Categoría: reflexión

  • Cuando la puerta de Palacio Nacional se quema

    Cuando la puerta de Palacio Nacional se quema

    Lo que vi ayer me dejó pasmado. No podía creer que la indignación llegara a tanto. Ver la puerta de Palacio Nacional en llamas, por el simbolismo que ello genera, es escalofriante, me deja en shock y habla de como este conflicto político ha escalado a niveles que en lo personal no recuerdo haber visto.

    Cuando la puerta se quema

    Lo peor de todo es que las imágenes subidas por varios usuarios parecen sugerir que se trató de infiltrados (es decir, vándalos pagados con tus y mis impuestos). En ellas vemos que hacen y deshacen con guardias de seguridad permitiéndoles hacer lo que sea, otro vándalo parece tener un micrófono y otro inclusive es protegido por los granaderos. Pero independientemente de que esto haya sido una infiltración, la rabia ante el Gobierno Federal va in crescendo. Ciertamente Peña Nieto no es el principal responsable de la matanza en Ayotzinapa, fue un alcalde del PRD, pero no deja de tener responsabilidad como Ejecutivo Federal, y es que el país se le está yendo de las manos. El actuar de su Gobierno ante la masacre mostró su completa ineptitud (tardaron 3 semanas en anunciar lo mismo que el Padre Solalinde) y eso acumulado a los agravios que siente la sociedad con el gobierno (Elecciones 2012, Reforma Fiscal y mucho más), está poniendo al país en un punto álgido.

    Ciertamente hay algunos líderes que buscan canalizar la indignación a su favor, como López Obrador y otras organizaciones. Pero el curso de estos dos años de Gobierno, y no sólo el de Peña Nieto sino todo en su conjunto (estatales y municipales) nos deja entrever que si seguimos haciendo las cosas igual, la olla de presión va a explotar. A Peña Nieto se le está saliendo todo de las manos, la inconformidad en varios sectores de la población (sean de derecha o de izquierda) sigue aumentando. Lo más razonable (aunque algo utópico pensando en que nadie va a soltar el poder sin más) sería que dejara el poder, se hicieran elecciones, o una coalición gobernara con el fin de resolver este conflicto político, porque la verdad es que el gobierno de Peña Nieto ya no puede.

    La quema de la puerta coloca el conflicto en una nueva etapa, más álgida, más preocupante. Peña Nieto se va (o huye) a China a la cumbre de la APEC, pero por el tamaño del conflicto debería quedarse en México a resolverlo. No lo hace, lo que deja entrever que en realidad no tenemos un Presidente. En este más de un mes de conflicto, la figura de Peña Nieto ha brillado por su ausencia, por su displicencia y por su ineptitud. Un gobierno débil no tiene la capacidad de manejar este conflicto, más bien el conflicto se dio, en parte, gracias a la presencia de un gobierno débil.

    El problema es que de ese México bronco de antaño todavía hay mucho. Muchos claman una revolución, y te invitan a leer la historia para «no repetirla», pero ellos mismos la ignoran, porque de revoluciones como las que anhelan, salió eso que ahora señalan como el enemigo: El Partido «Revolucionario» Institucional. El problema es que corremos el riesgo de repetir la historia, y es que muchos no han sabido canalizar correctamente su indignación.

    Es más difícil construir, y habrá que pensar cómo le podemos hacer para que a partir de esto que tenemos, muy poco, y muy deteriorado; podamos reconstruirnos como país, que México sea un país de leyes y no de corrupción. Es una tarea más difícil y menos catártica que buscar la revolución o la deposición del gobierno a como dé lugar, como si eso por sí mismo fuera a traer el tan deseado progreso del país. ¿Cómo podemos convertir una puerta quemada en un Estado de derecho? ¿Cómo podemos convertir la indignación en ciudadanos responsables? Son preguntas que nos tenemos que hacer, tenemos mucho que resolver: Pobreza, desigualdad, inseguridad, corrupción, impunidad. ¿Quiénes serán los nuevos líderes de México? Porque me queda claro que por el momento no hay, y menos en política.

