Categoría: películas

  • Sobre la denominada «inclusión forzada»

    Sobre la denominada «inclusión forzada»

    Sobre la denominada "inclusión forzada"

    La «inclusión forzada» es un término muy subjetivo, porque lo «forzado» tiene que ver con el efecto que una obra fílmica causa en la mente del espectador.

    Si yo estoy acostumbrado a ver en las películas a héroes del género masculino porque crecí en un entorno donde me enseñaron el hombre es el fuerte y la mujer la débil y me ponen a un personaje femenino, entonces lo sentiré como «forzado» o «poco natural» porque me han sacado de mi normalidad, pero si yo deseo ver a personajes femeninos como heroínas, entonces ello no me va a parecer forzado, sino natural.

    En este sentido, promover la inclusión, cuyo fin en teoría es visibilizar a grupos de personas o minorías, hará que a algunas personas les parezca forzado, porque rompe con su normalidad y con lo que esperan de algún filme de acuerdo a sus paradigmas sociales y culturales. Ello tiene un efecto más notorio en los sectores más conservadores de la sociedad.

    Es claro que las decisiones de algunos productores de fomentar la inclusión en las películas tienen un trasfondo político. Ello per sé no es bueno ni malo en tanto dicha ambición no afecte la creatividad que se requiere para hacer buenos filmes y contar buenas historias. Al final, el mercado es el que hablará y el que juzgará la calidad de las obras producidas en Hollywood.

    Si la «inclusión forzada» hace que la gente ya no vaya al cine, entonces Hollywood dejará de promover la inclusión porque las utilidades van primero, pero ello no parece ser el caso. Cierto, puede haber casos de cintas que con el afán de promover la inclusión descuiden la trama (y ahí hasta los más abiertos digan que quisieron meter la inclusión con calzador), pero también hay muchos casos que, a partir de un paradigma de inclusión, logran crear grandes obras (Gambito de Dama) o series que tienen éxito como «Sex Education» o muchas otras donde la inclusión es abordada con gran parsimonia (ej, Cobra Kai).

    Los que se rasgan las vestiduras por estas decisiones deberían saber que esto no es algo nuevo. La política nunca ha sido ajena a Hollywood: La cinta de Rocky vs el ruso nunca me pareció mala a pesar de la propaganda evidente. Hasta hace pocos años abundaban los filmes donde el Presidente de EEUU que salva al mundo. Incluso algunos súper héroes tienen o tuvieron un tufo propagandístico. E igual que con el tema de la inclusión, hay casos en que se descuidó la trama por motivos políticos u otros donde lograron hacer grandes joyas.

    Y, pues, en una economía de mercado, si algo no te gusta, no lo consumes y punto.

  • No mires arriba, porque mi crítica a esta película no va a ser cómoda

    No mires arriba, porque mi crítica a esta película no va a ser cómoda

    Imagen: Netflix

    Me enteré de este filme por Twitter. Vi que varias personas estaban comentando que se trataba de una gran obra, que esta sátira desnudaba de cuerpo entero a la sociedad estadounidense. Naturalmente abrí el Netflix y me dispuse a verla, y aunque no puedo decir que es un bodrio o que no vale la pena (tiene sus momentos buenos, las actuaciones en general me parecieron buenas y me parece que el final logra rescatar algo de la película), esta obra pierde muchos méritos, a mi juicio, por la forma en que hace crítica social.

    Cuando veo un filme, incluso si es una sátira (el género en el que el filme de Adam McKay busca criticar a la sociedad norteamericana), yo suelo esperar algo más que la confirmación de mis posturas ideológicas. En algún sentido podría decir que estoy de acuerdo con lo que denuncia: el negacionismo hacia la ciencia, la corrupción política, la frivolidad de los medios de comunicación y el show business o la preponderancia a creer en teorías de la conspiración.

    El problema del filme tampoco es que esta crítica pueda tener cierto sesgo progresista. Que las críticas se hagan desde cierto paradigma o doctrina ideológica no solo no es malo, sino que es hasta cierto punto inevitable. John Oliver y Stephen Colbert pueden tener cierto «sesgo» liberal (en el sentido norteamericano) y son comediantes que me gustan mucho ver, pero dentro de su comedia hay algo de sustancia, no se queda solo en el «lo que dice Colbert confirma mis posturas», hay algo de profundidad y explicación de los fenómenos ahí. Que sea comedia no significa que no pueda haber algo de profundidad.

    Y eso es lo que no tiene No Mires Arriba, la forma de abordar la crítica a la sociedad estadounidense me parece frívola y superficial, no me dice nada que no sepa ni trata siquiera de explicar lo que critica. Si yo concuerdo con la postura ideológica desde la cual se hace la crítica, entonces el mensaje es, como un amigo me decía: «Yo, que veo el filme, soy bien inteligente y todos los demás (exhibidos en el filme) son unos pendejos».

    Pero eso es conformarse con poquito intelectualmente, y por eso me llama la atención la reacción en las redes sociales y la forma en que se ha encumbrado a esta película. Si yo creo que los republicanos conspiranoicos son unos idiotas, el filme me lo confirma, pero no me explica nada de ello, solo reafirma mi postura caricaturizando al otro viéndolo como más despreciable.

    Otro ejemplo es la forma en que se retratan a las Big Tech. Es claro que hay un profundo y necesario debate sobre el efecto que las empresas en línea y, sobre todo, las redes sociales tienen sobre la sociedad, sobre los riesgos de la inteligencia artificial que utilizan y sobre si estas empresas deberían ser reguladas dadas sus características muy particulares, pero casi nada de este debate (tan importante) se refleja en esta película que se limita a retratar con un tono anticapitalista al empresario malvado que quiere controlar al gobierno y a la sociedad con sus poderosos algoritmos. No es que no existan empresarios inmorales en este medio, es que reducirlo a ello ignora por completo los debates que son necesarios para que estos cambios tecnológicos generen menos efectos negativos (o más efectos positivos) en la sociedad.

    Sería iluso esperar que una sátira sea un análisis académico, al final es una comedia, pero tampoco deberíamos conformarnos con una trivialización exagerada y una excesiva simplificación de distintos fenómenos sociales que terminan siendo drásticamente simplificados hasta para una sátira. Algo me vino a la cabeza de Anne Applebaum quien, criticando el resurgimiento de la ultraderecha (pone como ejemplos a Polonia, la Hungría de Orbán o la España de Vox entre otras) señala esta aversión por ciertas personas hacia la complejidad lo cual los hace muy receptivos hacia el discurso de la derecha autoritaria. Este filme hace eso, ofrecer un discurso demasiado simple sobre algo que es más bien complejo, uno que hace énfasis en nuestras preocupaciones y las empaqueta en narrativas muy simples que sustituyan a la complejidad. Una sátira no te va a complejizar un fenómeno por sí misma, pero sí te puede invitar a ello, y este filme no lo hace.

