Categoría: reflexión

  • Enseñen a los niños a socializar ¡Por favor!

    Enseñen a los niños a socializar ¡Por favor!

    No, no soy pedagogo ni tengo años dando clases. Es algo más básico, el sentido común, el que le da sustento a mi argumento. Es que en este mundo moderno, las habilidades sociales son indispensables; y eso es algo que las escuelas y la sociedad pasa por alto. El típico niño diez retraído, que siempre cumple con las tareas y aparece en el cuadro de honor, es el ejemplo y orgullo de muchos maestros y padres de familia, cuando en muchos casos (no en todos) dicho modelo podría no tener tanto éxito en la sociedad.

    SECUNDARIA6

    Qué los papás y la escuela le pidan a los hijos que se esfuercen en la escuela está muy bien,  de ninguna manera estoy negando eso. Pero predecir el éxito de un niño o adolescente en el futuro en base a un número es algo incorrecto. Pensar que el niño diez automáticamente tendrá el pase al éxito es un error. Las calificaciones generalmente miden que tanto un estudiante ha podido retener la información que se le ha enseñado (ojo, retener, no necesariamente comprender), y si bien pueden dar una medida aproximada de su esfuerzo o de su inteligencia, no es garantía alguna de éxito.

    La otra vez pensé en mis compañeros de la preparatoria y la universidad y los comparé con lo que ahora son. En realidad no vi alguna relación contundente entre calificaciones y éxito laboral. Hay sí, quienes fueron unos nerds y ahora lo han seguido siendo y les va bien. Pero hay muchos otros que eran muy aplicados y no han logrado despegar. En cambio muchos de los que ahora les va bien (con algunos de ellos he hecho negocios y se conducen de manera muy profesional) nunca destacaron en las calificaciones. Incluso en algunos casos esa «rebeldía» que mostraron en la escuela coadyuvó en cierto éxito en la vida real, y es que en el mundo actual donde la revolución industrial quedó atrás y vivimos una era de la innovación y emprendimiento, ser una persona cuadrada y apegada a conceptos preestablecidos puede ser contraproducente.

    En cambio me he dado cuenta de como las habilidades sociales son importantes. Yo en la escuela nunca me destaqué por ser sociable, e incluso saliendo de la universidad era una persona retraída. Siempre me he considerado una persona talentosa, pero no fue hasta que me esforcé en desarrollar mis habilidades sociales que mi vida profesional comenzó a destacar. Crear redes de contactos, conocer gente, dar a conocer mis servicios, todo eso me ha ayudado mucho y ¿me enseñaron eso alguna vez en la escuela? Nunca.

    Los conocimientos son esenciales en el desarrollo de una persona (lo que se traduce en el desarrollo de una comunidad y del país), pero no sirven de mucho si esos conocimientos no salen de la mente de quien los posee y se traducen en cosas tangibles, en ideas, en productos o servicios, en políticas públicas, en desarrollo para la comunidad. Para eso el individuo debe de poseer ciertas habilidades sociales. Una persona retraída e insegura tendrá poco éxito para lograrlo.

    Cierto, habemos personas introvertidas y extrovertidas, condiciones que están determinadas en parte por la genética. Pero una persona introvertida, quien es generalmente más rica en conocimientos, aunque no sea su fuerte o su gusto socializar con quien se le ponga al frente, si tiene la capacidad de saber moverse y saber persuadir. Muchos de los empresarios o líderes exitosos son introvertidos. Muchas personas que tienen una gran capacidad para hablar en público son introvertidos y en reuniones informales pueden ser más bien observadores que conversadores. Ojo, que no es lo mismo ser introvertido a ser tímido (el primero no es un defecto y es una condición natural, el segundo sí lo es y es una condición que se puede modificar).

    En las escuelas deberían enseñar a los estudiantes a saber socializar, a ganar seguridad personal, a confiar en ellos mismos. Deberían enseñarles a ser más empáticos con las demás personas, deberían enseñarles a saber vender sus ideas. Un estudiante no es un número, su capacidad va más allá de un diez o un siete. La formación de un estudiante debería ser más integral y se le debería preparar en todos los flancos y no limitarlos a retener información (que insisto, no significa necesariamente comprender conocimiento). Un niño diez retraído y poco seguro de sí mismo difícilmente logrará sobresalir en lo profesional.

