Autor: Cerebro

  • Adiós Stephen Hawking, gracias por todo

    Adiós Stephen Hawking, gracias por todo

    Adiós Stephen Hawking, gracias por todo

    Recuerdo que, ya hace varios años, en el aeropuerto de Nueva York, a la hora de abordar el avión que me traería de regreso a México, vi a un hombre en una silla de ruedas que tenía algún extraño padecimiento y un dispositivo. Las sobrecargo de Continental Airlines lo trataban con especial atención, parecía alguien importante. De inmediato se me vino a la mente: ¡es Hakwing, es él! ¡Lo voy a saludar! Me acerqué, y sentí que me cayó un balde de agua fría cuando me di cuenta que se trataba de otra persona. Por segundos creí que había tenido el gran privilegio de ver al científico, al grado que hasta la fecha recuerdo muy bien esa anécdota: 

    Es algo relativamente raro que una mente privilegiada se convierta en un rockstar, y en la mayoría de estos casos, se trata de «rockstars de nicho». Los grandes filósofos lo son para quienes gustan de la filosofía, los escritores lo son para los que gustan de la literatura. Hay unos pocos, muy pocos que dejan de ser admirados solo en su nicho para pasar a ser del dominio público. 

    Albert Einstein fue una de las pocas mentes prominentes que logró dar ese brinco. Generaba expectativas a donde iba, cuando viajaba de Europa a Estados Unidos se generaban tumultos y la prensa, ansiosa, se aglutinaba para hacerle cualquier tipo de preguntas. A pesar de no ser una persona extrovertida, sí era una figura carismática que contrastaba con el común denominador, ya no sólo por proponer una teoría (la de la relatividad) tan revolucionaria que no hubo una del mismo tamaño desde tiempos de Issac Newton, sino porque su persona y su imagen contrastaba con el arquetipo del científico serio y conservador. Niels Bohr, otra mente privilegiada por sus aportaciones en materia atómica y de la física cuántica, nunca tuvo ese hype, básicamente porque su personalidad no difería mucho de lo que se esperaba de un académico. 

    Einstein cambió para siempre el arquetipo del científico. En la actualidad, para referirnos a un genio, siempre nos imaginamos a un científico distraído, canoso y demasiado despeinado. O básicamente, para no complicarnos tanto, usamos una imagen de Einstein. El científico judío fue tan notable que llegó a aprovechar su fama para hacer activismo político: básicamente era un pacifista (tanto que en varias ocasiones personas de poder en Estados Unidos lo acusaban de ingenuo y le sugerían que «se enfocara a lo suyo» ya que, según ellos, no brillaba en la política tanto como en la física).

    Stephen Hawking se convirtió en el científico-rockstar de nuestra generación, en nuestro Einstein. Las razones son un tanto diferentes: coincide con Einstein en su genialidad intelectual y en sus aportaciones al conocimiento humano, sobre todo en materia de cosmología y más en específico por el trabajo que hizo sobre los agujeros negros y porque logró unificar la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica (las dos teorías más importantes de la física del siglo XX). Pero Hawking también fue lo que fue gracias a su historia de vida, porque ni la esclerosis lateral amiotrófica que lo fue consumiendo lo detuvo para seguir aportando a la humanidad todo lo que su mente era capaz de generar. Si Einstein era aquel canoso desaliñado que parecía estar desconcentrado, Hawking era aquel hombre inmóvil sentado en su silla frente a una computadora que interpretaba lo que quería decir. La gente se impresionaba que un hombre en esas condiciones pudiera seguir aportando tanto.

    Stephen Hawking nació en Oxford dentro de una familia que valoraba mucho el conocimiento (su padre era biólogo) lo cual naturalmente le ayudó mucho en el camino profesional que tomaría, fue un buen estudiante aunque no era de los más brillantes. A pesar de la esclerosis, se decía un afortunado y decía que era importante no convertirse en una persona enojada, llena de rabia y resentimiento. Él trató de transmitir el mensaje de no enfocarse en todo lo que la vida le privaba, sino sacar el máximo partido de lo que sí se tiene. 

    Siempre que tenía algo que decir, la comunidad callaba y prestaba atención: ya fuera su preocupación por la inteligencia artificial o su conclusión de que no existe un dios supremo. Su inteligencia le dotaba de una gran autoridad moral: si lo decía Hawking, había que, al menos, tomarlo en cuenta y analizarlo. Pero nunca dejó que la fama alimentara su ego y se preocupó, en muchas ocasiones, en poner su inteligencia al servicio de la humanidad. Hawking, que tuvo una vida más difícil que la mayoría de los mortales (a pesar de su fama y reconocimiento), aprovechaba los reflectores para hablarle a la gente sobre la depresión, uno de los padecimientos más comunes de nuestros tiempos:

    No importa cuán difícil la vida pueda parecer porque pierdes toda esperanza si no puedes reírte de ti y de la vida en general – Stephen Hawking sobre la depresión.

    Esa voz robótica (que fue escuchándose cada vez menos robótica conforme los avances de la tecnología) se convirtió en una de las más importantes dentro de nuestro planeta. Sus libros siempre fueron lectura obligada para todo aquel que quisiera saber más sobre los misterios del espacio y sobre la materia de la que estamos hechos. la película que se hizo sobre su vida, La Teoría del Todo, nominada al Óscar como mejor película,  también se vuelve un referente importante para conocer más sobre su vida.

    Decían que moriría joven a causa de su padecimiento pero la vida le dio (nos dio) varias décadas más y estuvo con nosotros hasta los 76 años. Pasó sus últimos minutos en Cambridge, lugar donde se encuentra la prestigiosa universidad que lo vio crecer intelectualmente y que le dotó de las herramientas necesarias. 

