Categoría: política

  • La diferencia entre ser apolítico y apartidista

    La diferencia entre ser apolítico y apartidista

    Mucha gente que no está al tanto de la política y no le importa, suele decir que «todos los partidos políticos son lo mismo, me dan igual». La gente apolítica es aquella a la que no le interesa la política, a pesar de que esta influye de forma considerable en su vida.

    La diferencia entre ser apolítico y apartidista

    Lo apartidistas pueden llegar a hacer una afirmación parecida, pueden pensar que todos los partidos políticos son lo mismo (y que el 91% de los mexicanos los perciban como corruptos, la cifra más alta en el mundo, sustenta dicha afirmación). Pero hay una gran diferencia. Quienes somos apartidistas sí que estamos muy interesados en la política, aunque duela verla.

    Quienes somos apartidistas lo somos por varias razones: La primera puede ser que la oferta ideológica de los partidos no nos guste o no vayan muy de acuerdo a nuestra filosofía de vida. La segunda, y creo la más importante, es que el nivel de deterioro en los partidos (que incluye darle la espalda a sus principios ideológicos fundacionales) ha llegado a un punto en que los percibimos como algo no muy distinto. Tal vez el PAN conserve un poco de ese talante conservador y el PRD un poco de ese nacionalismo rapaz, y en función de eso tengamos el criterio para percibir algunas diferencias, pero que no son las suficientes para poder depositar las esperanzas en algún partido.

    Los apartidistas no necesariamente dejamos de ir a votar o anulamos nuestro voto. En algunos casos escogemos al político que logre acercarse un poco (aunque esté más «para allá que para acá») a nuestras convicciones. En otros casos escogemos a un político no por simpatizar con él, sino para evitar que llegue aquél otro que consideramos más peligroso. Los apartidistas más bien anhelamos una realidad que los políticos actuales no son capaces de ofrecernos. No tenemos que pensar en un mundo utópico, más bien tratamos de ser realistas, pero las opciones actuales no son capaces de buscar cambios posibles dentro de nuestra realidad.

    Los apolíticos son muchos, son aquellos que incluso te miran con recelo sugiriéndote que «no te quejes de la situación» aunque serán los primeros en brincar en ese momento en que sus decisiones terminan alterando el curso de sus vidas. En algunos casos ellos podrán simpatizar con un partido por tradición o por costumbre, pero no estarán al tanto de lo que sucede. Algunos prefieren alejarse del tema por considerarlo «negativo» y porque creen alterará el «equilibrio de sus vidas».

    Los apartidistas nos involucramos más, incluso pueden tener la capacidad de formar un músculo ciudadano, mientras que los partidos políticos por más que presuman de abarcar todo el espectro ideológico, pueden hacerlos a un lado, un ejemplo es su muy tibia reacción ante la Masacre de Ayotzinapa.

    En el México actual se necesitan más apartidistas y menos apolíticos. Estar al tanto de la política debería de ser una obligación moral del ciudadano (porque influye en su vida y en su sociedad) y no debería de estar relegada a ciertos círculos intelectuales y de opinión.

     

  • Cuándo los ciudadanos ya no quieren a su gobierno

    Cuándo los ciudadanos ya no quieren a su gobierno

    En lugar de irme de fiesta este viernes y conocer chicas bonitas, me quedaré aquí pensativo para compartirles mi reflexión. Bueno, la verdad es que saldré de fiesta mañana y hoy descansaré porque tuve una semana cargada de trabajo, y quiero aprovechar para hablar del ánimo del mexicano actual. Me pesa, me pesa muchísimo ver esto. Las opiniones de las personas me dejan un sabor agridulce porque por un lado parece que han tomado conciencia de lo que está pasando en nuestro país, pero por otro lado noto una frustración muy grande y una gran desesperanza en sus palabras.

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    Si el Chicharito y Fher de Maná muestran su profunda solidaridad con los jóvenes de Ayotzinapa (el primero es de llamar la atención porque no es común que un futbolista se manifieste abiertamiente sobre un tema que el gobierno quiere relativizar) es porque la indignación ha escalado a niveles inusitados. No sé si el gobierno sea consciente de eso, porque a pesar de que los reflectores apuntan al Gobierno Estatal y al de Iguala, al Gobierno Federal se le ve como parte del problema y no como parte de quienes buscarían una solución. Para la masa cada vez más creciente de ciudadanos indignados por la masacre de estado (tan heterogénea ya) el Gobierno es más bien visto como una suerte de enemigo, en el mejor de los casos como unos ineptos que no saben como resolver el problema.