  • En México no sirve ser honesto

    En México no sirve ser honesto

    No sé, no sé que hago escribiendo en este blog. Tal vez estoy perdiendo mi tiempo quejándome de lo que está pasando en este país. Pero sí, si la teoría evolutiva habla de la ley del más fuerte y no de la ley del más honesto; entonces debo de dejar de hacerme tonto y me debo de volver un cabrón, un hijo de puta, porque esos son los que destacan. Porque esos son los que están en la cúpula del poder y los que hacen lo que se les pegue la gana.

    En México no sirve ser honesto

    Veía el cochecito de Raúl Salinas con el que se paseó en Santa Fe. Un BMW deportivo que cuesta más de dos millones de pesos. Raúl Salinas no trabaja, pero le sabe a eso del poder, tiene influencias, tiene a su hermano. Es un cabrón. Mientras yo pago mis impuestos cabalmente y participo en organizaciones civiles y tengo que contar bien mi dinero, él no hace nada y lo tiene todo. Mi esfuerzo no se ve muy redituado, el poco esfuerzo de Raúl Salinas lo tiene en la cumbre del poder. Supo moverse, supo hacer contactos, supo tener a sus incondicionales, supo traicionar a aquellas personas que sería una gran ventaja traicionar.

    Después veo a nuestro Presidente Peña Nieto. Guapo, galante. A pesar de no ser una persona inteligente o culta, es el Presidente de este maldito país. ¿Qué no lo quieren? Les apuesto que Peña se pitorrea sobre las masas, y lo único que le preocupa es que puedan representar un riesgo para la cúpula del poder. ¿Que me tratan como imbécil? Yo los tengo agarrados de los.. ¡A mí esos revoltosos me la pelan! Yo tengo mi casa blanca, mi otra casa en Ixtapan de la Sal, tengo belleza, dinero, un séquito de mujeres de clases marginadas a quienes detesto, pero quienes se masturban pensando en mí y por lo tanto me dan los votos que necesito para mis intereses políticos. Me harán un muñeco y me quemarán, me harán una peñata y me romperán en las posadas, pero apostaré el tiempo y la gente olvidará. Ayotzinapa va quedando en el olvido. Tal vez la historia no me juzgue bien, pero mis millones me darán prosperidad a mí y a mis descendientes.

    Luego veo a otras personas que se convierten en líderes mesiánicos con un discurso que raya en las mas insulsas obviedades. Con una inteligencia no muy superior al del galante de Atlacomulco, el eterno Presidente Legítimo López Obrador es adulado por las masas. No será Presidente, pero puede tratar de ser Dios. ¿Y qué ha hecho de su vida? Trato a mis seguidores como botín político, y tal cual predicador, los comparo con la mafia en el poder si dudan de mí tal cual Judas.

    Y si los que tienen el poder, las influencias, el dinero no lo hicieron precisamente en un acto de honestidad. ¿Por qué yo tendría que serlo? La honestidad y la humildad es para los débiles. En lugar de estarme quejando, debería engañar a mis lectores y vender artículos a quienes suelten más dinero, para así meterles falsas ideas a la gente (ups, lo dije en voz alta). Si a los del Mitófago les funciona ¿Por qué a mí no?

    Debería ser un cabrón, porque en México no hay espacio para personas honestas. En México ser un emprendedor honesto, un periodista, es ser débil. Sólo te adulan los demás débiles, los que se quejan del sistema. No, los buenos nunca ganan, esas son mentiras de películas Hollywoodenses que nos metieron basura en la cabeza, y dicha basura tenía intenciones políticas ocultas. Los malos de la película en realidad son los ganadores, y los buenos son los que se mueren al final. El mundo es de los cabrones, de los que se saben chingar a los débiles. ¿Quiero ser un cabrón o un débil? La respuesta debería de ser obvia.

    Debería ser un Salinas, un Peña, un López Obrador, un Azcárraga, un Berlusconi, un Hitler, un Mao. Debería pasar por encima de los demás, debería demostrar que soy más humano que los demás pobres seres estúpidos. Porque gente adulándome por mi dinero o mi poder es mucho más importante que los likes recibidos en Facebook por artículos titulados «Peña Nieto robó…».

