Autor: Cerebro

  • ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    ¿Por qué el debate de hoy no cambiará mucho las cosas?

    En mi opinión, para que Anaya llegara con posibilidades de ganar la presidencia debía haber llegado a este tercer debate con menos de 10 puntos de desventaja promedio en encuestas con respecto del puntero.

    La idea era que hiciera un muy buen debate, que reafirmara que es el segundo lugar de la contienda y que se está acercando a AMLO. Actualmente todavía hay personas que no han decidido su voto porque están esperando a ver si es Anaya o Meade el que estará en condiciones de competirle a AMLO. Un muy buen debate sumado a ese voto que todavía está indeciso (que puede ser parte del «voto oculto») podría acercarlo de forma considerable a AMLO y reducir la ventaja de tal forma que, aunque las encuestas le dieran todavía ventaja a AMLO, pudiera ocurrir que, debido a que las encuestas no son exactas, terminara ganando la presidencia. Si las encuestadoras del cierre de campaña le dieran a AMLO una ventaja sobre Anaya de 4 o 6 puntos, cabría la posibilidad que Anaya en realidad terminara ganando. En ese escenario el «voto oculto» (si es que existiera en favor de Anaya) podría hacer su papel.

    Pero la realidad es muy distinta. Primero, porque la distancia entre Anaya y AMLO no es menor a 10 puntos. Según Oráculus es de 22 puntos en promedio. Segundo, porque los priístas están bien necios y pretenden quitarle el segundo lugar con base en una campaña de desprestigio. Tercero, la campaña de Anaya ha sido bastante mala y se nota una profunda descoordinación entre todos sus integrantes. 

    El PRI, o ya asumió la derrota y prefiere que gane AMLO (muy plausible), o no está haciendo bien sus cálculos. En la primera embestida hacia Anaya antes del inicio de la campaña, lograron detener su crecimiento, pero no fue Meade el que captó lo que perdió Anaya, fue AMLO. ¿Por qué ahora intentar tumbar a Anaya esperando que todo el voto se concentre en Meade si el voto anti PRI es más grande que el voto anti AMLO como lo reflejan todos los estudios demoscópicos?

    En ese estado, el voto antipejista (que dudo que unido le alcanzara) estará completamente dividido. La gente que todavía no decide no sabrá siquiera por quién debe de votar.

    El PRI aspira (o eso dicen) a que Meade se refrende como segundo lugar para que los antipejistas se decidan por él y ocurran muchas combinaciones (muchas de ellas, improbables) para alzarse con la victoria. Estamos a 18 días de las elecciones y la gente sigue pensando, acertadamente, que Anaya va en segundo lugar ¿Cómo le dices a la gente que Meade en realidad va en segundo si la única referencia que tendrán para saberlo son las encuestas del cierre de campaña que salen días después del debate casi al cierre de la campaña? Lo peor para la estrategia del PRI es que este jueves comienza el mundial por lo cual lo que ocurra en las elecciones tendrá menos impacto. ¡Y así el PRI quiere quitarle a AMLO más de una decena de puntos de ventaja!

    Es posible que lo más interesante del video sea el pleito entre Meade y Anaya y no la lucha por la presidencia. Los priístas no sólo quieren quitarle a Anaya el segundo lugar, tienen la intención de destruirlo. 

    AMLO debe estar muy agradecido con el PRI, gracias a ellos va a ser presidente.

  • La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA

    La banalización de MORENA
    Foto: Milenio

    En el pasado, si había un movimiento que podía presumir cierta congruencia ideológica, ese era el de López Obrador. El PAN y, sobre todo, el PRI, mientras tanto, estaban invadidos por el pragmatismo excesivo que los fue convirtiendo en cascarones ideológicos. López Obrador presumía un discurso ideológico consistente (estuviéramos o no de acuerdo con él). Por esa razón varios de los intelectuales más importantes en ese momento se aliaron a su movimiento.

    Con MORENA, un partido exclusivamente de él, uno esperaría una extensión y una consolidación de ello: un partido moralmente diferente a los demás, que hace las cosas distintas, pero no es así.

    Dentro de su partido vemos muchas de las prácticas y mañas existentes en los otros. En MORENA también vemos políticos trepadores, chapulines que quieren su hueso y no tanto líderes sociales que luchan por la justicia social. La forma de hacer política en este partido naciente que presume como sus ejes rectores «no robar, no mentir y no traicionar» es básicamente la misma forma de hacer política tradicional.

    Algunos me argumentarán que en MORENA no hay pruebas de «saqueos como los del PRI y el PAN», que eso lo hace un partido honorable, aunque la realidad es que MORENA nunca ha estado en el poder y por lo tanto tenemos pocas referencias para poder hacer una comparación justa con los otros partidos. Pero lo que me llama la atención son las figuras que están postuladas por este partido y que representan lo opuesto a lo que MORENA dice defender. Dejemos del lado a los miembros con posturas políticas tan disimiles como Manuel Espino o Paco Ignacio Taibo II; concentrémonos aquellas figuras impresentables que buscan una alcaldía o una gobernatura, perfiles que en tiempos anteriores eran criticados de forma implacable por muchos de los simpatizantes de López Obrador.

