Categoría: reflexión

  • ¿Qué va a pasar cuando estemos muertos?

    ¿Qué va a pasar cuando estemos muertos?

    ¿Qué va a pasar cuando estemos muertos?

    Todos algún día vamos a morir. Hasta la fecha, ningún ser humano se ha salvado de ese fatídico desenlace. Tampoco eres especial y es iluso que pienses que como eres consciente de ti mismo y solo tienes certeza de ti mismo porque eres consciente de ti mismo (cogito ergo sum), a ti no te va a tocar. Eres uno más.

    Entonces este texto podría interesarte, aunque no me hago responsable de cualquier crisis existencial que te provoque este texto, así que quedas advertido.

    ¿Qué va a pasar después de la muerte? Nos hemos dado algunas respuestas: que si nos iremos al cielo, o que si fuimos malos nos iremos al infierno, que reencarnemos (en otro ser humano, en un ser espiritual o en otra especie), pero ninguna persona que haya muerto ha venido a darnos un testimonio de lo que va a pasar. De los miles de millones de muertos, ni una sola persona ha estado en condiciones de relatar si reencarnó (aunque haya algunos pseudogurús que lo afirmen) o se si fue al infierno o al cielo. Hemos echado mano de las religiones para tratar de darnos una respuesta ante esta difícil pregunta, mientras que la ciencia hasta ahora no nos ha terminado de dar una respuesta contundente a este dilema.

    Pero estas respuestas me traen más bien más preguntas, y para ello primero tratemos de entender qué significa estar vivos y qué sabemos de la conciencia (es decir, que somos capaces de reconocer que existimos).

    Primero ¿qué es la vida y qué es la consciencia?

    La vida es un proceso biológico temporal. Nacemos, vivimos un lapso y después morimos. Las personas, de alguna u otra forma, dejan una suerte de descendencia o legado. Algunos procrean hijos, algunos otros tal vez dejan alguna aportación cultural o de otra índole que ejerce influencia en la historia de la especie humana (aunque no sea visible o reconocible, sea una contribución muy pequeña o grande, o sea positiva o negativa).

    Lo que nos caracteriza de los demás animales es que somos conscientes de nosotros mismos y de nuestra existencia. No somos los únicos animales dotados de inteligencia, varias especies tienen alguna forma de inteligencia (que en algunos casos suele ser muy sorprendente) pero, hasta la fecha, somos la única especie que es capaz de reconocerse como ser consciente.

    Dada nuestra capacidad de ser conscientes, por medio de la filosofía y la metafísica hemos tratado de entender a nuestro ser. Hemos tratado de entender qué es y cómo es que nuestro ser interactúa con su entorno. Hemos tratado respondiéndonos que tenemos un alma que, de alguna forma u otra forma, no formaría parte del cuerpo sino que sería una entidad nor corporal, aunque a diferencia del dualismo cartesiano (que separa al alma y al cuerpo por completo) el cristianismo actual (y que es mencionado en la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II) señala que el ser no es pura alma, sino que el cuerpo también forma parte de él, y así, cuerpo y alma interactúan (aunque lo espiritual tiene preferencia sobre lo material).

    Pero en los últimos tiempos, la ciencia nos ha revelado más sobre la consciencia. Sabemos que la personalidad no es ajena a procesos químicos y biológicos sino que, de algún modo, está condicionada por ellos. Por ejemplo, sabemos que las sensaciones: alegría, dolor, depresión, emoción, se generan gracias a procesos químicos y neurológicos que tienen lugar en nuestro cuerpo. Sabemos también que las sensaciones negativas no son «castigos» (aunque el ser humano puede usarlas para castigar a otros) sino que tienen como fin la supervivencia o la estabilidad del individuo: por ejemplo, el duelo después de la muerte de un ser querido ayuda a la persona a adaptar su psique a una realidad en la que dicho ser querido ya no está.

    Un ejemplo más dramático con cuestiones ya de índole moral, es el de un hombre que, a raíz de un tumor cerebral, empezó a adquirir una gran fascinación por la pornografía infantil, y se terminó convirtiendo en un acosador sexual sistemático. Después de que ese tumor fuera extirpado su comportamiento volvió completamente a la normalidad. Es decir, la moralidad no está desligada de lo biológico ni lo cultural.

    Todo apunta a que nuestra forma de ser (única entre todos los demás) es producto de diversos factores biológicos, así como factores culturales que interactúan con dichos factores biológicos. Aunque todavía falta revelar mucho sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, sabemos que la consciencia como tal, de acuerdo a Stanislas Dehaene, es como un bucle o un loop de diversos procesos que tienen lugar en nuestro cerebro, así como un par de llantas que, al repetir su movimiento circular, son capaces de mover algún objeto.

    Sabemos qué es la consciencia, pero no hemos sabido responder desde la ciencia el por qué somos conscientes. Sí, la consciencia existe y la ciencia nos explica más o menos cómo funciona, pero no sé por qué yo soy consciente, por qué yo soy esa consciencia y no cualquiera de las demás o ninguna.

    Ahora, sabiendo todo esto, surgen muchas preguntas sobre nuestro destino cuando dejemos este mundo.

    Cielo e infierno

    Tomemos el caso del cielo e infierno. Se dice que si hemos sido buenas personas iremos al cielo donde tendremos felicidad infinita, o si hemos sido unos hijos de su madre, entonces la pagaremos en el infierno y sufriremos como nunca para siempre.

    Pero si bien no sabemos por qué somos conscientes, como decía, sabemos más o menos cómo funciona la consciencia, sabemos que factores biológicos y culturales afectan y moldean la forma en que se manifiesta nuestra personalidad.

    Ahora, si vamos al cielo o al infierno o a cualquier lugar supraterrenal ¿cómo podremos seguir siendo nosotros mismos cuando todas esas variables que explican nuestra consciencia y nuestra personalidad ya no existirán ya que habrán quedado enterradas junto con nuestro cadáver (ahí bajo la tumba yacerá el cerebro que, además, almacenaba toda nuestra memoria, así como todas las glándulas que secretaban hormonas)? ¿Todo ello se traslada o se convierte en otra cosa? ¿Es que todo eso que se explicaba por lo biológico y lo cultural se convierte en una suerte de energía que hace que nuestro espíritu persista como cuando convertimos un archivo de Word a una imagen donde podemos ver exactamente lo mismo desplegado en pantalla pero que en su funcionamiento es algo completamente diferente?

    Y siguen más preguntas. Si en el cielo o el infierno sentiremos algarabía o dolor infinito ¿Cómo es que será éste, partiendo de que son procesos químicos los que provocan la sensación de algarabía y dolor? ¿Habrá algún equivalente a ello? ¿Sufriremos o gozaremos de algún otro modo que nos es completamente desconocido ya que esas sensaciones estarían generadas por las leyes de ese mundo supraterrenal y no de éste?