    Porque le voy a cambiar el nombre a este blog, posiblemente suene muy bien «El Cerebro Tranza».

  • El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    Todos los individuos tenemos una forma de ser. Nuestra personalidad fue moldeada por varios factores: El temperamento, el carácter, la educación recibida tanto en la familia como en la escuela, las personas con quienes nos llevamos (familiares, amigos), nuestras experiencias, la influencia externa de los medios y corrientes de opinión y un sin fin de factores más.

    El caprichoso afán de etiquetar a las personas

    Dicen que los individuos somos únicos e irrepetibles, pero varios somos muy parecidos, más parecidos que otros. Por esto puede existir cierta predisposición para clasificar a los individuos en grupos relativamente homogéneos, sobre todo cuando tenemos cierta tendencia a juntarnos con gente parecida a nosotros, o que comparten rasgos (de personalidad, gustos o preferencias) en común. Pero al final no dejamos de ser únicos y creo que ponerle etiquetas a la persona, puede relativizar y trivializar su esencia.

    Al ver el spot que el partido Nueva Alianza lanzó, me vino a la mente este vicio (por llamarlo de una forma) que tenemos los seres humanos: «¿Fresa o pandrosa?, turquesa (en referencia al color del partido); ¿Dark o punketo?, turquesa. Y es cierto que los humanos podemos agruparnos en tribus urbanas, lo cual hace fácil clasificarnos, pero no siempre lo hacemos así y de todos modos terminamos siendo clasificados en algo, para que después el mercado se encargue de consolidar dicha clasificación y convertirla en un nicho.

    Una amiga me decía: -Técnicamente hoy me clasifican como hipster, pero yo siempre he sido así desde antes que yo conociera ese término, y me molesta, porque yo tenía mi propia forma de ser sin tratar de pretender ser nadie, y ahora resulta que soy parte de una tendencia.

    Y es que si nos fijamos, a la gran mayoría de las personas ya nos han etiquetado como algo sin siquiera pretender ser parte de algún movimiento, tribu o tendencia. Si gusto de ir en bici por mi café ya soy considerado un hipster; por el contrario, si uso la primera ropa que me encuentre para ir al Oxxo (unos pants y una camisa blanca) ya soy normcore. Si soy una persona que tengo un cuidado excesivo de mi imagen, soy un metrosexual; pero si decido dejarme la barba y tener un aspecto un poco soy más despreocupado, entonces me he convertido en un lumbersexual.

    Cuando estas etiquetas se vuelven tendencia, entonces las grandes marcas que ya han agrupado a los individuos en nichos de mercado, encuentran un pretexto para vender moda y reafirman dichas etiquetas. No importa que se trate de prendas caras dirigidas a quienes aparenten vestir despreocupadamente. Posiblemente Dolce & Gabbana lance una chamarra fodonga dirigida al mercado de los normcore, pero con un precio desorbitante ¡Y posiblemente se venda! Porque al señalar a los individuos con etiquetas, se crean tendencias, y a partir de ese punto, muchas personas querrán ser parte de esa tendencia (a pesar de que antes nunca se habrían identificado con ella).

    Pero en realidad los humanos somos únicos e irrepetibles, nuestras historias de vida, nuestros rasgos y nuestro temperamento podrá hacer que tengamos muchas cosas en común con otras personas, lo cual nos persuada a tener lazos con ellas; pero nunca serán lo suficientemente similares como para justificar una etiqueta que predefina nuestra personalidad.

  • Aprender a tener criterio

    Aprender a tener criterio

    Caray, el criterio y el sentido común son muy importantes, más cuando se discuten temas importantes y trascendentes. Cierto, todos tenemos nuestra forma de pensar y nuestras opiniones pueden estar influenciadas por nuestras creencias y nuestras convicciones; pero eso no implica siempre dejar hacer un ejercicio mental necesario y menos implica dejarse de llevar por las emociones. Cuanto más se analiza la información que se recibe, se puede llegar con mayor facilidad a la verdad. El problema es que la verdad no siempre tiene que ser lo que nosotros queramos que sea.

