Categoría: política

  • AMLO odia al INE, el que validó su triunfo en 2018

    AMLO odia al INE, el que validó su triunfo en 2018

    AMLO y el INE

    Antes del INE (antes IFE) no había democracia, las elecciones eran simuladas y los fraudes eran la regla (y no la excepción). El establecimiento del INE marcó el inicio de la era democrática en México (que si bien una democracia no puede reducirse al voto sí es condición necesaria para explicar su existencia), una democracia imperfecta en muchos ámbitos, pero que mal que bien nos ha dado un sistema representativo de partidos, una libertad de expresión y de organización, y una prensa que, si bien, parte de ella no ha dejado de ser ajena a los intereses políticos, sí es más libre que antes.

    Gracias al INE tuvimos dos de los cambios de régimen más importantes de la era moderna de México: el primero con la llegada de Vicente Fox que mandó al PRI a su casa y el segundo con la llegada de López Obrador en 2018. También se comenzaron a organizar debates. Sí, con un formato muy acartonado hasta 2018 donde se comenzaron a usar formatos algo más novedosos, pero antes ello no existía.

    Aún así, AMLO ha decidido arremeter contra el INE desconociendo todo esto que es obvio. Dice que no garantiza elecciones limpias y que su triunfo fue producto de las olas de apoyo que recibió y no del INE, pero esto es falso.

    Se intuye de esa afirmación que la «mafia del poder» habría visto imposible hacer un fraude para quitarle un triunfo contundente a AMLO ya que sí haces fraude de un triunfo tan contundente se habría «soltado el Tigre». Es cierto que si hubiera sido víctima de un fraude en estas circunstancias las cosas en el país se habrían puesto muy mal.

    Pero si el argumento es que el apoyo era tanto, entonces de ahí se seguiría que la «mafia del poder» sí habría podido pensar en evitar que ganara mayoría absoluta y conservar poder en las cámaras. Al cabo ahí no había tantos «votos que robar» y podría hacerse de forma «más discreta» si el INE fuera esa institución tan corrupta y vulnerable que AMLO imagina que es.

    Pero no lo hicieron. Dejaron que ganara la mayoría absoluta sin ningún problema contra los intereses de la mafia del poder (parte de la cual hoy recibe contratos sin licitación en este gobierno).

    El INE, con todas sus imperfecciones (porque es un sistema que dista de ser perfecto y que se ha involucrado en algunas cuestiones polémicas), funciona en su tarea de organizar elecciones. Tan funciona el sistema que cuando algún partido trata de enturbiar el proceso electoral, lo hace en el transcurso de la campaña e incluso por medio de acarreo o compra de conciencias y no alterando los resultados (las elecciones del 2012 o las del Estado de México de 2017 por ejemplo) y cuya sanción es tarea más bien de la FEPADE y el TEPJF. El proceso electoral, que comienza en las casillas y termina en la presentación de los resultados, está hecho de tal forma que no puede ser vulnerado. Todo el proceso es vigilado por los partidos contendientes y los mismos ciudadanos quienes vigilan las casillas y cuentan las actas. Desde 1994, el INE en este sentido ha garantizado elecciones limpias de cualquier fraude.

    Y tan bien hace su tarea de organizar lecciones que en 2018 el INE reafirmó la democracia calificando el legítimo y contundente triunfo del pejismo tal como fue: con mayoría en las cámaras y más del 50%. Incluso si en 2018 hubo irregularidades, AMLO terminó beneficiado de ellas (aunque no necesariamente él las haya cometido). Un ejemplo fue el uso que hizo el PRI de la PGR para afectar la imagen del entonces candidato Ricardo Anaya quien había decidido lanzarse con todo contra Peña Nieto.

    Parte de la mala imagen que el instituto tiene en algunos sectores es debido al fantasma del 2006, una acusación de fraude que, al día de hoy, el lopezobradorismo no ha logrado probar. Y parte de la mala imagen del instituto tiene que ver también con la insistencia del hoy Presidente de mostrar al INE como una institución corrupta y que no garantiza elecciones limpias.

  • AMLO está en una relación con el Partido Verde

    AMLO está en una relación con el Partido Verde

    El Partido Verde Ecologista (PVEM) es uno de los partidos más repudiados de México.

    De hecho, el Partido Verde representa lo más detestable de la política mexicana: corrupción, clientelismo, ausencia de ideología, nihilismo, cinismo, hipocresía, maldad y agréguele cuando adjetivo peyorativo encuentre y va a caber en su catálogo de definiciones.

    El PVEM es, de alguna forma, una de las razones por las cuales la gente votó esperanzada por López Obrador. El PVEM venía en ese paquete llamado «régimen de corrupción de Peña Nieto»: era parte del régimen, se beneficiaba de él y beneficiaba de él. Con la llegada de la 4T todo eso se iba a acabar, decían.

    Hoy sabemos que el PVEM ha cerrado filas con el régimen de López Obrador, y la dinámica que mantiene y mantendrá el PVEM con el régimen actual es básicamente la misma que mantuvo con el PRI: El «Verde» vota en tándem con MORENA en el Congreso, le servirá para ganar votos en las elecciones del 2021 de la misma manera que lo hacía en el sexenio pasado. Seguramente repartirán sus ya clásicas mochilas verdes, despensas y demás.

