Categoría: reflexión

  • Reflexión sobre El Cerebro Habla

    Hoy como que no estoy de humor para hablar sobre temas políticos, me tiene un poco abrumado. Y no ando tan lucido para escribir a fondo sobre un tema, más cuando gasté toda la inspiración el día de hoy a escribir mi libro, aprovechando que en esta semana tengo el trabajo relativamente parado, dado que mis clientes se fueron de vacaciones y me dejaron con la «chamba congelada» cosa que volverá a la actividad la próxima semana. En realidad tengo mucho trabajo y estos últimos dos meses fueron pesados, porque aparte de tener varios proyectos a la vez, me molestaba en escribir en este blog, y además le seguía con mi libro. Mis horas paradas frente a la PC eran maratónicas y me olvidé de mi rutina de ejercicio.

    Siempre he dicho que mi blog es un tanto curioso. He leído muchos «consejos» sobre como llevar un blog al éxito y la verdad es que ni caso les he hecho, porque eso implicaría limitar mi libertad de escribir. Tan solo he seguido algunos pocos consejos de posicionamiento y he hecho interacción con redes sociales; he usado la mercadotecnia a mi propia manera y no he buscado copiar otros modelos. He visto como muchos blogs incluyen carruseles de noticias y demás parafernalias para que se vean modernos. Yo he preferido seguir el modelo tradicional y me he enfocado en la usabilidad para el usuario final, que sea fácil de leer, de comentar, de compartir en redes sociales, de buscar artículos antiguos, etc. El diseño de mi blog es un tanto curioso, porque lo inicié a partir de una plantilla que me encontré hace más de 3 años, a lo largo de estos años he hecho diversas modificaciones a la imagen y a la programación que de la plantilla original no queda absolutamente nada. El diseño lo he manejado así como Facebook maneja el suyo, nunca ha cambiado por completo su diseño, más bien va metiendo cosillas aquí, cosillas allá, para irlo modernizando con el paso del tiempo. Algo parecido creo que yo he hecho.

    Sobre los contenidos, siempre he utilizado la filosofía de publicar y dejar los contenidos en línea incluso si me arrepiento de haber publicado una cosa. Si cometo un error en un artículo no lo borro, sino que aclaro que he cometido un error dentro del mismo artículo. Nunca tomé clases de redacción ni ortografía, aunque tampoco es como que tenga un nivel para presumir. Algo que suelo hacer (y si no lo hago, es porque decido no hacerlo a propósito) es diseñar los artículos de acuerdo a un método que me enseñaron en Toastmasters (que son cursos de oratoria y no de redacción), es decir, el artículo debe tener una introducción, un desarrollo y un desenlace. Algo que nunca hago y que creo que a la larga me ha servido es no usar correctores ortográficos. Prefiero equivocarme y darme cuenta de los errores, en vez de que un programa me los corrija automáticaemente, creo que de esa forma he aprendido otrografía de una manera más eficiente.

    Algo curioso, de lo que me acabo dar cuenta, es que una de cada diez personas entra a este blog por un dispositivo móvil. Había hecho la comparación hace poco menos de un año y casi nadie entraba por ese medio pero el número se disparó. Naturalmente me tuve que dar a la tarea de crear una plantilla especial para smartphones (Android, iPhone, Blackberry, iPad), de hecho la podrán ver si entran por medio de uno de estos dispositivos. Aunque me parece un poco tedioso tener que programar en la PC y estar viendo los cambios en mi iPhone, pero naturalmente uno se tiene que adaptar a las nuevas tendencias. Aunque a mi en realidad no me gusta mucho navegar en el iPhone, lo uso para lo elemental, llamadas, mensajes, Whatsapp, Google Maps para no perderme cuando manejo (aunque un GPS sería mucho más cómodo) y meter música; uso Facebook y Twitter de una manera reducida, porque se me hace mil veces más práctica la PC para esas cosas.

    Los dejo, tengo mucho sueño.

