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  • ¿Por qué la gran mayoría de los libros de autoayuda no sirven?

    ¿Por qué la gran mayoría de los libros de autoayuda no sirven?

    No, nunca he sido fanático de los libros de autoayuda; crecí con los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez porque en mi casa los leían, y ustedes me pueden entender que sus libros no me ayudaron mucho a querer al género, pero conforme le di la oportunidad a otros, me di cuenta que los libros de autoayuda «ayudan» a la cartera del autor más que a quien consume sus obras.

    ¿Por qué la gran mayoría de los libros de autoayuda no sirven?

    A Carlos Cuauhtémoc Sánchez por ejemplo, no le aprendí absolutamente nada. Incluso lo considero una persona no muy preparada en el tema, pero tiene la capacidad tanto para comunicarse de forma oral y escrita (sí, también me llegaron a llevar a una de sus conferencias hace muchos años) como para vender sus libros y conferencias, y sobre todo, para venderse. Alguna habilidad debe de tener un autor mediocre para ser conocido en todo el país.

    ¿Cuál es el problema de estos libros?

    Que muchas veces asumen tener la respuesta a los problemas de la gente. Pero hay un problema, las personas no somos iguales, por lo tanto las recetas no funcionan para todos. Cada uno de nosotros tiene una mente completamente diferente, tenemos distintos problemas, distintas formas de pensar (lo peor ocurre cuando algún autor de estos libros trata de imponer su cosmovisión a los lectores) y no a todos nos funciona lo mismo.

    ¿Quieres educar a tus hijos? Compra un libro de autoayuda. ¿Estás deprimido? Compra mi libro ¿Vas a buscar trabajo? Te recomiendo mi best seller. Existe un libro de autoayuda para cada uno de los problemas que aquejan al individuo. Los libros son un negociazo, y muchos de los autores ni siquiera tienen la suficiente preparación como para dominar ciertos temas. Carlos Cuauhtémoc se atreve de escribir de todo, de libros sobre noviazgo, sexo, adolescentes, drogas, asertividad, familia, éxito financiero, productividad. ¿De verdad creen que es un experto en todos esos temas? Yo leí «Un Grito Desesperado» y «Juventud en Éxtasis», sus dos obras más «grandes» y puedo afirmar que ni de lejos es un experto.

    Autoayuda

    Cuando el lector termina la obra, tiene ganas de comerse al mundo y de poner en práctica lo que aprendió. Tal vez el autor «le dejó de tarea» realizar ciertas actividades, o le recomendó que cuando su esposa llegara a casa, aplicara el «Método Carson» o la teoría del círculo o como le quieras llamar. Posiblemente la esposa se extrañe ante al comportamiento tan mecánico y ensayado del marido. -¡Hoy no voy a ser una víctima!. ¡Soy grande, soy grande, soy grande! ¡Repítelo 100 veces! ¡Soy grande, soy grande, soy grande!

    Y es que la mayoría de los libros de autoayuda no son profundos, los autores no terminan de entender la esencia del ser humano y muchas veces ni siquiera entienden su comportamiento; abordan los temas que exponen de una forma superficial basada muchas veces en anécdotas y experiencias más que en estudio de las ramas de la ciencia que pueden ayudar a entender al ser humano (esto es, antropología, psicología, sociología, filosofía entre otros).

    Algunos incluso tienen la desfachatez de utilizar pseudociencias para desarrollar sus argumentos: Que los planetas se van a alinear, que si lo deseas te va a llegar, ¿Recuerdan El Secreto? un best seller norteamericano donde afirman haber encontrado el secreto que guardaron los genios y los más importantes pensadores. Lo más triste es que venden.

    Deepak Chopra

    ¿Entonces puedo encontrar libros de autoayuda que sirvan? Sí. Son los menos, pero existen. Hablaré muy brevemente de algunos y me servirán para darme a la tarea de explicar por qué los demás no sirven.

    Estoy leyendo un libro que se llama «Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva» del recién fallecido Stephen Covey. Es interesante porque en ningún momento pretende dar recetas ni pretende inventar soluciones mágicas, simplemente toma conocimientos que son universales (y no sacados de la manga o inventados) y los sintetiza en un libro ordenado y bien esquematizado para que el lector los pueda poner en práctica y pueda generar hábitos en su conducta.

    Otro es Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, que no es un libro de autoayuda típico, o tradicional, tal vez no se le pueda llamar explícitamente así, más bien trata de exponer este concepto de inteligencia, comenzando con la teoría pura para después llevar su tesis a la práctica. Su idea se ha vuelto muy popular en estos tiempos donde el ser humano padece mucha ansiedad y es emocionalmente torpe.

