Categoría: películas

  • La estarguarización de la cotidianidad

    La estarguarización de la cotidianidad

    Irrumpe de golpe.

    La estarguarización de la cotidianidad

    Todos empiezan a hablar de ello, los medios modifican temporalmente sus logotipos para subirse al barco (o al tren del mame como se le dice ahora), los memes que estaban de moda quedan opacados (o se adaptan en su peculiar forma al bombardeo propagandístico, como puede ser una camioneta dibujada dirigiéndose a la estrella de la muerte). Los más fánaticos reservan con antelación sus boletos de cine para llegar disfrazados con una suerte de réplica de los sables (que hay que decirlo, no tenemos la tecnología para emular una réplica exacta), o se disfrazan de Chewbacca.

    Sí, la conversación planetaria gira en torno a Star Wars.

    Y como si estuviéramos en campaña electoral, algunos ya han comenzado a perder amigos por discusiones acaloradas en las redes. Y no se trata de alguna discrepancia o diferencia política (nosotros los del lado oscuro de la fuerza, sí sabemos gobernar). Se trata más bien de los spoilers. Star Wars es algo tan esperado por muchas personas, que lo peor que les pudiera pasar, es que se enteraran del final de la película por medio de un comentario de Facebook.

    Y lo entiendo, Star Wars es una saga muy bien hecha cuya aparición implicó un parteaguas en la cinematografía (sobre todo refiriéndonos a las 3 primeras entregas). Basta ver dichas obras publicadas a finales de los años 70 y principios de los 80 cuyos efectos especiales parecen más contemporáneos. Los personajes causaron mucha empatía, y la historia recreada en un futuro distópico alternativo tiene los suficientes paralelismos con la vida real para que la gente se sintiiera identificada con ella. George Lucas supo crear un muy buen balance entre lo fantástico y lo real. El entorno es la fantasía, el ser humano es el mismo; es la imperfección del ser humano en otro mundo.

    No importa que sea absolutamente imposible viajar más rápido que la luz. Nada en el universo puede viajar más rápido que la luz. No importa tampoco que en las entregas no se respete la teoría de la relatividad de Einstein ni su paradoja de los dos gemelos. Nadie envejece más rápido que otro después de viajar a tan exorbitantes velocidades. Aunque si tomamos en cuenta que se trata de un universo alternativo, ante la posibilidad de la existencia de distintos universos donde cada uno está regido por sus propias leyes, podría existir una ínfima y extremadamente remota posibilidad de que en otro universo pudiera plantearse un mundo como el que relata la película.

    A veces creo que el humano puede ser lo suficientemente estúpido como para aficionarse a propuestas banales y huecas. Star Wars no es uno de esos casos, puesto que en mi particular punto de vista, se trata de una obra maestra, de una de las historias de fantasía mejor contadas que pueden ser disfrutadas tanto por un niño como por una persona interesada en el comportamiento del ser humano (psicología) o en el comportamiento de los humanos en su conjunto (sociología, política).

    Star Wars es una de las pocas veces en que justifico el comportamiento del ser humano en masa promovido por un producto para comercializarse. Star Wars es un producto bien hecho que a pesar de toda la propaganda que le acompaña (y a pesar de que las sagas que aparecieron hace una década no tuvieron la calidad de las primeras), logra venderse por sí sólo y por sus propios méritos.

    Claro, exceptuando aquellos a quienes su fanatismo desmedido los hace comportarse irracionalmente.

    Hoy todo el mundo habla de la obra (que por cierto, no había visto la nueva entrega al terminar de escribir este artículo), los aventajados intentan explicarle la trama de la historia a los neófitos (el 99% al 1% como dicen), porque no haber visto los primeros 6 capítulos supone una desventaja. Algunos otros tratan de crear relaciones entre la obra y la vida cotidiana: Que si Peña Nieto es menos popular que Jar Jar Binks; o bien, alguien recrea las carátulas de los discos de rock más importantes con motivos de Star Wars.

    Y sí, mucho mejor que se hable de Star Wars que de Big Brother. Así sé que todavía tengo razones por no perder la fe en nuestra especie.

