay muchas, pero una es exponer el poderío de un país ante la comunidad mundial, bien puede ser un país desarrollado que quiere mostrar al mundo lo fuerte que es, lo fuerte que es su cultura, su infraestructura. O bien, en el caso de los subdesarrollados (eufemísticamente llamados «en desarrollo»), para mostrar cómo es que han avanzado. Pero en los últimos tiempos han sido, paradójicamente, también una vitrina para exponer los problemas que el país organizador vive (esto en gran parte a la insurrección de Internet y las redes sociales).

    Brasil, los eventos deportivos y el descontento social

    Esto lo vimos en las olimpiadas de Beijing del 2008, donde aparecieron algunas manifestaciones en relación al Tibet, y también se habló sobre la contaminación ambiental de las ciudades chinas, así como las condiciones laborales de muchos trabajadores chinos. En Londres 2012 hubo descontentos porque la economía de Inglaterra no iba muy bien y se daban el lujo de invertir en la realización de las olimpiadas. Pero todo se mantuvo dentro de niveles tolerables hasta que llegó el caso de Brasil, país en el cual se llevará a cabo el Mundial de Futbol el próximo año, y los Juegos Olímpicos que serán hospedados por Río de Janeiro. Los brasileños ni siquiera tuvieron que esperar al mundial para mostrar su descontento, sino que aprovecharon la Copa Confederaciones que se realiza en estos momentos, evento donde participan los mejores países de cada confederación y que sirve para poner la capacidad de las sedes mundialistas a prueba.

    Las manifestaciones han arreciado y se han multiplicado por todo Brasil. Los brasileños tienen muchas razones para manifestarse. Alegan corrupción y desvíos en los dineros que servirían para organizar el mundial y la Copa Confederaciones, también se manifiestan por el incremento del transporte público, así como por el hecho de que se han animado a organizar un mundial con estadios nuevos y remozados para convertirlos en recintos de clase mundial cuando la educación pública es paupérrima y los servicios en los hospitales es pésimo.

    ¿Debería un país subdesarrollado organizar un mundial de futbol o unas olimpiadas? Brasil recibió el encargo de la organización de ambos eventos en un momento donde se hablaba de éste país como la potencia emergente (algo no muy diferente a lo que ocurrió con México en la antesala de las olimpiadas del 68 y el mundial del 70). Ahora que llega la hora de organizarlos, se habla de que parte de ese crecimiento prometedor es mero espejismo, y que si bien si han mejorado algunas cosas en Brasil, no lo ha hecho para todos y se critica que den prioridad a un evento mundial (más bien dos) que a la solución de necesidades básicas. Es curioso que esto suceda en gobiernos de izquierda cuyos líderes fueron alguna vez miembros de sindicatos que buscaban velar por el pueblo.

    El escenario es algo preocupante tanto para Brasil, como para la FIFA y el Comité Olímpico Internacional. Las manifestaciones han surgido durante la Copa Confederaciones, y si los conflictos llegaran a arreciarse, deberíamos preguntarnos que podría ocurrir ya en un mundial u olimpiadas. En el partido España – Tahití, el público mayormente brasileño coreó en su idioma algo equivalente al «El pueblo unido, jamás será vencido» mostrando su solidaridad con los manifestantes ¿Es correcto que un país se quiera «presumir» ante el mundo cuando tiene todavía muchos problemas por resolver? Para hacer esto se tiene que invertir mucho dinero, y en muchos casos el balance queda en déficit. Es decir, es más dinero que se va, que el que llega; y a veces este déficit puede llegar a ser una de las causas de una crisis económica como en Grecia.

    Incluso hay división de opiniones entre las figuras brasileñas de antaño. Mientras Pelé defiende la organización del mundial, otros jugadores como Rivaldo, ex jugador del Real Madrid, y Romario, critican severamente la organización de estos eventos y apoyan incondicionalmente a los manifestantes.