    Su mente se ha ido con él, pero sus aportaciones y su legado se queda aquí con nosotros. Gracias a él no volteamos a ver el cielo de la misma manera. 

    Él fue el genio de nuestros tiempos, un grande, un histórico. 

    Que en paz descanse.  

  • Verificado 2018. La sociedad civil contra las fake news

    Verificado 2018. La sociedad civil contra las fake news

    Verificado 2018. La sociedad civil contra las fake news

    Hace algunas semanas escribí en este espacio sobre las estrategias que los cuartos de guerra de los candidatos utilizarían para manipular a los electores. Entre muchas de esas estrategias está la desinformación, aquella que esparcen por las redes sociales y que muchos incautos terminan creyendo.

    Este tipo de campañas, cuando son bien orquestadas, pueden terminar definiendo una elección. Apelan a los sentimientos más viscerales que el ser humano pueda tener porque una persona asustada o una persona sumergida en el odio tendrá muchas dificultades para hacer un ejercicio racional o para contrastar información o verificar sus fuentes. Frases como «AMLO convertirá a Venezuela y expropiarán tu casa», «Anaya es un criminal lavador de dinero ligado al narco» o «Meade ya pactó con Trump la construcción del muro a cambio de la venta de Pemex» apelan a esos sentimientos más bajos y primitivos, aquellos que siempre terminan activándose en momentos de incertidumbre y amenaza. 

    Ahí están esas notas falsas, escandalizando a los tíos en los grupos de Whatsapp. Algunas ni siquiera están bien redactadas pero aún así tienen un impacto. En la comida, llega el tío o la tía a alertar de que si AMLO gana le podrían expropiar su casa, o llega el otro diciendo que Meade ya empató la contienda, se arma la discusión y no sería raro que algunas fake news terminen en conflictos familiares y en divorcios. El sujeto, desinformado y asustado por los falsos rumores, va y vota de tal forma que pueda reducir esa ansiedad o ese coraje, aunque visto desde una perspectiva cuantitativa, el efecto de su voto individual es casi simbólico (uno entre decenas de millones de votos). El problema es que la suma de votos individuales se convierte en un voto colectivo que define una elección. El individuo poco logrará hacer con su voto individual, los equipos de campaña lograrán más bien mucho desinformando a todo un sector de la población.

    Por eso es que iniciativas como la de Verificado 2018 (que tuvo como inmediato antecedente a la campaña del mismo nombre para corroborar datos con relación al sismo del 19S) son útiles y necesarias, ya que le dan al elector una herramienta para consultar de forma rápida (sin que él tenga que hacer todo el ejercicio de investigación) si aquella nota o aquel rumor es cierto. Lo que se busca es evitar que la desinformación termine condicionando el voto. Tanto en su página web como por medio del hashtag #Verificado2018 mostrarán qué noticias o notas están corroboradas y son confiables.

    Esta iniciativa, convocada por Animal Político, Mexicanos contra la Corrupción entre otros, y donde participan un sinnúmero de organizaciones civiles, empresariales y académicas, tanto liberales, de derecha y de izquierda, busca reducir a su mínima expresión la influencia de las fake news dentro de las elecciones. En un mundo actual caracterizado por la posverdad y donde los hechos parecen tener cada vez menos importancia frente a los rumores y los chismes, donde las estrategias políticas consisten en manipular y no en persuadir o informar, donde las «malas experiencias» como la ocurrida en Estados Unidos con Donald Trump y la intervención rusa, una herramienta así se vuelve imperativa.

    Verificado 2018 busca, por medio de Internet, contener las amenazas desinformativas propias de esta tecnología y que se han vuelto uno de los defectos más grandes de la democracia del siglo XXI al punto que incluso puede amenazar con desestabilizarla. Es casi imposible que resuelva por completo el problema (ellos mismos lo saben y lo dicen) pero sí puede ser una herramienta que ayude a una cantidad considerable de personas a evitar a tomar una decisión con base en información falsa.

    Este tipo de iniciativas también son la muestra patente del crecimiento de la sociedad civil organizada (todavía insuficiente pero palpable), la cual tiene un papel cada vez más importante en el quehacer político. Espero que esta herramienta logre tener un largo alcance para evitar que todas las bombas de desinformación que caerán durante la campaña desinformen y terminen afectando el curso de la elección:

    Puedes consultarlo aquí.

     

  • Los candidatos y los banqueros

    Los candidatos y los banqueros

    Los candidatos y los banqueros

    La semana pasada, en esta etapa de intercampañas (que la verdad sea dicha, ya es parte de la campaña), los candidatos fueron a «desfilar» ante los banqueros. Ahí presntaron su visión de país y sus propuestas (en la medida de lo posible). El ejercicio resulta muy interesante para quienes estamos interesados en este proceso dado que fue un ejercicio interesante para poder contrastar a los tres candidatos principales. Todos ellos se presentaron, uno a uno, en las mismas condiciones, en el mismo escenario, ante las mismas personas, y esto fue lo que ocurrió:

    Primero, me atrevería a categorizar a los candidatos, de acuerdo a su ponencia de la siguiente forma: Ricardo Anaya representó al futuro, José Antonio Meade al presente y López Obrador al pasado. Me explico.

