Categoría: política

  • Las ONG’s no están compuestas por gente frustrada, señor Carlos Mota

    Las ONG’s no están compuestas por gente frustrada, señor Carlos Mota

    Las ONG's no están compuestos por gente frustrada, señor Carlos Mota

    Dice Carlos Mota que quienes pertenecen a las organizaciones civiles están frustrados, que su anhelo era gobernar, y que ahora, tras cumplir 50 años de edad, no lo pudieron hacer. Su diagnóstico es que como no lograron llegar al poder, se volvieron críticos con el gobierno. Carlos Mota nos alerta: debemos tener cuidado con ese «espíritu revolucionario». 

    Yo tengo poco menos de 10 años involucrado en organizaciones civiles. Estuve participando en dos de ellas y actualmente soy cofundador de una organización civil. Dentro del mundo de las ONG, he podido conocer a muchas otras organizaciones de la sociedad civil, he logrado conocer bastante bien a este sector así como su diversidad (de esto hablaré más adelante).

    Dicho esto, lo que dice Carlos Mota es algo completamente irresponsable; no sólo porque parece tener un profundo desconocimiento de lo que son las organizaciones civiles, sino porque está demeritando el trabajo de un sector que ha venido creciendo y haciéndose un espacio como el tercer sector, el cual complementa al sector público y el sector privado. 

    Carlos Mota lamenta que algunas ONG se hayan volcado en contra del gobierno. También cree que esas organizaciones desviaron su camino porque lo que deberían hacer es limitarse a hacer diagnósticos sobre las necesidades del país.

    Pareciera que Carlos Mota cree que el trabajo de las ONG se limita a hacer investigaciones, que tomar postura ante un gobierno las desvirtúa en automático. Craso error. 

    Aquí es cuando hablo de la diversidad. ¿Qué es una ONG? Es una organización que no es parte del gobierno, y que busca incidir en la vida pública. Con esta sola afirmación, podemos entender que una organización, al no ser parte del gobierno y al tratar de incidir en la vía pública, puede tomar una postura de oposición frente a dicho gobierno fungiendo como contrapeso. La misma definición le da permiso a determinada ONG de hacerlo. Pero eso no significa que una ONG deba estar opuesta al gobierno ni es condición necesaria, y aquí es cuando hablamos de la diversidad que existe entre las ONG.

    Por ejemplo, en la ONG de la cual soy parte, no tomamos postura alguna frente al gobierno porque nuestra causa es fomentar una ciudadanía más participativa.  Nosotros buscamos generar cambios desde la ciudadanía, y nuestro flanco de lucha nos hace imperativo no tomar una postura en ese sentido (independientemente de la postura personal de cada uno de quienes la integramos). Igualmente existen algunas otras organizaciones que tienden puentes con el gobierno. Sin comprometerse políticamente con éste, tratan de abonar por medio de la investigación para que el propio gobierno pueda tomar mejores decisiones y hacer mejor su papel. 

    Sin embargo hay otras ONG que por su naturaleza, fungen como checks-and-balances del gobierno, y ese es su papel. Unas incluso cabildean para pasar leyes que obliguen a los políticos a sujetarse a mecanismos de transparencia. 

    Basta dar una repasada a las organizaciones más importantes del país, así como a todas las organizaciones que he tenido la oportunidad de conocer y de formar parte para comprender la diversidad de las organizaciones de la sociedad civil: desde las think tanks que fungen como unidades de pensamiento especializándose en diversos temas, hasta colectivos de jóvenes que defienden x o y causa. Las organizaciones civiles no tienen por qué estar exentas de inclinaciones ideológicas; y así como conocemos aquellas conservadoras que buscan defender un modelo de familia, también existen aquellas liberales que defienden los derechos de la mujer tales y como lo entienden, así como los de las minorías sexuales.

    Así, hay organizaciones civiles que fungen como oposición ante el gobierno o la clase política para obligarlos a rendir cuentas, que me imagino que son los que le quitan al sueño a Carlos Mota. Muchas de estas organizaciones civiles están especializados en un tema, o incluso se conglomeran para formar parte de una causa, como ocurre con el IMCO, Transparencia Internacional y otros, quienes lanzaron la Ley 3 de 3 que obligaba a rendir cuentas a los políticos.

    Existen otras como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad de Claudio X González que hacen investigación e intentan exhibir los casos de corrupción en los que están involucrados los políticos. Hay unos que tienen una inclinación un poco más conservadora y otras más de izquierda y progresista, lo cual no es malo, por el contrario. Así como en una democracia esperamos que todos los sectores y corrientes de pensamiento tengan representación, también lo mismo es deseable dentro de las ONG.

    Eso que molesta tanto a Carlos Mota no es una desviación de las ONG. Por el contrario, asumiendo su diversidad, es parte de la naturaleza de algunas de ellas fungir como oposición. De la misma forma, podemos percatarnos de que en Estados Unidos existen organizaciones civiles que buscan ser un contrapeso frente a la presidencia de Donald Trump

    Ciertamente, sería irresponsable decir que quienes somos parte de este diverso mundo de las organizaciones civiles somos perfectos. Es cierto que se han llegado a dar casos donde alguna organización civil o algún miembro de ella participa en un acto de corrupción o se pone al servicio de una facción política. También es cierto que las organizaciones civiles, sobre todo aquellas que hacen investigación, no deben dejar el lado el rigor académico y de investigación cuando se trata de hacer una denuncia al gobierno y a los políticos. El activismo debe de quedar supeditado al rigor y no al revés.

    Pero es más irresponsable, como hace Carlos Mota, hablar de una degradación del sector de las organizaciones civiles de nuestro país por actos que son en su mayoría inherentes a ellos y que no representan desviación alguna. Peor aún es acusar falsamente que quienes conforman las organizaciones civiles son personas frustradas que quisieron entrar a la política y se conformaron con las ONG; porque a pesar de que tanto la política como las propias ONG inciden en la vida pública, son dos mundos muy diferentes, y en muchos casos los perfiles son muy distintos. Quienes son parte de las ONG suelen ser especialistas en un determinado tema mientras que el político es especialista (o debería serlo) en el arte de gobernar. 

    No sé si se trate de una profunda ignorancia de Carlos Mota con respecto al tema, o si más bien que su comentario tenga algún sesgo por su evidente inclinación política con el régimen de Peña Nieto (porque aunque es natural que cualquier tipo de gobierno vea con recelos a varias de estas organizaciones, esto es más notorio tanto en el PRI como con la facción de López Obrador), pero no se vale descalificar, desde el desconocimiento, a un sector tan diverso, que a base de mucho esfuerzo ha tratado de hacerse de un espacio.

