Categoría: reflexión

  • ¿On ta el gen gay?

    ¿On ta el gen gay?

    ¿On ta el gen gay?

    La homosexualidad es una orientación que nos ha acompañado a lo largo de la historia de nuestra especie humana. En muchos de los casos ésta ha sido prohibida, restringida o estigmatizada. Inclusive, en varios de los países menos desarrollados del mundo sigue siendo un delito. Pero lo cierto es que siempre ha estado ahí.

    La homosexualidad entonces es una constante. La variable más bien ha sido la actitud que la sociedad toma hacia quienes son homosexuales. Dicha variable ha ido cambiando en los últimos años al lograr, de forma progresiva, una mayor inclusión hacia ellos dentro de la sociedad.

    Hace apenas unos días apareció un interesante y revelador estudio que tumbaba la teoría de que existía un gen gay (como algunos sugerían) y que más bien refuerza lo que se venía diciendo: que la homosexualidad es producto de una combinación genética (en la que no participa un gen, sino variantes genéticas, como ocurre con la altura y otros rasgos) así como factores ambientales y culturales, lo cual lo convierte en un tema muy complicado: No es exclusivamente genético, pero no es algo exclusivamente cultural o social como para sugerir que se trata de una «desviación» meramente provocada por factores sociales que pueda «curarse con terapias de conversión sexual». El estudio es importante sobre todo porque es el primero que toma una muestra lo significativamente grande (utilizaron datos de 470,000 voluntarios).

    Espero que la ciencia pueda usarse para educar a la gente un poco más acerca de lo natural y normal que es el comportamiento homosexual.

    Benjamin Neale, genetista del Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard (The New York Times)

    Algunos ultraconservadores (agrego el término «ultra» ya que hay conservadores con posturas mucho más sensatas y no quiero que se caiga en la generalización), como temieron algunos de los genetistas involucrados en el estudio, tergiversaron los hallazgos que este estudio arrojó, o de plano solo leyeron los encabezados para sugerir que todos los seres humanos son heterosexuales y que de ahí se siga que la homosexualidad es una enfermedad.

    Un ejemplo es esta imagen colgado por ConFamilia en sus redes sociales. Ellos dicen que la ciencia dice que «nadie nace gay». Pero el estudio no afirma eso, más bien afirma que «la homosexualidad no se explica por un único gen, sino por diversas variantes genéticas en conjunto con el ambiente y diversos factores sociales».

    Imagen

    Pero los resultados que arroja el estudio no abona a su causa, sino todo lo contrario:

    Los ultraconservadores insisten que la homosexualidad es una enfermedad no por el hecho de que sea una enfermedad en sí, sino porque temen que la homosexualidad trastoque el orden social como ellos lo conciben o creen que deben de ser. Pero entonces si lo que les preocupa es que sea una enfermedad, ¿por qué insisten mucho más en ella que en cualquier otra enfermedad? La respuesta es muy simple: al categorizar a la homosexualidad como enfermedad entonces tienen un argumento para combatirla y arrinconarla. Al categorizarla como enfermedad pueden señalar la homosexualidad como una anomalía o una desviación que es imperativo curar.

    Como lo que a los ultraconservadores les motiva no es el hecho de que sea una enfermedad, sino el temor a que se trastoque el orden social, si encontraran un argumento para combatir la homosexualidad que no tenga que ver con la enfermedad, entonces lo utilizarían. Algo así podría haber pasado si se hubiera descubierto que la homosexualidad estuviera determinada por un «gen gay» ya que pudieran sugerir entonces combatir la homosexualidad a partir de la genética y habrían argumentado que se trata de una anomalía genética, como ocurre con el Síndrome de Down.

    Pero al encontrar que no es una sino diversas variables las causas de la orientación sexual y que se trata de algo sumamente complejo, entonces se encontrarán con que es muy difícil combatirla y erradicarla. Si algo es producto de diversas variables genéticas, del ambiente y de la cultura (donde entra también el hecho de que en una sociedad más tolerante con los homosexuales más personas respondan de forma positiva a las preguntas) ¿entonces por dónde pueden empezar?

    De hecho ¿bajo qué argumentos pueden sostener que la homosexualidad es una enfermedad? ¿Por el hecho de que estuvo categorizada como trastorno en el DSM donde fue catalogada como tal de forma muy arbitraria y que tuvo que ser eliminada por presión de muchos colectivos, una batalla que amenazaría con revelar la naturaleza espuria de su taxonomía? Además, las enfermedades que conocemos y categorizamos como tal pueden o no tener factores genéticos inmiscuidos y coincidimos que es una enfermedad por la afectación que ésta trae en nuestro cuerpo y nuestra psique. Entonces ¿Por qué entonces si la homosexualidad es una enfermedad como dicen, la gran mayoría de los «afectados» no están urgidos en curarse como ocurre con cualquier enfermedad? En este sentido, para los ultraconservadores lo que revela el estudio no les debería dar siquiera argumentos para sostener que la homosexualidad se trata de una enfermedad. Ellos pretenden sostener esta correlación, pero son los mismos científicos que ejecutaron el estudio los que alertan de que no se tergiversen los hallazgos para este fin.