  • Consumir, consumir y consumir

    Mi padre me regaló de navidad un iPhone, ya mi celular anterior estaba viejito (ni siquiera era un smartphone) y tenía muchos problemas al recibir mensajes. En realidad no estaba muy dispuesto a «estar a la moda» con uno de los teléfonos más solicitados en el mercado, pero ya que me lo regalan, lo mejor que puedo hacer es aprovecharlo, y hacer toda la tramitología que se requiere, ir al Telcel a mover mi número de mi antiguo Nokia al iPhone, pagar como 100 pesos por la tarjeta SIM, luego llegar a mi casa y restaurar todo el sistema (porque como antes lo usaba mi papá, ya estaba lleno de muchas cosas que no) etc. Y digo, para mí es fácil, porque yo seguiré con mi plan amigo, y no necesitaré endeudarme para estar a «la moda», pero me pregunto, ¿cuánta gente si lo hacen con tal de sentirse parte de un grupo, de algo o de alguien?.

    Para que el sistema neoliberal funcione (al menos en teoría), la gente debe de consumir, consumir y consumir. Para los economistas que forman parte de la tecnocracia neoliberal, una persona es como un «objeto que produce y consume«, porque de esta forma se puede evaluar con las estadísticas que tanto les encantan. Lo que no pueden medir estos tipos, es el impacto social (además del cultural y ambiental) de un modelo económico que basa en el consumo su existencia. Debido a las presiones del mercado por esta dinámica, las empresas nos contratan a nosotros los mercadólogos para buscar convertir los deseos de la gente en necesidades. Nuestra actividad no es perjudicial cuando analizamos un mercado, buscamos cuales de esos son clientes potenciales y le ofrecemos el producto que ellos están buscando (darle a la gente lo que necesita), pero a veces podemos ser maquiavélicos cuando buscamos modificar los patrones de conducta de las personas para incitarlas a consumir (decirles que necesitan), algunas veces con engaños (a veces tan simulados que pasan por una actividad normal, y otras veces tan descarados que es ya necesaria la intervención de las autoridades).

    A veces la dinámica consumista es tan fuerte, que crea modelos de conducta en los humanos que los hacen depender de los objetos materiales, ya no tanto para satisfacer sus necesidades, sino para modificar su sentido de pertenencia y de filiación con ciertos sectores sociales. Naturalmente como el humano tiene una tendencia a querer más y más (eso lo sabemos muy bien los mercadólogos) lo aprovechamos para orientar esa tendencia humana hacia la compra de productos; entonces si el consumidor no tiene la capacidad para comprar cierto producto, se frustra, y ahí entra la necesidad de endeudarse, uno de los motivos que a la larga ha deteriorado al mismo sistema económico.

    Este problema no es percibido por un economista, porque no se percibe en el crecimiento del Producto Interno Bruto de un país, o en el Coeficiente de Gini, o en cualquier metodología para evaluar los índices microeconómicos o macroeconómicos de un país. Esto lo perciben ya no los sociólogos, sino los psicólogos y psiquiatras que cada vez reciben a mas pacientes deprimidos porque la dinámica de mercado (quiero aspirar, por lo que tanto tengo que comprar, lo que me causa una frustración, la cual solo podría resolver con el endeudamiento, que a la larga también me causa una frustración) muchas veces socava la integridad no solo mental, sino física de las personas. Lo peor de todo, es que cuando el individuo logra tener su producto, al cabo de un tiempo se acostumbra a él, y ya no satisface la necesidad que si logró al momento de su compra, por lo cual el individuo entra en un círculo vicioso.

    Erich Fromm, cuando el capitalismo no era tan «salvaje» como lo es ahora; decía que los humanos entrábamos en esta dinámica del tener, como si fuéramos engranajes que alimentan al sistema; y que esta dinámica era tan fuerte que los que la promovían no dejaban de ser víctimas de ella. Ahora el ser humano es valorado por los bienes materiales que tiene y por su posición social (dada mayoritariamente por la acumulación de riquezas), ya no es valorado por el ser, ni por sus aportaciones a la sociedad. Una persona que vive en una mansión en uno de los suburbios más prestigiados de Estados Unidos «vale más» que un científico que ha aportado avances en la sociedad, o más que un pensador, o un maestro, o un doctor que se «rompe la madre a diario» para salvar vidas.