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  • #YaMeCansé

    #YaMeCansé

    Y es que Murillo Karam se había cansado de responder tantas preguntas.

    En este momento las cosas en mi vida van bien, aparentemente las cosas van por buen rumbo. Pero me pongo a pensar en la tristeza que me da ver que mi país no es parte de esa armonía, es más bien una incómoda disonancia que arruina mi magistral pieza musical. Adquirir nuevos clientes no sabe igual que perder compatriotas míos que fueron matados por el estado, no sabe igual confiar en mis proveedores cuando no puedo confiar en la policía ni en el gobierno. Me da tristeza.

    Y es que como Murillo Karam afirma, yo ya me cansé también, pero me cansé de verlo a él, al Presidente Peña Nieto y  a sus cercanos, verlos hablar, hablar y más hablar, sin notar alguna sensibilidad por la tragedia. Porque de la tragedia hacen política, porque el Padre Solalinde ya sabía lo que el gobierno nos viene a decir unas semanas después, según ellos después de un incansable trabajo. Lo cual pueden significar dos cosas (por separado o a la vez), que fueron profundamente incompetentes, o bien, que manejaron el problema para sacar la mayor rentabilidad política (y si fue así, lamento decirles que no lograron su cometido). También me canse de ver a otros personajes que se aprovechan del dolor de la gente, de los mexicanos y buscan canalizar ese coraje para su beneficio propio: ¿Nombres? López Obrador.

    Porque sí, a mí me gustaría que renunciara Peña Nieto porque ya ha demostrado que es un total inepto como Presidente y temo pensar que faltan 4 años más de su gobierno y el peligro que eso conlleva para México. Pero gente como el ahora líder de Morena ve en ese hecho la oportunidad para redimirse, para aparecer como el salvador, el justiciero, cuando no sólo ha hecho absolutamente nada, sino que tuvo el empacho de no hacer nada cuando le dijeron quien era Abarca (con quien se tomó la foto).

    Todo esto me da una gran profunda tristeza. Me incomoda llenar este espacio de artículos haciendo crítica de los gobernantes, muchas veces no me gusta hacerlo pero siento que tengo que. Lo que más me preocupa es que los gobernantes a la vez son ciudadanos, y de alguna forma son representantes del pueblo de México, no son entes ajenos ni extraterrestres que no tienen nada que ver con el mal llamado «pueblo noble y bueno», lo cual nos hace parte del problema. Hay mejores ciudadanos y peores ciudadanos, pero en promedio es algo como lo que tenemos allá arriba.

    Cuando tú das una mordida al tránsito tienes un poquito de Abarca en tu espíritu, cuando tratas de usar palancas para beneficiarte tienes un poquitín de Peña Nieto, de AMLO, de Javier Duarte, y de todos esos políticos que denostas. Todo lo que está pasando es la culminación de todo lo que hemos hecho mal como mexicanos, de la muestra de que no hemos podido organizarnos lo suficientemente bien como para tener un país fuerte.

    Y es que caray, duele, que el estado les prive de su vida a 43 estudiantes. No importa si recibían teoría marxista o los usaban, seguramente querían una sociedad mejor, querían ser maestros, querían tener un futuro, querían enseñar en sus pueblos. Y el estado les privó de su vida. Ver a Abarca y a su narco esposa detenidos no es suficiente, no sana las heridas.

    ¿Y cómo confiar en el estado cuando una parte de él fue el asesino? No fue Peña Nieto ni el Gobierno Federal, pero sí fue un gobierno producido en parte, por las políticas federales a través de muchos años, por la cultura de la corrupción establecida.