    No me cabe en la cabeza cómo es que un personaje como el Pato Zambrano puede estar postulado por un partido que dice que «hará historia», que se asume como la «cuarta transformación del país». El ex integrante de Big Brother amenazó con «romperle su madre» al candidato de Nueva Alianza por la alcaldía de Monterrey:

    https://www.youtube.com/watch?v=bn7qqA3F92o

    No es la primera vez que el Pato Zambrano hace un papelón de estos en un debate, de hecho es una práctica recurrente de este candidato del cual circulan muchos videos en Youtube donde insulta y pelea a distintos personajes. ¿Por qué un partido que asume tener una calidad moral muy alta y que dice destacar sobre los demás partidos se da el lujo de tener este tipo de personajes?

    Cuauhtémoc Blanco es otra muestra de la banalización ideológica de MORENA. El Cuau es uno de los mejores futbolistas que ha dado el balompié mexicano, pero todos sabemos que su calidad como futbolista tiene poca relación con su calidad como persona, ya que solía insultar y agredir a futbolistas o a periodistas. En el debate que se llevó a cabo en Morelos, el candidato de MORENA a la gobernatura de esa entidad volvió a mostrar quién es realmente. 

    El futbolista, quien aparece constantemente en mítines con Andrés Manuel López Obrador, es recordado no sólo por sus goles, sino por burlarse de los árbitros, hacer festejos polémicos y por agredir por la espalda a David Faitelson. Como político Cuauhtémoc Blanco es sumamente ineficiente e ignorante.

    https://www.youtube.com/watch?v=EwaBVheQ5Bk

    ¿Qué puedo esperar diferente de un partido que ya ha comenzado a adoptar todos los vicios de la clase política, que también incluye a personajes del espectáculo y personajes de dudosa calidad dentro de su partido? Por su naturaleza de partido de izquierda (ahora aliado con el partido más ultraderechista del país), uno puede entender que dentro de esta organización haya algún radical o hasta algún porro (como Gerardo Fernández Noroña). Pero de lo que se está llenando MORENA es de trepadores, de gente que quiere mantener su hueso.

    ¿Y de verdad podemos pensar que el gobierno de AMLO va a regenerar México con las mismas prácticas y los mismos vicios?

    El tiempo es sabio. 

  • Las virtudes y los defectos de los candidatos

    Las virtudes y los defectos de los candidatos

    Las virtudes y los defectos de los candidatos
    Foto: Noticieros Televisa

    Andrés Manuel López Obrador

    Virtudes:

    • Es una persona muy tenaz y perseverante. Contender en tres campañas electorales y recorrer todos los municipios del país no es cualquier cosa.
    • Es, simplemente, el líder político más importante de todo el país. 
    • Tiene vocación y sensibilidad social. Conoce más que nadie al «México de abajo». 
    • Tiene amplia experiencia política. Es el único de los candidatos que ya ha gobernado y su gestión en la Ciudad de México en general es bien vista.
    • Nunca se ha enriquecido ilegalmente de la política. Ciertamente puede ser criticable que viva, en parte, de los recursos de su partido (que a su vez es del erario) pero ello no implica ilegalidad alguna. 
    • Es el único que ha hecho un diagnóstico del país que toca fibras sensibles y que la mayoría de los políticos no se atreven o no quieren tocar (desigualdad, empresarios que se enriquecen al amparo del poder, entre otros más).

    Defectos:

    • Es una figura con un discurso mesiánico que tiende a polarizar la discusión.
    • Tiene tintes autoritarios, suele denostar a quienes no piensan como él y a hacer juicios de valor moral sobre quienes disienten (aunque no tengan un interés particular).
    • Tiene poca confianza en sociedad civil como agente de cambio. Le disgusta la idea de que en su gestión habrá contrapesos fuera de su control.
    • Suele ser una persona necia, poco dispuesta a confrontar su ideario y sus propuestas.
    • Su propuesta es obsoleta y prácticamente no ha cambiado desde hace algunas décadas (al menos desde finales del siglo XX).
    • No es una persona ávida de aprender y prepararse constantemente más allá de su experiencia en la calle.

     

    Ricardo Anaya

    Virtudes:

    • Es una persona muy inteligente y de mente aguda.
    • Es una persona que le gusta aprender, mantenerse actualizado y absorber la mayor cantidad de conocimiento posible.
    • Se prepara de la mejor forma para afrontar los escenarios que se le pongan enfrente. Se caracteriza porque antes de los debates analiza bien el escenario y hasta las tomas de cámara. Es muy meticuloso.
    • Tiene una retórica muy envidiable. Anaya es uno de los candidatos con mejor oratoria que hemos visto en los últimos tiempos.
    • A pesar de su juventud y su corta trayectoria, ha sabido moverse para llegar a la punta de la pirámide política (lo cual, por sus formas, puede verse como un defecto, pero también es una virtud).

    Defectos:

    • Es ambicioso en exceso. 
    • Es una persona poco confiable ya que ha traicionado a muchas personas que le tendieron la mano para lograr sus objetivos. Su trayectoria tiene puntos cuestionables. 
    • Es una persona que tiene poca capacidad para conectar y empatizar con la gente.
    • Parece estar falto de convicciones e ideales, por eso es que no ha logrado construir una narrativa convincente.
    • Nunca ha ejercido un cargo público por elección popular. 

