Categoría: reflexión

  • Pokemon Go y el derecho a jugar videojuegos

    Pokemon Go y el derecho a jugar videojuegos

    Recuerdo que cuando estudiaba en la universidad, estaba pensando en comprarme un Gameboy, lo cual nunca hice por falta de dinero. Cuando le comenté a un compañero de la escuela sobre mi «osadía», éste me recriminó, y me dijo de forma inquisitoria. – ¿Cómo que te vas a comprar un Gameboy? ¡Por favor! Ya eres un universitario, madura.

    Pokemon Go y el derecho a jugar videojuegos
    readwriteweb.es

    Entonces recordé cómo la corriente y lo «socialmente establecido» nos invita a aprender a amargarnos antes que la vida propia lo haga. Casi todas las especies juegan durante todo su ciclo vital. ¿Por qué nosotros no? Esa idea de dejar los juegos para «enfrentar la vida» es, a mi punto de vista, una falacia.

    A mí no me gustan mucho los videojuegos, desde hace casi dos décadas que no tengo una consola, y en mi computadora son muy pocos los que están instalados. El FIFA ocupa parte de mi disco duro, pero no lo juego de forma muy frecuente.

    Y no los juego porque no me gustan mucho y porque me atraen más otras actividades, no porque considere que sean malos o sea para personas muy inmaduras. Aunque durante un tiempo sí jugué videojuegos con mis amigos, nos juntábamos en casa de un amigo a jugar Smash Bros o Mario Kart. Son juegos que a ojos de muchos pueden parecer infantiles, pero fomentaban la convivencia. Era un pretexto para juntarme con la gente que estimo.

    Seguramente para mi compañero el inquisidor, nosotros éramos jóvenes infantiloides gastando nuestro tiempo en lugar de «ponernos a buscar un trabajo». Nada de eso. A ninguno de nosotros nos hacía falta trabajo, y menos dejábamos de trabajar para jugar videojuegos.

    Entiendo y aplaudo que los padres de familia restrinjan la cantidad de horas que los hijos juegan videojuegos, tienen que cumplir con los deberes de la casa y con sus tareas. Están en una etapa de formación en la cual el estudio es muy importante. Pero esto no significa que el videojuego sea malo (de hecho, varios de ellos son útiles para entrenar al cerebro y desarrollar ciertas habilidades), más bien su uso excesivo que priva al niño de realizar otras actividades.

    Y luego entonces, me acordé del Pokemon Go.

    Lo primero que vino a la mente al ver este fenómeno fue, que todos parecían zombies, todos jugando con su celular en la calle como si fueran qué, como si estuvieran alienados o poseídos.

    Pero luego me puse a pensar, a mí no me gustan los Pokemon, ni les entiendo porque no tengo interés en ello. Si me interesara Pokemon, entendería mejor este fenómeno que ha invadido todo el mundo. La marca Pokemon, junto con una aplicación original basada en la realidad aumentada dieron en clavo. Pokemon Go rebasó a Tinder, Twitter e Instagram y está generando más búsquedas que el porno en Internet.

    Los inquisidores regresaron para pedirles a los amantes y curiosos del Pokemon Go que se buscaran una vida propia y se pusieran a trabajar. Pero esa aseveración es arriesgada, llena de generalizaciones y prejuicios. Para jugar Pokemon Go se necesita un smartphone, el cual no es nada barato, y con excepción de los niños y muy jóvenes, podemos dar por sentado que los fanáticos del Pokemon Go se costearon su aparato trabajando.

    Además, los críticos de los videojuegos, de los cuales muchos de ellos acostumbran a twittear y usar Facebook todo el rato en medio de una fiesta, olvidan una cosa. Los seres humanos necesitamos ratos de ocio, los necesitamos para nuestra paz mental.

    Los necesitamos porque nuestro cerebro también se cansa, se cansa de trabajar, de racionalizar demasiado; y un videojuego, lejos del estrés cotidiano, puede ser una buena solución. Algunos componemos música, otros salen a tomar fotografías, y otros juegan Pokemon Go.

    Y no tiene nada que ver con la madurez. Muchas personas profesionalmente exitosas juegan videojuegos. Después de un día lleno de juntas y viajes, se juntan con sus hijos para jugar, o ellos mismos por su cuenta agarran el Call of Duty, el FIFA, para entretenerse y desestresarse un rato. ¿Tiene algo de malo eso?

    También conozco a «videojugadores» que son muy lectores, en cuyo estante puedes encontrar el FIFA junto con La República de Platón. No son actividades que se anulan entre sí, como muchas personas piensan: – Deja el Gameboy y agarra un libro.

    Mientras los críticos emiten críticas lapidarias aislados en su celular mientras están en una fiesta con términos como «decadencia social», o «vacío existencial», también tenemos que hablar de los beneficios de este juego que supuestamente desconecta a los individuos de la realidad. Salir a la calle y caminar (sobre todo para quienes se quedan en su casa recluidos) es una buena noticia, más para quienes padecen depresión. Incluso puede ayudar a fomentar la convivencia entre personas, sobre todo cuando el individuo se encuentra con sus pares jugando al mismo juego.

    Es fácil hacer una crítica de un juego cuya nueva tecnología se desconoce (realidad aumentada), así como la temática misma. Al principio lo hice y hablé de zombies. Me puse a pensar un poco más, y son personas jugando a un videojuego. Simple y llanamente eso. Y la gente tiene derecho a jugar videojuegos.

    Cierto que Pokemon Go se ha convertido en un fenómeno tan grande, que a veces ya me tiene hasta la madre. Pero la gente tiene todo el derecho de tener sus actividades de ocio. Si una de estas consiste en buscar monitos en la calle, están en su derecho, y yo creo que deberíamos aprender de respetar eso y tolerar las actividades de las demás personas.