    No son muchos los países subdesarrollados que han organizado algún evento de talla mundial. La mayoría lo hace en momento de apogeo (a veces mero espejismo), y puede ser un problema el que los organizadores quieran igualar (e incluso superar) el nivel de los eventos organizados por países de primer mundo. Al menos así lo ha hecho Brasil que a diferencia de Alemania y Sudáfrica, ha mandado hacer estadios nuevos o remodelar completamente ya existentes para mostrar que puede hacer un gran mundial, aunque esta presunción no sea algo que refleje la realidad de este país.

     

  • Corrupción y autoridad moral

    Corrupción y autoridad moral

    Corrupción y autoridad moralTodo el mundo se queja de la corrupción. Toda la gente que conozco lo hace.

    – ¡La corrupción es el cáncer de México (mientras no me beneficie yo), si no cambiamos maldita sea no avanzaremos (pero si avanzo yo, podemos platicar)!-.

    Una persona va manejando su automóvil quejándose de la corrupción: -Compadre, la Chayito no tiene madre, neta la deberían de correr, siempre ha sido corrupta, en el PRD, en el PRI, es una operadora política ¡No hemos avanzado, los gobernantes siguen haciendo las mismas corruptelas de siempre!-.

    Esa persona que se da aires de intelectualoide españolete, se pasa el alto «cashi shin querer». Lo detiene el policía. Y mientras el «cuico» se baja de la moto y va en dirección a la ventanilla del carro, el individuo emite fuertes críticas patrioteras y moralinas: -No puede ser que un policía esté gordo, ¿Cómo se va a desempeñar así?. La corrupción, como somos corruptos se permiten que individuos sin capacidad física se encarguen de hacer estos trabajos-.

    El individuo no se dio cuenta que se pasó el alto. Se enoja al ver que la policía llega con la multota: -¿Cuál multa? ¡Voy a impugnar! ¡Compló!. Y como se le hace injusto pagar doscientos pesitos en ventanilla: -¿Por qué me detienen a mí? Agarren a los corruptos que están en el gobierno-, entonces pues decide llegar a un arreglito. -Mire oficial, tengo 50 pesitos, es negociazo pa uste’ y pa’ mi. Fue un alto, mírelo, el rojo no prende muy bien que digamos. Entonces con eso quedamos tablas-.

    Ah, pero si es una mordidita no es malo. Si no es una pequeña influencia en un pequeño trámite, no pasa nada. Los corruptos son los de arriba, esos sí roban. Yo no pago impuestos porque pues no gano mucho y tengo que mantener a una familia. ¿Pero el rico que? Gana muchísimo, y evade impuestos. ¿Por qué no le hacen nada? ¿Por qué no sancionan a Carlos Slim? Sí, me robo el Internet del vecino, pero entiendan, no me alcanza, y los niños tienen que hacer su tarea.

    Lo peor, luego se burlan y critican la doble moral.

    Triste que los mexicanos seamos muy buenos para ver la paja en ojo ajeno y no en el propio.

    Pa’ criticar. Hay que tener autoridad moral.

  • Desconfianza en las instituciones

    Desconfianza en las instituciones

    Un país fuerte necesita unas instituciones sólidas y confiables que puedan darle certeza a los ciudadanos de su actuar y por lo tanto estos puedan estar dispuestos a cooperar con ellas.

    Desconfianza en las instituciones

    En una plática de esas de sobremesa, unos adultos se congratulaban de que evadían impuestos (aunque sea legalmente) y pagaban lo menos posible a Hacienda. La congratulación no era tanto porque fueran evasores, sino porque veían a Hacienda como un ogro que tiraba su dinero a la basura y se malusaba, por lo cual se debía procurar que el SAT les quitara lo menos posible. Naturalmente pagar impuestos no es algo que agrade en todo el mundo, pero la gente estará mas dispuesta a pagarlos si se ve un beneficio tangible en la sociedad. Como en México se relaciona a los impuestos con el financiamiento de campañas electorales mediocres y enriquecimiento inexplicable de políticos, entonces las motivaciones para pagarlas son pocas. Esto por que las instituciones no hacen lo que deberían de hacer.

    Es un círculo vicioso. El ciudadano busca saltarse a las instituciones mientras que dichas instituciones se saltan al ciudadano. Dicen que el origen de la corrupción en México es que en la época de la corona, los tributos eran tan altos y excesivos que, para sobrevivir, los habitantes de esa época buscaban evadirlos. Ahora posiblemente no son tan excesivos, sino que se prestan para muchos abusos. Y no solo hay que remitirnos a los impuestos, sino a varios ámbitos.