    Evidentemente, conforme más se avance en el terreno de la ciencia, más se sabrá por qué hay personas que tienen una diferente orientación sexual. El conocimiento que tenemos todavía es limitado para entender cómo es que las condicionantes genéticas interactúan con el entorno.

    Y para concluir ¿por qué tendríamos siquiera que hablar de combatir la homosexualidad? ¿Por qué no deberíamos mejor respetar la autodeterminación de las personas?

  • Cuando tu historial de Twitter te destruya

    Cuando tu historial de Twitter te destruya

    Cuando tu historial de Twitter te destruya

    Ya mucho se ha escrito sobre la forma en que las redes sociales han cambiado la forma de comunicarnos e incluso de hacer política. Pero hoy quiero hacer énfasis en uno de los rasgos más relevantes: tu historial de Twitter.

    Resulta que en Twitter podemos llegar a escribir cualquier cosa de forma desenfadada, podemos echar a andar nuestros prejuicios y decir aquello que nunca hubiéramos la osadía de decir en persona para no sufrir el escarnio de los presentes.

    Pero tus tuits, esos que parecían tan inofensivos, se van guardando en tu historial. No desaparecen a menos de que los borres. Pasa el tiempo y ya ni siquiera recuerdas que hayas escrito esas barbaridades, pero ahí están, almacenados en un servidor en quien sabe qué parte del mundo. No importa si es de hace 10 años. Todo lo que está almacenado en Twitter está al alcance de cualquiera con una pequeña búsqueda.

    Pero luego ese tuit misógino que escribiste (aunque ya no pienses así ni por asomo), ese tuit que critica duramente a la empresa o al gobierno para el cual trabajas, todos esos tuits están ahí escondidos pero de alguna forma listos para arruinarte la vida.

    Para muchos esto es una bendición cuando se trata de casos de políticos, como si se tratara de un mecanismo de transparencia, porque en muchas ocasiones basta con hurgar en su historial de tuits para ver cómo se contradicen, cómo criticaban eso que ahora ellos hacen. En muchas ocasiones es útil, pero no siempre es el caso:

    Ocurre que una persona puede revisar el historial de otra con el fin explícito de calumniarla. Por lo general, la gente no pone mucho empeño en tratar de entender lo que ocurrió ni el contexto, porque a veces no tiene siquiera el tiempo. Si me convierto en una persona famosa recientemente y dije un comentario discriminatorio en 2011, tal vez no muchas personas reparen que en estos últimos 8 años mi postura cambió, que maduré y que yo ya no pienso así. Posiblemente era un mocoso de 18 años que todavía no maduraba. Aún así, posiblemente la gente me etiquete por ello, sobre todo si soy una figura pública.

    El acusado entonces se verá en la necesidad de escribir una carta de hacer una videodeclaración explicando el contexto de ese tuit para que la gente lo comprenda. Pero aún así, no toda la gente va a ver el video o va leer el texto, y es muy posible que algunas personas no le crean, por lo cual no tiene asegurada la posibilidad de que la opinión pública rectifique.

    También es posible que la gente no entienda el contexto del tuit. Hay contenidos que sí son lo suficientemente explícitos como para juzgarlos por sí solos, pero muchos otros no y aún así muchas personas suelen hacer juicios categóricos con base en esos 280 caracteres sin reparar en nada más. Tal vez la gente lo malinterprete, defina de forma arbitraria eso que malinterpretó y difunda mi tuit con su particular interpretación, cosa que ocurre no pocas veces.

    Twitter es una herramienta maravillosa, pero también puede ser un arma de doble filo, en especial para aquellas figuras públicas que antes de serlo escribían cualquier cosa o, ya de plano, decían una cosa y luego dicen otra.

  • ¿Qué es ser un pendejo?

    ¿Qué es ser un pendejo?

    ¿Quién es un pendejo? ¿Cómo podemos saberlo?

    Aunque algunas veces se asocia el ser un pendejo con la falta de inteligencia (lo cual es una falsa analogía), esto poco tiene que ver con las capacidades cognitivas. Ser pendejo es una cuestión de falta de voluntad y actitud, de no hacer donde el ser humano sí tiene el potencial de hacer y no está restringido para hacerlo.

    No ser letrado o culto no significa ser un pendejo, aunque las razones por las que no lo sea sí (falta de voluntad) pueden denotar que sí lo es. Una persona letrada puede llegar a ser un pendejo ya que, aunque tiene conocimientos, la pereza y la falta de voluntad a la hora de interpretarlos o a la hora de hacer inferencias lo exhiben. Una persona que no es letrada porque decidió hacer uso de su esfuerzo y voluntad en otros ámbitos (digamos, en crear una empresa) no es un pendejo, porque no es perezoso ni le falta la voluntad. Incluso, aunque no sepa mucho, se nota que, con el poco conocimiento que tiene a la mano, puede hacer inferencias bastante aceptables porque no le da pereza pensar.

    Un pendejo no es aquel que tiene algún retraso o discapacidad mental. Sobre de este último es injusto e irresponsable hacer un juicio de valor ya que es su fisiología lo que limita su óptimo desempeño intelectual. Por el contrario, los progresos intelectuales que aquel haga serán más meritorios que los de una persona normal ya que implican un mayor esfuerzo y voluntad, por lo alejarán aún más de la pendejez.