    Esta dinámica del consumo, nos está alejando cada vez de nuestra esencia humana, y nos ha orillado hacia un mecanismo de supervivencia. El hombre, independientemente de su posición social, debe de «sobrevivir» de acuerdo a su modus vivendi, cualquier descenso en el escalafón social implica una degradación como persona (recalcando que importa más el tener que el ser). El hombre «moderno» no puede desapegarse de sus bienes materiales, porque son los que lo determinan. El prestigio, el éxito, son dados por la cantidad de bienes materiales que posea. Si tengo muchos bienes, entonces he sido una persona exitosa en la vida, de lo contrario no.

    Somos de cierta forma esclavos del consumo. Nadie nos obliga a hacerlo, como si estuviéramos en una sociedad totalitaria, pero si decidimos no hacerlo, podríamos estar fuera del sistema.

  • Mensaje para la Prole

    Muchos de ustedes ya me conocen, pero para los que no; mi nombre es Money Coin pero me pueden llamar Sir Coin, y he sido nombrado Director en Relaciones con la Población Resentida y Olvidada pero Ligada a Elecciones (PROLE) por parte del PRI:

    Me alegra comunicarles que se acercan tiempos dorados para las clases populares… ¿cambio de esquema económico?,  ¿reactivación del campo?,  ¿finalización del TLC?, ¿reformas educativas decentes?… ¡Para nada!, y mejor no esperen nada de lo anterior o podrían tener un altercado con los federales…de lo que les hablo es de… ¡EL TIEMPO DE ELECCIONES!… Así es, ya llegó nuevamente la época en que necesitamos sus votos para conseguir puesto públicos, y ya todos saben lo que significa eso; ¡vivir de los impuestos!… durante los próximos meses estarán llegando a sus pueblos, municipios y delegaciones muchos de nuestros simpáticos candidatos que les contarán historias fantásticas sobre empleo, seguridad, calidad de vida y desarrollo económico, no sin antes dispararles las tortas y refrescos indispensables para hacer fluir la imaginación…. Lamentablemente hay  personas que no quieren ver a México dirigirse hacia el futuro y han empezado una campaña sucia que no puede ser tolerada en un país democrático; después de el muy insignificante tropiezo de  Enrique Peña en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara estos enemigos del país iniciaron un bombardeo por internet, no sólo contra él, sino contra todo el partido; con bromas, chistes absurdos y con ayuda de esos desagradables libros de Historia han tratado de desprestigiar a esta gran organización política ; ¡es por eso que cuando ganemos los comicios del 2012 no duraremos ni un segundo en ordenar la ejecución  inmediata de todo aquel que cuente con un equipo de cómputo sin estar afiliado al Revolucionario Institucional!…No se dejen engañar por las patrañas de estas personas y mejor vean todo lo que les ofrece… bueno, eso no es importante, lo que si es indispensable es que no se pierdan la excelentísima programación de televisa…

    Este fue el primer mensaje para la PROLE, me despido no sin antes aclarar que si bien hicimos una campaña de odio hacia AMLO en 2006, no se le puede llamar campaña sucia porque… porque… porque….pues porque eran otros tiempos. En fin, nos vemos y no olviden que; su voto es libre y secreto a menos que no vote por el PRI.

  • 3 libros que influenciaron mi vida.

    Me preguntarían, ¿Cuáles han sido los 3 libros que han influenciado mi vida?, hay muchos en realidad, pero para mencionar solo tres. Escogería en primer lugar el libro que hizo que me cultivara en la lectura, el de Miedo a la Libertad de Erich Fromm, otro que si bien son en realidad tres, los considero como uno porque es una trilogía y me refiero a la triogía histórica de Enrique Krauze: Siglo de Caudillos, Biografía del Poder y La Presidencia Imperial. El tercer libro es el 1984 de George Orwell. Aunque también hay otros que me han gustado bastante, la literatura de Dostoievski, sobre todo los libros de Crimen y Castigo y Los Hermanos Karamazov me han gustado mucho. También me gustó mucho el libro de Carlos Fuentes de La Región Más Transparente, el Mundo y Sus Demonios de Carl Sagan. De filosofía no me he adentrado mucho, pero sí hay libros que me han gustado como La República de Platón, también he leído a Schopenhauer, a Nietszche, y uno que me gustó, que es más bien un libro de Introducción a la Filosofía de Raúl Gutiérrez Saenz. También me han gustado los libros de Dumas, Los Tres Mosqueteros, pero sobre todo el Conde de Montecristo. Así como libros de política como el de Giovanni Sartori ¿Qué es la Democracia? entre algunos otros.