    Si bien se entiende que es una sátira y que, por tanto, en este género se exageran los fenómenos de los cuales se hace burla, por momentos sí llega a transmitir una percepción demasiado exagerada de la realidad. Pareciera crear la sensación de que los medios de comunicación están completamente trivializados y han dejado de cumplir con su propósito de informar, lo cual tampoco es así (más allá de la cultura de consumo estadounidense y la progresiva polarización en medios) y pareciera crear la percepción de que la sociedad norteamericana es simplemente una basura, con lo que tampoco estoy de acuerdo (más allá de sus evidentes imperfecciones y más allá de que la sociedad norteamericana no me parezca la más ejemplar).

    Dicho lo anterior, por momentos el filme parece ser una autoparodia, por momento llega a entrar en esta trivialización y en este afán de empaquetar todo en una «cajita feliz» que el mismo filme busca denunciar. Eso, en lo particular, me pareció muy incómodo.

    ¿Por qué este filme causó tanto hype? Posiblemente porque satiriza aquello de lo que se habla comúnmente, de aquello que preocupa (y tal vez con mucha razón) a la gente, sobre todo desde las perspectivas liberales o progresistas, porque empata con lo que ya veníamos pensando, pero solo lo dice y se burla de él, como si fuera una suerte de fan service (recurso tan clásico del cine de estos años que apelan a la nostalgia): que los consumidores se sientan identificados. Ciertamente tampoco es un pésimo filme, tiene sus buenos momentos, pero tampoco puedo compartir esta idea de que se trata de una gran obra.

  • El Juego del Calamar – Análisis sociopolítico

    El Juego del Calamar – Análisis sociopolítico

    El Juego del Calamar - Análisis sociopolítico

    Muchos textos y videos se han publicado sobre El Juego de Calamar, la exitosa serie sudcoreana de Netflix que tantos comentarios y memes ha generado. Confieso que le tuve algo de escepticismo por su escandaloso éxito, pero al verla no me decepcionó en lo absoluto.

    En esta publicación yo pretendo, más que hacer un análisis de la película como tal, tratar de interpretar a esta exitosa serie desde lo social y lo político. ¿Qué nos dice esta serie sobre el conflicto social, las ideologías políticas y la condición humana?

    Antes de seguir, quiero advertir que inician spoilers.

    Muchas series que hacen crítica social o política de estos últimos tiempos (en especial las que provienen de este país) no caen en la tentación de analizar un conflicto social desde una postura ideológica y hacen el esfuerzo de hacerla, en la medida de lo posible, desde una postura lo más cercana a la neutralidad de tal forma que sea el espectador quien le de su propia interpretación en vez de dársela en peladita en la boca. Así sucedió con el Joker, con Parasite o El Hoyo y así ha ocurrido con esta serie (otras como la mexicana Nuevo Orden fracasaron rotundamente en esa intención).

    El Juego del Calamar sabe jugar muy bien con las polaridades: para comenzar, esta dialéctica entre lo infantil e inocente (representado con los juegos y lo estético: los escenarios y las vestimentas que evocan a los uniformes deportivos escolares) y el lado más oscuro y sádico del ser humano. Aunque aparentemente incompatibles, una polaridad está integrada con la otra, dialogan entre sí y conforman un todo.

    Las ideologías políticas

    A grandes rasgos, la serie puede ser vista como una crítica a dos sistemas económicos antagonistas: el capitalista liberal y los regímenes socialistas autoritarios o totalitarios. De nuevo, esta es otra polaridad que dialoga y una no se puede explicar sin la otra. Los participantes del concurso son los perdedores del capitalismo liberal: las personas endeudadas, fracasadas, personas sin oportunidades y que han sido esclavizadas por el mismo modelo económico de tal forma que no tienen escapatoria. Los juegos son aquel socialismo autoritario que se presenta como respuesta a la problemática de los participantes (pareciera una mezcla de 1984 de George Orwell y el famoso experimento de la cárcel de Stanford): al entrar en ellos, los participantes pierden su individualidad, son un simple número para el sistema, al punto que durante mucho tiempo ni siquiera saben cuáles son sus nombres: todos visten con las mismas ropas y están sujetas a las mismas reglas, duermen en las mismas camas y comen la misma comida: «igualdad al fin y a cabo». Se les permite votar de tal forma que dicha elección sea la «voluntad del pueblo» y no una decisión individual. Ello les permite salir de ahí en un principio, pero ello no les preocupa a los organizadores, porque han creado los incentivos para que la gran mayoría de ellos regrese.

    Aún con ese falso velo democrático e igualitario, todo el sistema está diseñado para beneficiar a los que están «arriba», al líder y a los «Vip» que serían algo así como los miembros más prominentes del politburó soviético o del régimen cubano. La única persona que ganaría algo es quien gana el premio que lo colocaría en una posición ventajosa en el mundo capitalista liberal al que ha regresado, pero en realidad regresa alienado, destrozado espiritualmente, de tal forma que se pregunta si su vida es realmente mejor que antes.

    Ahí, en ese sistema, todos son prescindibles. Los líderes no tienen la mínima preocupación por los concursantes que son meros instrumentos para saciar sus intereses y necesidades, ya no solo por la dinámica sádica y despiadada del juego del que no se les dio previo aviso a los concursantes, sino porque no es siquiera un problema para los líderes que se maten entre ellos como ocurrió en el motín. Ahí se devela, tal cual régimen totalitario, que los ideales igualitarios eran más bien falsos y que siempre fueron un mero mecanismo de control. Así, lo igualitario se termina transformando progresivamente en un darwinismo social en el cual solo importa la supervivencia del más fuerte: ahí ya no son iguales, unos valen más (los fuertes, hombres jóvenes) y otros menos (los débiles, mujeres y ancianos).

    Pero justo es este último detalle lo que hace que lo que se puede ver como una crítica al socialismo también pueda ser vista como una crítica al capitalismo. El hecho de que los participantes sean capaces de hacer cualquier cosa para ganar una cantidad de dinero tal que resuelva todos sus problemas es una alegoría de lo que el ser humano puede llegar a hacer por el dinero y cómo puede ser capaz de afectar a su entorno y las demás personas con ese fin. Si en la perspectiva socialista los individuos eran prescindibles para el sistema, para la perspectiva capitalista los individuos también son prescindibles para las ambiciones de quienes buscan codiciar el dinero a toda costa.

    La condición humana

    La visión de la serie sobre la condición humana no es tan pesimista como podría parecerlo. La serie bien expone la transformación que los individuos pueden llegar a experimentar al estar expuestos a situaciones de supervivencia límite donde el otro puede ser prescindible, donde el comportamiento humano no podría verse más allá de un simple juego de elección racional donde cooperar o no cooperar se explica solamente por meros cálculos motivados por intereses individuales. Así podría pensarse al principio, cuando los jugadores hacen equipos y colaboran para avanzar sabiendo que en una etapa posterior tendrán que enfrentarse en algún juego donde uno de ellos morirá. También ello puede verse a la hora de elegir a los integrantes de un equipo cuando se discrimina a la gente débil que represente una desventaja colectiva: las mujeres y los ancianos, aunque ello incluso implique romper pactos anteriores que existían: si el contexto cambia, la alianza que había formado en el pasado se vuelve un problema para mis intereses y, por lo tanto, decido traicionarla.