     

    José Antonio Meade

    Virtudes:

    • Es una persona íntegra que nunca se ha enriquecido a través de su trayectoria política.
    • Es inteligente y tiene una amplia preparación académica.
    • Tiene amplia experiencia en el terreno económico y de relaciones internacionales. 
    • Es una persona conciliadora, abierta a dialogar.

    Defectos:

    • Si bien no es corrupto, no es una persona que levante la mano para evitar o denunciar los actos de corrupción de los otros. 
    • Tiene experiencia como burócrata, pero no como político.
    • Estar abanderado por el PRI y estar rodeado por personajes impresentables siempre va a ser un defecto.
    • Nunca ha ejercido un cargo público por elección popular. 

    Nota al pie: no incluyo al Bronco porque ese es de broma.

     

  • Anaya, el candidato antisistema

    Anaya, el candidato antisistema

    Anaya, el candidato antisistema

    Si hay un candidato antisistema en estas elecciones, uno que vaya en contra de los intereses del corrupto gobierno de Enrique Peña Nieto, ese es Ricardo Anaya.

    No, el principal opositor de Peña en estas elecciones no es López Obrador, es Anaya.

    No es antisistema porque no se haya beneficiado del sistema mismo ni porque haya sido parte de éste. Tampoco lo es porque su honestidad destaque frente a la corrupción del político promedio. Anaya lo es porque el peñismo vio en él a una figura muy poco confiable: su historial de traiciones dentro de su partido no le habría garantizado de ninguna manera inmunidad (impunidad) a Peña y a los suyos. Ello explica por qué desde el año pasado hicieron lo posible por debilitar a Ricardo Anaya.

    En la campaña, Anaya remató y dijo que si ganaba metería a Peña a la cárcel. Esa propuesta tal vez sea, junto con la del ingreso básico universal, una de las pocas que recordamos del candidato.

    El problema es que los priístas suelen ser rencorosos. Los que los hemos llegado a conocer sabemos que se caracterizan por tener la piel bastante delgada, y rara vez perdonan ese tipo de amenazas. 

    La campaña del PRI contra Ricardo Anaya es real, no es una ficción ni es una oscura estrategia. En el primer ataque de este año utilizaron a la PGR de forma facciosa, en el segundo utilizaron a los medios de comunicación como Televisa y TV Azteca y similares para propagar con impecable sincronía un video sin fuente de origen con unas presuntas declaraciones:

    ¿Es Anaya culpable de lo que se le acusa? ¿Són mentiras? ¿Son verdades a medias? No lo sé. No me parece que Ricardo Anaya sea una persona muy confiable y honesta. Pero, independientemente de la veracidad que las acusaciones puedan tener, queda claro que el gobierno de Peña Nieto está interviniendo de forma flagrante en las elecciones para destruir a Anaya, ya no solo para evitar que llegue a la presidencia (cosa que a estas alturas ya es bastante improbable) sino para destruir su carrera y su fama.

    Es evidente que Peña Nieto prefiere a López Obrador en la silla presidencial que al frentista. El discurso conciliador de AMLO incluía un guiño al gobierno de Peña Nieto que básicamente consistía en no tomar venganza a cambio de que el de Atlacomulco no le «echara montón».

    Y así lo vemos. Muchos esperaban que al cierre de la campaña todo el aparato volcara contra López Obrador y eso no está sucediendo. Los únicos que lo intentaron hacer fueron las cúpulas empresariales (ahora ya apaciguadas después de una reunión que AMLO tuvo con el Consejo Mexicano de Negocios) quienes recibieron de Peña Nieto un portazo en la cara cuando le pidieron que Meade declinara por Ricardo Anaya. 

    Lo único que vemos en contra de AMLO en estos momentos son algunos spots donde se intenta señalar que él es incapaz de gobernar este país, pero nada más. Incluso el tema de Nestora Salgado ha ido quedando en el olvido. Este cierre de campaña está resultando muy tranquilo para López Obrador quien simplemente se está administrando para lo que se antoja inevitable.

    Dentro de la campaña de Anaya han comenzado a sugerir que Peña Nieto y López Obrador ya pactaron. No sé si eso esté ocurriendo, no tengo elementos para afirmarlo pero sí se pueden ver algunos indicios de que eso podría estar ocurriendo como las votaciones en conjunto que PRI y MORENA han realizado en ambas cámaras o las polémicas declaraciones de Yeidckol. Lo cierto es que muchas de las cúpulas de poder de nuestro país ya se están alineando con el que muy probablemente será nuestro próximo presidente.  

    El discurso antisistema de Ricardo Anaya difícilmente va a pegar porque, de acuerdo a los estudios demoscópicos que se han publicado, es al que se le considera más mentiroso. Lo cierto es que al día de hoy, quien representa la principal oposición al gobierno actual no es López Obrador, sino Ricardo Anaya. Pero el mote de antisistema no es necesariamente un halago. 

  • Anaya ya no tiene nada que contarnos

    Anaya ya no tiene nada que contarnos

    Anaya no tiene nada que contarnos

    La campaña de Ricardo Anaya no despega. 