    Muchas veces lo he comentado, para que un país funcione, la sociedad debe de tener cierto nivel de confianza en sus instituciones (aunque no simpatice con el partido de quien las preside). Para que exista un estado de derecho, esto es algo completamente necesario. Pero la gente no confía. Ver esa chocante pero necesaria leyenda en el Zócalo de la Ciudad de México que dice «fue el estado» refleja el nivel al que ha llegado el distanciamiento entre el estado y los ciudadanos. Los ciudadanos se consideran como un ente aparte del Estado y no como una suma que forma a éste país llamado México.

    Es un círculo vicioso, si el ciudadano siente que la autoridad no lo respeta, entonces el ciudadano no respetará a la autoridad y pasará por encima de ella para satisfacer sus necesidades.

    Cuando salgo a la calle, cuando toco el tema con mis clientes, cuando platico con amigos y familiares, siento en ellos eso mismo que yo siento, una muy fuerte desesperanza, una rabia ante lo que está sucediendo en México, un agudo sentimiento de desamparo porque percibimos que el gobierno no hace su papel. Ciertamente no podemos pensar en el gobierno como un ente paternal pero sí podríamos aspirar a crear una sinergia entre lo privado, lo público y lo ciudadano. Los políticos pareciera que viven en otro mundo, Peña Nieto se toma selfies con seguidoras suyas en Monterrey mientras la gente está en las calles, la gente está molesta, gente que supondría que el Presidente y su equipo estarían trabajando arduamente en solucionar el problema.

    Tiene razón lo que dice Diego Petersen en su columna, no se puede cambiar la narrativa si no se cambia la realidad. Los spots nos hablan de un México reformado y un México moderno mientras los ciudadanos vemos repetidas esas masacres que eran constante en los años sesenta y setenta. Eso más que esperanza causa que la gente se sienta insultada, percibe incluso cierto grado de cinismo lo que coadyuva en un alejamiento de la sociedad con el gobierno al cual ve muy lejano. Ya no importa si es PRI, PAN, PRD, MORENA o uno de esos tantos «partidos negocio» como el Partido Verde. El ciudadano se siente solo.

    Dicen que el pueblo tiene al gobierno que se merece. Es una premisa correcta pero sólo parcialmente. El hecho de que hayan cada vez más personas que se indignan, que piden ayuda, que tratan de hacer algo, nos habla de que no necesariamente es tan así. Incluso yo he hablado de una nueva generación en México que puede hacer las cosas diferente, el problema es que quienes están allá arriba (que aunque sean jóvenes, son parte de un clan rancio y ancestral como el mismo caso del Presidente) no están dispuestos a ceder poder.

    Y ciertamente los ciudadanos son quienes podrán enderezar esto. ¿Los políticos? No hay voluntad en ellos, y los que si la tienen son lo suficientemente menores en número como para que no puedan pesar lo suficiente. Dentro de todo lo malo, la buena noticia es que siempre habrá un punto en que nos podamos indignar lo suficiente como para tener el deseo de que las cosas cambien.

    Estamos solos, pero lo bueno es que cada vez somos más.

  • Si los partidos políticos ya no sirven…

    Si los partidos políticos ya no sirven…

    ¿Sabes que han dicho los partidos políticos sobre Ayotzinapa? ¿Qué han dicho el PRI, PAN, PRD, MORENA, y demás organizaciones que dicen representar a los ciudadanos? Pues dicen poco menos que nada. En mi ciudad Guadalajara, Movimiento «Ciudadano» ha fijado alguna postura al respecto (posiblemente por conveniencia política), pero a nivel federal las posturas han sido escuetas, endebles, y han mostrado poca indignación (y alguna que otra propuesta al aire, como en el caso del PAN) ante el crimen de estado más grave desde 1968. Basta con ver sus páginas web donde no hay referencia alguna a la masacre ocurrida en Iguala Guerrero. Ni un moño negro siquiera.

    Si los partidos políticos ya no sirven...

    Queda claro que los partidos ya no representan a los ciudadanos y viven ensimismados en un mundo paralelo donde buscan servirse a sí mismos. No es gratis que México sea primer país del mundo que más detesta a sus partidos políticos (91%) según el Global Corruption Barometer de Transparencia Internacional. Los partidos ya no sirven, ya no son capaces ni de representar sectores de la población ni de hacer contrapeso, lo cual naturalmente beneficia al partido en el gobierno.

