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  • Las ONG’s no están compuestas por gente frustrada, señor Carlos Mota

    Las ONG’s no están compuestas por gente frustrada, señor Carlos Mota

    Las ONG's no están compuestos por gente frustrada, señor Carlos Mota

    Dice Carlos Mota que quienes pertenecen a las organizaciones civiles están frustrados, que su anhelo era gobernar, y que ahora, tras cumplir 50 años de edad, no lo pudieron hacer. Su diagnóstico es que como no lograron llegar al poder, se volvieron críticos con el gobierno. Carlos Mota nos alerta: debemos tener cuidado con ese «espíritu revolucionario». 

    Yo tengo poco menos de 10 años involucrado en organizaciones civiles. Estuve participando en dos de ellas y actualmente soy cofundador de una organización civil. Dentro del mundo de las ONG, he podido conocer a muchas otras organizaciones de la sociedad civil, he logrado conocer bastante bien a este sector así como su diversidad (de esto hablaré más adelante).

    Dicho esto, lo que dice Carlos Mota es algo completamente irresponsable; no sólo porque parece tener un profundo desconocimiento de lo que son las organizaciones civiles, sino porque está demeritando el trabajo de un sector que ha venido creciendo y haciéndose un espacio como el tercer sector, el cual complementa al sector público y el sector privado. 

    Carlos Mota lamenta que algunas ONG se hayan volcado en contra del gobierno. También cree que esas organizaciones desviaron su camino porque lo que deberían hacer es limitarse a hacer diagnósticos sobre las necesidades del país.

    Pareciera que Carlos Mota cree que el trabajo de las ONG se limita a hacer investigaciones, que tomar postura ante un gobierno las desvirtúa en automático. Craso error. 

    Aquí es cuando hablo de la diversidad. ¿Qué es una ONG? Es una organización que no es parte del gobierno, y que busca incidir en la vida pública. Con esta sola afirmación, podemos entender que una organización, al no ser parte del gobierno y al tratar de incidir en la vía pública, puede tomar una postura de oposición frente a dicho gobierno fungiendo como contrapeso. La misma definición le da permiso a determinada ONG de hacerlo. Pero eso no significa que una ONG deba estar opuesta al gobierno ni es condición necesaria, y aquí es cuando hablamos de la diversidad que existe entre las ONG.

    Por ejemplo, en la ONG de la cual soy parte, no tomamos postura alguna frente al gobierno porque nuestra causa es fomentar una ciudadanía más participativa.  Nosotros buscamos generar cambios desde la ciudadanía, y nuestro flanco de lucha nos hace imperativo no tomar una postura en ese sentido (independientemente de la postura personal de cada uno de quienes la integramos). Igualmente existen algunas otras organizaciones que tienden puentes con el gobierno. Sin comprometerse políticamente con éste, tratan de abonar por medio de la investigación para que el propio gobierno pueda tomar mejores decisiones y hacer mejor su papel. 

    Sin embargo hay otras ONG que por su naturaleza, fungen como checks-and-balances del gobierno, y ese es su papel. Unas incluso cabildean para pasar leyes que obliguen a los políticos a sujetarse a mecanismos de transparencia. 

    Basta dar una repasada a las organizaciones más importantes del país, así como a todas las organizaciones que he tenido la oportunidad de conocer y de formar parte para comprender la diversidad de las organizaciones de la sociedad civil: desde las think tanks que fungen como unidades de pensamiento especializándose en diversos temas, hasta colectivos de jóvenes que defienden x o y causa. Las organizaciones civiles no tienen por qué estar exentas de inclinaciones ideológicas; y así como conocemos aquellas conservadoras que buscan defender un modelo de familia, también existen aquellas liberales que defienden los derechos de la mujer tales y como lo entienden, así como los de las minorías sexuales.

    Así, hay organizaciones civiles que fungen como oposición ante el gobierno o la clase política para obligarlos a rendir cuentas, que me imagino que son los que le quitan al sueño a Carlos Mota. Muchas de estas organizaciones civiles están especializados en un tema, o incluso se conglomeran para formar parte de una causa, como ocurre con el IMCO, Transparencia Internacional y otros, quienes lanzaron la Ley 3 de 3 que obligaba a rendir cuentas a los políticos.