  • Lo que el futbol dice de la cultura de un país

    Lo que el futbol dice de la cultura de un país

    Lo que el futbol dice de la cultura de un país
    Patrice CALATAYU

    Islandia perdía con Francia 4 a 0 en el primer tiempo. La selección nacional de ese pequeño país de poco más de 300,000 habitantes (la mitad del Estado de Colima) venía de eliminar a Inglaterra. El sueño de Islandia se esfumaba, técnicamente eran muy inferiores a los franceses y parecía que se llevarían una goleada histórica. Al final el partido terminó 5-2. Los islandeses entregaron todo en la cancha, y lo que pudo haber sido una goleada de proporciones históricas, terminó siendo una desventaja de 3 goles.

    Islandia no podía aspirar a mucho más, porque un país de 300,000 habitantes cuyo deporte principal no es el futbol, no puede aspirar a tener el talento de países que albergan a millones de personas en su territorio.

    Islandia es un país ganador, están acostumbrados a ganar porque su autoestima colectiva es alta. Y si se pueden dar el lujo de ser goleados por Francia es por su escasez de recursos, no de mentalidad. Islandia es uno de los países más desarrollados del mundo de la misma forma que su calidad de vida es una de las más envidiables.

    Viendo la Eurocopa, me vino a la mente cómo es que hasta en el futbol se imprime la cultura de un país. Basta ver la forma de juego de los equipos, su reacción ante la adversidad, y la forma de festejar los goles.

    Por ejemplo: el pueblo alemán, debido a las constantes y largas guerras que vivieron en siglos pasados (desde Prusia), tuvo que crear una burocracia muy disciplinada y efectiva; lo cual creó un país muy disciplinado y metódico. Ese espíritu se refleja en el equipo de futbol, que a pesar de perder 2 a 0 con Francia (y a pesar de dominar el partido), siempre respetaron su método, su forma de hacer las cosas, nunca se desesperaron y fueron fríos hasta el final. La cultura alemana es una de esas que nunca se descompone, ni cuando le toca perder.

    Italia, por su parte, muestra su esencia latina al festejar con efervescencia cada gol que anota. A pesar de ser disciplinados en la cancha (aunque no tanto como los alemanes), son muy expresivos y muy ruidosos. Los brasileños (exceptuando su selección actual, la cual es un fiasco), son muy alegres, y ellos no se preocupan tanto por la disciplina, sino por el jogo bonito. A Brasil también le ayuda la gran cantidad de habitantes, el físico, y el hecho de que acostumbran a jugar en la playa (gracias a la arena, adquieren mayor destreza para los regates).

    Y los mexicanos, pues…

    … perdieron 7 a 0 con Chile.

    Nuestra cultura es un lastre cuando de futbol se habla. Por ejemplo, los mexicanos son muy alegres, muy entregados y muy luchones (al igual que su afición), se le ponen al tú por tú a los grandes para después acordarse de la falta de autoestima y boicotearse. La selección mexicana se le puede plantar en la cancha a Alemania, Holanda o Argentina y ponerlos en aprietos en un rato, pero en algún momento dado, los grandes siempre mostrarán su superioridad.

    No es difícil tejer la relación del comportamiento de los jugadores dentro de la cancha con la cultura de nuestro país.

    También los cánticos hablan mucho de la cultura de los países. La gran mayoría de los países europeos tienen un gran historial bélico. Eso explica en gran medida los cánticos de los aficionados, la forma de agruparse, los símbolos propios de los aficionados.

    Los cánticos de los ingleses o los alemanes suelen ser muy imponentes, El famoso «uh» vikingo islandeses,  que se popularizó en la Eurocopa y que en realidad tiene su origen en Escocia, es muestra de esa cultura europea que fue forjada por medio de las guerras. Recordemos que de alguna forma, un partido de fútbol es una simulación de un combate bélico dentro de una cancha.

    En cambio, los cánticos latinoamericanos, como los argentinos (muy adoptados en México), aunque muy estridentes, no tienen su origen en esa cultura bélica tan propia de los europeos. Por ejemplo, en un combate bélico del siglo XIX sería mucho más fácil imaginar un grito vikingo o un cántico inglés que el «cómo no te voy a querer…» de los argentinos, el «chiquitibúm o el «eeeeh puto» de los mexicanos.

    Los países cuyos aficionados entonan porras y cánticos de carácter bélico, son en general más fuertes y democráticos que quienes no lo hacen. Esto es porque los países europeos tuvieron que crear una burocracia sólida y disciplinada que pudiera sostener y financiar a su nación en medio de una guerra. Un gobierno así era necesario para poder recaudar impuestos y para forjar soldados más disciplinados.

    Cuando estos países transitaron a la democracia, mantuvieron un gobierno e instituciones sólidas, lo cual no sólo contribuyó a fortalecer a la democracia recién adquirida, sino a su nación como tal.

    En cambio, los países más «alegres» como México, Argentina o incluso Italia, nunca lograron crear una burocracia firme y sólida porque no se vieron en la necesidad de hacerlo en el transcurso de su historia. Ni México ni Argentina combatieron tanto como los alemanes, los ingleses o los franceses, y transitaron a la democracia con instituciones débiles, lo cual fomentó más bien una red clientelar entre gobierno y ciudadanos que no ha permitido a dichas naciones consolidar su democracia, ni desarrollarse como quisieran.

    Vaya que el futbol sirve para entender a los países, una selección nacional no sólo está representando una bandera o unos colores, sino toda una cultura e idiosincrasia propia de un país.

  • Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Muchos jóvenes están lamentando profundamente la inminente salida del Reino Unido. La culpa la tienen los grandes, dicen.

    Los jóvenes y la política. Cuando la indiferencia marca una gran diferencia

    Y en efecto, la gente mayor que fue quien votó mayoritariamente por el «leave«. Se entiende, los grandes tienden a ser más conservadores, tienen su vida hecha, prefieren vivir en un lugar tranquilo en vez de convivir con gente de otros países. También la nostalgia influye, los mayores conocieron al Reino Unido antes de 1973, el año en que ingresó a la Unión Europea. No vivieron toda su vida dentro de ella como los jóvenes.

    Para los grandes, las fronteras abiertas atraen individuos que les quitan empleo. Para los millennials es al revés, las fronteras abiertas es una oportunidad para trabajar en otros países. Cuestión de enfoques.