  • House Cards 3ra temporada, y por qué tuvo que acabarse antes

    House Cards 3ra temporada, y por qué tuvo que acabarse antes

    Calificación: 3.5 de 5 (las primeras dos tenían el 5 redondo)

    No, no soy un fan de las series, no me gustan, el formato me invita a hacer dos cosas que se me hacen igual de aberrantes. La primera es la tradicional y es esperar religiosamente el capítulo de la semana como doña con su novela; la segunda opción es, si tengo todos los capítulos disponibles a la mano, verlos todos en un solo fin de semana. Debido a esto, he visto muy pocas series en mi vida, porque no me gusta quedarme picado, y una serie que sí lo lograba era House of Cards. El sarcasmo de Kevin Spacey, la mano de David Fincher en los primeros dos capítulos que le dieron una dirección; política, ¿Qué más podía pedir?

    House Cards 3ra temporada, y por qué tuvo que acabarse antes

    La segunda temporada termina con Frank Underwood en el escritorio de la oficina oval de la Casa Blanca haciendo su doble golpeteo con el puño en la mesa. En ese momento pensé que ahí se debería de haber acabado House of Cards. La serie era tan buena que esas dos temporadas bastaban, y temía que un alargue pudiera diluir la calidad de la serie y se fuera a perder. A pesar de que la segunda temporada fue casi igual de buena que la primera, ya notaba algunos indicios de desgaste. Lamentablemente mis temores se hicieron realidad, y sí, la tercera temporada ya no fue lo mismo. 

    La serie sigue siendo entretenida, pero ya no es lo mismo, ya no tiene esa magia. Uno sentía mucha empatía con Zoe Barnes o con Peter Russo. Los personajes que salen en la tercera temporada no tienen el mismo impacto, como es el caso de Jackeline Sharp. Qué decir del escritor, toda la trama del escritor que escribiría el libro de las reformas de Frank Underwood fue innecesaria y aburrida. Éste carecía de personalidad, de carisma, era totalmente prescindible. Con Petrov no se molestaron en ser más sutiles, basta un segundo para encontrar su evidente parecido con Vladimir Putin. Si bien este fue el mejor de los personajes que aparecieron en la temporada 3, no logra tener ese impacto de los personajes de la primera temporada.

    La trama no me gustó tanto, la tercera temporada muestra a un Frank Underwood más débil, menos capaz. Qué decir de Claire, que la quisieron hacer tan «humana» que su personaje se diluyó. Extrañé a esa Claire despiadada que corrió a varias personas de su empresa sin piedad para satisfacer sus ambiciones. Ahora tenemos una Claire cuya sensibilidad la termina metiendo en aprietos con su esposo. ¡Es que se enfocaron demasiado en la pareja Presidencial!, tanto, que por momentos creí estar viendo una telenovela. Ni qué decir del final, digno de una novela de Televisa. Si bien la actuación de Kevin Spacey en la discusión con la mujer de su personaje Underwood fue sobresaliente, el final fue un cliché, un recurso muy gastado. ¡Te dejo, me voy! ¿Estará Frank Underwood ebrio, solo y devastado en la cuarta temporada? No lo creo, seguramente habrá una reconciliación (y apuesto que será en el primer capítulo).

    La historia de Doug Stamper tampoco deja tan bien parada a la serie. Su historia se me hizo algo también muy gastado y poco original. Mejor hubieran matado al personaje. Remmy Dalton también se diluyó al integrarse al equipo de trabajo de Frank Underwood, pasó a ser un personaje con menos chiste. Hasta a Meechum que no se caracterizaba por hablar y sí como alguien con una capacidad de sumisión bárbara lo extrañamos; en la tercera temporada fue un accesorio más. Si alguien no hubiera visto las primeras dos temporadas, no se hubiera dado cuenta de que él era un personaje y no un extra.

    Si House of Cards hubiera terminado en la segunda temporada se hubiera convertido en una leyenda. Una serie que sería recordada en varias décadas. Lamentablemente decidieron hacer la tercera temporada y las cosas no salieron tan bien. Tal vez les hizo falta otro empujoncito de David Fincher, tal vez Kevin Spacey no debió venir a México a visitar a nuestro querido gobierno porque «Todo es culpa de Peña Nieto». O simplemente, ahí se debió quedar.