    En total podría decir que en unos 5 años he leído algo así como 60 libros. Un poco de más de 10 libros por año. Digo, si lo comparamos con el promedio mexicano pues si estoy muy por arriba, aunque pues no lograría llevarles al ritmo a los europeos que leen 20 o más libros anuales. Pero lo que si se es que esos libros me han ampliado el panorama sobre el conocimiento del mundo y las cosas, además de darme un criterio propio. Gracias a esto, puedo no solo emitir opiniones más congruentes y fundamentadas, sino que puedo reflexionar con una mayor facilidad sobre lo que pasa en este mundo, y entenderlo. Muchos dirán que un político no tiene que ser leído, pero al no serlo perderá esta ventaja y tendrá una visión muy estrecha y limitada de las cosas de las cosas. Naturalmente saberse desempeñar en un alto cargo público, especialmente la presidencia, la carencia de cultura será una gran desventaja, porque tendrá más dificultades para analizar lo que pasa en el mundo que lo rodea.

    Hay dos tipos de ignorancia, la que es resultado de circunstancias socioeconómicas, por ejemplo, una persona pobre que tiene prioridad ganarse el sustento y pensar en que va a comer, y la otra es la ignorancia por convicción, que son aquellas personas que aún teniendo los recursos económicos para poder cultivarse en la cultura, deciden no hacerlo. Esto a pesar de que estas personas hayan estudiado en universidades de paga de prestigio. El primer tipo de ignorancia es entendible y justificable, el segundo no, el segundo tipo de ignorancia habla mal de la persona a diferencia del primero, porque habla de una mediocridad intelectual, de una especie de conformismo. Adquirir el hábito de la lectura es un tanto más difícil que postrarse ante una televisión, porque el televidente necesariamente actúa como una persona pasiva por que ya todo le está dado por medio de sonido e imágenes, en cambio el lector es más activo en el sentido en que tiene que racionalizar lo que está leyendo, y en algunos casos, como las novelas, tiene que imaginarse las situaciones dentro de su mente, lo cual, según expertos, aumenta el nivel de creatividad de las personas.

    Además la lectura es algo que no solo se aprende, sino que se ejercita, y que a través de la experiencia, el lector empezará a buscar libros tal vez más densos y que al principio le hubiera sido complicado leer por la falta de cultura. La lectura es un reto, porque te hace mejor día a día, alimenta el alma y el espíritu. La cultura no es sinónimo inequívoco de éxito, pero si te da más herramientas para acercarte a él.  Además la lectura hace más rica intelectualmente a la persona, naturalmente tiene más temas de los que conversar y dichas conversaciones son amenas, a veces incluso hasta para la gente que no tiene la costumbre leer.

    Si algunos dicen que no leer «no importa», están muy equivocados. A menos que tengan la firme intención de crear una sociedad de autómatas enajenados controlados por los medios de comunicación y los bombardeos publicitarios.

    Por último, para el que crea que no leo, aquí les muestro mi biblioteca personal. La foto tiene un año, por lo que pueden dar por sentado que ahora hay unos diez libros más ahí. Si quieren ver los títulos, den clic en la imagen para ampliarla.

  • El mexicano y su mediocridad política

    El hombre es un animal político, todos los hombres tenemos una ideología política, y de hecho los que no saben de política también la tienen pero no son conscientes de ella. Lleven al más ignorante una de esas encuestas que tienen el fin de conocer la ideología política de cualquier persona y verán que aunque la desconozca, podrán determinar su ideología. No importa que no conozca ya no términos como «capitalismo», «comunismo», «socialdemocracia»; sino los clásicos conceptos de izquierda y derecha, y van a ver como obtienen un resultado. Porque la ideología política está determinada en base a creencias, paradigmas, percepción del mundo, etc. Que el conocimiento sobre temas políticos y económicos puedan refinar tu posición política es otra cosa.