    Es cierto que las ONG también deben de estar sujetos a la crítica y que sus actos pueden ponerse en cuestionamiento. Pero una cosa es esa, y otra cosa es irse contra todo un sector, haciendo generalizaciones (aunque diga que no las hace) con argumentos que están equivocados desde su premisa. 

    Debo concluir diciendo que si queremos que México avance, es imperativa la existencia de una sociedad civil muy fuerte que funja como contrapeso, o que funja como especialista en temas donde el sector público muestra carencias. Si alguien piensa que el papel de las ONG ante el gobierno es chiflar y aplaudir, está muy equivocado. 

  • La bocota de Felipe Calderón

    La bocota de Felipe Calderón

    La bocota de Felipe Calderón

    Si hoy fueran las elecciones, López Obrador ganaría.

    La clase política está muy nerviosa. La guerra sucia (o campaña de contraste) ha comenzado. Pero hay tres problemas: que 2018 no es 2006, que la clase política esté desacreditada (aunque AMLO también forma parte se ha logrado desmarcar de ella en el discurso) y que en ese ímpetu por «bajar» a López Obrador, se nota mucha desesperación; eso no es bueno.

    Algo que habría agradecido de Felipe Calderón, a diferencia de su antecesor Vicente Fox (que se ha convertido en una mala broma), era la prudencia de sus comentarios. Hoy ya no es así: el expresidente posteó dos tuits lamentables que se podrían esperar de Gerardo Fernández Noroña, de Donald Trump, o hasta del propio López Obrador, pero no de él:

    No es digno de un expresidente, quien se supone representó a todo un país, que se exprese así de un sector de la población. No es congruente que un expresidente que se lanzó duramente contra Trump por su discurso segregador, haga lo mismo al etiquetar a un sector de la población, por más que éste se le oponga y tengan diferencias irreconciliables. 

    Peor aún es que la encuesta que Felipe Calderón usa como referencia es muy poco fiable. Uno podría entender que López Obrador pierda puntos, pero ¿de verdad creen que Margarita Zavala, como refiere la encuesta, subió 5 puntos con su campaña desangelada? Peor ¿creen que de verdad Osorio Chong subió ¡7 puntos!? Sí, Osorio Chong, quien es parte de un gobierno cuyo timón no llega ni al 10% de aprobación.

    Algunos me dirán que es parte de una campaña de contraste, que habrá que polarizar a la sociedad de nuevo como en el 2006 para arrebatar el triunfo a López Obrador. Pero no sé si una campaña como la que se hizo en 2006 pueda tumbar al tabasqueño. De hecho, en 2006 esa campaña no funcionó por sí sola, sino que necesitó que López Obrador cometiera errores (como el «cállate chachalaca» o no haber asistido al debate). 

    Cómo he repetido en este espacio, a diferencia de 2006, la clase política está sumamente desacreditada. Que desde el PAN o desde el PRI se diga que AMLO es un peligro no generará un gran impacto, tan sólo reafirmará a los más férreos opositores a López Obrador, quienes ya de todos modos no iban a votar por él. 

    Quienes están interesados en que López Obrador no llegue a la presidencia, deberían de prestar atención a lo que ha pasado en otras latitudes, sobre todo en Estados Unidos. De la misma forma que ocurrió con Donald Trump, López Obrador puede darse el lujo de decir sandeces, insultar y desacreditar a diestra y siniestra sin que eso tenga mayor afectación, lujo que no se puede dar Felipe Calderón, cuya aspiración es que Margarita Zavala llegue a la Presidencia de la República.

    De igual forma, a pesar de la campaña de contraste utilizada en Estados Unidos por parte de los demócratas, Trump se alzó con la victoria. Los opositores (no sólo los demócratas, sino la propia prensa) cometieron el error de darle mucha importancia al candidato y lo dejaron crecer. Las elecciones estadounidenses se trataron de Donald Trump, quien supo manejar el show y aprovechar la cobertura mediática (incluyendo críticas a su persona) para ganar.

    Ahora todos hablan de López Obrador porque sus opositores hablan de él, y en su desesperación, lo sobredimensionan. Creen que basta con asustar al voto útil para obtener la victoria; pero a diferencia de 2006, dicho segmento está harto de la clase política y les venderá más caro su voto. Ellos ya no sólo se preguntarán si con López Obrador México se convertirá en una Venezuela, sino también si tendrá sentido votar por un PRI o un PAN cuando después de 18 años, a diferencia de lo que se prometió con la idea del «cambio», México está sumido en la corrupción y padece una severa crisis de inseguridad. Del primero el PAN podrá deslindarse sólo parcialmente (no sólo porque no están exentos de corrupción sino por su displicencia con los escándalos del gobierno de Peña Nieto), del segundo no. La crisis de inseguridad se remonta a los inicios del gobierno de Felipe Calderón.

    Quienes aspiran a hacer esta campaña de contraste ignoran la crisis de representatividad que vive no sólo México, sino todo Occidente. Esperar que con un candidato mediano que representa «más de lo mismo» baste para ganar es casi un contrasentido. En un escenario así, dejarán la campaña en manos de López Obrador, y sólo podrían aspirar a que el tabasqueño se hunda por sus propios errores. 

    Si Marine Le Pen no tiene nada seguro su triunfo en las elecciones de Francia, es porque el liberal Emmanuel Macron ha logrado presentarse con un discurso antisistema que contrasta con el gobierno de Hollande, cuya popularidad va en picada. A su vez, Hillary no supo crear un discurso parecido (en parte porque no tenía los elementos para hacerlo), y ante esa imposibilidad, aspiró a una campaña de contraste que incluso le fue contraproducente. Es cierto que tuvo un mayor número de votos, pero también es cierto que desde un inicio los candidatos conocian las reglas de juego del peculiar sistema electoral estadounidense; y así, Trump logró acaparar más delegados. 

    Dicho esto, la fórmula para detener el avance de López Obrador es con otro candidato antisistema, quien le robe el discurso y a la vez mantenga una postura más moderada para lograr acaparar al voto útil, el de las izquierdas que no se sienten representadas por AMLO o que no le son fieles, el de los centristas y el de los de derecha decepcionados con el PAN (que no son pocos); alguien que logre contrastar contra la clase política, que muestre un discurso firme contra la corrupción y la impunidad que impera en México.

