Categoría: sociedad

  • Del Campus Party a la misoginia

    Del Campus Party a la misoginia

    El Campus Party es el evento geek más importante, el cual se originó en España y donde se organizó en sus primeros años para después internacionalizarse y viajar también a América Latina (así como a Alemania y Londres quienes fueron sede una vez). Muchas veces todas las tendencias tecnológicas y de nuevas formas de comunicación, van acompañadas de alguna forma de las nuevas tendencias sociales. Parte de esto es la inclusión, el respeto por las minorías y la equidad de género. Por eso en un evento que visto desde un cliché tradicionalista se podría pensar que está conformado por puros hombres (que las mujeres no le entran a eso de la programación y cosas para nerds aducen) vemos a muchas mujeres participando.

    Del Campus Party a la misoginia

    Lamentablemente incluso en este tipo de eventos, los mexicanos seguimos mostrando esos vicios culturales que tienen que ver con ver a la mujer como un objeto para el hombre. Algunas empresas «tecnológicas» pero conformadas por gente con una visión demasiado arcaica de las cosas, tienen la capacidad de llevar a cabo puestas en escena donde se denigra a la mujer tal cual Expo Ferretera (que sería visto como algo normal, pero que no lo es, o no lo debería de ser).

    En el primer caso, la empresa tecnológica Mi PC, tuvo la particular ocurrencia de poner un código QR en las «pompas voluptuosas» de una edecán para que los asistentes la escanearan, en lo que fue un acto un tanto vergonzoso y muy vulgar. Peor no terminó ahí, la empresa de tecnología Applícate tuvo la osadía de hacer una conferencia impartida por Eduardo Zepeda, llamada «Cómo hackear al sexo femenino». Al parecer no entendieron que muchos de los asistentes eran precisamente del sexo femenino, del cual se burlaron con frases como «las mujeres no se entienden ellas mismas» o «sé y compórtate como un macho alfa (típico de las escuelas para seducir mujeres y llevártelas a la cama), conferencia que sí, tenía cierto tono de broma, pero que al final sí resulta en cierta ofensa al sexo femenismo.

    Usar a mujeres como accesorios de venta, como el caso de Mi PC, y como el caso de varias exposiciones donde algunas empresas tratan de llamar la atención por medio de edecanes voluptuosas, es algo muy utilizado en México, pero no porque sea común está bien. Este tipo de «publicidad» en un evento como el Campus Party hace todavía más ruido (y qué bueno) porque se trata de un evento incluyente, que entiende a las nuevas tendencias y a las nuevas generaciones. Naturalmente los organizadores del Campus Party nunca alentaron este tipo de actos (responsabilidad de las empresas que lo organizaron) pero sí se molestaron en sacar un documento donde se deslindaban de los hechos.

    Afortunadamente con las redes sociales (y vaya que si algún evento está muy cubierto por las redes es éste) se hizo la denuncia que llegó a la boca de muchas personas y también fue abordado por muchos medios. Empresas como Mi PC y Applicate tendrán que soportar las críticas. Afortunadamente también, cada vez más personas ven con malos ojos el que se utilice al sexo femenino de esta forma. Quien quiera sacar a relucir su misoginia en público se la tendrá que pensar dos veces. Porque deberíamos aspirar a ser un país civilizado, y no uno que vive dentro de esa doble moral tradicionalista donde se perciben muchos actos por pecaminosos, pero por otro lado se permite la cosificación de la mujer como objeto (práctico y sexual) al servicio del hombre.

     

  • Los porteros putos

    Los porteros putos

    Según se dice, ese grito ahora tan famoso donde se les dice «putos» a los porteros del equipo rival, surgió dentro de la Barra 51 del Atlas. Esta barra no se caracteriza por está compuesta de porristas familiares o personas con una alta civilidad. Los aficionados de los otros equipos se dieron cuenta del impacto que tenía ese grito. Tener a todo el estadio en un trance mientras corean la letra «e» alzando las manos a media altura para pronunciar la palabra «puto» en el momento exacto en que el portero despeja el balón (aunque no recuerdo haber visto una pifia de algún portero derivada de esta presión, más ahora que ya están tan acostumbrados).

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    Este grito ha de tener algo así como una década, y hablando de mundiales, recuerdo haberlo escuchado desde Alemania 2006. Ahora que Brasil está un poco más cerca (y es algo más barato) y que los mexicanos han abarrotado los estadios todavía más que en otras ediciones, este grito ha traspasado fronteras. Tal vez México no tenga indicadores para presumir, es más, ni la selección misma es algo que podamos presumir con mucho orgullo, pero el grito hizo lo que muchas cosas que hemos querido que hagan no lo han hecho, llamar la atención del globo terráqueo.

    Mucha gente se molestó por la postura de la FIFA donde quería sancionar a la selección por ese grito (afirman que es un grito homofóbico cuando las siguientes sedes de las Copas del Mundo criminalizan la homosexualidad), y es cierto que esas no son cosas que se puedan controlar. Incluso se puede poner en tela de juicio su carácter homofóbico. Si bien la palabra «puto» se ha utilizado muchas veces para discriminar a los homosexuales, es un término tan ambiguo (que en realidad se refiere a «prostitutos» que incluso homosexuales lo han llegado a usar. Incluso dudo que la mayoría de los aficionados que gritan esa palabra, piensen en que el portero al que le gritan es homosexual o le quieran imprimir esa etiqueta.

    Lo que si veo en ese grito, que no es algo que me orgullezca, si no lo contrario, es un dejo de machismo aunado a ese México bronco y poco civilizado. A ese mexicano típico del sistema rígido, vertical y contradictorio, ese mexicano «muy hombre» y reacio a la sensibilidad. Ese «puto» podrá parecer un grito ingenuo, pero en realidad contiene violencia verbal, y al final es una agresión verbal cuyo contenido habla mucho de nosotros y no para bien.

    Es cierto que no es como que la FIFA o cualquier organismo competente deba de controlar este tipo de manifestaciones, pero sí debería ser motivo de reflexión porque es una expresión de nuestra cultura.

    La imagen donde los niños holandeses les desean buena suerte a México, es, sin querer, una especie de enseñanza e invitación a la civilidad (no es que los aficionados holandeses sean la expresión más civilizada de afición) y el escenario dentro de un salón de clases es confrontativo porque gran parte de este mal, de estos vicios culturales, tienen que ver con la educación.

    Por lo tanto en la asociación civil que participo, ya hicimos una especie de respuesta, para precisamente mostrar que los mexicanos no necesariamente tenemos que usar ese tipo de expresiones para apoyar a algún equipo.

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  • Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Y retiemble el eeeeeh puto en las gradas.

    El país vive momentos de júbilo, no, no te confundas, la economía no ha repuntado, ni la corrupción ha desaparecido, ni la inseguridad ha sido erradicado. Se trata de un grupo de 11 futbolistas junto con los suplentes y su peculiar entrenador, que representando a nuestro país, han vencido a su similar de Croacia, ese equipo que viste a cuadros tal cual mantel de día de campo, como el que se dio la selección en el segundo tiempo.

    Y si el amor por México fuera en los 365 días del año

    Hace mucho no veía a los mexicanos tan unidos por una sola causa. No es que en temas políticos todos deban de opinar o pensar lo mismo, pero sí pueden tener el mismo fin de ver bien a su país. Eso que ni los partidos políticos ni la sociedad por iniciativa propia, la hizo un equipo de futbol que representa a México en un mundial, y a sus dueños, y los intereses que hay detrás. En la apariencia pareció que los aficionados quieren demasiado a su país y gastan todos sus ahorros para estar ahí con su selección que hasta hace pocos días, estaba muy por debajo de las expectativas, y que ahora al menos ya merecieron ser apoyados.

    No está mal apoyar a la selección, celebrar los goles de Oribe Peralta, el Chicharito, los desplantes del peculiar «Piojo» Herrera. El problema viene cuando ese amor se muestra solamente al equipo de futbol y no al equipo en su conjunto. De esta forma se termina convirtiendo en un falso nacionalismo, simbólico, que se apoya en tres pilares cuyos otros dos son el grito y la defensa del petróleo.

    ¿Qué pasaría si la energía para gritarle «puto» a los porteros del equipo rival se utilizara además para hacer de este país una sociedad mejor? ¿Qué pasaría si esa crítica permanente al estilo de juego de la selección se convirtiera en una sana autocrítica?

    Cuando llegué al aeropuerto de la Ciudad de México (sólo a mí se me ocurre empalmar mi vuelo con el horario del partido del cual sólo pude disfrutar el primer tiempo) una de cada cuatro personas vestía una camisa verde alusiva a la selección. Algunos incluso tenían la cara pintada. Se veía una cohesión, una unión que generalmente no se ve durante cuatro años. Personas de distintas clases sociales, que en días comunes suelen rechazarse, compartían una misma pasión. El tricolor, y la esperanza (cumplida) de ver a su selección en los octavos de final.

    Al sentarme en el restaurant donde comí antes de abordar el avión, otra persona compartió mesa conmigo para poder ver el partido. Platicamos de ello e incluso me terminó invitando a un evento en el cual participaría él en mi ciudad, Guadalajara. Ese patrón se repetía a mi alrededor. Un deporte podía unir a los mexicanos. ¿Por qué no podemos hacer eso por nosotros mismos?

    Al final el fútbol es un espectáculo, te proporciona grandes júbilos, pero son efímeros y tienen poca duración. Al menos se podría esperar que este efímero sentimiento de gloria sirviera como aliciente para cambiar las cosas, y no para evadirlas como sucede en muchos casos.

    Al final del día, los indicadores del país siguen siendo magros, los problemas existen. Y como alguna vez dijo algún comentarista de Televisa (sí, de Televisa), el mérito es de ellos y los ganadores son ellos. Este fenómeno de la gran afición que apoya orgullosamente en un mundial, es una muestra de que los mexicanos podrían unirse por un bien común. Pero pareciera que no tenemos los incentivos para mantener ese júbilo los 365 días del año, y así como el aficionado hace profundas críticas sobre el funcionamiento del cuadro titular, deberíamos hacerla también sobre el funcionamiento de nosotros como sociedad.

  • De negrito a nito y los apellidos y la discriminación

    De negrito a nito y los apellidos y la discriminación

    ¿Se acuerdan del Negrito Bimbo? Si creen que todavía existe búsquenlo en el Oxxo. Encontrarán el producto, pero si no se dieron cuenta antes, ahora se llama «Nito». Resulta que Bimbo, como miembro del CONAR (Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria, decidió hacer una campaña para limpiar de «racismo» a este producto invitando a que personas propusieran nombres (como afro, choco entre otros). 

    De negrito a nito y los apellidos y la discriminación

    ¿Si compraba un Negrito hacía una apología al racismo? No lo creo. Incluso a los ojos de todos sería algo similar algún producto amarillo llamado «güerito». Peor aún, México no es un país donde se hayan discriminado históricamente a los negros. El nombre solamente hacía referencia a las personas de color y no tenía tintes despectivos ¡Ni que el pan se hubiera llamado «naquito» por Dios!

    Luego, en el DF los padres ya podrán elegir el orden de los apellidos. Esto, con el fin de acabar con la tradición «paternalista y machista» que impera en México. ¿Los feminicidios? Bien gracias, esos no importan tanto. ¿La violencia intrafamiliar? ¿El esposo golpeador? No se preocupe, pase a la fila 5 y llene la forma…

    Estados Unidos es un país donde existe menos machismo y más oportunidades para las mujeres que en México. La nación estadounidense aparece en el lugar 23 en el ranking WEF relativo a la equidad de género y México en el 68. Bajo la premisa de estas personas que proponen leyes absurdas y simbólicas, el nombre de los estadounidenses debería ser más «¿equitativo». Pues bajo esa vara es todo lo contrario, porque los estadounidenses tienen el apellido del padre. Cierto que la forma en que se componen los apellidos se origina de un pasado paternalista, pero a la fecha no creo que fomente el machismo.

    Lo que pasa en México, en este país de simulación, es que queremos cambiar las cosas a base de simbolismos sin querer resolver el problema de fondo. En vez de combatir la inseguridad tal vez nuestras autoridades propongan un eufemismo para ya no usar la palabra «masacre». Queremos incluso adelantarnos al progresismo europeo cuando en la práctica pareciera que estamos un poco más cerca de la Edad Media.

    ¿Qué resolverá Nito? Absolutamente nada, el pan de Bimbo simplemente tendrá otro nombre. Nito no ayudará a combatir la discriminación en México, ni inspirará al nuevo Malcolm X de Iztapalapa. ¿Y con los apellidos con nuevo orden? Posiblemente incremente el número de divorcios. Ya me imagino el ego de los dos padres peleando por imponer su apellido al nombre de su hijo. No creo que esta ley de más oportunidades a las mujeres, y menos nos podremos sentir orgulloso de nuestra nueva ley «sueca» mientras en casa el padre borracho le sigue pegando a la mujer impunemente y mientras los feminicidios van a la alza.