    Aprender a tener criterio

    Cuando este ejercicio no se hace, el individuo puede terminar adoptando clichés y repitiendo lo que todos dicen bajo la falsa premisa de que «si es popular, debe de ser cierto». Cuando este ejercicio no se hace, el individuo termina cayendo en generalizaciones (si éste individuo es malo, entonces todos los que tienen relación alguna con él deben de ser necesariamente malos). Aunque estas personas puedan sentirse iluminadas intelectualmente porque su postura es contestataria o confrontativa, se terminan volviendo predecibles (ya sabes que te van a responder). De esta forma es más difícil luchar, y más fácil ser presa de intereses ajenos sin que uno se de cuenta.

    Por ejemplo, en las redes sociales, muchos individuos criticaron al embajador Carlos de Icaza por participar en la manifestación en París. Una de las criticas que le hicieron fue esta:

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    Aclaro, como ustedes ya saben que yo no simpatizo con Peña Nieto ni su gobierno, lo cual queda constatado en éste blog.

    Esta crítica puede parecer válida a priori, sobre todo si se generaliza y la crítica se hace por medio de clichés. Pero es muy fácil encontrar falacias dentro de ésta:

    Primero, que recuerde, Carlos de Icaza no es priísta (haciendo un ejercicio en Google no encontré alguna relación), más bien es un diplomático y fue embajador mexicano, actualmente es subsecretario de Relaciones exteriores. Carlos de Icaza tiene ya una amplia experiencia en la diplomacia, no se formó en el PRI, ni creció dentro de la política como un priísta tradicional.

    En los comentarios de los usuarios (algunos lo llaman fascista o arrastrado) le recriminan por qué no salió a la manifestación de Ayotzinapa y a la de París sí. ¿Vendido? ¿Represor?. No. Sentido común.

    Que Carlos de Icaza trabaje en un gobierno cuyas cabezas sean deleznables no implica que todos los que trabajan dentro del Gobierno sean malos o satánicos, ni el Gobierno necesariamente va a colocar a puros personajes corruptos en todos los puestos. Luego, ¿Dónde puede ser más útil Carlos de Icaza? ¿Siendo uno de tantos más que nos manifestamos, o desde la diplomacia? La respuesta es fácil de contestar, además que si saliera a las calles podría correr el riesgo de perder su puesto y por lo tanto, perder la posibilidad desde donde puede incidir más. Yo no conozco la opinión de Carlos de Icaza sobre Ayotzinapa, pero es absurdo pedir que todos los funcionarios se manifiesten.

    Yo conozco personas que trabajan en el servicio público, que no simpatizan con el partido que asumió el poder, pero que realizan un papel positivo dentro de éste. Yo les puedo preguntar que opinan sobre Peña Nieto por un decir, y a mí me van a dar una opinión muy desfavorable, pero no van a mentar madres de él en las redes sociales porque naturalmente aportarían mucho menos que lo que hacen dentro del gobierno. Y estoy hablando de personas que tienen ideales y que no van a buscar hueso o un puesto político.

    Nosotros podemos salir a las calles y manifestarnos, y de verdad que bueno que lo hagamos, malo sería que no lo hiciéramos. Pero hay que entender que hay gente que no puede comprometer su puesto y tiene que actuar de forma inteligente. Es curioso que muchos hablan de la «simulación del PRI» pero a la vez les piden que simulen en vez de que trabajen. Que la gente «vea» que Carlos de Icaza se sumó a la manifestación cuando él puede aportar más desde su puesto.

    Yo sé que la gente está enojada. Yo estoy muy molesto con todo lo que está pasando, yo estoy molesto con la desaparición de los estudiantes, con el conflicto de interés de la Casa Blanca que debería derivar en la renuncia (o licencia) de Peña Nieto. Pero eso no significa que me deba de llevar por las emociones y deba de cancelar mi espíritu crítico. Porque el espíritu crítico no sólo se debe de usar para cuestionar al gobierno, sino para cuestionar a uno mismo, para cuestionar lo que no nos gusta cuestionar.

    Me entristece ver en las redes sociales tanto sentimiento de repudio irracional, palabras como «fascista, arrastrado, hipócrita, asqueroso». Esos sentimientos tan instintivos y primitivos son fácilmente aprovechados por intereses que se benefician de ellos. Éste caso que expongo es relativo a esa cosa que llamamos izquierda, pero no es exclusivo de izquierdistas.