    Pero al parecer, los jóvenes no se lo tomaron muy en serio. Primero, por la apatía política de algunos. Segundo, por exceso de confianza de otros. Porque al igual que creían los mercados, algunos analistas y la mayoría de las encuestas, el Brexit no iba a prosperar.

    Mejor vámonos a Glastonbury. Va a cantar Adele. Coldplay y Muse van a tocar, son los estelares. 200,000 jóvenes fueron al evento. Los organizadores de Glastonbury promovieron el lema «si vienes, vota» para que el evento no fuera excusa (los asistentes tenían tiempo de votar antes de ir al evento). Pero los jóvenes no se interesaron con todo y que los organizadores promovieron el voto a distancia. Quienquiera que quisiera votar e ir al concierto, podía hacerlo. Algunos culpan a Glastonbury, pero si tomáramos como caso hipotético que ninguno de los 200,000 asistente votaron y que todos ellos simpatizaban con el remain, esto no representaría ni la quinta parte de la diferencia entre el remain y el leave (1,300,000)

    Ahora los Millennials son los que más lamentan el triunfo del Brexit. Y culpan a los grandes porque ellos, quienes no tienen futuro por su avanzada edad, castigaron a los que sí tenían futuro.

    Brexit

    Pero los principales responsables fueron los propios Millennials. Sus papás y abuelos, tendientes más a simpatizar con el leave, se interesaron más y salieron a votar. Los jóvenes no. Los jóvenes fueron indiferentes porque aseguraban que no ganaría el leave, o porque, les valió un pepino.

    Y esta es una gran lección para México. El Reino Unido nos mostró como la indiferencia de los jóvenes sí puede generar una gran diferencia.

    Muchos jóvenes en México son muy apáticos. Los argumentos son los mismos de siempre: que todos los partidos son lo mismo, que no me interesa la política porque las series de Netflix son más divertidas, que no le entiendo a eso de la política y que sólo se me hacen graciosas las ocurrencias de Peña Nieto.

    Y peor aún. La apatía juvenil puede tener un mayor peso. El Reino Unido es más viejo (refiriéndome a las relaciones de edad), mientras que México está viviendo un bono demográfico donde hay más jóvenes en edad productiva que antes y que después. Los jóvenes son los más independientes a la hora de votar. Difícilmente simpatizan marcadamente con un partido político. Los jóvenes son un antídoto para los partidos que ganan con base en sus estructuras.

    La mayoría de los jóvenes no tiene interés alguno en participar dentro de temas sociales y políticos. Si bien, la participación ciudadana ha venido a la alza en las últimas décadas, todavía hay un gran sector de jóvenes apáticos que no se interesa por la política. Como relacionan términos como «corrupción» y «ambición de poder», entonces tratan de mantenerse lejos de ella, cuando casi por obligación moral (por el mero hecho de ser ciudadanos mexicanos) deberían de interesarse.

    Los jóvenes deberían estar muy interesados en la política. De hecho, por la edad, suelen ser los más afectados por las decisiones políticas por las repercusiones que pueden tener hasta en el largo plazo. Los jóvenes deberían entender que su futuro no sólo es buscar un trabajo donde se sientan autorrealizados, sino involucrarse en lo público, porque esas estructuras políticas y sociales son las que al final moldean el entorno  donde el joven puede diseñar su proyecto de vida.

    La política no es un hobbie, es algo que impacta más en tu vida de lo que crees.

    Y no se trata de que te guste, se trata de algo más importante, se trata de tu comunidad, de tu nación.

  • Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    Lo que aprendí del #Brexit

    El Brexit es una mala noticia. No tanto por las consecuencias de la salida del Reino Unido per sé, cuya salida calará hondo en su economía por un tiempo, y (seguramente mostrará una recuperación, y seguirá siendo un país tan relevante como lo es ahora) por los millennials que ya no podrán aspirar a conseguir un trabajo en otro país de la Zona Euro, sino por el mensaje que se manda, el de volver a construir fronteras, el de regresar al atrincheramiento. Lo que temo es una reacción en cadena. Por ejemplo, en países como Francia con Marine Le Pen o en Holanda, ya están pidiendo referendums para salir de la UE. Ese mensaje, como mencioné, también puede beneficiar a Donald Trump, e incluso puede alimentar la retórica del populismo latinoamericano.

    UK seguirá siendo tan democrático como lo es. A diferencia de Estados Unidos, no está en riesgo de caer en manos de un hombre ignorante, xenófobo, y con rasgos fascistas que amenace los valores democráticos, al menos en este momento. Pero el mensaje que se da, si puede contribuir a que esto suceda en otras latitudes del mundo y arrecie las aguas en un mundo donde el nacionalismo está resurgiendo.

    Pero más allá de las conclusiones que hagamos, hay que hablar de lo que hemos aprendido. El Brexit ha roto muchos paradigmas, y también de alguna forma nos mostró que es lo qué funciona más, y qué es lo que no funciona tanto. Voy a partir de mi premisa de que la decisión que tomaron el 52% de los ingleses es errónea, no es la más benéfica para el Reino Unido (UK), y menos aún para el mundo en el afán de romper muros e integrarnos más como sociedad global.

    La democracia directa no funciona

    La democracia directa no funciona

    Esto ocurre, salvo algunas excepciones, donde quienes votan tienen pleno conocimiento sobre aquello que están votando. Por ejemplo, cuando se trata de un referendum sobre los servicios que recibe una colonia o un barrio, o un tema que no requiera una gran cantidad de conocimiento para tomar una decisión acertada.

    Los plebiscitos y los referendums están de moda. Se venden como el logro último de la democracia porque la población tiene incidencia directa sobre alguna cuestión de interés. Pero como Giovanni Sartori afirmó en su libro ¿Qué es la Democracia?», estos instrumentos no son eficaces porque los individuos no tienen el conocimiento necesario para tomar una decisión acertada. No puedes hacer, por ejemplo, un referendum sobre la Reforma Energética, en tanto la mayoría de la gente no tiene el suficiente conocimiento para decidir si una reforma es conveniente, o peor aún, para decidir sobre las características que deba tener. El voto del pueblo no puede reemplazar a la deliberación de los especialistas en la materia.

    Eso fue lo que pasó con el #Brexit. Algunos ingleses no sabían siquiera como es que funciona la Unión Europea. Algunos ingleses se arrepintieron después de haber votado sí al Brexit porque, o no se habían informado bien, o no creían que el Sí iba a ganar.

    No es casualidad que muchos líderes autoritarios que se legitiman electoralmente (véase Venezuela), utilizan mucho este tipo de instrumentos. Conociendo cual va a ser el resultado, lanzan el referendum y «dejan que el pueblo decida». Si el mandatario sabe que su nivel de popularidad es lo suficientemente bueno, lanza un referendum para que el pueblo decida sobre la permanencia del mandatario, sabiendo que va a ganar en las votaciones: ¡fue la voz del pueblo!

    La democracia representativa, por su parte, es aquella donde los ciudadanos dejan que otra persona decida por él. A la hora de ir a votar, el ciudadano delibera entre los candidatos, y decide quien es el más apto para que lo represente y tome las decisiones por él. Pero la participación ciudadadana no queda ahí, o no debería de quedar ahí. El ciudadano puede organizarse, crear organizaciones no gubernamentales (ONG) o colectivos que sí están especializados en una rama, y tener una incidencia dentro de la vida pública. Estas organizaciones también pueden incidir en la opinión pública e informarla. El ciudadano organizado así, es mucho más útil que un ciudadano que va a votar sobre un tema que desconoce.

    Idealizar a los países europeos

    Idealizar a los países europeos

    Los ciudadanos de los países de Europa son… humanos.

    Cuando se trata de cuestiones políticas, siempre nos comparamos con los países desarrollados. – Allá nunca ganaría el PRI, allá esto y aquello, esto no pasa allá, si gana López Obrador me quedo en Europa.

    Sí, pensar decir que un país europeo, en tanto está más educado que el nuestro y su poder adquisitivo es mayor, puede ser más racional a la hora de votar, puede ser medianamente válido. Pero eso no significa que sean «completamente racionales». De hecho, los humanos somos menos racionales de lo que creemos ser. Un país desarrollado, con el discurso y las condiciones idóneas, puede caer en manos de un demagogo o un populista.

    Imaginemos que un inglés va caminando por el barrio de Wembley y es asaltado por un lituano quien gracias a la pertenencia de UK a la UE, tuvo mayores facilidades para entrar al país y habitar ahí. Entonces, llega a la conclusión de que gracias a la entrada de migrantes, la inseguridad se ha incrementado, y entonces es culpa de la Unión Europea y tenemos que cerrar nuestras fronteras, y se organiza con varios amigos para en conjunto apoyar la salida de UK. Votar a favor del Brexit fue un error a mi parecer, pero de alguna forma se puede explicar por qué este individuo votó así. Igual que aquel mexicano que tiene problemas para encontrar trabajo, mientras que una élite concentra gran parte de la riqueza. De pronto asiste a un discurso de López Obrador y la mafia del poder y le decide dar su voto. Para muchos de nosotros es una elección errónea, pero tiene una explicación.

    El Inglés podría tener alternativas: exigir a sus representantes mayor seguridad, que los migrantes sean integrados (muchas veces la exclusión por parte de la sociedad alienta los crímenes), o bien, que sin salir de la UE, se tomen medidas para tener mayor control de la migración. El inglés, frustrado, irá por la opción que le parece más viable: ¡dejemos la UE! El mexicano también tiene alternativas, organizarse, integrarse a una ONG, exigir a sus representantes. Pero el discurso de López Obrador, en tanto es directo y describe el problema tal y como él lo ve, se vuelve muy atractivo.

    En los dos casos, profundizar sobre el asunto haría caer en cuenta al individuo que su elección posiblemente no sea la más correcta, una mayor educación y conocimiento sobre el tema también lo ayudaría.

    Pero los seres humanos muchas veces hacemos elecciones instintivas y viscerales. Incluso el conocimiento y la educación no siempre son garantía para blindar al individuo de tomar una decisión desde el instinto. La inteligencia emocional (necesaria para moderar los impulsos y poder racionalizar más una elección) juega un papel importante.

    Eso es lo que hacen políticos demagogos como López Obrador y Donald Trump, apelar al instinto, al miedo y al enojo. Por más grande sean esos sentimientos, mejor para ellos, así las posibilidades de que un individuo razone su decisión disminuyen.

    Y como dije, ambos europeos y mexicanos somos humanos. Tanto un mexicano, como un inglés o un sueco, puede tomar una decisión equivocada cuando se trata de tomar una decisión que afecte a sus intereses. Estamos hechos de la misma materia gris, y por eso es un error idealizarlos al extremo que muchas veces lo hacemos. Sí, tomarán decisiones más acertadas más veces, pero no siempre.

    A la democracia «no la necesitas derrocar para derrocarla».

    A la democracia "no la necesitas derrocar para derrocarla".

    Afortunadamente para los ciudadanos del Reino Unido, su nación seguirá siendo completamente democrática como lo es hasta ahora (a menos que en el escenario más pesimista y apocalíptico, su decisión genere una reacción en cadena donde surjan otros estados que se vuelquen al autoritarismo y éstos se conviertan en una amenaza para UK), pero el Brexit es prueba de que los mismos procedimientos democráticos pueden ser la puerta para que un estado autoritario se instale.

    Y vale recordarlo, porque hay registros históricos de esto y generalmente los ignoramos. Adolfo Hilter llegó al poder gracias la democracia de la República de Weimar, Hugo Chávez llegó también al poder por medio de elecciones libres en Venezuela.

    Para derrocar una dictadura, necesitas intervención militar, o bien, organizar a los habitantes de forma no violenta con el riesgo de ser encarcelados o de perder sus vida, en medio del acoso del régimen autoritario como ocurrió en Lituania con la Revolución Cantada, un precio que no muchos estarían dispuestos a pagar.

    Para promover un régimen autoritario en un país democrático no es necesaria la intervención militar, y ni siquiera es necesario preocuparte por ser acosado al promover tus ideas. Tu derecho a la libertad de expresión está garantizada.

    Un líder autoritario puede llegar a contender en elecciones porque los derechos que tiene como ciudadano se lo permiten. El trabajo del autoritario no es sortear a la policía ni al poder, sino simplemente encontrar la fórmula perfecta para atraer a la opinión pública a su favor, y llegando al poder, encontrar los métodos para destruir la democracia e instaurar su régimen.

    Conclusión

    La democracia es algo que damos por sentado, pero pende de muchos factores que juntos generan cierto equilibrio. Como recalca Moises Maím, vivimos en un mundo donde el poder se ha fragmentado. Hemos pasado de los regímenes absolutos, a aquellos donde el poder está dividido, a veces en exceso. Lo cual entorpece a los gobiernos a la hora de tomar decisiones urgentes. La parálisis que se vive dentro de los parlamentos y congresos de los países democráticos muchas veces derivan en aquello que frustra mucho a los ciudadanos.

    Muchos aseguran que la historia se repite una y otra vez, creen fielmente en el eterno retorno de Nietszche. A pesar de que los humanos somos lo suficiente torpes para repetirla, no es algo que pase necesariamente. Aunque repitamos algunos patrones, en parte producto de nuestra naturaleza como seres humanos, la historia contemporánea es muy diferente a aquella del medioevo o a la de las tribus. Los humanos, creo yo, tenemos la capacidad de no caer en los mismos errores del pasado. Por eso siempre es necesario rememorarlo y encontrar coincidencias en el presente para evitar tomar el mismo camino.

    El Brexit es una prueba. A pesar de que la decisión ya esté tomada (se puede revocar, aunque con un costo político muy alto), podemos aprender de ella. Que el Brexit no derive en una reacción en cadena depende de ello, que hagamos un buen análisis y nos percatemos de las coincidencias históricas.

     

     

  • Ponerle etiquetas a la gente

    Ponerle etiquetas a la gente

    ¿Por qué existen las etiquetas?

    Las etiquetas (o taxonomías, o categorías, o clasificaciones o whatever you want) tienen una función, nos permiten agilizar el proceso que llevamos a cabo dentro de nuestro cerebro para poder conocer algún objeto y hacernos una idea de éste.

    ¿Cómo? Asumiendo que ya conocemos algo de dicho objeto.

    Tomo por ejemplo las especies de animales. Las especies no son iguales entre sí pero comparten muchas características, genéticamente son más parecidos entre ellos que entre otras especies, por lo cual los miembros de cada especie se aparearán entre ellos y nunca (o casi nunca) con un miembro de otra especie.

    Al saber de que especie es dado animal, puedes dar por sentado que tiene ciertos rasgos en particular. Por ejemplo, un perro ladra, puede morder si te muestras agresivo con el animal, le gusta la compañía de los seres humanos, etc.

    Si no clasificáramos a los animales, tendríamos menos elementos para reaccionar ante un perro que se nos cruce en la calle, porque como no lo hemos clasificado, y en tanto no tiene una etiqueta que le atribuya ciertas características, entonces no tenemos conocimiento del animal que está enfrente de nosotros. No lo concebimos como perro, sino como cualquier animal, y cualquier animal se puede comportar de cualquier forma.

    Pero esas etiquetas, clasificaciones o taxonomías tienen una razón de ser. Son producto de un método empírico. Quienes lo realizan, y quienes con base en los resultados asignan alguna etiqueta o clasificación a un objeto, lo hacen porque han determinado así que quienes comparten esa etiqueta comparten características en común.

    Las etiquetas se pueden utilizar para clasificar personas. Una persona es gorda porque tiene sobrepeso, es delgada, es de tez clara, es oscura, padece un trastorno de ansiedad, tiene TOC. Y lo sabemos porque existen elementos objetivos para hacerlo. Si esas evaluaciones se someten a un método empírico, pasan la prueba. No siempre necesitamos conocer todo el procedimiento llevado a cabo, no sólo porque salta a primera vista (por ejemplo el caso del peso o la tez), sino porque lo aprendimos de terceras personas.

    Pero no siempre es así. El problema viene cuando las etiquetas son producto de nuestros prejuicios, o peor aún, de nuestra ignorancia (aunque claro, la ignorancia y el prejucio son parte de una misma ecuación).

    Y digamos que, queremos «agilizar el proceso cognitivo» porque básicamente nos da güeva pensar.

    Ponerle etiquetas a la gente

    Y pues, es más fácil hacer un juicio apresurado de las personas, que molestarse en conocerlas.

    Cuando se trata de política o cuestiones sociales, en México nos encanta poner muchas etiquetas y hacer muchas generalizaciones. Aunque lo hagamos, paradójicamente, con un tufo de arrogancia intelectual.

    Después de dar mi opinión sobre lo ocurrido en Oaxaca, con base en todas las etiquetas y señalamientos, me podría considerar un: «chairo neoliberal», un «rojillo oficialista», o un «antisistema del PRI».

    Mucha gente trató de etiquetarme, como si tuviera que pertenecer a una trinchera, como si no tuviera la capacidad de pensar por cuenta propia.

    Depende de la posición ideológica del «crítico», es la pedrada. No se puede criticar al gobierno y criticar a la CNTE a la vez, tienes que acomodarte en una trinchera de tal forma que puedas ser etiquetado, y la gente pueda hacer un juicio de tu persona por tu etiqueta y no tus argumentos.

    Haznos fácil el trabajo. No queremos pensar. 

    De esta forma, los «críticos» tienen más facilidad de hacer señalamientos ad hominem. Si criticas al CNTE, entonces eres oficialista, por consecuencia eres priísta, y entonces tienes un interés. Por el otro lado, si criticas al gobierno, afirmas que hubo un crimen de estado, entonces eres chairo, rojillo, y no te has puesto a buscar un trabajo.

    Así, el debate e intercambio de ideas queda cancelado. Además de que las etiquetas nos dividen.