    Pero la clase política está tan ensimismada (se ha convertido tanto en el problema que les es imposible generar un candidato con tales dimensiones) que sólo podremos aspirar a un perfil así desde una candidatura independiente. 

    Si Calderón con sus tweets busca hacer más de lo mismo, y peor aún, si busca confrontar a los votantes que discrepan como él, no sólo no logrará afectar las preferencias de López Obrador, sino que podrá poner en predicamento la campaña de su esposa, campaña que, por cierto, ya se está tambaleando. 

    La desesperación se huele, se percibe. La desesperación no atrae votos, los ahuyenta. 

    Mientras, algunos empresarios y poderes fácticos (Carlos Slim, TV Azteca) ya no piensan en deshacerse de él, sino en hacer equipo para salvaguardar sus intereses en caso de una eventual presidencia de López Obrador. 

     

  • 2018, la hora de los candidatos ciudadanos

    2018, la hora de los candidatos ciudadanos

    2018, la hora de los candidatos ciudadanos

    Las elecciones del 2018 están cada vez más cerca y la terna de participantes comienza a configurarse. Pero esta no será una elección cualquiera. 

    De hecho, en estos años veremos (o ya estamos viendo) una reconfiguración del sistema partidario de México que romperá de algún modo con el orden de las cosas que se mantuvo desde los años noventa, y que muchos dieron por sentado que continuaría así. Países europeos como Italia, Grecia y hasta Francia, son claros ejemplos de que las cosas pueden cambiar radicalmente, de que los partidos hegemónicos no lo son tanto, y que no son inmunes a desaparecer o caer en la irrelevancia. 

    Hasta ahora, el sistema partidario consistía en un PRI, que por su ambigüedad ideológica siempre se coloca al centro político y que se ha caracterizado como «el partido», que gracias a su voto duro y sus estructuras, siempre estaba ahí. A la derecha se encontraba el PAN, como la opción más «capitalista» de todas y que en algunas de sus facciones representa el conservadurismo; y a la izquierda, un PRD que se balanceaba entre la izquierda nacionalista de López Obrador y la socialdemocracia de hombres como Marcelo Ebrard.

    Todo eso va a cambiar. El desencanto de la ciudadanía con la clase política más los juegos de poder producto del progresivo debilitamiento de dicha clase, harán que el orden cambie. Ya comenzamos a ver algunas manifestaciones de ello:

    Por un lado, tenemos a un PRD que se está desdibujando rápidamente, al punto en que no son pocos los que dudan si conservará su registro. Y mientras eso pasa, MORENA, un partido unipersonal de izquierda nacionalista que representa los intereses de López Obrador, emerge en el panorama político como «el partido de izquierda». 

    Por otro lado, y que todavía no es tan visible pero que se puede observar por debajo del agua, es la decadencia del PRI. El Partido Revolucionario Institucional, a la fecha, gobierna el país y mantiene algunos estados clave. Pero debido al desgaste como marca, producto de las acciones del Presidente de la República y de algunos gobernadores en los últimos años, así como por el envejecimiento de sus estructuras, se antoja difícil que vuelva a ostentar el poder e influencia que todavía tiene. En el Estado de México, una entidad donde no tiene segura la victoria, ya pusieron a trabajar a toda su maquinaria, lo cual incluye llevar a miembros de gabinete y asignar recursos federales (como afirman algunas fuentes) a la campaña. El PRI sabe que si pierde el Estado de México, recibirá un golpe del cual muy probablemente no se vuelva a recuperar.

    El único que se mantiene relativamente estable en el panorama político, es el PAN. A pesar de que también ha sufrido cierto desgaste y ya no inspira tanta confianza (no son pocos los que se han decepcionado del partido azul), esa relativa estabilidad, aunada a los conflictos en la izquierda y la degradación del PRI, lo mantienen con cierta relevancia. Un escenario donde el PRI sea relegado al tercer lugar en el país, y que sean el PAN y MORENA los partidos más importantes, quienes se disputen la presidencia y las gobernaturas de algunos estados, no es improbable. 

    Pero hay otro factor muy importante que debemos considerar, y que es claro producto de la decadencia del sistema partidista: los candidatos ciudadanos (también llamados independientes). 

    Cuando hablamos de ellos, nos vienen a la cabeza Pedro Ferriz, Jorge Castañeda (quien se bajó de la contienda como candidato pero sigue siendo uno de los principales promotores), Emilio Álvarez Icaza, Denise Dresser (autodescartada también) Armando Ríos Piter (el único con trayectoria política anterior) y otros personajes que en algún momento han considerarse lanzarse como independiente por la Presidencia de la República. En realidad no es algo tan improvisado como parece: al parecer, existe una agrupación o una plataforma que busca lanzar al candidato independiente que tenga más posibilidades de ganar. 

    Todos los nombres, con sus virtudes y sus defectos, pero ciertamente más honorables que los políticos tradicionales (incluso Pedro Ferriz, de quien dije que no consideraba que estuviera completamente apto para ser Presidente), rompen con el perfil del político tradicional; ese que vive en una burbuja y que se ha aislado tanto de la sociedad a la que dice gobernar. Muchos de ellos están ahí porque son capaces de observar esa contradicción, de los políticos, servidores públicos en teoría, pero que le han dado la espalda a la sociedad, a la cual ya no entienden, y a la cual parece que sólo son capaces de medir con números fríos.

    Un candidato ciudadano no puede ir solo. Pedro Kumamoto, en su momento, recibió el apoyo de toda la clase intelectual y académica del ITESO. Sin ésta, difícilmente hubiera ganado. Pero obtener el registro en un área urbana no es lo mismo que hacerlo en todo el país. Es mucho más fácil conseguir las firmas necesarias en las colonias del distrito, cuya mayoría ya conoces, que hacerlo en toda la República Mexicana, donde se tendrá que acudir a los pueblos y a los lugares más recónditos. 

    La legitimidad del candidato ciudadano no puede darse solamente por su condición de ciudadano, el candidato debe demostrar que tiene la credibilidad y los tamaños.