    Si me preguntaran quien fue el que dio el mejor discurso, diría, sin pensarlo dos veces, que el mejor fue Ricardo Anaya. Aquí, en estos escenarios (y en los debates) es donde el panista puede lucir más. Hizo del escenario un TED Talk, en el cual más que hablar de propuestas habló de su visión de país. Anaya habló de anticiparse al futuro ya que el mundo es muy cambiante, e incluso presentó un video en el cual él fue a la famosa tienda de autoservicio sin cajeros de Amazon. Intentó, creo con éxito, contrastar con el candidato de MORENA insistiendo en que él representa una visión de futuro y no una del pasado. Si bien no hizo muchas propuestas concretas y creo que no terminó de sonar convincente a la hora de defender su propuesta de Renta Básica Universal (UBI), Anaya parece estar armando un discurso que podría tener un impacto positivo dentro de los millennials, quienes serán clave en esta elección. Así, el candidato busca posicionarse como el «cambio» ante el régimen de corrupción actual, pero uno que apunte al futuro. Incluso al final habló de las demandas de corrupción en su contra por medio de una postura de «víctima del sistema» que, a mi parecer, no termina de aclarar mucho pero que puede funcionar como estrategia mediática. 

    José Antonio Meade fue el más aplaudido por los banqueros. Naturalmente, aquí se encuentra en terreno familiar (no como su discurso en el estadio de las Chivas donde resultó abucheado) ya que él ha tenido una relación estrecha con los banqueros, relación necesaria dados los puestos que ha ocupado en el servicio público. Meade se enfocó en el presente, en las necesidades del México actual, representando el continuismo del gobierno de Peña Nieto. Evidentemente su discurso entusiasma mucho más a los banqueros que a los demás. Su discurso pareció muy técnico, algo soso y redundante. Habló del combate a la corrupción y el fortalecimiento de las instituciones como candidato de un partido que representa lo opuesto. Pareciera que Meade se dirigió exclusivamente a los propios banqueros y olvidó que este discurso podría llegar a más gente (cosa que Anaya sí explotó). En este sentido, Meade desaprovechó una oportunidad, siendo que sería tratado como «en casa» y nos mostró más de lo mismo. Eso es muy malo para un candidato estancado en el tercer lugar. 

    El que tuvo el peor desempeño, a mi parecer, fue López Obrador. Empezó de forma acertada al establecer una relación amistosa y de diálogo con los banqueros: no sólo al afirmar que será para él un gusto trabajar con ellos, sino al garantizarles, de una u otra forma, que a grandes rasgos sus intereses no serán trastocados, que tendrá una relación cordial y productiva con la iniciativa privada. AMLO acertó en este sentido para reducir el temor que se tiene sobre su persona. El problema fue todo lo demás, que insiste en cancelar el nuevo aeropuerto, que asegura que no viajará en avión privado, que insiste en construir refinerías en un mundo cuyo futuro dependerá cada vez menos de la gasolina, que su propuesta anticorrupción es algo preocupante ya que para él basta que el presidente sea honesto para que todos los demás sean honestos e incluso piensa concentrar todos esos esfuerzos en el presidente y no en un fiscal independiente. 

    Entiendo que López Obrador tenga más años que los otros candidatos, pero, a diferencia de estos, que intentaron dominar el escenario (Anaya inclusive se ayudó de diapositivas y contenido multimedia), Obrador se quedó todo el tiempo refugiado en el atril, con un lenguaje corporal bastante pobre, un discurso lento y cuya monotonía solo rompió de forma muy esporádica al hacer algún chistorete que provocó la risa de los banqueros. Preocupa que Leonardo Curzio haya tenido que tratar a AMLO casi como alumno de secundaria para que explicara bien sus propuestas. Su cierre no fue bueno, sobre todo por el escenario en el que se encontraba, al afirmar que él no va a amarrar al tigre en caso de un fraude electoral.

    Este ejercicio debería ser tomado en cuenta por los cuartos de guerra de los candidatos, ya que al final el impacto que tienen este tipo de presentaciones es muy limitado dentro de las preferencias, pero de donde se pueden sacar muy buenas conclusiones y análisis de cara a los debates y a las ponencias que ya sean parte de la campaña oficial y que tendrán una mayor exposición (varios expertos analizaron este ejercicio). También me pareció muy buena iniciativa ya que, aunque la exposición sea muy limitada, es un buen ejercicio para conocer a fondo a los candidatos que estarán en la boleta. 

    Es claro que estos son los escenarios favorables a Anaya dada su elocuencia que se convierte en una ventaja natural, en tanto que los mítines y, tal vez, las redes sociales serán más favorables a Andrés Manuel. 

  • A ver quién amarra al tigre

    A ver quién amarra al tigre

    Podemos casi tener la certeza de que en las elecciones venideras ocurrirá uno de los siguientes dos escenarios:

    1. AMLO gana.
    2. AMLO desconoce el resultado y se arma un conflicto postelectoral (muy posiblemente más fuerte que en 2006).

    El primero, y el más probable, porque todo pareciera indicar que López Obrador ganará caminando. «Pepe» Meade no levanta, y Anaya, quien tendría alguna posibilidad (no muy grande) de ganarle, está siendo objeto de una estrategia de guerra sucia que ya ha comenzado a frenar su crecimiento. 

    El segundo, porque López Obrador difícilmente reconocerá una derrota en unas elecciones donde sólo 3 meses antes se encontraba en franca ventaja. Y porque tampoco es algo inverosímil que «el sistema» utilice una estrategia muy sucia (como la del Estado de México) para hacer ganar a su candidato (cosa aún así casi imposible) o a Ricardo Anaya (aunque dado el escenario actual me parece un tanto más probable un pacto entre PRI-gobierno y AMLO que entre PRI-gobierno y Anaya).

    Como quiera que sea, AMLO amenazó, frente a los banqueros, que en el caso del segundo escenario, él no va a amarrar al tigre y se irá a Palenque: lo que quiso decir entre líneas es que «si le hacen fraude» la cosa se pondrá fea y él no se hará responsable por lo que pase. Él y sus seguidores siempre han justificado el plantón en Paseo de la Reforma en 2006 como una forma de contener la ira que existía en ese entonces. Básicamente, aseguran que si no fuera por López Obrador, el llamado fraude hubiera desembocado en una espiral de violencia. 