    Pero lo curioso es que nadie dice nada. En el mismo día en que Yeidckol Polevnsky fue denunciada por su propio partido por lavado de dinero y el mismo día en que el PVEM cierra filas con MORENA de cara a 2021, el tema para los influencers orgánicos del régimen es Chumel Torres quien recibió miles de ataques por su participación en un foro del CONAPRED que, a la postre, fue cancelado por presión de la Primera Dama Beatriz Gutiérrez Müller como en los tiempos del PRI hegemónico (más allá de si era acertado o no invitar a Chumel dado que su comedia llegaba a incluir chistes racistas y de connotaciones similares).

    A pesar de que esa alianza con el PVEM debiera ser vista como una traición de las más bajas, no pasa nada, nadie dice nada. A pesar de que en el gobierno de AMLO están priístas de la peor calaña y a pesar de que gran parte del mismo PRI ya se puso a su servicio, nadie dice nada. Aún así, hay quien insiste que «se barrerán las escaleras de arriba a abajo».

    Lo más irrisorio y que muestra una incongruencia recíproca, es el hecho de que el PVEM haya decidido apoyar a un gobierno que ha visto con desprecio todo lo que suene a «energías renovables». No es curiosidad que

    No nos vamos a convertir en Venezuela, pero lo que sí podemos ver ante nuestros ojos es el resurgimiento del PRI hegemónico, del régimen de partido único. Ese PRI ambiguo ideológicamente (o no me puedo explicar cómo un gobierno de izquierdas promueve la moral, es adverso a los temas ecológicos y desdeña la violencia contra la mujer), ese PRI atrapalotodo, ese que no tenía oposición y que buscaba tener control sobre cualquier resquicio de poder (y lo vemos con los ataques que los organismos autónomos están sufriendo), ese que decía que quien no se mueve sale en la foto.

    Y lo peor es que algunos de esos «influencers orgánicos» que antes presumían ser opositores, convenientemente, callan.

  • ¿Qué es FRENAAA y por qué se ha convertido a lo más parecido a una oposición?

    ¿Qué es FRENAAA y por qué se ha convertido a lo más parecido a una oposición?

    ¿Qué es FRENAAA y por qué se ha convertido a lo más parecido a una oposición?

    El día de hoy, lo más cercano a una oposición organizada al gobierno se llama FRENAAA.

    Puede no gustar a muchos, pueden no tener propuestas ni un plan, pero es lo que hay. Al día de hoy, esa iniciativa es lo más parecido que hay a una oposición y se ha convertido en el receptor principal para un sector de la población que se siente preocupada por el rumbo que está tomando el gobierno de López Obrador (y creo que en ese sentido no les falta razón).

    FRENAAA (FREnte NAcional Anti AMLO) es una organización totalmente vertical y jerárquica donde el regiomontano ultraconservador Gilberto Lozano está a la cabeza (si algo negativo puedo mencionar de este movimiento, es eso). Básicamente él es el que decide y toma las decisiones que son delegadas a las células que esta organización tiene.

    De Gilberto Lozano ya he escrito muchas cosas y la referencia que tengo de él está lejos de ser buena. Me parece que se trata de un demagogo que, en caso de tener aspiraciones presidenciales, sería un elemento bastante nocivo para el país. Dicho esto, habrá que reconocer que ha logrado hacer lo que ninguna otra oposición ha logrado hacer: convocar al ciudadano y crear una oposición articulada. A él se le ve como un hombre con «muchos huevos» y «mucha determinación», su lenguaje rudo y tan directo como el de los regios y su discurso demagogo ha resonado en un sector de la población.

    Las narrativas importan y Gilberto Lozano ha creado una muy atractiva para atraer a un sector de la población a su causa. Él no habla de discursos rebuscados que le suenan muy técnicos a la gente: él no habla de proteger al INE ni de las políticas para combatir el Covid19. Él se centra en dos conceptos muy simples y demagógicos que apelan a las emociones: «Saquemos a López Obrador del poder» y «AMLO nos va a llevar al comunismo».

    Gilberto Lozano no se dirige al círculo rojo ni a los académicos o especialistas que lo van a refutar a la primera (los cuales, en su gran mayoría, ven con recelo este movimiento): él se dirige al ciudadano común, el cual está preocupado por llevar el pan a la casa, por sacar adelante su negocio y que generalmente no es muy conocedora de la teoría política.

    La realidad es que es imposible sacar a AMLO del poder a menos que él convoque a una revocación de mandato, haga un mal cálculo y la pierda (lo cual, siendo sinceros, no va a pasar). Y la realidad es que, a pesar de que el gobierno de la 4T puede poner al país en serios predicamentos (tanto en lo económico y lo institucional) de los cuales nos tardemos en recuperar varios años y de los cuales es completamente válido preocuparse, no veo cómo México se va a convertir en Cuba ni creo que sea la aspiración de López Obrador.

    Pero el discurso funciona, porque hablar de comunismo implica decir que «te van a quitar tu casa» o «van a expropiar tu empresa». El significante por sí mismo genera mucho temor, sobre todo en aquellos sectores que ya tienen una vida consolidada. El «AMLO renuncia» se convierte en la solución frente a estos temores: «para que no nos volvamos comunistas y no nos quiten nuestras cosas, vamos a sacar a AMLO del poder». Estos dos elementos, sumados a la justificada preocupación de la gente por el rumbo de este gobierno, se convierten en un aliciente para formar parte de FRENAAA y ser parte de las caravanas. Si bien, no todos los que forman parte de estas caravanas creen en serio que eso vaya a pasar (que el martillo y la hoz vaya a desplazar al águila y la serpiente) y no todos siquiera simpatizan con Gilberto Lozano, se han decidido sumar porque por fin hay una oposición articulada a través de la cual pueden expresarse.