    Es que la serie reconoce que el altruismo o el acto desinteresado pueden existir, y de hecho coexiste con el cálculo pragmático despiadado: he ahí otra polaridad que convive y que causa conflictos. Esto se puede notar cuando el personaje principal, Seong Gi-hun, es constantemente invadido por su incapacidad de prescindir del otro (exceptuando el juego de las canicas) incluyendo el juego final donde no es capaz de ultimar a su rival (y amigo) Cho Sang-woo. Él gana el juego porque su amigo, en otro acto de altruismo (aunque también algunos podrían suponer como acto de cobardía dado su nulo deseo de regresar a su vida normal en la que simplemente era un fraude), decide suicidarse. Desde una perspectiva meramente racional y pragmática esa postura podría no haber sido la más conveniente para Seong. En realidad, la suerte jugó a su favor. También vemos algo parecido en el mismo juego de las canicas cuando la amiga y contendiente de Kang Sae-byeok tira su canica al suelo para que Kang gane. Y por supuesto, el juego final, donde Oh Il-nam (el anciano) apuesta a Seong Gi-hun que nadie va a ayudar al vagabundo que ven desde la ventana. Al final, alguien llega a ayudarlo.

    El papel de Cho Sang-woo es muy interesante porque plantea varios dilemas éticos: él representa a ese pragmatismo racional, frio y calculado que no está sujeto a ningún orden de valores más allá de la mera supervivencia (con excepción de su suicidio). En el juego de los vidrios, empuja al concursante que perdía el tiempo al no poner determinar sobre cuál vidrio podría saltar, lo que hace que muera. Este acto podría justificarse sólo desde una postura utilitarista, y es que es una exposición del clásico trolley problem donde mata a una persona para que más personas se salven.

    Analysing the Trolley Problem - ALGERIAN BLACK PEARL

    Pero está también el caso del juego de las canicas. Cho Sang-woo engaña a su amigo para sobrevivir. Es cierto que se encuentra en una situación límite y que no ha roto ninguna regla del juego, pero ¿es justificable prescindir de alguien más de manera ventajosa en una situación así? ¿Que su acto sea legal de acuerdo a las reglas de ese contexto totalitario lo convierte en algo ético?

    El mismo caso de las canicas es muy interesante, ya que en un principio el sistema les pide hacer parejas de dos haciéndoles creer que entre ellas van a colaborar con un propósito en común. Así, los jugadores seleccionan a la pareja que más estiman o a la que más confianza le tienen. De esta forma, el sistema coloca a los jugadores en un profundo dilema, ya que es más fácil prescindir de aquella persona que se detesta o se es indiferente que aquella persona que se estima. Algunos de los participantes son capaces de prescindir del otro para sobrevivir, incluso con engaños como en el caso de Cho Sang-woo, pero otros prefieren sacrificarse para que su pareja sobreviva.

    Conclusión

    El Juego del Calamar es una serie despiadada que no se la piensa dos veces antes de presentar la peor y más perversa faceta del ser humano, pero tampoco es que sea pretencioso con ella, al contrario. No es una mera serie con mucha sangre que quiera vender a través de ella, sino que justifica su presencia con un muy buen guión cuya solidez es evidente desde el primer capítulo. Al igual que ocurrió con Parasite o con Dark, que la obra no provenga de los cánones occidentales-estadounidenses sobre cómo hacer cine ni se ajuste a ellos le da un mayor valor: es una serie muy popular, pero no es una llena de clichés o de recursos para atraer a las audiencias. Es, me parece, una crítica social sincera y ello se nota en el trabajo.

  • Somos de Netflix. La historia de una masacre en el México más oscuro

    Somos de Netflix. La historia de una masacre en el México más oscuro

    Somos de Netflix. La historia de una masacre en el México más oscuro
    NETFLIX © 2021

    México es un país que tiene muchas facetas, muchas realidades distintas. No pocos mexicanos (aunque la minoría, claro está) pueden presumir tener una calidad de vida similar a los de países europeos. Muchos otros viven en realidades muy distintas que muchos no llegamos a experimentar y que conocemos por la nota roja: realidades donde la violencia es pan de cada día, donde la descomposición social, la carencia de recursos y la necesidad de aferrarse a lo que sea para sobrevivir o salir adelante es regla y no excepción.

    Dentro de este lastimoso contexto, «Somos«, la serie de Netflix, relata una de las masacres más duras que haya experimentado en nuestro país en los últimos tiempos, una que no necesariamente tuvo la difusión que merecía y en la que posiblemente murieron más de 300 personas en Allende, Coahuila, un poblado de no más de 20,000 habitantes. Poco más de una de cada 100 personas en ese poblado murieron. James Schamus, el creador de esta serie, después de leer el reportaje de Ginger Thompson, llegó a la cuenta de que esa era una historia que tenía que ser contada a través de la pantalla.

    ¿Por qué Somos es una serie que vale la pena? Por el simple hecho de que, a diferencia de muchas otras producciones de Netflix, la historia está relatada desde la perspectiva de las víctimas. Por eso se llama así la serie. La mayoría de los personajes como tales no existieron, pero la trama como tal está basada en testimonios reales que aparecen en el reportaje de Thompson de tal forma que, aunque los personajes sean ficticios, la historia que circunda la trama no lo es.

    Muchos de los actores no eran de carrera. Schamus quería transmitir naturalidad a través de la historia y lo hizo a través de actores «no profesionales», cosa que salió bien. Jesús Sida, quien interpretó a Paquito, es un buen ejemplo de ello ya que hizo un muy buen trabajo en la miniserie.

    El desarrollo de la serie es increíble, el arco de los personajes se va desarrollando a través de los distintos capítulos de tal forma que logras empatizar con ellos mientras un ambiente tenso se comienza a hacer poco a poco más presente. No hay una idealización de la víctima, se les presenta como seres imperfectos que pueden tener muchos defectos, lo cual termina de darle más naturalidad a la trama. Así, cuando la tragedia ocurre, aquello que no puede sentirse con las estadísticas termina doliendo mucho después de haber humanizado a quienes terminarán siendo las víctimas de la tragedia.

