Categoría: sociedad

  • Los Juegos Panamericanos, en buen curso

    Hasta hace una semana estaba preocupado por la organización de los Juegos Panamericanos en mi ciudad Guadalajara. Desde meses antes parecía que las cosas no iban bien. Habían jaloneos entre partidos políticos: El PAN, en concreto el Gobernador Emilio González quería usarlos como catapulta a la Presidencia o para hacer negocios con la Villa. El PRI por su parte detuvo la sede original de la villa (que estaría ubicada en el Parque Morelos) y trató de poner piedras en el camino. Yo lo había mencionado antes y no me arrepiento de haberlo escrito porque era mi sentir en ese momento, y tenía las bases para hacerlo. Hace dos meses y medio no se sentía el «ambiente panamericano» en la ciudad, y había retrasos en varias de las instalaciones, y a dos días de sus inicios habían goteras en algunas sedes.

    De hecho varios de los que estaban esperando los juegos eran gente panista o cercana al gobierno del estado (eso fue notorio cuando en la inauguración no abuchearon a Felipe Calderón, cuando presidentes mejor evaluados que él como Lula da Silva recibieron una fuerte rechifla en los Juegos de Rio de Janeiro) muchos más los esperaron con escepticismo (incluído Mario Vázquez Raña) o simplemente no les importó. Se notaban algunos errores en la organización, improvisaciones y mucha gente temió que los Juegos Panamericanos no fueran a salir bien. Sin embargo, con la inauguración todo el panorama cambió, las dudas se disiparon, la gente se olvidó de los pleitos políticos y se concentró en disfrutar los juegos, sin importar si les caía bien o no el gobernador. Se dieron cuenta que lo importante era el hecho de que en Guadalajara se estaban celebrando unos juegos de gran envergadura y no el hecho de que si el PAN o el PRI tenían metidas ahí las manos.

    La inauguración contagió el espíritu que no había logrado contagiar la publicidad en los meses anteriores. Marcó un antes y un después, porque la inauguración fue pletórica. Fue de menos a más, cuando vimos a Vicente Fernández cantar el himno (con sus respectivos errores) y las primeras puestas en escena fueron sobrias, lo que tal vez le daba la razón a los detractores. Pero después vimos una inauguración casi digna de unos Juegos Olímpicos (que por cierto fue creada por la misma empresa que realizó la inaguración de Beijing 2008, aunque claro, disponían de menos recursos), toda esa pirotecnia contagió a la ciudad y a todo México. La gente se dió cuenta de que en Guadalajara se estaban celebrando unos Juegos Panamericanos.

    Creíamos que el tráfico se iba a saturar y no fue así. A pesar de nuestro deficiente transporte público, no ha habido mayores problemas para los traslados de ciudadanos y turistas a las sedes. Los Juegos, en la primera semana han salido bien, y a pesar de que han existido algunos problemas (como el tablero de la natación que tardaba en mostrar los resultados, algunos problemas de logística en la Villa, y el robo de dos bicicletas a la delegación colombiana) la percepción que se ha tenido de los juegos ha sido buena. Han habido problemas como en cualquier justa, y claro que se deben de señalar y criticar, pero el balance es bueno.

    Las sedes tal vez no sean tan grandes ni magnánimas como las de Río de Janeiro, pero creo que en cuestión de decoración han estado mejor, la publicidad (la cual se permite en Juegos Panamericanos, no así en Juegos Olímpicos) no ha sido tan intrusiva. A pesar de que Televisa no les puso mucha atención (lo cual es decepcionante), se lograron contratos con empresas como Terra para que la gente pueda ver el desarrollo de los juegos desde cualquier parte del mundo. Es cierto, en la cuestión de las sedes se pudo tener más ambición para posteriormente aspirar a unos Juegos Olímpicos, sobre todo por el estadio de atletismo el cual es muy chico (10,000 personas), se pudo pensar en hacer un estadio bastante más grande e incluso aprovecharlo para que equipos como el Atlas juegen ahí, ya que el Jalisco ya es un estadio viejo y presenta fallas en su estructura superior.

    No está demás jalar las orejas al gobierno por no aprovechar la justa para mejorar el transporte público de la ciudad. De hecho no hubo ninguna mejora en ese rubro. También podemos hablar de otras cosas que se pudieron hacer y no se hicieron. Pero a pesar de los intereses de los políticos de los dos principales partidos, los juegos están saliendo bien y ellos quedan en segundo plano. No son los juegos de Emilio, son los Juegos de Guadalajara. Espero que la semana que falta sigan desarrollándose bien los juegos y terminen bien. Lo importante es que la gente se quede con una buena impresión de Guadalajara y se posicione más para que más turistas vengan a visitarla.

     

  • Hartazgo social pre-panamericano

    Desde el mes de octubre del año pasado, el Copag planeó una estrategia de socialización de los Juegos Panamericanos en la ciudad cuya finalidad era, básicamente, generar identidad y sentido de pertenencia de la ciudadanía hacia este evento. Las llamadas giras de socialización se enfocaron en las escuelas públicas y privadas, así como en las universidades para sembrar en los niños y jóvenes de la ciudad, el espíritu panamericano y de ahí, captar voluntarios para el desarrollo de la justa panamericana.