    La gente siente una justificada incertidumbre, y Gilberto Lozano, por medio de su discurso, busca potenciarla: que la gente sienta más incertidumbre y temor y que vea en FRENAAA la solución a dichas inquietudes.

    A ello, de forma secundaria, Lozano agrega un discurso ad hoc a las teorías de conspiración que circulan dentro de algunos de estos sectores (sobretodo de esas que circulan por los chats familiares del Whatsapp): teorías conspirativas que sugieren que existe un «nuevo orden mundial», que George Soros está detrás de él, que quiere imponer el comunismo y la «ideología de género» para así establecer una dictadura mundial.

    Las caravanas organizadas por FRENAAA han ido creciendo. Gilberto Lozano y los suyos han logrado, a través de las redes sociales, crear células en muchas ciudades de México (y hasta de Estados Unidos) atrayendo, sobre todo, a un sector específico de la sociedad: gente relativamente mayor de edad (sobre todo mayor de cuarenta años) en su mayoría conservadora de clase media y media-alta. No son necesariamente privilegiados ni necesariamente forman parte de las élites como muchos suelen asegurar. Varios de ellos han logrado crear trayectoria profesional y su capital por medio del trabajo y el esfuerzo y temen perderlo. Son ese tipo de personas, las que tienen ciertos recursos pero no necesariamente privilegios, las que conforman estas caravanas. Muchos de ellos no pueden «huir a Estados Unidos» ni tienen conexiones con el poder en caso de que una «tragedia comunista» explote en nuestro país.

    Si bien FRENAAA está creciendo, también tendrá serias dificultades para establecerse como «la oposición». La mayoría de las personas son mayores de edad de clases medias y medias-altas y son pocos los jóvenes que se han sumado. Al final no deja de ser un sector reducido de la población el que integra este movimiento. Esto, me parece, ocurre porque la narrativa es más atractiva para la gente grande que creció en medio de la Guerra Fría en medio del fantasma soviético y vivió en medio de crisis económicas y gobiernos irresponsables. El discurso del Nuevo Orden Mundial o la ideología de género tampoco es muy atractivo para los jóvenes que suelen ser más abiertos que «los grandes» a agendas como aquellas que tienen que ver con los derechos de las personas con una orientación o identidad sexual diferente a la heterosexual.

    La narrativa de FRENAAA está pensada, al día de hoy, para sumar gente a las caravanas y mostrar cierto «músculo opositor» al régimen, pero no existe algo que vaya más allá. FRENAAA se enfoca en ser «anti AMLO» como tal más que en proponer una agenda o propuesta alternativa frente al gobierno y mucho menos para conformarse como una alternativa política.

    Pero lo cierto es que FRENAAA ha logrado hacer lo que ni el PAN, ni MC, ni México Libre ni el PRI ha logrado hacer: sumar gente a su causa. FRENAAA es vista como una alternativa ciudadana y si en algo ha sido consistente Gilberto Lozano es en su crítica al sistema político, con lo cual la percepción de «ciudadano» queda legitimado. De hecho, Lozano comenzó a crecer y ganar notoriedad como opositor al régimen de Peña y tampoco ha mostrado la más mínima simpatía por Felipe Calderón.

    Hoy los partidos deben tomar nota de este fenómeno. ¿Cuál va a ser su postura frente a FRENAAA? ¿Estamos viendo el surgimiento de un Trump mexicano o de un «AMLO de derechas»? ¿Debe de preocuparnos por la figura de Gilberto Lozano o debemos de regocijarnos por la gente que está tomando las calles? ¿Pactará con la oposición partidista? ¿O la seguirá concibiendo como parte de la corrupción? ¿O es que en realidad Gilberto Lozano no tiene realmente aspiraciones presidenciales?

    Lo cierto es que mucha gente se está sumando, ya que se siente huérfana frente a un gobierno que le aterra y una oposición política que siente que no la representa y tiene derecho a hacerlo. La gente ha encontrado, como sea, un espacio donde manifestarse y donde pueda expresar su sentir.

  • Contradecálogo para que AMLO haga frente a la pandemia

    Contradecálogo para que AMLO haga frente a la pandemia

    Contradecálogo para que AMLO haga frente a la pandemia

    Señor López Obrador: preocupado por la pandemia y la economía de mi país he leído con atención su decálogo que propuso. Esperaba que por fin «agarrara la onda» pero no fue así. Por ello decidí escribirle a usted, señor presidente, un contradecálogo para que usted lo siga.

