Categoría: reflexión

  • Mejor ponte a trabajar

    Mejor ponte a trabajar

    Este artículo lo escribo en modo zombie. El primero de mayo es mi cumpleaños (es más coherente que la gente tome el día de asueto para honrarme y no a un día socialista que lanza a los sindicatos a las calles), me festejé un día antes y no dormí. Tal vez el estado que tenga a mis neuronas el día de hoy incida en la forma en que escriba el artículo del día de hoy.

    Mejor ponte a trabajar

    Trabajar, trabajar. En la constitución todos tenemos derecho al trabajo. Pero la constitución como lo comenté hace tiempo, es un decálogo de buenas intenciones. Por eso los defensores de las leyes secundarias de la Reforma de las Telecomunicaciones la citan para tratar de «contrariar» a los opositores -quesque la libertad de expresión está garantizada en la constitución-.

    Me dicen que es incoherente que no se trabaje el día del trabajo. Más bien no entienden muy bien lo que se celebra. No se celebra el trabajo por el trabajo, se celebran las reindivicaciones sociales y laborales de los trabajadores. Por eso en este día los sindicatos desfilan por las calles, muchos sacan sus banderitas comunistas rojas y amarillas compuestas por martillos, hoces y estrellitas, aunque esas reindivicaciones pues benefician a todos, ¿o no señor Godínez?. Esta fecha no se celebra en Estados Unidos y Canadá no se celebra porque en algún momento los norteamericanos temieron que la marea rojilla pudiera aprovechar la coyuntura para penetrar en el sistema estadounidense.

    Trabajar, trabajar. Esas reindivicaciones sociales se parecen cada vez más a la constitución en el punto en que en realidad la gente trabaja más de las horas que legalmente debería de trabajar. Razones hay muchas. La primera es desorganización y la segunda es la falsa creencia de que trabajar más horas es mejor en base a un argumento destrozado por la evidente realidad donde el humano baja su nivel de rendimiento por hora. Esto a diferencia de muchos países desarrollados donde trabajar más de las horas asignadas son un símbolo de incompetencia.

    Los que trabajamos por nuestra cuenta no sabemos mucho de reindivicaciones sociales porque trabajamos en función del trabajo que tenemos. A veces nos puede sobrar tiempo libre, y a veces podemos trabajar voluntariamente como esclavos a destajo para «sacar» los proyectos que debemos de terminar. Pero somos nuestros jefes, somos señores feudales, reyes y campesinos al mismo tiempo.

    Trabajar, trabajar. ¿Cómo sería un mundo sin trabajo? Pues el humano no haría nada, se aburriría, se desesperaría, lo cual se traduciría en violencia y podría acabar con su propia existencia. Por eso debes valorar lo que el trabajo hace por la raza humana cuando te levantas quejándote y de mal humor dirigiéndote a la oficina.

    En la vida hay ganadores y perdedores. Los ganadores obtienen el trabajo que les gusta hacer, los perdedores odian su trabajo y lo ven como mera actividad de supervivencia.

    Trabajar, trabajar

     

  • Normcore o el afán de etiquetar todo, absolutamente todo

    Normcore o el afán de etiquetar todo, absolutamente todo

    Las modas y las tendencias son inherentes al ser humano. El biólogo Richard Dawkins hablaba de ellas como un ejemplo de lo que él bautizó como «meme» (de ahí el término que se utiliza tanto en Internet), que es una idea que se comporta tal como si fuera un gen, la cual por más fuerte es, más rápido se propaga y dura más tiempo. Pero me queda claro que hay de modas a modas, y de tendencias a tendencias. Y esta nueva «modita» que en los próximos días, meses, años, escucharás hasta el hastío, esta nueva tendencia del «Normcore» es una muestra de como a los seres humanos nos gusta etiquetarlo todo.