    El plan de socialización de los Juegos, implicaba la acción de un equipo de voluntarios que estaría en las colonias y entregaría un video promocional e informativo de los Juegos a las asociaciones vecinales. La meta de esta estrategia es el involucramiento de la sociedad con los Panamericanos despertando la “conciencia y el entendimiento” de lo que representan para la ciudad. Si existe entonces una estrategia de socialización, ¿por qué los ciudadanos hemos sufrido tanto los Panamericanos antes de que ocurran?

    Entre las posibles respuestas, hay una que se ha posicionado en la mente de los ciudadanos. Los Juegos Panamericanos han estado rodeados por el escándalo: desde su organización, planeación y presupuestos (comenzando por el tema de las fallidas Villas Panamericanas en el Parque Morelos hasta la falta de transparencia del Comité Organizador). A la par de los excesos y escándalos se hace visible lo evidente, los Juegos han dividido a nuestra clase política, en lugar de unirla de cara a una buena planeación y ejecución de esta justa deportiva.

    No contentos con el escándalo y el enfrentamiento, las razones del hartazgo ciudadano panamericano también transitan por una falta de información sobre los procesos cotidianos a los que nos tendremos que enfrentar los 15 días que dura la justa deportiva; específicamente los que tienen que ver con la movilidad. Tráfico, carriles panamericanos, rutas alternas y qué hacer durante esos días; obtienen respuestas oficiales que sólo se basan en la justificación y no, en la información precisa. ¿Carriles panamericanos?, eran un requisito de la Copag. ¿Vías o rutas alternas para evadir el tráfico vehicular?, consulte mapas por Internet o vaya planeando sus propias soluciones.

    No es posible negar que la estrategia de socialización, en términos de identidad y pertenencia, ha funcionado bien, sobre todo en las escuelas de la ciudad. No se puede decir lo mismo, con respecto a la socialización del día a día o de la vivencia de la ciudad en el cotidiano. La respuesta de las autoridades no se puede limitar al Internet o a los requisitos que tenían que cumplir. No ha habido simulacros sociales y viales porque las posibles contingencias siguen planeándose desde el escritorio y no se trasladan a la vivencia del día a día.

    El hartazgo ciudadano panamericano, es un problema que ha sido detonado por las autoridades mismas. La socialización no es sólo un tema de difusión o publicidad, es también un tema de vivencia y de experiencia cotidiana y hasta el momento, la experiencia ciudadana en torno a los juegos se limita al conocimiento del escándalo y los excesos. El hartazgo social pre-panamericano es una realidad que tiende a ser post-panamericana, luego de la fiesta y en medio de procesos electorales, todo indica que los panamericanos y sus excesos, seguirán dando de qué hablar.

  • El aborto, ¿Cómo prevenirlo?.

    abortoVimos que hace unos días en Baja California y en San Luis Potosí se criminalizó la práctica del aborto desde la concepción. Es decir desde la unión de de el espermatozoide con el óvulo. Yo estoy de acuerdo en que el abortar a una criatura es algo malo (a excepción de que la vida de la madre esté en peligro), no porque la Iglesia lo diga, sino porque se está privando a un ser vivo de poder tener vida. Alejándonos un poco de los argumentos de la Iglesia para poder adaptar mis argumentos a aquellos que no son religiosos, considero que la vida es algo que va más allá de procesos químicos y materiales de nuestro cuerpo, el hecho de tener conciencia nos dice que nuestra vida va más allá, aunque dependa de ellos para su buen funcionamiento. Se habla de que la mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo, pero al tener una criatura ya estamos hablando de otro cuerpo el cual ya no es parte de ella, y funciona de manera independiente.

    Pero también hay otra cosa que es cierta, es que a pesar de que esté prohibido, las mujeres de todos modos abortan en clínicas clandestinas o insalubres, poniendo en serio riesgo su vida, lo cual termina siendo peor, porque entonces estamos hablando de la posible pérdida de dos vidas, no de una. Es por eso que yo me la pensaría dos veces el penalizar el aborto si lo vemos desde un punto de vista pragmático. Lo importante aquí es reducir el número de abortos, el hecho de penalizarlo tal vez no lo haga con la eficiencia que se cree y tal vez sea contraproducente. Creo que las autoridades deberían buscar otras alternativas para reducir el número de abortos en su mínima expresión.

    Uno de los medios más eficaces es el uso de los anticonceptivos. La Iglesia los prohibe, pero el tener sexo es una necesidad natural del ser humano. En otros tiempos, las familias tenían muchos hijos, por lo cual la gente tenía sexo frecuentemente y su necesidad estaba satisfecha, de hecho los condones no existían para ese entonces. Pero en estos tiempos la gente no se puede dar el lujo de tener varios hijos, y de hecho las parejas contraen matrimonio más tardíamente que antes porque ante la difícil situación económica (y la promoción constante de que las familias tengan menos hijos, dado que el tamaño de la población no puede seguir aumentando como lo hace por la escasez de recursos naturales) existe más miedo al compromiso. Eso explica en parte el aumento de las relaciones prematrimoniales o las uniones libres. No creo tanto que la sociedad se esté depravando (gente depravada y promiscua ha existido a lo largo de todos los siglos, basta con ver algunas biografías de personajes históricos), sino que las condiciones económicas y socioculturales hacen que la gente no se quiera comprometer y por lo tanto opta por tener relaciones prematrimoniales.