    Tampoco es un pendejo quien, por motivos ajenos a él, ignora muchas cosas, como aquellos que viven en la pobreza y no tuvieron acceso a la educación. De hecho, algunos de ellos pueden adquirir por medio de la experiencia una sabiduría tal que llamaría la atención de las clases urbanas educadas.

    El pendejo es más bien aquella persona que, teniendo las potencialidades cognitivas e intelectuales para no ser un pendejo, decide serlo. El ser un pendejo se traduce en la falta de voluntad para no ser un pendejo y que se refleja en la pereza y la mediocridad del espíritu. Lamentablemente para él, ya que no desarrolló las habilidades necesarias para no ser un pendejo, no podrá ser consciente de que sí lo es, ya que para saber quién es o no un pendejo es requisito no serlo.

    Y es su culpa, y de nadie más.

  • Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Hazme un pequeño favor: observa este video. Si eres una persona con la mínima capacidad para empatizar con el prójimo te va a indignar.

    En la semana, a raíz del momentum producto de la marcha y todo lo que ella generó, han aparecido más casos de mujeres que han sido violentadas. No es que se haya incrementado el número de casos, más bien es que han ganado más visibilidad. Pero de entre todos esos videos, me di a la tarea para elegir éste para entender de mejor forma la problemática y qué es lo que se debe hacer. De este video puedo concluir lo siguiente:

    Primero: la cultura machista existe. El video que acabas de ver lo deja muy en claro. Lo que acabas de ver no es un caso aislado, eso es algo que viven no pocas mujeres en el país. El hecho de que un hombre acostumbre golpear a una mujer no puede estar desligado de ello. A través de la fuerza, el hombre está acostumbrado a dominar a su mujer, lo cual en sí es una conducta machista.

    Segundo: La conducta violenta del individuo no se agota en el machismo. Es decir, el individuo evidentemente es machista, pero su conducta no es solo producto de sus creencias sino de algo más: de algún problema psicológico, de algún daño emocional o un desarrollo personal que fue muy deficiente. Es decir, esta persona difícilmente va a cambiar solamente haciéndolo consciente de su machismo, tal vez hasta se congratule por ello.

    Y tercero: Es evidente que la impunidad juega un papel muy importante en este caso. La falta de un Estado de derecho sólido y unas instituciones de seguridad que funcionen provocaron que el sujeto quedara impune y solo se le imputaran cargos hasta que la víctima exhibió los videos en redes (y lo cual evidentemente generó presión sobre el gobierno de la Ciudad de México). Si tuviéramos instituciones confiables, el tipo estaría detenido y la mujer fuera de peligro desde un inicio. También tendríamos en general menos homicidios y violencia en general, y la violencia a la mujer se reduciría manteniéndose la cultura machista al mismo nivel. Prueba de ello es que el número de mujeres asesinadas tiene cierta consonancia con el número de asesinatos en general.

    No solo se trata de cambiar la cultura, se trata de elevar el costo de agredir a una mujer.

    Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Conclusión:

    El punto es que este problema tiene varias dimensiones y no solo una. Muchas personas reducen el problema a un problema de género, la contraparte dice que es una violencia como la que todos, hombres y mujeres sufrimos. El problema es que estos dos approaches son más bien parciales y por sí mismo no van a resolver el problema de fondo. Posiblemente reduzcan la tasa de violencia, pero no hasta un punto deseable porque no están atendiendo a todas las dimensiones del problema.

    Este problema debe ser atacado desde una perspectiva multidimensional que sí, abarque un enfoque de perspectiva de género que busque modificar la cultura del machismo. Pero también es importante procurar un tejido social sano de tal forma que sean menos las personas que se desarrollen con una psique seguramente lastimada como la de este hombre que ha hecho de la violencia una constante para resolver cualquier conflicto. Por último, muy importante también, es urgente crear instituciones de seguridad que funcionen, donde los criminales no queden impunes, donde el gobierno logre garantizar un nivel aceptable de seguridad a sus ciudadanos.

    En el caso que puse seguramente habrá muchos otros aspectos que no consideré, y mencioné los más relevantes para que mi punto se entendiera. Pero el argumento se entiende: un problema tan fuerte como la violencia, y sobre todo la violencia contra la mujer, es un problema que tiene muchas dimensiones. Por ello se deben de conocer todos los matices y todas las variables que están involucradas.

  • Todos somos posmodernos

    Todos somos posmodernos

    Todos somos posmodernos

    Ana fue a misa el domingo. No siempre va, pero trata. El miércoles fue al Reiki porque estaba muy estresada tratando de terminar su tesis sobre la historia del liberalismo económico (que ella defiende a capa y espada) en México. La otra vez subió una imagen sacada de una fan page feminista que hablaba sobre el número de mujeres violentadas en el último año mientras leía a Séneca, un filósofo estoico con el que se ha identificado mucho.