    Normcore o el afán de etiquetar todo, absolutamente todo

    ¿Qué es «Normcore? Pues ser común y corriente. Imagínate que te levantas de la cama, te bañas, es sábado, te pones la primer vestimenta que encuentres, fodonga, sin «gusto alguno» y sales al Oxxo por un café Andatti (¡Guac!). Ya eres un «Normcore». Así de absurdo. Las revistas de moda ponen a Jerry Seinfield como el claro ejemplo a seguir para ser un «Normcore». ¿Dónde está el ingenio?

    Al menos dentro de la moda «hipster» se podía alegar que esta tribu tenía algunos rasgos positivos como la lectura, cierto interés en la cultura y algunos temas que de alguna manera eran parte de una contracultura que hacía frente a los defectos de los influjos de la inercia mundial. Pero al convertirse en moda, lo «hipster» de alguna manera se contradijo, el principal argumento es aquel que se usó para hacer mofa de ellos. El hipster odia el mainstream, pero se había convertido en mainstream. Trataban de ser «diferentes a…» pero terminaban siendo «iguales a…».

    Con los normcore ni siquiera se trata de una moda, se trata de un modo de consumo que siempre ha existido. Más bien podría tratarse de meter a esta tendencia al mundo de consumo, hacer «cool» a los que no tienen el más mínimo interés en ser «cool». De esta forma, las empresas especializadas en ropa podrán aprovechar esta tendencia y vender.

    «¿Tiene exceso de ropa en su tienda? ¿Tiene mucha ropa que ya no usa? Le doy una noticia. Usted está a punto de volverse totalmente rico. Sí, venda esos pants guangos a $1,000 dólares, esa camisa sin chiste a $700 dólares.

    Posiblemente marcas de prestigio empezarán a invertir en esta moda. Tal vez no bajo el nombre de su marca principal, pero crearán tal vez marcas alternativas con un aspecto desenfadado, pero eso sí, muy caro. ¡Que se vea que esta camisa con hoyos es Aeropostale! ¿Es tu camisa de siempre que usas desde que ibamos en la prepa? -¡No, lo compré en el Fashion Mall de San Francisco en U$600! Viene con todo, hoyos y aroma a humedad.

    Una amiga alguna vez me expresó su molestia porque cuando emergió la cultura hipster, se sintió expuesta. Ella tenía una forma de comportarse parecida debido a que así era su personalidad y eso la hacía sentirse única, sentimiento que perdió a la hora de que lo «hipster» se volviera de moda. ¿Ahora la gente no podrá pasar desapercibida con su vestimenta completamente desenfadada? De pronto el mundo de la moda tiende a ser absurdo, y cuando falla la creatividad, sólo se trata de tomar algo que ya existe (o existió) y ponerlo dentro del mundo de la moda.

    Estos son los normcore, gente desenfadada, que quiere pasar desapercibida. Pero que paradójicamente estará a la moda.

  • La mediocridad de las élites mexicanas

    La mediocridad de las élites mexicanas

    En una sociedad siempre hay élites. No importa que la distribución de la riqueza sea muy buena, es más, hasta en los países comunistas (todos los habidos y por haber) hay élites. Es algo natural en el ser humano, y por lo tanto no debería ser indeseable que estas existan. Lo que sí se puede criticar es el modo en que son élites. Y es que estas al estar arriba del escalafón social, tienen mucha influencia sobre los que están abajo. Por eso una sociedad con mejores élites tenderá a ser mejor que una que no lo es.

    La mediocridad de las élites mexicanas

    ¡Y las élites en México son mediocres!

    Una cosa es tener dinero, vivir muy bien, tener recursos de sobra, y otra cosa es la arrogancia y falta de humildad. El comportamiento de las élites mexicanas refleja en cierta medida la forma en que están organizadas las estructuras sociales y económicas. No se puede generalizar, cierto. Pero la forma en que muchas de estas élites generan su riqueza (lejana al precepto de libre mercado y libre competencia) explica un poco por qué las élites en México tienden a ser como son. Pareciera que las élites en México no están bien educadas. Estudian en las «mejores escuelas» pero muchos de ellos no leen. En muchos de los casos, los padres en vez de enseñar a los hijos la cultura del trabajo, permiten que vivan como juniors, con los mejores coches, las mejores botellas de vino.