    Esto no es solo culpa del «Regreso del viejo PRI» es todo un sistema que no funciona. Pediría por sus oraciones, pero no sé si eso sea de utilidad en un país tan católico y descompuesto a la vez, un país que debe de dejar de pedir y se debe de empezar a poner «a hacer».

    México cae bajo, muy bajo, pero estos son los momentos en que ya no podemos evadir nuestra realidad, debemos de reconocerla por más dura que sea. Y así como yo y muchos de ustedes como personas pensamos en que ya no íbamos a salir adelante y lo logramos, creo, sí creo, que tenemos la capacidad de superar esto, y que de alguna forma, sea el parteagüas para lograr de éste país, un México mejor, el cual podamos ofrecer y dedicar a nuestros estudiantes, los que se han ido, los que dejamos que el estado matara. Porque a pesar de todo, yo creo que México si tiene futuro.

    Porque no vale cansarse, duele mucho, demasiado, pero hay que mirar hacia adelante.

  • No, si eres de Televisa

    No, si eres de Televisa

    -Como cres [sic] es estrategia del Teletón eso es para que muchos crean que le importa un país en el que Yano [sic y más sic] vive. -Es estúpido y sumamente ingenuo (casi como su nombre) que una persona como él que ha sido un mantenido de este sistema venga a criticar algo que le ha dado de comer toda su mísera vida, puro distractor. –Que se calle ese guey despues de tantas cosas que pasan en mexico asta ahora se queja. –El lacayo de Televisa criticando a EPNdejo??? Qué no son del mismo bando ??. –Todo es parte de su plan , si fuera cierto este seudo actor ya estaría fuera de televisa, ademas ni como creerle a un estupido que siempre lleva agua para su molino.

    No, si eres de Televisa

    Estos son comentarios vertidos en las redes sociales después de que Eugenio Derbez arremetiera contra el gobierno de Peña Nieto. A mí en lo particular me había dado mucho gusto, porque un actor que tiene trabajo en una televisora oficialista tuvo las agallas para decir lo que piensa, lo cual podría comprometerlo. Eugenio Derbez es un comediante con cierto talento (aunque a veces me desespera su estilo de comedia y su película fue un fiasco) que trabaja para Televisa. Trabajando en la televisora ha ganado parte del dinero de su sustento. ¿Tiene algo malo de eso? Por supuesto que no.

    Es cierto que en Televisa se promueven muchos pseudo artistas que lo último que tienen es talento, actores que tienen un cuerpazo pero que no saben pararse en el escenario y logran obtener papeles gracias a «sentonazos» con el productor. Pero no lo son todos, dentro de la televisora han pasado talentos respetables, cuyo respeto no se pierde por haber trabajado ahí.

    Muchas personas, sobre todo aquellos que creen que por ser de izquierda y estar en contra de todo ya son intelectuales, creen que cualquier persona que haya tenido relación con Televisa ya es parte de una confabulación para mantener a la gente en la ignorancia. Ese argumento es simplista, tonto y falso. Es como si a mi me acusaran de ser ratero por trabajar de cajero en un banco donde se descubrió que los principales accionistas lavaron dinero.

    Generalmente algunos emiten comentarios desde ese sector como si el hecho de estar permanentemente en contra de algo les diera una superioridad moral frente a los demás ¿A quién me recuerda eso? Mientras que quienes no piensan como ellos, o quienes creen que no piensan como ellos están vendidos, son rateros, son corruptos. En realidad su capacidad de análisis político es muy pobre y su nivel cultural no es mucho más alto que quien alimenta su intelecto viendo la programación de Televisa. Igualmente tenemos el caso de Chumel Torres, quien fue linchado severamente por participar en unas cápsulas, aunque su línea no haya cambiado en lo absoluto y cada semana se burle del Presidente.

    La realidad nos muestra lo contrario. Muchos actores que han desfilado por Televisa se han vuelto críticos del sistema, personajes como Kate del Castillo quien participó en la cinta Colosio y arremetió con el ahora Presidente de la República. Basta ver el elenco de La Dictadura Perfecta, donde muchos de los actores pertenecen o pertenecieron a Televisa.