    La reencarnación

    Preguntas parecidas surgirán si queremos hablar sobre la reencarnación. Por ejemplo, si supongo que la consciencia y la personalidad que se explican por factores biológicos y culturales se transforman en una suerte de energía, entonces en este caso podríamos pensar que esta energía (o que podríamos llamar espíritu) se traslada a otra entidad corporal que se va a formar y va a nacer. Pero si esa energía (que es como una copia de lo que antes estaba determinada por esos factores biológicos y culturales) reencarna en otra entidad corporal, entonces tendría que manifestarse de igual forma, que sea una copia de aquella otra persona. Piensa en un Word (tu primer cuerpo) que conviertes en un PDF (espíritu puro) y luego en un Google Docs (segundo cuerpo).

    Pero entonces ya tendríamos que haber descartado los factores culturales porque sabemos que lo cultural se aprende de forma empírica, y por lo tanto sabemos que un bebé recién nacido todavía no ha aprendido nada de la cultura que, por cierto, nunca va a ser exactamente igual a lo largo del tiempo. ¿Entonces, si hablamos de la reencarnación, solo habrían reencarnado los factores biológicos? ¿Cómo podemos decir entonces que se trata de la misma entidad espiritual?

    Es más: ¿qué tan trascendente nos debería ser la reencarnación ya que tu espíritu que habitará en el nuevo cuerpo que reencarnaste no recordará tu vida pasada? En caso de que la reencarnación existiera ¿sabes quien eras antes? ¿Te acuerdas de aquello que viviste o sentiste en tu yo de antes? ¿Cómo podemos decir que ese ser es el mismo que el actual si existe una desconexión entre la forma en que ambos seres se manifiestan? (Desconexión tanto de lo material, lo accidental e incluso de lo esencial si partimos de la idea de que nuestra personalidad es parte de lo que nos define y no es accidente) ¿Cómo podemos determinar que se trata de la misma entidad?

    Pobre de ti si eres ateo

    Seguramente te pude haber dejado con muchas dudas, pero el caso de que nuestro ser ascienda a un lugar supraterrenal sigue siendo más satisfactorio. Un religioso tal vez podrá sortear estas cuestiones y encontrar una explicación más allá de todo esto. Los ateos la tendrán mucho más difícil.

    Y la tienen más difícil porque ellos tienen que lidiar con el «no ser».

    Es decir, en el entendido de que nuestra personalidad y nuestra consciencia se explica por factores culturales y biológicos y no hay algo más allá de eso, si morimos entonces vamos a dejar de existir por completo.

    ¿Qué es no existir?

    ¿Es estar en un lugar oscuro donde no podemos interactuar con absolutamente nada? Incorrecto. Porque estar en un lugar oscuro implica seguir siendo conscientes de nosotros mismos, lo cual evidentemente ya no ocurre.

    Pero si ya no somos ¿qué será de nosotros? ¿cómo podemos imaginarnos cuando ya no seamos? No podemos hacerlo, porque no podemos imaginar la nada. No hay forma de imaginarlo, no hay forma de concebirlo, porque el ser humano sólo puede imaginar o pensar con relación a algo que existe. El vacío nos lo explicamos como la ausencia de algo, algo que debería haber y no está, pero no nos explicamos el vacío por sí mismo, sino en relación con algo que existe.

    Tratar de entender el «no ser» es entender el vacío con relación a la nada, y eso es imposible para nuestra psique.

    Y si esto te genera misterio y te consuelas con el hecho de que tendrás el privilegio de saber qué es no ser, dejame decirte que, como «no vas a ser», entonces no podrás saber qué es el «no ser».

    Simplemente dejarás de existir y ya.

    Observaciones:

    Como mi conocimiento no es absoluto (ni pretende serlo), como no soy perfecto, ni soy el mejor especialista en las disciplinas de las que eché mano, seguramente habré podido dejar algo afuera de mi argumentación, tal vez no haya considerado alguna cuestión de orden científico, filosófico (metafísico u ontológico) y si crees que he omitido algo sería interesante que lo dijeras para dialogarlo y debatirlo. Esto es obvio, dado que este artículo es producto del razonamiento que hice de forma subjetiva (en el entendido de que los individuos somos subjetivos) y con ayuda de mis conocimientos y la información que tengo a la mano.

    En resumen, mi intención con este artículo no es tener la razón, sino reflexionar sobre un tema tan escabroso pero inminente como es el tema de la muerte, cuya existencia nos termina, de alguna u otra forma, definiendo como seres humanos.

    Tal vez podré haberte causado algún cuestionamiento existencial, pero recuerda que por eso lo advertí al principio de mi artículo.

  • No te gustó la sirenita negra

    No te gustó la sirenita negra

    No te gustó la sirenita negra

    Nunca he sido fan de muchas de las maneras que progresismo usa para visibilizar a ciertos sectores sociales ya que me parecen contraproducentes, como ocurre con las políticas de identidad (identity politics) que me parece que más que fomentar la inclusión termina tribalizando a dichos sectores, recluyéndose dentro de sí mismos o protegiéndose de los demás dentro de espacios seguros.

    Tampoco me atrae en lo absoluto ese discurso victimista influido por algunos filósofos posmodernos que sobredimensionan las relaciones de poder casi como si cualquier relación humana contuviera una opresión asfixiante (que como bien señalaba Jürgen Habermas, no dejan siquiera espacio para el consenso) y que terminan más bien provocando un aislamiento de los distintos sectores o, que de la misma forma, derivan en un discurso en el que una persona ya no puede recordar la historia de su país ante su incapacidad por perdonar los errores de su pasado en vez de voltear hacia atrás y reconocer los avances que se han tenido. Cosa curiosa porque la filosofía posmoderna gusta de entender la realidad por medio de relaciones (eso que llaman relativismo), y básicamente con ese mismo ejercicio se podría hacer un mejor juicio de los eventos pasados entendidos en el contexto en que se llevaron a cabo (por ejemplo, entendiendo el progreso de la humanidad, sería mucho más reprobable esclavizar a alguien en el siglo XXI que en el siglo XIX y tal vez sería poco apropiado hacer juicios de una persona del siglo XIX con los parámetros éticos y morales del siglo XXI).

    Pero me gusta más cuando buscan visibilizar de forma positiva a los distintos sectores sociales, esos que históricamente han quedado relegados y en algunos casos oprimidos.

    Además, soy una persona ferviente del multiculturalismo y la pluralidad. Es decir, comparto ese anhelo en el cual en una mesa puedan sentarse un hombre blanco británico, una mujer mexicana, una persona afroamericana y un transexual y puedan convivir sin que nadie se juzgue por quién es. Tal vez pueda llegar a sonar un poco utópico, pero es innegable que se han logrado considerables avances al respecto.