    El Mirreynato

    El video del Instituto Cumbres, una de las escuelas más caras del país, es una muestra de la forma en que las élites se ven. Donde el exceso del derroche es totalmente visible, mientras que el trabajo y el esfuerzo quedan a un lado. El desdén por las otras clases sociales, el racismo y el clasismo, tienden a ser común denominador. En realidad no están tan bien educados, en muchos casos no leen, y están más preocupados por el derroche que por prepararse y estudiar para poder ser emprendedores en un futuro. Muchos de ellos critican a los pobres por vivir en la ignorancia, pero muchos no saben mencionar cuales son los 3 libros que más han influenciado su vida (esto un ejercicio que se hizo en la IBERO alusivo al tropezón del Presidente).

    Ser rico no es malo, lo malo es ser mediocre a pesar de tener todos los recursos a la mano para no serlo.

    No se les puede criticar por ser ricos, sobre todo si sus padres han obtenido sus recursos honestamente a base de esfuerzo (que no siempre es el caso), pero sí se podría esperar que debido a su posición social, tengan una buena educación, deseen emprender, y hacer algo por mejorar el país. No importa que manejen su Porsche, o que vivan en una gran residencia, pero que se les enseñe a ser productivos y no sean parásitos de los recursos de sus padres (que en algunos casos provienen, sí, de los recursos públicos que nosotros financiamos).

    Aquí no se encierran en el garage para inventar cosas, aquí derrochan lo que estas primeras personas han inventado.

    Al estar en una posición privilegiada, tienen mayor posibilidad de hacer un cambio por el país. Algunos (los menos) aprovechan esa posición para hacer buenas cosas por la sociedad, muchos otros no lo hacen. El problema es que su mediocridad termina influyendo. Aquellos que viven en la élite terminan siendo no tan admirados como Bill Gates o Steve Jobs que hicieron su fortuna a base de esfuerzo e inventiva, y más bien son conocidos por su forma extravagante y derrochadora de comportarse, donde le dan más importancia al apellido que al esfuerzo.

    No, no son todos. Hay muchos «ricachones» en México que son un ejemplo, pero son los menos, no son muchos. El mirreynato es también producto del México vertical en el que hemos vivido, en donde muchos de ellos viven en una burbuja tan grande que no han visitado el centro de su ciudad (conozco casos en la Ciudad de México, y vaya que su centro es muy bonito). Si los de clase media debemos considerarnos «muy privilegiados» porque estamos en el 10% de la personas con más riquezas en el mundo, las élites al menos deberían ser conscientes de su posición.

  • La gente quiere que seas convencional

    La gente quiere que seas convencional

    Haruki Murakami en su libro «De qué hablo cuando hablo de correr» hizo una afirmación que decía algo así como que la independencia se paga con heridas en el corazón. Se refería al hecho de que para hacer lo que realmente quieres, deseas y anhelas, tendrás que romper no sólo paradigmas, sino también habrá quien (a veces con buenas intenciones) no quiere que hagas lo que quieres hacer, y en ese camino algunas personas te lastimarán, posiblemente perderás algunos amigos o gente que estimas. Pero es natural que si realmente quieres luchar por lo que crees, tendrás que hacer sacrificios.

    La gente quiere que seas convencional

     

    Cuando leo biografías de personas que han logrado hacer un cambio, ya sean empresarios exitosos, o bien, literatos, escritores, investigadores, científicos, cineastas. Algo que es una constante y está palpado en muchas de esas biografías, es que en algún momento tuvieron que tomar decisiones que no gustaron a muchos, pero que fueron fundamentales para que lograran convertirse en lo que son o en lo que fueron. En primer lugar siempre se encuentran los padres. Y es entendible, los padres generalmente tienden a ser protectores. Los padres de alguna manera priorizan la seguridad sobre la felicidad, porque paradójicamente, creen ver la felicidad supeditada a la seguridad. También se pueden encontrar amigos, la pareja. Y hablo de los casos de personas que te quieren. Porque habría hacer un apartado especial de la gente que no te desea bien, o no le conviene que te vaya bien.