    El individuo de hoy ya no se explica el mundo por medio de una gran narrativa que le explique la realidad y le dé un sentido a su vida. Pareciera que a la gran mayoría de los individuos de nuestra época los metarrelatos le son insuficientes. Por ello es que, de forma pragmática, adoptan lo que le es conveniente de cada uno de ellos para formar su propio relato y así funcionar en el mundo. En este sentido Lyotard tenía razón cuando anunciaba el fin de dichos metarrelatos.

    Para el individuo de nuestros tiempos ya no hay una verdad universal, sino verdades propias que arma a través de su experiencia, como si la realidad fuera algo parecido a un mueble armable de Ikea. Ya no existe un marco de referencia absoluto, sino que cada quien construye su mundo y lo que único que pervive como absoluto es la idea de la dignidad del ser humano y los valores esenciales que se desprenden de esta idea (por ejemplo, que robar o matar es malo, que ayudar al prójimo es bueno). Los grandes relatos como el liberalismo, el cristianismo o el marxismo ya han dejado de ser absolutos para los seres humanos (incluso para muchos de quienes dicen profesarlos). Así, el sujeto, de forma pragmática, toma un poco de aquí y un poco de allá para construir su propia realidad y desde ahí tratar de entender al mundo y funcionar en él.

    Es como si esos metarrelatos ya no fueran suficientes para explicarse el mundo, como si el ser humano se hubiera percatado de que el mundo es lo suficiente complejo como para enmarcarlo dentro de ellos. Incluso los que dicen aborrecer el posmodernismo (aunque en realidad se refieran a los excesos de algunas corrientes filosóficas posmodernas) no son ajenos. Tomemos a un conservador católico que defiende una postura libertaria en el terreno económico. Las dos epistemologías pertenecen a dos metanarrativas distintas que en algún punto son incompatibles entre sí: ¿o quién se osaría a encontrar puntos de convergencia entre la filosofía de Ayn Rand y el personalismo característico de la doctrina católica del siglo XX? Esto sin ignorar las otras epistemologías a las que puede recurrir para explicarse otras cosas. Incluso figuras mediáticas como Jordan Peterson, quien arremete contra ese posmodernismo anteriormente mencionado, son posmodernas. Basta analizar cómo es que Peterson ha creado su propia narrativa a través de distintas influencias que parten de metanarrativa disímiles.

    Por eso el individuo ya no tiene héroes como sí los tenían nuestros antecesores. No es que no admire a nadie, es que si bien sigue teniendo personas que lo inspiran, asume que ellos son o eran también imperfectos, los despoja de su aura mítica y los percibe como meros hombres de carne y hueso.

    Por eso también es que se percibe que los partidos políticos se han vaciado de ideologías. Es ingenuo esperar que si el individuo ha dejado de explicarse la realidad por una gran narrativa, un partido no haga lo mismo. Basta a ver a los líderes más polémicos de nuestro continente como Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro de Brasil quienes, a pesar de que a algunos les puedan parecer distintos, coinciden en ser posmodernos. Si bien, el pragmatismo es algo que ha sido constante y consistente dentro de la política, a diferencia de los políticos de antaño ninguno de ellos está sujeto a un metarrelato ni se definen como algo. El político en cuestión toma un poco de aquí y un poco de allá.

    Paradójico también es que sea algún movimiento como el feminismo (al que en muchas ocasiones se le señala como posmoderno por la influencia que algunos de los filósofos llamados posmodernos tienen sobre algunos sectores de este movimiento) sea lo único parecido a un metarrelato que esté ganando relevancia (mientras insistimos en que el liberalismo y el cristianismo están en crisis, y que el comunismo ya es casi una mera reliquia). Pero ni siquiera es que el feminismo pretenda explicarse la realidad por completo como lo harían el cristianismo y el marxismo, por lo cual señalarlo de forma estricta como un metarrelato estaría muy a debate.

    Lo que importa en nuestros tiempos es el pragmatismo, lo que importa es funcionar en el mundo, un mundo, como diría Bauman, muy líquido y cambiante, donde varios relatos confluyen a la vez como si distintas sustancias acuosas fluyeran por el mismo río, donde la única convicción que mantiene un punto de referencia es la idea de la dignidad humana.

    Y para finalizar, no son pocos quienes dicen que se trata de una crisis, otros dicen que se trata de una suerte de progreso ya que añade una capa más de abstracción sobre la forma en que interpretamos la realidad. Tal vez ambas tesis sean ciertas de cierta forma. Estamos en un periodo de crisis porque al darnos cuenta de la vasta complejidad de la realidad nos ponemos de frente a un mundo caótico y cambiante que no entendemos. Es como la crisis de un adolescente que no sabe quién es, no se siente comprendido y se pelea con sus padres, que intenta emanciparse pero todavía no lo logra porque es presa de sus emociones.

    En este caos percibimos todo como relativo porque todavía no entendemos el orden que está por encima de ese caos. En este sentido, sería ilusorio pensar que nuestra especie vaya a retornar de la posmodernidad a una etapa anterior. Más bien tendríamos que esperar lo contrario, que el ser humano supere la posmodernidad, no que retorne de ella. El adolescente no puede regresar a la niñez, tiene que convertirse en un adulto.

  • ¿Por qué hay una fuerte división frente a la marcha feminista del sábado?