    En el caso de Ayotzinapa vimos muchas voces, activistas, intelectuales e incluso empresarios. La sociedad en general está indignada. Es decir, hay una sociedad, una masa más allá de los partidos políticos tradicionales, gente de ideologías diversas que pueden fungir como contrapeso frente al gobierno y demás partidos que no sirven para nada. En el 68 los partidos políticos de entonces (incluido el PAN) tomaban posturas más firmes, ahora buscan jalar agua hacia su molino.

    ¿Tendríamos que formar nuevos partidos políticos?

    Enrique Krauze les recomendó a los del #YoSoy132 hace dos años que formaran su propio partido político. Ahora vemos nuevas organizaciones como Partido Humanista o MORENA, pero en muchos casos son «los de siempre» aglutinados en nuevas organizaciones. Los «partidos nuevos» tampoco toman una postura firme ante los hechos, lo cual es indicio que no son muy diferentes a los partidos tradicionales.

    Si la ahora mal llamada oposición no tiene la capacidad de ser eso, oposición, ¿Quién lo puede ser ahora? ¿Los ciudadanos podríamos aspirar a formar nuevos partidos que no terminen enviciándose como los partidos actuales? ¿Es una condición natural que cuando el ciudadano llegue al poder, se corrompa y sólo vele por sus intereses como ocurre con los integrantes de los partidos que están en el gobierno? Son preguntas interesantes y complicadas, pero que tienen que ser respondidas de forma inmediata, porque ante la falta de oposición, las formas autoritarias irán in crescendo.

    Masa ciudadana hay, y es que hablaríamos de una epidemia masoquista más mortal que el ébola si ante la forma en que nos están mal gobernando no nos indignáramos o dejáramos pasar las cosas así como así. El problema es que parece que tenemos que volver a arrancar desde cero porque los partidos que fungieron como oposición en décadas anteriores y que en algún momento lo hicieron bien, ya no sirven.

  • Relativizar la masacre

    Relativizar la masacre

    Hay hechos que no se pueden relativizar, una masacre no se puede relativizar, Ayotzinapa no se puede relativizar, personas asesinadas por el gobierno no se pueden relativizar, el perico es verde por donde se le vea.

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    -Cerebro, es que los normalistas a veces se portan como vándalos, bloquean las autopistas, muchas veces tienen ideologías pseudomarxistas y están manipulados-.

    Yo diría que hay que separar las dos cosas.

    Si se portan como vándalos y bloquean autopistas, la ley les tiene que caer conforme a sus actos. Si corresponde multa, multa, si corresponde cárcel, cárcel. Pero, ¿matarlos?

    Entonces entiendo la solidaridad con los estudiantes. Que estudiantes sean matados por el Gobierno (sea local, estatal, federal, global, o como le quieras llamar) es algo que no tiene nombre y es algo que nos regresa a las décadas de la guerra sucia.

    Luis González de Alba, ex líder del 68 y a «quiennosabemosquelepasódespués» escribió en el Milenio un lamentable artículo dónde lamenta más las formas de las normalistas que la masacre. En estos momentos esas formas deben de quedar en un segundo plano, lo que importa son la vida de los manifestantes y el hecho de que el gobierno mató. Y ni siquiera el Gobierno Federal reacciona ¿Están en shock o no calcularon bien?

    Y si los normalistas y los familiares quemaron oficinas del gobierno. No lo justifico de ninguna manera, pero entiendo la rabia, la comprendo, si mataran a un amigo o familiar querido, ganas de hacer lo mismo no me faltarían.

    La masacre es absoluta, la crítica a la teoría marxista o a los camiones incendiados no pueden atenuar el dolor que sufrió quien fuera desollado (es decir despojado violentamente de su piel).

    La victimización de la que hablan. Como resultado los «malos cálculos», más que aplacar a los normalistas (lo que se pudo haber hecho por medio de la ley) lograrán que se victimicen y que puedan usar el argumento de la represión cuando les apliquen la ley. Pero ese tema es secundario en estos momentos, y el Gobierno será el principal responsable de que eso suceda, porque el gobierno no puede garantizar ni un ápice de justicia ni de gobernabilidad.

    ¿Y como transformar a México? ¿Cómo presumir las cacareadas Reformas, si las reformas son leyes y no hay ley?