    El sistema (hablo de toda la estructura de organización y relaciones humana) te invita a que seas convencional, que seas uno más. Posiblemente porque los humanos deseamos estar dentro de sistemas estables, lo que no necesariamente significa que sea lo mejor para todos. Quien quiere destacar, lo tiene que hacer forzosamente rompiendo paradigmas de lo convencional. Esta afirmación está muy obviada, porque el que destaca debe de ser diferente a lo demás.

    Muchas veces para el ser humano, lo diferente tiende a ser raro. Esto lo podemos ver en los niños. Los niños con una inteligencia poco desarrollada tienden a ser segregados en el salón de clases -Estás tonto, no aprendes, burro-, pero al igual, los niños superdotados (a pesar de estar en el polo opuesto) tienden a ser segregados y a ser vistos como bichos raros porque sus mentes tienden a funcionar de forma diferentes, lo cual coadyuva en formas de comportarse diferentes, así como hábitos diferentes.

    Entonces la mayoría de la gente tenderá a sentir cierto escepticismo ante los riesgos que desees tomar, porque ellos no tienen pruebas (sobre todo en sus vidas) de que dicho riesgo pueda traducirse en algo positivo o en un escenario mejor que el actual. En muchos casos, tus padres y tus amigos, preferirían verte con una forma de vida parecida a la de ellos, y a las de quienes por medio de las formas convencionales, han logrado tener cierta estabilidad. Decirle a tus seres queridos que cerraras el restaurant del cual comes a cambio de convertirte en novelista (es el caso de Haruki Murakami) no será seguramente bien recibido.

    Pero la gente que ha trascendido ha tenido que tomar decisiones así. Y a veces esas decisiones pueden llegar a lastimar relaciones, porque tomar un riesgo lleva inherentemente el cambio de hábitos. A esto hay que sumarle que hay gente que en su muy inconsciente (y a veces de forma más consciente) le desagrada que te vaya muy bien, porque eso de alguna forma le recuerda la mediocridad en la que vive y lo podrá confrontar al darse cuenta que al quedarse en su zona de confort no logró tanto como aquel que tomó el riesgo y se apretó los… pantalones.

    Es curioso, porque queremos un sistema estable en el cual vivir y relacionarnos, y estas personas que lo desafían, de alguna forma logran mejorarlo. La gente llega a ser escéptica incluso en aquellas mejoras, tratan de verle el aspecto negativo, no tanto para a partir de una crítica mejorarlo, sino por el miedo a las cosas nuevas. ¡Steve Jobs inventó el iPhone! -Ah pero recuerda que los iPhones enajenan a la gente, velos en las reuniones como se pegan a su aparato-.

    Queda claro que si no quieres ser convencional, si no quieres ser un número dentro de una masa, tendrás que tomar riesgos, y sobre todo tendrás que pagar el precio de tener alguna que otra cicatriz en tu corazón a cambio de sentirte libre y autorrealizado. Algunos nacieron para hacerlo, otros no (y es que es natural que para que funcione un sistema, muchos de los que lo integran deberán ser convencionales), pero quienes nacieron para cambiar las cosas están moralmente obligados a hacerlo.

  • #ContraElSilencioMX Y México despierta contra la censura en Internet

    #ContraElSilencioMX Y México despierta contra la censura en Internet

    Yo creí que el mexicano estaba ya tan desanimado, que se había hecho la idea de que había que acostumbrarse, que estaba quemado, vencido, y que la frustración lo paralizaba. El tema de las leyes secundarias propuestas por Peña Nieto relativas a la Reforma de las Telecomunicaciones llevaba algo así como dos semanas tocándose y nada más la gente no se levantaba. Ciertamente la Semana Santa y demás coyunturas ¿a propósito? pudieron influir. Pero lo que sé es que cuando el individuo regresó de sus vacaciones, se dio cuenta que algunos de sus derechos están en riesgo.