    Varios de quienes trabajan en la televisora no necesariamente piensan lo mismo que sus patrones y no necesariamente están de acuerdo con Emilio Azcárraga, y se entiende que se abstengan de emitir comentarios que puedan comprometer su trabajo con la televisora. Pero peor aún, algunos creen que todos esos actores les deben algo porque «el pueblo» los mantiene nada más porque ven la programación de Televisa. Eso es un absurdo.

    Es una postura fácil y comodina estar en contra de todo por estarlo y repetir las mismas frases que todos repiten, sin ni siquiera ponerse a pensar o razonar (y aún así subestimar el intelecto de quienes no piensan como ellos. Pero no, como Eugenio Derbez es de Televisa, no tiene derecho a criticar al gobierno, ni tampoco a lo contrario, no, no tiene derecho a nada -lacayo, partícipe de la «inposisión», peón de la cortina de humo neoliberal, fascista.

  • Los taxis 2.0

    Los taxis 2.0

    Un ejemplo de esos casos donde la innovación del individuo pone a temblar los intereses de aquellos que se niegan a cambiar.

    Los servicios de taxi que he usado constantemente son los de Guadalajara (mi cuidad) y los de México D.F. Los he tomado en otras ciudades muy esporádicamente y el servicio en general es igual. Hay algunas ligeras variaciones, por ejemplo, en Guadalajara los taxis son un poco más caros que en la Ciudad de México. Pero coinciden en que los gremios son una mafia y están sostenidos por intereses clientelares (no es de sorprender que muchos voten por el partido que gobierna la ciudad o el estado).

    Taxi 2.0

    El servicio entre cada taxista puede ser muy diferente, los hay honrados, existen quienes buscan sacarle el mayor dinero posible al cliente, los que son serios, los que tienen un mayor expertise en política que en manejar automóviles, los hay cafres, los hay habilidosos al volante. Algunos agregan aroma al automóvil (lo cual no siempre es agradable) a otros les puede oler la boca lo que se soluciona parcialmente al abrir la ventana, los hay de todo tipo; pero haciendo un promedio, el servicio no es muy bueno, aunque eso sí, en muchos casos son eficientes para trasladarte a tu destino en el menor tiempo. El modelo de servicio no ha cambiado en lo absoluto desde que nací, lo único que cambian son las flotillas.

    Luego llegan los nuevos modelos de transporte privados que vienen a tratar de revolucionar éste tipo de transporte. Mi amiga Fernanda me había pasado un código de promoción de Uber, un servicio ya extendido en varias ciudades del mundo, y me dispuse a usarlo. Agarre mi smartphone para solicitar el servicio y en 5 minutos el automóvil ya estaba en mi casa (así de rápido), el automóvil era más lujoso y estaba mejor cuidado que el de los taxistas comunes y corrientes. Me ofreció una botella de agua (incluida en el servicio) y me preguntó si quería que se prendiera el aire acondicionado o bajáramos las ventanas. Además el taxista sabía gracias a la aplicación, el destino al que quería llegar.

    La experiencia fue totalmente diferente, aunque el chofer no tenía la habilidad al volante que tienen los taxistas (lo cual no es necesariamente malo porque dicha habilidad muchas veces la adquieren y la aplican rompiendo las reglas viales)  y también me dio la sensación de que se le dificultaba orientarse un poco más. A pocos kilómetros de llegar al destino tomó mal una avenida lo cual alargó el trayecto (si no fuera por mi código de promoción, se hubiera visto reflejado en el costo), pero a pesar de ello, siempre fue muy amable y me pidió desde el celular que evaluara el servicio (le di 4 de 5 estrellas).