    En este sentido, estoy de acuerdo con las políticas que Disney y demás estudios están implementando en sus películas para visibilizar a diferentes sectores, o que Halle Berry vaya a interpretar a la 007. ¿Por qué?

    Porque la forma en que decimos que la sociedad es (o debería de ser) es en gran medida una construcción cultural. Básicamente, nosotros crecemos y entendemos el mundo por la forma en que lo percibimos, por la forma en que somos educados (que básicamente implica una transmisión de la cultura) y por nuestra interacción con nuestro entorno. Y como lo que las distintas personas percibimos de la cultura es algo relativamente parecido, entonces las virtudes y los prejuicios inherentes a la cultura se transmiten de generación en generación en forma de memes (entendido en el significado que le dio originalmente Richard Dawkins y no como los memes que subes a Internet).

    Dentro de los memes que se transmiten y que actúan, según Dawkins, de forma similar a los genes, hay evidentemente muchas virtudes, valores éticos y morales, pero también hay algunos vicios y prejuicios. A pesar de los grandes avances, todavía no podemos hablar de una equidad de género real. En Estados Unidos todavía a las personas de raza negra se les percibe como un tanto menos relevantes que los blancos, por poner un ejemplo.

    Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. Mímeme se deriva de una apropiada raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a gen. Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mímeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relaciona con «memoria» o con la palabra francesa même. En inglés debería pronunciarse [mi:m].

    Richard Dawkins – El Gen Egoísta

    Y así como muchos de estos memes se transmiten por medio de la educación familiar, la escuela o la televisión, el cine juega un papel importante en la transmisión de dichos memes. No es un secreto que el cine ejerce influencia sobre nuestra cultura.

    Además, es cierto que los seres humanos tendemos a aceptar más aquello que nos parece más familiar y es parte de nuestro entorno mientras que tendemos a rechazar aquello que nos parece más ajeno. Parte de nuestra historia como especie humana se explica por ello (y por ello alerto sobre algunos de los modos del progresismo que terminan tribalizando a diversos sectores). Pero resulta que ahora vivimos en una sociedad más globalizada e hiperconectada que le debería permitir a las distintas culturas y diferentes tipos de personas acercarse más. La misma historia nos ha mostrado que cuando nos acercamos más y convivimos más con lo que nos es diferente, comenzamos a tolerarlo y a integrarlo más, y a empatizar más con ello. En los albores de la Revolución Francesa, la idea de que no podía haber seres humanos legalmente superiores a otros estuvo, en parte, alimentada por la literatura por la cual mucha gente comenzó a conocer otras realidades y a empatizar con ellas. Steven Pinker, por su parte, también señala los beneficios en este sentido que ha tenido el acceso de la gente a la literatura.

    Entonces ¿qué pasa con la sirenita negra? Bueno, resulta que la Sirenita es el personaje principal. La idea es que, con la inclusión de un personaje de color se promueva la idea de que una persona afroamericana puede ser igual de relevante que una persona blanca, o que un latino puede ser un héroe igual que una persona blanca.

    Es cierto que no es como que sea la primera vez que una persona de color protagonice alguna película. Will Smith ha protagonizado muchas, Morgan Freeman o Denzel Washington. También es cierto que la mayoría de los protagonistas han sido blancos, y más aún, que dentro de las caricaturas, casi todas las personas protagonistas suelen ser blancas.

    Que la inclusión de esta sirenita haya generado polémica y opiniones divididas me parece que muestra que puede ser una decisión acertada. Es cierto que puede generar escozor que cambien el tono de piel del personaje bajo el argumento de no apegarse a la historia original, pero lo inverso ocurre en la vida cotidiana y no genera mucha indignación:

    Por ejemplo, en México en la gran mayoría de las personas que aparecen en televisión o en comerciales son tez blanca o morena clara como si nada cuando los que tenemos tez clara en México somos minoría (a veces incluso llegan al descaro de «importar» argentinos o europeos para ese fin) . Otro ejemplo del que casi nunca se había hablado es de las muchas imágenes de Jesucristo de tez blanca cuando en realidad el debió ser bastante más moreno, basta que lo busques en las imágenes de Google.

    Nunca se recriminó la falta de fidelidad a lo que buscan representar: que la mayoría de mexicanos sean morenos o que Jesucristo no podía ser blanco ni rubio. Pero en el caso de la Sirenita sí se recrimina argumentando que la historia original es danesa (bastante diferente a la de Disney, por cierto).

    Evidentemente, no se debería tratar de una cruzada contra los blancos ni mucho menos el uso de esas descalificaciones apriorísticas a las que se suele apelar con el término white privilege, pero sí me parece acertado que por medio del cine se transmita la idea de que, independientemente de tu raza, género, origen u orientación sexual, puedes ser igual de relevante que cualquier otra persona.

    Y más que hablar de «agendas progres» o conspiraciones, este argumento puede tener como soporte el mero hecho (de inspiración lockeana) de que la persona humana por el simple hecho de ser una persona humana ya es digna, y de que, tomando a John Rawls como referencia, las condiciones accidentales y que no son producto del mérito o el esfuerzo (como lo mencioné, lo relacionado con la raza, género y demás) no se conviertan en obstáculos para que la gente pueda desarrollar su proyecto de vida de igual forma.

    Transmitir este meme, el cual busca dotar de la misma dignidad a todas las personas sin distingo de las particularidades que no son producto de las decisiones de las personas, me parece una decisión acertada. Se trata de un reforzamiento positivo (más que de una eterna confrontación que separa y tribaliza a los distintos sectores) y por ello lo aplaudo.

  • Es la educación básica, estúpido

    Es la educación básica, estúpido

    Es la educación básica, estúpido

    Me atrevo a parafrasear la frase de James Carville, asesor de campaña de Bill Clinton, para reflejar mi sentir ante la visión que este gobierno tiene sobre la educación, y a continuación les explico por qué.

    Una de las razones por las que México no crece es porque nuestro capital humano ha crecido más bien poco. Ello se explica por un nivel educativo bastante deficiente.

    Una de las tantas razones por las cuales México es un país muy desigual, es porque los pobres (que son cerca de la mitad de todo el país) no tienen acceso a una educación digna que les permita adquirir herramientas para aspirar a una mayor movilidad social.

    Si queremos hablar de desarrollo y justicia, entonce tenemos que hablar de educación. La educación es fundamento toral si queremos aspirar a ser un mejor país, con mayores oportunidades, desarrollo e inclusión. Y hay que mejorarla desde abajo.

    Es, sin embargo, muy ingenuo pensar que este problema (el de la educación deficiente) se va a combatir creando más universidades y abriendo más plazas para que la gente entre a estudiar. ¿Por qué?