    1. Póngase a gobernar, ya estamos hasta la madre de predicadores. Ya tenemos suficientes sacerdotes, ministros de Pare de Sufrir y youtuberos de la «actitud positiva». Queremos un Presidente que tome medidas para paliar la epidemia y la crisis económica que le acompaña, no uno que hace decálogos demagógicos emulando los mandamientos para apelar a la religiosidad de los sectores populares en los que usted quiere crear una clientela.
    2. El filósofo Karl Popper decía que los políticos deberían limitarse a combatir males y no andar promoviendo valores ni decirle a la gente cómo es que tiene que ser feliz, y tenía razón. Deje de estar dictando moral y deje de estar diciéndonos bajo qué valores tenemos que regir nuestras vidas.
    3. Por favor, no desobedezca las instrucciones de sus propios especialistas a quienes contradice una y otra vez. Su actitud solo confunde a la población, lo cual explica que muchas personas no hayan hecho cuarentena y, a su vez, explica por qué falta tanto para que la epidemia se controle.
    4. Por favor, apoye a pequeñas y medianas empresas para evitar más despidos, apoye también a las personas que trabajan en el sector informal (con políticas bien diseñadas y sin propósitos clientelares) para atenuar el impacto económico de la pandemia. Las pequeñas y medianas empresas poco tienen que ver con ese «capitalismo de cuates» como el de los grandes empresarios con quienes usted se reúne en Palacio Nacional y a quienes les da proyectos sin licitar.
    5. Por favor, cancele todos sus megaproyectos por inviables y reasigne el presupuesto al combate a la pandemia. Dos Bocas es inviable y ya se lo han dicho expertos, Santa Lucía ni hablar, y el Tren Maya es un atentado contra la ecología.
    6. Deje de generar incertidumbre. Si bien es cierto que la crisis económica es producto, en gran medida, de la pandemia, también es cierto que sus políticas erráticas y sus mensajes han generado una fuerte incertidumbre en la inversión privada lo cual ha profundizado más el impacto de la crisis.
    7. Deje de polarizar al país. Necesitamos un presidente que sea líder de todos los mexicanos, pobres, ricos, de clase media. Necesitamos a un presidente que una a la sociedad para lograr sortear esta pandemia, no uno que estigmatice y etiquete a aquellos que guardan escepticismo hacia su gobierno.
    8. Atienda los problemas de violencia intrafamiliar que se han incrementado con la pandemia que afecta a mujeres así como a infantes y que usted ha ignorado (y hasta ha inventado otros datos) porque le guarda resentimiento a los colectivos feministas que le han demandado actuar contra ese problema.
    9. No sea egoísta. Nos dice en su decálogo que no seamos egoístas con el prójimo. Si usted está decidido a predicar moral, entonces de menos sea congruente: comparta información verídica, no confunda.
    10. Tire su decálogo a la basura: es completamente inútil y demagógico. Es un insulto para los mexicanos que quieren que usted proponga medidas para sortear este problema y que se sienten abandonados a su suerte.

    Muchos mexicanos esperamos que lo siga cabalmente, señor Presidente.

  • ¿Por qué a los progres les vino bien Trump?

    ¿Por qué a los progres les vino bien Trump?

    ¿Por qué a los progres les vino bien Trump?

    Si a alguien le cayó como anillo al dedo la llegada de Donald Trump a la Casa blanca, son a los progresistas (o los progres, como se les llama).

    Más de uno ha de estar pensando que estoy diciendo barbaridades pero, si nos ponemos a pensar profundamente, no es así.

    Así como en el artículo pasado les conté la necesidad que tienen los movimientos, los gobiernos y las sociedades de construirse enemigos que reafirmen su identidad, el progresismo encontró en Donald Trump a su enemigo perfecto.

    Lo es porque Trump no es siquiera un conservador que presuma tener principios y valores el cual pueda acusar al progresismo de relativista. Porque si hay algo peor que ser relativista es ser nihilista y Trump lo es: el presidente de los Estados Unidos es un «hombre blanco», primitivo, impulsivo y hasta misógino. Es casi como la caricatura de lo que al progresismo no le gusta, es el hombre ideal al cual pegarle y sobre el cual arrojar culpas.

    A pesar de que no están en el gobierno, la agenda progresista ha avanzado de forma contundente estos últimos años y ello ocurre en parte porque la presencia de Donald Trump los motivó a echar mano de los medios que tienen para impulsar su agenda: el cine, la cultura, la academia e incluso hasta los deportes. Tal vez el filósofo esloveno Slavoj Zizek no se equivocaba tanto en 2016 cuando decía que si fuera estadounidense habría votado por Donald Trump, no porque le mereciera la más mínima simpatía, sino porque haría a los partidos políticos y a su oposición replantearse. Y no es como que los demócratas se hayan replanteado mucho, pero los movimientos progresistas sí que lo hicieron.

    Si hubiera ganado Hillary Clinton, es posible que el progresismo estadounidense continuara manteniendo una postura autocomplaciente pensando que ya viven en un país idílico liberal-progresista donde un negro y una mujer ya fueron presidentes.

    No sé qué reacción habría ocurrido con el asesinato de George Floyd, seguramente también habríamos visto manifestaciones e indignación, pero la presencia de Trump, quien nombró a ANTIFA (un movimiento de izquierda radical) como organización terrorista, terminó más bien ayudando a las «causas progres» reafirmándolo como su enemigo. Hoy el movimiento Black Lives Matter, que ya tiene una calle céntrica en Washington con su nombre, es mucho más popular y aprobado en Estados Unidos que antes, con todo y la presencia de vandalismo y motines en las calles que, a pesar de que fue reprobado por la mayoría de los norteamericanos, dicha reprobación no se trasladó al movimiento o la causa como tal.

    El movimiento a favor de los negros no solo ha resonado en Estados Unidos, sino en muchas otras latitudes. Algo parecido podemos decir del tan polémico #MeToo que se ha replicado en varias ciudades del orbe.

    Lo cierto es que lo único que pueden lamentar los sectores progresistas es que no son gobierno. Pero esa lamentación en realidad poco debería importar para ellos porque su agenda y sus movimientos (desde aquellos moderados hasta los radicalizados) siguen avanzando y porque, en muchos sentidos, han ganado el control de la narrativa.