    Me sentí mucho más en confianza que en un taxi tradicional, el viaje fue mucho más cómodo y sabía de antemano que el precio iba a ser justo, porque este está determinado por la distancia medida vía GPS, y no por los caprichos del taxista o el taxímetro que puede ser manipulado. Debido a que usé un cupón el viaje fue gratuito. El costo es ligeramente superior a los taxis tradicionales (excepto cuando estos últimos te quieren ver la cara) pero si tomamos en cuenta la diferencia de calidad en el servicio, pareciera ser inclusive barato para lo que se ofrece. Por ejemplo, un taxi normal generalmente me cobra $120 pesos para llevarme desde mi casa a la Central Camionera, mientras en Uber, el costo oscila entre los $125 y $157 pesos (dependiendo del tráfico y otros factores). La diferencia no es mucha.

    Los taxis son una de las industrias más reguladas en el mundo, prácticamente no tienen (o tenían) competencia. Por eso no es de sorprender que se manifiesten para que el Gobierno del Distrito Federal prohiba el servicio (caso que se ha repetido en otras ciudades como Londres). El problema es que los taxistas tan poco se preocuparon por mejorar su servicio, que ahora que ya tienen competencia se ven en serios aprietos. No sé hasta que punto el servicio privado de taxis les quitará clientela a los tradicionales, pero con el paso del tiempo, éstos últimos tendrán que acostumbrarse a ofrecer un mejor servicio.

  • ¿Por qué lanzar piropos en la calle es muy corriente?

    ¿Por qué lanzar piropos en la calle es muy corriente?

    -Ay mamacita chula, esas nalguitas, ese culito. -Qué hermosa estás, estás bien buena. -Te bajaría el cielo y las estrellas. ¿Lo han escuchado? ¿Les suena familiar?

    Es cierto, si la dinámica fuera a la inversa (que las mujeres lanzaran piropos a los hombres) algunos terminarían fascinados (bueno, depende del atractivo de la persona que lanza el piropo), pero posiblemente nunca nos llegaría molestar tanto como molesta a las mujeres, que generalmente se sienten amenazadas y con mucha razón.

    ¿Por qué lanzar piropos en la calle es muy corriente?

    Lanzar piropos a las mujeres es muy corriente por muchas razones:

    La primera es que nunca vas a lograr conquistar a una mujer gritándole piropos en la calle. A menos que seas algún artista famoso o una persona con un cuerpo envidiable, pero aún así la tendrás muy difícil y la mujer se sentirá muy incómoda.

    Entonces me pregunto cuando veo a las personas que lanzan piropos ¿Qué ganan con eso? ¿Buscan saciar su frustración sabiendo de antemano que la mujer a la que le lanzan el piropo nunca les hará caso? ¿Se trata de una severa torpeza de conquista? La respuesta a esta última cuestión posiblemente sea negativa, dado que muchos de los que lo emiten son casados o han tenido relaciones de pareja. Pero más bien tiene que ver con la diferencia entre la posición social u otros atributos como la belleza, y claro, con la falta de educación. Aunque la frustración creo tiene algo que ver. Un conocido en la escuela lanzaba piropos corrientes a una mujer y yo le decía -Hey, para que le dices esas cosas, así nunca te va a pelar, al contrario. -Por eso Cerebro, como ya sé que nunca me va a pelar, entonces pues me vale madre y le digo lo que quiera.

    Se supondría que con un piropo, el hombre buscaría halagar a la mujer. Pero la segunda razón de por qué son muy corrientes es porque en realidad dichos piropos que escuchamos constantemente en la calle sirven para mostrar el deseo sexual (naturalmente imposible) de quien emite el piropo hacia la mujer que lo recibe. Y por ello es muy incómodo para la mujer, y por eso se siente amenazada incluso con miedo a ser violada. Eso hace que muchas mujeres se la piensen dos veces para decidir como irse vestidas a la calle o decidan irse acompañadas de algún hombre.