    #ContraElSilencioMX Y mexico despierta contra la censura en Internet

    Gracias también a la campaña orquestada desde la semana pasada para posicionar trending topics como #EPNvsInternet y #ContraElSilencioMX el tema se hizo mainstream y la indignación se generalizó entre todos los ciudadanos que no estamos de acuerdo en la forma en que está gobernando Enrique Peña Nieto, entre la que se incluye la GRAN mayoría de la clase media y alta ilustrada. Enrique Peña Nieto y para los que él trabaja, creen vivir en un mundo paralelo donde los ciudadanos no existen.

    Peña Nieto no asiste a ningún evento con público que no sea controlado, su popularidad cae cada vez más y el escepticismo es cada vez mayor. Algunos pensamos en que lograrían crear expectativas en sus primeros años de Gobierno, pero tenemos un país inseguro, con un estado de derecho totalmente deteriorado, una economía que no avanza, y que para ponerle la cereza al pastel, se quiere censurar a quienes se oponen a él.

    He tratado de buscar argumentos a favor de las leyes propuestas por Peña Nieto y me he encontrado con muy pocas como un artículo de Federico Arreola. Pero la verdad este artículo, que es el más cercano a ser uno que se pueda tomar en cuenta, no convence, y al final pareciera estar escribiendo un spot para el gobierno. Los artículos propuestos son lo suficientemente explícitos y ambiguos a la vez para saber el riesgo que corremos los mexicanos que queremos una democracia y que tengamos peso en las decisiones que se toman en este país.

    Yo lo he dicho. Hasta hace poco (antes de que llegara el manotazo de Peña Nieto) reconocí que esta podría ser una reforma muy benéfica para el país, porque a pesar del ligero sesgo que veía a favor de Televisa, era muchísimo más lo que se avanzaba que lo que se dejaba de avanzar. Ciertamente no es toda la reforma la que está mal, hay puntos buenos en ella. El problema son esos artículos que invitan a la regresión, al autoritarismo, a la antidemocracia, a la dictadura de unos pocos.

    Esto es una muestra de que Peña Nieto y su grupo le tiene miedo a los ciudadanos. Si en realidad estuviera «Moviendo a México» y trabajando por el país, no habría esta animadversión. ¿Por que la censura, a qué le temen? No, no se me haría raro que en algún momento sucediera algo como en Venezuela. Ciertamente nuestra economía no ha llegado a ser la catástrofe que es la venezolana, pero la animadversión crece, nadie cree en el gobierno, las decisiones tomadas por los gobernantes actuales molestan a los ciudadanos, sean de derecha o de izquierda.

    Alguien me dirá que es un ataque ad hominem. Pero ¿Ustedes creen que un Presidente que llegó al poder comprando votos masivamente, cuyo partido solapó a un depravado sexual que utilizaba recursos públicos para sus cochinadas como Cuauhtémoc y lo hizo Presidente del PRI en el DF (cochinadas que seguramente conocieron las cúpulas del partido) va a aprobar esos artículos porque «les preocupa la seguridad de los ciudadanos? No lo creo.

    ¡Qué bueno que México esté despertando! Los ciudadanos podemos demostrar que podemos ser más rectos que los gobernantes, que podemos romper nosotros mismos con esas ataduras, con ese «el que no tranza no avanza», con ese «un político pobre es un pobre político», podemos demostrar que somos diferentes para poder aspirar a tener un gobierno diferente.

    ¡Queremos un México libre, plural, democrático y desarrollado! ¡No vamos a dejar que Peña Nieto y su grupo se salgan con la suya! Nosotros podemos, chingada madre (no me gusta usar mucho majaderías, pero esta vez vale la pena).