    Como todo lo que ocurre con todo lo que tiene que ver con López Obrador, el discurso se ha polarizado. Ambas posturas me parecen rígidas y tal vez un tanto irresponsables:

    Primero están quienes justifican a López Obrador, quienes le reconocen haber contenido la violencia en años pasados y que insisten que ni siquiera es obligación de López Obrador no hacer nada ya que los efectos de «el fraude» es responsabilidad de quien lo comete. La postura de AMLO me parece irresponsable porque una declaración así, cuando no ha ocurrido nada, me suena a chantaje. 

    Luego están los que pintan a un México idílico con sus sacrosantas instituciones como si fueran incorrompibles cuando la verdad es que éstas son más bien muy débiles e incluso han sufrido un deterioro en este sexenio. Las elecciones del Estado de México fueron prueba clara de que, si bien ya es complicado ejecutar un fraude dentro de las urnas o durante el conteo, el INE puede llegar a actuar con parcialidad en todo el proceso y permitir que se cometan graves irregularidades en el transcurso de la campaña que comprometan el resultado (compra de votos, coerción, operación de estructuras y demás).

    Las dos posturas tienen un carácter anti-institucional. La primera, porque en lugar de insistir en el fortalecimiento institucional para que las elecciones se lleven en buen término, está ya haciendo un desconocimiento a priori. AMLO no hace mal al crear estructuras que busquen evitar un eventual fraude, pero un desconocimiento anticipado del árbitro es algo grave en un país al cual le ha estado costando mucho trabajo construir instituciones fuertes.

    La segunda postura, aunque intente reflejar lo contrario, también comparte ese carácter anti-institucional, ya que tramposamente ignora que las instituciones son endebles y que por lo tanto no es necesario vigilar que funcionen bien. Si se cuestiona su funcionamiento es necesariamente porque el que acusa está mintiendo o busca obtener una ventaja e de ello. No hay siquiera beneficio de la duda y cerrará los ojos ante cualquier eventualidad o trampa que ocurra. 

    Ambas cosas, a mi parecer, son posibles. Que AMLO pierda de forma completamente legal y desconozca el resultado, o que efectivamente se opere de forma ilegal y se utilice al INE y las demás instituciones para evitar que el tabasqueño pierda y gane otro candidato. El carácter poco democrático de los principales contendientes (AMLO y PRI-Gobierno) abre ambas posibilidades. 

    ¿Y qué pasaría si AMLO no gana (de forma legal o ilegal) y clama fraude? López Obrador no tendría muchos incentivos para «amarrar al tigre» ya que ha dejado entrever que estas serán las últimas elecciones en las que contienda y por tanto ya no se tiene que preocupar por la imagen que va a proyectar en el futuro.   

    Y el «tigre» se vuelve más peligroso si al cóctel le agregamos la indignación que el gobierno actual ha generado. Posiblemente veamos manifestaciones de violencia que sólo podrían ser reprimidas con el uso de la fuerza del Estado (para lo cual, por cierto, no era estrictamente necesaria la Ley de Seguridad Interior), veamos lesionados e incluso muertos. Este escenario posiblemente sólo podrá evitarse si la derrota de López Obrador es lo suficientemente evidente como para sospechar de un fraude.

    Y lo peor que puede pasar es un escenario de violencia, no sólo quienes serán víctimas de ella o por la herida que dejará en la psique colectiva, sino porque, ya de por sí, la poca confianza que los individuos tienen a las autoridades y a las propias instituciones se irán en picada, con efectos muy  nocivos para el país. 

    Más vale que no exista razón alguna para que aparezca algún tigre por ahí. 

  • Hoy, no felicites a las mujeres

    Hoy, no felicites a las mujeres

    Hoy, no felicites a las mujeres

    Felicitar a la mujer en este día es un despropósito. El Día Internacional de la Mujer no es un cumpleaños ni siquiera es un aniversario. Este día, por el contrario, es uno de reflexión.

    Por eso es que, aunque a varias personas les moleste, está de más felicitarlas, mandarles flores y decirles lo hermosas que son, que hacen de comer muy rico, etcétera. Si se piensa que esa es la manera de abordarlas en este su día, entonces es que no se ha entendido nada e incluso se va en sentido contrario de lo que se busca en este día.

    Para nosotros los hombres, este debería ser un día de reflexión y, sobre todo, de empatía hacia ellas. Incluso debería ser un día de confrontación personal. 

    Y hablo de una empatía real, no de ver «cómo me subo al tren del mame para ver cómo quedo bien con ellas», y eso incluye que los hombres revisemos nuestra conducta hacia ellas. Por eso muchos hombres se frustran, porque creen que ellos son los que deciden cómo es que hay que felicitar a la mujer, pero la verdad eso es un absurdo ya que si quieres felicitar o reconocer a alguien, es pertinente hacerlo de tal forma que la persona que es objeto de dicho reconocimiento se sienta bien. 

    De verdad, el día de hoy (y más bien todos los días) deja de pretender que te quieres sumar porque quieres ligar. Deja al lado las pretensiones y sé empático con ellas: platica con ellas sobre qué es lo qué es lo que les molesta, qué es lo que les preocupa, sobre qué es lo que quieren y si sienten que el mundo que tenemos hoy es justo con ellas. Platica, y sobre todo, escucha lo que las mujeres tienen que decir sobre los feminicidios, sobre aquellas veces que temen subirse a un taxi o a un Uber por miedo a que vayan a ser acosadas sexualmente. Escucha lo que tienen que decir sobre la veces que han sido abusadas por un hombre (porque la verdad, los hombres somos muy torpes al tratar de entender el impacto psicológico que ello les causa), las veces que han sido limitadas personal o profesionalmente por su género. 