    La Iglesia por más que promueve la abstinencia cómo único método de prevención, y condena las relaciones prematrimoniales o el uso del condón, se ha visto rebasada totalmente por la dinámica social. De hecho, a la gran mayoría de la población, incluída la que se considera católica, le tiene sin cuidado el llamado de atención de la jerarquía eclesiastica. Solo un pequeño sector conservador de la población sigue a rajatabla las normas de la Iglesia, y no todos logran cumplirla, por lo cual muchas veces a los conservadores se les tacha de «doble moral». Es cierto que mucha gente no se cuida a la hora de tener relaciones sexuales, y varias mujeres al embarazarse y tener la carga de mantener un bebé deciden abortar, lo cual no solo provoca la muerte del bebé, sino que dichas mujeres muchas veces terminan afectadas psicológicamente por su decisión.

    Es por eso que yo apoyo la promoción de los anticonceptivos para evitar los embarazos no deseados, y consecuentemente que las mujeres se orillen a abortar. Pero no debe de ser la única medida para evitar los abortos (porque es cierto que su efectividad no es del 100%), además de crear una cultura de la prevención en la sociedad, se deberían implementar leyes para desincentivar la decisión del aborto entre las mujeres. Por ejemplo, se debería de crear un programa para que las mujeres puedan dar sus hijos en adopción, dado que hay muchas parejas que por problemas de fertilidad no pueden tener hijos (de esta forma se desincentivaría el aborto, sobre todo en casos por violación). Otro de los factores que orillan a las mujeres a abortar es que el hombre no quiere hacerse responsable del hijo procreado y le deja toda la carga a la mujer. En este caso el gobierno debería obligar al hombre a aportar una cantidad mensual para mantener al hijo que procreó, esto mediante una prueba ADN que confirme su paternidad. De esta forma la mujer no tendría tanta presión económica para mantener al hijo y reduciría el índice de abortos.

    El aborto hay que evitarlo y reducirlo a su mínima expresión, pero su penalización no es garantía de ello. Hay que buscar medidas efectivas para desincentivar el acto. Yo entiendo que la Iglesia ha dejado muchas enseñanzas positivas a la sociedad, pero también es cierto que sus dogmas y la evasión al análisis de estos no logran evitar lo que prohiben. El mundo es caótico, es dinámico y es cambiante, y a veces una postura fija ante algún hecho que pudo haber sido eficiente en algún momento ya no lo es, y es el problema que yo veo en los jerarcas eclesiásticos. Aplaudo su intención de apoyar la vida y buscar salvaguardarla, pero no estoy de acuerdo con las formas. No siempre el dogmatismo, el castigo o la represión son las soluciones idoneas para solucionar un problema o promocionar un valor, más cuando esta postura de la Iglesia ha hecho que pierda credibilidad ante la sociedad. Millones de personas siguen siendo católicas y lo seguirán siendo, pero muchos de esos millones también discrepan con la posición de la Iglesia en algunos temas.

    Yo creo que el aborto hay que erradicarlo, pero hay que buscar soluciones pragmáticas, adecuadas a las circunstancias socioculturales y económicas actuales.

  • Las corporaciones

    El 40% del PIB mundial es concentrado por 40 empresas, no solo eso, varias empresas tienen un PIB mayor al de varios países, lo qué irremebiablemente ha causado una concentración de poder inusitado por parte de las corporaciones en el mundo. En una sociedad no es malo que existan empresas ni competencia, por el contrario, es muy sano, porque estas incrementan la riqueza de un país. Pero está claro que la teoría neoliberal no ha funcionado como lo prometieron. Los teóricos neoliberales nos hablaron de una «competencia perfecta» un aumento de la riqueza, y como el mismo Milton Friedman decía, que el capitalismo ineviablemente iba a traer crecimiento y la igualdad que los socialistas prometían. Pero en la práctica esto no ha sido así.

    La poca regulación de los gobiernos ha provocado que la riqueza se concentre en unas pocas empresas, la «competencia perfecta» no ha existido, por el contrario, las grandes corporaciones se han comido a muchas pequeñas y medianas empresas, y no solo eso. Se han hecho tan poderosas que han terminado por influír en el quehacer político en lugar de limitarse a crear riqueza y empleos. De hecho en las crisis, las empresas que sobrevivieron son las que tenían más influencia en el gobierno, por lo cual fueron «rescatadas» por medio de los impuestos de los contribuyentes. Pero no solo sobrevivieron, sino que su riqueza aumentó inexplicablemente.