    Y no lo hace cuando falta menos de un mes para el día de las elecciones. De hecho se percibe cierta desesperación dentro de su equipo de campaña.

    La comentocracia comienza a hablar cada vez menos de él y cada vez más de lo que podría ser la presidencia de López Obrador. Todos hablan sobre los probables miembros del gabinete, de su relación con los empresarios. Todo gira en torno a López Obrador porque muchos ya se han hecho a la idea. 

    Cuando a Anaya le preguntan por las encuestas, cambia el tema y dicen que ellos van a ganar. Sabe que lo que ellas reflejan no es nada grato y no tiene nada que decir sobre el tema. No sólo por el hecho de que López Obrador se antoja como inalcanzable, sino porque Anaya ha comenzado a rezagarse al punto en que podría perder el segundo lugar que le había permitido crear el discurso de que la competencia era entre él y López Obrador. Es más, ni siquiera logró acaparar votos de la declinación de Margarita Zavala. 

    A Anaya no le va bien solamente porque el contexto le beneficia a López Obrador, sino porque su estrategia de campaña es pésima.

    ¿Alguien de ustedes me puede decir quién es Anaya o qué es lo que quiere? ¿Podrían definirlo? Se darán cuenta que esa tarea es muy complicada.

    Y ese es un gran problema porque toda campaña debe de comenzar con una narrativa, una que apele a las emociones del electorado y con la cual un sector de este se identifique y vea ahí plasmados sus valores y anhelos. La narrativa es como una matriz de donde se desprende todo, de donde se desprenden sus acciones y sus propuestas de campaña. Las propuestas pueden ser muy buenas pero si no forman parte de una narrativa convincente no van a decir nada, se vuelven estériles. Imaginemos que nos dan las siguientes instrucciones:

    Encienda el dispositivo, una vez que está prendido presione el botón frontal dos veces y así usted logrará acceder a la configuración. 

    Si solo atendemos a ese párrafo y no conocemos lo demás, vamos a entrar en una profunda confusión. No sabemos a qué tipo de dispositivo se refiere y menos sabremos cual es el objetivo de esas instrucciones. Si yo te digo que esa instrucción tiene el fin de restaurar el software de un teléfono móvil, entonces todo cobra sentido. Algo parecido es lo que la narrativa hace. No podemos pensar en las instrucciones (propuestas de campaña) si no conocemos cuál es su función y de qué producto se trata (narrativa).

    Y como no tiene narrativa, lo único que percibimos en Ricardo Anaya es una candidatura estéril y sin rumbo. Sin narrativa no funciona todo lo demás. Ricardo Anaya pretende ser todo: buen esposo, buen padre, rockero, motociclista, conferencista de TED, CEO, académico, políglota, pero al final no es nada, su candidatura no tiene sustancia, por eso no pega ni despega. 

    La narrativa también funciona como hilo conductor de la campaña, y como esta no existe dentro de la campaña, entonces vemos que ni siquiera hay una buena coordinación. Vemos relanzamientos de campaña precipitados donde pretenden presentar a Ricardo Anaya como pacificador porque los estudios de campo decían que la población está preocupada por la inseguridad (en parte producto de las fallidas estrategias de los dos últimos gobiernos) y porque ese tema no es el fuerte de AMLO, pero no suena creíble, se percibe muy artificial.

    Esta improvisación, al no tener un hilo conductor, también explica que se haya creado la percepción de que «le está copiando a AMLO». Anaya se ha mostrado como un candidato antisistema, pero al no tener una identidad propia termina pareciendo una «versión chafa» del otro. Lo peor es que algunas de las propuestas y acciones del queretano parecen una calca de las del tabasqueño. No sé quién le dijo que era una buena idea hacer conferencias mañaneras como López Obrador o que plagiara la frase «más becarios menos sicarios» utilizando nombres de futbolistas.

    Anaya es prácticamente inexistente dentro de las redes sociales. A pesar de ser el candidato más tecnológico y sofisticado, la campaña de López Obrador, a través Tatiana Clouthier y el proyecto «Abre más los ojos«, le han comido el mandado. El candidato el Frente se limita a presentar una y otra vez el mismo Powerpoint de siempre, a decirnos que Netflix le comió el mandado a Blockbuster y a contarnos su experiencia dentro de la Amazon Store.

    En la campaña de Anaya no han entendido el voto del hartazgo más allá de los estudios demoscópicos. Pensaron que proponer una versión antisistema light, uno más moderado, cosmético y sin riesgos, iba a traerles votos. Pero la gente está enojada, y cuando está enojada tenderán a irse con la propuesta más disruptiva, y esa no es la de Ricardo Anaya. Él se quedó varado en el medio, entre tratando ser antisistema y ser la opción que genera certidumbre. 

    Anaya quiso ser todo y no fue nada. Creyó que bastaba con debatir bien. Creyó, erróneamente que si hablaba de datos o métodos iba a levantar. Cometió el error que suelen cometer muchas veces los demócratas en Estados Unidos: ser muy racional, cerebral y apelar de forma recurrente a datos y estadísticas sin que ello se traduzca en emociones. A López Obrador le bastó utilizar recursos «chuscos» como el de la cartera o el de «Ricky Riquín Canayín» para condenar su discurso a la irrelevancia. Anaya le había dicho a AMLO que le faltaba mucho mundo, una frase que, bien utilizada, hubiera podido jugar en contra de López Obrador, pero no sólo no supieron crear una estrategia en torno a ella, sino que fue opacada por las ocurrencias de AMLO.