    Somos acierta en relatar las problemáticas que rodean a la tragedia. Allende es, como muchos pueblos mexicanos, relativamente pobre. Parece ser un pueblo de paso, donde no hay mucho que hacer y donde no hay muchas formas de salir adelante: exceptuando a los más acaudalados que pueden huir de vez en cuando, la cantina y el vicio son formas de perder el tiempo para la gran mayoría de la población. Ahí cohabitan la pobreza, la violencia como forma común para resolver conflictos, los abusos de autoridad ejemplificado en los policías que detienen arbitrariamente a Paquito, el machismo que se hace presente en la relación con las mujeres y, sobre todo, con el trato a las prostitutas como meros objetos (desde los narcotraficantes hasta el pusilánime Benjamín), pero también en esa figura del hombre altanero que siente que puede pasar encima de lo que sea y de quien sea: el típico macho mexicano. También cohabitan la colusión de las autoridades con los narcotraficantes que queda patente cuando los Zetas utilizan a los presos como parte del comando que perpetrará la masacre. Bastó un fallo de la DEA al comunicar información sensible al gobierno mexicano que terminó siendo filtrada para que, como venganza, los zetas decidieran masacrar al pueblo destruyendo casas y quemando los automóviles que se encontraran a su paso.

    La falta de Estado de derecho y la consecuente fragmentación del Estado propia de las transiciones de regímenes autoritarios (que, en el caso del PRI hegemónico, tenía bajo control la violencia provocada por los cárteles gracias a una suerte de consenso con ellos) a democracias imperfectas con instituciones débiles acompañan la problemática propia del pueblo ya que explican en cierta medida la espiral de violencia que se ha vivido en el país en las últimas dos décadas. El hecho de que se afirme que todo partió de un fallo de la DEA lo refleja: el gobierno mexicano no es confiable, como no es confiable es riesgoso compartir información sensible que pueda ser filtrada al crimen, por lo tanto, la DEA guarda responsabilidad al compartir información sensible al gobierno que fue filtrada a los Zetas quienes, como consecuencia, perpetraron la masacre.

    Los últimos treinta minutos de la serie son muy duros, porque ahí los personajes, con los que habíamos empatizado, comienzan a caer uno a otro, y solo pocos se salvan. Los narcotraficantes no tienen piedad para terminar con la vida de mujeres, hombres, jóvenes, sin importar el estrato social del que provienen: los bomberos Chema y Ronaldo, quienes habían vencido a la adversidad en tiempos pasados son ultimados por no ser «leales» a los deseos de los Zetas. Nancy descubre que el papá de su amigo es el líder de los Zetas cuando iba al baño y, ante ello, el papá, el Z-40, le pide a uno de sus guardias que lleve a ella y su novio, quienes no sabían que iban a ser asesinados. A Paquito lo matan cuando trata de huir después de haber tratado de sobrevivir siguiendo las órdenes del cártel. Benjamín y otros miembros de su familia tratan de huir a Estados Unidos, pero, después de una llanta ponchada, son alcanzados por los narcotraficantes que les arrebatan la vida. La película termina con los niños que no fueron ultimados pero sí abandonados en una banca y a quien les arrebatan a su pequeño hermano que se queda con los narcotraficantes.

    Ver Somos duele. Duele no solo porque nos muestra el lado más oscuro y terrible del ser humano: el más primitivo y violento, sino porque es real, porque muchos connacionales lo sufren. Duele porque algo que hemos aprendido a normalizar como mecanismo de defensa se nos vuelve a presentar sin piedad y consideración alguna en nuestros ojos. Somos nos hace sentir lo que muchos sienten, nos saca de nuestra área de confort, de nuestra burbuja socioeconómica.

    Y duele porque nos hace sentir impotencia. ¿Qué se puede hacer? Las víctimas no se pueden defender, las instituciones no funcionan. Es más, ni los académicos y especialistas saben bien a bien qué tendría que hacerse para que esta problemática termine.

  • Nuevo Orden (reseña) – ¿Es clasista?

    Nuevo Orden (reseña) – ¿Es clasista?

    Por fin tuve la oportunidad de ver esta película de Michel Franco que tanta polémica generó en las redes, a la que se le acusó de racista, clasista o de whitexican.

    Inician spoilers:

    Lo primero que me evoca esta cinta es a Parasite, una cinta genial que muestra un conflicto de clases sin tomar una postura y a través de la cual se busca mostrar la condición humana tal cual. Seguramente fue una de las referencias de Michel Franco.

    No creo que Michel Franco haya tenido la intención de crear una película clasista, creo que trató de hacer lo análogo a Parasite, trató de mostrar un conflicto de clases visto desde fuera. El problema es que el infierno está pavimentado de buenas intenciones y evidentemente no lo logró.

    En los primeros veinte minutos, que me parecieron algo aburridos, vemos cómo transcurre una boda en una casa de El Pedregal. Es evidente que Michel Franco conoce bien el ethos de las clases altas y las sabe representar bien. No hay una idealización de ellas (como algunos críticos pensaron), tampoco una satanización contundente. Franco nos muestra una atmósfera un tanto corrompida pero con algunos destellos de bondad (como en la hija que hace lo posible para ayudar a su ex empleado).

    El problema es que no supo hacer lo análogo con los pobres y ahí es donde todo se echa a perder porque simplemente no conoce bien esos estratos que le son más ajenos. Ello hace que la película parezca narrada desde la perspectiva de los ricos, que los pobres se sientan un tanto estereotipados y se pierda la neutralidad a la que el propio Michel Franco aspiró. Si en Parasite se detalló muy bien el contexto de la familia pobre y que explica por qué parasitan de la familia rica (que a su vez parasita de la pobre) acá no sucede eso. Vemos una suerte de revuelta contra los ricos, pero no se nos termina de explicar por qué ésta sucede. Solo ocurre y ya.

    Evidentemente esa revuelta es llevada a cabo por las clases sociales bajas, pero, más que revolucionarios, parecen ser seres deshumanizados que están completamente entregados a sus instintos. No sabemos bien por qué se rebelan. Simplemente, de la noche a la mañana, estalla la rebelión, invaden la casa donde la boda se realiza e incluso parte del personal del aseo de la casa se suma: la señora del aseo de confianza simplemente se pone muy feliz a robar.

    Si bien, como comenté, Franco no idealiza a las clases altas, sí que terminan siendo las grandes víctimas del cuento. Son ellas las que no solo son arrasadas por la turba, sino las que, después de la ocupación militar, son retenidas en un campo de concentración para extorsionar a sus familiares. Los pobres también sufren, son aislados e incluso los soldados son capaces de prescindir de su vida si se rebelan (como ocurrió con el ex empleado asesinado por tratar de ir a ver a su esposa hospitalizada), pero no sufren tanto como los ricos. Cosa curiosa, porque en los regímenes militares suelen ser las clases medias y bajas las mayores víctimas de opresión.

    Si bien esta película no tiene protagonistas claros, es más que obvio que los que más se acercan a ser protagonistas son los personajes de las clases altas: la pareja de novios, el hermano, la madre. Los pobres, con excepción del ex empleado y el chofer (quienes no se rebelan), quedan reducidos a una masa sin identidad. Son simplemente, o una turba enojada, o simples víctimas de la militarización, pero se nos presentan como ajenos.