    Entiendo muy bien que se pueda ser crítico o se tenga discrepancias con ellas y es completamente válido, como se tiene con cualquier persona. Pero uno tiene que asegurarse que dichas críticas no tengan la intención de reducir o subestimar a la mujer por su género, ni de limitarlas. El día de hoy revisa bien esas conductas que tienes ahí muy internalizadas, date cuenta que cuando dices «a las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas» te ves bien pendejo, ya que estás subestimando su inteligencia. Tampoco digas «la violaron porque iba vestida así», es una ofensa e incluso una injusticia. Y de verdad, por el amor de Dios, deja de decirles piropos como «ay mami, estás bien chula, ay ese cuerpecito». Si otra persona te pone un buen moquetazo por hostigar así a una mujer, nadie tendría por qué defenderte. Si discrepas con ellas, no las insultes ni les digas feminazis; aprende a debatir y a dialogar de forma civilizada, aprende a establecer puentes de diálogo.

    Y repito el ejemplo que he puesto en este blog para que entiendas lo torpes que solemos ser cuando queremos «entenderlas» (así, entre comillas). Muchos hombres dicen que las mujeres exageran y alardean ante el acoso sexual. Ahora imagínate que tú, como hombre, entras a un bar y tres personas afroamericanas fornidas de más de dos metros te empiezan a tirar la onda y a decirte «ay papi chulo, eso que tienes allá abajo yo lo quiero» (para que comprendas el efecto que la fuerza de un hombre tiene sobre el de la mujer). ¿Cómo te sentirías? Amenazado o aterrado es lo menos que podrías decir. Y aún así solo habrás entendido una parte, ya que uno de los temores más grandes de las mujeres es ser violadas, no solo por el mero acto, sino por el juicio de la sociedad que recae ante ellas. 

    Históricamente, las mujeres han sido relegadas a un segundo plano: «el otro» como le llamaba Simone de Beauvoir. Incluso, en lo que la anatomía se refiere, se intentaba justificar que la mujer era algo así como un complemento del hombre, él como un ente activo y ella como un ente pasivo. Durante muchos siglos prevaleció la creencia de que la mujer era un «hombre invertido» para justificar la supremacía del hombre en el quehacer público. Y si bien en los últimos siglos, sobre todo con el advenimiento de la Ilustración y la democracia, la mujer ha ganado muchos espacios y la disparidad de género es mucho menor que antes (algo que se debe reconocer), todavía no podemos hablar de sociedades completamente equitativas, sobre todo en México. Reminiscencias de esos paradigmas siguen dentro de nuestra sociedad: hombres machos que golpean a las mujeres, hombres que las acosan sexualmente, que no las dejan avanzar profesionalmente por su género. 

    No tienes siquiera que estar siempre de acuerdo con todas la corrientes feministas ni tienes que presumir ser un aliado feminista (se es, no se presume), la discrepancia es válida (que no es lo mismo discrepar y ser crítico que imponer tu visión) y algunas de las diferencias que he tenido las he expresado en este sitio. Pero es trabajo tuyo revisar esas conductas que afectan a las mujeres, es tu trabajo reconocer que estos paradigmas herencia de una sociedad histórica patriarcal prevalecen y hay que reconocerlos para así combatirlos: debes reconocer que las mujeres no son objetos sexuales ni mucho menos que están a tu servicio ni que son tus criadas, reconoce que a la mujer no puedes callarla por ser mujer, que si una mujer que te gusta te dice que no, no debes insistir y debes respetar su espacio. Tal vez no sea tu culpa que tengas varias conductas internalizadas que no sabías que les molestan o las subestiman, pero sí es tu responsabilidad ponerte a chambear para reconocerlas y cambiarlas. Por eso, escúchalas, dialoga con ellas, interésate genuinamente en ellas. 

    No se trata, en lo absoluto, de despojarte de tu masculinidad. Se trata, simplemente, de dejar de ser machista. 

    Y eso ya ni se trata siquiera de feminismo sino de simple sentido común y de equidad. Y por el contrario de lo que reza esa ridícula frase, sí, a las mujeres hay que entenderlas. De hecho, los hombres desconocemos más a las mujeres de lo que pensamos. 

    Y de verdad, deja de pretender que te sumas a su causa, que eres un aliado, para ver si así ligas. No las felicites, si ellas no quieren ser felicitadas en este día, entonces ¡no lo hagas! En vez de eso, escúchalas, lee sobre lo que ellas tienen que decir, y sobre todo, actúa en vez de presumir. 

    Y si no puedes hacerlo, al menos no te tomes la molestia de «subirte al tren del mame». Muchos te lo agradeceremos. 

  • ¿Y si el PRI prefiere a López Obrador?

    ¿Y si el PRI prefiere a López Obrador?

    ¿Y si el PRI prefiere a López Obrador?

    Advertencia: lo que voy a decir es una suposición mía, una sospecha, incluso le puedes llamar «teoría de la conspiración». No aporto datos sólidos como para hacer un veredicto categórico por lo cual el argumento que esgrimiré en este artículo no se debería ver como eso, sino como una sospecha o una posibilidad. 

    Se nos decía que el primer objetivo del PRI era tumbar a Ricardo Anaya para que, una vez desfondado el panista, el PRI acapararía todo el voto anti AMLO, y así, obtener el triunfo tan anhelado.