    ¿Por qué hay una fuerte división frente a la marcha feminista del sábado?

    La postura sobre las marchas ha polarizado a la opinión pública. Unos condenan los destrozos y otros reclaman que ello es producto del fuerte hartazgo de las mujeres quienes siguen siendo violentadas. ¿Pero por qué la postura está polarizada? ¿Es que unos son machistas y otros no? ¿Es que algunos están «ideologizados» y otros no? ¿Algunas personas son más sensibles que otras? En realidad esas preguntas no nos pueden dar una respuesta completa, ya que ésta es más compleja y tiene también que ver con la forma en que los individuos conformamos nuestras posturas políticas.

    De acuerdo a Jonathan Haidt, nuestras posturas políticas son producto de muchas variables que van desde el temperamento (determinado genéticamente), la educación y la experiencia mediante las cuales construimos nuestra percepción del mundo. Estamos condenados a interpretar el mundo de manera subjetiva y cuando se habla de posturas políticas éstas no son la excepción. Ellas son más producto de la forma en que percibimos el mundo que de una deliberación meramente racional.

    De la misma forma, esta división (entre quienes son más conservadores o son más liberales, tomando el espectro estadounidense que Haidt utiliza) parece ser inherente a nuestra especie. Es decir, es imposible encontrarte una sociedad donde todos sean absolutamente conservadores o liberales. Si bien es cierto que cuando definimos conservadurismo y liberalismo como posturas políticas tendemos a hacerlo de una forma relativa al contexto (es decir, un conservadurismo del siglo XXI no va a defender necesariamente las mismas cosas que uno del siglo XIX) el espíritu sí permanece y es inmutable, lo cual se entiende si comprendemos los valores fundacionales sobre los que están basados.

    Es importante recalcar que las posturas políticas no determinan la calidad moral de quienes la profesan. Sería irresponsable decir que una persona es más buena que otra simplemente por su postura política.

    Haidt dice que dentro de las posturas políticas hay 5 valores fundacionales: El cuidado a los demás (proteger a otros del sufrimiento), la justicia, la libertad contra la opresión, el orden, la autoridad y la santidad (que se refiere a sentir repulsión ante cosas que son vistas como desviaciones de lo normal) y toma como referencia el espectro político estadounidense entre demócratas (liberales – progresistas) y republicanos (conservadores) así como los libertarios para explicar el valor que las distintas posturas le dan a estos valores.

    Los progresistas suelen apelar más a la justicia y al cuidado de los demás. Los libertarios son quienes, según Haidt, se preocupan menos por los demás, se preocupan más bien por la libertad y en una dosis menor por la justicia. Tanto los progresistas como los libertarios le toman poca importancia al orden, la autoridad y la santidad. Los conservadores le dan cierta importancia a todas las variables, aunque ni ellos ni los libertarios interpretan de la misma forma la justicia que los progresistas. Para estos últimos es justo, por ejemplo, que todos tengan seguro social y no haya mucha desigualdad, para los otros lo justo es que quien se esfuerce más gane más.

    Ilustraciones tomadas del libro The Righteous Mind de Jonathan Haidt.

    Con esto, podríamos entender mejor por qué las distintas posturas ante las marchas que vimos el día de ayer. Es importante recalcar que las posturas no son rígidas, se puede ser más o menos progresista, conservador moderado o conservador ortodoxo, y de la misma forma, no está de más señalar que también hay otros factores ajenos a las posturas políticas que pueden influir en la postura de un individuo hacia el tema de las marchas: por ejemplo, que una mujer haya vivido una violación o que una persona muy querida o cercana lo haya vivido, que seas afectado por los actos de vandalismo a que no lo seas, etc. De la misma forma hay quien pueda ser realmente insensible o albergue posturas machistas que no se explican por su postura política. Pero creo que el uso de los valores fundacionales sí nos puede dar un norte para entender de una u otra manera cómo es que las posturas políticas influyen sobremanera en la postura de eventos como la marcha de las feministas.

    Si tomamos la marcha de ayer, la gente con una tendencia liberal-progresista es la que más levantará la voz a favor de las mujeres pero la que tal vez minimice más los actos de vandalismo o, en el caso más radical, los celebre. El progresista apuesta al cambio por medio de la trasgresión del status quo para satisfacer sus valores fundacionales de justicia y cuidado a los demás.

    Los conservadores, en este sentido, sentirían desde las particularidades de su postura cierta preocupación e indignación por las mujeres violentadas, aunque lo harán desde el status quo y tomarán a éste como punto de referencia para hablar del problema. Por otra parte, ellos serían los más enojados y espantados por los actos vandálicos, y los que más exigirán castigar a los involucrados con todo el peso de la ley.

    Los libertarios analizarían el caso casi exclusivamente desde la libertad (negativa). Cuestionarían las violaciones menos que los otros dos desde la perspectiva de la indignación o del deseo de auxiliar a las víctimas, y lo harán más bien desde la perspectiva de que las violaciones representan una coerción a la libertad de las mujeres. Se escandalizarían menos que los conservadores por los destrozos aunque igual, criticarían el hecho en función de la libertad y la propiedad. Por ejemplo, que vandalizar una camioneta es un atentado contra la libertad y propiedad de los dueños.