    El reto del candidato ciudadano es poder cruzar esa barrera, el de las limitaciones legales que siguen poniendo muchas trabas para no quitarles el privilegio a los partidos. Si el candidato la cruza, automáticamente se convertirá en un serio contendiente. Pero aún así tendrá otras limitaciones que no existieron, o al menos, no hicieron tanta mella, en las campañas de los candidatos independientes que contendieron por una ciudad o un estado: el candidato independiente seguramente llegará a ser muy conocido en las grandes urbes que están conectadas e inmersas en el mundo digital. La falta de presupuesto no será problema para poder llegar a esos sectores.

    El gran problema para el candidato ciudadano residirá en las áreas más deprimidas de las ciudades, en el campo, en los pequeños poblados, en las regiones más atrasadas; el número de electores ahí es considerable si tenemos en cuenta que en México hay más de cincuenta millones personas que se encuentran en situación de pobreza. Ahí será un mayor problema, a diferencia de las ciudades, que no esté respaldado por un partido y que su presupuesto sea muy limitado.

    El candidato ciudadano necesariamente tendrá que partir de los sectores ilustrados de las grandes urbes, y de ahí, extenderse a los demás sectores sociales. La legitimidad del candidato ciudadano no puede darse solamente por su condición de ciudadano (un narcotraficante o un empresario corrupto podrían utilizar la vía independiente para postularse), sino que tiene que demostrar que tiene la credibilidad y los tamaños. Por eso entonces, necesitará conseguir el apoyo de académicos y personajes de la sociedad civil que avalen, dentro de las grandes urbes, su calidad como candidatos. A partir de la legitimidad conseguida ahí, el candidato ciudadano tendrá que extenderse y acudir a los demás sectores, con la gente de escasos recursos, los sectores marginados y los alejados de las ciudades. El candidato ciudadano tendrá que romper con la tradición clientelar que han establecido los principales partidos políticos (sobre todo el PRI) en esos sectores. Ahí tiene una tarea muy difícil, pero si dicho candidato es honesto, empático con ellos, y tiene la verdadera intención de ayudar al país, podrá encontrar alguna forma.  

    A pesar del panorama oscuro y sombrío (la terna con Margarita Zavala, López Obrador y cualquiera del PRI no hace pensar en otra cosa), se abre una puerta. El camino es difícil, mas no imposible.  Ahí se abre una oportunidad para quien realmente quiera representar a la ciudadanía. 

    En ellos reside si la nueva configuración nos conducirá al retroceso, o, por medio de su liderazgo, lograrán traer nuevos bríos y cambios concretos a este país tan falto de esperanza. 

  • La familia, los amigos y la religión contra las dictaduras

    La familia, los amigos y la religión contra las dictaduras

    El discurso de la familia o la religión ha quedado confinada, sobre todo en los últimos años, a los círculos conservadores. Pero más allá de los argumentos que son criticados desde el liberalismo por atenerse más a una creencia religiosa que a la ciencia o la método empírico, estas instituciones, al dotarle de una identidad y un sentido de pertenencia al individuo, pueden formar un antídoto contra los regímenes totalitarios. ¿Cómo? Vamos a platicar de eso. 

    Empezaremos diciendo que existen dos tipos de dictaduras, las convencionales y las totalitarias.

    Las convencionales son aquellas donde el dictador aspira a tener todo el poder y el control político de una nación pero no intenta invadir la esfera privada de sus gobernados. Esto es el caso de dictaduras como la de Augusto Pinochet, el fascismo de Mussolini que no alcanzó el totalitarismo o la que ya está viviendo Venezuela. Es decir, mientras el individuo no se involucre en cuestiones políticas ni confronte a las autoridades, no correrá riesgo alguno y podrá llevar su vida normal.

    Las dictaduras totalitarias, por su parte, sí que invaden la esfera privada de los individuos. De hecho, esa intromisión en lo privado es lo que les da fuerza. De este modo, los individuos no sólo no deben confrontar al Estado, sino que deben «vivir la dictadura» y hacer que en mayor o menor medida, ésta esté presente en sus actividades diarias. El nazismo, el comunismo soviético o el de Corea del Norte son ejemplos de dictaduras totalitarias.

    Ahora, hablamos de que las dictaduras totalitarias tienen su fuerza en la invasión de lo privado. Pero ¿cómo lo logran? ¿Cómo convencer al pueblo para hacer que su vida gire en torno a una dictadura? El dictador totalitario no sólo tiene que acaparar todo el poder, tiene que lograr que el pueblo se adhiera al régimen.

    Para eso, como lo explica Hannah Arendt. primero tiene que fragmentar y atomizar a la sociedad. Algo que hicieron bien los nazis, y sobre todo, el régimen de Stalin. ¿Qué quiere decir esto? Que el movimiento totalitario que aspira al poder debe romper todos los lazos sociales que el individuo tiene para dejarlo solo, alienado y abandonado. En ese estado, el individuo estará urgido de buscar una entidad para poder saciar su necesidad de sentido de pertenencia; y qué más que el propio régimen totalitario que no sólo se presenta como la única alternativa, sino que por sus características puede satisfacer sus necesidades con creces.

    Así, el individuo, por medio de estrategias de terror y de propaganda llevadas a cabo por el régimen totalitario, no sólo es separado de todas aquellas agrupaciones que le daban un sentido de pertenencia, sino que es persuadido y convencido para unirse a las filas del régimen, que lo hará sentir tan parte de algo, que será capaz de cometer atrocidades con la finalidad de no perder ese sentido de pertenencia. Esa, y no sólo el mero acaparamiento del poder político, es la principal fuerza de los regímenes totalitarios.

    Los nazis supieron hacerlo muy bien, pero los comunistas lo hicieron mucho mejor, no solamente al suprimir las clases sociales so pretexto de la dictadura del proletariado, sino que se esforzaron en inmiscuirse en las familias de tal forma que la lealtad del individuo estuviera con el Estado y no con éstas. Como dice Arendt en su libro The Origins of Totalitarianism: los individuos que juegan Ajedrez y así pertenecen al grupo de «los que juegan ajedrez», entonces deben de ser desterrados de ese grupo porque les da un sentido de pertenencia, y sólo el Estado debe darles ese sentido de pertenencia para que estos individuos sean irracionalmente leales al régimen.