    Yo me he considerado una persona afín a la socialdemocracia. Como mucha de la gente que comulga con mi posición política, algún día estuvimos más a la izquierda (aunque yo no caí en las garras del comunismo, si al principio sentí una fuerte aversión al capitalismo, sobre todo por la influencia de Erich Fromm) y luego nos moderamos. Seguimos pensando en la igualdad y la justicia social, pero nos dimos cuenta que para eso no era lo más prudente abolir el mercado, sino por el contrario, servirse de él. El fin es el mismo, los medios cambian, porque cuando uno crece, sin perder de vista sus ideales como fin, debe de ser más pragmático al buscarlos.

    Yo estoy consciente el por qué terminé siendo afín a esa ideología. Yo me eduque en una escuela del Opus Dei donde era muy patente la doble moral, donde tener un arete o el pelo largo era motivo suficiente para ser suspendido de la escuela, mientras que el golpear a un compañero o abusar de otros («Bullying» como ahora se le conoce) no necesariamente era motivo para ser suspendido de la escuela. Repudié el conservadurismo por eso. Si dicen que el liberalismo en algunos casos implica el que el hombre construya su «escala de valores a su antojo», al menos se lo que me puedo esperar de ellos, porque muestran su verdadera cara. En cambio el conservador, es hipócrita (no todos, pero en México la mayoría lo son) y muchas veces por su disfraz «doblemoralino» te traen desagradables sorpresas, a veces actos más desdeñables que los de los liberales. También en mis años de primaria fui una persona de pocos amigos, era excluido y en muchos casos era víctima de abusos por parte de otros niños. Pero resulta que yo era el más castigado por intentar defenderme. Por eso me hice más consciente sobre los problemas de las minorías excluídas, porque entiendo lo que sufren al ser excluídos (ya sea por su condición económica, por su condición física o su preferencia sexual).

    Fue una introducción larga al tema que quiero tocar, pero creo era necesario decirlo (porque seguramente sintieron que lo escrito no tenía nada que ver con el título). Cuando hablo de mediocridad política, es porque en mis años en que he sido políticamente activo (intelectualmente hablando), he visto que en México las personas tienden a encasillarte en las pocas opciones políticas que existen en el país. Es decir, si critico la guerra del narco de Felipe Calderón, soy fiel seguidor de Obrador, si por otra parte, critico a este último, soy un personaje de derecha que se la pasa pegado frente al televisor viendo el programa Tercer Grado. Si digo algo bueno de Peña Nieto (que en realidad no hay muchas cosas buenas que decir de él) entonces la cosa se pone peor. Es curioso, parece que mientras detestamos a nuestros partidos políticos, muchos encasillan a otras personas necesariamente en las opciones que se nos dan, por un simple comentario.

    Eso a mi, me habla de una mediocridad profunda y un desconocimiento de la política del mexicano, porque no conocen más allá de lo que ven y no se molestan en investigar. Algunos incluso creen saber mucho de política, pero caen en el mismo juego simplista de etiquetar a las personas bajo los mismos parámetros y con pocos argumentos o motivos para poderlo hacer. Parece ser, y tal vez eso creo que es porque vivimos en un régimen paternalista por 70 años, que no se cree que uno puede tener un criterio independiente, como si tuviera que estar enajenado necesariamente por los medios de comunicación como Televisa, o por el populismo de Andrés Manuel. Se me hace una forma muy simplista de ver las cosas. Luego, es entendible porque primero hablas bien de un político y cuando luego decides hablar mal, la gente se decepciona. Que parece que más que escuchar opiniones y crítica, esperan que les digas lo que quieran escuchar.

    Y estoy hablando de clases medias y altas (que son los que tienen acceso a Internet), porque son los que tienen las condiciones para pensar por si mismos (dado que la gente pobre se tiene que preocupar por saber que va a comer al siguiente día) y las capacidades para tener una cultura política. Algunos no la quieren conocer porque la detestan, posición algo estúpida, porque la política necesariamente influye en la vida de las personas. Yo puedo decir que detesto a la gran mayoría de los políticos y a los partidos en general porque no me representan (no solo porque ninguno comulga con mi ideología, sino porque se han alejado de la ciudadanía), pero no por eso la política deja de ser interesante para mí.