    Pero las encuestas y los análisis que se han hecho parecen decir otra cosa: primero, que en los careos entre dos candidatos, López Obrador le ganaría de calle a José Antonio Meade; segundo, que, como lo revela Parametría, la campaña de desprestigio en contra de Ricardo Anaya ha detenido su crecimiento, pero José Antonio Meade sigue cayendo, en tanto que López Obrador sigue muy cómodo allá arriba en primer lugar, incluso parece crecer más. 

    Una amiga me comentó la siguiente hipótesis: habría que hacer como que todo el «sistema corrupto» del PRI y del gobierno se lanzara contra Anaya de tal forma que ello terminara victimizándolo. Bastaría con que la PGR no la consigne. Pero esa apuesta se me hace demasiado arriesgada, tanto, que de momento ya se detuvo el crecimiento positivo que el queretano llevaba acumulando.

    Yo tengo otra hipótesis (esa sospecha mía) y es que al PRI le convendría más que gane López Obrador. ¿Cuáles son mis argumentos?

    Que Anaya es un tipo, a mi parecer, muy impredecible. Pregúntenle a los calderonistas, a Gustavo Madero, a todo mundo. Si los priístas algo quieren es que no se les persiga cuando dejen el poder y no se sienten seguros con Anaya. El candidato del frente ha lanzado un discurso muy estridente contra la corrupción del PRI al punto en que aseguró que metería a Peña Nieto a la cárcel si se le comprueban actos de corrupción. En cambio, AMLO ha dicho una y otra vez que no perseguirá a nadie e incluso habla de perdón y de amnistías.  

    Que dado el comportamiento en las encuestas, el golpeteo contra Anaya deja de tener sentido ya que también está afectando a la candidatura de José Antonio Meade al relacionársele con el uso de las instituciones como la PGR, pero aún así la guerra sucia sigue. Parecería como si en el PRI asumieran dicho desgaste, y si así fuera, entonces el objetivo no sería, necesariamente, que su candidato gane, con todo lo que eso implica. 

    Que López Obrador está más dispuesto a pactar y negociar (como queda evidencia son sus «nuevas adquisiciones») con el fin de que ahora sí llegue a Los Pinos. Sabe el tabasqueño que enfrenta su última oportunidad y está haciendo todo lo posible (incluso ir contra sus principios) para llegar al poder. 

    Que el manejo que López Obrador ha recibido en medios es muy complaciente y es el que ha recibido más menciones positivas, lo cual contrasta con el trato que ha recibido Ricardo Anaya:

     

    Y, por último, que muchos priístas se están yendo hacia MORENA como si nada pasara. Un claro ejemplo de ello es Claudia Delgadillo, quien fue nombrada como la coordinadora de campaña de José Antonio Meade en Jalisco, y quien el día mismo del nombramiento renunció y se pasó hacia las filas del partido de López Obrador.  

    En las siguientes semanas, sobre todo cuando la campaña empiece, veremos las verdaderas intenciones de quienes juegan en la arena electoral. Lo cierto es que, con el pasar del tiempo, López Obrador sigue fortaleciéndose. 

  • ¿A quiénes seguir en Twitter para estar informado estas elecciones?

    ¿A quiénes seguir en Twitter para estar informado estas elecciones?

    ¿A quienes seguir en Twitter para estar informado estas elecciones?

    A pesar de que todavía no empieza formalmente la campaña, en realidad ésta ya se encuentra a tambor batiente, abunda la desinformación, las opiniones sesgadas y por eso me quise dar a la tarea de proponer una lista de cuentas en Twitter que podrías seguir para tratar de informarte lo mejor posible.  No sólo pondré las mejores, sino que las clasificaré de acuerdo a su calidad. Sé que esta lista forzosamente tendrá una dosis de subjetividad pero aún así espero que les sirva. Sé que no todos estarán de acuerdo con ella pero no es algo que sea de mucha importancia ya que todos están de su derecho de tomar lo que quieran de aquí.

    Los más chingones

    Las siguientes cuentas son, a mi parecer, las mejores, ya que se trata de personas serias que en general se molestan en hacer análisis profundos y procuran, en la medida de lo posible, no ser muy viscerales.

    Comenzaré, sí, con Jesús Silva-Herzog, quien a mi parecer es alguien que tiene la capacidad de hacer críticas muy agudas pero sin perder la objetividad. Ha sido un duro crítico del gobierno actual pero de la misma forma también ha escrito críticas muy buenas de los panistas e incluso de López Obrador, como aquella que molestó al tabasqueño. Carlos Elizondo Mayer-Serra me parece también un analista muy completo, quien, desde una postura liberal y un poco más técnica, es capaz de realizar muy buenos análisis sobre lo que está aconteciendo. Un poco más a la izquierda se encuentra Carlos Bravo Regidor, quien es un poco más contestatario que los primeros dos pero que también hace unos análisis muy buenos. 

    León Krauze también me parece alguien que vale la pena seguir, últimamente ha escrito columnas muy buenas. Lo mismo puedo decir de Salvador Camarena quien además es uno de los investigadores más importantes de Mexicanos contra la Corrupción A.C y de Héctor de Mauleón. También la de  Raymundo Riva Palacio es otra cuenta que debes de seguir, parece ser un periodista muy bien conectado con fuentes estratégicas ya que en sus columnas suele hablar de lo que ocurre tras bambalinas en el gobierno y el mundo de la política. Otro que tiene un perfil más técnico y que realiza análisis muy destacados es Javier Aparicio

    En Guadalajara, mi ciudad, hay dos columnistas que me parecen muy destacados y que en muchos de los casos suelen abordar temas de interés nacional por lo que te recomiendo mucho que los sigas, uno de ellos es Diego Petersen Farah, para mí uno de los mejores analistas de todo el país, y también está Enrique Toussaint, que desde una postura progresista suele hacer muy buenas críticas. 