    Luego me van a decir que cambie el nombre de mi página que porque estoy discriminando a la gente que no es tan inteligente como yo…

     

  • Futbol. ¿Pan y Circo, o entretenimiento genuino?

    Futbol. ¿Pan y Circo, o entretenimiento genuino?

    Ahora que tenemos el Mundial de Brasil a la vuelta, se ha intensificado el debate sobre el papel del futbol en la sociedad. El tema suele ser polarizante. Por un lado el aficionado que siempre se pone la verde y grita apasionadamente los goles aunque tenga que ir vestido como botarga publicitaria, y por el otro lado aquel que se siente superior a los demás, porque no entiende como es que la sociedad se enajena viendo a «veintidos monitos pateando a un balón» e invierten en un deporte inútil cuyos recursos deberían ir a combatir la pobreza y no a «distraer a la gente de lo que importa».

    Futbol. ¿Pan y Circo, o entretenimiento genuino?

    Déjenme decirles que ambas posturas en ciertos puntos tienen razón y en otros no. Voy a empezar, los seres humanos necesitamos de alguna forma actividades que nos distraigan un poco de la realidad. A veces la vida puede ser difícil, monótona, o el entorno en el que se vive (político, social, económico) no es el óptimo. En cierta medida es sano hacerlo para la psique del individuo. Pero como en todo hay un límite, y este «escape de la realidad» no significa que el individuo deba ignorarla o hacer caso omiso de ella, más bien, debe descansar un poco de ella, siendo consciente de ella. Es decir, el individuo no debería usar al fútbol para ignorar las cosas que importan, sino para descansar un poco de ellas.

    El empalmar las discusiones de las reformas con los partidos del Mundial de Futbol va más bien en el segundo sentido. La intención es tratar de que el individuo deje de prestar atención a las discusiones de las reformas. Es cierto que los más preocupados por el acontecer político de todos modos estarán al pendiente. Pero no sólo se trata de prender el Canal del Congreso y ver las discusiones. Éstas generan ruido en las redes sociales debido que diversos medios las propagan y los individuos la comparten, con los aficionados al pendiente del México contra Brasil, la información podrá tener menos relevancia que la que podría tener para muchos y eso da más margen de maniobra a los políticos, debido a que la masa ciudadana estará más apacible.

    El futbol no fue un deporte hecho para distraer a las masas. Los deportes y espectáculos en gran medida fueron creados para satisfacer ciertas necesidades humanas. Pero también es cierto que diversas entidades aprovechan este tipo de espectáculos para obtener un beneficio. De ahí la máxima derivada del Imperio Romano «al pueblo, Pan y Circo».

    Al final, el futbol es un espectáculo como cualquier otro, que en cierta medida también puede ser benéfico al canalizar las energías del individuo a un entorno de simulación. Es decir, esos deseos nacionalistas que pueden derivar en una guerra, se trasladan a un campo de futbol donde el aficionado se viste con los colores de su equipo y lleva su bandera. El individuo tiene la posibilidad (aunque algunos no lo quieran reconocer) de ser aficionado, y al mismo tiempo estar pendiente de lo que importa. Así también el individuo tiene la capacidad de ponerse límites (o debería tenerla) y ver a su deporte favorito como un espectáculo y no como una religión enajenante, donde puede festejar el triunfo de su equipo, sabiendo que al siguiente día deberá regresar a su rutina normal.

    Por otro lado, los gobiernos y poderes fácticos tratarán de sobreestimular la intensidad con la que se vive este deporte para obtener un beneficio propio. Lo pueden usar para promover falsos nacionalismos, para obtener beneficios políticos (Peña Nieto sintiéndose parte de la selección, o Evo Morales jugando en la liga de cara a las elecciones). También lo podrán usar como distractor o para obtener un beneficio económico.

    Ciertamente la afición por un equipo de futbol no es igual a la relación entre el consumidor y el producto. Si el consumidor recibe un producto de mala calidad, dejará de consumirlo. El aficionado no lo hará necesariamente y tratará de alentar a que su equipo mejore debido a la relación filial que existe. Pero naturalmente hay límites. El excesivo apasionamiento con una Selección Mexicana cuyo nivel está muy por debajo de lo que se podría esperar de uno de los países más futboleros del mundo y que en otras instancias ha podido mostrar que capacidad la tiene (selecciones menores y Juegos Olímpicos) es una muestra de conformismo y poca capacidad de exigencia. Debido a esto, los dirigentes y quienes están detrás no tendrán necesidad de dar un producto de mejor calidad para rentabilizar el deporte, con que pasen al Mundial, el negocio ha sido redondo.

    Al final del día, la afición al futbol no es mala ni necesariamente perjudicial (a veces al contrario). Más bien tienen que ver los comos, como el aficionado lo es, y como los poderes pueden utilizar y manosear el deporte para satisfacer sus intereses a costa de los aficionados.

     

  • #QuieroCreer. México y el Mundial de Futbol

    #QuieroCreer. México y el Mundial de Futbol

    Falta un mes para el Mundial de Futbol. Y la verdad es que más allá de cuestiones políticas (no sólo las nuestras, sino las que se viven en Brasil) la gente ve a este evento como una gran fiesta. O más bien se nos invita a que lo veamos de tal forma. Son muchas las empresas que esperan obtener ganancias a través de este evento, y por ello hay que recordarle a la gente que se trata de eso, de una fiesta.

    #QuieroCreer. México y el Mundial de Futbol

    El hecho de que se lleve a cabo cada cuatro años (al igual que los Juegos Olímpicos) le da esa especie de magia. Pero también es cierto que alrededor de este evento existen muchos intereses (que estorban en cuanto corrompen el espíritu del juego) y problemas políticos que se buscan esconder.

    Los brasileños recibieron la sede en un momento de apogeo económico. Ahora que su economía está más deprimida, se han dado cuenta de que organizar este evento es algo complicado, estadios atrasados, y sobre todo una multitudinaria manifestación e inconformidad a la que inclusive forman parte futbolistas míticos de esta nación como Romario.

    En México las cosas no son tan diferentes. Incluso a nivel deportivo son peores. La Selección Mexicana hizo el ridículo en la eliminatoria ante equipos mucho más débiles por lo cual no merecía calificar al Mundial. Este problema no sólo tuvo que ver directamente con el pobre desempeño de los futbolistas y el cuerpo técnico. Tuvo que ver también con los intereses que hay detrás, que no son muy distintos a los que manejan el país. Incluso la forma de organizarse es parecida a la forma en que se hace política.

    El problema es que en México el aficionado se conforma con muy poco. Al borde de la eliminación con un partido ante Honduras en el Azteca que iban ganando con trabajos, la gente cantaba el cielito lindo. ¡Una cosa es apoyar a la selección y otra ser masoquista! Hubo mucha molestia, sí, pero el mexicano olvida rápido, y aún con todo, sueña con que México trascienda en el mundial, la fe puede más que la razón. Que si los futbolistas no son tan buenos o no andan en su mejor momento: -Pero vamos a ir al estadio y vamos a gritar sí se puede y los futbolistas se van a partir el alma, ya verás!-.

    Las televisoras y todos los involucrados saben que el pesimismo y la resignación se curan con fe y con spots. Por eso no es de extrañar que se realice un spot donde los seleccionados pidan perdón por haber «hecho sufrir» a los aficionados, como si el nivel de competencia de un país en un deporte se pudiera cambiar inusitadamente por medio de la fe. Y como el aficionado se conforma con tan poco, entonces no hay necesidad de mejorar el deporte que paradójicamente es por mucho, el más popular en el país y que a lo largo la historia no ha logrado trascender (excepto en divisiones menores y en las últimas olimpiadas). No importa que la selección nunca aspire a más de octavos, es suficiente para que la gente consuma y se exponga ante la publicidad en el mundial. A diferencia de países como Francia que castigan a su selección con la inasistencia cuando las cosas andan muy mal, los mexicanos siempre van a estar ahí, «apoyando en las buenas y en las malas», sin reconocer esa delgada línea que divide el fiel apoyo de una afición con la mediocridad de otra que se conforma, que no exige,  pero que sueña.

    Curiosamente esto es algo que se repite en temas más importantes como la sociedad y la política de nuestro país. El mexicano sueña, pero al mismo tiempo exige poco. Siente como si algo de afuera vendrá a cambiar súbitamente su realidad. Cuando la historia, tanto a nivel social como deportivo, nos ha mostrado que las naciones e instituciones cambian progresivamente en cuanto todos se empiezan a involucrar y a exigir.