    Y todo eso por no haber logrado crear una narrativa. A menos de 30 días de la elección muchos ni siquiera sabemos quién es Ricardo Anaya. Por eso tiene que hacer mítines en espacios cerrados con su Powerpoint de siempre mientras que AMLO, quien se ha encarnado en una figura mesiánica que promete atacar la desigualdad y la corrupción, presume casi a diario mítines abarrotados. 

    Me atrevo a decir que la campaña de Ricardo Anaya es una de las peores que he visto en mucho tiempo. No sólo por el hecho de ser mala, sino porque no lograron impulsar a un candidato que, a mi parecer, tenía potencial para algo más. 

  • Una orden de arroz cocido para Ricky

    Una orden de arroz cocido para Ricky

    Una orden de arroz cocido para Ricky

    Al igual que yo, Ricky no simpatiza con AMLO; pero yo, a diferencia de Ricky Incredulín, acepto la realidad y no me dejo invadir por mi sesgo cognitivo. Ricky está tratando de cuadrar los números porque no da razón a lo que sucede en las encuestas: AMLO sube y sube como la espuma. Que si los indecisos, que la tasa de rechazo, que el voto oculto, Ricky trata de encontrar algún recoveco para mantener sus esperanzas.

    Ricky Incredulín: – Oye Álvaro, pero Roy Campos dijo que las encuestas no son un oráculo que predicen la victoria.

    Yo: – Es cierto, una encuesta por sí misma no te puede asegurar que alguien puede ganar porque las tendencias pueden cambiar y porque las encuestas muestran una tendencia aproximada de las preferencias al día de hoy, pueden tener errores. Pero si ves el panorama completo te darás cuenta de que la victoria de AMLO está, si no completamente definida, sí muy muy cercana.

    Ricky Incredulín: – ¿Cómo el panorama completo?

    Ricky me pregunta mientras analiza ansiosamente una y otra vez las gráficas. Piensa erróneamente que todas las barras de indecisos o tasa de rechazo se van a ir con Anaya, sin percatarse de que muchos de ellos ni siquiera van a salir a votar y que es probable que la tendencia en ese voto no difiera mucho del que sí lo declara. 

    Yo: – Sí.  No sólo es la encuesta, es también la tendencia donde López Obrador sigue subiendo mientras que Ricardo Anaya y José Antonio Meade están estancados. Esperaría que la elección se cerrara conforme se acercara la elección y eso no está sucediendo. Y no sólo es eso, es que Anaya tiene una pésima campaña, no tiene una narrativa, no conecta. Incluso ya varios panistas como Juan Ignacio Zavala y Roberto Gil Zuarth dicen que este arroz ya se coció, que «ya valió madres». Se trata de analizar la campaña en su conjunto mi estimado. Estamos en una elección donde la gente grita cambio y venganza contra el gobierno actual. 

    Ricky Incredulín: – Pero seguramente tendrán un as bajo la manga.

    Yo: – Recapitulemos Ricky. Qué no se ha dicho ya de AMLO, que si nos va a convertir en Venezuela, que varias de sus propuestas son absurdas (y lo son), que si el aeropuerto, que se peleó con algunos empresarios y míralo, sigue subiendo. Está casi igual que Trump, quien dijo que podía matar a alguien en la Quinta Avenida y aún asi no caer en la encuestas. Si tuvieran un as bajo la manga ya la hubieran sacado. Yo no sé realmente qué se tendría que hacer a estas alturas. Incluso, ni se si sería buena idea que a Meade se le ocurriera declinar a favor de Anaya (lo cual dudo muchísimo que suceda), en una de esas Anaya pierde muchos de esos votos de quienes quieren castigar al PRI pero no quieren votar por AMLO. Tal vez prefieran lo primero a lo segundo.

    Ricky Incredulín: – Pero ve, Anaya es rebueno para los debates. Al Beltrones se lo puso como camote. ¡Esperate al tercer debate!

    Yo: – Sí, lo recuerdo, pero ya van dos debates y Ricardo Anaya no ha capitalizado nada. No conecta y trata de ser muy racional cuando la gente vota más por emociones y en una elección donde los sentimientos están a flor de piel. Anaya no ha construido una narrativa, en cambio AMLO, con todo y sus propuestas mafufas, sí lo ha logrado. Además, los golpes que sufrió del PRI le quitaron mucha credibilidad ante un sector del electorado.

    Ricky Incredulín: – Pero no te dejes engañar. O sea, las encuestas usan muestras de 1200 entrevistados, son bien poquitos y no representan a todos los votentes ¡a mí no me encuestaron!

    Yo: – Me temo, mi estimado Ricky, que no tienes muchos conocimientos sobre muestreo. Te recomiendo este libro de estadística para Dummies donde podrás darte cuenta que así se hacen todos los estudios. Se sacan muestreos representativos del universo y, con base al número de entrevistados, se obtiene un margen de error que en general está cerca del 3%. O sea, que el resultado puede variar 3 puntos arriba o abajo de la realidad. Es natural que en un país de más de cien millones de habitantes donde las casas encuestadoras no suelen entrevistar a más de dos mil personas nunca te hayan entrevistado. 

    Ricky Incredulín: – Pero están cuchareadas. Una vez un cuate me dijo que en la encuesta del Reforma en la Ciudad de México entrevistaron solo en las delegaciones que coincidentemente en la mayoría AMLO tenía fuerza. No fueron a la Benito Juárez donde están los pirrurris. ¿Ves? Están manipuladas. Ya te sabes como son los pejezombies paranoicos.

    Yo: – Pero entonces no te comportes como «pejezombie paranoico» diciendo que todas las encuestas están compradas. No sólo hay que advertir que todas esas encuestas son verificadas por el INE sino que lo que mencionas de las delegaciones no es algo que se haga a propósito para «manipular». Se seleccionan aleatoriamente porque como son 1200 encuestas repartidas en todo el país, no alcanza para encuestar en todas. De la misma forma es muy posible que lo opuesto haya pasado en otros lugares de la República.

    Ricky se pone muy ansioso y nervioso, me dan ganas de darle un abrazo porque hasta ahora se acaba de dar cuenta de la realidad, una que no le gusta ni a él ni a mí, pero que yo ya había anticipado desde hace mucho tiempo.

    Ricky Incredulín: – ¿Entonces ya ganó?

    Yo: – No me atrevería a afirmarlo categóricamente. Falta un mes y puede llegar a pasar algo que cambie las tendencias, pero la verdad se me antoja muy difícil que suceda. Incluso, toma en cuenta que ya va a empezar el Mundial y la gente se va a distraer un poco de las elecciones con lo cual las estrategias de campaña van a tener menos impacto. 

    Ricky Incredulín: – ¡No puede ser!

    Yo: – Ánimo Ricky, nosotros como sociedad civil vamos a ser un contrapeso ante su régimen. Ánimo que el mundo no se acaba, no llores. Vamos por algo de comer, ¿qué quieres?

    Ricky Incredulín: -¡Ya sé! Una torta y un Frutsi,

    Yo: – ¿Queeee?

    Ricky Incredulín: – Estaba bromeando, vamos mejor al McDonalds antes de que AMLO lo cancele. 

  • ¿Cómo hablar con un progre? de Gloria Álvarez. Una crítica necesaria

    ¿Cómo hablar con un progre? de Gloria Álvarez. Una crítica necesaria

    ¿Cómo hablar con un progre? de Gloria Álvarez. Una crítica necesaria
    Imagen: Forbes

    ¿Cómo hablar con un progre? 

    Ese es el título del libro de Gloria Álvarez Cross, la afamada politóloga libertaria oriunda de Guatemala que saltó a la fama por sus férreas críticas a la izquierda y al populismo latinoamericano, y quien es invitada a muchos foros en distintas latitudes del mundo gracias a la facilidad que tiene para comunicarse y explicar sus ideas. 

    Pero en su libro no logra responder esa pregunta, ni siquiera se esfuerza en contestarla. Se sobreentiende que si una obra plantea establecier diálogo con quien piensa diferente, este tendría que proponer algún ejercicio para «ponerse en los zapatos del otro» y así poder debatir y persuadir.

    En vez de eso, Gloria Álvarez caricaturiza al progresista, le da una sola definición y aprovecha para hacer críticas sobre su incongruencia y sobre las falacias o disonancias congitivas en las que suelen caer. Algunas de sus críticas son válidas y atinadas, pero constantemente cae en las mismas falacias y disonancias que ella misma critica. 

    Por ejemplo, Gloria Álvarez nos dice que los progresistas ven todo en blanco y negro y no son capaces de ver las tonalidades grises. Pero esa es la misma forma en la que ella los juzga, como si todos los progresistas fueran iguales y pensaran exactamente de la misma forma. Inserta dentro de la misma definición a izquierdistas moderados y radicales; afirma que los progresistas odian a Estados Unidos pero en otras ocasiones dice que admiran a Obama; luego dice que todos admiran a Cuba y Venezuela; después habla del progresismo de la socialdemocracia española que en realidad tiene que ver poco con Cuba. La realidad es que eso que Gloria llama progresismo tiene matices muy diferentes.

    El libro empieza muy flojo, incurre una y otra vez en la falacia del hombre de paja por medio de una caricaturización forzada del progresismo. Varias de las actitudes que Gloria menciona son comunes en algunos progresistas, es cierto (y lo notamos acá en México con varios de los simpatizantes de López Obrador), pero ella mantiene una postura un tanto similar de superioridad moral, tratando de mostrar que ella es la que carga con la razón y la verdad objetiva mientras que los otros son ignorantes, hipócritas y cínicos. Gloria los acusa de dogmáticos, pero su crítica parte de una postura también muy ideologizada y dogmática. 

    La realidad es que las disonancias cognitivas existen dentro de todo el espectro político. El libro Political Brain de Drew Westen muestra cómo tanto los demócratas como los republicanos de Estados Unidos suelen hacer juicios con base en sus afinidades políticas de forma mucho más contundente que en la evidencia. Gloria siente que se está blindado de estas disonancias y toma incluso las inconsistencias del progresismo para hacer juicios de valor. Pero se equivoca.

