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  • 2016, ese año que tanto odias, pero que nunca olvidarás

    2016, ese año que tanto odias, pero que nunca olvidarás

    2016, ese año que tú tanto odias, pero nunca olvidarás

    El año que marca el inicio de un siglo no es necesariamente el primero. El año 2000 es más propio del siglo XX que del siglo XXI. Posiblemente pueda decir lo mismo de los años que le sucedieron. Es cierto que el 2001 marcó en algunos aspectos un antes y después con los atentados en Nueva York, pero todo seguía siendo muy siglo XX. Ese evento era tan solo un aviso de lo que se venía. 

    De igual forma podríamos decir que el inicio del siglo XX no fue en 1900 sino que comenzó con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914. A ésta le antecedió -por lo menos en Europa- la Belle Époque, que todavía era muy siglo XIX, y que terminó terminó con el asesinato de Franz Ferninand que desató el conflicto bélico que junto con la Segunda Guerra Mundial trajo millones de muertes y, como efecto colateral, una mejor redistribución de la riqueza y más derechos para la mujer.

    Muy posiblemente 2016 marque el inicio del siglo XX. No porque estemos a días del inicio de una guerra, sino porque la configuración del orden mundial, heredada del siglo XX con Estados Unidos como única potencia hegemónica, se está empezando a resquebrajar para comenzar otro orden que todavía desconocemos. 

    ¡Caray! Si la Rusia de Putin intervino en las elecciones de Estados Unidos. Eso dice pero mucho.

    No sólo es el ascenso del populismo en Estados Unidos y Europa, sino el adiós de aquellas figuras que fueron muy representantes del siglo XX como Fidel Castro. Incluso dentro de la cultura pop y la música tuvimos muchas despedidas, esa tan representativa del siglo XX y que parece, en sus peculiares formas, tendrá la capacidad de adaptarse a los tiempos venideros. Vaya que si se acerca el fin del mundo yo quiero al menos tener acceso a mi Spotify. 

    Este año le dijimos adiós a muchas cosas que habían estado con nosotros durante mucho tiempo y habían sido parte de nuestra vida.

    Naturalmente este quiebre es el producto de varios procesos que tienen años o incluso décadas gestándose, pero que aparentemente encontraron en este año el momento justo para irrumpir en la escena. Todos maldicen el 2016 y se entiende. Nos han sacado un poco de nuestra zona de confort, lo cual no es necesariamente bueno. Quienes creían en la democracia como la culminación de la evolución de nuestra especie se dieron cuenta que tendrán que hacer un esfuerzo extra para no perderla.

    Procesos como el individuo que se ha acostumbrado tanto a los modelos democráticos que los desdeña de más. El Internet que como herramienta ha modificado demasiado dinámicas, formas de comunicación, relaciones interpersonales, que ha rebasado a la estructura de las instituciones que habíamos creado. Se suma la paradoja de la coexistencia de la reducción de la pobreza extrema con el ensanchamiento de las clases medias de los países desarrollados. Procesos que pensamos eran meramente económicos se han convertido en manifestaciones políticas, que a su vez, pueden por sí mismas modificar los procesos económicos que les dieron origen. 

    Podríamos pensar que ante la gran cantidad de conocimiento que hemos generado podemos anticipar de forma más atinada qué es lo que va a pasar en los siguientes años o décadas. Posiblemente la realidad sea inversa, porque nunca en la historia el humano se ha encontrado en el contexto en el que ahora se encuentra, y no tenemos antecedentes claros, tan sólo algunas vagas referencias. ¿Cómo resolverá el ser humano los conflictos que posiblemente están por venir dentro de un mundo tan globalizado, hiperconectado, y tan tecnológicamente avanzado? La respuesta es que no lo sabemos, y es demasiado difícil predecir qué pasará. Todos los especialistas, los PhD y estudiosos de la materia, tendrán que trabajar sobre la marcha. 

    A nadie le gusta tener incertidumbre, pero es lo que hay por el momento.

    Lo del ascenso del populismo era algo que algunos estudiosos ya preveían desde hace unos años o incluso décadas, pero muy poco se ha escrito sobre lo que pasará después, y posiblemente eso poco que se escribió termine estando errado. También es difícil predecir como incidirán los avances tecnológicos en la sociedad. Hace 10 años no nos imaginábamos el papel que Internet llegaría a tener en la forma en que el mundo está organizando o está tratando de organizarse. Posiblemente no tengamos la suficiente sabiduría para saber que pasará con los avances que vienen, la automatización -que está eliminando muchos empleos, pero está creando otros-, el Internet de las cosas, o los alcances que tendrá el big data. ¿Qué cambios generará tanto en la economía como en la política?

    Posiblemente este 2016 sea recordado como el antes y el después, el año que dio la bienvenida al Siglo XXI tal y como es. Tal vez por eso lo odies tanto porque te quitó a tus héroes musicales y te trajo un futuro sombrío el cual desconoces.

    No, no sabemos como será el mundo en unas décadas, pero al camino a ese mundo futuro ya ha comenzado. 

  • Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    Es el 2016, y en México todos estamos dormidos

    No sé ustedes, pero desde hace tiempo llevo escuchando más bien poco sobre nuestro querido, amado y guapetón mandatario Enrique Peña Nieto.

    Parece ser que últimamente no se ha metido en problemas, pero al mismo tiempo se ha exhibido muy poco. No sé por qué sea. Posiblemente han considerado que tiene que mantener un perfil bajo pensando en que las elecciones del 2018 están cada vez más cerca. Posiblemente esperen a que para ese entonces las reformas hayan surtido algún tipo de efecto.