    Otra razón por la cual estos regímenes tomaron su fuerza, fue porque después de la Revolución Francesa, los derechos humanos que hasta ese entonces eran dados por la religión, pasaron a manos del Estado, para así perder su universalidad. Es decir, a pesar de que en las monarquías que antecedieron a la Revolución Francesa la condición era de una desigualdad y división de clases que el individuo no podía superar, la religión, sobre todo gracias a las aportaciones de filósofos como Santo Tomás de Aquino, consideraba a todos los humanos como dignos y valiosos independientemente de su raza, origen o posición social; visión que contrastaba con la de los regímenes totalitarios, donde por medio de una falsa interpretación de la ciencia y la historia, la raza o la adherencia a una nación determinaba la valía del ser humano.

    Con esto no intento negar las aportaciones de la Revolución Francesa a Occidente que rompieron un orden monárquico donde la posición social del individuo no estaba dada por el mérito ni por una condición de igualdad, sino por herencia y las costumbres. Pero esa característica, la secularización de los derechos humanos y la imposibilidad hasta ese entonces, de crear valores universales, ayudaron a que los regímenes totalitarios surgieran. Fue en gran parte debido a esto, que la ONU creó la Declaración Universal de Derechos Humanos tres años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, para que la dignidad del individuo estuviera garantizada indistintamente de la nación a la que perteneciera. 

    Sin unos valores universales que le den dignidad al ser humano y con un individuo atomizado, alienado y con un entorno adverso (una crisis económica que antecedió) se entiende muy bien por qué estos regímenes totalitarios fueron tan exitosos. Entonces habrá que pensar qué es lo que se puede hacer para que este tipo de regímenes no vuelvan a surgir.

    Y aquí es donde tenemos que hablar de un sentido de pertenencia en un mundo donde son cada vez más los individuos que se sienten solos, que viven dentro de familias disfuncionales. Los demagogos (aunque no se trate de regímenes totalitarios o ni siquiera sean dictadores) se alimentan de este estado de las cosas. Así Donald Trump tiene gran parte de sus bases en la clase blanca trabajadora que ha visto sus empleos desaparecer, donde la tasa de divorcios es muy alta, al igual que el consumo de drogas.

    Por más sólidos sean los lazos que tienen los individuos, será más difícil atomizarlos y fragmentarlos. Incluso las habilidades interpersonales pueden jugar un papel importante para que el individuo tenga la capacidad de tejer redes humanas y se adhiera a organizaciones con las que tenga actividades o creencias en común. Las religiones tal vez no funcionen mucho para prevenir los regímenes autoritarios, pero sí lo pueden hacer con creces para prevenir los regímenes totalitarios que intentan implementar un sistema de valores nocivos basados en el odio y al desprecio al diferente porque las religiones son capaces de dar un sentido de identidad a sus miembros.

    No sólo es con decisiones geopolíticas como se puede prevenir el surgimiento y la expansión de los regímenes autoritarios, sino por medio decisiones y políticas públicas en el ámbito local inclusive. Pero no sólo es tarea del gobierno, sino de las instancias privadas, de las organizaciones civiles y de las propias familias que logren crear comunidades con tejidos sociales fuertes y con individuos más felices y realizados. Así, el líder autoritario verá imposible hacer de las suyas. 

  • Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Lo que debes saber sobre el Estado de México y el futuro del PRI

    Si fuera priísta yo estaría muy preocupado. Porque aunque en los consejos y reuniones del partido sienten que son fuertes y lo pueden todo, la realidad, este 4 de junio, podría caer como un balde de agua fría, muy fría. -Sí, más que los baldes del Ice Bucket Challenge-.

    Empiezo diciendo que el Estado de México ha sido y es muy importante para el PRI. Esa entidad es casi como si se tratara de su centro de operaciones, porque tanto el voto duro que ahí ostenta como el presupuesto al que tiene acceso ahí, ha permitido que el partido se siga manteniendo como uno de los más importantes de México.

    Por esa razón esta entidad no ha visto la alternancia, porque el PRI tiene un gran poder ahí y ha procurado mantenerlo a costa de lo que sea.

    Pero este año, el PRI podría perder el Estado de México.

    Y las consecuencias que podría tener esto para el PRI podrían ser desastrosas. Podría tratarse casi de su acabose. 

    A corto plazo porque confirmaría lo que ya es casi un hecho, que perderán la presidencia en 2018. No tener disponibles todos los recursos -económicos y humanos- de los que siempre han echado mano será determinante en la elección del año que viene.

    A mediano y a largo plazo porque sumar al descrédito que el partido tiene, el hecho de que perderán las regiones más pobladas y donde se concentra la mayor parte de los recursos económicos -Además del Estado de México seguramente perderán Jalisco, y quien sabe si vuelvan a recuperar Nuevo León-, podría quitarles tal cantidad de poder de tal forma que nunca recuperen la fuerza que hasta hace poco ostentaban.

    No sin olvidar el envejecimiento del voto duro del PRI y de lo cual he hablado con insistencia

    Pero entremos en materia. ¿Por qué el PRI puede perder el Estado de México? La encuesta que lanzó Reforma es muy ilustrativa. 

    Según Reforma, el candidato del PRI, Alfredo del Mazo lleva un punto de ventaja, lo cual se considera un empate técnico. Esto es así, mientras que en 2011, Eruviel Ávila le ganaba por más de 40 puntos al perredista Alejandro Encinas. En 2011 no había nada más que PRI en el Estado de México, ahora la situación es diferente.  

    Fuente: Grupo Reforma.

    Mi pronóstico es que la elección terminará siendo de dos, entre Alfredo del Mazo y Delfina Gómez. Pienso que Josefina Vázquez Mota terminará -una vez más- desinflándose. Y si la elección es de dos, entonces la derrota para el PRI podría ser casi inminente. Es decir, el PRI necesita un escenario donde tanto Delfina y Josefina se mantengan competitivas hasta el final para que ellas dos se dividan el voto opositor como ocurre actualmente.

    Y esto ocurre la mayoría de las veces, tomemos como referencia las elecciones presidenciales donde la contienda siempre termina siendo de dos, mientras que el tercero termina relegándose. En 2000, la contienda fue entre Vicente Fox y Francisco Labastida, relegando a Cuauhtémoc Cárdenas a un tercer lugar. En 2006 fue entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, relegando a Roberto Madrazo, y en 2012, la propia Josefina Vázquez Mota terminó desfondándose pare dejar la contienda entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. 

    Pero, ¿qué pasaría en ese escenario? Grupo Reforma se molestó en preguntar a la gente cómo votaría si la elección fuera entre dos y no entre tres. En todos los escenarios donde aparece Alfredo del Mazo, el PRI saldría derrotado de forma contundente:

    Fuente: Grupo Reforma

    Peor aún. En el propio Estado de México, el PRI tiene más negativos que cualquier otro partido, así como su candidato quien también tiene más negativos que Josefina Vázquez Mota y Delfina Gómez Álvarez.