    Los Cuatro Acuerdos de Miguel Ruiz (cuya propuesta está basada en la sabiduría tolteca) es un buen ejemplo de lo que debería de ser un libro de autoayuda. Sin pretensión alguna propone, valga la redundancia, cuatro acuerdos. 1.- Ser impecable con las palabras, 2.- No tomarse nada personal, 3.- No hacer suposiciones, y 4.- Hacer siempre el máximo esfuerzo. El texto, como lo menciona, toma como base la sabiduría de los toltecas, y cuando uno lee el libro, nota al instante que hay algo mucho más profundo que simples soluciones superficiales.

    El libro de autoayuda, por llamarlo así, que más me ha llamado la atención, es «La Conquista de la Felicidad» de Bertrand Russell, filósofo que ganó el Premio Nobel en 1960. Este reconocido filósofo inglés tuvo la ocurrencia de escribir un libro para decirle a la gente como ser feliz. Es un libro sumamente fácil de leer (cosa que no es muy común cuando hablamos de filósofos de este calibre), pero a pesar de la lectura ligera y de la facilidad con la que explica los conceptos, es completamente evidente que quien está detrás de esas letras es alguien muy culto.

    Bertrand Russell, 1951

    ¿En que coinciden estas obras que acabo de mencionar? Que ninguna propone recetas y que sus autores están suficientemente preparados para exponer su tesis. Cierto, la obra de Covey tiene un formato más de típico escritor comercial norteamericano y plantea un plan de acción (que no es lo mismo que proponer recetas; además es de notar que se molestó en fundamentar bien sus argumentos).

    Un libro de autoayuda funciona cuando proporciona sabiduría y conocimiento al lector, y no un manual de que es lo que debe de hacer con su vida. Los libros de autoayuda que valen la pena (los menos) pueden servir, mientras no se abuse de ellos y se piense que un libro por arte de magia podrá ayudar al lector a dejar de sufrir. Mejorar la calidad de la vida requiere de mucha voluntad, espíritu, sabiduría, esfuerzo, y sobre todo paciencia.

    Pero habría que aclarar que todos los libros valiosos de cualquier género, son de alguna forma, libros de autoayuda. Porque acumular conocimiento le ayuda al ser humano a expandir sus horizontes y romper paradigmas. Además el lector asiduo adquiere más habilidades y tiende a ser más tolerante que aquel que no está acostumbrado a leer.

    Sí, si hay libros de autoayuda que podrían serte útiles, pero debes de ser muy selectivo y no esperar que esa literatura sea la solución a todos tus problemas.

  • ¿Quiúbole con la lectura en México?

    Para empezar quiero aclarar que no tengo nada en contra de Yordi Rosado ni de Gaby Vargas quienes han tenido un tremendo éxito con sus libros, ellos son los menos culpables de que sus libros hayan roto records de ventas, ellos hicieron su esfuerzo por la obra que elaboraron y lograron triunfar. Pero es que me llama la atención: La serie de libros Quiúbole con? se ha convertido en lo más leído en los últimos 40 años. Sí, así como lo oyen ustedes, este libro que habla sobre superación personal, autoestima, sexualidad y demás temas para los jóvenes es lo más leído en México, superando los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez y otras obras mayores y menores.

    Algo tiene ese libro de Vargas y de Rosado (que nunca lo he leído, mas si lo he ojeado alguna vez en un Sanborns) que ha generado tantas ventas. Puede ser un libro fresco, ameno, muy ad hoc para los jóvenes de hoy; pero no se trata de una obra cultural, una novela de algún reconocido autor, alguna novela famosa histórica ni nada que nutra de forma positiva la intelectualidad de la persona que lo lee. Si se dice que en México la gente lee de uno a dos libros al año, hay que tomar en cuenta este dato ¿que libros son los que más se leen?. Y entonces ya podemos sacar conclusiones de por qué estamos como estamos. La mayoría de los libros que se leen no son libros que aporten algo culturalmente significativo.

    Me acuerdo que uno de los entrevistados en mi artículo – entrevista sobre los líderes dijo que se debían de fomentar lectores en lugar de televidentes. Estoy totalmente de acuerdo con él, pero yo le agregaría algo más al comentario. Se deberían de fomentar lectores de calidad. ¿De que sirve que tengamos lectores que solo leen libros de ínfima calidad cultural como son este de Quiúbole con… o los de Carlos Cuauhtémoc Sánchez?. Esos libros no son muy distintos de una revista del corazón juveniles (ej, Eres, Tú) o bien, son simple superación personal sin una base psicológica bien fundamentada. Se les llama libros porque tienen el formato de un libro, pero me la pensaría dos veces al llamarles libros porque no cumplen el cometido que debería cumplir un libro: Nutrir la intelectualidad de la gente.