    Es cierto que los hombres nos fijamos más en el físico de la mujer que lo que lo hacen ellas en nosotros. Es totalmente natural que nos llame la atención el busto de una mujer o sus piernas, pero hay lineamientos de respeto para con las mujeres, y que alguien lance piropos para indicarles explícitamente a las mujeres que es lo que más les excita de su cuerpo es algo por demás corriente y representa una severa falta de respeto que afecta la integridad de las mujeres. A lo mucho el que lance los piropos tratará de guardarse mentalmente la imagen de la mujer a la que piropeó para tener fantasías, sueños húmedos o masturbarse, pero para eso no es necesario que el individuo emita tan corrientes piropos.

    El hombre no gana nada al pronunciar piropos tan corrientes, pero la mujer sí pierde, y es que al sentirse amenazada debe de cambiar sus patrones de conducta con el fin de evitar riesgos.

     

     

  • La diferencia entre ser apolítico y apartidista

    La diferencia entre ser apolítico y apartidista

    Mucha gente que no está al tanto de la política y no le importa, suele decir que «todos los partidos políticos son lo mismo, me dan igual». La gente apolítica es aquella a la que no le interesa la política, a pesar de que esta influye de forma considerable en su vida.

    La diferencia entre ser apolítico y apartidista

    Lo apartidistas pueden llegar a hacer una afirmación parecida, pueden pensar que todos los partidos políticos son lo mismo (y que el 91% de los mexicanos los perciban como corruptos, la cifra más alta en el mundo, sustenta dicha afirmación). Pero hay una gran diferencia. Quienes somos apartidistas sí que estamos muy interesados en la política, aunque duela verla.

    Quienes somos apartidistas lo somos por varias razones: La primera puede ser que la oferta ideológica de los partidos no nos guste o no vayan muy de acuerdo a nuestra filosofía de vida. La segunda, y creo la más importante, es que el nivel de deterioro en los partidos (que incluye darle la espalda a sus principios ideológicos fundacionales) ha llegado a un punto en que los percibimos como algo no muy distinto. Tal vez el PAN conserve un poco de ese talante conservador y el PRD un poco de ese nacionalismo rapaz, y en función de eso tengamos el criterio para percibir algunas diferencias, pero que no son las suficientes para poder depositar las esperanzas en algún partido.

    Los apartidistas no necesariamente dejamos de ir a votar o anulamos nuestro voto. En algunos casos escogemos al político que logre acercarse un poco (aunque esté más «para allá que para acá») a nuestras convicciones. En otros casos escogemos a un político no por simpatizar con él, sino para evitar que llegue aquél otro que consideramos más peligroso. Los apartidistas más bien anhelamos una realidad que los políticos actuales no son capaces de ofrecernos. No tenemos que pensar en un mundo utópico, más bien tratamos de ser realistas, pero las opciones actuales no son capaces de buscar cambios posibles dentro de nuestra realidad.

    Los apolíticos son muchos, son aquellos que incluso te miran con recelo sugiriéndote que «no te quejes de la situación» aunque serán los primeros en brincar en ese momento en que sus decisiones terminan alterando el curso de sus vidas. En algunos casos ellos podrán simpatizar con un partido por tradición o por costumbre, pero no estarán al tanto de lo que sucede. Algunos prefieren alejarse del tema por considerarlo «negativo» y porque creen alterará el «equilibrio de sus vidas».

    Los apartidistas nos involucramos más, incluso pueden tener la capacidad de formar un músculo ciudadano, mientras que los partidos políticos por más que presuman de abarcar todo el espectro ideológico, pueden hacerlos a un lado, un ejemplo es su muy tibia reacción ante la Masacre de Ayotzinapa.

    En el México actual se necesitan más apartidistas y menos apolíticos. Estar al tanto de la política debería de ser una obligación moral del ciudadano (porque influye en su vida y en su sociedad) y no debería de estar relegada a ciertos círculos intelectuales y de opinión.