    Es el 2016, y en México no pasa nada, todos siguen durmiendo

    Las redes sociales casi ya no hablan de él, casi no hay memes, ni mentadas de madre. Hay una curiosa y tensa calma. Algo de llamar la atención.

    El sistema sigue trabajando como sabe. El New York Times exhibió duramente en sus planas a nuestro querido presidente, para que después la misma presidencia respondiera afirmando que este diario está tergiversando la información. Lo cuestionaron duro sobre los temas que conocemos: La Casa Blanca, la fuga del Chapo y Ayotzinapa. Y los medios mexicanos callaron. Tan sólo Grupo Reforma, conocido por su enemistad con el gobierno actual, hizo caso de la nota.

    Y esa es una muestra del control que tiene el gobierno sobre los medios tradicionales. La crítica ya todos la conocemos, más bien es el peso de quien ahora emite dicha crítica.

    Pero aún así, esta nota sólo tuvo eco en la comentocracia y en algunos usuarios despistados de las redes sociales. Porque es la misma cantaleta que ya conocemos todos. Incluso me atrevería a apostar que si los medios tradicionales hubieran tomado la noticia, tampoco es como que la sociedad hubiera salido a las calles, ni siquiera habríamos hecho una campaña masiva en las redes sociales.

    Posiblemente porque de alguna forma ya nos resignamos. Ya entendimos que los estudiantes de Ayotzinapa no van a aparecer, y a pesar de que el GIEI y demás instancias han puesto en evidencia la «verdad histórica» posiblemente ya no pase mucho. Ya entendimos que Peña quedará inmune ante el tema de la Casa Blanca, y ya entendimos que el Chapo se escapó poniendo en vergüenza a todo nuestro sistema penal.

    Es decir, ya cerramos las heridas, mal cicatrizadas, por cierto.

    Y por eso, hemos preferido continuar con nuestras vidas. Al cabo ya en dos años ya estaremos eligiendo a quien nos gobierne durante los siguientes ocho.

    ¿Y sabes que es lo peor del caso?

    Que hasta el momento, la terna de candidatos que se perfilan no dan pie a la ilusión:

    Moreno Valle, Osorio Chong, El Bronco, López Obrador, Margarita Zavala. No sólo no ilusionan, sino que no se ve que alguno pueda hacer algo por cambiar el estado de las cosas. Algunos, como los primeros cuatro, cada quien en su forma, representan la forma de hacer política a la vieja usanza. Y la última, pues es una mujer que a mi parecer no tiene el suficiente liderazgo.

    Y es triste porque México supuestamente se encuentra en una coyuntura favorable con el bono demográfico. Es decir, en este lapso de tiempo nuestra población tiene el mayor porcentaje de individuos en edad de ser productivos. Antes, nuestra población era muy joven para que se diera esta condición, y en unos años (poco más de una década) cuando esta coyuntura termine, la población será muy vieja.

    En estas circunstancias es donde un país tiene mayores posibilidades de desarrollarse. Por ejemplo, Corea del Sur aprovechó dicha coyuntura para lanzarse al desarrollo. ¿Y nosotros estamos haciendo algo?

    Exceptuando algunos esfuerzos valiosos, pero todavía aislados (sobre todo en términos de innovación y desarrollo donde algunas cuantas instancias gubernamentales y ciudadanas parecen preocuparse por el tema), creo que estamos desaprovechando esa oportunidad.

    Y es que un país con instituciones tan débiles y con casos de corrupción que involucran al mismo presidente, es difícil pensar en que podamos aprovechar al máximo dicha coyuntura. Y hay que sumarle a candidatos que convencen a su seguidores fieles  de volver a atrás, como López Obrador, de defender «nuestro pinchi petróleo», de regresar la constitución a 1917 y de colgarse de la luz como estrategia de desobediencia civil.

    Es decir, en México no pasa nada cuando debería de estar pasando cosas buenas. Los más entusiastas me hablarán de las reformas, y posiblemente algunas vayan en el sentido correcto (no todas), pero para que funcionen bien se necesita un Estado de derecho sólido. A nuestro gobierno le parece interesar sobremanera los spots donde presumen «sus logros» en vez de tratar de crear las condiciones para que dichas reformas sean ejecutadas de manera óptima.

    Y yo no creo que Osorio Chong, el Bronco o López Obrador den en el clavo. Los distintos personajes por distintas razones.

    Los ciudadanos mientras, nos sentimos tranquilos, a la deriva, esperando que las circunstancias nos lleven por buen puerto.

    Algunos se organizan, crean organizaciones civiles, Think Tanks, pero todavía sin lograr esa masa crítica como para irrumpir en la realidad de nuestro país. No por su culpa, más bien es culpa de esa mayoría que no hace nada.

    Esa mayoría cuya máxima aspiración inmediata es compartir los memes de «sé como José» o de la camioneta dibujada o de Confused Travolta, y demás temas cotidianos.

    Entonces ¿Qué tendría que pasar en un país donde no está pasando nada?

    Y tal vez en 30 o 40 años nos lamentemos cuando algunos países que se encuentran en nuestro nivel, terminen superándonos por goleada, como Chile. Y volvamos a nuestro mantra de que no hicimos nosotros que sí hicieron Corea del Sur y China.

    Y no, no pasa nada…