Categoría: sociedad

  • La bicicleta. Pasado y futuro de las urbes

    La bicicleta. Pasado y futuro de las urbesLes seré sincero. Nunca formalmente, aprendí a andar en bicicleta. Hace algunos años mi cuñado me enseñó y logré avanzar dos cuadras. De cierta forma había aprendido, pero pues nunca retomé la práctica del uso de la bicicleta, y pues en realidad tenía que volver a aprender. Hace poco quise volver a aprender dado que había una rodada en pro del medio ambiente, pero esta tenía un recorrido de 20 kilómetros y pues tenía como 3 días para aprender. Además de no encontrar quien me ayudara (porque todos mis conocidos que saben entre semana trabajan), aventarse 20 kilómetros 3 días después de aprender a andar en bicicleta, es algo así como peligroso. Pero claro, que uno de mis propósitos es aprender a usarla bien.

    Saco el tema a colación porque veo como este medio de transporte más antiguo que el automóvil y otros tipos de transporte público vuelve a tomar auge en los países desarrollados, por su utilidad, practicidad, porque no ocupa espacio, porque no contamina, y porque deshinibe el sedentarismo, con todas las positivas consecuencias al ser humano que este tipo de transporte implica. Por ejemplo, una mejor salud, estado de ánimo, e incluso este transporte hace que el individuo interactúe con su entorno, cuando por el contrario en un automóvil, el conductor está inmerso en una especie de burbuja, donde las avenidas son vistas como en una pantalla de videojuego, y donde existe solo él, y tal vez la música que trae en la radio.

    Por alguna razón las bicicletas siguen vigentes y están resurgiendo. Todo esto a pesar del automóvil e incluso de su supuesta «versión mejorada» que es la motocicleta. En muchos países debido a la insostenibilidad de un sistema automotriz a largo plazo, se ha dado prioridad a las bicicletas (para recorridos cortos) y al transporte público (para recorridos largos) como medio de transporte. Mientras que el automóvil solo se utiliza para casos en donde si es necesario utilizar uno, sobre todo cuando se transporta cualquier tipo de material.

    Este medio de transporte ha sido también un buen pretexto para rehabilitar espacios públicos, revitalizar ciudades lo cual coadyuva incluso en una mayor derrama económica. Ciudades de países como Dinamarca, Holanda, Alemania, o los países nórdicos han apostado por este medio de transporte y los resultados han sido benéficos. Incluso en la ciudad de Guadalajara, donde el sistema de transporte y la cultura de movilidad es por un decir pésima, se implementó (o más bien, casi se obligó al gobierno a implementar) la Vía Recreactiva, donde los domingos en las mañanas cierran algunas arterias importantes de la ciudad para convertirlas en espacios donde la gente pueda andar en bicicleta, patineta, caminar o correr. Su implementación ha tenido tal éxito que el gobierno opositor que sucedió al otro continuó con la implementación de este proyecto.

    Creo que las ciudades que aspiran a ser sustentables deberían de pensar en apostar por transportes más eficientes y limpios como lo son, sí, las bicicletas, y también transporte público como Metro, Tranvía, BRT, y autobuses (claro, de mejor calidad a lo que hay). Está más que demostrado que por más segundos pisos, supervías, puentes atirantados y demás obras que se construyan para el automóvil; estos terminarán colapsando. Es mejor desincentivar (más con opciones alternativas que con medidas coercitivas) el uso del automóvil que seguir apostando a él. Ni siquiera las ciudades de primer mundo que han apostado por el uso del automóvil (como Los Ángeles) con todos los recursos que puedan tener, pueden deshacerse de esa plaga llamada tráfico y contaminación ambiental. Por eso no sería mala idea, de vez en cuando dejar de usar el auto y treparse a una bici.