    Y es que hay que aprender a tener criterio. Hay que leer (no sólo lo que se quiere escuchar), hay que expandir las mentes, hay que tener sentido común y no caer en las generalizaciones. Así como nuestros gobernantes pueden aprovechar nuestra tendencia a generalizar para meter falacias que les convengan (ejemplo, si 20 anarquistas violentaron la manifestación, toda la manifestación es violenta y está sujeta a intereses), los opositores tenderán a hacer lo mismo.

    Se trata de pensar.

  • Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Empiezo este artículo retomando el tema de Charlie Hebdo y la manifestación en Francia, posiblemente en este caso veré las cosas un poco «del otro lado de la moneda», lo cual de ninguna manera significa contradicción alguna con lo que expliqué en mi artículo pasado y es que el atentado de ninguna manera se justifica, y también es erróneo relativizarlo aduciendo que satirizaban y se burlaban fuertemente de religiones e ideologías. Por el contrario, se me hace plausible que un millón y medio de franceses hayan salido a la calle para manifestarse en contra de la masacre perpetrada por parte de extremistas musulmanes contra este medio.

    Cuando las víctimas se convierten en héroes

    Lo que me llama la atención, y que he visto repetidas veces en diferentes latitudes de éste planeta, es la deificación de las víctimas como si se trataran de héroes cuando no lo son. Incluso empezamos a contar su historia de vida con un sesgo (posiblemente inconsciente) donde detalles que en otros casos parecerían normales, parecerían incluso sobrenaturales. No importa si se trata de un estudiante de Ayotzinapa o de un cartonista de Charlie Hebdo. Sus biografías no distan mucho de las personas comunes y corrientes, pero habrá quien ensalse los logros y relativice los errores (o incluso los mitifique) para convertirlos en héroes.

    Y sólo son víctimas…

    Toco el caso de Ayotzinapa, un caso que hasta la fecha nos duele a los mexicanos y no tiene por qué dejar de dolernos. Se trataban de estudiantes de escasos recursos que veían en la normal, una oportunidad para escalar de posición social (o si quieren, ayudar a sus cercanos para que lo hicieran también). Dentro de la normal, les inculcaron ideología marxista que rayaba en el estalinismo, y aparte de estudiar, bloqueaban carreteras y tomaban camiones, en aras de defender, lo que a juicio de sus creencias dogmáticas, era lo correcto. Un escenario así no puede definir si los normalistas eran buenas personas (que seguramente los hay) o malas (que puede haber); menos se puede tratar de un gesto heroico. Tal vez para el dogma sí lo sean, pero no creo que la mayoría de los mexicanos comulguen con el estalinismo o el maoísmo, es más, ni siquiera creo que en Morena o en el PT (donde lamentaron la muerte del camarada Kim Jung Il), la mayoría simpatice con esas corrientes.

    Y entonces, descubrimos que sólo eran víctimas. Nos duelen, nos ponemos en sus zapatos, pero sólo son víctimas.

    Luego vayamos al caso de Charlie Hebdo. Si uno analiza las biografías de quienes fallecieron, podemos ver trayectorias interesantes, gente estudiada, gente talentosa, pero al menos yo no encuentro un atisbo de heroísmo. Con todo respeto, hacer cartones satíricos para burlarse de religiones o corrientes ideológicas (lo cual incluso se me hace burdo)  no es un acto de heroísmo. Algunos pueden aducir que con sus caricaturas fomentaban la libre expresión (algunos otros verán en ello un insulto a sus creencias), pero lo que hacían no era algo precisamente heroico. No salvaron a nadie, no aportaron algo significativo a la humanidad, fueron víctimas de una barbarie, pero fueron eso, víctimas.

    Quiero recalcar esto porque la mitificación puede anular nuestra capacidad de reflexión. La mitificación hace que no podamos poner las cosas en su lugar y por lo tanto no podamos hacer una sana crítica (y autocrítica). El que los normalistas hayan sido cruelmente ultimados no deja del lado que los métodos para defender sus intereses (sean legítimos o no) eran incorrectos y perjudicaban a terceras personas. El que los cartonistas hayan sido masacrado no debe de dejar de lado el debate de qué tanto puede contribuir a la libertad de expresión o bien al resentimiento contra otras corrientes ideológicas por medio de la mofa (porque la empatía y la prudencia hacia quien piensa diferente también es importante), las ilustraciones que ellos publicaban. Si bien es imprudente e incorrecto relativizar la masacre por medio de este debate, tampoco significa que se debe de dejar fuera.