    Todas estas consideraciones son las que hacen que algunos la perciban como clasista. Como dije anteriormente, la cinta (o el director) no tiene la intención de serlo, pero en más de ocasión, gracias a las imprecisiones del guión y al hecho de que es patente que Michel Franco conoce mucho más de las clases altas que de las bajas, por momentos pareciera dejar esa impresión, que es una historia vista desde las élites, historia que si bien llega a ser crítica con ellas, se termina viendo desde su perspectiva y sus fobias y no desde la perspectiva desde una tercera persona ajena a la historia (cosa que sí ocurre en Parasite).

    Es evidente que la película busca incomodar, es muy cruda y en este sentido buscó ser innovadora en el cine mexicano, pero también está acompañada de un guión y una argumentación muy pobre. No se termina de entender la crítica política del todo, vemos que después de un conflicto de clases que no terminamos de entender de dónde surgió, las fuerzas militares toman el poder y establecen una dictadura. Pero, de nuevo, generalmente las dictaduras militares suelen estar cerca de las élites económicas (incluso quien parece tomar el poder había sido invitado a la boda), sin embargo, las élites son severamente oprimidas por los soldados que buscan extorsionarlas. De pronto el contexto político narrado en la política deja de tener sentido alguno.

    A mi parecer, más que las críticas de clasismo o de satanización de la protesta, elementos que creo no fueron intencionales pero que, debido a la poca pericia y a la falta de una buena argumentación, dieron pie a esas interpretaciones, el planteamiento y la estructura de la película fue deficiente. Hecha con más cuidado pudo haber sido una gran obra que fuera un hito, pero a veces se siente que algunas cosas se hicieron al aventón y no se les trató con el debido cuidado.

  • Brujas (2020) ¡Qué espanto de película!

    Brujas (2020) ¡Qué espanto de película!

    Brujas (2020) ¡Qué espanto de película!

    En Hollywood los remakes están a la orden del día.

    No estamos precisamente en una era donde la creatividad artística abunde (aunque es innegable que hay algunos muy buenos filmes por ahí), por lo que los remakes, los live action y demás «formatos revival» están a la orden del día. Son una inversión segura aunque sean un bodrio, porque la nostalgia vende y funciona como estrategia marketinera.

    Algunas obras en este formato funcionan. El Rey León no me pareció mala en lo absoluto, por poner un ejemplo. Aladdin, sin que me parezca una obra majestuosa, cumple con su fin de entretener y no sales decepcionado de la sala, pero hay otros que básicamente son un insulto a la obra original y nunca se debieron hacer.

    Y una de estas obras prescindibles es Brujas.

    A ver, es cierto que la obra de 1990 fue un hito, es cierto que era una obra casi insuperable, pero uno esperaría, dentro de lo que cabe, que presentaran algo decente si se iban a atrever a hacerlo, independientemente de la decisión de seguir en la línea de la primera o romper con ella (como pareció que trataron de hacer, a medias).

    ¿Por qué Brujas, la de 1990 con Anjelica Huston y Rowan Atkinson, fue un hito de su época? Por todos aquellos elementos que precisamente fueron removidos en esta nueva cinta, sobre todo aquello que tiene que ver con la sensación de miedo y suspenso que la primera cinta originaba.

    Todos los que vimos la película original de Brujas cuando éramos niños tuvimos pesadillas. Aunque no era una película de terror propiamente te daba miedo. El guión, los efectos y las caracterizaciones estaban tan bien desarrollados que, a pesar de la evidente fantasía de la película, había una dosis de realismo, de naturalidad, sin pretensiones excesivas. Ver cómo la original Eva Ernst se convertía en la gran bruja generaba temor, escalofríos; ni que decir de la transformación de Bruno de infante a ratón, hasta sentías asco al ver la transformación. De niño te llegabas a imaginar la posibilidad de que las brujas existieran y te daba miedo.

    En esta nueva edición ocurre lo opuesto. La cinta se percibe sobreproducida. La fotografía, con la cual al parecer pretendieron darle una atmósfera de fantasía, mató la sensación de realismo que tenía la obra original. Los efectos CGI tan mediocres la hicieron más falsa y artificial. Lo peor es que ni siquiera hay una transformación de la bruja que espante y genere ansiedad.

    Si en la obra original Anjelica Huston tuvo que pasar varias horas esperando a que la caracterizaran con el aspecto de bruja (y eso lo hicieron una y otra vez), Anne Hathaway solo tuvo que quitarse una peluca, mostrar sus extrañas manos que parecen de metalero y «abrir la boca» con efectos CGI dignos de un videojuego de bajo presupuesto. Todo se veía tan falso, sobreproducido, artificial. La bruja mayor no imponía como sí lo hacía la original. Acá solo se veía una bruja histérica fuera de sus cabales que más que temor generaba risa, si no es que conmiseración.

    Ni que decir de Erika, la niña de la que habla la abuela y que es capturada por una bruja. En la cinta original aparece dentro de una pintura de la casa de sus padres cambiando de posición cada día (lo cual es escalofriante), en la nueva simplemente se convierte en una gallina.

    Pareciera que se molestaron en que las transformaciones a ratones no se vieran agresivas ni escalofriantes. Las hicieron más friendly, más «políticamente correctas», que no espanten a nadie ni generen sensaciones negativas. Eso lo arruinó todo.

    Y hablando de Hathaway, las verdad es que las actuaciones fueron bastante mediocres. El niño principal, a diferencia del papel original, no tiene carisma y es irrelevante; el mayordomo, tan falso y pretencioso, no tiene nada que hacer frente al papel de Atkinson, Hathaway ni hablar, la abuela es de lo poco rescatable en materia de actuación. Y si todo lo que dije no era suficiente, también le mataron el encanto inglés de la cinta original al «trasladarla» a Alabama.

    Y hablando de los papeles, no es que me moleste la inclusión que Hollywood le mete a sus películas, pero si lo van a hacer tendrían que molestarse en hacerlo bien. A ver, es Alabama, son los años 60. La abuela y el niño, afroamericanos, de clase media baja van y se hospedan en un hotel carísimo habitado por gente blanca y no pasa nada, todos los tratan como sus iguales. Inconsistencias como esas hay muchas y sobresalen.

    Es cierto que los adultos no somos la audiencia objetivo, pero inclusive cuando a esta edad uno se pone a ver la cinta original, se siguen sintiendo esos escalofríos: la cinta no envejece mal, no te comienza a aburrir cuando creces (al contrario). La nueva obra, en cambio, tiene una calificación bastante mediocre en Rotten Tomattoes mientras que la original tiene calificaciones bastante buenas.