  • La particular desigualdad de México

    La particular desigualdad de México

    Ayer subí a lo más alto del Fraccionamiento Bugambilias en la ciudad de Guadalajara, aquí hay un centro comercial que tiene algunos restaurantes y bares donde se puede observar toda la ciudad desde lo alto, lo cual aproveché para tomar fotografías. Naturalmente a primera vista, uno ve toda esa «gran mole interminable» que es esta ciudad, pero cuando tomé el objetivo con zoom potente y lo coloqué en la cámara, me empecé a percatar de las particularidades de esta ciudad y la primera que vino la atención son los profundos contrastes que hay, y que se repiten en casi todas las ciudades de México.

    La particular desigualdad de México

    En la imagen que tomé, se puede apreciar como una residencia domina el horizonte tapizado por cinturones de miseria, como si se tratara de un castillo que se impone sobre sus gobernados, dando la impresión de que se quiere mostrar quien tiene el poder, y quien se tiene que someter a él. Ciertamente la composición de esa fotografía causa esa impresión. Pero aún cuando se trata de un efecto óptico, nos dice mucho, y entra la reflexión del por qué las cosas son así. Por qué hay unas pocas residencias ostentosas, y hay muchas casitas que apenas se sostienen con sus débiles estructuras de ladrillo.

    Vivo en un país en que el gobierno, en parte, ha perpetuado cierto orden social. No se trata tanto de la economía del mercado o del satanizado «neoliberalismo», que ciertamente es poco eficiente para lograr una buena distribución de la riqueza, pero que vaya, el gobierno se ha encargado de hacer aún más profundo este fenómeno que no se ve a este grado en los países más «neoliberales». Muchas de las empresas que ahora criticamos por su condición monopólica, lo fueron gracias a su relación con el gobierno. Azcárraga podría estar en aprietos porque la televisión abierta no tiene mucho futuro en México. Podría pensar en diversificar, y en parte lo hace, pero su escenario óptimo no sería a través de una economía de mercado, sino por medio de la intervención estatal, de un estado, de un gobierno, cuyo Presidente fue colocado por dicha televisora en la silla presidencial.

    Se dice que las ideologías políticas oscilan entre la libertad y la igualdad. Se dice que se requiere sacrificar un poco de uno para obtener un tanto más de otro. Pero en el caso de México tenemos un país donde no hay mucha libertad, y tampoco hay igualdad. Con la intención del gobierno de censurar Internet y los canales de la oposición, podrán hacer más «negocios» a sus anchas, enriqueciendo a empresarios que en un escenario de competencia perfecta tendrían que hacer lo que no saben o quieren hacer: Innovar.

    En México hay millones de negocios, pero gran parte de ellos tienen la función de mera supervivencia para sus dueños. Hay muy poca innovación y desarrollo. Las tortillerías, taquerías, puestos, están condenadas a ser lo mismo. El panadero se la raja todos los días para llevar algo de comer a su casa (aunque sea el propio pan que produzca), se levanta a los albores de la mañana y termina ya entrada la noche. Pero no tiene ni la información ni el conocimiento para hacer que su negocio trascienda a otro nivel. Ciertamente para lograr autorrealizarse con un negocio muchas veces hay que romper con los estándares y los paradigmas que nos rodean. Pero la verdad es que tampoco se han creado los canales para acelerar la movilidad social de tal forma que los que están abajo puedan subir arriba más fácilmente. De hecho parece que el sistema está creado para mantener este Status Quo.

    Muy posiblemente el dueño de la casa que domina el horizonte obtuvo sus recursos honradamente a base de esfuerzo y mérito. Mucha gente acomodada se conduce honradamente. No se trata tanto de usar el falaz argumento de que los ricos son malos y los pobres son buenos. Pero entre las clases opulentas sí hay algunos que acaparan mucho, a costa de muchos. Aquellos que sobornan a los gobernantes para que les den «el contrato», aquellos que tratan de incidir en la política para dirigirla a su favor, aquellos que gastan más recursos y dinero en lobbying (cabildeo) que en invertir en Investigación y Desarrollo y no con la especie de asistencialismo para ricos con el que se han manejado.