    Un artículo publicado en El País y llamado «Yo no soy Charlie» (hay otros varios con ese título que distan de ser buenos) nos habla de la hipocresía que percibe debido a que muchos piden un nivel de tolerancia que no están dispuestos a dar. Gente que no estaría de acuerdo con que el Papa pronuncie un discurso en su universidad por su conservadurismo, En Estados Unidos, pone como ejemplo, la Universidad de Illinois despidió a un catedrático por explicar la postura de la Iglesia Católica respecto a la homosexualidad y la Universidad de Kansas expulsó a un catedrático por arremeter en Twitter contra la NRA (Asociación Nacional del Rifle). La libertad de expresión debería ser libre y parejo para todos, y no sólo para los que nos guste escuchar.

    Un cartonista ultimado por dibujar no es un héroe en tanto no haya hecho una diferencia significativa para con quienes le rodean o con la humanidad y no se le puede considerar un héroe solamente por dibujar cartones irreverentes. Un normalista que bloqueó una carretera no lo es por el hecho de defender sus intereses con una capucha. Un empresario secuestrado no se convierte en héroe por tan sólo haber generado empleos. Para ser héroe, el individuo debe de marcar una diferencia para con el individuo común, una diferencia, que en base al sacrificio o al riesgo (incluso de su vida) logre aportar algo significativo a la sociedad.

    La mitificación puede cancelar todos estos necesarios debates. Puedo arroparme con el Je Suis Charlie, o con el #TodosSomosAyotzinapa, sin que eso signifique desconocer las imperfecciones de las víctimas (porque al final son humanos). Podemos lamentar a las víctimas, podemos abrazar a quien sobrevivió (como lo hizo François Hollande), pero no hay que caer en el error de mitificar, sobre todo recordando, en nuestro caso, que nuestra historia está lo suficientemente llena de mitos como para llegar a la conclusión de que fue completamente distorsionada de la realidad.

     

  • De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    De Charlie Hebdo a una manifestación histórica

    Un millón y medio de manifestantes en París en una población cuya área metropolitana ronda por los diez millones. Es decir, entre uno y dos de cada diez parisinos decidieron ir a manifestarse a las calles. De esos 10 millones habría que excluir a quienes por edad no asistieron (niños pequeños), a quienes no lo hicieron por incapacidad (personas de la tercera edad) para darnos cuenta de la magnitud de la manifestación, una manifestación histórica. A éste número hay que sumarle dos millones más en otras ciudades de Francia. Simplemente histórico.

    Pero la cereza en el pastel fue que al frente de la manifestación, donde estaban varios mandatarios, el francés François Hollandé, La alemana Angela Merkel, el británico David Cameron o el español Mariano Rajoy; se colocaron en primera fila a Benjamin Netanyahu, el ministro de Israel, y Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, algo que aplaudieron los manifestantes que vieron ese acto simbólico; lo cual termina siendo un golpe mediático y hasta político contra los extremistas.

    Charlie Hebdo es (porque afirman que este atentado no los va a hacer desistir) un diario satírico, que confronta. Charlie Hebdo era implacable a la hora de criticar religiones e ideologías (incluso a la izquierda, de la cual forman parte), por lo cual sus contenidos podían llegar a herir susceptibilidades. Y es válido molestarse e indignarse contra alguna de sus publicaciones. Si soy católico y veo a la Santísima Trinidad siendo satirizada en un acto sexual naturalmente me puedo indignar y tengo derecho a hacerlo; pero de ninguna forma, de ningún motivo, se puede justificar un atentado como el que lamentablemente ocurrió hace algunos días.

    Por esta razón es absurdo hacer afirmaciones como «es que se lo buscaron». Sí, en Charlie Hebdo sabían del riesgo, sobre todo porque ya habían sido víctimas de un atentado en el 2006, pero lo asumieron. Tratar de asignarles cierto grado de culpa es como decirle a una mujer que «se buscó que la violaran» porque iba vistiendo una minifalda. Las sátiras hechas con una pluma, por más burdas y directas que sean, nunca se van a poder comparar con el atentado contra una vida.