    Y yo lo dije, que Peña era un Peligro para México, sólo dos años bastaron para tener la razón. Cierto que la matanza ocurrió en un estado gobernado por el PRD, pero viendo el panorama general sabemos que a Peña se le ha salido el país de las manos (está también el caso del Estado de México, Michoacán)  México está hecho un caos.

    Y bueno, el chupacabras no existía, pero ¿Qué tal el ébola? Me imagino que un contagiado alertaría a la sociedad y de paso pues, la masacre, este -Hoy realizaremos la cobertura total de Juan Pérez, el primer contagiado de ébola en México, tenga mucho cuidado, quédese en su casa-..

     

  • 13 puntos sobre los insultos a Peña Nieto

    13 puntos sobre los insultos a Peña Nieto

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    1.- Desde que tengo uso de razón, nunca he visto que se critique tan fuertemente a un Presidente (en funciones).

    2.- ¿De qué sirve insultar a un Presidente?. Técnicamente podría decir que de nada más que como un acto de catarsis.

    3.- Pero si muchas personas suben a las redes un meme afirmando que el «Presidente es tonto», entonces muchas otras personas se crearán un concepto del Presidente como tonto, aunque para funcione debería serlo, o debería parecer serlo.

    4.-  Es cierto que en México tendemos a ridiculizar a nuestros políticos. Es deporte nacional burlarnos y reírnos de lo que consideramos una tragedia.

    5.- Pero volvemos al punto dos, en realidad no sirve de mucho jactarnos sobre el incidente de los 3 libros, sobre su dicción de inglés y sobre sus constantes (aunque menos constantes) errores.

    6.- Y regresando al punto 4. Nos da risa, porque esos no son rasgos que desearíamos en un Presidente, en alguien que lleva el timón de ese algo llamado México.

    7.- Los mexicanos tenemos todo el derecho a indignarnos y a utilizar nuestra libertad de expresión.

    8.- Pero no lograremos nada limitándonos a insultar al Presidente, porque en realidad no estamos cambiando el orden de las cosas. Cambiar a México requiere un trabajo mucho más comprometedor y duro por parte de los ciudadanos.

    9.- Y sí, a veces parece que Peña Nieto pide a gritos que nos burlemos de él.

    10.- Pero tristemente Peña Nieto refleja a México, no todos se pueden poner el saco, pero sí muchos lo deberían hacer, incluso algunos que se burlan de su investidura. Tal vez ahí reside en parte, el origen de la indignación.

    11.- Pero insisto, es más fácil burlarse que tratar de atacar la raíz del mal.

    12.- ¿Por qué tenemos un Presidente ignorante? Porque en el país prima la ignorancia y de alguna forma se promueve. ¡Entonces hay que hacer algo para cambiar eso! Es una tarea muy difícil, más difícil que crear un meme.

    13.- ¿Y el gobierno? Deberían tomarlo como parámetro de lo que generan sus «políticas» dentro de la población.

     

  • Uopa Osorio Chong

    Uopa Osorio Chong

    De alguna manera los estudiantes y la sociedad esperaban que el gobierno llegara con su aparato represor, o hiciera lo que generalmente hace para contener a la mala a quienes se oponen a ellos: Granaderos, infiltrados, anarquistas destrozando bancos y demás. No es que fueran masoquistas, (posiblemente es un proceso que se gesta en el inconsciente), sino que así se podía reafirmar la teoría del gobierno malo, el gobierno que le da la espalda a los ciudadanos, ese que nos ha dado esa impresión en los dos años que llevan al mando del poder.

    Uopa Osorio Chong

    Se hablará del 68, del halconazo y demás sucesos trágicos, pero los gobernantes muchas veces han recurrido a otros métodos antes de llegar a esas instancias. Por eso es que comentaba que lo sucedido en Tlatelolco hace casi medio siglo parecería un juego de niños si lo comparamos con lo sucedido en las dictaduras latinoamericanas. Y por eso se entiende que Osorio Chong haya salido con los estudiantes y les haya dado por su lado. Técnicamente les concedió sus peticiones y dio respuesta positiva a los diez puntos del pliego petitorio. Tanta masa de manifestantes en la calle es peligrosa si terminan opuestas al gobierno, pero si logras darle por su lado, quien quite y hasta algunos ilusos terminen agradecidos con el gobierno.