  • Es el Boa (y en la mañanera, lo saben, lo saben)

    Es el Boa (y en la mañanera, lo saben, lo saben)

    Es el Boa (y en la mañanera, lo saben, lo saben)

    En un ensayo, el filósofo y semiólogo Umberto Eco hablaba sobre la necesidad imperiosa que tienen los regímenes y las culturas de crear un enemigo sobre quien pueden descargar sus debilidades y faltas. Si no se tiene un enemigo entonces habría que crearlo. A través de dicho enemigo una entidad se reafirma y termina por crear su identidad porque así se distingue favorablemente del otro. Sus virtudes lo son en relación con los defectos del otro. El enemigo, decía Eco, tiene que ser feo, porque lo feo y malo contrasta con lo que es bello y bueno.

    Así como los villanos de las películas suelen ser feos, el enemigo que la 4T ha tratado de crear también lo es. No necesariamente lo es en lo meramente estético, sino más bien en lo ético y en lo moral: los conservadores, la mafia del poder, los corruptos que se contrastan con el pueblo bueno y honesto que guarda dentro de sí valores ancestrales y de los cuales López Obrador funge como representante.

    Ello ayuda a explicar muy bien lo que ocurrió en la mañanera, donde se presentó un supuesto documento de una, valga la redundancia, supuesta organización llamada BOA (Bloque Opositor Amplio) donde se amalgaman todos los sectores de oposición, que busca quitarle las cámaras a AMLO en el 2021 y removerlo del poder en 2022 a través de una revocación de mandato.

    Son parte del BOA, dice el documento, organizaciones empresariales como el Consejo Coordinador Empresarial, Coparmex, FEMSA, FRENA (de Gilberto Lozano), los gobernadores que no son de MORENA, legisladores de oposición, consejeros del INE, los magistrados del TEPJF, partidos políticos que no son MORENA ni sus satélites (PVEM, PT, PES), Vicente Fox, Felipe Calderón, medios de comunicación como Reforma, El Financiero, El Universal y hasta Proceso e incluso la prensa extranjera. También lo son periodistas y opinadores como Loret de Mola, Brozo, Denise Dresser, los Krauze y casas encuestadoras como Consulta Mitofsky, Buendía y Laredo, Parametría y demás.

    Básicamente todo lo huela o parezca oposición está en ese documento.

    Es evidente la intención del gobierno al presentar este documento, que por cierto no está bien hecho y contiene errores. El objetivo es encasillar a la oposición o a quien no es afín a la 4T en una sola cosa para darle forma a ese enemigo. Hasta hoy, López Obrador ha tenido problemas para construir un enemigo claro que le ayude a reforzar su movimiento. La oposición está muy desarticulada e incluso políticos como Felipe Calderón no son por sí mismos suficientes para construir ese rival idóneo del gobierno.

    Los adjetivos peyorativos, aquellos significantes como «fifí, conservador o mafia del poder» pueden pecar de ambiguos o muy abstractos. Puede no quedar muy claro quien es fifí o conservador. En cambio, al construir una entidad más concreta cuyos componentes son identificables (nombres de empresas, medios de comunicación, periodistas) el enemigo se vuelve más visible.

    Pero no solo tiene ese propósito, ya que por medio de esta entidad concreta se pretende eliminar de su heterogeneidad a la oposición para así poder señalarla o encasillarla. Por eso no se habla de ciudadanía sino de pueblo, y así como el pueblo es bueno, los demás, los que no son pueblo, los que se oponen, son lo malo. Así, AMLO reduce algo tan complejísimo y diverso que es la sociedad mexicana a una oposición binaria donde el individuo es anulado y colectivizado. Tu identidad se define con relación al polo al que perteneces: eres AMLO o antiAMLO.

    En aquella entidad, «el otro» o «el opuesto» están los que no son afines en la 4T. Ya dijo el propio AMLO que es «hora de tomar posturas claras»; es decir, de definirse y tomar postura en esa escala binaria. No importa si eres honesto o corrupto, pero si eres opositor al final recibes la carga del significante retórico y demagógico donde se te atribuyen un cúmulo de defectos que te convierten en «parte del enemigo»: si no estás con AMLO no quieres a México, no quieres que las cosas cambien, eres neoliberal, defiendes a los privilegiados.

    Pero basta dar un repaso a ese documento para percatarse de la trampa:

    ¿Por qué un ultraderechista como Gilberto Lozano y alguien como Denise Dresser podrían aliarse en una «intentona golpista»?

    Si el PAN y México Libre aparecen ahí ¿entonces Felipe Calderón ya hizo las paces con el PAN y con sus archirrivales Ricardo Anaya y Marko Cortés? Lo dudo mucho.

    ¿Por qué un diario de izquierda como Proceso se aliaría con entidades empresariales y políticas a los cuales ha criticado sin cesar en sus páginas?

    Lo más grave es que, en el hipotético caso de que ese documento fuera verdadero, ello no tendría nada de malo. Por más chocante que pueda parecer a algunos de sus seguidores, eso sería un acto completamente democrático porque están ejerciendo sus derechos de participación ciudadana. Según el texto propuesto ni siquiera hay alguna propuesta que esté fuera de la ley (como promover un golpe de Estado).

    Este tipo de amagues deberían preocuparnos. Un Estado que busca encasillar y estigmatizar a la oposición para así debilitarla es un acto autoritario. No solo porque se trata de una falacia, sino porque, a la vez, cuestiona y ridiculiza el derecho que tiene la oposición para organizarse y oponerse al gobierno.