    Les cuento una breve anécdota. Hace unos años viajé solo a Nueva York (era la primera vez que iba a esa ciudad) y tomé un taxi que me llevaría a Manhattan, el que manejaba era un árabe y durante el trayecto hablaba por teléfono celular con un tono agresivo (naturalmente no entendía lo que decía). Me entró una especie de pánico por que se me vinieron a la mente los atentados del 2001 y de forma irracional llegué a pensar «¿No será que esté planeando algo?». Bastaron unos minutos para que entrara en control y entendiera que no era nada más que un prejuicio irracional.

    Recordando esto, me preocupa que el atentado contra Charlie Hebdo pueda derivar en una suerte de islamofobia, o más bien que esta se pueda acrecentar. Grupos y políticos ultraderechistas, entre ellos la francesa Marine Le Pen (que tiene un capital político importante) seguramente ya están aprovechando la coyuntura para promover sus ideas nacionalistas. En realidad la gran mayoría de los musulmanes son pacíficos e incluso gran parte de ellos reprueba los atentados. Pero esto puede incitar a que la gente vea a los árabes (que de por sí, ya sufren de muchos actos de discriminación) con recelos, o incluso con miedo. Estos actos, si no son bien canalizados, pueden servir de alimento para que grupos también extremos (como los de ultraderecha) adquieran más poder del que ya han venido acumulando en los últimos años.

    Por eso la importancia simbólica de ver al los mandatarios de Palestina e Israel (cuyas religiones han sido constantemente satirizadas también) junto con varios de Europa Occidental, lo cual manifiesta un repudio consensado contra los atentados terroristas. La persecusión y el señalamiento nunca debe de ir en contra de las religiones ni de quienes las profesan, sino en contra de los extremistas, sean musulmanes o de cualquier otra creencia.

    Imagen de Stéphane Mahé/Reuters

  • Teles pa’ la banda

    Teles pa’ la banda

    Nuestro querido Presidente Enrique Peña Nieto nos dio una lista de 7 acciones en favor de la economía de los mexicanos. Algunas pueden ser acertadas, como las derivadas de la Reforma de Telecomunicaciones (desaparece la larga distancia nacional), otras en el tintero suenan bien y habría que ver su implementación (el apoyo a emprendedores jóvenes) entre otras cuestionables, muy cuestionables, y una de ellas es la entrega de millones de televisores, para que los mexicanos, dicen, podamos sobrevivir al apagón analógico.

    Teles pa' la banda

    Me pregunto ¿El Gobierno debería encargarse de proveer a los habitantes insumos que no tienen que ver con sus necesidades básicas? Porque hay que ser sinceros, por más que al mexicano le guste «ver la tele», al final es un insumo que tiene que ver con el esparcimiento; y si bien, el ser humano necesita tener momentos de ocio, hay muchas alternativas a la televisión; incluso la mayoría de éstas son más sanas que un aparato que servirá para ver los canales de televisión abierta y nada más (porque de los beneficiarios suponemos que la mayoría no tiene televisión de paga).

    El incentivo para entregar estas televisiones (que dicen, que de calidad no son malas) se palpa al ver el logo de «Mover a México» que abarca toda la caja que contiene la televisión, y también se palpa al darnos cuenta que estamos cerca de las elecciones intermedias. No hay que ser ingenuos ni pensarle mucho para llegar a la conclusión de que esta «acción» está orientada a obtener votos en las elecciones que vienen.

    Algunos dirán que la gente pobre no tendría como ver televisión cuando ocurra el apagón analógico. Pero eso se pudo solucionar entregando decodificadores que son mucho más baratos. ¿Por qué yo como contribuyente tengo que financiar la entrega de televisiones que sólo tienen el fin de entretener, y que los contenidos que ahí se verán son de magra calidad? ¿Por qué no mejor utilizar ese dinero para dar más oportunidades de desarrollo a las clases marginadas? ¿Por qué no mejor dar becas? ¿Por qué mejor no apoyar más a la educación y a la cultura que tanto hace falta, sobre todo en los sectores vulnerables?