    Así, no hay necesidad de debatir porque «todos los religiosos son homofóbicos», «los gays están mal de la cabeza», «los derechistas son insensibles», «los izquierdistas no han abierto un libro de economía». Ya hicimos un juicio de la persona en cuestión (a veces con base en un simple comentario o un retweet) y ya no hay nada que decir, porque como esa persona no piensa como nosotros (es decir, nosotros tenemos la verdad y estamos en lo correcto, mientras el está en el error), entonces todo lo que diga será falaz porque sus argumentos son emitidos desde el error.

    No sólo es ignorancia, es terquedad, es estrechez de miras. Y lo es porque una persona con mente abierta ve más allá y se molesta en ir a donde otros no quieren ir, aunque eso implique conocer lo que no le gusta. Y cuando pasa eso, a veces uno se puede llevar una grande sorpresa.

    Y entonces, México se convierte en un campo de insultos y descalificaciones, en vez de intercambio de ideas.

    Luego entonces, nos preguntamos por qué en nuestro país tenemos conflictos como el de Oaxaca cuyo origen se resume en una sencilla frase: – Nadie sabe dialogar.

  • Las cortinas de humo ya no sirven

    Las cortinas de humo ya no sirven

    Dicen que el futbol es el opio del pueblo, haciendo referencia a la archi-repetida frase que Marx escribiera alguna vez para denostar a las religiones.

    Dicen que el futbol sirve para distraer a las masas de lo más importante. Que los gobiernos aprovechan los eventos importantes tales como mundiales, eurocopas, o finales de liga para pasar las leyes más impopulares. Que no es coincidencia que las elecciones federales siempre empaten con un mundial, una eurocopa o unos Juegos Olímpicos.

    Las cortinas de humo ya no sirven

    No es algo que no haya existido, o algo que nunca se haya hecho. Pero los espectáculos como cortina de humo son menos eficientes de lo que muchas personas creen, y más ahora.

    Antes tenía más sentido. Las noticias «que importaban» se transmitían boca a boca. De forma deliberada, los noticieros alineados al gobierno, daban poca relevancia al tema, no existían medios alternativos para informarse, la gente estaba concentrada en su evento deportivo, la final de liga, el mundial. Como la información se dispersaba con lentitud, era más fácil contenerla haciendo que la gente volteara a ver otro lado. Nadie sabía de la crisis económica que venía porque casi nadie hablaba de ello y la población estaba preocupada por que el chupacabras no llegara a su casa.

    Algo así es casi imposible en estos días. Tomemos como referencia el asesinato de maestros en Nochixtlán. Posiblemente, sin smartphones ni redes sociales, nadie se hubiera enterado de lo sucedido, o las noticias hubieran abordado el evento a su conveniencia. Los medios monopolizados le hubieran dado menos relevancia y la gente seguiría discutiendo la paliza que la selección mexicana recibió: – Los chilenos pisotearon nuestros colores, nos humillaron, escupieron en ellos.

    Llegó Nochixtlán, y la goleada (histórica, la más abultada de la selección en torneos oficiales) salió del foco. A dos días, nadie habla de la goleada en redes sociales. Portales como mediotiempo.com o Record le dan seguimiento al evento, entrevistan a los jugadores que hicieron un papelón, discuten si el entrenador se va a ir (vaya, es su trabajo). Pero gran parte de la población, sobre todo aquella que está conectada, ya no está preocupada por eso, ni se molesta ya en leer o escuchar sobre «las reacciones». Nochixtlán apagó las luces del papelón de la selección nacional.

    Hay quienes prestaron muy poca atención o incluso lo ignoraron. Pero lo hubieran hecho de todos modos. Ya sea que porque no les gusta la política, porque simplemente no quieren escuchar malas noticias y quieren llenar sus redes de florecitas.

    Internet, cortinas de humo

    Y es que la dinámica es sencilla. Ves el partido, te indignas (vaya, aunque no te guste el futbol, ver a un equipo que representa a tu país ser pisoteado así duele), mientas madres. Duermes, y en el transcurso del siguiente día, en tus redes sociales alguien empieza a compartir lo sucedido, investigas un poquito en tus redes y algún portal, y ¡No puede ser!

    A pesar de la desinformación, natural cuando hay intereses dentro de los dos bandos (Gobierno y CNTE), mucha gente hizo el esfuerzo por saber que estaba pasando, compartió notas, videos, fotografías, algún artículo colgado en Internet, dio su opinión. Claro, las opiniones eran muy polarizadas, porque entre el Gobierno y la CNTE, no sabes ni de «que lado ponerte». Algunos, los menos, pero tampoco muy pocos, se alegraron de que «hubieran puesto a los rijosos en su lugar». Otros condenaron el accionar del gobierno sin que eso implicara apoyo alguno a la CNTE, y otros, naturalmente presentaron a los miembros de la coordinadora como víctimas.

    Llegamos a un punto en que ocultar la información es ya muy difícil. Los senadores pueden aprobar o rechazar leyes en la madrugada para que «nadie se de cuenta», y basta un tweet para que el mexicano común despierte y se entere de lo sucedido. Algunos lo han entendido bien, apuestan por la desinformación, emiten contenidos falsos y tergiversados a diestra y siniestra por medio de las redes sociales para influir en la opinión pública, usan hackers o bots. Pueden manipularla, sí, lo pueden lograr, pero no con la misma eficacia de los medios cerrados y monopolizados. El desinformado puede ser rebatido por sus conocidos dentro de las redes sociales, su argumento puede quedar sujeto a debate. La población puede llegar a un consenso que al menos se acerque un poquito más a la verdad porque está expuesta a información contraria a la que recibe o a la que cree.

    En siglo XXI, pensar que se puede tapar el sol con un dedo es algo muy difícil. La impopularidad del Gobierno Federal es muestra patente de ello. Apostaron por ganar popularidad por medios de las reformas, anunciadas con bombo y platillo, mientras escondían su «basura» debajo de la alfombra. Ahora, es el gobierno más impopular desde hace varias décadas.