    Hay lugares donde se puede usar la fe, la religión, o se puede tener fe en un ser querido. Pero cuando un deporte no funciona bien a causa de la mala organización y la corrupción, la fe da para mucho. Entonces ese #QuieroCreer saldrá sobrando. E incluso en el poco probable caso (más no imposible) de que esta selección llegara a trascender, esto no sera mérito de las instituciones que están detrás del futbol, sino a pesar de ellas.

  • Maestro

    Maestro

    -Ándele profe, póngame seis, es más, le hago un trabajo extra, le hago una investigación y se lo entrego mañana-. Ese fue el único extraordinario al que me fui en mi etapa de estudiante, era la materia de física en la preparatoria en la cual obtuve un promedio de 5.9. Como mis papás me lincharían si reprobaba, tuve que tomar de mis ahorros para pagar el examen (en realidad no eran muy caros y aunque me hubiera ido a tres, me los hubiera podido autofinanciar). No era un gran estudiante, pero tampoco era de los más burros. Y eso era porque estudiaba las materias que me interesaban y las que no las hacía a un lado y sólo buscaba pasarlas.

    Maestro

    Me imagino que ser maestro ha de ser una vocación difícil. No sólo porque esta persona debe de estar apta para transmitir sus conocimientos a los alumnos, sino porque además implica preparar las clases y lograr que los alumnos cumplan satisfactoriamente con el temario. Es difícil, sobre todo en esa etapa de secundaria y preparatoria donde los alumnos son incontrolables, retadores, y si el maestro no tiene el suficiente carácter, puede ser sujeto de varias humillaciones.

    Pero el maestro también carga con la responsabilidad de procurar de poner su granito de arena para que los educandos salgan preparados y enfrenten eficientemente la dura vida real. Posiblemente ese semestre de física o matemáticas impartido pueda influir para que el alumno elija su carrera, o bien, pueda entrar en las listas de la universidad donde quiere estudiar.

    Para ser maestro hay que tener vocación. Eso es algo que no hemos aprendido mucho en México, por eso es que esos puestos que son una parte importante de la sociedad y el progreso se pueden vender, heredar o pueden estar sujetos a intereses políticos, partidarios o económicos. Un puesto de maestro en México puede servir para no enseñar nada y ganar más que Enrique Peña Nieto. Un puesto de maestro puede servir para chupar dinero del erario. Es como si en una construcción, en lugar de usar la viga como estructura de una obra, se usara para que los constructores puedan hacer una portería para jugar una cascarita, ¡esa construcción se vendría abajo!

    Organismos como el SNTE y la CNTE le han hecho mucho daño a la educación usándola como botín político, y delineando una teoría conspirativa podría argumentar que buscan mantener a los alumnos en la ignorancia. Los maestros de la CNTE dejan a los niños sin clases para marchar y pedir peticiones que más que resolver sus problemas (porque tienen y muchos) buscan refrendar el status quo. Aún así muchos los defienden por «enfrentarse al poder» cuando sus líderes los acarrean para mantener sus privilegios.

    Uno podría pensar que en las escuelas privadas la realidad es diametralmente opuesta, pero no es así. La educación privada podrá sí, ser algo mejor, pero sigue siendo deficiente. Cualquiera que fue alumno y estuvo en una escuela privada, podrá recordar anécdotas como el profesor al que le regalaron una botella de tequila, o al que se llevaron al table dance con el fin de que lo pasaran de año. También recordarán maestros que sólo iban a desquitar al sueldo.

    Pero a pesar de esto, también tuvimos buenos maestros, y en todos estos 15 de mayo, los recordamos. Aquellos maestros que nos enseñaron lecciones de vida, a esos que buscamos para pedir consejos incluso cuando ya no nos daban clases. Esos que se motivan y piensan en que están colaborando de alguna manera en el futuro de sus alumnos. Esos buenos maestros merecen ser recordados en este su día. Esos maestros que dan algo más, esos maestros que rompen con la mediocridad que tiene nublada a la educación del país.

  • Ricos contra pobres

    Ricos contra pobres

    México es un país que ha vivido a lo largo de su historia una fuerte dominación de las élites sobre las mayorías. En realidad no sólo ha sido en México, es algo que se ha vivido en todo el mundo, nada más que existen países que superaron la dominación absoluta antes que otros, estos países son los que tienen una sociedad más democratizada.