    Y porque me volví a acordar que extraño a Zoe Barnes, porque viva se la llevaron, viva la queremos. Bueno, más bien, la aventaron, y está muerta. Pero queda claro que #FueElEstado.

  • La Dictadura Perfecta – Reseña

    La Dictadura Perfecta – Reseña

    Creo que la política moderna no se puede entender sin las películas de Luis Estrada que han hecho una parodia de la forma de hacer política en México, de una forma frontal, directa, y  muy satírica. La Ley de Herodes fue la primera que se atrevió a enfrentar al régimen priísta que en ese entonces todavía gobernaba, aunque se remontó a finales de los cuarenta cuando gobernaba Miguel Alemán. Luego le siguió, tal vez sin tanto éxito como la primera, Un Mundo Maravilloso que hacía un crítica del neoliberalismo y de la forma de gobernar del PAN. Después vino la exitosa «El Infierno» que satirizaba el problema del narco, para llegar ahora con otra película arrebatadora desde el título de la película (alusiva a la famosa frase de Vargas Llosa).

    aaasaa

    ¿De qué trata La Dictadura Perfecta? El tema central es como los medios de comunicación pueden incidir malévolamente en la política, colocando presidentes en el poder y desinformando a la población. La trama empieza cuando el Presidente de la República (donde de alguna forma, las limitaciones actorales de Sergio Mayer logran hacer una acertada y escalofriante sátira de Peña Nieto) comete un desliz y recurren a la televisora (TV MX) para distraer a las audiencias. Para eso utilizan un video donde el gobernador Carmelo Vargas (Damián Alcazar) recibe dinero de un narcotraficante (parodiando los videoescándalos de Bejarano y Ahumada). Éste, afectado en sus aspiraciones presidenciales, recurre a la misma televisora (o como dice el mismo Carmelo, le da las nalgas) para lavar su imagen, la cual envía a Carlos Rojo (Alfonso Herrera) para que se haga cargo del trabajo y por medio de la misma dinámica (que una noticia tape otra) aprovechan el secuestro de unas niñas para elevar el rating del gobernador (parodia del caso Paulette).

    A diferencia de las otras tres películas, en ésta no tenemos al personaje principal (siempre interpretado por Damián Alcazar) donde éste comienza su historia desde la base de la pirámide social (burócrata, méndigo, migrante) y por medio de la corrupción va creciendo, haciéndose poderoso y enriqueciéndose. Damián Alcazar en este caso comienza como un gobernador corrupto y termina como Presidente de la República. Incluso el papel de «personaje principal» se lo pelea con Alfonso Herrera (ex RBD) quien se encarga de crear todo el teatro. Lo curioso y señalado en esta película, no es solo el hecho de que Grupo Televisa había apoyado a la producción de esta película con 20 millones de pesos (apoyo que retiraron tras ver la versión final), sino que la mitad del reparto de la película han trabajado para Televisa y actuado en telenovelas de la televisora. Está el caso de Alfonso Herrera, Osvaldo Benavides, Sergio Mayer, Saúl Lizaso y Arath de la Torre.

    La obra recrea los males que sufre el país en política, desde el cinismo y la corrupción, hasta el narcotráfico y el doble discurso. Al igual que hace con los medios de comunicación donde satiriza de una forma burda y grotesca la forma en que estos tratan de incidir en la opinión de la gente. Las puestas en escena relativas a la televisora (como las noticias) son poco menos que impecables y bien ejecutadas. Tal vez algunos habrían esperado una mayor participación del personaje de Sergio Mayer (la alusión a Enrique Peña Nieto es clarísima aunque el actor lo niegue) pero en sus pocas intervenciones logró hacer reír jubilosamente a los espectadores en el cine. La falta de escrúpulos tanto en la política como en los medios queda bien reflejado. Si algo yo le recriminara a esta película (conociendo las inclinaciones izquierdistas del director) es la parodia santificada de López Obrador encarnada en Agustín Morales, el opositor apodado «El Mesías» quien tiene aspecto de político completamente honrado y santurrón (interpretado por Joaquín Cosío quien no hizo para nada un mal papel, pero que no estuvo a la altura de «El Cochiloco» en El Infierno»).

    Esta obra es acertada, sobre todo por los tiempos que se viven en el país. Si bien es una parodia y los temas son recreados de una forma exagerada y burda, logra abordar bien los males que sufre el México actual, la falta de ideas sobre la abundancia de intereses y deseos del poder por el poder. La película tiene ese «toque» que poseen las tres anteriores obras de Luis Estrada, y las actuaciones son lo suficientemente aceptables como para que esta obra termine saliendo bien. Le auguro éxito a esta película, la cual ya tuvo la suficiente relevancia como para que la proyectaran en el senado y los senadores del PAN, PRD y PT la aplaudieran.

    Lo mejor de todo es que esta cinta puede verse en todos los cines (con todo y parodia del Presidente) a pesar del ambiente de censura que se comienza a vivir en el país. A pesar de que algunas instancias pusieron trabas, no fueron las suficientes como para evitar que tú puedas ir a tu sala de cine más cercana a ver esta película.

  • Maléfica (reseña)

    Maléfica (reseña)

    El fin de semana tuve la oportunidad de ver esta película de Disney. Me despertó la curiosidad porque Maléfica fue uno de los primeros villanos que conocí y que marcaron mi vida. En la actualidad con tanto desplante tecnológico, la película original de la Bella Durmiente podría parecer sosa e insípida (La protagonista habla muy poco) pero para quienes vimos esa obra de Disney creada en 1959 no nos pareció ello. Y Maléfica nos quitaba el sueño.

     Don’t pamper your camera. Use and abuse it.

    De entrada debemos saber que la historia de esa película fue una versión muy modificada de las primeras escritas por Basille, Perrault o los Hermanos Grimm que a su vez retomaron la historia de un cuento de hadas difundido de manera oral. La bruja de la historia fue bautizada como Maléfica hasta la versión de Disney, y en las otras historias la Bella Durmiente terminaba dormida algo así como 100 años.

    Independientemente de eso, la Bella Durmiente que todos conocimos fue la de 1959, y la película de Maléfica toma como referencia a esa Bella Durmiente.

    Para quienes vivimos con esa idea de Maléfica, esta película dirigida por Robert Stromberg, nos causa mucho ruido. ¿Por qué? Porque resulta que esa villana tan temida en nuestra infancia, no es tan mala, y la trama de esta película trata sobre una maléfica que trata de explicarnos por qué hizo las cosas que hizo, por qué decidió vengarse, y de esta forma se presenta más bien como una víctima de desamor y de la mutilación de sus alas; haciendo a un lado ese tufo maniqueo de los cuentos infantiles donde el bien se enfrenta con el mal. Al final de la historia, Maléfica termina siendo más bien buena, y el rey, no tanto.

    La película está bien producida, los efectos son buenos, pero esta obra no llega a ser cosa de otro mundo. Es cierto que en esta obra, La Bella Durmiente no es quien tiene el papel protagónico, pero la Bella Durmiente (Aurora) parece que queda relegada y este personaje interpretado por Elle Fanning no tiene mucho peso ni personalidad.

    Angelina Jolie hace un muy buen papel interpretando a Maléfica, y de alguna forma es quien logra rescatar la película. Supo hacerse del papel que le asignaron al punto en que algunos podrían aducir cierto exceso de protagonismo. La Maléfica ambivalente me hace mucho ruido, pero eso no es culpa de Angelina y ella hizo muy bien la interpretación que le tocaba hacer.

    Maléfica es de esas películas que para disfrutar en su totalidad debiste haber visto La Bella Durmiente de Disney, pero es un arma de doble filo, porque como mencioné, rompe esa fantasía de la villana maldita que ahora ya no es tan mala. Esto a pesar de la buena actuación de Angelina.

    Al final, esta obra termina quedando a medias. No considero que sea una mala película, pero tampoco queda a la altura de un remake digno de la obra de Disney. Jolie logra rescatar la película al hacer un muy buen papel, pero quienes conocimos a la Bella Durmiente, la verdad es que nos quedamos con las ganas de algo más.

     

  • Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato Parte 2

    Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato Parte 2

    Estaba con una amiga viendo los Óscares. El Óscar que ganó Alfonso Cuarón a mejor director hizo que me sintiera orgulloso de que un mexicano por fin lograra hacer historia y se consagrara como mejor director. Pero como mexicano que tan orgulloso me siento de él, creo que le debo respeto, y como sé que el triunfo es de él, a él es a quien debe reconocerse y a nadie más (a excepción de su equipo, del chivo, de su mamá).

    Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato Parte 2

    No sé si se dieron cuenta, pero Alfonso Cuarón nunca agradeció a México ni gritó ¡Viva México! Porque no fue México quien le abrió las puertas para ser quien es. El mismo dice que es un cineasta global, hace cine para el mundo. Alfonso Cuarón no es un ingrato con su país, tan no lo es, que en la primera toma de su película Gravity, en la cual se ve un acercamiento al globo terráqueo, aparece la Bahía de Banderas (Puerto Vallarta), Chapala, Guadalajara y Manzanillo. Esa toma fue premeditada, a Cuarón le gusta vacacionar en el occidente del país. Así como no es casualidad que su hermano Carlos Cuarón haya filmado Rudo y Cursi cerca de Manzanillo.

    Alfonso Cuarón hubiera sido poco prudente si hubiera afirmado que su premio lo obtuvo gracias a México. Cuarón no ignora sus raíces y se siente orgulloso de ellas, pero sabe que ello no implica reconocer a quien no merece reconocimiento. Es un error colgarse de medallas ajenas, de pensar que «ganó México», porque no es lo mismo que gane un mexicano a que México gane. No hay que confundir, no hay que apelar al nacionalismo mal entendido. Que James Cameron haya ganado la estatuilla no implicó un éxito para el cine canadiense, que Sydney Pollack sea un director reconocido a nivel mundial no ha convertido a Polonia en la nueva meca del cine.

    Cuarón puede significar un ejemplo para los mexicanos. Pero precisamente por esto el triunfo «no es mexicano», porque Cuarón se sobrepuso a los cánones establecidos de la idiosincrasia mexicana, muchos de los cuales no sólo no le ayudaron, sino que actuaron como piedras en el camino. Debe de significar un ejemplo porque Cuarón ha mostrado que sí se puede, pero ha mostrado que para salir adelante hay que romper con la costumbre, romper con el común denominador que prevalece en México, romper con «eso» que para los que no entienden bien el concepto de nacionalismo creen que se dignifica con el éxito de Cuarón cuando es al contrario.

    Cuarón no fue el único mexicano que ganó, también lo hizo el Chivo en mejor fotografía, y la nacida en México, Nyong’o por actriz de reparto en 12 años de esclavitud. A un periodista se le ocurrió hacerle a ella la pregunta más estúpida ¿Cuánto de este premio pertenece a México? Nyong’o respondió que nada, que el premio le pertenece a ella y nada más. Ella no le debe nada al país por haber nacido en México. Esa pregunta tendrá más sentido en una nación fascista o en un comunismo totalitario, pero no en una africana que nació y radicó un tiempo en México, y nada más.

    Cuando hablé de este tema en las redes sociales, algún usuario afirmó que era un comentario pesimista y criticaba mi falta de nacionalismo y mexicanidad. Ese individuo se equivoca rotundamente. Mi afirmación es confrontativa, pero no es pesimista, en tanto nunca subestimé el logro de Cuarón ni le quité méritos. Ni tampoco es falta de amor al país, porque quien ama a su país, reconoce sus defectos, y reconoce cuando tiene o no méritos.

    Yo me siento muy orgulloso de mi compatriota Alfonso Cuarón. Pero no me siento orgulloso de mi país por su triunfo, porque sé que no tuvo nada que ver en su éxito. No hay que equivocarse, no hay que engañarse, no hay que apelar al nacionalismo mal entendido para crear un imaginario donde se supone, que el triunfo de un mexicano sirve de consuelo para aquellos que sienten que en su país no se habla mucho de triunfos.

    Dicen que la verdad duele, pero en este caso duele para quienes han querido otorgar méritos a quienes nunca los tuvieron.

    Y no, no se me olvida el conflicto Rusia – Ucrania. Próximamente hablaré de eso, por las repercusiones que puede tener.

    Aquí pueden ver el primer artículo

  • Eugenio Derbez – No se aceptan devoluciones

    Eugenio Derbez – No se aceptan devoluciones

    Calificación: 1.5 de 5

    Sé que Eugenio Derbez es alguien con el suficiente talento como para poder haber obtenido espacios en la televisión y de ahí saltar al cine. Siempre lo he visto como un cómico talentoso. Cuando era niño nunca me perdía su programa «Al Derecho y al Derbez», luego sí, se me hizo algo desgastado verlo (prefería ver a Ponchito en las barras cómicas de eventos deportivos como el Mundial de Futbol o las Olimpiadas), pero creo que es una figura con talento que ha logrado destacar en varios ámbitos como pocos lo han hecho en los últimos años cuando nos referimos a la televisión.

    Algunos me dirán que estoy siendo muy exigente, y que No se Aceptan Devoluciones es una película sencilla, sin muchas complicaciones. Pero si comparamos esta obra con la de Nosotros los Nobles (también muy exitosa), podremos ver las diferencias entre una película frívola mal hecha (la de Eugenio Derbez) con una bien realizada (la de Alazraki)

    Para todo hay una primera vez, y el debut en el cine de Eugenio Derbez con No se Aceptan Devoluciones se puede evaluar desde dos perspectivas. Desde un punto de vista económico fue un éxito, rompió records de taquilla (27 millones de dólares) y se posicionó bien en Estados Unidos como una de las películas extranjeras más vistas. Pero viéndolo desde un punto de vista estricto, artístico, la película, con todo respeto, es un desastre.

    ¿Por qué siendo un desastre, una película puede tener éxito en taquilla? Claro está, además de la publicidad y exposición que obtuvo esta obra, fue bien recibida por la gente que no suele ser exigente en el cine (que es mayoría, y miren que yo no me considero un experto en estos temas), tal vez tenga que ver el sentimiento de pertenencia de los mexico-americanos o que fue percibida como algo novedoso para aquellos que no conocen la televisión mexicana. Pero es que siendo sinceros, el guión de la película es pésimo, y es cierto que una película de esta índole no tiene por qué ser demasiado real, pero detalles como un individuo que no se esfuerza pero que vive en una residencia lujosa en Acapulco, no tiene visa, viaja a Estados Unidos caminando en una carretera buscando un aventón (si padece aerofobia existen los autobuses) y trabaja de stunt es algo inverosímil.

    La película empieza muy mal, me llego a preguntar por qué estoy viendo «eso». Las actuaciones no son buenas (ni siquiera la de Eugenio Derbez, quien parece no decidir si ser cómico o ser un actor serio), la fotografía es terrible (predominan los tonos verde azulados), más digna de una telenovela o película producida por Televisa que por una película de Hollywood (y eso que Hollywood no es sinónimo de cine de alta clase). El guión, según muchos críticos, es una vil adaptación de obras como Kramer vs Kramer (en realidad no he visto esas películas con las que comparan a la primicia de Derbez).

    <INICIAN SPOILERS>

    La película trata de un jóven (Valentín) desenfadado que vive en una casa en Acapulco. No trabaja y tiene muchas relaciones amorosas debido a que huye de las responsabilidades. Una estadounidense (Julie) con la que tuvo relaciones le deja a una niña (Maggie) en su hogar asegurando que él es el padre. Entonces viaja a Estados Unidos para devolverla, pero se encariña con ella, al tiempo que consigue un trabajo de stunt. Valentín, para evitar que su hija conozca la verdad sobre su madre, le «pinta» una historia fantástica y surreal acerca de como es ella. Pasando los años, Julie quiere ver a la niña y busca arrebatárselo mediante un juicio para que la críe con su pareja lesbiana. Al final el huye con ella a México y la niña debido a un padecimiento que Valentín ya conocía y que el espectador no conoce hasta el final, muere.

    <TERMINAN SPOILERS>

    Algunos me dirán que estoy siendo muy exigente, y que No se Aceptan Devoluciones es una película sencilla, sin muchas complicaciones. Pero si comparamos esta obra con la de Nosotros los Nobles (también muy exitosa), podremos ver las diferencias entre una película frívola mal hecha (la de Eugenio Derbez) con una bien realizada (la de Alazraki)

    Algunas puntadas cómicas así como el final inesperado hicieron que esta película no fuera una tragedia histórica. El argumento es simplón, no muestra innovación alguna y se percibe muy irreal debido a las contradicciones tanto en la historia como en el guión de la película. Afortunadamente para Eugenio Derbez, en cuestión taquilla, esta obra fue un éxito. Por lo cual tendrá seguramente la oportunidad de realizar alguna otra película, de la cual esperamos, de acuerdo a su talento, que tenga más sustancia que esta.