     

  • Cuándo los ciudadanos ya no quieren a su gobierno

    Cuándo los ciudadanos ya no quieren a su gobierno

    En lugar de irme de fiesta este viernes y conocer chicas bonitas, me quedaré aquí pensativo para compartirles mi reflexión. Bueno, la verdad es que saldré de fiesta mañana y hoy descansaré porque tuve una semana cargada de trabajo, y quiero aprovechar para hablar del ánimo del mexicano actual. Me pesa, me pesa muchísimo ver esto. Las opiniones de las personas me dejan un sabor agridulce porque por un lado parece que han tomado conciencia de lo que está pasando en nuestro país, pero por otro lado noto una frustración muy grande y una gran desesperanza en sus palabras.

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    Si el Chicharito y Fher de Maná muestran su profunda solidaridad con los jóvenes de Ayotzinapa (el primero es de llamar la atención porque no es común que un futbolista se manifieste abiertamiente sobre un tema que el gobierno quiere relativizar) es porque la indignación ha escalado a niveles inusitados. No sé si el gobierno sea consciente de eso, porque a pesar de que los reflectores apuntan al Gobierno Estatal y al de Iguala, al Gobierno Federal se le ve como parte del problema y no como parte de quienes buscarían una solución. Para la masa cada vez más creciente de ciudadanos indignados por la masacre de estado (tan heterogénea ya) el Gobierno es más bien visto como una suerte de enemigo, en el mejor de los casos como unos ineptos que no saben como resolver el problema.

    Muchas veces lo he comentado, para que un país funcione, la sociedad debe de tener cierto nivel de confianza en sus instituciones (aunque no simpatice con el partido de quien las preside). Para que exista un estado de derecho, esto es algo completamente necesario. Pero la gente no confía. Ver esa chocante pero necesaria leyenda en el Zócalo de la Ciudad de México que dice «fue el estado» refleja el nivel al que ha llegado el distanciamiento entre el estado y los ciudadanos. Los ciudadanos se consideran como un ente aparte del Estado y no como una suma que forma a éste país llamado México.

    Es un círculo vicioso, si el ciudadano siente que la autoridad no lo respeta, entonces el ciudadano no respetará a la autoridad y pasará por encima de ella para satisfacer sus necesidades.

    Cuando salgo a la calle, cuando toco el tema con mis clientes, cuando platico con amigos y familiares, siento en ellos eso mismo que yo siento, una muy fuerte desesperanza, una rabia ante lo que está sucediendo en México, un agudo sentimiento de desamparo porque percibimos que el gobierno no hace su papel. Ciertamente no podemos pensar en el gobierno como un ente paternal pero sí podríamos aspirar a crear una sinergia entre lo privado, lo público y lo ciudadano. Los políticos pareciera que viven en otro mundo, Peña Nieto se toma selfies con seguidoras suyas en Monterrey mientras la gente está en las calles, la gente está molesta, gente que supondría que el Presidente y su equipo estarían trabajando arduamente en solucionar el problema.

    Tiene razón lo que dice Diego Petersen en su columna, no se puede cambiar la narrativa si no se cambia la realidad. Los spots nos hablan de un México reformado y un México moderno mientras los ciudadanos vemos repetidas esas masacres que eran constante en los años sesenta y setenta. Eso más que esperanza causa que la gente se sienta insultada, percibe incluso cierto grado de cinismo lo que coadyuva en un alejamiento de la sociedad con el gobierno al cual ve muy lejano. Ya no importa si es PRI, PAN, PRD, MORENA o uno de esos tantos «partidos negocio» como el Partido Verde. El ciudadano se siente solo.