    Existen otras como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad de Claudio X González que hacen investigación e intentan exhibir los casos de corrupción en los que están involucrados los políticos. Hay unos que tienen una inclinación un poco más conservadora y otras más de izquierda y progresista, lo cual no es malo, por el contrario. Así como en una democracia esperamos que todos los sectores y corrientes de pensamiento tengan representación, también lo mismo es deseable dentro de las ONG.

    Eso que molesta tanto a Carlos Mota no es una desviación de las ONG. Por el contrario, asumiendo su diversidad, es parte de la naturaleza de algunas de ellas fungir como oposición. De la misma forma, podemos percatarnos de que en Estados Unidos existen organizaciones civiles que buscan ser un contrapeso frente a la presidencia de Donald Trump

    Ciertamente, sería irresponsable decir que quienes somos parte de este diverso mundo de las organizaciones civiles somos perfectos. Es cierto que se han llegado a dar casos donde alguna organización civil o algún miembro de ella participa en un acto de corrupción o se pone al servicio de una facción política. También es cierto que las organizaciones civiles, sobre todo aquellas que hacen investigación, no deben dejar el lado el rigor académico y de investigación cuando se trata de hacer una denuncia al gobierno y a los políticos. El activismo debe de quedar supeditado al rigor y no al revés.

    Pero es más irresponsable, como hace Carlos Mota, hablar de una degradación del sector de las organizaciones civiles de nuestro país por actos que son en su mayoría inherentes a ellos y que no representan desviación alguna. Peor aún es acusar falsamente que quienes conforman las organizaciones civiles son personas frustradas que quisieron entrar a la política y se conformaron con las ONG; porque a pesar de que tanto la política como las propias ONG inciden en la vida pública, son dos mundos muy diferentes, y en muchos casos los perfiles son muy distintos. Quienes son parte de las ONG suelen ser especialistas en un determinado tema mientras que el político es especialista (o debería serlo) en el arte de gobernar. 

    No sé si se trate de una profunda ignorancia de Carlos Mota con respecto al tema, o si más bien que su comentario tenga algún sesgo por su evidente inclinación política con el régimen de Peña Nieto (porque aunque es natural que cualquier tipo de gobierno vea con recelos a varias de estas organizaciones, esto es más notorio tanto en el PRI como con la facción de López Obrador), pero no se vale descalificar, desde el desconocimiento, a un sector tan diverso, que a base de mucho esfuerzo ha tratado de hacerse de un espacio.

    Es cierto que las ONG también deben de estar sujetos a la crítica y que sus actos pueden ponerse en cuestionamiento. Pero una cosa es esa, y otra cosa es irse contra todo un sector, haciendo generalizaciones (aunque diga que no las hace) con argumentos que están equivocados desde su premisa. 

    Debo concluir diciendo que si queremos que México avance, es imperativa la existencia de una sociedad civil muy fuerte que funja como contrapeso, o que funja como especialista en temas donde el sector público muestra carencias. Si alguien piensa que el papel de las ONG ante el gobierno es chiflar y aplaudir, está muy equivocado. 

  • Cerebro vs Carlos Mota VI. ¿Qué no hable Cuarón?

    Cerebro vs Carlos Mota VI. ¿Qué no hable Cuarón?

    Me sorprende que muchos opinólogos y gente que tiene un espacio en algún medio para opinar, se quejen del hecho de que alguien utilizó su libertad de expresión como si esta estuviera limitada solamente a quienes son expertos en el tema. Esta es la sexta entrega donde expongo a uno de los peores columnistas que tiene el país, Carlos Mota. Y este artículo termina hablándome más mal de este personaje, porque yo creía que era todo un pro empresario, pero parece que ahora es también un poco (o un muchito) pro régimen actual. Me dirán, hablas de linchamientos y tu estás linchando. Pero a ver, Alfonso Cuarón no linchó a nadie, más bien ataco a aquellos que les gusta linchar por linchar. Empezamos con el artículo que escribió como ha sido toda una tradición en este blog (el texto de Carlos Mota está en cursivas):

    Cerebro vs Carlos Mota VI. ¿Qué no hable Cuarón?

     

    No sé qué es peor, si la soberbia de ciertos artistas o la ingenuidad de los medios de comunicación para dar vuelo a las declaraciones de aquellos. Eso sí, la tentación de la gente del mundo de la cultura de opinar de políticas públicas es una de las enfermedades crónico degenerativas que se está afianzando en el país. Antes era Carlos Fuentes hablando de la supuesta ignorancia del entonces candidato Enrique Peña Nieto. Antes era el pintor Toledo hablando de los Zetas; o Gael García criticando al sistema político y al PRI.

    Este párrafo debería terminar con el slogan «moviendo a México». Caray señor Carlos Mota. Naturalmente todos esos intelectuales, cineastas o artistas tienen más reputación que usted ¿Casualidad o envidia? ¿Enfermedad crónico degenerativa? ¡Explíqueme muy bien a que se refiere!. Los intelectuales o artistas opinan porque son los pocos que tienen voz (debido a su presencia mediática) en un país donde no se les da voz a los ciudadanos. En Estados Unidos Obama organiza foros para tratar a convencer a la población de sus reformas, Peña Nieto no hace nada de eso y se limita a sacar spots donde afirma que con la Reforma Energética el gas y la luz va a bajar inmediatamente.

    Causan mucho daño quienes desde el mundo de la cultura opinan de políticas públicas. Deberían serenarse. Que opinen, claro, tienen derecho a hacerlo. Pero quienes gozan de una reputación y popularidad significativas, y opinan, saben bien que habrá un efecto potenciador de sus ideas, con las que confunden y manipulan.

    Señor Carlos Mota. Explíqueme con datos duros el supuesto daño que estas personas hacen al opinar sobre políticas públicas. Luego (sabiendo la avalancha de críticas que sabe que va a recibir) trata de componerla diciendo que tienen derecho a hacerlo, pero antes había sugerido que no. Y hablando de manipulación ¿Acaso el Gobierno no manipula al decir que el precio de la luz y la gasolina van a bajar cuando instituciones especializadas que usted mismo cita dicen que en el caso de la luz será dentro de 5 años y con lo de la gasolina ni siquiera contemos? ¿Por qué no critica a Peña Nieto y a Cuarón si? Por cierto, le aclaro que Peña Nieto no es experto en el tema, al igual que Alfonso Cuarón.

    Yo preferiría que los espacios de resonancia en los medios, respecto por ejemplo de una reforma como la energética, los tengan think tanks especializados, como el IMCO, de Juan Pardinas, o el CIDAC, de Verónica Baz. Pero que alguien que le indica a Sandra Bullock ‘muévete pa’ ca’, o que le dice que no le salieron suficientes lágrimas en cierta toma, cuestione con particular sesgo los beneficios de una reforma que ha sido aplaudida internacionalmente, es un ejercicio que deberíamos ir viendo menos en el país; y desafortunadamente lo estamos viendo cada día más.

    Esas fuentes que cita usted son una muy buena fuente de información que la gente debería tomar en cuenta. Pero eso no le quita ningún derecho a Cuarón de expresar sus ideas. Sí, Cuarón no es un experto, pero la mayoría de sus preguntas son cuestionamientos sensatos que se hace la población. Dice usted que es un ejercicio que deberíamos ir viendo en el país, sin palabras. Me imagino que está de acuerdo con la censura y con callar a las voces que usted considera (o que quien le pague considera) que están mal informadas.

    Es decir, usted asume una postura no muy diferente a la que asumía Hugo Chávez en Venezuela donde linchaba a los que no opinaban como él, ese que criticaba tanto y cuya muerte festejó.

    Por cierto, lo dice alguien como yo que está abierto a la apertura e ingreso de iniciativa privada como Pemex. Yo no veo que Cuarón sea un nacionalista cardenista trasnochado, de hecho en su réplica dijo que las reformas son necesarias, pero todos cuestionamos los comos y es algo totalmente válido.

    Si hubieran premios Razzie a las peores columnas, usted hubiera ganado unánimemente.