    Es evidente que el tema es muy álgido, sin embargo, creo que estos ejercicios ayudan un poco a entender que somos individuos subjetivos y nos puede ayudar a tomar posturas un tanto más sensatas.

  • ¿Por qué se rompieron los vidrios?

    ¿Por qué se rompieron los vidrios?

    Madrugué dándole vueltas a la cabeza para escribir este artículo. Es uno de los artículos que más me ha costado escribir porque me ha obligado a hacer un ejercicio interno, de tratar de entender a las partes y llegar a mi propia conclusión (lo cual evidentemente no significa que vaya satisfacer a las distintas partes ni es la intención).

    ¿Les soy sincero? Me cuesta mucho trabajo indignarme por los vidrios rotos o por las paredes pintadas. Me cuesta trabajo ponerme en el lugar de quienes están indignados con lo ocurrido en las manifestaciones.

    Tengo un sentimiento como de «me vale madre»: al cabo se limpia, al cabo los vidrios, que son públicos y no son de alguna propiedad privada, la casa de una señora como para que alguien se viera afectado (lo que sí me habría molestado, por ejemplo), los vidrios se vuelven a poner, me dije. No entiendo por qué tendría que sentir indignación por eso, no es que sea correcto hacerlo ni es algo que aplauda. Es que, comparado con lo que se demanda, es irrelevante. Es como si sufriera un accidente automovilístico donde por alguna razón ajena a mí choco con un poste y quedo al borde de la muerte, pero nadie se preocupa por mí y todo el mundo se preocupa por el poste.

    Andrea Sánchez / Twitter

    Podemos cuestionar en un largo debate si esas son las mejores formas de manifestarse, pero en este contexto eso es un tema secundario, lo que sí sabemos es que es el efecto de una profunda y fuerte indignación. Me llama la atención que en las redes se hable más de los vidrios en sí que de los casos de violación que ocurren una y otra vez en México (independientemente de que el caso que fue la gota que derramó el vaso haya sido verídico o no, que es ahora lo que se discute). Me pregunto si son los vidrios los que realmente causan esa indignación.

    ¿Son los vidrios? ¿O es que causa resquemor ver a las mujeres exigiendo en las calles que no sean violentadas? No dudo que haya quienes legítimamente estén preocupados por los conatos de violencia y por las formas, pero temo que hay varias personas a las que más bien les preocupa la segunda razón.

    Me trato de poner en el lugar de una mujer que ha sido violada, que se ha sentido ultrajada o abusada, donde el Estado de derecho es lo suficientemente débil para que te ignoren las autoridades y la verdad es que tal vez a mí me darían ganas de romper cosas. Ese sería mi primer pulso instintivo. Me recuerdan a mi yo de la primaria, al que le hacían bullying y cuyos maestros no hacían nada. Yo en ese entonces azotaba puertas y hasta le dije a un profe que fuera a chingar a su madre porque era una forma de llamar la atención para que alguien hiciera algo, porque yo no tenía la fuerza para defenderme de los bullies y porque a los maestros les valía madre, incluso alguno llegaba a divertirse.

    ¿Es lo más asertivo? No lo sé, al menos para mí no lo fue y eso lo descubrí con el tiempo. Yo decidí no dejar carcomerme por el dolor y el resentimiento que tenía porque no me llevaba a ningún lado. Ellas sabrán si aquello que me ocurrió pudiera aplicar para ellas o no porqué posiblemente no termine de entender qué es lo que ellas sienten, y creo que no soy quien para decirles qué hacer ni sé si mi caso siquiera aplique como analogía o no. Eso es algo que a mí no me corresponde. Ellas son quienes deciden cómo llevar a cabo su movimiento y ellas son las que asumen sus aciertos o sus errores.

    Twitter / Alejandra Crail

    En esta vorágine muchas personas no se dan cuenta que detrás de muchas de ellas hay muchas historias de profundo dolor, muy posiblemente mucho más profundo que el que yo tenía. Lo que más teme una mujer en su vida es ser violada, no sólo por el acto en sí, sino por el significado y el juicio de la sociedad. El daño en muchos casos es irreparable y yo no soy la mejor persona para dimensionarlo de la mejor forma.

    Ellas gritan, rompen vidrios y rayan paredes porque no encuentran respuesta en ningún lado, ni con las autoridades (que se dicen de izquierda) ni con la sociedad. Ellas se sienten solas y frustradas como yo me sentía. Lo que ocurrió no es fortuito: la realidad, todos los efectos, son producto de una causa, no son gratuitos ni son hechos disconexos. Si alguien se enoja y se indigna es que debe haber algo que hizo que se indignara.