    Creo que en México necesitamos tener más cultura política. Los políticos que van a contender por la presidencia en el 2012 son el fiel reflejo de la mediocridad política del mexicano. Un Peña Nieto que aparte de ser una persona sumamente ignorante, no tiene las tablas, y ni siquiera se le ve una ideologia definida; una Vázquez Mota que no ha hecho prácticamente nada en su no muy larga trayectoria, pero que «es mujer»; y un López Obrador con dotes de mesianismo (que el que se haya moderado no significa que lo deje de tener) como si se tratara de la nueva llegada de Jesucristo. Y al no estar preparados, los políticos hacen lo que quieren, porque los ciudadanos no saben ni lo que quieren ni como lo quieren.

  • Violencia en México, símbolo de subdesarrollo

    Es aventurado decir que existen lugares del mundo donde la violencia ha sido totalmente erradicada. Pero lo cierto es que el nivel de violencia que se muestra en las naciones es un símbolo inequívoco del subdesarrollo ya no solo económico, sino cultural, que dichas naciones reflejan. Hace poco escuchamos sobre un asesino en serie en Noruega que hizo explotar una bomba y mató a varios jóvenes militantes de un partido socialdemócrata, pero en el caso de Noruega, es la excepción, mientras que en países como el nuestro, la violencia es la regla.

    Tan es así, que si este atentado hubiera ocurrido en México, posiblemente no hubiera tenido gran impacto en los medios internacionales, porque ya están acostumbrados a ver en México un país violento. Y es que no importa quien ejerza la violencia, el estado, los criminales, grupos guerrilleros, da lo mismo. Eso nos muestra el atraso que tenemos como nación. Un ejemplo lo podemos ver con los asesinatos perpetrados en el edificio de la FEG (Federación de Estudiantes de Guadalajara), y algunos analistas tirados hacia la derecha, podrán decir que es un problema inherente a las universidades públicas. Pero ¿entonces porque en las universidades públicas ya no de Noruega, Suecia o Dinamarca, sino de otros países como España no ocurre eso?. Simplemente porque en nuestro país tenemos una cultura atrasada donde se usa el ejercicio de la violencia para defender intereses, sean políticos o de cualquier índole. Y en un país poco acostumbrado al diálogo y al debate, y más al uso de medidas coercitivas para imponer ya no solo dogmas, sino intereses políticos y de poder, es entendible muchos ciudadanos vean en la violencia la solución.

    El problema de la violencia y su vínculo al subdesarrollo cultural, no solo se refleja en actos criminales donde se ultima la vida de terceros. También lo vemos dentro de las familias, donde persiste un alto grado de violencia intrafamiliar, y esto es debido a modelos de conducta arcaicos y machistas (en su mayoría) que no se han podido erradicar y extirpar de la psique mexicana. Naturalmente las condiciones socieoconómicas también la propician, y esto aunado a una falta de valores, donde las escuelas y familias no han logrado crear personas de bien y terminan tentados por el mal camino. Curiosamente México es un país mariano y católico, donde la Iglesia no ha sido capaz de influir en los jóvenes para que hagan a un lado los comportamienos violentos. Esto tomando en cuenta que muchas de las personas que cometen actos de violencia afirman profesar la religión católica.

    El hecho de que se utilice el ejercicio de la violencia, ya sea de una forma presumiblemente legítima (como la guerra contra el narco de Felipe Calderón) o ilegítima, nos habla del subdesarrollo en el que sigue inmerso el país. Y para erradicarla la solución no solo está en lograr un crecimiento económico que bien ayudaría, sino en detectar los focos de violencia, atacarlos de raiz y buscar un cambio en las estructuras mentales del mexicano que en muchos casos lo incitan a ser violento.

     

  • La «República Amorosa» de López Obrador

    ¿La felicidad, el amor y la moral como leyes que emanen de la constitución?

    Mucho se ha hablado de la república amorosa que propone Andrés Manuel López Obrador, algunos se han burlado de él, y otros más han decidido darle el beneficio de la duda al ver el cambio dramático de un personaje irascible, polarizador, que critica de frente y no se calla nada, a una persona que viene a transmitir amor y felicidad. A mí me llama la atención tal vez más para mal que para bien. Tal vez las intenciones de López Obrador no sean malas (así como podemos hablar de las buenas intenciones de Calderón que terminaron en una escalada de violencia), pero el que el Estado quiera imponer una moral, se me hace poco más que preocupante.