    Aquí la columna completa del señor Carlos Mota: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/oh-no-cuaron-empezo-a-opinar.html

     

  • Carlos Mota V. El bruto según Monsanto

    Carlos Mota V. El bruto según Monsanto

    Si en este blog hay una piñata, o algo así como la antítesis, como el Darth Vader de Luke Skywalker, el Hitler de los Judíos, el Guasón de Batman, eso sería Carlos Mota de Cerebro. Y es que a este «columnista» (que opaca a los tercergradistas) se le ocurre escribir cada barbaridad. Primero culpó a la UNAM de casi casi fomentar el terrorismo, luego se le fue a la yugular al «ex preciso» Felipe Calderón por no ser tan neoliberal, después lo critiqué por tenerles envidia a los empresarios, y al final le faltó al poco para afirmar que el Buen Fin nos iba a catapultar al desarrollo. Ahora voy con un artículo muy lamentable, creo que el peor de todos, donde Carlos Mota alaba a Monsanto.

    Carlos Mota V. El bruto según Monsanto

    Todos sabemos que es Monsanto. Es una de las empresas con peor reputación a nivel mundial. Si en cualquier lado preguntas a alguna persona de a pie que digamos le gusta estar algo informada, cuales son las peores empresas que existen, entre una de ellas se va a encontrar Monsanto sí o sí. Peor, cuando en Google buscas a Monsanto, te encontrarás con muchas notas críticas de esa empresa, que sus productos producen cáncer, que sus fábricas contaminaron a alguna pequeña población en Estados Unidos. En Youtube se pone peor (recomendado el video «El Mundo Según Monsanto». Esta empresa que produce entre muchas cosas, maíz transgénico, gusta mucho de hacer lobbying (cabildeo) para poder hacer negocios en diferentes países (mientras que otros cada vez prohiben con más fuerza sus productos).

    Con todo el cochinero que ha producido a la ecología esta empresa. A Carlos Mota se le ocurre halagar a esta empresa y desear que venga a México a sembrar maíz transgénico por todos lados. Cito lo que dice este «columnista»:

    Empresas como Monsanto, DuPont o Basf han luchado globalmente para que los países se pongan al día en la adopción de mayor tecnología para el campo. Pero el camino no es fácil. De hecho, ayer mismo el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, publicó nueva prohibiciones contra semillas de Monsanto (el maíz MON 810), luego de haber sido cabildeado por Greenpeace. Fatal.

    Resulta, sí, que Monsanto es toda una señora da la caridad que busca el progreso del mundo, mientras que el primer ministro de Polonia atenta contra el progreso de su país, y a la vez Greenpeace es poco menos que el demonio. Curioso que Carlos Mota reprueba a Greenpeace por cabildear, si los expertos en hacer eso son los de Monsanto, ¡por el amor de Dios!. Carlos Mota sigue diciendo barbaridades:

    Monsanto refrendó recientemente su compromiso a favor de una mejor tecnología para el campo: Dijo comprometerse a: “expandir la disponibilidad de híbridos de maíz con múltiples modos de acción para protegerlo contra el gusano alfilerillo”.

    A ver, este tipo, tan pro libre mercado (y ni tanto, porque apoya a los monopolios) debería haber leído algo de Milton Friedman y su frase donde dice que la responsabilidad social de las empresas es ganar utilidades, para dejarse de tonterías de que «Monsanto tiene un compromiso a favor del campo». Claro, hay empresas que bajo la premisa de Milton Friedman generan bienestar en la sociedad, y otras como Monsanto, todo lo contrario.

    Igual este artículo es pagado por la transnacional, porque parece burdamente un spot publicitario. Pero como escribe Carlos Mota si cabe la posibilidad de que se crea todas estas «cosas» que escribió.

    Espero que esta empresa no venga a invertir y a envenenar nuestro campo. Por algo cada vez más países europeos la sacan a patadas. Y Carlos Mota que tenga dignidad y se dedique a otra cosa ¡por favor!. Peor aún, este periodista hace menos de un mes afirmó que los consumidores quieren monopolios haciendo una burda comparación entre los monopolios voluntarios (que lo son porque el consumidor elige sus productos porque estos satisfacen sus necesidades, como el caso de Google por un ejemplo) y los coercitivos (que son monopolios con anuencia del gobierno, por sus privilegios y altas barreras de entrada como Telmex y Televisa). Díganle a este hombre que es absurdo comparar a empresas como Televisa con Google.