     

  • Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato

    Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato

    Yo siempre he hecho hincapié en el nacionalismo barato que profesamos en México, el cual siempre lo he dividido en tres vertientes: 1.- Dar orgullosamente el Grito de Independencia sin conocer la historia de México, 2.- Gritar los goles de la selección pensando que es el más alto símbolo patriótico 3.- Pensar que el petróleo es de los mexicanos y que nadie lo debe de tocar. Pero también parte de este nacionalismo defensivo, que tiene como mecanismo tratar de evadir la realidad donde a México no le va bien en el concierto de las naciones, es sobredimensionar los éxitos de los mexicanos y ponerlos donde no van.

    Alfonso Cuarón, la diferencia entre el orgullo y el nacionalismo barato

    ¿Me da orgullo el éxito de Alfonso Cuarón? Sí. ¿Su trascendencia instaurará una nueva época de oro en el cine mexicano? No ¿Ello es representativo de características positivas del país? No. El éxito de Alfonso Cuarón es un éxito individual. Claro que como mexicano, nos da orgullo ver que un connacional triunfe, pero tratarse de colgar medallas que no corresponden es como pensar que una figura como Roman Polanski signifique que Polonia va a ser la nueva meca del cine, y no es cierto.

    Cuarón más que ser gracias al cine mexicano, lo es a pesar de él. Películas como Gravity, La Princesita o Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, tienen una nada de significado nacional, no son películas mexicanas en lo absoluto. Las únicas dos películas mexicanas que ha realizado es Y tu Mamá También así como Sólo con tu Pareja. Y sólo realizó la primera ya teniendo cierto expertising en el cine internacional. Cuarón no es representativo del supuesto auge del cine mexicano, porque ni siquiera recibió subsidios que tienden a recibir las películas mexicanas cuando realizó Y tu Mamá Tambièn. Cuarón es alguien que triunfó porque probó suerte en otras latitudes.

    Alfonso Cuarón es muestra de que un mexicano sí puede trascender a nivel internacional, pero de ninguna manera es muestra ni de que el país va bien, ni de que el cine mexicano se convertirá en la nueva meca del cine, ni menos se puede usar como medalla que algunos (incluidos políticos) se quieren colgar.

    Cuarón es un gran director. Recuerdo hace casi dos décadas que en un viaje a Morelia fui con mi familia al cine y mis hermanas querían ver la película de La Princesita, yo me negaba e incluso quería entrar a otra sala yo solo. Mis papás se negaron, tuve que entrar a ver esa película, y ¡me gustó!. Fue como un gusto culposo, y es que en realidad es una buena película donde podemos ver la huella del director mexicano, así como de Emanuel Lubezki, quien acostumbra acompañarlo en fotografía y quien fuera nominado al Oscar por esa película.

    Gravity es una de las películas del año. Pareciera una película monótona donde todo el tiempo transcurre en el espacio, pero no es así. Es una película que mantiene atento y alerta al espectador todo el tiempo, es una película que toca el tema espacial de una forma muy diferente e innovadora, con una gran fotografía y efectos que le dan un gran realismo. Sólo hay que ver videos de astronautas en el espacio o en las estaciones espaciales y compararlos con la película para ver que casi no hay diferencia alguna.

    Y claro que me da orgullo que un mexicano «la esté armando». Pero pongo las cosas donde van, esto es un éxito de él, no del país, ni de los políticos, ni del cine mexicano. Tratar de hacer verlo así, es paradójicamente, como demeritar su gran trabajo.