    El análisis que hace López Obrador no está equivocado, ciertamente vivimos en una etapa donde los valores escasean y se antepone el materialismo, el consumismo, la egolatría entre otros, por encima de valores mas humanitarios. Tal vez si Andrés Manuel López Obrador fuera un filósofo y viviera lejos del Estado, estaría haciendo bien, pero me precupa el que se quieran imponer valores por medio del Estado, desechando la oportunidad al ser humano de darle la libertad de encontrarlos. Y es que si una persona es envidiosa, materialista, o lo que sea, no lo convierte en un delincuente per sé, por lo tanto no puede ser juzgado por el Estado.

    Algo que falta al mexicano es criterio propio, y eso es debido a la falta de educación y mediocridad intelectual, lo cual, efectivamente desembocan en esos antivalores que menciona López Obrador. Pero querer «imponer» una forma de pensar particular en general, por más válida que sea, me parece un error. Más bien López Obrador debería preocuparse por dotar a los mexicanos (en este caso niños y jóvenes) de herramientas para que se formen un criterio propio, y en base a esto, logren buscar sus valores morales y transmitirlos, sea por medio de la familia, entre ellos mismos. Que el mexicano tenga la libre elección de arroparse a la religión por un decir, o bien que busque los valores en un ámbito no religioso.

    El Estado no es quien deba de ofrecer amor y felicidad a los ciudadanos, debe ofrecer las herramientas para que estos los puedan encontrar. En varias constituciones se dice que el ser humano tiene el derecho a la «búsqueda de la felicidad» y no a «la felicidad». Los conceptos de amor y felicidad varían de acuerdo a la persona, y por lo tanto no se puede imponer un concepto propio a un conjunto de personas. Es decir, si no comulgo con los valores de López Obrador, por más válidos y sustentados que puedan estar, entonces estoy fuera del Estado.

    Cuando López Obrador empezó a hablar de valores, algunos analistas creyeron (tal vez con tino, tal vez no) que había leído al escritor ruso Tolstoi. A mí me suena un poco más a un sermón de misa, y su postura se me hace comparable con algunos actos de la Iglesia, la cual en muchos casos busca imponer sus normas y sus escalas de valores, nada más que si bien la Iglesia solo tiene el poder de la fe de sus seguidores, los ciudadanos tienen la opción de no seguirla si no comulgan con las creencias. El que el Estado las imponga ya es algo más peligroso, con algunos tintes fascistoides, donde ya no solo el Estado debe de tomar el control de la economía, sino que debe de ser el rector de la moral de una sociedad. A mi parecer también veo en una contradicción de AMLO al decir estar en un estado laico, donde supuestamente se respetan las creencias (ya sean morales o de cualquier índole mientras no se atente contra terceros) de los individuos.

    Sinceramente, a mi nadie me va a decir como yo tengo que ser feliz, eso es un asunto personal, no federal. Y es cierto que parte de esto tiene que ver la mercadotecnia, pero yo no me la voy a creer, yo creo en mi mismo, y de los mandatarios, espero simplemente que se encarguen de llevar a la nación por buen rumbo, de lo demás, somos responsables los individuos. No necesitamos populistas mentales, ni redentores para lograr un verdadero cambio en el país.

    Aquí pueden consultar los preceptos de su república amorosa.

  • Los Diez Mandamientos a la mexicana.

    México dizque es un país muy católico, a la hora de hacer las entrevistas con los especialistas para el libro que planeo lanzar, un familiólogo y terapeuta mío me dijo que los mexicanos en la cuestión de la religión, parecemos niños de 15 años, nos quedamos en la catequesis. Y es que de esta manera entiendo en parte por qué el país está como está, a pesar de que los religiosos han tratado de inculcar valores. Y yo no me considero religioso, pero quien ejerce una religión, o una creencia filosófica, debe de conocerla muy bien para evitar eso que llamamos «doble moral». Aprovechando la coyuntura del aniversario de la aparición de La Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, analizaré como estamos los mexicanos en relación a los 10 mandamientos que más del 80% de la población se jacta de seguir.