    Se trata de romper paradigmas, de buscar un estado que cree las condiciones para que los emprendedores puedan desarrollarse. Que la gente pobre tenga acceso a una mejor educación y que tenga más herramientas para salir adelante. Es un esfuerzo que requiere sacrificio y desapego, pero si pagamos el costo que implica asumirlo, en un futuro nos podría ir muy bien.

  • El Gabo, y el fin de los pensadores

    El Gabo, y el fin de los pensadores

    No, no voy a reseñar la historia de Gabriel García Márquez porque les soy sincero, no he leído un libro entero de él. Hace unos años dejé a medias su obra maestra «Cien Años de Soledad». Creo que hay quienes tendrán más herramientas para escribir sobre él, yo me limito a lamentar su muerte y reconocer que ha sido uno de los intelectuales prominentes de América Latina, que a pesar de ser colombiano, los mexicanos lo adoptamos como nuestro.

    El Gabo, y el fin de los pensadores

    Pero sí puedo hablar de la reflexión que su partida me deja, reflexión que se repite al ver como cada vez más intelectuales mueren sin que haya mucha sangre nueva que pueda relevarlos. Pueden haber muchas explicaciones, algunos izquierdistas podrán aseverar que se trata de ese «neoliberalismo» que convierte todo en objeto de consumo, visión que yo considero limitada. No sé si la natural evolución humana ya no considera tan necesario a los escritores de este calado, o es que como ya todos estamos acostumbrados a leer a los clásicos, que integrar otros nuevos ya sería una calamidad.

    Tal vez tenga que ver con la forma en que manejamos la técnica en este punto de la evolución humana. Posiblemente este romanticismo, el análisis de los pensadores sobre la condición humana (que en parte, han dado sustento a la forma en que nos organizamos ahora) termina siendo opaco ante la visión técnica y científica. ¿Por qué esperar que un escritor nos trate de hablar en un ensayo o una novela, por un decir, del egoísmo intrínseco al ser humano, cuando se puede hacer mejor un estudio cuantitativo o un experimento para determinar qué tan egoísta es el hombre?

    Esa puede ser una de las tantas razones. Tal vez tenga que ver también la creciente aversión hacia el conocimiento general, donde ahora a los individuos se nos invita especializarnos en un área o materia, ignorando los beneficios que nos da la cultura general (como hace algo así como un siglo lo advirtiera Ortega y Gasset). Hasta cierto grado es buena la especialización, pero no al punto en que todo lo demás se ignore.

    Es paradójico que ahora más que nunca el humano goce de un ambiente más propicio para la libertad de expresión, y no sólo eso, sino que tenga tanto conocimiento al alcance de su mano a través de Internet y literatura a un costo módico, y no se puedan forjar nuevos intelectuales. No es que no surjan, sino que nuevos hay cada vez menos y algunos se confundan al ver escritores con un nivel cultural básico, pero con la creatividad suficiente para crear novelas que se conviertan en best sellers, a pesar de su inocuo contenido.

    Gabriel García Márquez de alguna forma representó una corriente de pensamiento latinoamericana, algunos, sobre todo en la derecha, fueron críticos, aunque su talento para escribir hizo que incluso ellos sintieran cierta admiración por éste personaje de quien lamentan ahora su muerte. Otros escritores que todavía están con nosotros como Vargas Llosa, o quienes ya no están como Octavio Paz, representaron líneas de pensamiento que fueron fundamentales para entender a la Latinoamérica de hoy. Los intelectuales no sólo son importantes por sus hermosas poesías o sus novelas amenas, sino porque son parte de ese bagaje que conforma el ADN de una nación, región o continente. Los escritores forman parte de la cultura y la enriquecen, su ausencia puede terminar condenando a una cultura a la banalidad y la superficialidad.

    ¿Quiénes serán los nuevos escritores? ¿Quiénes serán los nuevos Paz, los nuevos Cortázar, los nuevos García Márquez? Es difícil saberlo, tal vez no los haya, o tal vez estén en este momento escribiendo su historia, pero al no haber llegado todavía a la cumbre, no los logramos reconocer. Que descanse en paz don Gabo.