    Parece que los escritores se preocuparon demasiado por «no asustar a los niños», ¡no queremos que tengan pesadillas, no queremos que sientan ansiedad! Y así, decidieron hacer el remake pero removiendo toda la magia y dejando solo el cascarón. Así la película deja de tener sentido, se vuelve otra del montón, otra de tantas películas infantiles que difícilmente quedarán en el baúl de los recuerdos.

    A la obra la mataron, y para los que le tenemos cariño a la obra original tal vez lo mejor es hacer como que nunca existió.

    https://www.youtube.com/watch?v=4IVKVZ-Yk-c
  • Las Tres Muertes de Marisela Escobedo. Reseña de un documental que deberías ver  ya

    Las Tres Muertes de Marisela Escobedo. Reseña de un documental que deberías ver ya

    Las Tres Muertes de María Escobedo. Reseña de un documental que deberías ver

    El problema que a veces tengo con las cifras es que difícilmente logran transmitir la carga emocional que contiene aquello que miden o representan. Hablamos de tantas personas muertas o asesinadas con una frialdad que nos recuerda aquella frase atribuida a Stalin que dice que «una muestre es una tragedia, un millón es estadística».

    Cuando hablamos de asesinatos o, más en específico, feminicidios, solemos caer en la trampa. No es que las cifras no importen, es que si les diéramos la real importancia a lo que miden deberían dolernos en lo más profundo del corazón. Lo que hace el documental de Netflix, Las Tres Muertes de Marisela Escobedo, es humanizar aquello que hemos relegado a la frialdad de las cifras.

    Lo que tenemos es el relato de una historia desgarradora e indignante, muy dolorosa pero necesaria. La impotencia, el coraje y la tristeza se entremezclan al escuchar tan dolorosa historia y, peor aún, saber que es solo una historia de tantas. Basta haber retomado tan solo un elemento de tantos que componen esas cifras que ya nos son demasiado cotidianas como para llamarnos la atención sobre la pobredumbre humana, moral e institucional detrás de una pérdida humana (un feminicidio, en este caso).

    Todo comienza con el feminicidio de Rubí, asesinada por su pareja Sergio Barraza quien, después de que Marisela Escobedo indaga sobre lo ocurrido con su hija, es detenido y llevado a juicio. Las pruebas son contundentes, existen las suficientes declaraciones e incluso Sergio tácitamente reconoce su culpabilidad al pedir perdón a Marisela. Era un hecho que sería condenado culpable ¿verdad?

    Pero Sergio Barraza es absuelto, por increíble que parezca. La escena donde Marisela Escobedo estalla en llanto y coraje es desgarradora. Es difícil que esa indignación no le llegue a uno a lo más profundo de las entrañas.

    Sin embargo, Marisela Escobedo es fuerte. No se deja caer. Desde el siguiente día sigue adelante, presiona a las autoridades, hace numerosas manifestaciones para exigir justicia, pero queda claro hay algo que no cuadra. Ante el vacío que deja la ausencia de las autoridades, ella se empeña en buscar al feminicida para que sea recapturado y ahora sí encarcelado. Logra dar con él en Zacatecas, pero el operativo fracasa estrepitosamente. Él logra escapar. Luego se entera de que había ingresado a la fila de los Zetas.

    Marisela Escobedo sigue siendo fuerte, va a la Ciudad de México y el entonces Presidente Felipe Calderón se niega a recibirla. Trata de llamar la atención del nuevo gobernador de Chihuahua César Duarte y es rechazada. Se manifiesta frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, duerme ahí y posteriormente es asesinada ¡frente al Palacio de Gobierno!

    De ahí el nombre del documental: la primera muerte es la de su hija, la segunda es la de la inexplicable liberación de su asesino y la tercera es su propia muerte. Yodos esos crímenes quedaron impunes. Sergio Barraza falleció por razones ajenas al crimen que cometió y nunca pagó por lo que hizo. La colusión de las autoridades con el crimen organizado es completamente evidente pero absolutamente nadie pagó, todos salieron bien librados y no padecieron más que la indignación del pueblo que salió a las calles.

    Lo que retrata este caso, uno de tantos, es no solo la pobredumbre social o el machismo (evidente desde varias perspectivas) sino un sistema de justicia inoperante que no logra, ni siquiera a medias, proteger a los ciudadanos de los delincuentes y que está diseñado para no darle la suficientemente atención a la violencia privada que las mujeres sufren (ahí donde generalmente no hay muchos testigos) y que es una de las razones por las cuales las mujeres protestan una y otra vez.

    La sensación que te deja esa historia es que estás solo, que si eres violentado tienes que ir por tu cuenta como hizo Marisela Escobedo cuya ardua labor trató de llenar el vacío que la displicencia de las autoridades llenaron. Y no sólo vas solo, porque las autoridades, que deberían defenderte, ni siquiera toman un papel neutral sino que son cómplices. Tú te vuelves un problema para los intereses de las autoridades más que el asesino.

    La única luz de esperanza que deja este documental es ver cómo los colectivos feministas han tomado la figura de Marisela Escobedo como un símbolo, y que, a pesar de todo, nadie se ha rendido en la búsqueda de un estado de cosas más justo donde las autoridades nos defiendan a todas y todos, uno donde las mujeres no sean violentadas.

    Y dentro de todo el cúmulo de sensaciones fuertes, de corajes o indignaciones que genera esta serie, también hay una historia de lucha y amor encabezada por Marisela Escobedo, quien hizo todo lo que estuviera a su alcance para hacerle justicia a su hija Rubí al punto que dio su vida por ella. Y a pesar de que el crimen quedó impune su lucha no fue en vano ya que se ha convertido en inspiración de muchas activistas para seguir con la lucha.

    Es evidente que la impunidad y la colusión de las autoridades también nos afecta sobremanera a los hombres, pero en el caso de las mujeres se agrega este elemento de la violencia privada, donde no hay testigos y los testimonios faltan, lo cual genera un sentimiento de vulnerabilidad mucho mayor. Es evidente que nuestro sistema de justicia poco hace por este tipo de violencia, no sólo porque es ineficiente en la práctica, sino por su propio diseño.

    Si uno quiere preguntarse el por qué de las marchas de las feministas que tanto incomodan a ay tanta «indignación» generan por los vidrios rotos o monumentos rayados, debería ver esta serie. Este documental debería ser vista obligatoria para toda persona de este país. A veces es necesario confrontarnos con la realidad, que es mucho más cruel que las cifras, porque solo a partir de la cruda realidad es como se puede comenzar a construir una realidad mejor.

  • Dark, un análisis diferente a todos los que vas a leer

    Dark, un análisis diferente a todos los que vas a leer

    Dark, un análisis diferente a todos los que vas a leer

    El tiempo es, pues, dado a priori. En él tan sólo es posible toda la realidad de los fenómenos. Todos ellos pueden desaparecer, pero el tiempo mismo (como la condición universal de su posibilidad) no puede ser suprimido.