    1.- Amarás a Dios sobre todas las cosas.

    No se si una muestra de querer por ejemplo a mi papá, es pedirle a mis 29 años que me mantenga, me de para la gasolina, me compre un auto, ropa, me pague mis salidas. Y esto lo digo porque el mexicano quiere que Dios le haga todo, la gente se para al templo para «pedir, pedir y pedir». Una forma muy curiosa de amor.

    2.- No tomarás el nombre de Dios en vano.

    La gente no lo toma mucho porque ve a Dios como un símbolo sagrado y está bien. Cuando alguien me jura algo por Dios (cosa muy rara) le suelo creer, es de las pocas veces en que no me fallan. En este punto no tengo queja alguna.

    3.- Santificarás las fiestas.

    No se si el ir a misa los domingos y confesarse, esté bien, mientras de lunes a sábado me dedique a criticar con mala saña a los demás, a robar, a acostarme con la vecina casada, a ir al DF para que mi novia que salió embarazada pueda abortar.

    4.- Honrarás a tu padre y a tu madre.

    Aquí tenemos que ver a quien tomamos como padre. Muchos creen tácitamente que honrar a Felipe Calderón y decir que ha tenido una excelente gestión que no se vean los 60,000 muertitos ni Elba Esther Gordillo, o que alabar al mesías endiosado López Obrador y luchar contra sus detractores, o arrodillarme ante un copete acicalado por una gaviota es honrar a su padre y a su madre. Si los criticamos, según ellos, estamos faltando contra este mandamiento.

    5.- No matarás.

    Un pais «tan católico» y con 60,000 muertos provocados por el narco, los cárteles y la lucha del gobierno contra ellos, sumándole los otros cometidos por delito común, como que no está cumpliendo muy bien con este mandamiento.

    6.- No cometerás actos impuros.

    Aquí es donde entra la moral, gente que se dice ser católica con amantes, gente promiscua que se acuesta con otra por una apuesta (yo he conocido casos de esos), padrecitos que se divierten demasiado con los niños, mujeres que «abren las piernas» porque de otra forma los hombres no los pelan entre un largo etcétera, pero eso si, a todos esos los ves en misa los domingos.

    7.- No robarás.

    No, aquí si que excomulguen al país entero. El robo es pan de nuestro cada día, desde los pequeños hurtos, hasta los impuestos que no se declaran, las tranzas, los fraudes electorales, hasta el robo de conciencias. Aquí hay robo de todo. Y regreso a lo mismo, muchos de esos van a misa, o incluso tienen sus santitos.

    8.- No dirás falso testimonio, ni mentirás.

    Jajajaja. Aquí si ni como hacerle. Creo que todos los mexicanos tendríamos que hacer un viacrucis, nos tumben a latigazos, nos hagan cargar no solo una cruz, también piedras y nos pongan una corona de espinas eléctrica. Si la historia mexicana es una mentira, ¿como podemos esperar a que seamos fieles a este mandamiento?

    9.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

    Igual católicamente puedo ser un ignorante, pero este mandamiento se me hace muy parecido al sexto, solo que este consiste en desear algo, que en el otro mandamiento se pone en la práctica. ¿Por qué no mejor consolidar estos dos mandamientos en uno?. No explico aquí nada, porque aplica el mismo argumento que el sexto.

    10.- No desearás las cosas ajenas.

    Como buenos materialistas y clase media «aspiracional» siempre vemos lo que trae el otro y lo envidiamos. Y para parecernos a el nos endeudamos y luego andamos chillando porque las cuentas no nos cuadran. A eso le sumamos que los mexicanos nos encanta ponerle el pie al que triunfa o al que destaca, aquí si, que decreten pecado mortal automático en la constitución.

    Ya no sigo más, y si alguien se sintió atacado, nunca fue mi intención de hacer mella de los preceptos de la Iglesia, más bien lo hago de aquellos que practican una doble moral cotidianamente. Y el que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra. Y para ser sinceros, yo tampoco soy tan perfecto como para arrojarla, que si bien no soy religioso, la gran mayoría de los mandamientos son simple lógica moral universal pura.