    Sobre esta concentración del poder se han escrito muchas teorías conspirativas como las del Club de Bilderberg, el cual existe pero según algunas personas ahí se toman decisiones a favor de los poderosos y en detrimento de la sociedad. En realidad no lo sabemos. Pero es cierto que esa concentración de poder está minando la democracia, porque más que ser un sistema económico neoliberal, se está convirtiendo en un sistema corporativista, donde las empresas terminan por rebasar a los gobiernos. Y el problema es que la democracia está basada en la influencia que puede tener la población en el gobierno (mediante el voto, derecho a manifestarse y otras formas de ejercerla), pero la capacidad de la población para influir sobre las corporaciones es mínima, lo cual representa un riesgo para la democracia.

    Vemos que en la actualidad tanto el sistema neoliberal pregonado por la derecha está en crisis (un claro ejemplo fue la crisis del 2008 y las manifestaciones en países como España, Inglaterra, Chile y Estados Unidos), pero la izquierda también lo está, y eso porque no ha sabido aportar soluciones, sobre todo porque como los gobiernos y los países dependen tanto de las mismas corporaciones, su margen de maniobra es mínimo. Un ejemplo lo podemos ver con el Presidente socialista de España Zapatero, quien ha tenido que dar marcha atrás con sus promesas socialistas en campaña, porque terminan siendo contraproducentes en un sistema dominado por las corporaciones.

    La concentración de poder siempre es malo para una sociedad, y más cuando los gobiernos tienen que atender las necesidades de las corporaciones, porque están atados a ellas, lo que ha provocado una lejanía de los políticos con sus ciudadanos. Saben que a fin de cuentas las corporaciones ofrecen empleos entre otros beneficios a los países, por lo que el limitarlos podría provocar una represalia por parte de ellos. Si se les aumenta la carga impositiva o se aplican leyes para beneficiar las ciudadanos, simplemente pueden optar por irse a otro país que les ofrezca más facilidades, esto pasa especialmente con las empresas maquiladoras. Uno de los planes de Zapatero que tuvo que dar marcha atrás fue una ley donde cuando un empleado cumpla 6 meses trabajando para una empresa, esta tiene la obligación de darle planta, esto para limitar el outsourcing que las empresas manejan.

    Para que exista la libre competencia, es necesaria la regulación del gobierno para evitar el crecimiento de monopolios y el limitar a dichas empresas para que hagan su respectiva misión dentro de un país, crear riqueza, empleos, y por medio de los efectos de la sana competencia, ofrecer productos de más calidad a un precio más bajo, lo cual beneficia a los ciudadanos. El gobierno debe de evitar la corrupción de las empresas y evitar la infiltración de estas en el aparato gubernamental. Gobierno y empresas deben de trabajar como entidades diferentes e independientes. Las empresas son las que deben de crear la riqueza para un país, pero el gobierno debe de encargarse de «dirigir el barco de dicho país». Las empresas per sé no lo pueden hacer, porque como el mismo Milton Friedman decía, el objetivo único de las empresas es obtener utilidades para sus accionistas.

    No podemos decir que todas las corporaciones son buenas o malas, unas muestran un nivel alto de corrupción y una desprecoupación increíble por el medio ambiente y la sociedad, al grado que presionan a sus gobiernos para participar en guerras (como en Irak) para obtener beneficios (véase Haliburton, Exxon, Texaco, etc…). Pero existen otras que tienen una cultura empresarial donde velan por sus empleados, ofreciéndoles seguros médicos mayores y prestaciones superiores a las que ofrece la ley, y donde también si bien el fin de estas es obtener ganancias, el servicio que ofrecen es muy beneficioso para la sociedad, y no solo eso, sino que trae beneficios incluso a la democracia al crear espacios para que la sociedad se exprese, esto lo vemos sobre todo en las nuevas empresas, en especial las relacionadas con el Internet.

    La gente se está dando cuenta de este fenómeno corporativista, e independiemente de sus posturas políticas, desean que se acaben los privilegios para las empresas y que el gobierno esté más cerca de los ciudadanos para que atiendan sus necesidades y no las de unas pocas corporaciones que conforman una élite en el poder. El problema no es ideológico, es un asunto de intereses que rebasa cualquier ideología. Los gobiernos deben de volver a recuperar el poder que abandonaron por las presiones empresariales y gobernar para sus ciudadanos, que son a fin de cuentas los que los eligen para mandar a un país.

  • ¿Independencia?

    Pasó el 16 de septiembre, día en que hace 201 años Miguel Hidalgo y Costilla lanzara el grito de Independencia contra el mal gobierno presidido por José Bonaparte, impuesto por su hermano Napoleón, clamando su filiación al depuesto rey de España, Fernando VII, y que culminara con la separación de México del reino español el 27 de septiembre de 1821.

    Desde que Porfirio Díaz institucionalizara el 15 de este mes, día en que cumplía años, se celebra el “Día del Grito”, fecha que simboliza el inicio de la lucha por la democracia, por la autonomía; y que algunos muralistas mexicanos representan rompiendo las cadenas de la esclavitud, en una clara alegoría a la obtención de la libertad.