    El PRI va en primer lugar -empate técnico- según la encuesta de Reforma, pero todos los otros datos hacen pensar que tendrán una tarea muy difícil. El hartazgo hacia el partido tricolor ya permeó el estado que era intocable, el cual daban por sentado en todas las elecciones. El desgaste de la imagen del partido, aunado a la pérdida progresiva del voto duro debido al cambio generacional puede quitarle al partido tricolor el Estado de México. 

    Y si eso pasa, el PRI podría caer y no recuperarse nunca más. Lecciones como las de Italia y Grecia -países también acostumbrados al patrimonialismo- donde los partidos hegemónicos prácticamente desaparecieron son muestra de que el PRI ni es invencible ni existirá para siempre. 

    Para terminar, les invito a consultar todo el estudio de Reforma para que saquen sus propias conclusiones

  • López Obrador contra los padres «provocadores» de Ayotzinapa

    López Obrador contra los padres «provocadores» de Ayotzinapa

    López Obrador contra los padres "provocadores" de Ayotzinapa

    ¿Se acuerdan cuando les dije que AMLO tenía un pie en Los Pinos, pero que una forma de no llegar ahí era que se boicoteara él mismo?

    Bueno, no es como que lo sucedido en Nueva York lo vaya a tumbar mucho de las encuestas, pero López Obrador nos mostró una vez más que es alguien intolerante que no soporta la crítica ni el disentimiento. Aunque lo intente, aunque hable del amor o aunque cite pasajes religiosos como lo hace en su libro.

    Uno de los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa le reclamó a Andrés Manuel su relación con Luis Abarca. Recordemos que el entonces perredista llamó a votar por Ángel Aguirre, el Gobernador de Guerrero, y Luis Abarca, alcalde de Iguala.

    Y naturalmente el padre tiene derecho a hacer el reclamo. No veo por donde no tenga el derecho a hacerlo. López Obrador pensó que en La Gran Manzana lo iban a recibir con vítores y aplausos, y resultó que no. Así como descalificó a Martín Moreno  por un artículo en el cual lo criticaba -ciertamente es un pésimo historiador-, lo volvió a hacer: tachando al padre, quien perdió a su hijo hace dos años, de provocador. ¡Es una provocación, es un complot! El candidato de MORENA lo trató mal.

    Su puesta en escena, tanto el reclamo como la justificación posterior en los medios, dentro del contexto y el lugar donde todo ello sucedió -Nueva York- me recordó, sí, a Donald Trump; insultando a quien disiente y le emite una crítica, y creando teorías falsas –alternative facts– para deslindarse tanto de su bochornoso y penoso acto, como por haber apoyado a Luis Abarca. Dijo, que era una provocación.

    Quienes les reclamaron fueron los mismos padres que le reclamaron a Enrique Ochoa Reza, el Presidente del PRI, cuando viajó a Estados Unidos para «defender a los migrantes». Con el Presidente del PRI eran «héroes sociales», con López Obrador son provocadores. 

    Ese es el líder que encabeza las encuestas, el López Obrador de verdad. Menos parecido a aquel que se acerca a los empresarios, y más parecido al tabasqueño intolerante, arropado por seguidores que no le cuestionan nada y que linchan a quienes emiten una crítica contra el tabasqueño, como si se tratara de una versión tropicalizada de Alt-Right.

    Y claro, mientras tanto, los demás partidos ya salieron a sacar raja. Ochoa Reza afirmó que López Obrador le debe un disculpa al padre de Ayotzinapa. Naturalmente se la debe, pero el presidente del PRI, del partido del gobierno, que en el más benévolo de los escenarios ignoró completamente el problema y no hizo nada al respecto. no tiene autoridad moral alguna para hacer esa reclamación. 

    https://www.youtube.com/watch?v=9GTmvqLBZkM

  • El cumple del PRI, y sus 88 años de vida

    El cumple del PRI, y sus 88 años de vida

    ¡Feliz 88 aniversario PRI!
    Foto: PRI Tamaulipas

    El PRI cumplió 88 años y los priístas lo festejaron con bombo y platillo. Es que no cualquier partido político puede darse el lujo de cumplir 88 años de vida. 

    A juzgar por lo visto en lo que Peña Nieto y demás redes sociales del PRI publicaron, fue como una fiesta en familia, porque vaya, el PRI, más que ningún otro partido en México, ha creado un sólido sentimiento de pertenencia entre los que lo conforman. Para los priístas, serlo es un privilegio, son parte de algo.

    Ahí, en las celebraciones, hay júbilo, hay un sentimiento de triunfo y confianza que a veces cae en la arrogancia. Se recuerdan como el partido que básicamente construyó a México, a sus instituciones, que insertó al país en la globalización. Se consideran un partido de avanzada, el más progresista. Peña Nieto, con un porcentaje de aprobación que oscila entre el 6% y el 12%, se atreve a lanzarse en contra de la oposición y despreciarla casi como inferiores, recuerda que el PAN está rancio y que AMLO representa un retroceso. 

    Mientras Javier Duarte sigue desaparecido, mientras Humberto Moreira está protegido, mientras la BBC escribe un reportaje de una cantidad millonaria que «extravió el gobierno mexicano», mientras que 9 de cada 10 mexicanos no sienten simpatía por su presidente, mientras «los grandes» recuerdan las devaluaciones producto de los gobiernos de Salinas y López Portillo, mientras pasa todo eso, en el PRI hablan de la gran contribución que ha hecho su partido a México:

    El ambiente que se vive dentro de los festejos del PRI es uno muy diferente al que se vive allá afuera. La familia del PRI es una cosa, México es otra diametralmente opuesta.

    Pero ¿tienen razón en sus argumentos? ¿El PRI sí es un partido del cual estar tan orgulloso?

    Entre esa etapa de la historia de nuestro país que inició con Lázaro Cárdenas y terminó con López Mateos, podríamos hablar de mantadarios que de alguna u otra forma llegaron a hacer bien su trabajo y quienes construyeron esas instituciones de las que tanto se congratulan (como el IMSS o el ISSSTE), aquellos que formaron parte de ese milagro mexicano. Naturalmente se trataba de regímenes patrimonalistas y corporativistas, una condición que muchos países transitan como punto intermedio de la dictadura o la monarquía a la democracia, pero que como etapas intermedias o de transición funcionaban. Ese milagro económico, con su consecuente desarrollo social, debió traer a una clase media que formara la suficiente masa crítica para que impulsaran esos cambios que se necesitaban para democratizar al país. 