    ¿Que es lo que debemos de hacer para que la gente se acerque a libros que tengan contenido nutritivo para sus mentes?. En México hay los espacios para hacerlo, los libros no son demasiado caros como para no poder comprarlos, hay muchos autores mexicanos, extranjeros, variedad, tiendas, hay todo para poder acercar la lectura a la gente, pero ¿que es lo que pasa que la gente no se acerca a los libros cuando los tienen a la mano?. Lo vuelvo a repetir, los menos culpables son los autores de este tipo de libros que se venden como pan caliente, ellos están en el derecho de hacer su negocio, tendríamos que ver más bien lo que hay que hacer para que los libros que de verdad valen la pena fueran los que se vendieran como pan caliente.

    La lectura es reflejo intrínseco de la cultura y el desarrollo de un país, y en ese ámbito, duele decirlo, pero estamos reprobados. Entonces si nos tendríamos que replantear y preguntar: ¿Quiúbole con la lectura en México?.

     

  • Cuando el arte se convierte en una puta de los dineros

    Carlos Cuauhtemoc SanchezCarlos Cuauhtemoc Sánchez, el artista, filósofo y pensador mas importante del siglo XXI
    Para que un productos sea lanzado al mercado (vamos a poner de ejemplo el famoso iPod) se realizan varias actividades para determinar como se va a realizar un producto. En el mundo moderno ya no se improvisa y se sacan productos para «ver si funcionan». Ahora toda elaboración de un producto requiere un proceso.

    Para determinar como se va a diseñar un iPod y que valores agregados va a tener, se realizan estudios de mercado para determinar las preferencias del consumidor, se hace un análisis psicológico, cultural, social etc.. de este. Si bien el producto final no es totalmente determinado por estos estudios (la creatividad tiene una porción), al hacer una propuesta si se vuelven a hacer estudios para analizar la posible aceptación. No solo eso, el producto y las versiones de este están determinados en base a un serio análisis psicológico de los procesos de toma de decisión de venta del consumidor, sus necesidades etc…

    Para un producto este tipo de procesos viene bien, porque se le da al consumidor el producto que quiere, y cree necesitar; no necesariamente lo que de verdad necesita, porque en estos análisis es mas importante lo subjetivo que lo objetivo, la percepción sobre la realidad.

    Lo que el «american way of life» no entiende, es que el buen arte no se puede dar bajo este proceso. Y de verdad que en gran parte, la cultura americana, deja del lado la expresión humana por las oportunidades de negocio. El arte (si se le puede seguir llamando así) se convierte en una prostituta, con un buen cuerpo y semblante, pero un gran vacío en el interior.

    Este «arte» instantaneo, tanto como el arte valioso, generan cierto tipo de sensaciones y sentimientos en el ser humano. Pero a diferencia del arte valioso (donde esas emociones se generan porque el autor tiene el propósito de expresar algo y compartirlo), el arte instantaneo provoca este tipo de sentimientos con el objetivo de presentar un producto atractivo para que el cliente lo compre. Se hacen estudios para analizar el perfil del consumidor, como en el primer caso, y se «fabrican» las bandas de pop o rock en base a los resultados de estos estudios. Se busca un nombre sencillo de pronunciar, para que sea posicionable (RBD por ejemplo), y se busca generar una identidad con el target. Por ejemplo, para los adolescentes incomprendidos, que se quieren rebelar contra el sistema, se crea un grupo con integrantes tatuados, peinados «emo», temas de 3 acordes, pero eso sí, con una distorsión salida de un «mesa boggie» (para quien no sepa, esta empresa fabrica los amplificadores con la distorsión mas pesada que hay en el mercado) y con la sexta cuerda afinada en Re, para que la música sea mas pesada y agresiva.

    Se utilizan tendencias e ideologías que fueron genuinas en un inicio, pero que fueron absorbidas por el capitalismo estadounidense, que paradójicamente estas criticaron. Ahí salen los grupitos punk y nu-metal, hechos a la medida del cliente. Y no solo eso, incluso ven un grán negocio, en vender camisas del «che» guevara (paradójico).

    En los libros la cuestión es parecida en el caso de la pseudoliteratura americana. Se buscan crear textos emocionantes, pero que no tienen ningún trasfondo; tienen el objetivo de jugar con las emociones y ofrecer sensaciones agradables, pero el texto no tiene ninguna raíz valiosa. Un ejemplo claro son los libros de auto-tortura de Carlos Cuauhtemoc Sánchez; uno los leé y cree que ya ha aprendido todo lo necesario para mejorar como persona, pero el lector cierra el libro, y se da cuenta que no tiene nada, o cree tenerlo.

    Bien es cierto que a los autores del buen arte a traves de la historia no se les ha reconocido sus méritos en su momento (caso de Van Gogh o el filósosofo Arthur Schopenhauer), es a veces incomprensible que pseudoartistas sin ningún talento, y con un grán aparato mediático, tengan mas reconocimiento y admiración, que los que de verdad aportan algo a la sociedad.

    Pero eso es el arte visto desde la ideología americana. Nada mas una forma de hacer negocios. No es lo mismo «hacer el amor», que «coger con una puta», y los modelos americanos nos dicen que es la segunda frase.