     

  • House of Cards – Crítica

    House of Cards – Crítica

    Calificación: 3.5 de 5

    Lo admito, no soy muy «fan» de las series televisivas. He terminado de ver sólo alguna que otra, Prison Break, 24 (con todo su nacionalismo americano camuflado). Hubo una que me llamó la atención, exclusiva de Netflix (por favor, que alguien le diga a Netflix que su catálogo de películas es pobre). Esta serie llamada House of Cards, de la cual haré una crítica, con la que buscan competir con HBO, pero en versión streaming y con una serie publicada de golpe, donde no tendrás que esperar una semana para ver el nuevo capítulo (cosa que nunca hecho porque siempre las he visto en DVD, y eso de «esperar» para ver en que terminó se me hace más digno de enajenado telenovelero de Televisa).

    House of Cards - Crítica

    Dirigida por David Fincher (Seven, El Club de la Pelea, El Curioso Caso de Benjamin Button, La Red Social) y protagonizada por Kevin Spacey (Belleza Americana, Seven), esta serie se adentra en la política estadounidense y hace una crítica de ella. También nos muestra su relación con los medios de comunicación y otros agentes como los sindicatos. No es una serie muy profunda. Si quieren esperar un tratado de democracia liberal, o algunas reflexiones de Norberto Bobbio o Giovanni Sartori trasladadas a la pantalla chica, tal vez se puedan decepcionar un poco. La forma en que se aborda el tema puede parecer algo superficial, pero logra reflejar de cierta forma las malas prácticas en la política estadounidense. Al final una serie de televisión, es una obra de entretenimiento y no un documental o cine de arte.

    Kevin Spacey demuestra por qué es un gran actor. Como protagonista, monopoliza la atención del espectador en su personaje Frank Underwood, un hombre ambicioso, pragmático, que hará por sea por obtener lo que quiere, y quiere venganza por no haber recibido la Secretaría de Estado del nuevo gobierno electo. Casado con Claire, una mujer fría y ambiciosa, y que además sostiene un romance con la periodista Zoe Barnes, que es representante de la relación entre los medios y el gobierno estadounidense. House of Cards es una serie buena, más no espectacular. Una adaptación de una serie inglesa homónima en los 90’s que se salva gracias a Kevin Spacey que lo hace muy bien.

    Algo de agradecer en esta serie es el haber evitado en gran parte el sesgo ideológico que muchas veces llevan implícitas las obras políticas. Kevin Spacey es un congresista demócrata, pero la serie en realidad no hace una crítica al partido demócrata, sino a todo el sistema político. La postura ante diversos temas como la ecología o los sindicatos es ambivalente. De tal forma que esta película se centra en la crítica a la corrupción, la avaricia y la amoralidad dentro del sistema político estadounidense. Posiblemente lo hacen de una manera lo suficientemente fuerte para que un mexicano lo identifique con la política mexicana. La escena donde el sindicato de maestros lleva acarreados que no son maestros a las afueras de la cena de gala organizada por Frank Underwood, y quien termina coptando a la manifestación que se vende por platillos de comida, nos trae recuerdos recientes a los mexicanos.

    Tal vez de lo que adolece esta serie es de falta de profundidad, y en general la serie me dejó con ganas de más. Como si en ciertos episodios faltara ese ingrediente para despertar emociones. La actuación de Kevin Spacey, como mencioné, es lo que logra salvar la serie. El recurso donde habla al espectador en primer plano es muy bueno (aunque al principio no me acostumbraba a él) pero en los siguientes capítulos usaron ese recurso de forma irregular.

    La serie habla de lo que realmente adolece la política estadounidense (y en gran parte del mundo), pero en ocasiones parece que la forma en que se tocan esos puntos son un poco fantasiosos y queda la sensación de que hace falta un poco de más realismo. La forma en que Frank Underwood resuelve el problema de Russo, el candidato con problemas sentimentales, de alcohol y drogas, es un ejemplo de lo que comento. El único detalle con el personaje de Frank Underwood, no es su exagerado maquiavelismo (vaya que nosotros hemos tenido Presidentes más maquiavélicos que este personaje), sino que parece que sabe resolver todos los problemas de una manera fácil y simple, cuando la política es en realidad, más compleja.

    En general, veo a esta serie recomendable de ver, como una serie de entretenimiento, donde se abordan temas polémicos que rodean a la política del vecino del norte. Pero esta serie podrá parecer frívola para aquellos que gustan de analizar la política. Como mencioné, es una serie buena, pero nada más.