    Empecemos desde abajo. Sabemos que en la educación básica e intermedia, los alumnos van a adquirir las herramientas cognitivas básicas que posteriormente les van a ser muy útiles a la hora de desempeñarse. Ahí van a aprender a razonar, van a adquirir habilidades matemáticas, básicamente van a adquirir los cimientos y la estructura de ese edificio. Si éstos son débiles, el edificio, por mejores acabados y servicios tenga, va a vibrar ante cualquier movimiento y tal vez se venga abajo con cualquier temblor. Te vas a dar cuenta que, por mejores acabados tengan las oficinas, estás en un recinto de mala calidad.

    Y como sabemos que la educación básica es deficiente, entonces demos casi por sentado que la estructura también lo es.

    Ahora digamos que la universidad son esos acabados y servicios. Evidentemente, ellos son muy necesarios para que el edificio cumpla con la función para la que fue construido (no sé, albergar oficinas eficientes), pero de poco sirven si la estructura y los cimientos están mal construidos.

    ¿Qué pasa cuando una persona que recibió una educación deficiente ingresa a la universidad? ¿Qué pasa cuando muchos de los estudiantes universitarios no recibieron una buena educación básica e intermedia? Es muy simple: la calidad de los estudios universitarios va a tender ser más pobre ya que los alumnos no tendrán la capacidad de cursar una licenciatura de muy alto rendimiento.

    Entramos en un dilema porque, por una parte, una universidad puede establecer filtros para que solo la gente realmente preparada pueda cursar las licenciaturas que están ofreciendo a un nivel determinado, pero eso excluiría a quienes recibieron una educación más deficiente y, evidentemente, a quienes no se esforzaron en sus estudios. A los últimos no los podemos defender de ninguna manera, pero posiblemente los primeros sean más pobres que quienes sí recibieron una educación aceptable (aunque la educación privada tampoco está para echar campanas al vuelo). Pero si, para crear justicia, demos acceso a más personas (lo que implica que personas con menor preparación entren a las aulas), ello va a comprometer el nivel de las carreras que se ofrecen.

    Ahora regresemos. Digamos que el gobierno decide no dar más plazas universitarias de las que ya se ofrecen. En vez de eso decide apuntalar la educación básica e intermedia y así logra mejorar la preparación de los alumnos de primaria y secundaria.

    ¿Que va a pasar?

    Van a ocurrir dos cosas positivas. Primero, que las personas que entren a la universidad tendrán un mejor nivel académico, lo cual coayudvará en un mejor nivel educativo a nivel universitario. Segundo, que las personas en general, independientemente de que estudien una carrera universitaria, tendrán mayores herramientas (cognitivas, críticas y demás), lo cual les dará la oportunidad de aspirar a mejores empleos y menos sueldos que si hubieran recibido una educación deficiente.

    Muchas de esas personas que no pudieron entrar a la universidad, tendrán más habilidades y recursos que los que en la actualidad tienen, lo cual es una gran ventaja porque tendrán la capacidad de adquirir más conocimiento por otros medios que de otra forma no habrían podido obtener. En Internet hay muchos cursos relacionados con ingenierías y diversas áreas (como ciencia de datos, machine learning) que podrían tomar, ya que tendrían las habilidades cognitivas para hacerlo. Técnicamente podrían tener un perfil mucho más competitivo que el que tienen muchos universitarios en la actualidad.

    Es cierto que en la actualidad todavía el título es muy relevante a la hora de poder conseguir empleo: te abre muchas puertas. También es cierto que en el mundo actual hay una creciente tendencia a valorar los perfiles de los candidatos por sus competencias en sí más que por el título que tienen. No es que debamos de despreciar la universidad, es muy importante evidentemente por la transmisión de conocimientos, pero poco a poco el título en sí dejará de ser tan relevante dando paso a los conocimientos como tales y las habilidades y competencias. Esto quiere decir que quienes no pudieron estudiar una carrera pero que decidieron aprender educarse por cuenta propia tendrán cada vez más oportunidades de mejorar su calidad de vida. Evidentemente, se necesita visión a futuro para entender esto.

    Tener muchos egresados universitarios en un país no es necesariamente la panacea. Es cierto que los países desarrollados tienen, por lo general, más egresados que los países subdesarrollados, pero también podemos constatar en la siguiente gráfica que no necesariamente tener más egresados universitarios deriva en más desarrollo y una mejor calidad de vida. Colombia y Rusia tienen un mayor porcentaje de graduados que casi cualquier país europeo y sin embargo su calidad de vida y sus ingresos son mucho menores.

    También es cierto que, de una u otra forma, tener una educación básica eficiente se podrá traducir en un progresivo incremento de plazas universitarias por el simple hecho de que, al haber generado un mayor capital humano, habrá mayor producción y mayor desarrollo.

    Es importante señalar todo esto para criticar el planteamiento que está haciendo este gobierno. Mejorar la calidad de la educación a veces puede no ser muy popular para los gobiernos porque los resultados no se ven a corto plazo y, por lo tanto, no generan votos. Aunque ofrecer más y más títulos universitarios sin ton ni son sí lo hace. El gobierno de López Obrador se ha decantado por la segunda opción, lo cual es un craso error.

    Si en 2030 o en 2040 nos preguntamos por qué México sigue sin crecer, podremos mostrar como evidencia lo que está ocurriendo en la actualidad.

    Si bien la Reforma Educativa de Peña Nieto era muy perfectible, había cosas que iban por el buen camino. La visión que se tenía de la educación a largo plazo era, a mi parecer, muy buena (otra cosa es evidentemente su implementación, cosa que evidentemente ya no pudimos evaluar ya que era un proyecto a futuro). Ahora no hay siquiera una visión a largo plazo en todos los niveles, y todo ello queda patente cuando la apertura de plazas universitarias tiene mayor prioridad que la educación básica e intermedia.

    El problema con la propuesta actual de tratar de dar acceso a la universidad a más personas como se está haciendo con las «universidades para el bienestar» es que en vez de mejorar el capital humano, solo se estarán entregando más títulos, ya que no hay una apuesta por mejorar la educación básica (donde se adquieren las herramientas cognitivas). Además, la oferta académica en estas universidades es, cuando menos, anticuada (parece que regresé a 1960).

    Básicamente, ofrecer más títulos universitarios sin mejorar el capital humano es como imprimir más billetes pensando en que así crecerá el mercado interno. Así como imprimir más billetes genera más inflación y deprecia la moneda, ofrecer más títulos universitarios indiscriminadamente, solo depreciará la educación universitaria. Y esto con costo al erario público.

  • Cuando se apague la Luz del Mundo

    Cuando se apague la Luz del Mundo

    Ser un fiel de la Luz del Mundo

    La palabra «Inocente» apareció afuera de la Iglesia de la Luz del Mundo en Guadalajara, a la misma usanza con la que muchas de las ciudades del país colocan sus nombres en una ubicación importante para que los turistas y los locales se tomen fotografías y así promocionen a la ciudad como marca.