    Gloria Álvarez

    Al principio parece que le trae «muchas ganas» a los progres. Tanto que termina alabando a Donald Trump:

    Trump ha reivindicado la capacidad individual de los ciudadanos para lograr su propia felicidad, de la que la Constitución estadounidense habla. La capacidad de los ciudadanos para decidir sin imposiciones, para gastar su dinero sin que el Estado intervenga en ello, para construir una sociedad en la que nadie determine lo que los demás deben de hacer. 

    Parece que las vísceras jugaron un papel más importante que la razón, parece que la disonancia cognitiva hizo su chamba en la mente de nuestra querida Gloria. Trump no es un libertario, ni siquiera un promotor del libre mercado. Es un populista de derechas proteccionista dispuesto a cerrar sus fronteras para proteger a los trabajadores estadounidenses de los «malévolos extranjeros». ¿Qué dirá Gloria ahora que Trump ha iniciado una guerra comercial contra México, Canadá y la Unión Europea subiendo los aranceles a varios insumos? 

    Gloria caricaturiza a un progre como un individuo con ideas obsoletas, flojo, que no lee, que no sabe nada de economía, intolerante, que detesta la cultura del esfuerzo pero a la vez es parte de la burguesía (eso que algunos llamamos izquierda caviar), es hipócrita, cínico, y a la vez suele tener dinero, tanto que algunos son ricos, tan ricos como los que critican tanto. Esa es una caricaturización muy reduccionista porque entonces no se podría explicar por qué hay «progres» que sí tienen abundante dinero, por qué varios de ellos son líderes de opinión, artistas o hasta políticos o burócratas destacados (que para ello se necesitó esfuerzo). Gloria pone en una misma canasta al manifestante que se droga y tarda 10 años en terminar sus estudios y al académico progresista con maestría y doctorado en universidades de renombre que le ha tenido que batallar para obtener una beca y para encontrar una plaza en una universidad de prestigio. 

    Gloria también ignora que hay muchas personas que toman posturas progresistas en el terreno de lo social pero no en lo económico. Y no me refiero al libertarismo (que concuerda en el terreno del matrimonio igualitario, por un decir) sino que, mientras que defienden el libre mercado en lo económico, sus posturas sociales están muy influenciadas por corrientes que parten del postestructuralismo o de la Escuela de Frankfurt. 

    A medida que se avanza en el libro, sí se puede percibir cierta mejoría y algunos momentos un tanto lúcidos donde Gloria se centra en algunas tesis muy específicas de los progresistas que exhibe con argumentos. En la parte central hace algunas críticas suyas que valen la pena y que logran salvar un poco su obra, pero al final, en el epílogo, regresa a otra vez a la crítica visceral y reduccionista. 

    ¿Qué puede dejar un libro cuya misión no es dialogar con un progresista sino caricaturizarlo? Creo que muy poco. Este es de ese tipo de obras que solo logran reafirmar las posturas ideológicas de los lectores. Pienso que, aunque cita algunos autores importantes como Tocqueville, Locke, Platón o Friedrich Hayek, entre otros, parece que el libro tiene una base filosófica muy débil. No porque sea un libro fácil de leer (un libro no necesita ser complejo ni pesado para demostrar tener un buen bagaje filosófico), sino porque en el texto a veces falta sustancia, falta «carnita». Gloria recurre a muchos lugares comunes y preconcepciones, y si bien entiendo que este es un libro de divulgación y no uno académico, creo que incluso para el género se queda corto. 

    No soy muy progresista, tampoco soy libertario y no simpatizo del todo con Gloria Álvarez, aunque me parece una mujer inteligente y agradezco varias de sus críticas a los regímenes populistas en sus videos de Youtube. Tal vez por eso esperaba un poco más de este libro, lamentablemente se queda muy corto si hablamos de una de las principales divulgadoras del libertarismo en nuestro subcontinente. 

  • La batalla contra López Obrador: los límites de los empresarios

    La batalla contra López Obrador: los límites de los empresarios

    La batalla contra López Obrador: los límites de los empresarios

    Ante un triunfo de AMLO que pareciera percibirse cada vez más inminente, varios empresarios salieron, de alguna u otra forma, a externar su preocupación. Algunos lo han hecho usando su derecho a la libertad de expresión, otros han jugado en el límite entre ésta y la coacción del voto.

    Me parece que todos los empresarios deben tener el derecho a manifestar su postura a favor o en contra de un candidato, de decir que simpatizo con este candidato o que aquél otro no me gusta. Creo yo que eso es muy sano para nuestra incipiente democracia porque le da más información al elector, quien puede decidir libremente e interpretar, desde su criterio, lo que los empresarios dicen. En este sentido, preocupados por la figura de AMLO, han salido José Ramón Elizondo de Vasconia y José Antonio Fernández Carvajal de FEMSA con una postura respetuosa hacia el electorado. No veo mal que el INE no permita a los empresarios hacer proselitismo mediante recursos económicos ya que estarían en ventaja frente a los ciudadanos u organizaciones que no tienen recursos para hacer lo mismo y lo cual puede distorsionar el concepto democrático que todos somos iguales ante la ley, pero creo que sí deberían poder expresar su postura libremente por medio de videos o comunicados (en la actualidad el INE no les permite mostrar simpatía por algún candidato). De hecho, con esas restricciones estarían en desventaja ante el empresario Alfonso Romo quien ha estado apoyando a López Obrador entre las élites empresariales por ser uno de sus coordinadores.