  • ¿Por qué reprimieron a los manifestantes en Guadalajara?

    ¿Por qué reprimieron a los manifestantes en Guadalajara?

    ¿Por qué reprimieron a los manifestantes?

    En Guadalajara vivimos uno de los días más oscuros.

    Todo empezó con el asesinato de Giovanni, quien había sido levantado y asesinado por la policía. De esto escribí hace algunos días. Y si bien ello ocurrió ya hace un mes, la opinión pública se acababa de enterar del hecho.

    A raíz de esto, se organizaron una serie de manifestaciones en la ciudad. La primera fue a las afueras de Palacio de Gobierno. Había razones de peso para indignarse.

    Las cosas comenzaron a descontrolarse. Algunas unidades de policía fueron incendiadas y lo que a uno le rondaba por la cabeza es que la ola de motines provocada por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos había llegado a México. Ambos casos concordaban en ser abusos policiales que derivaron en la muerte de una víctima y que se transformaron en protestas multitudinarias, muchas de ellas pacíficas, junto con otras donde el vandalismo y los saqueos se hacían presentes.

    Sin embargo, se puede percibir cuando aquellos que son parte de los motines están ahí producto de la indignación y cuando son «vándalos profesionales» enviados por algún interés específico. Varios de los «vándalos» no se veían precisamente enojados, parecía que estaban haciendo algún trabajo.

    Es importante entender el contexto en el que hay una gran tensión política entre el Gobierno Estatal (Enrique Alfaro) y el Gobierno Federal (Andrés Manuel López Obrador). Desde el inicio del sexenio ha habido pique entre ambas figuras, las cuales se acrecentaron con la pandemia donde Alfaro logró capitalizar el conflicto a su favor.

    Lo que vimos estos dos días se explica, en gran medida, por este conflicto donde hay muchos intereses políticos en juego: Enrique Alfaro aspira a ser Presidente de la República, mientras que él se ha convertido en una de las muy pocas figuras políticas de oposición en el país que tienen cierto peso. López Obrador está urgido de neutralizar el liderazgo de Enrique Alfaro mientras que este último está urgido de ungirse como el opositor que se opone a la 4T en aras de construir su candidatura a la presidencia y que es es, el día de hoy, una de las muy pocas cartas que la oposición tiene para poder competir en 2024.

    No solo eso, Enrique Alfaro es uno de los pocos políticos capaces de construir narrativas que atraigan la atención del electorado, que puedan generar mensajes de esperanza y, por tanto, que puede competir con la poderosa narrativa de la 4T. Para ello tiene agencias de comunicación como Indatcom y La Covacha que fueron cruciales en su ascenso como figura política.

    Vaya, hay muchos intereses inmiscuidos en este conflicto y que trascienden los intereses propios de Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador.

    Estos intereses explican que, después de lo ocurrido el primer día de las manifestaciones donde circularon tanto videos de detenciones arbitrarias así como de un vándalo que cobardemente prendió fuego a un policía, Enrique Alfaro afirmara que esto se había organizado desde los sótanos del poder del Gobierno Federal. Directamente culpó al gobierno de López Obrador por lo ocurrido:

    Es posible que el Gobierno Federal haya tenido algo que ver con esto si comprendemos el contexto en el que todo esto se llevó a cabo, hay algunas evidencias que sugieren esa hipótesis. Es posible que Alfaro llegara a tener algo de razón (que algunos de los vándalos hayan sido enviados para buscar deslegitimar a su figura). Lo que tenía que hacer Enrique Alfaro era no caer en la provocación.

    El problema es que cayó.

    Hasta este momento las cosas no iban tan mal para él. Se ordenó detener a los policías involucrados casi en ese mismo momento para evitar que esto se le convirtiera en su «Ayotzinapa», pero la comunicación de Alfaro no estaba siendo muy asertiva (y no es la primera vez que ocurre). Alfaro pudo comprometerse a combatir de fondo el problema del abuso policial y mostrar empatía, pero no lo hizo y ello generó más bien indignación. Se le veía notablemente molesto ante las cámaras. Mandaba mensajes confusos donde en las ruedas de prensa se veía visiblemente enojado con los manifestantes con los cuales después dijo empatizar.

    Uno de los talones de aquiles de Enrique Alfaro es su carácter, es una persona que se enoja fácilmente y que puede perder la cordura. Si el Gobierno Federal tuvo algo que ver con lo ocurrido, seguramente sabían de este detalle y sabían que podían darle «por ahí» para sacarle provecho. Alfaro se estaba volviendo muy incómodo para los intereses del poder político al mostrarse como quien sí estaba actuando de forma responsable ante la pandemia y como quien sí levantaba la voz y «tenía muchos huevos».

    El día siguiente fue uno de los días mas oscuros en la historia moderna de la ciudad y, por tanto, uno de los días más oscuros de su gestión. Un día antes, Alfaro, visiblemente molesto, recriminó que se manifestaran también ese dia cuando los responsables ya habían sido detenidos. Era muy visible la molestia del gobernador con la protesta que se llevaría a cabo en la fiscalía.

    ¿Qué pasó? Nos enteramos que varios manifestantes (inocentes y que no habían hecho nada) habían sido levantados y abandonados en colonias peligrosas por el Cerro del Cuatro (varios de los levantados no han aparecido al tiempo en que escribo esta columna). Algunos fueron golpeados y agredidos (agresiones que fueron documentadas en video) de forma arbitraria por policías vestidos de civiles como lo muestran varios testimonios aquí y aquí. Incluso figuras de talla internacional como Guillermo del Toro mostraron indignación ante lo ocurrido y solicitaron liberar y encontrar a los que fueron arbitrariamente levantados.