    Aunque Guadalajara es una ciudad tradicionalmente reconocida por su catolicismo. La Iglesia de la Luz del Mundo, con un carácter más fundamentalista y ortodoxo, se ha hecho un espacio para establecer su sede aquí, creando un microcosmos en la Hermosa Provincia, la colonia habitada por los fieles de esta Iglesia que siguen sus muy peculiares rituales, donde las mujeres deben usar faldas largas y cabellos largos.

    El líder de la Iglesia es Naasón Joaquín García, quien fue detenido en California por abuso sexual y tráfico de personas y a quien le acaban de negar la fianza por la gravedad de las acusaciones y ya que se habrían revelado nuevas evidencias en las que el líder aparece en un trío sexual con una adolescente de entre 15 y 16 años.

    La reacción de los fieles es muy predecible y entendible. Sería ingenuo esperar otro tipo de reacción, sobre todo en el entendido de que se trata de una Iglesia con un tono más fundamentalista.

    Y es entendible porque vaya, gran parte de la razón de ser de los fieles gira en torno a su Iglesia. Las religiones le dotan al individuo de un sentido ético y moral, pero sobre todo, de un sentido de la trascendencia. Las religiones le ofrecen respuestas al individuo con las cuales puede explicarse su vida y el por qué está aquí. Además del sentido existencial, espiritual y moral, también le dota al individuo de un sentido comunitario, y más si hablamos de esta Iglesia donde los lazos comunitarios y sociales son mucho más fuertes que entre los católicos.

    Si a un fiel se le quitara todo eso de la noche a la mañana, se derrumbaría. Básicamente se quedaría solo, viendo como su comunidad se desmorona, desnudo en un mundo complejo que no entiende y que no se parece al que conocía hasta hace poco porque ya no hay quien le de respuestas a sus preguntas. No sabría qué hacer, ni siquiera sabría exactamente quién es ni por qué está ahí. Eso implicaría un shock psicológico muy tremendo por el cual muchas personas no estarían dispuestas a pasar.

    No es fácil asimilar que el líder de tu Iglesia, al cual llamas el apóstol de Cristo, era un pederasta acusado de violación infantil, extorsión y trata de personas. Todo ello se contradice cruelmente con aquellos valores y aquella concepción del mundo que adquiriste dentro de la Iglesia. Si a varios católicos y en especial a los Legionarios de Cristo les costó bastante aceptar los crímenes de Marcial Maciel (y hasta la fecha hay quien relativiza sus fechorías), mucho más difícil será aceptar que Naasón era algo todavía peor, porque: 1) Marcial Maciel era líder de una congregación mas no de una Iglesia. 2) Los lazos de los fieles de la Luz del Mundo con su Iglesia son, por lo general, más fuertes que los de los fieles católicos, en gran medida por su carácter más fundamentalista. 3) Porque, de igual forma, el apego espiritual y comunitario es mucho más fuerte. Los fieles de la Iglesia de la Luz del Mundo viven su fe todos los días. La mayoría de los católicos no suelen ser tan apegados a su religión e incluso combinan su fe con otros paradigmas o ideologías (seculares y en algunos casos con algún tinte religioso).

    Entonces se vuelve más rentable para el individuo aferrarse a la ilusión (en el entendido de que Naasón Joaquín García fuera declarado culpable) que reconocer la verdad. Si es declarado culpable (que es muy posible que suceda) buscarán chivos expiatorios: culparán a los jueces, dirán que Estados Unidos tiene intereses oscuros, que alguna logia masónica, que alguna otra Iglesia está implicada, que esto o que lo otro. Es normal que ello suceda debido a nuestra imperfecta condición humana.

    A veces la realidad es muy dura, y no es la realidad que queremos que sea. Aquellas personas que llegaron a la Luz del Mundo en busca de respuestas, en busca de un orden ético y moral, en búsqueda de un sentido de la trascendencia, tal vez llegaron al lugar equivocado. ¿Y cómo sabían que iba a serlo?

  • Mi escepticismo con el lenguaje inclusivo

    Mi escepticismo con el lenguaje inclusivo

    Mi escepticismo con el lenguaje inclusivo

    Hace algunos años, en algunos círculos se comenzó a utilizar el «todas y todos» para referirse a un grupo de personas y así hacer énfasis en que éste está compuesto por mujeres y hombres.

    Luego, para economizar (aunque solo en el lenguaje escrito y no el hablado) se comenzó a utilizar el arroba. Ej: tod@s. Pero el arroba cayó en desuso ya que solo se refería a mujeres y hombres y no se incluía a otras identidades de género. Entonces se optó por la x: Ej: todxs.

    Evidentemente, estos cambios en el lenguaje, bienintencionados en la teoría posiblemente, se mostraron muy ineficientes. Pronunciar la palabra «todxs» es un gran problema. ¿Cómo se pronuncia o cómo se dice? ¿Todcs? ¿Todos y todas? ¿Todes? Y es un gran problema porque no solo rompe abruptamente con las reglas de la gramática, sino que hace todo mucho más complejo.

    Luego llegó el «todes», donde se utilizaría la «e» para usar el idioma de forma neutra. Efectivamente es más eficiente que las otras propuestas anteriores porque ya hay una consonancia entre la escritura y la pronunciación, pero sigue siendo menos eficiente que el modelo original. Ello nos obligaría a utilizar tres géneros (masculino, femenino y neutro) en vez de dos (masculino y femenino) y a hacer muchas modificaciones a un idioma al que estamos habituados. Es decir, sigue haciendo más complejo un idioma como el español que ya de por sí se caracteriza por ser muy complejo.

    El argumento para hacer estos cambios gramaticales es que nuestro idioma utiliza el género masculino como género neutro. Es decir, decimos «todos» para referirnos tanto a las mujeres como a los hombres. Se dice que ello reforzaría una cultura patriarcal (donde el hombre tiene es el género principal y la mujer el género secundario, o «el otro» como lo llamaría Simone de Beauvoir). Se argumenta que el lenguaje cambia la realidad y, por tanto, si implementamos un lenguaje más inclusivo, ello se va a reflejar en la práctica. De aquí se desprenden los siguientes problemas:

    El primero es el que ya mencionamos, el de la practicidad y la eficiencia. El lenguaje no es rígido, evoluciona con el tiempo y generalmente lo hace por cuestiones de practicidad. El problema es que los modelos inclusivos propuestos hasta la fecha son más complejos y menos prácticos. Esto es un gran problema porque dentro de todas las causas sociales son los modelos prácticos y eficientes los que sobreviven. Hace unos meses expliqué el distinto resultado de las dos grandes propuestas de la Revolución Francesa para transmitir los valores republicanos: el sistema métrico decimal y el calendario republicano. El primero se popularizó tanto que lo utilizan casi todos los países del mundo. El segundo fue eliminado por Napoleón porque era poco práctico y no podía exportarse a otros países (ya que su configuración del calendario tomaba las particularidades de Francia).