    Pero realmente ¿cuál libertad es la que festejamos hoy? ¿En verdad podemos presumir que la tenemos, que gozamos de ella? ¿Cómo podríamos afirmar que somos libres cuando no podemos caminar por el centro de la ciudad cualquier tarde de domingo sin el temor de que en algún momento se pueda desatar una balacera y ser víctimas del fuego cruzado; o ser sujetos de extorsión o del cobro de piso, como sucede en varios –muchos– estados mexicanos?

    ¿Cuál Independencia entonces celebramos el jueves y viernes pasados, si estamos en las garras de la delincuencia organizada, en manos de políticos corruptos e incompetentes, que ya sea por la primera condición o la segunda no hacen bien su trabajo? Los acontecimientos previos a las fiestas patrias dieron amplia evidencia de esto. ¿Qué es lo que pasa con nuestra clase política cuando una diputada presenta una iniciativa que ni siquiera ha leído y lo exhibe en la primera entrevista que da?

    Algo definitivamente debe de estar mal cuando asesinan brutalmente a una jovencita de 16 años, y la procuradora del estado aprovecha para hacer declaraciones frescas, diciendo que las muchachitas de ahora se maravillan con hombres que le faltan el respeto a la autoridad y que portan pistola y mucho dinero, dando de alguna forma a entender que se involucraba con delincuentes. Lo anterior sin tener una sola prueba, y con tan mal tino que –como me lo hizo ver una amiga– en la declaración que dio luego del arresto de los violadores y asesinos de Andrea, explicó que ésta se encontraba huyendo de ellos cuando la atraparon, lo que confirma entonces que no le gustaba estar con ese tipo de hombres. Incluso cuando poco tiempo después ultimaron a un agente del Ministerio Público en Manzanillo, nadie hizo preguntas acerca de su vida privada. Nadie encontró relevante el investigar si salía con mujeres ricas o mayores que él, o si había habido una desintegración familiar que hubiese motivado dicho crimen.

    Lo anterior es tan sólo un desafortunado ejemplo reciente de los prejuicios de los que está lleno el funcionariado en Colima, derivado de una mala capacitación, que contribuye a la culpabilización de la víctima y a diseminar un desprecio que perjudica a la población más vulnerable del estado. Las y los funcionarios y representantes populares se encuentran llenos de prejuicios, estigmas y estereotipos que les limita la visión para desempeñar su trabajo de forma objetiva. Lejos del discurso democrático e incluyente, las acciones pueden definirles como altamente maniqueístas, donde funcionan a través de filiaciones partidistas de “si no estás conmigo, estás en mi contra”, viendo enemigos donde tan sólo hay opiniones divergentes, indispensables para que pueda existir la democracia. Bien afirmaba Michel Foucalt que donde quiera que hubiera poder habría resistencia, y que si no la veíamos, era porque no nos estábamos fijando bien.

    Difícilmente podemos considerarnos mexicanas o mexicanos cuando nos vemos obligados a mostrarnos como priistas, panistas, perredistas o de cualquier otro partido, y luchamos por que el otro no triunfe, pues valoramos nuestro éxito en relación al fracaso de los demás. En los tiempos de la Independencia luchábamos contra un enemigo común: la tiranía que se imponía desde un país invasor. Todas y todos éramos principalmente mexicanas y mexicanos.

    Después de la Revolución, pasando el maximato, se hicieron campañas cuya intención era acentuar nuestra mexicanidad y unirnos en la raza mestiza, para poder trabajar como una unidad en pro de un país que dio paso al milagro mexicano, etapa que terminó poco después de la masacre en el 68 que evidenció a México como un país intolerante que mataba a su juventud, a su futuro.

    Actualmente nos dividimos y subdividimos en sectores, clases, partidos, religiones, y orientaciones sexuales; peleándonos mientras vivimos una segunda Revolución generada por la delincuencia organizada, donde se está disputando el poder y amenazando la democracia de México, según lo ha manifestado nuestro propio Presidente, sin que esto nos anime a dejar las viejas rencillas y desconfianzas que de alguna forma facilitaron que llegáramos a esto.

    Es bastante triste que a 201 años de nuestra Independencia y a casi 101 años de nuestra Revolución, no hayamos podido avanzar aún y sigamos bañándonos en sangre sin que se vea una luz al final del túnel. Si la violencia en la que estamos sumergidos no nos anima a prepararnos más, a dejar de lado las diferencias ficticias para reconocernos en nuestra mexicanidad y unirnos para rescatar a nuestro país del terrorismo impuesto por quienes supieron capitalizar nuestros errores, entonces no podemos gritar un “¡Viva México!” sincero, cuando éste en realidad se nos está muriendo.

  • La inconformidad mundial llega a Wall Street

    Todos lo hemos visto, una ola de manifestantes inconformes han salido de sus casas y han tomado las calles para manifestarse. Los motivos son diferentes. Las primeras manifestaciones en países como Egipto o Libia era manifestarse contra las dictaduras. Pero el fenómeno se extrapoló a países «supuestamente» democráticos. Todo empezó en España, luego Inglaterra y Chile con el problema de la educación superior al cual muchos habitantes no tienen acceso. Pero nunca nos imaginamos que estas manifestaciones llegaran al punto neurálgico del capitalismo al cual se critica: Wall Street.