  • Activistas sociales, que no perdamos el tiempo dicen

    Activistas SocialesMéxico como una sociedad pasiva, paternalista, conservadora, patriarcal y de estructura vertical; como que no está muy acostumbrada a que la sociedad luche por sus derechos o por cambiar las cosas. Todos los poderes de facto nos han tratado de educar de una forma en que el prototipo es aquel individuo que obedece, que se somete, que no reclama, que trabaja duro, pero siguiendo las directrices de la sociedad «masa»; encajaría muy bien en eso que José Ingenieros llama «el hombre mediocre«. Bajo ese talante, el activista social es visto como una minoría, como algo casi detestable en la sociedad, alguien que busca romper con lo establecido. ¿Y que es lo establecido? es un régimen social autoritario patriarca construído por ese partido que duró 70 años en el poder y al cual ese partido de la derecha en la cacareada «transición democrática», se adhirió, y que incluso parte del sector de la izquierda lidereado por un mesiánico promete continuarlo bajo el disfraz del cambio. Además es fortalecido por los medios de comunicación tradicionales y por algunas instituciones religiosas que fungen más como cotos de poder que como una forma de propiciar un orden moral en las personas.

    Para un mexicano típico, que sigue las directrices sociales impuestas, el activista es algo así como un anarquista o comunista (si es que sabe que significan esos términos), un rebelde sin causa, desobediente, desobligado. Aunque curiosamente los activistas sociales, ya sea en reuniones (porque para desgracia de esos quesqueconservadores, muchos de ellos conforman organizaciones civiles que manejan estructuras parecidas a las de las empresas privadas para trabajar) o en manifestaciones, casi no se ve ya ese martillo con una hoz amarilla sobre una bandera roja, o sea «A» sobre un círculo. Tratan de etiquetar al activista, aun cuando es muy difícil hacerlo por la heterogeneidad que existe entre ellos, dicen que si no son comunistas, entonces son hipsters (que después la supuesta «gente bien» adopta como moda) chairos, y quien sabe que otros términos.

    El principal mito que han creado sobre los activistas es paradójico, porque los tachan de güevones. Al verlos acampar afuera de un centro comercial para manifestarse en contra de la insultante concentración de la riqueza, como una emulación del #occupywallstreet, les dicen que se pongan a trabajar. Curiosamente lo que buscan muchos de estos activistas son precisamente oportunidades de trabajo, desarrollo y bienestar. Yo en lo particular nunca he visto una pancarta que diga «Gobierno, manténgame y deme un puesto de aviador en una paraestatal». También curiosamente esa gente de intelecto mediocre cree que los activistas no trabajan. En realidad, a veces ellos se desgastan más que las personas que se limitan a trabajar 8 horas diarias cinco días a la semana para llegar a su casa a ver televisión. La mayoría de los activistas que he conocido trabajan, algunos en empresas, otros que para poder compaginar su activismo con el sustento económico trabajan como freelancers y aspiran a hacer crecer su negocio.

    Tan no son flojos, que muchos de ellos buscan seguir estudiando, leen, se capacitan, buscan maestrías si la economía y las oportunidades se los permiten. Muchos de ellos ni siquiera viven con sus padres, varios rentan departamentos lo que implica que tienen que pagar para costearse la luz, el agua, el techo y para eso tienen que trabajar. Y no, el gobierno no los subvenciona ni los mantiene, menos cuando para el gobierno, los activistas son unos «parásitos indeseables» porque muchas veces se oponen a sus políticas.

    Pero pues según aquellos mexicanos que confunden la sumisión con la disciplina, la rigidez mental con el orden, el sometimiento con el obedecimiento, ellos creen que los activistas pierden el tiempo. Pero cuando estos últimos logran un cambio positivo, los primeros lo disfrutan y ni se molestan en agradecer.

  • No existe la gente normal

    No existe la gente normalRecuerdo hace como 6 años cuando entré a ese curso de superación personal/secta llamada Mexworks, en una de esas dinámicas a toda la gente (ya bajo el influjo del lavado de cerebro) nos hicieron confesar nuestras cosas más oscuras de nuestras vidas, y me quedé «chiquito», todos mis traumas de la niñez eran nada, y mis historias de «sufrimiento y dolor» se quedaban demasiado pequeñas. Fue impactante escuchar las historias de personas que asumía como normales, porque pues en realidad eran gente común y corriente de clases medias y altas, gente que uno asumía como normales pero no lo eran. Si este patrón se repite en la sociedad (que seguramente así es), entonces ¿qué es lo normal? tal vez lo normal es lo que la gente aparenta ser, pero en realidad no son «normales» porque esa normalidad es apariencia pura.

    Más bien lo normal es lo que nos han enseñado que tiene que ser normal, y muchas veces ser normal es algo contraproducente e incluso refleja una mediocridad de espíritu, porque lo normal es lo más común y lo común es lo mayoritario, y las masas son mayoritarias; entonces una persona que quiera asumirse como normal, espiritualmente es mediocre porque aspira a ser como «el rebaño» estandarizado y lineal, y no hace caso a su propio criterio (si es que se ha molestado en forjarlo) lo cual inevitablemente lo haría una persona diferente. Pero esas personas normales espiritualmente mediocres solo lo son en apariencia. Los medios, la televisión, la mass media, el mainstream nos dicen que «es lo normal»; su capacidad de modificar el comportamiento de las masas hace que incluso lo que ellos presentan como anormal termina siendo algo normal.

    Pero la normalidad es solo una apariencia, una forma de guardar las formas, tratamos de ser normales porque creemos que los demás lo son y entonces caemos en un círculo vicioso. Quien se quiera asumir como anormal, le costará dar ese paso por el riesgo a ser señalado por la sociedad, pero en realidad todos tendríamos motivos para asumirnos como anormales, porque en realidad nuestra cara normal es superflua, y nuestro rostro «anormal» está escondido, nosotros lo conocemos en su totalidad, nuestros seres cercanos tal vez de una forma parcial, y la gente común prácticamente no la conoce; a menos que la persona tenga la valentía para mostrarse tal y como es ante la sociedad lo que implicaría que fuera ante los ojos de muchos una persona anormal.

    Por eso creo que en realidad la gente normal no existe. Más bien lo que asumimos como «anormal» lo cual es más heterogeneo y diverso, debería ser lo normal y así yo lo podría concebir. Pero la sociedad no lo ve de esa manera, entonces aspiran a lo que ellos creen que es la normalidad, aunque en realidad es una utopía disfrazada de realidad. La supuesta normalidad está basada en los cánones que nos dicen que debemos de seguir, pero los seres humanos somos tan complejos para poder ser una réplica exacta de esos cánones, y lo más que podemos hacer es fingir serlo.

    Y me pregunto ¿Por qué la gente insiste en ser normal?. A mi realmente me da mucho tedio aspirar a tener un modo de vida ya escrito, ya moldeado, en vez de uno creado por mi propio criterio y mis necesidades.

  • ¿Qué le pasa a la democracia?

    Dicen que en la democracia, el gobierno trabaja para el pueblo, de hecho este término etimológicamente le da ese significado: Demos=pueblo, krátos=gobierno. En occidente nos dicen que vivimos en una sociedad democrática, y nos perjuran que los gobiernos trabajan para nosotros. Según ellos toda América es totalmente democrática (excepto Cuba y en cierto grado Venezuela), Europa también, y varios países del lejano oriente se jactan de serlo. Pero me pregunto si los gobernantes están honrando el término o bien están pasando por encima de él, a veces me atrevo a asegurar que es lo segundo.

    La democracia se ha estado deteriorando en los últimos años. Ese equilibrio de poderes que se supone, beneficiaría al pueblo, se está concentrando en unos pocos haciendo que los gobiernos, presionado por las corporaciones y poderes de facto, están tomando decisiones en detrimento del pueblo y en el beneficio de unos pocos. Un claro ejemplo está en las leyes «antipiratería» que tratan de imponer como la Ley SOPA y ACTA. Argumentan que debido a la descarga «ilegal» de archivos, algunas de estas corporaciones se están viendo afectadas (hagan de cuenta, sus CEO’s en lugar de poder comprar 5 yates al año ahora pueden comprar 4, pobres) y por eso presionan a las autoridades para que implementen estas leyes que no solo «acabarían con la piratería» sino que de paso se llevarían de calle la libertad de expresión y la neutralidad en la red.

    Si analizamos bien y hacemos cuentas veremos que si se implementan estas leyes, las ganadoras serán unas pocas corporaciones y los grandes perdedores serían los ciudadanos. Se alegará sobre la «ilegalidad» de las descargas, pero así como ahora la gente descarga música y archivos, antes estos mismos grababan canciones que escuchaban en la radio en cassettes, o bien iban al mercado negro a comprar los productos en versión pirata (lo cual es más grave, porque un tercero se beneficia). Curiosamente este esquema en Internet tiene más de 10 años. Fue hace más de 11 años cuando la industria logró cerrar Napster, que para mala suerte de los primeros, surgieron nuevas opciones, y todas estas industrias, desde las discográficas, hasta las de software, han logrado sobrevivir estos 12 años. Pero tienen miedo que debido al nuevo esquema de Internet surjan otros modelos de negocio que les tire el «teatrito«, modelos donde el músico, por un ejemplo, suba a un sitio web sus canciones para comercializarlas donde ganará el 90% de las ventas (totalmente opuesta al esquema de ganancias que tienen con las discográficas actuales) como pretendía hacerlo Megabox (parte del exemporio de Megaupload).

    Me pregunto: ¿Cómo en esta década dichas empresas no han buscado optar por nuevos modelos de negocio?, no se han sabido adaptar a las leyes del mercado y piden intervención gubernamental (algo así como el socialismo que ellos odian). En estos 12 años han tratado de «involucionar» de ir atrás, hacia lo que ya se superó o ya pasó. Lo peligroso es que en ese intento que incluye mecanismos de presión y lobbying para salvaguardar sus intereses, la democracia se deteriora porque los gobiernos dejan de trabajar para el pueblo, y donde más bien las corporaciones deberían tener los «mismos derechos y obligaciones» que los ciudadanos comunes y corrientes, y no tener «poderes especiales» para que su agenda sea prioritaria. Si la misma caocidad del mercado que hace que las corporaciones hagan recortes de personal para salvaguardar sus empresas, es la que hace que debido a las descargas en Internet no tengan tantos ingresos; entonces si aprueban la Ley SOPA o el ACTA, yo tendría como ciudadano todo el derecho de exigir al gobierno que los «despidos masivos» sean severamente castigados y penalizados, en los dos casos es un absurdo.

    Al deteriorarse el estado democrático se corre el riesgo de caer en la violencia o la subversión, los movimentos como OcuppyWallStreet o el 15M de España, así como los que protestan en contra de estas leyes «antipiratería» hasta el momento han sido pacíficos y han respetado las normas de civilidad, pero si los poderes fácticos «aprietan un poco más», la paciencia de los ciudadanos podría terminarse y podríamos ver eventos no tan agradables. No creo que occidente pueda soportar una corporatocracia, el régimen al que nos estamos acercando mientras nos alejamos de los principios demócratas. De hecho en el cyberespacio la guerra ha empezado, con los ciudadanos encarnados en el alter-ego anarquista Anonymous, quien se encarga de tumbar los sitios web de las corporaciones involucradas y provocar el mayor daño posible, también otras nuevas corporaciones relacionadas con el mundo del Internet se han puesto en el bando de los ciudadanos, tal vez porque ellos entienden las nuevas realidades del mercado, mientras que las «otras corporaciones» no lo hacen.

    ¿Qué le pasa a la democracia?, simplemente veo un deterioro, pero afortunadamente veo también que la ciudadanía está dispuesta a no permitir los embates de los poderes de facto y utilizarán todas las herramientas a su alcance para defenderese. Cada vez más personas se percatan de estos detalles, los cuales ya no son interés de unos pequeños grupos anarquistas o de izquierda, más bien son de la mayoría de los ciudadanos quienes se sienten impotentes ante el teje y maneje de los poderes fácticos, a los cuales no pueden controlar ni con un voto.

     

  • El Gentleman de Las Lomas, el pan de cada día en México

    Y luego dicen que el racismo y el clasismo no existen en México, estoy seguro que actos como estos se repiten varias veces en las distintas ciudades de México, nada más que muchos no tienen el honor de tener una cámara enfrente que los esté grabando. Resulta que Miguel Sacal Smeke, el ahora llamado «El Gentleman de Las Lomas» agredió a un empleado del valet parking de la Torre Altus, allá en el área conurbada de la Ciudad de México. Resulta que Sacal Smeke, quería que el empleado le cambiara una llanta, lo cual no era parte del trabajo del empleado Hugo Enrique Vega y no podía abandonar su trabajo para cambiar la llanta del Porsche de Miguel Sacal, quien se enojó, insultó verbalmente al empleado llamándolo «indio» y procedió a propinarle una golpiza que le tumbó dos dientes y le dejó varias lesiones en la boca.

    Se decía que a pesar de todo Hugo Enrique Vega había sido despedido de la empresa de valet parking que trabaja como externo para la Torre Altus ubicada en Interlomas. Pero luego se supo que fue trasladado a otro lugar; movimiento bastante lógico tomando en cuenta que Sacal Smeke vive en esta torre. Aún así con el sueldo que gana Hugo Enrique Vega dice no poder pagar los daños que sufrió tras la agresión. Lo ocurrido en la Torre Altus, es algo totalmente lamentable y reprobable. Afortunadamente muchos connacionales han mostrado su total repudio a través de las redes sociales.

    Y no es la primera vez que Miguel Sacal Smeke se ve involucrado en un asunto de estos; hace 4 años se le detuvo para hacerle la prueba del alcoholímetro y dio positivo. Un reportero de Reforma lo grabó y este lo agredió verbalmente e incluso llegó a golpear la cámara; lo mismo hizo con los conductores de la grua, pero logró ampararse. Al Gentleman de Las Lomas lo persiguen un auto de formal prisión por las agresiones que se dictó el 23 de diciembre de 2011. El video fue difundido por una asociación civil, pero el hecho no es del todo reciente, de hecho ocurrió el 8 de Julio del 2011.

    Que ocurran estas cosas en nuestro país es algo lamentable y yo deseo, que le caiga todo el peso de la ley a este hombre y también que repare los daños causados a su víctima. No podemos tolerar que estas acciones ocurran. Lo bueno, es que en Internet ya fue «quemado» por los usuarios de las redes sociales, su reputación ya está por los suelos y seguramente en los no muchos años que le queda de vida no se le va a olvidar.

    Aquí les muestro los videos, el primero es el de la agresión al joven:

    Y este otro, es el de la agresión a los reporteros que lo grabaron cuando dio positivo en el alcoholímetro:

  • Las Peñaliebers

    Me permito modificar el término «Beliebers» que hace alusión a las fanáticas de Justin Bieber, término que ellas mismas se han ajudicado. Y lo hago para explicar el nivel de fanatismo que hay alrededor de la figura de Peña Nieto con el término Peñaliebers. Y es que me parece increíble, porque si bien Justin Bieber es un producto mercadológico que como único fin tiene el de cantar, lanzar discos y hacer conciertos; el segundo bajo el mismo talante, quiere llegar a ser Presidente de la República, lo cual se me hace peligroso cuando menos.

    Podríamos hacer una comparación con el fanatismo de algunas personas hacia López Obrador  (que al menos en lo que yo vi, no fue tan descarado como que el que genera Peña Nieto) y es que al menos, el que causó el Peje fue debido a sus propuestas de cambio (independientemente de si tenían sustento o no), pero el que genera Peña Nieto no tiene nada que ver siquiera con política, es un fanatismo como si de un artista se tratara, pero ni actua, ni canta, ni hace nada. Pero aún así, con su copete bien estilizado por un buen gel, y una figura caucásica y parecida, logra hacerse de un gran séquito de fanáticas peñaliebers; fanáticas que de seguro ni siquiera conocen sus propuestas de campaña, ni saben que hay detrás de este títere.

    Las Peñaliebers seguramente votarán por Enrique Peña Nieto, el ir a las casillas será un ritual parecido como cuando las jovencitas fueron a comprar sus boletos para el concierto de Justin Bieber. Pero las Peñaliebers no se encontrarán con la desagradable sorpresa de que los boletos se han agotado, por el contrario, con solo tener su IFE podrán votar por su figura de barro para que llegue a Los Pinos. Y eso se me hace bastante preocupante, porque no se trata de votos razonados, ni siquiera estarán preocupadas por buscar «la mejor opción» para el país por medio de su voto; están más preocupadas por poder ver «más seguido» a su ídolo, y que mejor que con la gran exposición mediática que tendrá si llega a ser presidente.