    Pero si hablamos de Germán Larrea de Grupo México o, más aún, de Alberto Bailleres, la historia es diferente. Bailleres ordenó una junta obligatoria en Perisur para comunicarles a sus empleados que no voten por López Obrador y les infundió miedo (casi diciéndoles que con la llegada del tabasqueño sus empleos podrían estar en riesgo). Este tipo de medidas son las que navegan entre la libertad de expresión y la coacción del voto. Pero no solo eso, también es una falta de respeto a sus empleados:

    Al sugerirles como votar, el patrón asume de forma tácita que sus empleados no tienen capacidad de decidir por sí mismos. Aunque no se les pida, al menos por lo que sabemos, que comprueben que votaron por otro candidato, esa «libertad de expresión» se convierte en chantaje. Es válido que los empresarios expresen su sentir a sus empleados, pero no que les pidan realizar una u otra acción.

    Pero lo peor del caso para los empresarios como Bailleres y Larrea es que este tipo de medidas les terminarán siendo contraproducentes. Si AMLO algo ha sabido hacer es decidir con quién pelearse y con quién no. El tabasqueño consiente a Ricardo Salinas Pliego y a Emilio Azcárraga por el poder mediático que las televisoras tienen, pero ni Bailleres ni Larrea lo tienen, ya que no pueden usar recursos económicos, porque la mayoría de los mexicanos no los conocen, y de quienes los conocen, no todos los respetan. Ellos tan sólo pueden tratar de influir dentro de su plantilla de trabajo en un país donde las todas grandes empresas emplean a poco más del 20% de los trabajadores mexicanos y, en una elección donde la ventaja de AMLO es contundente, sus esfuerzos se tornarán insignificantes.

    Les terminan siendo contraproducentes porque estas posturas, aunadas a un López Obrador que genera incertidumbre en materia económica y que se muestra confrontativo, se han reflejado negativamente en el valor de las acciones de sus empresas. Estas posturas también podrían afectarles negativamente en materia de imagen pública y, de la misma forma, llegar peleados a un régimen donde el presidente se caracterizará por su confrontación no les dejará nada bueno, ni a ellos ni al país.

    También es cierto que la élite empresarial de nuestro país no goza de la mejor reputación ya que muchos la relacionan con bajos sueldos y un clima laboral que suele ser inferior a las empresas transnacionales que se instalan en nuestro país. A las élites y cámaras empresariales, tal vez con la excepción de la Coparmex que sí tiene un sentido más social (proponiendo un salario mínimo más alto u organizando iniciativas para fortalecer la democracia y/o combatir la corrupción), les falta una mejor comunicación y empatía con la población, con la «gente de a pie». Pareciera que son parte de una burbuja, de un «mexiquito» que se encuentra aislada del «mexicote». 

    Básicamente, así refuerzan las condiciones para que un régimen de corte populista se pueda instalar en nuestro país. 

    Otra duda razonable es qué tanto estos empresarios están preocupados realmente por el «populismo» (que seguramente existen) y qué tanto están preocupados por perder sus privilegios (que seguramente también existen). No es un secreto que algunos empresarios tienen amplios beneficios gracias al compadrazgo con los gobernantes y políticos en turno. Tan no es un secreto que The Economist señala que son más los billonarios mexicanos beneficiarios de un capitalismo de cuates (crony capitalism) que los beneficiarios de su talento y esfuerzo dentro de un régimen de libre mercado. 

    Su animadversión hacia López Obrador bien la podrían aprovechar para crear un pacto con la sociedad en vez de pedirles de forma insistente a sus empleados que voten de tal forma. ¿Cómo puedes persuadir a una sociedad con la cual no te has puesto en contacto más allá de los estudios de mercado o el departamento de recursos humanos?  ¿Por qué no deciden comprometerse a llevar, en conjunto con las cámaras empresariales, acciones para combatir la pobreza y las estructuras que crean una fuerte desigualdad que vaya más allá de la generación de empleos? ¿Por qué no se comprometen a combatir la corrupción por medio de códigos de ética dentro de las cámaras donde se sancione o señale a las empresas que se benefician de ella? ¿Por qué no pactan para darles una mejor calidad de vida a sus empleados? ¿Por qué no implementan, en la medida de lo posible y de sus capacidades, las mejores prácticas de las empresas de otras latitudes? 

    Lo que digan algunos empresarios en realidad no calará mucho en la sociedad porque, a mi parecer, varios de ellos no se han esforzado lo suficiente en llegar a ella y establecer canales de comunicación. Esta coyuntura podría aprovecharse para crear una clase empresarial más eficiente y más social. La confrontación de López Obrador es absolutamente reprobable, pero crear una batalla frontal contra su probable régimen antes de que llegue al poder podría hacer hasta riesgoso ya que, mal que bien, ellos generan una gran cantidad de empleos en México y son necesarios en la vida económica del país.