    Todo esto ocurría mientras en Twitter se promovía el hashtag #AlfaroParaPresidente, uno con un timing muy inoportuno y que fue aprovechado por sus detractores.

    ¿Cuál fue la respuesta de Enrique Alfaro? Acusar a la Fiscalía de «no haber hecho caso a sus indicaciones» y haber actuado con brutalidad. Básicamente se deslindó de lo ocurrido. El problema es que cualquiera de las dos hipótesis que se pueden esgrimir a partir de sus declaraciones lo dejan mal parado. Una evidentemente sugiere que sí tuvo algo que ver y la otra lo deja ver como alguien que no tiene control de sus fuerzas de seguridad.

    Lo triste es que decenas de manifestantes inocentes y pacíficos pagaron el precio de recibir las «balas perdidas» del conflicto entre el gobierno de Enrique Alfaro y el de Andrés Manuel López Obrador. A muchos de ellos les coartaron su derecho a la libertad de expresión, manifestación y movilidad. En un acto de autoritarismo, fueron brutalmente reprimidos por quienes dicen ser las fuerzas del orden y varios de ellos, en el momento que escribo este artículo, no han aparecido:

    El conflicto es evidente y basta darse una vuelta por las redes para constatarlo. El alfarismo y la oposición de López Obrador intentan mostrar a un Alfaro que se resistió al «embate autoritario» del Gobierno Federal, narrativa que hasta antes de la manifestación de ayer estaba funcionando relativamente bien. Por el contrario, el pejismo ha tratado de mostrarlo como un intolerante, fascista y represor mientras que se han deslindado completamente de lo ocurrido.

    Hasta el día de ayer, la primera narrativa tenía más peso, pero lo ocurrido hoy fortaleció la segunda.

    Alfaro pudo salir avante de este conflicto, pudo haberlo capitalizado a su favor, pero lo ocurrido ayer junto con sus imprudentes y confusas declaraciones lo puso en una situación muy comprometedora en aras a sus ambiciones políticas.

    Dicen que el que se enoja pierde. Hoy fue Alfaro el que se enojó y el que dejó que las cosas se le salieran de control. Es cierto que en política las narrativas suelen «crear la realidad» y el impacto sobre Alfaro o el gobierno de AMLO dependerá también del trato que se dé a lo ocurrido de forma que se pueda capitalizar. Lo cierto es que en esta batalla por la narrativa, con lo de ayer, Alfaro quedó en desventaja. Hoy mucha gente está muy molesta con él por lo ocurrido y es muy posible que se lo recuerden en campaña (independientemente de que hubiera tenido algo que ver o que hayan actuado así sin su permiso).

    Y quienes pagaron los platos rotos por el conflicto fueron personas inocentes.

  • La marcha y por qué la oposición está tan dividida

    La marcha y por qué la oposición está tan dividida

    La marcha y por qué la oposición está tan dividida

    La sociedad mexicana es una muy estratificada. La marcha y las reacciones a ella lo dejaron bien en claro.

    Se piensa que México está polarizado entre “fifís” y “chairos”. Esa es polarización que ha promovido AMLO y en la que sus opositores han caído cayendo inconscientemente. Pero es falso pensar que la sociedad está dividida de tal forma y que esa oposición meramente binaria explique todas las diferencias culturales, ideológicas o de clase.

    La sociedad en realidad está estratificada y dividida en diversas formas, y dicha estratificación es más notoria en la oposición que en los afines a López Obrador donde las diferencias no parecen ser un problema para alinearse con la 4T.

    No me podría explicar de otra forma que la marcha que ocurrió este sábado (donde manifestantes salieran a pedir la renuncia de López Obrador en sus coches) generara tanta resistencia, crítica y burlas incluso de un sector de la oposición. Esto, con todo y que fue una marcha donde la gente está genuinamente preocupada.

    A algunos les molestó (aquí incluyo a personajes como Enrique Krauze, Luis Carlos Ugalde o hasta el propio Felipe Calderón) que la gente pidiera su renuncia porque va contra la democracia y la institucionalidad. En el “intelectualismo” opositor no les pareció adecuada una manifestación que no se centrara en críticas específicas, reprochan que en vez de criticar tantas cosas que están ocurriendo con este gobierno se centran en que “nos van a llevar al comunismo y nos van a convertir en Cuba”. No es un secreto que Gilberto Lozano, una de las cabezas de estas marchas, ha promovido una retórica muy visceral y populista, con la cual pretende agitar las emociones.

    Varios de ellos temen que estas manifestaciones terminen alimentando la polarización promovida por el gobierno y se alimente un discurso de lucha de clases. En lo particular, creo que si no se tienen puentes (lo que explicaré más adelante) ese riesgo sí existe, y sería peligroso llegar a esas instancias.

    Aquí queda patente una estratificación entre los “académicos y los intelectuales de la política” y la “gente común”. Los primeros hablan de cosas más concretas como democracia, deterioro institucional, economía mientras que los segundos apelan más a conceptos retóricos como “nos van a llevar al comunismo” o el “Foro de Sao Paulo”. Es evidente que los primeros tienen una mayor compresión de los fenómenos políticos y sociales (es su área de expertise), pero habrá entonces qué tender puentes con los segundos para evitar que puedan ser objeto de discursos incendiarios con intereses dudosos (Gilberto Lozano viene otra vez a colación).