    Como mención honorífica, ya que más que ser un analista le pone el toque gracioso a todo, mencionaría a Javier Risco

    En el segundo escalón, pero siguen valiendo la pena

    Estos son los artículistas que tal vez no me lleguen a encantar tanto como los que acabo de mencionar pero que, a mi parecer, valen la pena seguir.

    Aquí podría poner a Leo Zuckermann, un analista liberal que conduce «Es la Hora de Opinar» en Foro TV, la cual me parece una mesa de debate muy interesante. De paso podría agregar a Jorge Castañeda (no agrego a Héctor Aguilar Camín porque su participación en Twitter es limitada), quien también participa en esta mesa. Si nos hacemos un poco a la izquierda aquí también incluiría a Julio Astillero, quien me parece que es una de las voces más destacadas y razonables de la izquierda mexicana, con quien no siempre concuerdo pero sí es alguien que hay que seguir en estas elecciones. De la misma forma puedo incluir a Sergio Aguayo, analista y académico del COLMEX, que también es muy conocido por haber sido parte de la mesa de debate con Carmen Aristegui (a quien no incluyo en la lista porque no participa en Twitter) y a Jorge Zepeda Patterson, otro de los referentes de una izquierda más bien socialdemócrata, quien es cofundador del portal Sin Embargo. 

    También incluyo aquí a Juan E. Pardinas, director del IMCO. La razón por la que lo incluyo aquí y no en la lista de arriba (dada su importancia en el tema del combate a la corrupción) es porque tiene una participación en Twitter más bien limitada, pero sus artículos en Reforma son imperdibles en estas elecciones. Y también decidí agregar a la economista Viridiana Ríos (se me hace un poco triste ver que haya todavía pocas mujeres que sean líderes de opinión política en el país) y a Sergio Sarmiento quien, desde una postura cercana al libertarismo, puede hacer muy buenos análisis, aunque en una que otra ocasión pueda mostrar algún tufo oficialista. 

    Por último, a pesar de que no es una de mis favoritas, decido colocar aquí a Lydia Cacho, ya que como una persona abocada al feminismo, ella seguramente hará análisis de las campañas desde esta perspectiva. 

    Los Meeeeh

    Estos son, a mi parecer, articulistas bastante medianos que no son muy de mi agrado pero de quienes de pronto se puede rescatar una que otra cosa y por eso es bueno, de vez en cuando, consultarlos. Pueden llegar a escribir alguna buena columna o hacer un buen comentario, pero, en la mayoría de los casos, son presa de sus pasiones (a pesar de ser notables académicos), o simplemente puede tratarse de figuras que no destacan por su amplio conocimiento sobre el tema.

    Empezaré este apartado con Denise Dresser, quien, al pasar el tiempo, me ha ido decepcionando. A pesar de presumir diplomas y cobrar muy caro por sus conferencias, sus columnas siempre están llenas de clichés y lugares comunes (no sin dejar a un lado los plagios a los cuales suele recurrir). Aún así, es posible, de pronto, ver una columna muy buena de la politóloga o alguno que otro comentario acertado en los medios en los que aparece. Sigo con Ciro Gómez Leyva, quien suele mostrar una postura bastante oficialista pero que de pronto puede ser capaz de hacer una buena reflexión. 

    Entre los académicos se encuentran Gerardo Esquivel y Pepe Merino, quienes tienen una sólida trayectoria académica, pero quienes en la práctica suelen sesgarse mucho al punto de ejecutarse unas buenas maromas intelectuales a favor de su candidato favorito (ya sabes quién). Aún así, recomiendo darles seguimiento. También me atrevo a colocar aquí a Genaro Villamil, y por supuesto, a Genaro Lozano, quien a veces desarrolla algunas cápsulas muy interesantes en la televisión pero que como columnista, a mi parecer, deja bastante que desear. 

    Por último incluyo aquí a Dolia Estévez y Sanjuana Martínez, quienes son capaces de escribir columnas infumables, pero que pueden llegar a sorprender, de forma muy esporádica, con alguna buena columna. 

    Los Fake News

    Estos son los articulistas más mediocres al grado que son reconocidos por ello. Se caracterizan por tener una consigna muy marcada, pueden escribir artículos de encargo o pueden ser muy agresivos. A pesar de que son una muy mala fuerte de información, recomiendo, muy de vez en cuando, darles seguimiento.

    Empiezo con la izquierda: tenemos a John Ackerman, una persona que suele ser muy agresiva en las redes sociales y que hace todo por defender a su candidato (ya que forma parte de su proyecto) Andrés Manuel López Obrador. Algo muy parecido ocurre con Gerardo Fernández Noroña (tuve que entrar a la cuenta de Twitter de mi organización civil ya que me tiene bloqueado), simpatizante del régimen chavista y quien, cuando discrepa con AMLO, es por no estar lo «suficiente a la izquierda» en algunos temas. Luego están los oficialistas como Pablo Hiriart, de quien se nota que escribe  muchos artículos por encargo del partido del régimen, y el «Alex Jones mexicano» Ricardo Alemán, priísta a morir y acostumbrado a insultar y referirse despectivamente de quienes no piensan como él. Y claro, no podemos olvidar a Federico Arreola, quien deambula entre el priísmo y el pejismo buscando quien le de más «chayote». 

    Y claro, porque todos ustedes lo pidieron, incluiré a Callodehacha. Aunque es más bien Youtuber, trata venderse como líder de opinión, y la verdad es que es pésimo. 