    Los medios estadounidenses no le han tomado mucha importancia (posiblemente esto sea deliberado, ya que forman parte de la élite a la cual se critica), pero las redes sociales han sido efectivas para transmitir el fenómeno a la población. Pero ¿cual es el origen de esta inconformidad?, tanto en España, Inglaterra, Chile y Estados Unidos, la gente está inconforme con el sistema económico actual, donde las corporaciones han rebasado a los gobiernos, donde los primeros han utilizado a los segundos para coptarlos y beneficiarse por medio de rescates y dicho sea de paso amenazas (ya que los gobiernos en el sistema actual dependen mucho de los mercados). Mandatarios como Obama y Zapatero han criticado a los mercados por la crisis, pero parece que poco pueden hacer ante tal situación. En ambos países, los mandatarios tienen un bajo índice de aceptación, y la oposición conservadora (ya sea PP en España o los republicanos en Estados Unidos) lo ha aprovechado para captar más votos a su favor, a pesar de que en teoría, los gobiernos actuales se acercan más a la linea ideológica de los inconformes.

    La manifestación en Estados Unidos fue organizada por Adbusters y otras organizaciones de izquierda inconformes por como Wall Street se ha venido manejando en los últimos años, donde la especulación financiera ha terminado por afectar la economía de los Estados Unidos, y sea dicho, de paso de todo el mundo. Mientras tanto en otros países como Alemania y Francia ya planean imponer medidas a los mercados como la Tasa Tobin, que fuera una propuesta creada por el economista estadounidense Premio Nobel James Tobin y promovida por movimientos altermundistas, la cual consiste en un impuesto sobre el flujo de capitales como una forma de combatir la pobreza en el mundo.

    Los argumentos son los mismos, el abuso de las corporaciones, los rescates bancarios, la mala distribución de la riqueza. Dicen que son el 99% de la gente incoforme con la codicia y la corrupción del 1% más rico de los Estados Unidos. Hace no mucho Michael Moore lanzó un documental haciendo este tipo de críticas a Wall Street llamado «Capitalismo, Una Historia de Amor» el cual no tuvo tanto éxito como otras de sus obras, pero pareciera que su mensaje se transmitió en algunos sectores de Estados Unidos (o pudo ser pura coincidencia). Pero la inconformidad con las corporaciones en Estados Unidos sigue creciendo. Ahora son cientos de personas manifestandose, pero seguramente se unirán más.

    La convocatoria se hizo por medio de las redes sociales, especialmente Twitter, por medio del hashtag #occupyWallStreet. Pero la reunión de los manifestantes ha sido algo complicada. Esto porque a diferencia de los escenarios y plazas de España, la calle de Wall Street (donde se encuentra la bolsa de valores) es muy angosta y está siendo resguardada por elementos de seguridad, por lo que los manifestantes se han tenido que trasladar a otros lugares cercanos como el Trinity Place y el lugar donde se encuentra el emblemático toro. Pero al igual que en España, los manifestantes afirmaron que se van a quedar, si es necesario meses.

    Casualidad o no, Barack Obama ayer lanzó una propuesta económica llamada «El Plan Buffet», llamado así porque el multimillonario Warren Buffet decía que los poderosos pagaban menos impuestos que lo que debía de pagar, de hecho el mismo Buffet, hace un mes criticó a Obama por mimar a los poderosos. Pero en esta ocasión, parece que el presidente ha tenido que pintar raya con ellos. El Plan Buffet consiste en un impuesto a las personas que ganen más de un millón de dólares al año,  El objetivo, reportó este sábado The New York Times, es asegurar que la contribución de los ricos del país sea al menos de la misma proporción que la hecha por los contribuyentes medios. Naturalmente los republicanos criticaron la propuesta al considerar que esa medida limitaría el crecimiento y dañaría la inversión, algo que a mi punto de vista se me hace absurdo, porque al igual que en México, el grueso de la economía estadounidense está basada en pequeñas y medianas empresas.

    Obama tiene una oportunidad para restaurar su imagen ante la sociedad si logra canalizar los reclamos de ella. Que los estadounidenses que generalmente son mas pasivos en cuestiones de participación ciudadana comparada con su contraparte europea, salgan a manifestarse, ya es indicativo de algo. Se le debe de poner freno a este dominio corporativista, porque si la democracia está sustentada en el gobierno y los corporativos son entes externos al gobierno cuya sociedad no puede controlar ni reclamar más que dejando de comprar sus productos, entonces estaríamos hablando de un deterioro de la democracia. No se trata de seguir ejemplos como el de Venezuela o Bolivia donde llegan al otro extremo. Se debe de llegar a un equilibrio entre estado y mercado. El mercado debe de jugar su papel y el estado también, pero uno no puede imponerse al otro, deben de aprender a coexistir.

    A continuación les dejo la transmisión en vivo de lo que sucede en Wall Street (si no lo ven es que llegaron demasiado tarde y la manifestación ya se acabó).