    La estratificación socioeconómica es aún más evidente. La mayoría de las personas que salieron a manifestarse (no absolutamente todas, aclaro) viene de posiciones relativamente acomodadas. Aunque se optó por usar automóviles por efectos de la pandemia y la sana distancia, el ver varios automóviles lujosos o del año generó la percepción de que se trataba de una “marcha de privilegiados” que se complementa con lo visto en otras marchas de los mismos colectivos donde personas marchaban con viseras y lentes para el sol. Existe la percepción de que la gente de la clase acomodada vive en su microcosmos y que entiende la política desde éste: “coincidimos en criticar a AMLO, pero ellos solo están pensando en cómo le afectan a ellos” suelen pensar algunos.

    Esto último podría explicarse por el recelo que existe entre los distintos estratos. No es falso que, tiempo atrás, algunos de los ahora manifestantes estaban en contra de las manifestaciones, pedían que se regularan porque causaban tráfico y hasta llegaran a decir que “mejor ponte a trabajar, el cambio está en uno mismo”. El hecho de que los otrora manifestantes vean que ahora son ellos tomen las calles, con las muestras de inexperiencia que implica ser “manifestantes primerizos”, les genera resistencia.

    La marcha y por qué la oposición está tan dividida

    Después vienen las estratificaciones culturales, ideológicas y generacionales. La oposición lopezobradorista no tiene una afinidad ideológica afín. Algunos son conservadores, otros son liberales o progresistas. Los “grandes” suelen ser más conservadores que la gente joven. El discurso suele ser distinto. La gente grande, seguramente producto de haber vivido en tiempos de la Guerra Fría, habla sobre cómo es que “AMLO nos va a llevar al comunismo”; la gente joven no suele adoptar tanto dicho relato y le parece un tanto extraño, o como «de señor», como a veces dicen ellos.

    El hecho de que los grandes tiendan a ser más conservadores y los jóvenes más liberales hace que estos últimos muestren resistencia para incluirse en estas marchas. Si bien, al parecer fueron más jóvenes a esta marcha que a otras, lo cierto es que, en su mayoría, son gente grande la que las organiza y la lleva a cabo. Muchos se la piensan dos veces antes de juntarse con aquellos que también van a la marcha del Frente Nacional por la Familia y que suele pensar que la “agenda progre” es la misma “agenda que nos va a llevar al comunismo”, aunque es más que evidente que los líderes populistas de América Latina (que, con excepción de Cuba, no son en sí comunistas) tienen poco de progresistas y en no pocos casos suelen ser conservadores en temas sociales.

    Todo esto es un problema para que la oposición logre conformar un frente amplio que funja como contrapeso ciudadano a López Obrador. Las estratificaciones generan resistencia y en eso el oficialismo lleva ventaja ya que las estratificaciones que puedan existir dentro de los simpatizantes lopezobradoristas no son un problema.

    Aunque López Obrador ha perdido mucha popularidad, ésta sigue siendo considerable y homogénea. La oposición, en términos cuantitativos, es, al día de hoy, menor en tamaño; y lo peor es que está muy estratificada de tal forma que no ha logrado formar un solo frente. Líderes de ultraderecha como Gilberto Lozano, si bien tienen una capacidad de convocatoria y organización, se vuelven un serio problema a la hora de querer hacer que dicha oposición trascienda. Tienen presencia en muchas ciudades, pero dentro de ellas no logran crear grandes aglomeraciones que incomoden al gobierno en turno.

    Si se quiere formar una entidad opositora lo suficientemente grande como para que el gobierno sienta presión, deberán tenderse puentes entre los distintos estratos. Deberán, como entidad, dejar de lado temas donde no puedan existir puntos en común (los temas de género son un caso) y centrarse simplemente en los puntos de acuerdo. Tender puentes es una tarea muy difícil, implica “incluir al otro”; implica que una feminista y una señora en favor de la familia natural tendrán que tolerarse lo suficiente como para ir juntos en la causa opositora y dejar de lado, para estos efectos, sus posturas ideológicas en torno a estos temas.

    Tender puentes es importante, porque al mostrar que la oposición es heterogénea pero, a su vez, está unida, podrán en entredicho la narrativa binaria de «nosotros» contra «ustedes». El que muchas personas que piensan distinto puedan unirse rebatirá esa parte de la narrativa lopezobradorista que dice que toda la oposición es conservadora o que quiere que «todo se mantenga igual». Es justo esa heterogeneidad la que puede ser un gran arma, no solo para crear un frente que se vuelva un problema para el gobierno, sino para combatir las intentonas de polarización de su gobierno.

    Importante también es dejar de estigmatizar o reprochar a los que votaron por AMLO. Aunque muchos consideremos que fue una decisión errónea (como si nosotros no pudiéramos cometer errores), lo hicieron en plena libertad como parte del ejercicio democrático y el mandato debe ser respetado. Muchos de ellos están arrepentidos y habría que sumarlos.

    La gente tiene derecho a manifestarse como sea, y celebro que los que antes no salían a las calles ahora lo hagan, eso es un avances desde cualquier perspectiva. Pero el mensaje es importante, reconocer estas estratificaciones lo es, porque si no se hace, será complicado generar una oposición que realmente incomode al gobierno.

    Y recordemos el día de hoy este gobierno no tiene una oposición, tanto que es el gobierno el que tiene que inventarse enemigos.