    Me extendería mucho para explicar si lo solicitado por los alumnos era lo mejor para ellos y el Instituto Politécnico Nacional, pero el acto de Osorio Chong de alguna manera termina siendo buena para ambas partes, aún si los alumnos pugnaran o no por lo más acertado, o si Osorio Chong actuara sólo por estrategia política. Para los alumnos es bueno porque significa cierta victoria moral frente al poder, y para Osorio Chong porque el acto le da ciertos votos a él y al Gobierno del cual forma parte. Que un priísta se parara frente a la masa de alumnos para escuchar sus peticiones y no sólo eso, cumplírselas, no es algo que esperara mucha gente.

    La manifestación del IPN fue una muestra de que por más trate el gobierno de mantener a la sociedad en estado de burn out, siempre habrá una posibilidad de que los ciudadanos se les salgan de control, siempre habrá alguna razón para que salgan a la calle a pesar al denso clima político. Al gobierno le dio miedo esa cantidad interminable de masa circulando por Reforma y demás avenidas de la ciudad de México y posiblemente la vieron como algo demasiado grande, y por eso tuvieron que ir a hablar con ella.

    La decisión de Osorio Chong fue acertada, pero pensar que eso es un viraje del gobierno ante la democracia y la apertura es un fatal error. La decisión tiene que ver más con intentar que las cosas no se les salieran de control. Un gobierno con poca legitimidad, con críticas provenientes de muchos sectores de la sociedad no se puede dar el lujo de hacer otro acto que los deslegitime más porque pueden despertar eso que algunos llaman el «México bronco» y provocar una reacción en cadena en su contra.

     

     

  • Por qué no se debería de olvidar el 2 de Octubre

    Por qué no se debería de olvidar el 2 de Octubre

    -Ya deja de quejarte, a ti ni siquiera te tocó vivir eso, ni habías nacido. -Son cosas que ya pasaron, mejor ponte a trabajar. -¿Tu crees que a un gobierno que quiere «transformar a México» se le ocurriría hacer semejante barbaridad en un mundo tan globalizado como el de ahora?. -Eso de recordar el 2 de Octubre es de chairos frustrados, mi abuelo en lugar de sumarse con esos revoltosos se puso a estudiar.

    Por qué no se debería de olvidar el 2 de Octubre

    Lo que duele del 2 de Octubre no sólo tiene que ver con quienes murieron en semejante masacre, tiene que ver con el hecho de que los culpables nunca pagaron. Díaz Ordaz murió cómodamente unos años después de dejar la Presidencia. Luis Echeverría a pesar de que en algún momento (en tiempos de Fox) parecería que iba a tener algo parecido a un castigo, sigue pasando la última etapa de su vida en su hogar. Los ciudadanos no recibieron ninguna disculpa del gobierno ni de los medios que solaparon dicha masacre.

    Es cierto que en México nunca se vivió tanta violencia como en otros países debido a que el gobierno tendía más bien a cooptar a los opositores. El 2 de Octubre podría parecer un juego de niños si comparamos con todo lo que ocurrió en el Chile de Pinochet o la Argentina de Videla. El problema es que es una herida que no se cierra, el problema es que todo ese resentimiento que existe incluso en las nuevas generaciones, ese que motiva a algunos individuos a manifestarse violentamente, tiene que ver con eso, con ese -el gobierno se salió con la suya-. El problema es que ya es muy tarde para hacer justicia y el partido en el Gobierno ni siquiera ha mostrado un repudio frontal ante aquello que hicieron sus antecesores.

    Cualquier acto de represión, o cualquier acto percibido como represión por parte de manifestantes o activistas (aunque no lo sea) es siempre relacionado con el 2 de Octubre. La matanza de Tlatlaya es equiparada con el que ocurrió en Tlatelolco y se toma como referencia para dimensionar la masacre. Y esto es muestra de lo abierta que está la herida a casi 50 años.

    La Matanza de Tlatelolco fue un parteaguas dicen, fue el momento en que el futuro de México se empezó a resquebrajar, fue el momento en que la oposición afloró, pero tardó en crecer (y que tardó mucho, al punto en que pasaron 32 años para que se viviera una alternancia política que en la actualidad está en riesgo), fue el momento en que los jóvenes comenzaron a tener más importancia, fue el momento en que la gente se dio cuenta por quienes estaban siendo gobernados, fue el momento en que se comenzó a criticar al gobierno a los 4 vientos, fue el momento en que todo se trató de solucionar con manifestaciones (que su ineficacia está probada en el 90% de los casos).