    Immanuel Kant

    Todo el mundo está hablando de Dark, la serie alemana de Netflix que este año ha concluido y que, como suele suceder, vi hasta el último. Pero ¿qué es lo que tiene esta serie que hace que valga la pena?

    No quiero hacer un análisis tradicional sobre la serie que habla sobre lo que trata, los personajes y demás. Me quiero enfocar más bien en el «rollo filosófico» obviando muchas de las cosas que ya muchos análisis han hecho. Quiero también tratar de tejer una relación con lo que estamos viviendo el día de hoy: no solo sobre lo que tiene que ver con la pandemia, sino con el ethos social, con nuestra forma de abordar la realidad.

    ATENCIÓN: Inician spoilers

    Me parece importante hacer un análisis más enfocado en lo filosófico y lo social, porque si algo sabe hacer muy bien esta serie es hacerte sacudir un poco tus estructuras y convenciones cotidianas para meterte en un mundo muy enrarecido y tenso que puede hacerte sentir y pensar muchas cosas que tal vez no habrías hecho en un día normal.

    Que sea una serie alemana dice mucho sobre ella, no solo porque esté hablada en alemán y porque, en muchos sentidos, se aleje de los clichés hollywoodenses, sino porque es muy alemana, porque esa tradición filosófica alemana tan peculiar se vuelve muy notoria en la obra. Ya no sólo porque el «eterno retorno» de Nietzsche sea uno de los pilares del argumento, sino porque, a diferencia del cine estadounidense que tiende más bien a la sencillez o la practicidad, Dark es una serie muy densa, compleja y rebuscada (no en el mal sentido de la palabra). Si leer a Hegel o a Heidegger es introducirse en un laberinto que no muchos logran resolver, ver Dark, salvando las distancias, implica cuando menos estar muy atento para no perderse en una trama que se volverá, a través de los capítulos y temporadas, cada vez más compleja. No es, a diferencia de las obras de los filósofos alemanes, que no se pueda entender, pero sí requiere de cierta atención.

    Así como los libros de filosofía no se pueden leer como un libro normal, sino que tienes que leerlos con cautela y releer una y otra vez, algo así pasa con Dark. Si Stranger Things (serie con la que se le han hecho comparaciones) es como leer El Principito, Dark sería algo así como leer Fenomenología del Espíritu.

    Como para compensar eso, la serie te atrapa. La fotografía, el sonido, la rapidez con la que se pasa de una escena a otra y las constantes sorpresas ya te incitan por sí mismas a estar poniendo atención y te motivan a no perderte en la trama. Más de una vez tuve que volver a ver la escena para entender de qué se trataba porque no me quería perder de nada.

    Pero es justo este clima de densidad y rebuscamiento con el que la serie te logra meter en un ambiente de una forma que te mantiene ansioso, como si estuvieras en un lugar irreal. Esa sensación se siente desde el principio, como si estuvieras soñando aquello que estás viendo. Me cuesta trabajo recordar alguna obra o filme reciente que me haya hecho sentir lo que me hizo sentir al ver Dark.

    Y tal vez en estos tiempos de pandemia cobra más relevancia, porque tanto Dark como nuestra circunstancia sacude lo cotidiano, lo que considerábamos la normalidad y nos lo muestra como lo anómalo. Ante la sacudida las reglas del juego cambian, nuestro comportamiento, nuestra forma en que nos adaptamos a las nuevas circunstancias.

    Dark también parece una invitación a romper el mecanicismo cotidiano, nos invita a preguntarnos del por qué de las cosas, ¿qué hay más allá? ¿Nuestro mundo es tal como asumimos que es? ¿Podemos decir que tenemos una identidad fija como personas (cosa que la serie intenta poner en entredicho)? ¿Yo soy yo mismo a los diez y a los cuarenta años? ¿Es que los eventos de alguna u otra manera tienden a repetirse a lo largo del tiempo? Dark nos muestra la natural reacción humana ante lo desconocido, ante lo que no cuadra con lo establecido. Ese revelar que se puede viajar a través del tiempo (cosa que deja atónitos e incrédulos a los personajes que se resisten a ello) es análogo precisamente a las «revoluciones científicas» como la que representó el propio Einstein con su Teoría de la Relatividad que tanta resistencia causó al principio, pero también podría ejemplificar nuestra renuencia siquiera a considerar aquello que no encaje con nuestra forma de pensamiento porque nos hace sentir amenazados e inseguros.

    Lo que importa aquí no es tanto la justificación científica que gira en torno al argumento (la paradoja del viaje en el tiempo, los agujeros de gusano, universos paralelos, el Bosón de Higgs o el gato de Schrodinger quien guarda un asombroso parecido con Tannhaus, el científico de la serie); es obvio que la justificación científica no tiene que ser perfecta, tiene algunas imprecisiones y arbitrariedades que son necesarias para crear un buen argumento y de las cuales no hablaré pero que puedes ver en este video y en este. Dark no es un documental científico ni se le puede tratar como tal, pero sí que logra abordar todas estas cuestiones científicas de forma que difícilmente alguna otra obra habría podido hacer (tal vez Interestelar, aunque desde una perspectiva distinta), al menos no con esa profundidad existencial con la cual la serie trata de sacarte de tus paradigmas y convenciones cotidianas.

    Y lo logra hacer porque la serie, al más puro estilo alemán, se da permiso de elaborar una trama cuya complejidad genera un sentimiento de ansiedad y a veces de angustia. Te das cuenta del tamaño de los dilemas filosóficos que implican todas estas paradojas y teorías científicas cuando de pronto observas que hay tres Jonas de distintas edades, tres distintas Marthas; que Mikkel, más pequeño que Jonas, es también su padre en el mismo mundo. De pronto parece que no entiendes nada, que todo está entremezclado y entrecruzado. Los personajes se «repiten» en diversos contextos espacio-temporales como una clara representación del Eterno Retorno de Nietzsche, como en una espiral, dando vueltas sin llegar a un punto final sino repitiéndose una y otra vez y condenados a ello de forma determinista.

    El momento que me pareció más impactante fue el inicio de la tercera temporada: Jonas viaja al mundo de Eva (quien es, a su vez, Martha) para meterte a un ambiente extrañísimo, como de ensoñación y que genera sentimientos muy extraños. Ya te habían familiarizado tanto con los personajes y los escenarios para que de pronto te introduzcan en otro mundo tan parecido al primero pero donde las características de los personajes están revueltas (por ejemplo, la cicatriz de Helge se encuentra en el ojo y no en la oreja, Magnus tiene el pelo negro y tatuajes, no es Elizabeth quien es muda sino su hermana Franziska), donde los escenarios están invertidos, donde todo lo que ocurre en el otro mundo ocurre pero de diferente forma.