    El lenguaje inclusivo es promovido desde distintas instancias e incluso algunas organizaciones lo utilizan. Sin embargo, no parece usarse más allá de esas mismas instancias o por quienes están comprometidos con las causas que lo promueven (movimientos feministas, colectivos LGBT+ etc). Si pudiera hacer una comparación, alguna referencia o algo parecido a un test A/B, podría referirme al «holi» que muchos jóvenes han comenzado a utilizar informalmente ne lugar del «hola». A diferencia del lenguaje inclusivo, el «holi» se ha popularizado sin necesidad de recursos o promoción alguna, es una moda que se ha propagado de forma orgánica, algo con lo que el lenguaje inclusivo ha tenido muchas dificultades.

    La eficiencia no es el único problema. También es cuestionable su efectividad para lograr modificar en la práctica las estructuras sociales y las conductas para aspirar a una mayor equidad de género e integrar a personas con otras preferencias sociales dentro del ethos social. Turquía no es una nación reconocida por ser campeona en equidad de género, la cultura nipona tampoco parece destacarse por ello. y se encuentra muy rezagada en comparación con la mayoría de los países desarrollados, y esto a pesar de que ambos países coinciden en que sus lenguas tienen género neutro.

    Si bien en nuestro idioma el masculino se utiliza como género neutro, es cierto que también hay algunas palabras femeninas para referirnos a un conjunto de personas sin distingo de su sexo (en el entendido de que en nuestro idioma los sustantivos tienen género). Hablamos de «la sociedad», «la humanidad», «la organización», «la patria».

    ¿Es posible discriminar a alguien con el uso del lenguaje? Evidentemente sí. Pero no es lo mismo el uso del lenguaje que la estructura gramatical. El uso del lenguaje deriva de la forma en la que pensamos y nuestras actitudes. Básicamente el lenguaje en sí no es el problema, sino nuestros pensamientos y nuestras actitudes mismas. El problema no es que el masculino sea el género neutro, sino que invisibilicemos a las mujeres o las discriminemos con nuestros actos. Hay prácticas que sí se podrían cambiar y que no tienen que ver con la estructura gramatical sino con el uso de conceptos, por ejemplo decir «ser humano» en vez de «el hombre» a la hora de referirnos a nuestra especie en el entendido de que con «el hombre» se puede entender solamente al género masculino.

    A mi parecer, no es la estructura del idioma la que modifica la realidad. Es la realidad la que termina modificando su estructura por cuestiones de eficiencia. Muchos de los eufemismos que utilizamos y el desgaste que muchas veces sufren con el tiempo puede ser prueba de ello (en muchos casos terminan adquiriendo el tono peyorativo que tenía el significante original que sustituyeron) ya que nos servimos del lenguaje para expresar lo que expresamos y sentimos, y si nuestros prejuicios no cambian, no nos detendremos por la inclusión de un eufemismo, sino que terminaremos corrompiéndolo como lo hicimos con la palabra original.

    ¿Hay equidad de género en la actualidad? No. todavía no llegamos a ello y falta un gran tramo por recorrer ¿Existen todavía conductas normalizadas que afectan a la mujer? Sí. ¿Hay discriminación hacia personas del mismo sexo? También. ¿El cambio de la estructura gramatical abonará a combatir esos problemas? Sobre ello es sobre lo que guardo cierto escepticismo.

    En un mundo libre, no le puedo decir a la gente que use lenguaje inclusivo o no (ni es mi intención siquiera), respeto el derecho de las personas a usarlo así como espero respeto a mi derecho a opinar. Simplemente dudo de su eficacia, aunque comparto los fines que busca (Ia equidad de género y la inclusión de personas con otra orientación sexual en la sociedad). En este sentido, si con el tiempo logra socializarse una suerte de lenguaje inclusivo o algo parecido de tal forma que termine siendo norma de la lengua, ello será entonces resultado de los cambios sociales a los que el lenguaje se adaptó para hacerse más eficiente, no al revés. Al final, el lenguaje termina modificándose de forma progresiva y orgánica para responder a las necesidades de una sociedad dada que habla dicho idioma.

    Puedes consultar más aquí.

  • No Hernán, no todos en Zapopan somos así

    No Hernán, no todos en Zapopan somos así

    Imagen: Canal Once

    La semana pasada, Hernán Gómez vino a Guadalajara para hacer un «análisis sociocultural» de las acentuadas diferencias socioeconómicas que existen en nuestra ciudad (y que se repiten de forma relativamente similar en todo México).

    En el que fue el último programa de la Maroma Estelar, este personaje afín de la 4T pretendió hacer un análisis que a priori podría parecer válido, ya que pretendía mostrar las diferencias entre las élites y la gente que no ha sido tan privilegiada. Lo que Hernán nos mostró en ese video no es algo falso: generalmente, algunos integrantes de las élites mexicanas tienen poco contacto y menos interés por el otro México, viven en una burbuja privilegiada y, si bien dicen apegarse a cierto sistema de valores (religiosos normalmente) en la práctica se mantienen muy alejados de ello: «quiero una niña con valores… si esa persona cree en diosito, para mí es de huevos… la verdad a mí no me gusta ir a misa». Eso que muchos llaman «doble moral».

    Los que vivimos en Guadalajara sabemos que hay gente que es así, la hemos conocido y en más de una ocasión hemos llegado a (o más bien tenido que) convivir con ella.

    Pero luego comienzan los problemas:

    Un análisis de este tipo se convierte en un problema si quien lo hace lo hace con fines políticos y no con fines meramente informativos, académicos o sociales, lo cual es de notar.

    Dentro de esta «investigación» que Hernán hizo (quien visitó los lugares más pudientes como Plaza Andares o la colonia Providencia donde se vitcimizó en la entrada de La Casa de los Platos) podemos ver que más que hacer un análisis riguroso, se esforzó más bien en crear un hombre de paja para fortalecer el discurso del sistema: «fifís y chairos».

    Hernán entrevistó gente conocedora sobre la historia de Guadalajara y la sociedad tapatía, quienes le relataron cómo es que la Calzada Independencia funge como una suerte de muro invisible que separa a la Guadalajara más privilegiada de la que no lo es. Pero luego el mismo Hernán toma este ejemplo para hacer una distinción que estos conocedores no hacen al usar estos términos tan típicos que se utilizan para polarizar el discurso: allá al poniente de la calzada viven los fifís (privilegiados, sin empatía), en el oriente viven los chairos (el pueblo bueno).

    Después de esta entrevista es cuando Hernán va a los antros para mostrarnos cómo es esa Guadalajara fifí, o más bien Zapopan, que es el segundo municipio más rico del país después de San Pedro Garza García (en lo que Hernán hace mucho énfasis). Es decir, los que vivimos en el poniente somos todos pedantes, ignorantes, doblemoralinos y, ah, odiamos a López Obrador. Del otro lado está el pueblo bueno, atropellado, malentendido, que sufre, esos que dicen que tienen las esperanzas puestas en la 4T (pero que son los más afectados por lo errático de este gobierno).