    Aún así, hay quienes siguen creyendo que las cortinas de humo son tan efectivas, que son capaces de imaginarlas cuando ni siquiera existen.

  • Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    Hoy es un día difícil. La goleada que recibió la selección nacional a manos de Chile es una anécdota comparado con lo que ha sucedido hoy.

    Para entender lo ocurrido, no debemos abordar el asunto discriminando entre blancos y negros, entre buenos y malos. Hay que entender que hay toda una gama de grises y que el problema es mucho más complejo de lo que se piensa. Pensar en Gobierno bueno vs CNTE malo, o CNTE bueno vs gobierno malo no nos llevará a nada. La vida no es así, por más que nos hayan enseñado a verla de esa forma.

    Nochixtlán, una herida más en un México que sufre

    De hecho, las dos partes son muy corruptas. El gobierno de Peña Nieto es uno de los más corruptos de la historia moderna de México. La CNTE es una organización completamente corrompida heredera de las viejas prácticas del PRI, del corporativismo y del clientelismo, y que ahora recibe el cobijo de López Obrador.

    Voy a decir algo cierto. Es necesario que le quiten el poder a la CNTE y que el gobierno tome la rectoría de la educación educativa. La CNTE es una organización que ha contribuido al rezago de estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca. Unos líderes han tomado como botín la educación para satisfacer su hambre de poder.

    Voy a decir algo que también es cierto. El gobierno mató. El gobierno mató a maestros con el propósito de desalojar la carretera. Sí, #FueElEstado. También un periodista que cubría el evento fue asesinado por sujetos desconocidos cuando cubría la protesta.

    Y también cabe mencionar que la Reforma Educativa tiene el propósito único de regresar la rectoría de la educación al Estado. Que sí, es primera condición para mejorar el nivel educativo; pero a juzgar por la propuesta la Reforma en sí es el único fin. Por sí sola, podría interpretarse como un juego del poder. Que el Estado quiere tener la rectoría de la educación porque es poder y no porque quiera mejorarla.

    El gobierno niega que los policías hayan estado armados, pero las pruebas de lo contrario abundan. Fotografías, videos:

    nochistlan

    Yo había dicho que el Estado tenía que usar la fuerza de la ley en caso de que sea necesario. Pero ojo, no hay que tergiversar el término, hablo de «la fuerza de la ley». Es decir, el Estado debe de actuar respetando el Estado de derecho.

    Es decir, el gobierno debe hacer cuando pueda en tanto las leyes se lo permitan. Las leyes no te permiten matar manifestantes para desalojar una carretera. Incluso si los manifestantes actúan violentamente, si usan machetes por ejemplo, la violencia debe usarse solamente con el fin de salvaguardar la integridad de los cuerpos policiacos o de terceras personas. Los muertos, a juzgar por las imágenes y videos publicados en redes sociales (muchos replicados por medios informativos) no llevaban machetes, ni cargaban pistolas.

    Matar así, entonces, no es usar la fuerza de la ley, es cometer un crimen. Matar a una persona cuando la ley no justifica el acto se convierte automáticamente en un crimen. Los miembros de la Policía Federal que mataron a los manifestantes entonces son criminales y deben de ser procesados como tales. Si la orden la dio Aurelio Nuño, entonces también es un criminal. Si Peña Nieto tuvo relación alguna con dicha decisión, entonces es un criminal también.

    Nochixtlán CNTE

    La respuesta debe corresponder al acto. Es decir, las consecuencias de mis actos están tipificadas por la ley. Si robo un dulce, en consecuencia recibo una pena, si altero el orden público, tal pena, si mato a alguien, esta otra pena. De esto se trata cuando se habla de que se aplique la ley a cierto grupo. En algunos casos el Estado puede ejercer represión contra un grupo que está vulnerando los grupos de terceros. Pero también el tipo de represión debe tener relación con el tipo de acto. En ciertas circunstancias, la policía puede usar gases lacrimógenos, en otras puede llegar a usar la violencia para neutralizar ante un grupo que se ha convertido en una amenaza, y el tipo de violencia debe de ir en concordancia con el tipo de la amenaza. De esta forma, se entiende que no hay razón alguna para haber matado policías.

    Por otro lado tenemos que ver las consecuencias que estos actos tienen en la psique colectiva en México.

    México es un país «con muchos traumas». La izquierda radical como la propia CNTE, López Obrador y demás son claro ejemplo de ello. Estas organizaciones no salieron de la nada, son consecuencia del malestar de gobiernos que han trabajado para unos pocos, para las élites, que generalmente se encuentran muy cerca del propio gobierno, lo cual ha generado una gran desigualdad en el país (es eso, y no el libre mercado como muchos piensan). Actos como los de hoy son los que generan agravios, los cuales se convierten en traumas, y por tanto alimentan a estos grupos radicales y los empoderan. Grupos que se sienten indignados y se radicalizan, indignación que es cooptada con prontitud con líderes con oscuros intereses. Cuando se radicalizan, la posibilidad de diálogo disminuye o de plano desaparece.

    Lo ocurrido en Nochixtlán no será un golpe duro a la CNTE, por el contrario, le dará legitimidad. Un discurso de victimización ante un gobierno cuyos índices de popularidad son los más bajos desde que existen este tipo de mediciones quedará muy ad hoc.

    Y sí, así como he afirmado que López Obrador pareciera haberle hecho el trabajo al PRI «sin querer» en varias ocasiones, ahora parece que el PRI está haciendo todo lo posible para que el tabasqueño pueda erigirse como presidente en 2018. Son buenos cocineros, están preparando muy bien el caldo de cultivo para que así suceda.

    Y para concluir, como suele suceder en nuestro país, lo más probable es que no ocurra nada. No habrá culpables, y si los hay, serán de bajo rango. Este gobierno, por ejemplo, sigue sin explicarnos bien que pasó en Ayotzinapa.

    Sí, hoy es un día difícil.