    Lo que pasó la semana pasada le da el mensaje a los mexicanos de que las instituciones (esas que han creado ellos mismos) no funcionan. En un mismo día una secuestradora sale libre debido al pésimo desenvolvimiento de la PGR y una televisora (que parece tiene permiso de participar en la vida política del país), y por otro lado, el IFE exonera a un partido político por haber cometido actos que posiblemente determinaron el rumbo de la elección.

    Es un círculo vicioso y si se quiere un cambio, alguna de las partes tendrá que romper. Al final ambas partes son corresponsables de este vacío institucional. Debido a esto, parece que nos hemos acostumbrado a que «las cosas son así».

    No se puede pedir institucionalidad a los ciudadanos cuando estas no funcionan bien, pero estos a la vez no pueden obligar a las instituciones a funcionar bien si ellos mismos abusan de ellas, las evaden y si se puede, las utilizan. Una de las claves para que México avance es la ruptura de este círculo tan nocivo, y dejar de aceptar que «así es México».

  • El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicano

    El problema cultural mexicanoAfirmaciones como «hay una élite en el poder que domina el país», «la mayoría de los políticos son corruptos» entre otras, en realidad no son falsas, pero pierden perspectiva cuando se le agrega «el pueblo es bueno». Pareciera que en México dichas élites, empresarios, políticos y gentes de poder son algo así como aliens, extraterrestres, personas que pertenecen a otra realidad, que nada tiene que ver con nosotros; y esto en realidad es una falacia. Mucha gente cree que extirpando estos cánceres ya la hicimos. Pero es como si el doctor nos quitara los lunares cancerígenos y no se diera cuenta de que hay una metastasis en todo el cuerpo. Y uno no se pone a pensar, esos políticos corruptos, esos empresarios que juegan con los hilos del poder, alguna vez fueron ciudadanos como nosotros, e incluso siguen siendo ciudadanos, no han perdido dicha característica.

    Ahora por ejemplo se habla de la posible llegada de Enrique Peña Nieto al poder, muchos han mostrado cierto repudio e indignación, y hasta cierto punto lo entiendo viendo parte de la historia del PRI e incluso viendo como se desempeñan algunos priístas en la actualidad. La gente se manifiesta e incluso busca organizar marchas y lo hace por iniciativa propia. Y está bien, están en todo el derecho a manifestarse y creo que es algo mejor que quedarse en casa y quejarse en las comidas. Pero creo que a veces no entendemos que el problema, el hecho de que en nuestro país emerjan políticos de dudosa reputación no es algo ajeno a nosotros, y no quiero herir susceptibilidades, pero los políticos que tenemos son representativos de nuestra sociedad. Dicen ¿por qué la mayoría de los políticos se corrompen?. No es que «ellos» sean los malos y «nosotros» los buenos, es el hecho de que nuestra idiosincrasia nos orilla a comportarnos de cierta manera ante distintas circunstancias. Los políticos son mexicanos que comparten la misma cultura, pero ante un escenario donde se poseé más poder, ese «mexicano supuestamente bueno» termina sucumbiendo ante las tentaciones. Pareciera que asumimos que los ciudadanos al entrar en política son adoctrinados o les lavan el cerebro para que aprendan a robar. Es falso, los políticos son ciudadanos que se comportan de acuerdo al escenario en el que se mueven.