    ¿Hubo excesos? Sí. Pero también es cierto que en cualquier causa reivindicativa la posibilidad de que haya excesos es latente. También, como en cualquier movimiento, hay sectores radicalizados. Las sufragistas, aquellas mujeres que lucharon por su derecho al voto (lo cual costó mucho, y basta ver la gran distancia entre los años en que ganaron el derecho en los distintos países), esas que son señaladas por alguno como ejemplo de «feminismo liberal apegado a la civilidad» también llegaron a hacer destrozos y se involucraron en peleas con los policías. De hecho, los parecidos entre aquel feminismo y el actual son más bien muy asombrosos. A las mujeres las ridiculizaban como locas o como brujas, e incluso había algunas mujeres que formaban ligas en contra de las sufragistas. También hubo este tipo de manifestaciones dentro de la lucha de los negros e incluso Martin Luther King, quien representaba la vertiente pacifista, llegó a decir que «los motines son el lenguaje de los que no son escuchados».

    En una manifestación en la cual la gente está enojada e indignada hay quienes pueden salirse de control, son los riesgos que tienen marchas que parten desde la indignación y donde las emociones están a flor de piel. También es cierto que el comportamiento en masa suele ser distinto a nuestro comportamiento individual.

    Sin embargo, sí debo decir que hubo algunos actos que no puedo justificar de ninguna forma y que se deben señalar como que unas mujeres arrojaran brillantina al reportero que había sido golpeado por un hombre, o que una periodista de Milenio y un repartidor de Uber fueran agredidos así como también la camioneta de unas zapatistas feministas sufrió destrozos al punto en que ellas no pudieron regresar, sin olvidar la cobarde agresión que recibió un reportero por parte de un intruso que nada tenía que ver con el movimiento. Se deben reconocer pero no debe de distraernos de lo más importante, que también explica (aunque no justifique) los excesos que he mencionado. Tenemos que escuchar el mensaje.

    Y tal vez no estás poniendo atención porque tu foco siguen siendo solamente esos excesos a los que ves como hechos disconexos (efectos) y no las causas a las que están ligadas (que muchas mujeres siguen siendo violadas o violentadas sin que pase absolutamente nada y sin que puedan hacer nada). Porque los efectos no van a desaparecer hasta que las causas hayan sido combatidas. Si la violencia contra las mujeres sigue, van a seguir organizando marchas y una vez que se abrió la caja de pandora no es como que vayan a parar. En un mundo idílico donde hubiera equidad de género y donde no hubiera numerosos casos de violaciones, las mujeres no tendrían la necesidad de salir a la calle y hacer ruido, no tendría sentido siquiera.

    Y la verdad es que los hombres no tenemos derecho a quejarnos de lo ocurrido si nosotros no ponemos nuestro grano de arena, si nosotros no combatimos la violencia de género desde nuestras trincheras, si no señalamos, reprendemos y denunciamos a aquella persona que ha abusado de una mujer, si no nos preguntamos si nuestros comportamientos limitan o hacen menos a las mujeres. Estoy de acuerdo, no debe de ser una batalla entre mujeres y hombres sino en contra del machismo y la falta de equidad de género, pero si la causa se desvía a ello, entonces nosotros seremos corresponsables por no haber hecho nada.

    Twitter / Alfonso Nava

    ¿Que las mujeres pueden aprovecharse de los hombres? Sí (y créeme que en alguna ocasión alguna mujer me ha herido de forma fea). Pero las mujeres en muchos sentidos se encuentran en desventaja: son menos fuertes físicamente (lo cual hace que a un hombre le esa relativamente fácil violar a una mujer) y, a diferencia de nosotros, las mujeres son todavía afectadas por algunos paradigmas y creencias que no se han ido del todo y gracias a las cuales ellas llegan a sentir que les es un tanto más difícil que al hombre llegar a puestos de poder o tener la misma relevancia. Es cierto, se ha avanzado mucho con respecto del pasado y eso es innegable, pero tampoco podemos hablar todavía de una situación de equidad.

    Y es que no tienes que tratar el tema «ideológicamente», más allá de las ideologías que puedan profesar las diferentes activistas. Tampoco debes estar necesariamente de acuerdo con el ideario feminista (yo tengo algunas discrepancias que he expresado en este espacio), ni con las formas o los métodos, ni mucho menos se te pide que los aplaudas, sino que escuches el mensaje, que empatices, que te pongas en sus zapatos.

    Y es que se trata de ir a lo más básico, es tan simple y no tiene mucha ciencia porque todo parte del hecho de que el ser humano es digno y valioso por el mero hecho de serlo, y en ese entendido, ninguna persona puede ser violentada ni ninguna persona debería tener distinta consideración por su género (y las otras dimensiones que caracterizan al ser humano).

    Como en cualquier conflicto, las mujeres quieren que los hombres que tienen conductas machistas cedan, y lo que piden es totalmente justo: ya no quieren abusos sexuales ni violencia.

    Y nadie dijo que una causa social iba a ser muy cómoda, así con tazas de café y galletas pidiendo permiso para no incomodar. Es evidente, dado que han agotado muchas posibilidades y, frustradas, no han visto avances.

    Esos vidrios rotos son un mensaje, y hay que entenderlo.

    Porque si el problema persiste, ellas ya no se van a detener. Y si logramos que se detenga, ¡vualá! Estas manifestaciones que tanto incomodan desaparecerán del mapa. Si temes que estas manifestaciones se radicalicen cada vez más, entonces habría que hacer algo de nuestro lado y combatir ese problema que tanto les aqueja.