    En los videos que pueden ver más abajo, podrán notar el nivel de fanatismo entre muchas mujeres. Una se emociona porque dice que lo alcanzó a rasguñar, y otra porque fue una de las madres afortunadas que recibió su licuadora por parte de Peña Nieto. Muchas de estas mujeres tienen un linaje mestizo e indígena, una no tiene siquiera su dentadura completa. Y no es que sea algo malo, pero es de notarlo, porque estas mujeres deberían saber que un hombre como Peña Nieto, quien a través de la educación que le dió a su hija, demuestra un desprecio por las clases vulnerables, que seguramente por su talante clasista y racista, no se prestaría ni de loco a tener una aventura sexual con alguna de estas mujeres (como me imagino muchas de estas si han tenido al menos en su imaginación), porque de seguro sentiría «asquito».

    Es preocupante, no solo porque de seguro no les importa que Peña sea un candidato con un nivel preocupante de ignorancia, o que detrás de él están Moreira, Montiel, Salinas o Elba Esther Gordillo. Sino porque ejercerán su voto así como cuando contestan las encuestas de TV y Novelas.

  • Violencia en México, símbolo de subdesarrollo

    Es aventurado decir que existen lugares del mundo donde la violencia ha sido totalmente erradicada. Pero lo cierto es que el nivel de violencia que se muestra en las naciones es un símbolo inequívoco del subdesarrollo ya no solo económico, sino cultural, que dichas naciones reflejan. Hace poco escuchamos sobre un asesino en serie en Noruega que hizo explotar una bomba y mató a varios jóvenes militantes de un partido socialdemócrata, pero en el caso de Noruega, es la excepción, mientras que en países como el nuestro, la violencia es la regla.

    Tan es así, que si este atentado hubiera ocurrido en México, posiblemente no hubiera tenido gran impacto en los medios internacionales, porque ya están acostumbrados a ver en México un país violento. Y es que no importa quien ejerza la violencia, el estado, los criminales, grupos guerrilleros, da lo mismo. Eso nos muestra el atraso que tenemos como nación. Un ejemplo lo podemos ver con los asesinatos perpetrados en el edificio de la FEG (Federación de Estudiantes de Guadalajara), y algunos analistas tirados hacia la derecha, podrán decir que es un problema inherente a las universidades públicas. Pero ¿entonces porque en las universidades públicas ya no de Noruega, Suecia o Dinamarca, sino de otros países como España no ocurre eso?. Simplemente porque en nuestro país tenemos una cultura atrasada donde se usa el ejercicio de la violencia para defender intereses, sean políticos o de cualquier índole. Y en un país poco acostumbrado al diálogo y al debate, y más al uso de medidas coercitivas para imponer ya no solo dogmas, sino intereses políticos y de poder, es entendible muchos ciudadanos vean en la violencia la solución.

    El problema de la violencia y su vínculo al subdesarrollo cultural, no solo se refleja en actos criminales donde se ultima la vida de terceros. También lo vemos dentro de las familias, donde persiste un alto grado de violencia intrafamiliar, y esto es debido a modelos de conducta arcaicos y machistas (en su mayoría) que no se han podido erradicar y extirpar de la psique mexicana. Naturalmente las condiciones socieoconómicas también la propician, y esto aunado a una falta de valores, donde las escuelas y familias no han logrado crear personas de bien y terminan tentados por el mal camino. Curiosamente México es un país mariano y católico, donde la Iglesia no ha sido capaz de influir en los jóvenes para que hagan a un lado los comportamienos violentos. Esto tomando en cuenta que muchas de las personas que cometen actos de violencia afirman profesar la religión católica.