  • Gritarle al portero rival en el estadio

    Gritarle al portero rival en el estadio

    El grito del «eeh puto» tuvo su origen en el seno de la Barra 51 del Atlas. Dice la leyenda que se originó cuando Oswaldo Sánchez (ex portero de Atlas) fue transferido del América a las Chivas (rival acérrimo de su primer club). Como respuesta a la traición, los miembros de la Barra 51 comenzaron a usar la palabra «puto» cada vez que Oswaldo despejaba desde su arco.

    Al parecer tuvo tanto éxito que fue utilizado en el preolímpico rumbo a Atenas en 2004, y y «ha sobrevivido» tres mundiales: Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. En éste último, es donde el grito comenzó a llamar la atención. Aficionados de otros países lo comenzaron a utilizar sin saber su significado, e incluso personas de países en el otro extremo del globo terráqueo subieron videos del grito que ya se había vuelto famoso a nivel mundial:

    https://www.youtube.com/watch?v=B74EHL5A4zA

    Pero a partir de ahí, las críticas al grito no se hicieron esperar. La FIFA condenó el grito, y amenazó con sancionar a México. Fue la primera vez que el máximo órgano rector del balompié levantaba una advertencia. ¿La razón? Era un grito homofóbico, decían.

    La palabra puto siempre ha generado controversia en nuestro país. No sólo porque es un palabra agresiva y una grosería «mayor». Pronunciarla en un salón de clases puede ser motivo de suspensión.

    Pero también ha generado controversia cuando se trata de determinar qué tan «homofóbica» es la palabra. Y ésta viene porque en ese sentido, el término «puto» (que básicamente es una abreviación de «prostituto») es ambiguo. Sí, se usa mucho para discriminar homosexuales, pero también se usa constantemente para insultar a otra persona sin alguna connotación homofóbica, apelando más bien a la cobardía.

    Gritarle al portero rival en el estadio

    Algo así pasó con la canción de Molotov llamada «Puto». Aunque usaban este término e incluso añadían el de «maricón», los integrantes se defendieron alegando que su intención no era discriminar a la comunidad gay, y posiblemente tengan razón, no fue su intención, como se muestra en su video.

    Pero por otro lado, la canción de Molotov expresa muy bien el sentido que generalmente se le da a la palabra:

    “¿Qué, muy machín no?,  ¿A muy machín no?, Marica nena, más bien putino”

    Es decir, la letra no tiene intención alguna de discriminar a un homosexual, pero sí lo hace con quienes se considera «poco hombres», como si ser mujer «marica nena» fuera una condición inferior al hombre: «No seas niña, los niños no lloran». Hace más de 15 años, cuando Molotov compuso la canción, posiblemente no fueron conscientes de lo que esa letra implicaba. En ese entonces decirle «nena» o «puto» a un hombre con mucha sensibilidad era una conducta considerada normal.

    Bajo el mismo entendido tenemos que abordar el grito de «puto» dentro de los estadios, el cuál ahora ha causado polémica por ser usado en un partido de la Copa América poco después de guardarse un minuto de silencio por el asesinato dentro de un bar gay en Orlando. Diarios como The Guardian y The New York Times abordaron el caso. No entendían como después de un momento como ese, la afición seguía coreando el «puto».

    https://www.youtube.com/watch?v=VMFAgoA9aOE

    Pensar en que hay una intención de «odio homofóbico» cuando el aficionado grita «puto» al portero sería no entender el contexto. Yo no creo que los aficionados (al menos la mayoría) que hacen ese grito tengan la intención de agredir a la comunidad gay. De hecho pienso que la mayoría ni siquiera les pasa por la mente un homosexual a la hora de gritar. Lo ocurrido en la Copa América es prueba de ello, seguramente los aficionados no relacionaron el grito con un insulto a la comunidad gay y no vieron algo malo en gritarlo pese a que se había guardado un minuto de silencio.

    Pero a pesar de esto, a que no hay una intencionalidad de parte del aficionado por discriminar a los gays, sí estoy muy de acuerdo en erradicar ese grito del estadio; sobre todo tomando como parámetro el caso de Molotov. No deja de ser un ataque y una forma de discriminación a cierto tipo de personas.

    A pesar de esa «no intencionalidad homofóbica», muchas personas homosexuales han sido agredidos con ese término. Amigos míos que tienen preferencia por personas del mismo sexo sufrieron de un severo bullying dentro de su escuela y fueron discriminados por sus compañeros. Puto, puto, puto, les decían, hasta hacerlos romper en llanto.

    También existe esa correlación entre homosexual y cobarde. Según la idea que todavía pernea en el inconsciente colectivo, un homosexual es sensible, y entonces es cobarde, y poco hombre; es nena. Puto es una forma peyorativa de describir a un homosexual, y también es una forma de denigrar a quien es sensible y cobarde. Entonces se entiende el término de la palabra. Puto se usa para denigrar a los «cobardes y poco hombres» porque los gays «son cobardes y poco hombres», aunque luego se le quitó la «connotación homosexual» y se usó para «denigrar a los cobardes y poco hombres» sin el propósito de denigrar una persona homosexual.

    https://www.youtube.com/watch?v=SX16nN1Ugug

    Acusar a los «gritantes» de homófobos e incitar al odio es erróneo, injusto, y lo único que causaría es más odio y confrontación. Pero sí se puede generar una mayor conciencia en la sociedad sobre el uso del término y los efectos que puede tener en algunos sectores. Ese es el primer paso que se debería seguir si se quiere erradicar el grito de los estadios.

    El grito de «eh puto» se ha convertido en un grito de guerra. Recordemos que el futbol es la recreación de una batalla, donde cada bando toma simbolismos, banderas propias del equipo, así como rituales. El grito de «eh puto» es algo que se extiende más allá de de los bandos y se convierte en parte del folclor mexicano. Pero no en uno muy deseable (como sí lo es la ola, por ejemplo) sino en uno más bien vulgar. Lo mejor que puede pasar es que ese grito desaparezca de los estadios.

    No va a ser algo fácil de erradicar, en tanto ese grito ya es parte del «folclor del futbol». No se puede esperar a que eso ocurra de la noche a la mañana, pero sí se tiene que hacer un esfuerzo por generar conciencia.