    Pensar en un hecho similar sería complicado en tiempos actuales, pero si nos hemos percatado que los actos de represión han aumentado peligrosamente, la censura a periodistas, gente golpeada por ser incómoda al régimen (como el caso de Silao) y actos más dignos de un gobierno autoritario e intolerante que de uno democrático como el actual dice ser.

    El 2 de Octubre fue la paradójica consecuencia de esa historia mítica y heróica que nos contaron en los libros de la SEP. Libros que no tocarán el tema de Tlatelolco, o bien, lo harán de una forma escueta.

  • El México de unos pocos

    El México de unos pocos

    México es de pocas personas, personas privilegiadas, personas que han vivido al cobijo del Gobierno. Las personas que detentan poder e influencias se caracterizan por ello, ya sea desde el ámbito público o el ámbito privado. Eso es resultado de un mercado poco dinámico, atado a un corporativismo donde unas pocas empresas privadas tienen intereses con los gobernantes. Este tipo de poderosos suelen ser pedantes y creen tener la capacidad de vulnerar el estado de derecho (casi inexistente) con el argumento de que como son poderosos, pueden pasar por encima de los demás.

    http://mexico.cnn.com/nacional/2014/09/04/9-puntos-clave-sobre-el-nuevo-aeropuerto-de-la-ciudad-de-mexico

    ¿Viene viene en el Zócalo?

    La imagen de la plancha del Zócalo (un supuesto espacio público) invadida de autos de lujo de último modelo pertenecientes a quienes decidieron asistir al Informe Presidencial, es muestra de ello. Esa plaza considerada pública y considerada también un referente histórico, quedó invadida sin más por cientos de automóviles de personas «privilegiadas», de aquellos que gozan de poder. Dice Joaquín López-Dóriga que cuando Peña Nieto se enteró de la situación, fue inmediatamente a que pidieran disculpas. Pero hay que ser sinceros, eso se dio porque el hecho causó indignación en las redes sociales y había que paliar los daños que podría causar a su imagen.

    Cerebro -Pero el loquito de López Obrador lo usa también para sus mítines ¿Qué me dices de eso? ¿Ves? ¡Tómala!. El Zócalo ha siempre sido un espacio donde políticos pueden hacer sus mítines, e incluso donde ciudadanos pueden manifestarse ¡Es un espacio público! (Coco Wash de AMLO, encuerados, conciertos). Pero en este caso el Zócalo fue reducido a un estacionamiento temporal, como si fuera un baldío donde podían dejar sus coches. Es como si se me permitiera poner mi ropa a secar en el Ángel de la Independencia.

    En México no necesitas ser morenito y no tener estudios para ser «naco». Puedes ser millonario, influyente, y a la vez ser naco. Muchos demostraron que «entonces sí se puede».

    Vuela vuela

    Peña Nieto lo sabe, sabe que hay unos pocos que tienen poco poder y a los cuales el gobierno (quien a su vez los hizo poderosos) no puede tocar tanto, ni siquiera esos gobiernos priístas a quienes les gusta controlar todo.

    Como la cereza del pastel que fue ese autocomplaciente y aburrido Informe Presidencial; el copetón nos presumió su nueva obra, lo cual vaticinamos en este blog tal cual Nostradamus: El nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Pero ¿Qué tiene esto? Pues hay que ver los nombres de quienes construirán esta magna obra. El primero es Norman Foster. Suena muy bien, Foster es uno de los mejores arquitectos del mundo, así de simple. Pero la polémica viene al escuchar el segundo nombre: Fernando Romero. Yerno de Carlos Slim nada más y nada menos (si te perjudiqué con la Reforma de Telecomunicaciones, te trataré de compensar un poco, así que constrúyeme el aeropuerto para «mover a México»).

    Dicen que fue un concurso, una licitación. Pero en México los concursos y las licitaciones muchas veces son simulaciones de algo que ya está acordado. El nuevo aeropuerto era algo totalmente necesario no sólo para la capital sino para todo el país, además el diseño se ve muy atractivo e innovador. Digo, Norman Foster es Norman Foster por Dios. Y sin ser experto en arquitectura, por lo poco que le conozco a Fernando Romero (Museo Soumaya, Plaza Carso) creo que no es un mal arquitecto, pero es yerno de Carlos Slim.

     

    Todo esto esto contraria el supuesto espíritu de las reformas que dicen, beneficiarán a todos los mexicanos. El gobierno sigue privilegiando a unos cuantos poderosos y no tiene voluntad alguna de romper con el status quo.