    La verdad es que muchos de los que vivimos en el poniente de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ya definidos como fifís por Hernán) no somos como esas personas vacías e insulsas que entrevistó. De hecho, esos comportamientos se nos hacen patéticos y nosotros mismos los criticamos y señalamos.

    A muchos no nos va mal económicamente, pero tampoco somos parte de la élite (y que dentro de esta misma no se podría generalizar del todo). Hernán nos etiquetó y creó un «ente fifí homogéneo» a partir de unas entrevistas que hizo básicamente para sumarle al carro de la polarización propia de la Cuarta Transformación entre el pueblo bueno y los privilegiados, pirruris, fifís y miembros de la mafia del poder que dice que somos nosotros.

    Si una persona no conociera bien México ni Guadalajara, podría llevarse la impresión de que toda la gente de nivel socieconómico medio y alto es así, y eso muchas veces no es cierto. Lo que habría podido haber sido un buen ejercicio se convirtió en un mero instrumento de propaganda favorable al régimen para dividir a la sociedad por medio de hombres de paja y negar la heterogeneidad que existe a pesar de las innegables diferencias socioeconómicas.

    Es paradójico, porque el comportamiento de Hernán, al etiquetar y reducir, no termina siendo tan diferente a los de los fifís que él mismo dice denunciar.

  • El problema de las causas sociales modernas

    El problema de las causas sociales modernas

    ¿Qué pasa con las causas sociales de nuestros tiempos? A diferencia de sus antecesores no se topan solo con discriminaciones explícitas sino con conductas normalizadas. Pero, ¿Es buena su estrategia?

    Uno de los más grandes problemas de las causas sociales contemporáneas, sobre todo las que tienen que ver con la reivindicación de las minorías o de sectores sociales que han sido históricamente relegados, es cierta incapacidad, al parecer, de distinguir entre aquellas conductas explícitas y aquellas normalizadas, lo cual solo está abonando a una creciente polarización entre dos polos irreconciliables, y me explico.

    Lo que estas causas buscan hacer es modificar las estructuras sociales de tal forma que no se encuentren en una situación de desventaja, de inequidad o inclusive de rechazo para así formar parte de ella de forma integrada y no periférica.

    La forma que las estructuras sociales tienen son producto de una cultura que se va transmitiendo de generación en generación. Dicho esto, muchas de las conductas y patrones que explican aquello que a estos sectores los hacen sentir relegados no son explícitas, sino que están interiorizadas o normalizadas: la gente creció con ellas y forman parte de los paradigmas con los cuales interpreta su realidad. Es decir, la gente no es consciente de ellas. Por otro lado, las conductas explícitas sí son reconocidas por aquellos que las llevan a cabo (en el primer caso no hay dolo, en el segundo sí).

    Estas dos cuestiones son distintas y no se les puede dar el mismo trato. El problema es que en muchas ocasiones eso es lo que ocurre.

    Evidentemente, a aquella persona que discrimine abiertamente se le debe señalar. La discriminación explícita sobre una persona por cuestiones de raza, género, nacionalidad, preferencia sexual o de clase es una conducta reprobable. Alguien que dice frente a la televisión que las mujeres deben quedarse en la cocina, que un homosexual es un enfermo o que los negros son una raza inferior, merece el oprobio.

    La cuestión con algunos sectores de estas causas sociales es que creen que se debe tratar de la misma forma a las personas que tienen conductas normalizadas que a aquellos que tienen conductas explícitas (es decir, tratan de la misma manera a quienes discriminan abiertamente que a quienes lo hacen de forma inconsciente producto de patrones o conductas aprendidas). Creen que se debe señalar de la misma forma a quien repite conductas internalizadas, aprendidas y transmitidas desde otras generaciones como si tuvieran la explícita intención de «joder al otro».

    Ellos se escudan bajo la premisa de que «si una causa no incomoda entonces no está logrando absolutamente nada». En efecto, la premisa es correcta, pero de ahí no se sigue la premisa inversa que parecen asumir: que «si una causa está incomodando, es que entonces está logrando algo». Una causa social puede ser incómoda por las razones equivocadas y no porque se estén haciendo las cosas bien.

    Una causa que funciona naturalmente genera incomodidades, pero poco a poco los indignados comienzan a ceder de tal forma que los que están a favor de la causa se comienzan a volver mayoría y los que se resisten terminan, como minoría, automarginados. Tal vez este proceso tarde años, décadas, o necesite varios ciclos para llegar a su fin, pero poco a poco la nueva realidad buscada comienza a desplazar a la antigua.

    Pero cuando se trata de una causa cuya estrategia no funciona, que incomoda pero no por las razones correctas, esta genera, en el mejor de los casos, un ambiente polarizado, donde los dos polos reafirman sus posturas radicalizándose cada vez más. Los que defienden la causa se vuelven entonces más autocomplacientes, se encierran en una burbuja donde solo pueden entrar ellos y no pueden tener contacto con el exterior, se vuelven más dogmáticos (lo cual termina también ocurriendo en el polo opuesto), hasta llegar a un punto donde ya no hay vasos comunicantes.

    Es evidente que esto ocurre cuando no se puede distinguir bien entre conductas explícitas y conductas normalizadas. En lugar de persuadir a los segundos en vez de recriminarles por conductas que no entienden porque nunca las han externalizado, se terminan sintiendo agredidos y alienados y, más que sumarse a la causa, terminan convirtiéndose en opositores.

    A diferencia de las causas de inicio y mediados de siglo, ahora no solo se busca combatir conductas o normas explícitas (la mujer no puede votar, los negros no pueden entrar a restaurantes de blancos) sino cambiar patrones de conducta que están internalizados y de los cuales las personas no suelen ser conscientes. Evidentemente es una tarea más difícil ya que, al estar escondidas ahí en el inconsciente, es más complicado darles una forma y debe de hacerse una árdua labor de concientización (e incluso a veces llega a ser laborioso saber si alguna conducta es explícita o no). Formalmente, en la mayoría de los países, ya no existe discriminación hacia la mujer ni a personas de otra raza. Es decir, las leyes, por lo general, están escritas de tal forma que apliquen de la misma manera para todos y no haya preferencias de unos sobre los otros.

    Pero en la cultura y la conducta esto es todavía un tema distinto y lo que muchas veces no permite a una mujer llegar a un puesto de poder al igual que el hombre no es necesariamente un acto de discriminación explícita, sino un conjunto de patrones que, por sí solos, pueden parecer pequeños, pero que en la suma de todos ellos dejan ver que la mujer tiene cierta desventaja si comparamos a un hombre y una mujer con habilidades similares. Como esos patrones no son fácilmente detectables, algunas personas apelan, y en muchos casos sin una intención explícita de discriminar, a argumentos supuestamente biológicos: que «por naturaleza a la mujer no le gusta el poder o no le interesa mucho la política».