    Cuando ese modelo que tan bien había funcionado se empezó a agotar. esa clase media sí llegó, los jóvenes universitarios se concentraron para exigir cambios, pero ese movimiento terminó en una represión estudiantil. La transición no se dio, los gobiernos del PRI absorbieron y contuvieron a intelectuales y activistas, y así, la evitaron. Las estructuras corporativas del PRI se mantuvieron dentro de un contexto que ya exigía otras formas de organización, y entonces llegó la desgracia. Porque ya ni siquiera servían a un modelo que anteriormente habían funcionado, sino que terminaron funcionando para ellos mismos y a sus propios intereses. Ahí están los líderes charros que se enriquecieron gracias a sindicatos y organizaciones corporativistas como la CTM, la CROC, y la CNOP.

    El PRI de ahora, el que se jacta de ser el nuevo PRI, es ese que ya no funciona, el de los desastres de Echeverría y López Portillo, el de las devaluaciones, el de Peña Nieto, uno de los peores presidentes de la historia moderna, ese PRI heredero de la transición que nunca se dio en los años 60 y los años 70. Los que se congratulan de las aportaciones de su partido, como Enrique Ochoa Reza, no son ya ni siquiera parte del PRI de hace medio siglo que llegó, con sus muchos defectos, a construir cierto orden institucional que permitió a México un desarrollo continuo durante poco más de dos décadas. 

    Se congratulan de la firma del TLC bajo el gobierno de Salinas, el cual en mayor o menor medida -porque la implementación no fue la más óptima- se puede considerar un acierto. Pero ignoran el daño que el mismo mandatario y sus cercanos hicieron al país. Perfilan a Peña Nieto como «el gran reformador», atribución que hacen solamente los priístas, pero olvidan que esas mismas reformas fueron bloqueadas por el propio PRI cuando el PAN las propuso, y que varias de éstas no sólo no están implementadas de la mejor forma, sino que en algunos casos no están exentas de corrupción.

    En sus 80 años, el PRI nos invita a ver un México alternativo, uno que para muchos de nosotros no existe y no empata con la realidad. 

    El júbilo que se vive en el CEN del PRI por sus 88 años contrasta mucho con lo que vive una persona que va a trabajar 6 días a la semana para llevar comida a su casa. Contrasta mucho con lo que ve el joven preocupado por su futuro. Contrasta mucho con quienes se enteran en los medios diariamente de nuevos casos de corrupción o impunidad. Contrasta mucho con aquel hombre que está agobiado porque como no tiene palancas -o no quiere tenerlas-, la burocracia para él es muy lenta y no puede resolver sus problemas.

    Pero tampoco empata con la realidad propia del PRI, porque a pesar del ambiente excesivamente positivo, están en riesgo de perder el Estado de México, estado gracias al cual mantienen una sólida base de votantes duros y acceso a un gran presupuesto útil para las elecciones. Porque a pesar de que presumen sus bases y estructuras, el voto duro está diluyéndose poco a poco debido al cambio generacional, y -no sobra decirlo- a los pésimos gobiernos que no han logrado mantener contentas a todas sus bases. 

    El PRI cumplió 88 años. Todos ellos están muy felices. Yo no estaría feliz, ni aunque fuera priísta. La realidad, incluso para ellos mismos, no es muy prometedora. 

  • Alt-Right y la supremacía blanca hipster

    Alt-Right y la supremacía blanca hipster

    Foto: Atlanta Black Star

    La inteligencia y la cultura están muy íntimamente relacionadas, tanto que algunas confunden una cosa con la otra. La realidad es que ambas son dos cosas completamente distintas y se les suele confundir porque a mayor inteligencia, el individuo tendrá más posibilidades ser más culto. Una persona inteligente puede darse el lujo de no ser culta en tanto aquella persona con un nivel intelectual abajo del promedio difícilmente podrá serlo.

    Y se entiende porque una mente inteligente tendrá mayor capacidad de absorber y procesar el conocimiento que recibe.  

    Pero ¿En qué difieren ambos conceptos?

    Primero, la inteligencia tiene que ver con la capacidad cognitiva de nuestro cerebro -primero atribuida a la racional, y después a varios otros tipos de inteligencia como los propuestos por Howard Gardner-. 

    Segundo, la cultura tiene que ver con la cantidad del conocimiento que un individuo posee, y también se dice que tiene que ver con la capacidad y la disposición de procesar dicho conocimiento. Naturalmente la inteligencia es una herramienta casi indispensable para hacer ese ejercicio.

    Pero ni la inteligencia ni la cantidad de conocimiento que el individuo posee son una garantía ni un cheque al portador. Ciertamente una persona que devora libros está más inclinada a tener una perspectiva más amplia de las cosas. Pero como afirma Jonathan Haidt, una persona puede utilizar su inteligencia e incluso puede echar mano del conocimiento para reafirmar su dogma y su necedad.

    Considero que faltan dos variables en la ecuación de aquel hombre culto que a través del conocimiento obtiene una perspectiva muy amplia de la vida: la curiosidad y la capacidad de autocrítica. 

    Muchas de las personas que defienden posturas dogmáticas y hasta enfermizas (que incluyen racismo o discriminación) son inteligentes y no les sobra conocimiento. Han leído a Aristóteles, han estudiado a la escuela de Frankfurt, algunos admiran a Nietzsche y pueden explicar muy bien qué es el imperativo categórico de Immanuel Kant. Posiblemente sepan algo de metafísica, entiendan qué es potencia y acto, o utilicen el dualismo de Descartes para construir un argumento.

    ¿Entonces qué es lo que pasa?

    Muchos de ellos no echan mano del conocimiento para abrir sus mentes ni para ser más empáticos, sino para reforzar su dogma. No es como que el conocimiento los haya llevado allá, sino que estuvieron ahí desde un principio y echaron mano de dicho conocimiento, extrajeron de éste los argumentos que más les convenía.

    Ellos ya están predispuestos, ya saben de antemano qué es lo que van a tomar y van a rechazar. 