    Entonces tenemos que entender que si tenemos políticos de tan mala calidad contendiendo a la presidencia, es porque no hemos resuelto nuestros defectos culturales que no nos permiten avanzar. Ellos representan nuestra realidad como pueblo, podemos pensar que son ajenos en el sentido que no trabajan para el pueblo, pero culturalmente es lo diametralmente opuesto, ellos tienen las mismas raíces culturales que el pueblo porque no dejan ser parte de él. El problema es que los ciudadanos quieren deslindarse de este problema y todo se lo adjudican a los políticos. Por ejemplo, cuando ocurrió en la FIL sobre lo de la «pifia» de Peña Nieto (y lo digo porque al yo ser lector, tengo la autoridad moral para hacer crítica al respecto), se criticó el hecho de que el candidato no supiera mencionar tres libros, y confundió autores (ya decían que ayer Peña le había mandado condolencias a la familia de Enrique Krauze), y es cierto, es malo que un candidato no tenga el hábito de leer porque la perspectiva sobre muchos temas que influyen en el quehacer político es más reducida e igual habla de una mediocridad intelectual indeseable en alguien que quiere dirigir el país. Pero muchas de las personas que criticaron este hecho en redes sociales a Peña Nieto era gente que no lee un miserable libro en su vida. Algunas personas incluso tuvieron el despacho de buscar títulos de libros que nunca leyeron en Internet para criticar al candidato.

    Es decir, yo no puedo perdonar a un candidato por tener tal defecto, pero yo como ciudadano si tengo el derecho de tener dichos defectos y a la vez criticar de los mismos defectos que poseo a los funcionarios públicos. Igual cuando se les preguntó a Peña Nieto y a Josefina Vázquez Mota sobre el salario mínimo y el costo de varios productos. Naturalmente el desconocimiento de estos es preocupante, pero me pregunto si los ciudadanos conocen ya no digamos esa información (que tal vez por su posición no les es necesario conocerla), sino información básica que tienen que conocer para desempeñarse ya sea como ciudadanos o como profesionales. O por ejemplo cuando a Obrador se le criticó por no saber hablar inglés (esto sumado a las críticas que le llovieron a Peña Nieto por mostrar un muy bajo nivel de inglés en una conferencia y el hecho de que Josefina posteriormente declarara que no sabe hablarlo), mucha gente que hizo esta crítica no sabía tampoco hablar inglés, y más estando en un ámbito donde si dicho ciudadano se quiere desarrollar es imperativo aprender el idioma. Para los políticos en realidad no lo es tanto, un ejemplo es Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, y quien tuvo las riendas de la Unión Europea junto con Angela Merkel, no sabe hablar nada de inglés, y como decía el mismo AMLO «para eso tenemos traductores».

    Criticamos a los políticos como si fueran algo ajenos a nosotros, los despreciamos, pero a la vez exigimos que sean mejores que nosotros (que contrariedad), no les perdonamos ni un desmayo, ni un lapsus. Ah pero nosotros como ciudadanos si tenemos todo el derecho de hacerlo, tenemos el derecho de saltarnos las instituciones, de cometer actos de corrupción (al cabo como no tenemos mucho poder, no se notan), lo peor de todo, es que exigimos un cambio a los políticos, pero la mayoría de los ciudadanos no hace nada por lograr un cambio positivo en una sociedad. Todos esos críticos ahora de Peña Nieto, antes de López Obrador, y tal vez de Vázquez Mota y otros más les pregunto ¿hacen algo para mejorar su entorno?. El problema es que como es más fácil criticar que proponer o crear cosas nuevas, hacemos lo primero y les delegamos lo segundo, si, a esos políticos que luego tachamos de corruptos. Y estas personas, que se limitan a criticar a quien les venga la gana en las redes sociales (y hablo de personas de todos colores y preferencias políticas) ya creen que están haciendo activismo.

    Mientras no empecemos por arreglar la casa, las cosas en el país van a seguir igual, no van a mejorar. El ciudadano mexicano común todavía no se da cuenta que tiene más poder del que cree tener, pero no quiere asumirlo. Cree que con trabajar ocho horas diarias y pagar la parte proporcional de su sueldo al SAT (tramitología que hace la empresa que lo contrató) ya cumplió. Y sinceramente este tipo de personas están en un grave error. El hecho de ser ciudadano te obliga moralmente a involucrarte activamente en el quehacer público, si pensaban que la democracia consistía en votar cada 3 años por «el menos peor» creo que entonces estamos cayendo en un grave error, porque al no buscar mejorar como personas, como ciudadanos y por lo tanto incidir para lograr una mejor cultura, estaremos condenados a quejarnos cada 3 o 6 años y preguntarnos por qué tenemos este tipo de políticos.