    Se vuelve un contrasentido recriminarle a alguna persona una conducta que no conoce y que no puede dimensionar. En este caso, la persuasión y la concientización debería utilizarse para que dicha persona reconozca que tal y tal patrón termina afectando a otra persona o a un grupo de personas. Muchos realmente no lo saben, pero algunos de ellos ya fueron duramente señalados y atacados, por lo cual ya no mostrarán alguna apertura para hacer ejercicio ya que se sintieron agredidos y alienados.

    Y no puedo dejar de señalar otro engaño que puede ser típico de las causas de nuestros tiempos. Los movimientos sociales (aún y con todas las intenciones de los opositores de crear hombres de paja) son heterogéneos. Algunas facciones están bien encauzadas mientras que las otras se radicalizan más. Vemos, entonces una suerte de mezcla de avances sociales (producto de los primeros) pero también una sociedad más polarizada (producto de los segundos). Muchas de las personas más radicalizadas y que no hacen esa distinción pueden creer que su lucha es la que está generando esos cambios y que hay que resistir más, pero muy probablemente no sea así, y sean los otros, los que adoptaron una estrategia más inteligente, los que les están haciendo la chamba.

    Cualquier causa social hace necesariamente política (aunque no participe en el sistema político) y la política no solo requiere emociones y coraje, sino estrategia e inteligencia. Y la necesita más cuando la oposición (que, a diferencia de los primeros no se siente oprimida ni ha sufrido por estar al margen) acostumbra tomar una postura un tanto más ecuánime que le permite tomar decisiones más frías y pensadas.

    El que se esté participando dentro en una causa noble no exenta al activista de ser autocrítico con su mismo movimiento. No lo exenta de matizar y de reflexionar a fondo. Los cambios requieren coraje, sí, pero también requieren cerebro.

  • AMLO, del informe a las marchas

    AMLO, del informe a las marchas

    López Obrador ha celebrado su primer aniversario con una suerte de «informe-festejo». No es el aniversario de su presidencia, sino de su victoria, de ese momento desde que, según él, se inició la Cuarta Transformación.

    Como todo lo que hace el gobierno de López Obrador, el festejo tiene un fuerte carácter simbólico. ¿Tendría sentido hacer un informe a los 7 meses de gobernar cuando ellos mismos nos insisten en que es muy pronto para juzgar sus políticas? ¿Tiene sentido hacer un informe en julio cuando en septiembre va a llevar a cabo otro donde va a decir prácticamente lo mismo porque en dos meses las cosas no van a cambiar mucho?

    El informe en este contexto tiene más bien la tarea de reforzar lo simbólico: «el primero de julio ocurrió un cambio histórico y les presento resultados para demostrar que las cosas se están llevando a cabo y seguimos haciendo historia».

    Varios de los datos que López Obrador presentó son, en realidad, ciertos, aunque claro, mezclados con otros datos más ambiguos o sin aclarar el contexto y, alguno que otro más, de esos «otros datos que tiene» y a los que ya nos ha acostumbrado. Esto sin dejar del lado que «olvidó mencionar» aquellos rubros donde las cosas no andan nada bien. Vaya, un trato típico de la información que se hace en cualquier informe.

    Como en cualquier informe, el mandatario querrá generar la impresión de que las cosas van muy bien, y quiere asegurarse de que la mayor cantidad de gente se quede con esa percepción, en lo cual no ha fallado porque los estudios demoscópicos le dan una aprobación positiva. Por eso insistió a los medios de comunicación que lo transmitieran por cadena nacional.

    Pero lo que piensa la mayoría no es lo que necesariamente está ocurriendo, tampoco lo que dice el Presidente de la República.

    El fin de semana que antecedió a su informe y con motivo de éste, muchos opositores salieron a marchar a las calles de la Ciudad de México y otras ciudades, la «marcha de los fifís» como los obradoristas le llaman.

    Evidentemente, como en toda marcha, hubo algunos problemas (que el amloísmo intentó magnificar): discusiones, líderes políticos como Fox corridos, alguna que otra expresión xenófoba y demás. Pero, poco a poco, estas marchas, que ya parecen realizarse de forma sistemática, están aglutinando cada vez a más gente.

    Las manifestaciones crecen paso a paso, no han logrado todavía juntar una masa crítica que logre incomodar mucho al gobierno. Pero están ahí latentes, a las cuales poco a poco se suma más gente.

    Lo más destacable es que se realizan de forma periódica y no son meramente espontáneas (es decir que surgen por alguna mera coyuntura), sino que ya han logrado organizarse para salir a las calles una y otra vez. Esta periodicidad les permitirá a los marchantes aprender a organizarse mejor (recordemos que muchos de los marchantes son neófitos en el tema) y, no solo eso, sino que los nuevos opositores que vayan surgiendo (desde los que hasta ahora habían decidido no hacer nada, hasta los que se desencantaron por el gobierno) sabrán a dónde acudir para manifestar su indignación con el gobierno.

    La popularidad de AMLO sigue siendo alta y posiblemente así se mantenga por un rato, pero es muy posible que en el futuro esa popularidad decrezca por el mismo desgaste del ejercicio del poder. Las manifestaciones tendrán (debido a su periodicidad) la posibilidad de aglutinar a todos esos nuevos inconformes. Cuando ello pase, las marchas entonces sí se convertirán en un problema para este gobierno.

    Las marchas también son una suerte de informe. A ellas no acuden solo privilegiados y gente de derecha (que sí la hay, aunque los grandes beneficiados de la corrupción de los gobiernos pasados no salen a la calle), sino que también se está sumando gente que perdió su empleo, gente decepcionada. No se equivocan quienes dicen que los más perjudicados no son ellos (al cabo, si algo ha hecho relativamente bien este gobierno es mantener buenas finanzas públicas) sino la gente de «más abajo», aquella a la que le toca sufrir por los recortes a los programas sociales (paradójico de un régimen que se dice izquierdista).

    Si López Obrador sigue apostando a reforzar los simbolismos (que tienen fecha de caducidad) en vez de trabajar para generar resultados constantes y sonantes, veremos en esta marcha no solo a «fifís de derecha», sino incluso a algunos progresistas e izquierdistas decepcionados. Su discurso polarizador es otro elemento que termina por fortalecer estas manifestaciones en lugar de generar lo contrario.

    Y celebro que ocurra, independientemente de la efectividad del gobierno de AMLO, todo gobierno requiere un oposición. Dentro de las cámaras y el gobierno es casi inexistente, y si de otro lado tiene que surgir, es desde la ciudadanía.

    https://www.youtube.com/watch?v=-I_atmksY_k