    De este tamaño la pongo. El Gobierno Federal gastó casi treinta mil millones de pesos en regalar televisiones contra dieciseis mil millones de pesos que es el presupuesto de cultura en 2014. Al gobierno le interesa más que las personas de escasos recursos estén expuestos a contenidos alineados a sus intereses a que estas personas tengan una oportunidad de obtener más conocimientos y cultura.

    Los dueños de la televisión abierta agradecerán esta iniciativa puesto que no perderán su mercado cautivo, que aunque consumen menos que las clases medias y altas, son un gran número de personas. Pero claro, hay que recordarlo, están «moviendo a México».

    Los productores de La Rosa de Guadalupe, Sabadazo y el Club de Futbol América estarán tranquilos por un buen tiempo…

     

  • Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    A quienes les da pereza pensar se aferran a dogmas preestablecidos. No necesitan razonar mucho, la «verdad» ya está dada; todo lo que necesitan saber ya está escrito, solo hay que tomarlo por verdadero y denostar a quienes critican esa estructura de creencias porque los podrían sacar de su zona de confort intelectual. ¿Cuál es le precio a pagar? Que terceros pueden a utilizar tu persona con el objetivo de cumplir sus propios propósitos y saciar sus propios intereses.

    Charlie Hebdo. Matar en nombre de Dios

    Conforme navegas hacia los extremos de los espectros políticos e ideológicos, te encontrarás con ese tipo de gente. En la ultraizquierda, en la ultraderecha, en el fundamentalismo religioso. Quienes pertenecen a uno de estos grupos no cuestionan, defienden con sangre sus creencias por más rebatibles que sean; y por más extremos (y por tanto dogmáticos) sean, serán más intolerantes con los que llaman «sus adversarios» y no se tentarán el corazón para acabar con ellos, aunque maten a personas inocentes en nombre de Dios.

    Por esto se entiende lo ocurrido con el periódico satírico Charlie Hebdo, un diario francés de izquierda (que no sólo criticaba a la derecha, sino a la izquierda misma), y que había satirizado tiempo antes a los musulmanes, lo cual les trajo críticas y amenazas. Charlie Hebdo satiriza a muchas corrientes políticas e ideológicas, pero queda patente cuales son las más intolerantes cuando responden con sangre, queda patente cuando tienen el descaro de matar en nombre de Dios, por «haberse metido» con sus creencias.

    La última portada estaba dedicada al polémico libro Sumisión de Michel Houellebecq, que describe un futuro de Francia en el que su presidente es un musulmán. El último tweet de la revista es una caricatura del autoproclamado jefe del Estado Islámico bu Bakr al Baghdadi acompañado del comentario «los mejores deseos».

    En nombre de Dios, sí, en nombre de Dios tres encapuchados pueden entrar a un establecimiento y matar a doce personas, entre ellos a un policía que recibió una bala y fue rematado por uno de los enfermos asesinos. Gritaron Alahu al akbar (Dios es Grande) al momento de perpetrar semejante crimen, aunque yo creo que más bien Dios sentiría vergüenza por haber creado este tipo de fanáticos enfermos.

    -Pero Cerebro, no manches, acá en México también matan periodistas y Televisa te idiotiza, y tú fijándote en esas cosas. Lo sé, pero pongamos las cosas en este contexto, imagina que unos narcotraficantes (en vez de fundamentalistas islámicos) entran a la sede del Reforma o La Jornada (o tu diario favorito), matan a varias personas, entre ellas, el Director General del diario, algún columnista que tú leías en su portal de Internet y a uno que otro cartonista que tú conocías. ¿Qué sentirías? Es una masacre, como la de Ayotzinapa, esa en la cual muchas personas de varios países han mostrado preocupación y consternación.

    El video del asesinato del policía es shockeante, de alguna forma soy inmune a que me afecte emocionalmente como mecanismo de defensa psicológica, pero me pongo a pensar, éste policía tenía una historia, tenía una familia, hijos, sueños, y este fanático no tiene el más mínimo remordimiento de despojarle de su vida, como si se tratara de un simple objeto. Y dicen, lo hacen en nombre de Dios:

    Si eres muy sensible, te recomiendo no ver el video: