Categoría: política

  • Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    Las oposiciones que comienzan a acorralar a AMLO

    A López Obrador se le ocurrió retar a los de FRENAAA. Posiblemente observó que las casas de campaña estaban vacías y que bastaba darles un «zape» para quitárselos de encima.

    Les dijo que si lograba juntar 100,000 personas él renunciaba.

    Ciertamente no los juntaron. FRENAAA dice que sí, pero haciendo un análisis de la gente que llegó al Zócalo (a través de webcams de México) es muy difícil que hayan llegado a esa cifra. Algo común en las manifestaciones (de cualquier tipo y naturaleza) es la tendencia a exagerar el número de asistentes por parte de los organizadores y a minimizarla por parte de las autoridades.

    Pero sí fue mucha gente, la suficiente para llamar la atención y atraer los reflectores. Al menos sí fueron más de 50,000 y para rematar llenaron de casas de campaña la otra mitad del Zócalo. La cifra no es nada despreciable. Mostraron músculo y eso es algo que no debe tener tranquilo a López Obrador.

    Los de FRENAAA se organizaron en solo dos semanas, mandaron gente de todos lados y lograron formar un contingente lo suficientemente grande para llamar la atención.

    Y ver ese contingente opositor en el Zócalo hace que se ponga la piel chinita a quienes estamos preocupados por el rumbo del país.

    Ningún Presidente (el más cercano había sido Peña Nieto) se había enfrentado a tantas expresiones opositoras: por un lado las feministas que, en el contexto del Día Internacional de la Mujer, le bajaron algunos puntos de popularidad y se han vuelto un hueso duro de roer ya que pusieron a la izquierda progresista en su contra. Por otro lado, los de FRENAAA que este sábado mostraron que algo hay de músculo y que no son un simple colectivo a despreciar.

    Y no solo eso, también existe una oposición latente a la cual solo le falta organizarse: la de los académicos, los científicos y artistas que se han visto afectados por el desprecio de este gobierno a la ciencia.

    Algo se está moviendo.

    Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas.

    El problema que tiene la oposición es que es muy heterogénea. Eso la deja en desventaja frente a la homogeneidad del lopezobradorismo (vaya, no es que sean iguales entre sí pero su simpatía con el régimen borra todo lo demás). Veo casi imposible que FRENAAA y los colectivos feministas logren tender puentes porque las discrepancias ideológicas entre las últimas y muchos (no necesariamente todos) de los integrantes del primero son abismales.

    El sector intelectual, más distribuido en el centro político (aunque por lo general hay un poco más en la centro-izquierda que en la centro-derecha), ve con cierto escepticismo a FRENAAA por las posturas duras muy a la derecha de sus líderes como Gilberto Lozano (aunque no dejan de reconocer los esfuerzos opositores de los ciudadanos que salen a las calles).

    Dije anteriormente que el sector intelectual es una oposición latente porque sus intereses han sido trastocados y los incentivos para organizarse existen. Al sector académico (parte de) que puede aportar con su conocimiento le falta saber comunicarlo a la gente común. Hoy en día, los intelectuales se recluyen en las redes firmando peticiones de change.org y firman plebiscitos, pero les falta conectar con las masas.

    Alguien que sí está haciendo este esfuerzo y de una forma muy valiosa es Max Kaiser. Necesitamos más intelectuales así, que ayuden a politizar a las masas de una forma positiva y productiva.

    FRENAAA ha venido creciendo, pero también tiene dos problemas:

    Primero, su mayor activo es, a la vez, su mayor problema. La retórica visceral de Gilberto Lozano atrae a cada vez más personas de ciertos sectores (la mayoría personas de clase media y alta mayores de edad) pero ahuyenta a otros. Es cierto que ha crecido, pero puede y debería crecer todavía más. Un líder que sea aguerrido y combatiente pero que no caiga en discursos demagógicos y lugares comunes podría ser un mejor activo para este tipo de movimientos.

    El segundo es un problema de enfoque: es una obviedad que López Obrador no va a renunciar y es cierto que no basta con reunir mucha gente (los venezolanos lo saben muy bien), ese discurso a veces los vuelve presas de la narrativa de López Obrador, quien más de una vez aprovechado la situación. El sentimiento de pertenencia, la colectividad y el júbilo dentro de una manifestación son cosas que se gozan, pero también pueden ser algo engañosas cuando se trata de comprender el entorno y adaptarse a él.

    La oposición sería más provechosa si se enfoca en ejercer presión sobre aquellas decisiones (reformas, políticas) que representen una amenaza para el futuro democrático del país. Ahí FRENAAA ha estado ausente: el intento de cooptación del INE, la eliminación de los fideicomisos para acumular poder o la cooptación de la corte.

    FRENAAA y estos grupos opositores basan su activismo en el libro «De la Dictadura a la Democracia» de Gene Sharp. Es un libro que leí hace ya varios años y me agradó bastante. El problema es que el conocimiento de este libro aplica cuando una dictadura ya ha sido instaurada y no existen mecanismos democráticos o institucionales para restar poder a un gobierno. En nuestro caso estamos en un proceso de regresión autoritaria que se debe evitar.

    Digamos que FRENAAA se está adelantando a los hechos y por ello ha estado ausente de estos momentos tan cruciales. El discurso simple de Gilberto Lozano atrae gente pero, al mismo tiempo, le resta mucha precisión a la hora de abordar los temas y vuelve a su activismo menos efectivo.

    Por último, las organizaciones feministas son un punto aparte porque su fin último no es oponerse a AMLO, pero se oponen a él por su conservadurismo y su desprecio a la violencia de género. Igual que ocurre con FRENAAA, estos colectivos no pueden atraer a un sector de la población debido al activismo de las células más radicales (que incluye vidrios rotos y pintas en monumentos). La diferencia es que las feministas no tienen interés alguno en convertirse en «la oposición contra AMLO» (aunque lo son de alguna manera) ni mucho menos buscan que todos se sumen a las marchas, cosa que FRENAAA sí busca.

    Sería un poco iluso esperar que todos estos colectivos se junten en una sola masa: a veces las diferencias ideológicas se vuelven insostenibles y poco se puede hacer al respecto. Sin embargo, organizaciones como FRENAAA sí pueden plantearse cómo atraer a esa gente opositora que hoy se mantiene escéptica: gente más joven, gente de otros estratos sociales que hoy son minoría en este colectivo e incluso otros colectivos que decidieron ir por su cuenta porque no les agrada el liderazgo de FRENAAA (chalecos amarillos y similares). Ello también le ayudaría a crear puentes, por ejemplo, con los sectores intelectuales y académicos que hoy prefieren mantener distancia.

    Como sea, hay algo que se está moviendo. La oposición partidista ha dejado un grande vacío a la hora de dejar el poder y algo lo tiene que llenar. Los diferentes colectivos (de izquierda y de derecha), los sectores académicos y empresariales parece que están despertando y se han dado cuenta que ese vacío tiene que llenarse de alguna forma.

  • El peor debate del imperio estadounidense

    El peor debate del imperio estadounidense

    El peor debate del imperio estadounidense

    Me molesté en ver el primer debate presidencial de Estados Unidos.

    Lo que vi fue horrible.

    Es más, ni siqiuera recuerdo debates presidenciales de México con un nivel tan bajo, tan frívolo y decepcionante.

    Los formatos de debate que tanto apreciamos y exigimos en México, esos que son abiertos y que permiten interrupciones, hoy jugaron en contra.

    Es que la verdad el debate fue trágico. El debate del imperio todavía dominante fue un show frívolo, con un contendiente convertido en un bully (y que para desgracia de Estados Unidos es presidente) frente a un demócrata sin energías ni agilidad mental como lo es Joe Biden.

    La cacofonía, las interrupciones y los señalamientos personales hicieron gala de presencia mientras que el intercambio y contraste de ideas quedó en un segundo plano. Lo que vimos fue un talk show lamentable que posiblemente disfrutaron Xinping y Vladimir Putin desde la comodidad de su hogar. Ver esta tan lamentable puesta en escena no hace nada más que reflejar la decadencia del imperio estadounidense, tal cual circo romano en tiempos de Calígula.

    Sí, Trump dominó la mayor parte del debate, metió a Joe Biden en su juego. Ocurrió lo que muchos temíamos que iba a ocurrir.

    Pero que Trump haya dominado no significa que haya ganado. Una persona que hace de la mentira, la humillación, la difamación y la descortesía sus armas de debate, no debe poder ser declarado nunca ganador.

    Sus constantes interrupciones son clara señal de su perfil autoritario, autoritarismo que hasta hoy ha sido contenido por los checks and balances del sistema estadounidense.

    Entonces es como ganar con trampa, y eso no es ganar. También es perder.

    Pero decir que es como ganar con trampa no significa que deba quedar una sensación de que a Biden le hayan arrebatado algo. Biden Se vió soso, débil. Ello no es lo mejor que le haya podido pasar en esta coyuntura que vive Estados Unidos donde la gente espera ser gobernada por alguien con entereza y que muestre capacidad (tampoco creo que le vaya a afectar mucho en la contienda).

    Las encuestas post-debate no marcan a Trump como claro ganador e incluso muchas le dan el triunfo a Biden. La respuesta es simple y está muy marcada por los sesgos políticos de los electores: los trumpistas vieron a su candidato dominar y tener el control del escenario frente a un candidato débil, los demócratas vieron a Biden defendiéndose de Trump, quien escupía mentiras y no se deslindaba de los grupos extremistas.

    Dicen que los debates en realidad no afectan mucho las preferencias electorales y es muy posible que este debate no lo haga. No parece haber habido siquiera algún elemento que pueda cambiar el rumbo de la elección. El debate fue previsible, las formas, los ataques. Trump fue Trump, Biden fue Biden.

    Lo que sí puedo decir es que este debate no es digno de una potencia como Estados Unidos, tan solo refleja la decadencia del imperio estadounidense la cual ocurre de forma lenta y progresiva pero que es, a la vez, muy evidente.

  • ¿Existe la libertad de expresión en México?

    ¿Existe la libertad de expresión en México?

    ¿Existe la libertad de expresión en México?

    López Obrador se puso a contar el número de columnas y reportajes favorables y desfavorables al régimen en cada uno de los diarios de mayor circulación: — En El Financiero ayer por ejemplo, una columna a favor, tres neutrales y nueve en contra. El Universal, que están muy enojados… cero positivas, dos neutrales y diez en contra.

    A mí me preocuparía más que el dato fuera el opuesto, que fueran diez a favor y dos en contra ya que eso sería patente del férreo control que el gobierno tiene sobre los medios.

    El papel de la prensa no es el de ser un mero vocero del gobierno, para eso el propio gobierno tiene sus canales oficiales. El papel de la prensa escrita es la búsqueda de la verdad, y en ese sentido, poder fungir como una suerte de contrapeso hacia el gobierno.

    No es como que columnistas o editorialistas no puedan o no deban escribir cosas favorables: es válido y es normal cuando el medio en cuestión tiene afinidad ideológica con el propio gobierno (por eso AMLO no mencionó a La Jornada, donde seguramente la mayoría de los contenidos son favorables), pero se espera que en la prensa haya una pluralidad tal que existan varios medios que sean muy críticos con el régimen. La libertad de prensa es un valor intrínseco de la democracia.

    Con toda esta pluralidad y el sesgo propio de los medios con relación a su afinidad ideológica (algo natural, sobre todo en los columnistas), el buen o mal desempeño de un régimen termina reflejándose de una u otra forma en la reacción de la prensa: si el gobierno está, objetivamente, teniendo un buen papel, tendrá un poco más de columnas favorables y, a la inversa, si el desempeño es malo, el número de columnas desfavorables será mayor.

    Y la verdad es que este régimen ha tenido un desempeño bastante pobre. Habrá columnistas que ciertamente buscarán señalar siempre lo malo del régimen por convicciones ideológicas más que por los hechos y esos no van a cambiar, pero hay muchos otros que estarían muy dispuestos a reconocer el buen desempeño del régimen y que hoy se han vuelto muy críticos por los malos resultados: Carlos Bravo Regidor, a quien el propio López Obrador acusó de escribir mal contra él es un claro ejemplo.

    Dice AMLO que es falso que no haya libertad de expresión. Tiene razón, en México ese derecho existe. Y si bien su existencia es precaria (sobre todo si hablamos de los periodistas asesinados y el narcotráfico), el día de hoy cualquier persona puede criticar al Presidente.

    Lo que preocupa es que ese afán de López Obrador por atacar a la prensa puede interpretarse como un aviso, como una amenaza. El acto de atacar a la prensa no constituye por sí mismo un ataque a la libertad de expresión en tanto no incluya medidas coercitivas (de forma directa o indirecta), pero sí prende las alarmas, porque una figura pública que ataca constantemente a la prensa es una persona que puede tener incentivos para ejercer coerción contra ella, e incluso ya hemos presenciado ataques con alguna forma de coerción como lo ocurrido con Nexos. Una cosa es que el mandatario se defienda ante las acusaciones, otra cosa es que espere que la prensa sea servil al gobierno y que cualquier crítica levante sospecha.

    Porque lo que hace López Obrador no es tanto defenderse de acusaciones puntuales sino tratar de estigmatizar a la prensa como conservadora, que no quiere al país y quiere atacar al regimen, algo similar a lo que hace Donald Trump con la prensa estadounidense.

    Le interesa estigmatizarla para ubicarla en el bando de los enemigos, ahí con «la mafia del poder», los conservadores, el PRIAN, Calderón y FRENAAA (el movimiento populista de derecha al cual su gobierno le da «mucha importancia» deliberadamente para hacer pensar que la oposición moderada comparte su radicalismo).

    A AMLO no le conviene decir que la prensa es heterogénea, ni le conviene decir que la prensa no es lo mismo que el PAN ni mucho menos que FRENAAA, porque así engloba a las distintas oposiciones dentro del mismo significante que representa a un único adversario, al cual pinta como privilegiado, minoritario y opuesto a «los intereses del pueblo».

    Sí, por supuesto que existe libertad de expresión y hasta el día de hoy no ha sido más vulnerada que en los regímenes anteriores. Es cierto, sin embargo, que quienes ejercen ese derecho tienen todo el derecho a prender las alarmas al ver los constantes ataques del régimen hacia la prensa.

  • FRENA y AMLO

    FRENA y AMLO

    FRENA y AMLO

    Aquí en este espacio he sido más bien crítico con FRENA: me preocupa el liderazgo demagógico que lo encabeza, y critico el hecho de que no tengan propuesta o agenda alguna y solo se limite a ser un movimiento reactivo a López Obrador. A pesar de que siempre he mantenido distancia con ese movimiento, reconozco la causa genuina de los ciudadanos que se han integrado para manifestarse en contra de AMLO (no sin advertir algunas manifestaciones de fanatismo que he visto en ese movimiento).

    Hasta el día de ayer, FRENA no había sido problema alguno para el régimen. Incluso los grupos feministas que no tenían como fin último oponerse a AMLO habían afectado más su imagen haciéndole perder algunos puntos de popularidad.

    No lo había sido porque FRENA no había logrado trascender sectores específicos que siempre habían sido los opositores más férreos contra López Obrador y porque su líder, Gilberto Lozano, ahuyentaba a mucha gente que también se encuentra inconforme con el régimen, pero que no le gustaba su perfil demagógico y estridente.

    FRENA tiene presencia en muchas urbes de México, pero hasta hoy no ha logrado convocar en ninguna de éstas a una cantidad de gente tal que pueda preocupar al régimen.

    Además, se corría el riesgo de que el movimiento terminara diluyéndose, ya que FRENA prometía algo que no puede cumplir y es hacer que AMLO renuncie. FRENA se estaba estancando, ya no crecía en número y algunas «tomas de plazas» lo habían dejado patente. Incluso la presencia de FRENA podía fortalecer la narrativa de AMLO: «toda la gente va en auto, son fifís».
    Sin embargo, lo que ocurrió en la CDMX le dio nuevos bríos al movimiento.

    No pueden hacer que AMLO renuncie, pero sí pueden desgastar su imagen y esta vez lo hicieron muy bien.

    El Zócalo es un lugar sagrado para López Obrador, es parte de su espacio vital y no iba a dejar que lo ocuparan. Ir a ocuparlo era una clara provocación, y para evitar que eso pasara necesariamente tenían que violar uno de los derechos fundamentales: la libertad de manifestación. Cualquiera de los dos escenarios era incómodo: 1) que tomen el Zócalo, 2) violentar el derecho a la libre manifestación (más cuando hablamos de un régimen que se construyó en la calle y las plazas).

    Algunos argumentaban que no se permitió el acceso al Zócalo por cuestiones sanitarias, aunque es cierto que a la CNTE sí le permitieron establecerse en el Zócalo.

    Aunque no haya sido «violenta» la acción del gobierno como en otros lares ni hayan metido gente a la cárcel, no deja de ser un acto de represión. Hoy a AMLO lo exhibieron como represor y autoritario y eso tuvo eco hasta en los círculos (periodistas, influencers y demás) que procuraban no hablar de FRENA por la poca simpatía que tienen con Gilberto Lozano.

    Tal vez esa haya sido la intención original, no lo sé. Pero hoy podemos decir que FRENA triunfó ya que logró asestarle un buen golpe al presidente porque hicieron una buena apuesta: desgastarlo, hacer que se equivoque y cometa errores, en vez de centrarse en promesas vacías como «obligarlo a renunciar».

    Hoy las casas de campaña se quedarán en la avenida Juárez, ahí acechando cerca del lugar de la residencia de López Obrador, como para recordarle que no todo el pueblo está con él.

  • ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo Zarco?

    ¿Por qué odias a Jerónimo?

    Hace unos días apareció en redes (precisamente en Tik Tok) un adolescente de 16 años hablando sobre comunismo llamado Jerónimo.

    El chamaco es una persona de clase media-alta y hasta ha vivido en Estados Unidos. A juzgar por sus videos y por el hecho de tener una Mac (que seguramente sus papás le dieron) sabemos que no vive mal.

    Algunos medios lo abordaron porque se les hizo curioso ver a un jovencito hablando sobre Marx, el comunismo y demás corrientes de izquierda.

    Lo que me sorprendió fue ver todo ese cúmulo de reacciones de personas atacándolo, como si esperaran que diera una opinión digno de un doctor en filosofía o ciencia política. Lo criticaron por escribir «cosas marxistas» en su Mac, por hacer aseveraciones imprecisas, porque es de izquierda o porque es uno de tantos jóvenes que se sienten atraídos por las corrientes socialistas.

    Básicamente, lo que hicieron sus haters fue crear un alboroto: esos libertarios, o de derecha o conservadores que son muy inteligentes, leídos y sabiondos. Algunos hasta pedían no darle difusión. Y esos mismos «inteligentes, leídos y sabiondos» lo terminaron haciendo mucho más famoso. ¡Ah, qué contrariedad! Les ocurrió exactamente lo mismo que ocurre con los progresistas y su némesis el conservador Agustín Laje, quien ha visto en la reacción de los primeros una forma de tener más difusión.

    ¡Pero Jerónimo solo es un adolescente!

    No, no comparto muchas de las ideas de Jerónimo. Sí, le hace falta mucho «kilometraje», le falta mucha experiencia que vivir, pero ¿cuál es el problema? ¡Es un maldito adolescente!

    ¿A poco todos sus haters eran expertos en economía o política a los 16 años? Muchos posiblemente no sabían nada de eso siquiera. Seguramente algunos ni siquiera sabían quién era Marx.

    Resulta que cuando somos adolescentes muchos creemos en utopías, soñamos con un mundo idealizado donde no exista ni la guerra, ni la pobreza ni la injusticia. Él, como buen adolescente inquieto, se involucró en algunos activismos ambientalistas, leyó a Marx y se le abrió el mundo. ¿Y qué hay de malo en eso?

    Sí, luego va a crecer. Seguramente se va a dar cuenta que algunas cosas no son como creía, que el socialismo ha sido un fracaso. Posiblemente lea Gulag Archipielago y se dé cuenta de que los experimentos comunistas resultaron muy mal. Seguramente va a obtener un trabajo, va a ganar dinero y va a pagar impuestos. Es muy posible que en el futuro tome posiciones más moderadas y matizadas (como suele ocurrir en muchas ocasiones): tal vez se convierta en un socialdemócrata, en un liberal, no lo sé.

    Pero todo ese conocimiento que está adquiriendo (aunque pueda terminar criticándolo en el futuro o termine desencantándose de sus ideales primigenios) le va a ayudar, lo va a hacer más culto. Una persona, incluso de derechas, que sabe de Marx, es más culto que una persona que conoce poco de él.

    Para meterse en el mundo de la política hay que empezar por algún lado, y él dio ese paso. La inquietud tiene que venir de algún lado, y a él le vino de la izquierda.

    Si algo reconozco, a pesar de tener fuertes discrepancias ideológicas, es que es un joven abierto. Se ve que, en su corto recorrido en su interés por la política, se ha tomado la molestia de contrastar opiniones. Se ha molestado en confrontarse con George Orwell cuya crítica al comunismo soviético es sublime. No veo en Jerónimo a alguien que se sienta que se las sabe de todas todas, ni se parece a algunos de esos izquierdistas universitarios arrogantes.

    Lo más curioso es que, con todo y que es evidente que le falta un largo camino filosófico e intelectual que resolver, estoy seguro que hay cosas que él sabe y que muchos de sus «críticos grandotes» no. Hay gente que anda treinteando o cuarenteando y se rehusa a leer a Marx, o cree que leer a Marx te va a convertir casi por antonomasia en un defensor de la URSS. ¡Por favor!

    Toda persona que esté interesado en la política tiene que leer a Marx, tiene que abrir El Capital y tiene que entender qué es el materialismo histórico dialéctico (así como creo que debe leer a Adam Smith y otros pensadores).

    Leo algunas personas preocupadas porque Jerónimo va a propagar sus ideas de «izquierda», casi como si ello fuera a implicar que su presencia va a convertir a México al comunismo, pero las ideas no se censuran, se confrontan y se rebaten. ¿Qué tiene que una persona quiera hablar sobre comunismo? ¿Qué tiene que otra quiera hablar de conservadurismo, de liberalismo, de feminismo o qué sé yo? Mientras dicha persona no tenga la intención explícita de atentar contra la dignidad de alguien más se le debe dejar hablar.

    Y mejor que sobren voces de todo a que falten. En una sociedad abierta debemos valorar la pluralidad de opiniones. Ello fomenta el debate y el contraste de argumentos, algo a lo que parece nos estamos desacostumbrando en ambos lados del espectro político.

    ¿Y si se hace famoso, qué? ¿Y si a algunos les gusta, qué? ¿Y si no sabe más que cualquier otro joven que se obsesiona con el marxismo y aún así se convierte en influencer, qué?

    Para concluir, debo insistir en que, contrario a los deseos de muchos, mientras haya libertad de opinión y democracia, siempre habrá algo así como gente de izquierda o gente de derecha. No es como que si evitamos que los jóvenes escuchen a Jerónimo la izquierda va a desaparecer y el mundo se va a volver «de derecha» (ni viceversa). Quien piense eso no sabe cómo funciona el mundo y poco entiende de la condición humana.

    ¿Cuál es el problema?

  • México Libre ¿y ahora quién va a dividir el voto opositor?

    México Libre ¿y ahora quién va a dividir el voto opositor?

    México Libre ¿y ahora quién va a dividir el voto opositor?

    Después de meses e incluso algunos años de duro esfuerzo, México Libre no logró el registro como partido.

    Los rumores y críticas abundan. Algunos (entre ellos Felipe Calderón y Margarita Zavala) aseguran que AMLO presionó al INE, otros que ello no pasó y que las razones para negarle el registro al partido tienen sustento. Pero aquí no hablaré de eso (lo dejaré para una ocasión posterior, cuando conozcamos la resolución del Tribunal al cual seguramente Margarita y Felipe acudirán).

    Lo que aquí me importa tiene que ver con las implicaciones de esta decisión en el panorama electoral, y son implicaciones que muchas personas no están viendo.

    Si se ve el asunto por encimita, si uno lee los tuits de Calderón criticando al INE y a López Obrador decir que fue un «triunfo del pueblo», uno asumirá que esto es una victoria de AMLO y que significa la consolidación de poder al «destruir alternativas a MORENA», pero si se le ve con más detenimiento, lo que se ve es otra cosa muy distinta.

    Es cierto que López Obrador ha festejado que a México Libre le hayan quitado la posibilidad de participar (lo cual me parece despreciable por parte de un presidente), pero ello no implica que este escenario le convenga: o 1) no se ha dado cuenta de ello, o 2) sabe que no le conviene, pero lo festeja porque Calderón es el «enemigo» y le funciona para fortalecer su narrativa, pero ¿por qué este escenario no es el más conveniente para López Obrador?

    La respuesta es simple: México Libre iba a dividir el voto opositor (divide et impera) y no iba a permitir lo que incluso sin ellos se antoja complicado: la creación de un bloque opositor frente a MORENA que pueda captar los votos del antilopezobradorismo. No lo iba a permitir por el simple hecho de que el calderonismo y el PAN rompieron cualquier puente de comunicación.

    Es cierto que para 2021 la oposición (o como se le pueda llamar) buscará quitarle a López Obrador la mayoría en las cámaras, y cuantitativamente da igual si el PAN gana, por decir, 100 diputados más o si se los reparte con México Libre, aunque también es cierto que es más efectiva una oposición homogénea en las cámaras que una donde los distintos partidos que la conforman tengan rencillas. Resulta, además, que no solo en 2021 sino a lo largo del sexenio habrá elecciones de gubernaturas y varias alcaldías. Ahí donde México Libre tuviera candidato, ahí dónde el voto de la derecha quedaría más fragmentado.

    El problema mayor habría sido en 2024 porque la presencia de México Libre le impediría a la oposición crear un frente opositor que busque quitarle a MORENA la silla presidencial dada la indisposición de aquel partido y el PAN de formar acuerdos.

    Supongamos que el antilopezobradorismo hará voto estratégico en contra de MORENA votando por el PAN (aunque no simpatize del todo con ese partido). Imaginemos que los resultados del 2024 quedaran de la siguiente forma.

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRD* (si existe todavía)PRI
    41%43%16%

    En ese escenario, la coalición le quitaría el poder a MORENA y lo desterraría de la silla presidencial. ¿Pero qué pasa si metemos a México Libre en la ecuación? Digamos que la mayoría de la oposición debe votar por el PAN, pero los más afines al calderonismo deciden votar por México Libre. Imaginemos que México Libre tiene el 5% (3% del cual habría votado por el PAN y otro 2%, los más férreos calderonistas que no votarían por el PAN nunca, por el PRI). Quedaría algo así:

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRDMéxico LibrePRI
    41%40%5%14%

    Aquí México Libre sería determinante para el triunfo de MORENA, quien ganaría de forma apretada en este ejemplo. Pero ¿qué pasaría si México Libre lograra conformarse como «la opción opositora» dejando la coalición PAN-PRD-MC solo con su voto duro y sus leales? Tal vez tendríamos algo así:

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRDMéxico LibrePRI
    41%10%35%14%

    En este escenario la victoria de MORENA sería todavía más contundente, ya que el PAN tiene una base que no es despreciable y MC tiene la suya en estados como Jalisco y Nuevo León. Digamos que de ese 10% el 7% corresponde al PAN y el 3% a MC.

    Incluso un escenario así, aunque más complicado (dado que habrá voto estratégico y casi necesariamente se inclinará hacia una de las dos opciones), podría llegar a ocurrir.

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRDMéxico LibrePRI
    41%25%20%14%

    Para que la oposición pueda quitarle el poder a López Obrador, necesita crear un frente que capte al voto opositor. Si AMLO mantiene suficientemente popularidad como para que gane con el 40% e incluso un poco menos (en 2018 obtuvo el 53%), entonces la presencia de México Libre podría terminar de darle el triunfo a MORENA.

    El escenario más complicado es que México Libre sea parte de la coalición, pero sabemos que eso muy difícilmente habría sucedido.

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC-PRD-MLPRI
    41%45%14%

    Aquí habría ayudado a consolidar el triunfo de la coalición, y solo en ese caso la negativa del INE a México Libre para conformarse habría beneficiado a López Obrador. Pero el contrafactual «¿qué habría sucedido si… ?» tal vez no sea tan difícil de responder, ya que un escenario donde el PAN y México Libre cooperaran habría sido muy difícil.

    Es evidente que en este ejercicio estoy planteando supuestos. No sabemos si el PAN logrará por sí mismo amalgamar todo el voto opositor. No sabemos si algunos, decepcionados de toda la clase política, se quedarán en su casa (cosa a la que aspira el régimen). No sabemos qué hará el PRI: si se integra a la coalición o hace una con MORENA. Tampoco sabemos con certeza si habrá coalición siquiera, pero plantear supuestos funciona para ejemplificar cómo es que la presencia de México Libre en el escenario puede dividir el voto tanto en las elecciones presidenciales como en las alcaldías y gubernaturas donde contiendan.

    México Libre y el PAN apuntan a un mismo electorado, y si bien el PAN pareciera haberse «socialdemocratizado» un poco, tampoco es que algo tan diferente pueda decirse de México Libre que guarda una buena relación con el Partido Demócrata de Estados Unidos y hasta son referente para ellos. Por ello es que la presencia de ambos partidos no hará más que dividir los votos ya no solo de la derecha, sino de la oposición antilopezobradorista como tal.

    La noticia debería ser más bien buena para quienes quieren ver a MORENA fuera del poder, aunque no definitoria. Habrá que ver si el PAN tiene la capacidad de acaparar el voto opositor, habrá que ver si se forma algo parecido a una coalición. El escenario sigue siendo complicado.

  • ¿Para qué sirve un informe?

    ¿Para qué sirve un informe?

    ¿Para qué sirve un informe?

    Tengo un problema con los informes presidenciales.

    El problema es que estos no parecen servir para lo que se supone deberían estar destinados a servir.

    Y no, no es algo característico de este sexenio, sino de muchos atrás.

    Yo esperaría que un informe fuera un ejercicio de rendición de cuentas, donde el presidente se sienta obligado a explicar los triunfos y los fracasos de su gobierno.

    Pero eso simplemente no sucede, aunque lo parezca. No nos engañemos.

    Un informe debería ser, por sí mismo, un contrapeso al poder político (representado, claro está, por el Presidente). Ahí, el Presidente debe rendir cuentas sobre sus actos (buenos o malos), debe explicar no sólo lo que se ha hecho bien, sino para qué, pero, sobre todo, debería explicarnos por qué aquellas otras cosas se han hecho mal y qué va a hacerse para remediarlo.

    Pero en realidad el informe no es un contrapeso sino todo lo contrario. Los informes son más bien una suerte de propaganda presidencial.

    Lo son porque ahí, el Presidente, en su monólogo, tratará de contar su versión de los hechos de forma que nos haga creer que vivimos en un mundo idílico. El informe sirve para tratar de modificar la narrativa sobre su ejercicio del poder de una forma que le parezca lo más favorable (más allá de si se logre o no). Por eso a López Obrador le encanta preparar su informe y hasta presenta informes extraordinarios cada rato (pero también le gustaban a Peña Nieto y a Calderón, y por eso hacían sus informes pomposos y hasta usaban la propaganda oficial para reforzar lo que se dirá en el informe).

    En el informe no hay nadie que cuestione, no hay políticos de oposición (menos todavía desde que dejaron de hacerse en la Cámara de Diputados), mucho menos personas de la sociedad civil, solo hay invitados que escuchan atentamente lo que el Presidente de la República dice.

    Imagínense un informe donde los opositores o representantes de la sociedad civil cuestionen al mandatario y le pregunten por qué ha tomado tales y cuales medidas o por qué las cifras sobre tal cuestión son desfavorables. No se trata de crear del informe un campo de batalla donde se intercambien improperios (puede tener sus propios protocolos y mecanismos para que el intercambio se haga con toda civilidad), pero sí uno donde haya contraste, donde el mandatario se vea orillado a justificar o explicar tal o cual medida y tenga que salir de su zona de confort (ejercicios de este tipo se han llevado a cabo a nivel estatal).