    Dicen que el pueblo tiene al gobierno que se merece. Es una premisa correcta pero sólo parcialmente. El hecho de que hayan cada vez más personas que se indignan, que piden ayuda, que tratan de hacer algo, nos habla de que no necesariamente es tan así. Incluso yo he hablado de una nueva generación en México que puede hacer las cosas diferente, el problema es que quienes están allá arriba (que aunque sean jóvenes, son parte de un clan rancio y ancestral como el mismo caso del Presidente) no están dispuestos a ceder poder.

    Y ciertamente los ciudadanos son quienes podrán enderezar esto. ¿Los políticos? No hay voluntad en ellos, y los que si la tienen son lo suficientemente menores en número como para que no puedan pesar lo suficiente. Dentro de todo lo malo, la buena noticia es que siempre habrá un punto en que nos podamos indignar lo suficiente como para tener el deseo de que las cosas cambien.

    Estamos solos, pero lo bueno es que cada vez somos más.

  • La RAE y el amigovio del papichulo

    La RAE y el amigovio del papichulo

    -Si mi hija usara términos como «papichulo» le lavaría la boca con jabón-.

    La RAE y el amigovio del papichulo

    Se supone que vamos evolucionando como especie, pero parece que el lenguaje no va necesariamente en la misma línea evolutiva. Por el contrario, parece que éste se va empobreciendo con el tiempo. Algunos me argumentarán simplicidad, y posiblemente en algunas áreas un lenguaje más simple tiende a ser más efectivo, pero la forma en que los humanos vamos degenerando los idiomas que hablamos hace que tengamos menos recursos para expresarnos y darnos a entender.

    Simplicidad no implica escribir con faltas de ortografía. «Si yo hiba a decir k la RAE apesta» no estoy simplificando, simplemente estoy mostrando mi ignorancia. Si abuso de los «emoticons» en los chats y los uso para suplir el lenguaje en vez de usarlos como complemento, no estoy simplificando, estoy mostrando mi incapacidad para expresarme porque mis recursos lingüísticos son muy pobres.

    Que la RAE admita en su diccionario palabras como amigovio, papichulo, o basurita, términos coloquiales y corrientes usados por ciertos sectores de la población; nos habla de como se está permitiendo que la lengua española se degenere. Se entiende que se incluyan términos como wifi o hackear, que son anglicismos que ya han penetrado demasiado en nuestro idioma. Pero eso no significa que se deba de admitir cualquier palabra corriente, utilizado por un personas con una cultura magra y con desconocimiento de su propio idioma.

    El idioma español es un idioma muy rico (mucho más que el inglés) que nos permite expresarnos de diferentes formas, el problema es que el buen uso del lenguaje se limita ya sólo a algunos círculos mientras que la gran mayoría (sobre todo en el tercer mundo) no sabe dominar bien su propio idioma, y por lo tanto inventa estos términos raros y coloquiales (una forma eufemística de decir corrientes). El problema es que estas organizaciones como la Real Academia Española que se suponen son las que velan por el idioma, deberían de promover su buen uso, en vez de se adapten a la degradación causada por las masas.

    Las nuevas tecnologías deberían de ayudarnos a mejorar nuestro lenguaje, no a empeorarlo. Y en lo personal no creo que sea culpa tanto de las tecnologías sino de las personas que las usan. No sé ustedes, pero a mi me molesta ver que muchas personas escriban palabras como «hiva» o «haber dime» y luego te argumenten que es porque en el chat (Whatsapp, Facebook y similares) tiendes a escribir más rápido.

    Con el uso del idioma es fácil deducir si con quien estás hablando es una persona cultivada o es una persona ignorante. Si una persona «ezcrive hasí» para plantear un argumento, automáticamente perderá legitimidad ante los demás debatientes incluso si dicho argumento es correcto. El problema es que el fomento para que la gente sea más culta es menor que el que hay para que las personas sean más ignorantes (y por lo tanto, más fáciles de manipular).

    Pero la coyuntura le dio al grandilocuente papichulo la inverosímil oportunidad para que su extendido uso en el pópulo coadyuve en su aparición en el supremo diccionario de la RAE.