    Si bien, muchas personas de cualquier postura ideológica llegan a recurrir alguna vez a este tipo de «trampas» para formular sus argumentos, quienes se encuentran en los extremos ideológicos hacen de este juego la regla. 

    Un caso ejemplar es el de los integrantes del movimiento ultraderechista Alt-Right, que tienen muchas afinidades con Donald Trump, y sobre todo, con Steve Bannon, el cerebro del gobierno de Estados Unidos. 

    En su página oficial publicaron un artículo llamado Democracy Isn’t Working -La democracia no está funcionando-. Cuando se lee el artículo por encimita -eso que los anglosajones llaman skimming- uno encontrará algunos lugares comunes y argumentos que podrían sonar familiares como: -la democracia no ha venido funcionando bien, o que el votante es irracional, echan mano de filósofos como Aristóteles e incluso se atreven a citar al propio Jonathan Haidt -opositor a Trump y quien busca lo opuesto con sus obras: fomentar la tolerancia entre liberales y conservadores- para formular sus argumentos. 

    Un ingenuo podrá quedarse seducido por ese aroma intelectual y que a simple vista podría pasar como moderado. Ese es el arte de Alt-Right y algunos movimientos supremacistas de Estados Unidos. En lugar de ser fuertemente confrontativos y políticamente incorrectos como uno podría entender a un movimiento fascista, esconden argumentos e ideas nocivas dentro de este aire intelectualoide.

    https://www.youtube.com/watch?v=CYT5DfE73UY

    Pero basta analizar bien el texto para entender las trampas a las que recurren. Citan a Aristóteles, quien decía que las democracias podían derivar en una tiranía -cosa que no sólo es falsa como lo hemos visto con el caso de Donald Trump, sino que gracias a este fenómeno, Alt-Right ha encontrado más foros para alzar su voz-. Hacen énfasis en los defectos que mencionan -que no son del todo falsos- para crear un argumento falaz: «la democracia es el peor de todos los sistemas».

    Lo que hace a la democracia el sistema más peligroso es que no hay meritocracia en ella. La gente tiene poder de decisión con solamente haber cumplido 18 años y no haber muerto al cumplir esa edad. 

    Ciertamente, en muchos casos los votantes son irracionales y toman decisiones equivocadas. La contradicción viene cuando estos individuos proponen que el soberano resida en una monarquía -el gobierno de un rey- o en una aristocracia -el gobierno de unos pocos-.

    Al menos, si un rey se corrompe, puedes matar a su niño -el heredero-, los aristócratas al menos pueden poner a otros en jaque, pero la democracia es el cáncer de la corrupción política. 

    La democracia por sí sola no es meritocrática. Pero tampoco lo son la monarquía ni la aristocracia. En la monarquía quien gobierna lo hace por herencia y no por méritos. La aristocracia no necesariamente se conforma con base en el concepto que de ella tiene Platón, donde ésta se conformaría como una meritocracia, menos cuando seguramente,  de acuerdo al ideario de Alt-Right, serían hombres de raza blanca y no aquellos quienes son más talentosos. 

    La democracia no se entiende sólo, como la concibe Alt-Right, como un sistema donde la gente vota, sino que ésta incluye o al menos trata de incluir las condiciones para que la gente logre agruparse e incidir en los asuntos públicos. Gracias a la democracia, a través de organizaciones civiles o think tanks, el pueblo puede crear unidades de conocimiento para tener incidencia dentro del gobierno -gobernanza-. La democracia también incluye derechos humanos y libertad de expresión. En una monarquía, el pueblo debería tener la suerte de que su rey sea lo suficiente benévolo para que garantice ciertas libertades -lo cual no ocurre en la mayoría de los casos-.

    En la crítica que Alt-Right hace, delinea de forma muy sutil su supremacía racial:

    El promedio de cociente intelectual (IQ) entre los blancos y europeos es de 100. Sin embargo, tenemos una mayor representación entre los talentosos e inteligentes que los asiáticos, cuyo IQ es un poco mayor. Suena bien, pero ¿cuál es el problema? El sector de la sociedad que tiene un IQ más alto de 120 y que puede juntar e inferir su propia información.

    Luego hablan de trampas o sesgos cognitivos para apelar a la irracionalidad del votante -que provoca la corrupción en la democracia- como si ellos fueran incapaces de caer en esas trampas. Hablan de aquel sesgo cognitivo –el efecto de Dunning-Kruger– donde un individuo tiene la percepción de ser más inteligente de lo que en realidad es. Y citan a Haidt -quien decíamos es opositor de Trump y de estos movimientos supremacistas- y su analogía del elefante y el jinete; en la cual explica que las intuiciones -elefante- viene primero, y la racionalización -jinete- viene después y está condicionada por el propio elefante:

    Y si habíamos hablado de que quienes forman parte de estos movimientos supremacistas ya lo eran antes de adquirir conocimiento, entonces podemos entender que caen en el mismo juego del que acusan a los demócratas, a los liberales y a los conservadores «tibios». La supremacía racial «irracional» entonces está representada por el elefante, mientras que su búsqueda del conocimiento «el jinete» tiene una gran dependencia con dicho elefante quien le dice cómo interpretar el conocimiento que el sujeto recibe. 

    Analizando el artículo, uno se puede dar cuenta que a pesar de las referencias filosóficas, psicológicas o antropológicas, terminan formando una nada. Porque los autores forzan dichas referencias para que encajen a fuerzas en el argumento. 

    Pero como forma de propaganda tiene sentido. El incauto verá en el artículo un texto intelectual y no un desplante fascista. Se dejará llevar por la «pomposidad» y la grandilocuencia del texto que parece no tener muchas agresiones ni confrontaciones. Pero los argumentos, la supremacía racial, la tentación por el autoritarismo, ahí están impresas, con palabras más bonitas y rebuscadas. 

    Basta «hojear» algunos artículos contenidos en su plataforma para ver que ese recurso es una constante.

    Todos sabemos que hemos entrado a un punto de quiebre, que la democracia necesita replantearse, que la representatividad está en crisis, y que ésto ha creado un caldo de cultivo para el surgimiento de movimientos ultraderechistas y radicales de izquierda. Pero esta crisis debe solucionarse desde dentro de la democracia y no fuera de ella. La deliberación, la autocrítica y el debate de las ideas son los que deben de sanar y reconstruir la plataforma que ha quedado desgastada, no el dogma y la intolerancia de quienes, paradójicamente, gracias a la democracia, tienen una voz para esparcir ideas nocivas.