    Watch live streaming video from globalrevolution at livestream.com
  • El Grito

    Grito de IndependenciaEn Twitter aparecía como trend topic #gritosmexicanos en alusión al Grito de Independencia que se llevara acabo en el Zócalo. Muchos hablaban de los peculiares gritos mexicanos que tiene que ver con nuestra cultura e idiosincrasia: Por ejemplo, gritos como «el gaaaaas», «Ay Jalisco no te rajes», «Goya Goya», «puuuuuto (al portero del equipo contrario», el novedoso «fuaaaaa», o algunos proponían algunos importados como el de Laura Bozo: «Que pase el desgraciado». Lo cierto es que el verdadero grito lo dará como siempre el Presidente de la República, Felipe Calderón. Nada más que ahora no habrán malogrados festejos del bicentenario ni nada por el estilo. Será un grito como el de cualquier año.

    O quizá no tanto. Estuvo apunto de tener que ser movido de lugar porque el SME no se quería retirar de la plancha del Zócalo, por lo que el gobierno tuvo que negociar. Y no solo eso, un sector de la población por medio de las redes sociales convocó a no asistir al grito para dejar al Presidente solo, como una forma de repudio a su gestión. Aunque claro, con todo y el clima de inseguridad y todo lo que le rodea, seguramente millones de mexicanos asistirán al Zócalo y a sus sucursales estatales a dar el famoso grito. Aunque muchos no sepan lo que signifique, aunque su valor histórico esté en tela de juicio.

    Como todo país, México necesita tener algun mecanismo para apelar ese sentimiento de nacionalismo, y el grito es uno de esos mecanismos (además, claro está, la selección mexicana y el excesivo respeto cuasireligioso por los símbolos patrios).  Pero es curioso nuestro nacionalismo, porque la mayoría de los mexicanos percibimos que México está mal, le encontramos los defectos por todos lados, no sentimos algo por lo que estar orgullosos como sociedad (ese orgullo se limita a los recursos naturales y tradiciones), nuestra historia, siendo sinceros no nos da mucho orgullo, porque nunca fuimos una potencia mundial o algún país que influenciara de alguna forma al mundo, más bien fuimos receptores de otras culturas más fuertes que la nuestra.

    Pero claro que teníamos rasgos culturales de los cuales sentirnos orgullosos, pero los desechamos en pos del progreso, un progreso no basado en nuestras raíces, sino en otras culturas que asimilamos como más avanzadas. En cambio el vecino del norte, Estados Unidos, sin una base cultural sólida, pero con una idea y camino claro a seguir, comenzó a construír un sentimiento de nacionalismo, que los ha hecho fuertes como sociedad. Fué una mezcla de varias culturas (eran originarios de varias partes de Europa), pero decidieron empezar desde cero. Al grado que dentro de ese nacionalismo caben diferentes razas, y nacionalidades.

    A ellos, su nacionalismo les da orgullo, a nosotros no tanto, porque asociamos a México con un centenar de problemas. A pesar de que algunos estudios digan que México es uno de los países más felices, el mexicano siente que por su condición, le tocó sufrir, batallarle, el mexicano se siente víctima: Víctima de su historia, de sus gobernantes, de la injusticia, de la inseguridad, de la violencia. El norteamericano en cambio no lo ve así, ellos ven su país como una tierra de oportunidades, son el «self made man«, a pesar de que caigan en el otro extremo de no reconocer cuando los gobernantes los engañan, o cuando las grandes corporaciones se infiltran en el gobierno para imponer su agenda de acuerdo a sus intereses en detrimento del pueblo.

    Por eso al mexicano no le queda más que arroparse en lo simbólico. Su país no le puede dar lo que quiere, pero los símbolos que lo representan le dan un cobijo para no sentirse desolado. La sociedad mexicana puede ser imperfecta, corrupta, injusta, pero el simbolismo que representa el grito o los símbolos patrios son a prueba de todo aquellos males. Por un decirlo, México es como aquella persona que ha tenido una vida traumática, difícil, pero ostenta de un buen apellido el cual maquilla todos sus males. Pero para que México progrese, se deberá enfrentar consigo mismo, así como esa persona, deberá aceptar y asimilar sus defectos históricos y perdonarse todos sus errores. México es un país traumado, y en este caso, el grito no es de independencia, porque en realidad no somos independientes del todo (somos más dependientes de nuestras propias ataduras que de las situaciones externas) más bien el grito es de frustración y de dolor.

  • 11 de Septiembre de 2001

    La vida se pasa volando, no cabe duda. Conforme avanzan los años, el tiempo parece acelerar su curso. Yo recuerdo muy bien que estaba haciendo cuando ocurrieron los atentados del 11 de Septiembre. Yo tenía 19 años y estudiaba mercadotecnia. En mi universidad (UNIVA) colocaron en el auditorio unas pantallas para que el alumnado pudiera seguir los acontecimientos. Vi como se derrumbaron las míticas torres gemelas, quedé impactado. Yo sabía que el mundo iba a cambiar desde ese entonces, que era un antes y un después. Como decía un analista, el siglo XXI empezó el 11 de Septiembre del 2001.