    Todo esto tiene muchas implicaciones filosóficas. El determinismo es una cuestión central en la serie: ¿Tenemos libre albedrío o nuestro actuar es tan solo productos de causas y efectos ya predestinados a ocurrir producto de las leyes de la física? Se asume que todas las acciones humanas de la serie ya están determinadas y prueba de ello es que ocurren en el «otro mundo». Sin embargo, la cinta nos muestra que el libre albedrío es posible y un ejemplo de ello es cuando Jonas lanza sobre marta para transportarla y así cambiar una historia que ya parecía determinada a repetirse incesantemente.

    La moral también se encuentra presente. ¿Está bien que hagamos esto? ¿Está bien que estemos juntos? Se preguntan Jonas y Martha más de una vez. Muchas de las decisiones que los personajes toman tienen que ver con planteamientos morales y está determinada por lo que entienden por realidad. Si aquello es un «error en la matriz» y altera el orden de las cosas tal como debería de ser entonces está mal y, por lo tanto, es inmoral.

    La dualidad entre el bien y el mal o la luz y la oscuridad está muy presente en la serie, aunque a veces sea confuso saber qué cosa es qué, y sin embargo al final es difícil determinar quienes son realmente los héroes y quienes son villanos, si es que algo así realmente existe porque muchas de las actitudes y decisiones tienen que ser juzgadas de acuerdo a su contexto espacio-temporal (en qué mundo y en qué época). Al final, ambas partes, Adán y Eva (Jonas y Martha), acuerdan en que es necesario romper el nudo: Al principio el primero quería destruir ambos mundos y la segunda mantenerlos, pero después de la revelación del «mundo origen» se crea un consenso donde el problema no son los villanos sino los personajes (a veces ellos mismos) que se encuentran en otros contextos espacio-temporales, pero que, a su vez, juegan un papel trascendental.

    Algo interesante que, aunque no se aborda de forma explícita, vale la pena recalcar, es lo que tiene que ver con la construcción subjetiva de la realidad. Los seres humanos llegamos a pensar que la realidad tal como es nos está dada cuando en realidad accedemos a ella de forma subjetiva e incompleta y solo conocemos de forma fenoménica aquello de la realidad que hemos experimentado. Vamos construyendo la interpretación que nuestro organismo hace de la realidad objetiva, por lo cual, nunca la podemos conocer del todo o, para decirlo de otra forma, en su completitud.

    Prueba de ello es la incapacidad inicial que tienen los personajes de adaptarse a las otras épocas a las que viajan, y aunque me parece que en la tercera temporada descuidaron un poco este tema, en las primeras dos vimos cómo los personajes no sabían cómo reaccionar ante las formas y costumbres de la época. Así también ocurre cuando Jonas viaja al mundo de Eva: como se trata de un mundo paralelo, todo aquello le parece conocido, como si lo hubiera experimentado (déjà vu) pero pronto se da cuenta que está en un mundo que no es el suyo, una realidad que le engaña porque se parece a la que él había construido en su mente pero que en realidad no es la suya lo cual le ocasiona que se tropiece una y otra vez.

    Los simbolismos importan mucho y le dan más sabor y profundidad a la trama. Encontré en ellos algunas referencias cristianas (las que nos parecen más obvias como la figura de Adán y Eva) y otras más bien esotéricas y ocultistas, sin olvidar la mitología griega de Ariadna, Teseo y el Minotauro. La triqueta (que nos da una pista sobre la configuración final de los mundos) y el número 33 que es la edad de Jesucristo cuando es crucificado y el grado más alto dentro de la masonería son clave. Es evidente la influencia del Kybalión de Hermes Trismegisto (incluso el libro físico llega a aparecer en la serie en manos de Elizabeth). Algunos de los principios de esta obra aparecen en la película y le dan forma a la trama: los más notorios son los de la polaridad (todo es doble, todo tiene dos polos) y el principio de causa y efecto (que en la trama también recuerda a Santo Tomás de Aquino y sus cinco vías de la existencia de Dios). Como mi conocimiento en estos temas es limitado, seguramente habrá otra simbología que pasé por alto, pero sí me llama la atención esa combinación entre ciencia, filosofía, ocultismo y referencias cristianas. Lo mejor es que lo hacen de forma cuidada y sin caer en clichés. Mucho cuidado se debe tomar cuando quiere combinarse el Eterno Retorno de Nietzsche con simbología y varias teorías científicas, y lo logran hacer bien. Esto no es el Código Da Vinci, esto es serio.

    Debo decir que el final me pareció un poco raro, pero funciona y muy bien. Ahí es cuando más se nota que no estamos frente a una cinta de Hollywood. No te terminan liberando de la tensión en la que te mantuvieron toda la serie como las cintas estadounidenses suelen hacerlo, pero tampoco te dejan con la sensación de que faltó algo. Es decir, la historia tuvo una conclusión entre que feliz pero que, a la vez, es un tanto ambigua. Cuando Hannah, en la cena con los personajes que son parte del «mundo origen» (aquellos que no dejaron de existir porque su nacimiento fue producto de viajes en el tiempo y espacio) dice que tuvo un déjà vu, termina dejando en el espectador alguna ansiedad no resuelta y parece dejar un poco a su interpretación la conclusión final. Sabemos que el nudo se cerró y que el objetivo principal se logró, pero no sabemos si los otros personajes llegaron a una suerte de paraíso o simplemente dejaron de existir por ser producto de ese nudo espacio-temporal que fue deshecho (me inclino más por lo segundo).

    Que el destino de la mayoría de los protagonistas (producto de un «error en la matriz») fuera no existir era algo que no sé si podamos terminar de considerar como final feliz, sobre todo porque no es como que los protagonistas del «mundo original» vieran alteradas sus vidas por lo que ocurría en estos dos mundos paralelos más allá de algún déjà vu o sueño (con excepción de Tannhaus quien no perdió a sus seres queridos). Pareciera como si la conclusión fuera que esos mundos paralelos generados por la máquina del tiempo de Tannhaus, al formar una suerte de nudo, fueran una mera contradicción que tendría que ser deshecha, una suerte de prisión espacio-temporal de la que no se podía salir. Básicamente los personajes principales destruyen sus mundos y con ello a sí mismos porque implican una suerte de contradicción y una prisión determinista espacio-temporal, y por ello solo debe quedar en pie el mundo original, aquel que los hizo surgir a través de la máquina del tiempo.

    Para concluir: la serie siempre mantuvo una calidad constante e incluso ascendente. Acertaron al no continuarla más allá de la tercera temporada por su misma naturaleza evitando la tentación extender innecesariamente una gran obra para obtener más ingresos (como muchas veces suele ocurrir). A lo largo de las tres temporadas, Dark logró sorprender al espectador una y otra vez de distintas formas sin que esta dinámica se volviera cotidiana y perdiéramos la capacidad de asombro. Por esto es una de las series que más han llamado la atención de la gente en los últimos años: una serie muy densa, innovadora y con un gran trasfondo científico, filosófico y simbólico.