  • 10 cosas que debes saber antes de hacer análisis sociales y políticos

    10 cosas que debes saber antes de hacer análisis sociales y políticos

    1) La realidad que percibes y que quieres analizar es necesariamente efecto de una causa o de una multiplicidad de causas. A su vez, cada una de esas causas es efecto de otra causa y así ad infinitum. Ya sea que te preguntes por qué se acabó el papel del baño o por qué tal político ganó las elecciones, todo es efecto de una o varias causas anteriores.

    2) A su vez, un conflicto político o social es producto no solo de una causa, sino de muchísimas causas que conforman esa causa mayor y que es la más visible. Puedo decir: las feministas rompieron unos vidrios porque los policías violaron a una mujer. Pero de ahí se desprenden muchas otras causas: por ej, quienes hicieron eso lo hicieron por distintas razones: tal vez una de ellas era amiga íntima de la víctima y le dolió en lo más profundo del corazón; otra tal vez no tenía relación con la víctima pero se acordó cuando ella misma fue violentada cuando era más jóven y ello le motivó a ir a manifestarse. A la vez, todo ello es efecto de otras causas que están interconectadas dentro de una cadena cuyo inicio tal vez no podamos rastrear.

    3) Casi siempre la discusión política se reduce a un conflicto binario (ricos vs pobres, chairos vs fifís, oficialistas vs opositores). Pero para hacer un buen análisis, habiendo entendiendo los dos puntos anteriores donde todo es un efecto de una diversas causas, se debe ir más allá y ser capaz de ver todos los matices y la escala de grises.

    4) Es imposible dejar de ser subjetivo a la hora de analizar la realidad ya que nuestra interpretación del mundo está construido por nuestra experiencia y nuestro temperamento. Todo análisis es, por definición, subjetivo. Y esto quiere decir que siempre existirá la posibilidad de que alguien más analice o interprete un hecho de tal forma que nunca se te hubiera ocurrido. Peor aún, nuestros sesgos cognitivos también juegan un papel a la hora de hacer estos juicios. Es imposible despojarnos de subjetividades, pero si reconoces que tus juicios son subjetivos y que los sesgos cognitivos están ahí merodeando, será más posible que hagas un análisis más sensato a que ignores todo esto y pienses que tu juicio es objetivo y necesariamente el más acertado.

    5) Sin embargo, los hechos por sí mismos son objetivos. Un descenso del 5% en el PIB, aunque sea interpretado y analizado desde distintas perspectivas subjetivas, siempre será un descenso del 5% en el PIB y no otra cosa.

    6) Siempre, por más que pequeña que sea, hay alguna posibilidad de que estés equivocado. Tómalo en cuenta antes de hacer tus análisis porque eso te ayudará a ser más humilde y te hará más receptivo a escuchar lo que otros dicen. Escucha también a lo que dicen aquellos que hacen análisis desde otras disciplinas distintas a la tuya. Posiblemente te lleves una gran sorpresa.

    7) Todo significante o concepto que resida dentro de la mente de uno (subjetivo) o varios individuos (intersubjetivo) y no pueda existir sin un ser humano que lo conciba o interprete es una construcción social: los significantes, las marcas, el dinero, la cultura y hasta las naciones. Toda cosa que resida fuera de la mente del individuo no es una construcción, sino que es una realidad objetiva como tal, aunque el individuo solo pueda interpretarlo subjetiva y fenoménicamente: una montaña o el sol. Ello siempre debe tomarse en consideración a la hora de hacer análisis.

    8) Para conocer la verdad de la forma más fiel posible, siempre deberá de darse preferencia a un estudio cuantitativo bien diseñado como el que arroja que el 30% de los niños lloraron el día en que fueron por primera vez a la escuela en vez de conformarnos con una estremecedora historia sobre cómo un niño lloró y pataleó en su primer día de clases e inferir de ahí que todos los niños sufren al ingresar a la escuela por primera vez. A la hora de hacer análisis, los datos recogidos por instrumentos diseñados para ello siempre serán más fieles que las historias que apelan a las emociones.

    9) Quien quiera hacer un buen análisis debe saber contextualizar y entender el contexto en el que un suceso tuvo lugar. Por poner un ejemplo, no se puede juzgar de la misma forma a un individuo que tenía un esclavo en el siglo XVIII a alguien que tiene un esclavo en el siglo XXI, dado que las realidades y los paradigmas bajo los que se desenvolvieron eran muy distintos a los nuestros.

    10) Y por último, contextualízate a ti mismo. Entiende que cuando haces un análisis, no lo haces desde una realidad total que te permite llegar a la cumbre de la objetividad porque no tienes acceso a esa realidad total ni tienes sabiduría absoluta que te permita desprenderte de tu contexto. Estás condenado a hacer tus juicios desde tu contexto, desde tu forma de entender el mundo la cual tiene mucha relación con la cultura en la que te desenvuelves. Si quieres tener una visión lo más amplia y menos condicionada posible, tendrás que abrirte, cultivarte más y conocer otras realidades. Aún así, nunca podrás alcanzar la sabiduría total, por lo cual siempre estarás condicionado, de una u otra forma, por tu entorno, por tu cultura y por la forma en que has construido tu realidad del mundo a través de la experiencia.