    Ricos contra pobres

    Debido a que en México nos hemos tardado (incluso no lo hemos superado por completo), tenemos implantada la falaz creencia de pensar que todos los pobres son buenos y todos los ricos son malos. La Iglesia ha considerado a la pobreza una virtud, “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos” (Lc 6, 20), los medios de comunicación de alguna forma lo han hecho patente como en las telenovelas donde la protagonista es la humilde y la malvada es la ricachona, incluso políticos como López Obrador utilizan a conveniencia esta falacia para creerse su redentor «por el bien de todos primero los pobres».

    Pero no, la pobreza no es una virtud, es una condición donde por razones exógenas y/o endógenas, al individuo le tocó estar hasta la base del escalafón social lo que significa un menor número de recursos y una magra calidad de vida en comparación con sus semejantes. También sería una falacia afirmar que el pobre es pobre porque quiere, pero de alguna manera le tocó estar dentro de los más débiles y menos capaces, porque él no tiene la capacidad, o bien, el ambiente donde creció no es proclive para que se pueda desarrollar. Desde este punto de vista yo no veo de donde pueda ser una virtud la pobreza.

    Es absurdo afirmar que los pobres son buenos. La bondad a veces tiene más bien poco con la posición social. Esa falacia se creyó porque en tiempos pasados una muy pequeña élite cuyos integrantes se contaban con los dedos de la mano reprimían a las mayorías. Esa aseveración hoy en día es muy relativa, no es que no existan personas hasta arriba que les interese mantener a los pobres donde están, pero ni todos los ricos son así, ni todos los pobres son buenos.

    Televisa y Slim pueden evadir impuestos y buscar beneficiarse a costa de los demás, igual que un pobre (eufemísticamente mal llamado humilde) puede llegar a violar o matar en un barrio bajo, o una persona como tú puede llegar a sobornar, a dar mordidas o a discriminar. Sí, en la actualidad hay quienes no quieren que las cosas cambien, gente que vive ostentosamente de los impuestos de la gente, empresarios corruptos al amparo del gobierno. Pero también hay mucha gente rica que se hizo así gracias a su esfuerzo y que aprovechó las oportunidades que tuvo para hacerlo.

    Vamos a ser realistas. Es utópico pensar que algún día todos llegaremos a estar en condiciones iguales. Las pocas veces que alguna sociedad estuvo cerca de lograr eso, lo tuvo que hacer por medio de regímenes sanguinarios y opresivos donde al final, quienes comandaban dichas naciones se enriquecían, mientras que todos los demás vivían igual… de mal. ¿Por qué? Porque va en contra de la naturaleza del ser humano. El ser humano se mueve por medio de incentivos, no de dogmas.

    ¿Se puede reducir la desigualdad? ¡Claro que sí! Esto es, brindando oportunidades a los individuos para que se desarrollen y pueda haber movilidad social, donde un pobre por medio de esfuerzo, tenga la capacidad de salir de su condición. Se puede lograr con una sociedad preparada, educada y leída. Pero pensar en reprimir el esfuerzo y la innovación quitándoles el derecho a quienes se han hecho ricos de esta forma pensando que de esta forma se va a acabar con la desigualdad es estar en el error. El emprendedurismo no sólo implica ingresos para el emprendedor, significa también generación de empleos, además de que esto hace más grande la cadena productiva creando un ambiente donde más personas pueden emprender.

    La desigualdad en México tiene que ver más con los agentes monopólicos, porque los que detentan el poder desean mantener el orden de las cosas, los gobernantes, los que se alían con el gobierno para enriquecerse y no tener que competir para innovar. Aquellos que por ellos creen formar parte de la nobleza y educan a sus hijos bajo los mismos parámetros. Cierto que el impacto causado por el mal actuar de un rico será mucho mayor al de un pobre, porque el primero tiene más influencia, pero desde un punto de vista moral, es igual de reprobable.

    Ser rico o pobre no es bueno o malo, la rectitud es lo que hace la diferencia entre un ser humano valioso y otro detestable. Tratar de catalogar la integridad del ser humano de acuerdo a sus posesiones es una falacia aprovechada por muchos demagogos, que dicen defender a los pobres, pero que al final del día, y como lo ha mostrado la historia, sólo los utilizan para volverse ricos.