  • Carlos Mota IV – Denle lecciones de economía a este señor

    Mi última crítica a este «columnista» de Milenio (sí, así entre comillas), la hice hace 3 años. No sé por qué dejé suelto a Carlos Mota por tanto tiempo, como que en Milenio se abstuvo de hablar de política (cosa en la que sinceramente no está muy bien preparado) y se limitó a hablar de economía, empresas y cosas así, donde este señor no lo hace tan mal, es su especialidad. Pero ahora que vuelve a meterse en temas de política, como que vuelve a meter la pata feo, pero esta vez lo que llama la atención es que ni siquiera en términos económicos acertó.

    Carlos Mota habla del «Buen Fin» y de los que ganaron con esta promoción, que según el eran Calderón y el PAN. Creí que era una nota crítica por el título, pero es todo lo contrario, es un compendio de halagos al gobierno en turno. Dice que el «Buen Fin» es una muestra de lo bien que ha trabajado el gobierno y que se nota que hay una clase media que se ha fortalecido, que es un triunfo de Felipe Calderón porque hasta sus detractores hicieron filas para ir a comprar.

    Se me hace demasiado «irresponsable» que un economista trate de probar tendencias sociales por la respuesta a una promoción de parte de la iniciativa privada. Carlos Mota de seguro no tomó en cuenta que la sociedad mexicana (en especial las clases medias, medias-bajas) es aspiracional, es decir, gasta más de lo que tiene, y no les importa endeudarse o pedir créditos con tal de hacerse de productos. Así como el plantea su tesis de que la respuesta al «Buen Fin» es una muestra del crecimiento de las clases medias, yo puedo plantear la mía que dice que el consumidor mexicano no está bien informado, compra compulsivamente y no racionaliza sus compras.

    Su argumento de la clase media queda tirada por la borda cuando vemos estadísticas como el Coeficiente de Gini que mide la desigualdad en un país, esta estadística mide desde 0 (que es un país totalmente igualitario) hasta 1 (que es un país totalmente injusto en materia redistributiva). En México del 2000 al 2011 el Coeficiente Gini pasó de 0.507 en el 2000 (cuando el PAN tomó el poder) a 0.494 en el 2011. Una nada. Estamos casi igual que hace casi 10 años, ni ha empeorado la distribución de la riqueza ni ha mejorado, pero hace falta otro factor, el PIB. Si el PIB se incrementa sustancialmente y el Coeficiente Gini se mantiene en el mismo nivel, lógicamente hay un aumento de la clase media, pero en el caso mexicano no es así. El crecimiento PIB en los últimos 10 años tuvo tasas de crecimiento 4% anuales aproximadamente, pero esto no quiere decir que México cada año se vuelva 4% más rico, porque esta tabla no toma en cuenta el crecimiento de la población que es cercano al 2%. El crecimento de la clase media es «simbólico».

    Dice Carlos Mota que el «Buen Fin» fue todo un éxito. Esto desde el punto de vista que lo veamos. Si lo vemos comparando todo el aparato mercadológico que se desplegó y las promesas que se hicieron (una especie de populismo de derecha) sería un fracaso, pero para quienes saben de economía, de mercadotecnia y de como se mueven los mercados en realidad no estuvo tan mal, fue una campaña que cumplió a medias. Yo como mercadólogo sabía que iba a ocurrir, muchas empresas iban a subir los precios para luego ofrecerlos con descuento (una táctica muy usada en mercadotecnia), también que las tiendas iban a aprovechar para sacar su inventario que ya no tenía rotación (me explico, la ropa fuera de temporada, obsoleta o con imperfecciones) y que los descuentos reales iban a ser relativamente pequeños (10% o 15%). Los mercadólogos apelamos a las emociones del consumidor y no a la razón, es por eso que la gente sale corriendo a comprar productos cuando anuncian un tipo de campaña como esta.

    Pero el «Buen Fin» no es una muestra fehaciente de éxito de la economía, tal vez solo nos dice que esta está estable y no está sumergida en una crisis y punto. El impulso de los consumidores por comprar a veces es mucho más grande que su realidad económica. Me sorprende que un economista no pueda percatarse de esto. Un buen libro de microeconomía y otro de mercadotecnia no le vendrían mal a Carlos Mota.