    Pero eso no sucede. El informe, que debería ser un ejercicio de rendición de cuentas, se transforma en un show mediático sigilosamente preparado para crear la impresión de que está rindiendo cuentas, pero no es así. Basta tergiversar las cifras, basta minimizar y hasta omitir los errores, basta con que el mandatario tenga el control de todo el evento para convertir este supuesto ejercicio de rendición de cuentas donde el Presidente hace como que da explicaciones y se somete a la opinión pública, pero no lo hace.

    Del informe sólo se habla en programas de opinión (muchos de ellos transmitidos ya a altas horas de la noche), se escriben algunas columnas. Pero esto ya después de que el Presidente haya dicho todo lo que tenía que decir. Todas esas inquietudes y cuestionamientos quedarán sin réplica por parte del mandatario.

    Tal vez por eso a mucha gente ni les interesan los informes, porque es más un acto de propaganda que otra cosa. Es algo más parecido a un spot presidencial que un ejercicio de contraste.

  • Los corruptos dicen: pío pío pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío

    Los corruptos dicen: pío pío pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío

    El circo mediático de Emilio Lozoya había funcionado muy bien.

    Digo que es un circo no porque todas las acusaciones hacia los partidos y actores clave de la oposición fueran difamaciones (son tan corruptos que poco trabajo debe costar al régimen actual exhibirlos), sino porque, más que impartir justicia, se trataba de un show mediático con fines político-electorales con el fin de pintar a la oposición como corrupta y así contrastearse con ellos.

    Y creo que una persona sensata no podría negar el mar de corrupción en el que nadan los partidos opositores.

    López Obrador había subido algunos puntos en las encuestas a raíz del circo mediático. La estrategia estaba funcionando bien, pero dado que ésta trastocaba muchos intereses, era entonces previsible que dichos intereses reaccionaran.

    Y lo hicieron.

    A través del programa de Carlos Loret de Mola, esos intereses exhibieron un video de Pío López Obrador, el ahora «hermano incómodo», quien recibió dinero de David León (personaje que, a la postre, ha escalado en el organigrama de la 4T).

    “Hazle saber al licenciado, a través de tus medios, que lo estamos apoyando”.

    David León

    Estas prácticas (lamentablemente) son comunes dentro de todos los partidos políticos, no es como que MORENA se destaque por recibir este tipo de sobornos, el problema ocurre cuando quien se involucra en este tipo de actividades es quien promete ser diferente y acabar con la corrupción.

    Entonces se convierten en cínicos.

    Este golpe le impacta ahí donde más le duele: en su narrativa. El discurso anticorrupción había sido el salvavidas dentro de la contingencia (pandemia, crisis económica e inseguridad) a tal punto que, según Consulta Mitofsky, AMLO recuperó la popularidad que todavía tenía en marzo.

    AMLO se excusó diciendo que se trataba de aportaciones para fortalecer el movimiento, que quien lo financia es el pueblo (e incluso se atrevió a «recordar historia» el mencionar que la Revolución Mexicana se financió con el dinero del pueblo). Peor aún, su esposa se jactó de que Leona Vicario «daba dinero a su causa» y no la grabaron.

    Ante lo evidente, no les queda de otra que sostener argumentos relativistas o descontextualizar hechos para hacer pasar el acto de corrupción como algo normal y cotidiano para que no manche la imagen del gobierno.

    Pero la corrupción en ese acto es irrefutable. Es tan simple como el hecho de que dichas «transacciones» no fueron reportadas al INE, no hay más. No hay por donde defender el acto. Que todos lo hacen, pero ellos nos juraron que no eran como los demás.

    Lo que comenzó como un circo termina como una guerra de lodo, donde dos entidades corruptas (el régimen corrupto y la oposición corrupta) se acusan de corrupción. Pero quien la lleva de perder es quien más ha perjurado ser honesto e impoluto.

    Los sobornos entregados a Pío López Obrador pueden convertirse en la Casa Blanca de este sexenio porque, a diferencia de los errores impensables y de las ineptitudes características de este régimen, este caso pega en el principal activo del gobierno: su narrativa.

    No hay forma de defender al gobierno de este acto. Ello sólo podría hacerse desde el fanatismo, la profunda ignorancia o el interés propio.

    Y así como ninguna persona sensata debería defender a los corruptos acusados por el régimen (de los cuales se muestren pruebas), tampoco debería hacerlo con el régimen de López Obrador que es, como lo son los demás en mayor o menor medida, corrupto.