    Seguramente me faltarán varios tuiteros. A algunos los omití porque todavía no los conozco tanto y a otros los dejé del lado porque están en campaña electoral (como Pedro Ferriz que, como ocurre con los periodistas mainstream, es muy mediano, o Javier Lozano, que también podría colocar en el apartado de Fake News, aunque a Ackerman sí lo incluí, porque él escribe columnas y participa en RT Noticias), o bien, porque casi no participan en esta red social. 

    Espero que esta lista les sea de utilidad para seguir las elecciones y para poderse formar, dentro de lo que cabe, una mejor opinión. 

  • El PRI: cuando los corruptos fueron contra la corrupción

    El PRI: cuando los corruptos fueron contra la corrupción

    El PRI: cuando los corruptos fueron contra la corrupción

    ¿Son ciertas las acusaciones que caen sobre Ricardo Anaya? No lo sé, existen posibilidades de que así sea porque todo lo revelado pareciera reflejar, a mi parecer, algo turbio. En caso de que las acusaciones fueran verdaderas, a Anaya tendría que caerle el peso de la ley con todo lo que ello implica. 

    Pero en este artículo no quiero hacer crítica de Ricardo Anaya, ya habrá tiempo de hacerlo, sino del PRI:

    El PRI está desesperado porque su candidato parece no levantar y necesita a como dé lugar quitarle el segundo lugar al candidato del PAN para poder tener aspiraciones en esta contienda electoral. Algunos dirán que, como sea, qué bueno que se exhiban las supuestas tropelías del candidato queretano, pero la forma en que esto se hace incluso puede hablar más mal del PRI que de Ricardo Anaya. 

    ¿Por qué?

    Porque el PRI está utilizando a instituciones como la PGR con propósitos políticos. Al estar en el gobierno, ve fácil usar el aparato del Estado compuesto por instituciones débiles a su servicio. Básicamente, está corrompiendo a las instituciones en beneficio de sus intereses. Así de paradójico e incluso cínico suena:

    El PRI está corrompiendo para denunciar la supuesta corrupción de un opositor suyo.

    Pareciera, a simple vista, que ahora la PGR sí le está echando ganas, cosa que no sucedió ni con Odebrecht, ni con la casa blanca, ni con OHL, ni con la Estafa Maestra, ni con los desvíos en los que está involucrada Rosario Robles. Y es que en México las instituciones nunca tocan a los hombres de poder a menos que se trate de una venganza, un ataque, o la presencia de algún político muy corrupto que termine por afectar los intereses de los otros (como el caso de los ex gobernadores). 

    Nadie habla del uso despiadado que el PRI está haciendo de las instituciones, ni López Obrador, ya que sabe que le será mucho más cómodo tener a José Antonio Meade como rival que a Ricardo Anaya y por tanto le conviene hacer leña del árbol caído. Tampoco lo hace así el calderonismo (Margarita, Felipe Calderón y similares) quienes tienen una fuerte rencilla con el candidato panista. Si bien no es criticable que critiquen a Anaya (más si las acusaciones llegaran a ser ciertas), sí es muy criticable que «hagan mutis» con respecto a la corrupción de las instituciones con propósitos electorales. Aquí no hay discurso de fortalecimiento de las instituciones ni nada parecido ya que importan más los intereses políticos y de poder. 

    Estas semanas serán muy importantes y podrán definir el transcurso de la campaña electoral. Las siguientes preguntas vienen a la mente ¿Caerá Anaya en las encuestas? ¿Terminará fortaleciéndose más bien? Dependerá mucho, a mi parecer, de la estrategia que utilice el panista, ya que puede insistir en que el PRI es un partido tan corrupto que utiliza a las instituciones con fines políticos en vez de que estas se encarguen de combatir la corrupción, que por cierto, ha sido una constante en el gobierno de Peña Nieto.

    La estrategia del PRI es muy evidente: destruyamos a Ricardo Anaya con ayuda de las instituciones que están bajo nuestro control para después hacer lo propio con López Obrador. Aunque la verdad es que el tabasqueño será un hueso todavía más difícil de roer. En los careos que han hecho las encuestadoras, Meade se encuentra en franca desventaja contra AMLO, cosa que no ocurre en el careo de Ricardo Anaya contra AMLO, ya que si este último las lleva de ganar, Anaya se muestra competitivo. 

    Además, Anaya es un político que está buscando construir una narrativa, por lo cual los golpes a su persona pueden afectarle más; López Obrador no, ya que todo el mundo lo conoce y ya se hizo una idea de él. De hecho, ha logrado bajar un poco sus negativos gracias a la ira de la gente con el gobierno actual y también a que en esta campaña se ha mostrado menos beligerante.  

    Si López Obrador ya es el candidato favorito para ganar las elecciones, con un eventual descalabro de Anaya, las posibilidades de AMLO aumentarán todavía más; ya que parece ser que entre la ira de los mexicanos contra el PRI contra el miedo hacia López Obrador, terminará, muy probablemente, por imponerse la primera. 

    Además, si Anaya no utiliza este ataque en su favor mostrando al PRI como el partido corrupto que es, que utiliza a las instituciones para corromper y beneficiar sus intereses, AMLO bien podría hacerlo, ya que este tipo de ataques, donde algunos medios de comunicación están inmiscuidos, refuerzan su tesis de la mafia en el poder. 

    Como decía, estamos en uno de los puntos más álgidos de la campaña, ya que lo que pase en estos días configurará el escenario bajo el cual se desarrollará ahora sí la campaña oficial. Dependerá mucho del manejo que Ricardo Anaya le de a las acusaciones que se vierten en su contra.

    ¿Y las instituciones? Bien gracias. Trabajando para el beneficio de unos pocos, en vez de que trabajen en beneficio de todos los mexicanos.