     

     

  • ¡No a la censura en México, defendamos Internet!

    ¡No a la censura en México, defendamos Internet!

    Espero que estés al tanto de lo que está a punto de suceder. El Gobierno Federal quiere darse el lujo de poder censurar Internet y poder desconectar a los ciudadanos. Tal como pasa en países como Siria, China, Egipto o Venezuela. No, no se trata de una teoría conspirativa de «chairos izquierdosos», máxime cuando es el panista Javier Corral, quien ha levantado la voz ante este atropello. Sólo hay que revisar lo que dicen los artículos propuestos por el Presidente Enrique Peña Nieto:

    ¡No a la censura en México, defendamos Internet!

    Artículo 197, fracción VII: Bloquear, inhibir o anular de manera temporal las señales de telecomunicaciones en eventos y lugares críticos para la seguridad pública y nacional a solicitud de las autoridades competentes.

    Artículo 145, fracción III: Los concesionarios y autorizados que presten el servicio de acceso a Internet (…) podrán bloquear el acceso a determinado contenidos, aplicaciones o servicios a petición expresa del usuario, cuando medio orden de autoridad o sean contrarios a alguna normatividad.

    De esta forma, la Secretaría de Gobernación podría tener la capacidad de censurar contenidos en Internet y bloquear la señal durante manifestaciones (como ha sucedido en Egipto, Siria y Venezuela) de tal forma que no se llegue a compartir la información de lo que ahí sucede, dando pie a que las autoridades puedan cometer cualquier tipo de atropello. El segundo artículo es el más preocupante, dado que el Gobierno tendrá la facultad de censurar a aquellos que sean críticos de su régimen, poniendo en grave riesgo a éste canal de comunicación llamado Internet que ha sido trascendental para la construcción de democracia en nuestro país.

    Esta propuesta contraviene los derechos de libertad de expresión que nosotros tenemos como individuos. Por eso es la prisa para que estas leyes pasen, por eso el ejecutivo presentó esta contrarreforma cuatro meses tarde, de esta forma le das poco tiempo al ciudadano para que se organice y defienda sus derechos. No importa que se contravengan las recomendaciones de la OCDE y se contraríe el espíritu de la Constitución Mexicana, ya pisoteada muchas veces en la práctica.

    Estas propuestas nos acercarían un poco más a ese pasado del cual nos costó mucho trabajo salir. Por medio de esta forma controlarían la información generada por los ciudadanos y así dar más poder al duopolio televisivo (Televisa y TV Azteca) como emisora de información, ya que esta reforma, Televisa podrá concentrar todo el mercado en la televisión de paga.

    Esta propuesta es una regresión y es un peligro. Es darle más poder y control al gobierno que cree tener la «moral» para salvaguardar el bienestar de la población (de una manera vertical) cuando algunos de sus correligionarios están implicados en temas como redes de prostitución. Es una ley tan regresiva que ni el gobierno autoritario de Nicolás Maduro contempla en su constitución.

    Los ciudadanos debemos aprender que somos libres y responsables de nuestra libertad, que los gobernantes son servidores públicos cuyos jefes somos todos nosotros. Esta reforma va en sentido contrario, un gobierno controlador, que se asume como nana de los ciudadanos, responsable y protectora de la población, cuando en realidad sólo quieren perpetuarse en el poder y poder hacer lo que quiera a sus anchas.

    Hay que defender con todo nuestros derechos. Comparte esta información en las redes sociales con tus amigos, con tus conocidos.

    Más información:

    http://www.animalpolitico.com/2014/03/bloqueo-de-senal-censura-que-propone-pena-nieto-para-internet/#axzz2xHWNrSIU

    http://javiercorral.org/columna.php?id=7876

    Columna de Jesús Silva Herzog 

    Columna de Ricardo Raphael

    Columna de Juan Villoro

    Columna de Jenaro Villamil