    Y creo que el cambio fue malo. Porque en todos estos acontecimientos no hubo un ganador. Al-Qaeda está ahogándose y los E.E.U.U. están en declive; también los países donde intervinieron para instaurar la supuesta democracia no están bien, ni Afganistan ni Irak. Los ciudadanos estadounidenses también perdieron al ver como les recortaban sus libertades personales en pro de la guerra contra el terrorismo. Pero esperen, creo que pensandolo bien, si hubo ganadores, pero nada más que no les conviene hacer público su triunfo. Esas empresas estadounidenses (mayormente petroleras) que aprovecharon la guerra para extraer petroleo de Irak y enriquecerse, al tiempo que el gobierno norteamericano creaba un ambiente tenso y de terror en la población, tan intenso que no lo han logrado superar. Muchos sospecharon de un atentado terrorista en este décimo aniversario y fuentes oficiales se atrevieron asegurar que unos paquistaníes y un estadounidense estaban preparando un atentado. También unos hackers tuvieron acceso a la cuenta de Twitter de la NBC donde inventaron noticias las cuales afirmaban que un avión se había estrellado contra la Zona Cero, lo que causó el pánico de la población.

    En los años 80’s en Estados Unidos bajo la batuta de Reagan, se implementaron políticas económicas que beneficiaron a los ricos y degradaron las condiciones de la clase media y trabajadora. En la primera década del siglo XXI, bajo el gobierno de George W Bush los corporativos se volvieron a beneficiar, y las clases medias estadounidenses vieron degradados sus derechos, muchos sin que se dieran cuenta. Todo esto bajo un partido republicano que apeló a un nacionalismo asfixiante para que el estadounidense común no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Pero los que estabamos afuera lo vimos, vimos como mientras unas pocas empresas con influencia en el gobierno se hacían millonarias, dejaban al país caer en declive, entrar en una guerra innecesaria que ni siquiera trajo una aceleración económica (dado que las guerras generalmente tienen beneficios económicos a los países vencedores), sino todo lo contrario. Estados Unidos cayó en una recesión económica nunca antes vista desde 1929 y arrastró a casi todo el mundo. Pero claro, las grandes corporaciones estadounidenses como Goldman Sachs vieron aumentar sus ingresos. Estas mismas en contra del neoliberalismo que durante décadas promovieron, solicitaron la «ayuda del estado» para ser rescatadas, por medio de los impuestos de los ciudadanos.

    Por eso no es gratis que algunas personas se atrevan a creer que el gobierno estadounidense perpetró el ataque contra las torres gemelas como pretexto para entrar en guerra contra Afganistan e Irak. Si bien esa teoría no se puede comprobar, si hay indicios de corrupción y de comportamientos por parte del gobierno que van en contra de los ideales democráticos que pregonan, que pudieron ser uno de los detonantes de estos atentados. Los mismos estadounidenses apoyaron a las células árabes extremistas para combatir al comunismo, ellos hicieron grande Al-Qaeda. Tampoco es un secreto que los Bush mediante sus empresas, alguna vez hicieron negocios con los Bin Laden.

    Ahora en el 11 de Septiembre del 2011 las cosas son muy diferentes. Estados Unidos no encuentra el rumbo, aunque un caso curioso es que si bien el país norteamericano ha ayudado a la democratización del mundo recientemente (esa que tanto han prometido), no ha sido por iniciativa del gobierno. Sino por empresas de su propio país que han facilitado los medios a los ciudadanos a través del mundo para rebelarse ante tiranos o exigir mejoras. Redes sociales creadas en Estados Unidos como Facebook, Twitter, empresas como Google, Apple o RIM (Blackberry) han facilitado una especie de revolución mundial equiparable a lo sucedido en el 68.

    Y también es curioso que muchas de esas rebeliones (con excepción de Egipto y Libia), como las ocurridas en España, Inglaterra o Chile, son en alguna medida producto del declive del sistema económico promovido por los estadounidenses. Dentro del país norteamericano hay cada vez más críticos de su sistema económico y de la intervención extranjera. Todo esto es producto de un país que se empezó a enviciar, que quiso ejercer su poder sobre el mundo, pero no tomaron en cuenta que algún día tenían que pagar la factura. Tal vez en algún momento, la guerra contra el comunismo fue legítima, pero muchas veces las formas no lo fueron, y eso provocó que el «paquete» se les viniera encima. Se crearon nuevos enemigos. Y no solo eso, el prestigio como nación en el exterior se ha deteriorado.

    Hoy, exáctamente a 10 años vivimos en un mundo muy diferente. En el 2000 las condiciones globales y macroeconómicas eran estables y había un sentimiento de esperanza, en México también lo había con el cambio y la alternancia. Pero a partir del 2001, a todo el mundo nos tocó vivir momentos oscuros que terminaron tocando su punto más bajo en la crisis del 2008, pero parece que la sociedad empieza a despertar. Parece que son más los que han entendido que la democracia es no solo tachar una papeleta, sino participar activamente en el quehacer público. En México tal vez el problema de la inseguridad (y el debate que esto provoca) opaca el surgimiento de una democracia ciudadana, pero si está surgiendo, mediante asociaciones civiles, ciudadanos que se manifiestan. Si, estamos en un momento difícil, pero parece que hay una luz en el camino.