    El hecho de que se utilice el ejercicio de la violencia, ya sea de una forma presumiblemente legítima (como la guerra contra el narco de Felipe Calderón) o ilegítima, nos habla del subdesarrollo en el que sigue inmerso el país. Y para erradicarla la solución no solo está en lograr un crecimiento económico que bien ayudaría, sino en detectar los focos de violencia, atacarlos de raiz y buscar un cambio en las estructuras mentales del mexicano que en muchos casos lo incitan a ser violento.

     

  • México necesita líderes cívicos

    Leía un artículo sobre la visita de Enrique Krauze en la FIL, donde compartió cámaras con el poeta Javier Sicilia en la presentación de su libro «Redentores» (el cual llevo dos semanas leyendo y está bastante bueno). Y el escritor hacía énfasis en que se necesitaban líderes cívicos, que no fueran en busca del poder, como los redentores que Krauze menciona en su libro. Concuerdo con el en que México necesita líderes cívicos, líderes que no estén involucrados en la política como lo ha hecho Javier Sicilia que a pesar de los intentos de acercamientos de personajes como López Obrador o del SME, ha procurado que su movimiento no se infecte políticamente. Es notable que Krauze y Sicilia tienen algunas diferencias en la percepción de la política, para empezar Krauze defiende parcialmente la guerra del narcotráfico (aunque hace énfasis en que algunas de las estrategias fueron incorrectas) y Sicilia es opuesta a ella.

    El trabajo que ha hecho Sicilia para transmitir su mensaje de paz ha sido árduo, ha recorrido toda la República, ha hablado dos veces con Felipe Calderón (donde Sicilia se ha topado con un muro inquebrantable) y ha sufrido asesinatos de gente cercana a él, como es el caso de Nepomuseno, aunándole la muerte de su hijo que fue el motivo para que el poeta dejara de escribir y se inclinara al activismo. Pero Sicilia no es un hombre hambriento de poder, quiere cambiar las cosas desde la civilidad, es un lider que mueve masas, pero no las manipula, no les ofrece algo a cambio, más que el concientizarlos sobre la situación de inseguridad que está viviendo el país.

    Es cierto, que los líderes cívicos necesitan tener cierta relación con el gobierno y saber manejar sus hilos de poder, mientras estos no sean penetrados por ellos. Así lo ha hecho Sicilia al reunirse con el Presidente en el Castillo de Chapultepec. Es cierto que los líderes cívicos, al darle completamente la espalda al gobierno, pierden influencia. Los líderes necesitan de él, pero para eso es necesario contar con el apoyo de su gente para poder incidir en las decisiones gubernamentales. Croe que solo de esta forma, se puede lograr una mayor cercanía entre el gobierno y el pueblo. Si los gobernantes no están dispuestos a acercarse, entonces el pueblo lo debe de hacer, y lo debe de exigir. Los líderes cívicos no solo deben estar representados en una sola persona, también pueden estar representados por ONG’s, organizaciones civiles, y redes ciudadanas, las cuales tienen la ventaja (que muchas veces el gobierno no tienen) de estudiar e informarse bien sobre las causas que defienden.

    A diferencia del «redentor», el lider cívico no se alimenta de una sociedad paternalista, por el contrario, reúne a gente que tenga una visión en común y quiera cambiar diversas situaciones que viva una sociedad conflictuada. El lider cívico no debe de formar solamente seguidores, más bien debe generar más líderes. Gente autónoma que trabaje por las mismas causas y que no dependan de un ente paterno para trabajar. En México hemos conocido muchos redentores, López Portillo, Echeverría, Vicente Fox, López Obrador, Peña Nieto, los cuales han enarbolado temas justicieros pero que al final lo que más les ha interesado es el poder. La ambición de un líder cívico (que no podemos negar su ambición como condición natural del ser humano) debe de ser el saberse agente de un cambio en pro de la sociedad y no una persona que ha acumulado poder y ha sido elevado en un altar, he ahí la pequeña gran diferencia entre esas dos figuras.

    Una de las tantas claves en el progreso del país es cambiar de los líderes paternalistas a los líderes cívicos. Y también, hago énfasis, en que la sociedad debería cambiar y asimilar dicho cambio como tal. No como alguien que les proveera beneficios, sino como un agente que los movera a que ellos busquen los cambios por ellos mismos.