Autor: Cerebro

  • Bohemian Rhapsody (reseña)

    Bohemian Rhapsody (reseña)

    Bohemian Rhapsody (reseña)

    Siempre que me dicen que alguien va a hacer «algo» relacionado con Queen, mis alarmas de profundo escepticismo se prenden. Y es que si alguien quiere emular a Queen, lo debe de hacer de forma magistral si no quiere que a su obra se le considere un insulto, o pregúntenle a Kanye West

    Cuando supe que esta película iba a salir, me comencé a preguntar si iba a estar a la altura de lo que es Queen, porque si vas a hacer una película sobre Queen no puedes hacer cualquier cosa. Temí que fuera a ver una película mediocre que me hiciera revolcar en mi asiento porque en las redes habían opiniones muy encontradas: a algunos les había gustado y otros se habían decepcionado. Afortunadamente, Bohemian Rhapsody (que además carga con el peso del nombre de una de las canciones de rock más importantes de la historia) pasa la prueba.

    Lo que tenemos en Bohemian Rhapsody es una muy buena película, que está a la altura del prestigio de la banda, aunque no le alcanza para considerarse una película memorable y considerarla como «la película de Queen», lo cual explicaré más adelante.

    INICIAN SPOILERS

    Más allá del grato detalle de la típica fanfarrea de Fox tocada por Brian May y Roger Taylor, la película comienza un tanto floja, pero afortunadamente se compone rápidamente y logra involucrarnos, sobre todo, en el personaje de Freddie Mercury que es muy bien interpretado por Rami Malek.

    Aunque Malek no se me termina de hacer tan parecido físicamente (cosa que sí sucede con los otros personajes que son casi idénticos), este inconveniente queda resuelto con la magistral interpretación que hace del cantante de Queen. Malek tuvo que aprender a moverse no solo como Freddie, sino como quienes lo influyeron (Liza Minelli, David Bowie, etc). El resultado fue maravilloso y a quienes nos gusta Queen sentimos que estábamos viendo al propio Freddie Mercury. 

    La recreación del Live Aid se me hizo excepcional con todo y que el público de pronto llegaba a parecer un poco irreal (vaya, tienes que emular un concierto en un estadio que ya fue demolido hace más de una década). Pero son detalles que se perdonan y que se pasan por alto al ver todo lo demás. Basta compararlo con el video original del Live Aid para ver el cuidado que le dieron a todos los detalles. El tratamiento que le dieron al audio al mezclar las interpretaciones originales del Live Aid con cánticos del público hechos específicamente para la película fue demasiado bueno. Para quienes nunca tuvimos la oportunidad de ver a Queen en vivo, nos acercaron mucho a ello. 

    Aún con los cambios hechos a la historia original (Freddie no conoció a Jim Hutton en una fiesta sino en un bar) y que no se le dio tanto vuelo a la parte «decadente» de la historia de Freddie, creo que sí lograron mostrarnos algo más de la vida privada del cantante: su relación con su familia, su homosexualidad, el hecho de que en muchas ocasiones se sentía solo. Algo que se agradece es que nos hayan hablado un poco del proceso creativo de la canción Bohemian Rhapsody, y aunque evidentemente no es algo que se pueda explicar abiertamente dentro de una película que dura dos horas, sí nos narraron, aunque fuera de forma un tanto superficial y con las limitaciones naturales de un largometraje, no solo la parte creativa sino los conflictos que había dentro de la banda y los roles que cada músico tenía dentro de ésta.  

    Lo difícil de llevar a cabo una película biográfica es hacerla de tal forma que cautive al narrador. Si la película se apegara en exceso a la realidad difícilmente funcionaría ya que la vida real tiende hacer un tanto más aburrida, por ello es que es imperativo ajustar la narrativa e incluso agregar un poco de fantasía de tal forma que el espectador se mantenga entretenido durante las dos horas que dura la obra. En este sentido funcionó y nos dieron un filme que nos garantizará no aburrirnos. Evidentemente, estas modificaciones a la historia real fueron hechas con ese propósito y no por el desconocimiento de la historia de la banda ya que Brian May y Roger Taylor fungieron como productores. En la película se incluyeron cosas que realmente no ocurrieron pero que funcionaron muy bien: por ejemplo, el representante de EMI nunca existió, pero a través de éste, buscaron interpretar los conflictos que la banda tenía con las disqueras. Sin embargo, creo que tampoco implicaba permitirse varias de las imprecisiones históricas que esta película tiene, sobre todo para quienes querían conocer cómo es que se formó la banda y que considero debieron ser un poco más apegadas a la realidad.  

    Me hubiera gustado también conocer un poco más de lo que sucedió con la banda entre el Live Aid y la muerte de Freddie Mercury, lo cual fue completamente omitido y que, al parecer, trataron de encajar de forma muy breve a la hora en que Freddie recibe su diagnóstico y cuando le comunica al resto de la banda que fue diagnosticado con SIDA como si hubiera ocurrido antes del Live Aid (cuando en realidad ocurrió después). 

    Todo esto explica que la película sea muy buena pero que no le alcance para ser memorable. Si bien, la participación de Brian May y Roger Taylor en la producción ayuda en cierto sentido a la creación de esta obra (basada en sus testimonios y no en ocurrencias o chismes), también provoca que la película sea un tanto complaciente con la historia de la banda en tanto están interesados en que la historia narrada ahí no afecte el legado de Queen.

    Pero aunque no sea una película que pueda ser calificada como memorable, sí creo que es una película que vale la pena y que pasa la prueba de hacerle justicia al prestigio de la banda. Es una película que vale la pena ir a ver (incluso si no eres muy fan de Queen).

    Cosas que me gustaron:

    • La película es entretenida y consistente (no te vas a aburrir, te lo aseguro).
    • La interpretación de Freddie Mercury.
    • La recreación del Live Aid (sobre todo el audio).
    • La vida privada de Freddie Mercury.
    • El proceso creativo de Bohemian Rhapsody (la canción).

    Cosas que no me gustaron:

    • Excesivas imprecisiones históricas.
    • La historia es un tanto complaciente.
    • Que omitieron casi por completo los últimos años de Freddie Mercury.

    Puntuación: 4 de 5

  • Abrazos, no petardos

    Abrazos, no petardos

    Abrazos, no petardos

    La visión que tiene López Obrador sobre la política tiene que ver mucho (si no es que prácticamente todo) con su percepción de la realidad. Los humanos somos seres subjetivos: es decir, solo podemos percibir la realidad objetiva (aquella que es independiente de nuestra percepción) de forma subjetiva, y es por ello que hemos creado herramientas que nos sirven para acceder de mejor forma y más aproximada a la realidad objetiva: el método científico es una de ellas. AMLO, como todos, percibe la política (que como tal no es una realidad objetiva como tal, sino una construcción intersubjetiva, ya que requiere de la percepción y el consenso de los seres humanos para su existencia) de forma subjetiva y la interpreta de acuerdo con la forma en que percibe el mundo. 

    La historia de vida de López Obrador (y de cualquier ser humano), su temperamento, el contexto en el que creció y muchos otros factores determinan la forma en que percibe el ejercicio político. Es, por lo tanto, natural que intente imprimir su visión subjetiva de las cosas a la hora de querer hacer política. Es imposible desentenderse de esa dinámica. 

    Pero a la hora de hacer política, es indispensable empatar aquellas «pulsiones personales» con la técnica. Su visión personal y subjetiva le dirá de qué punto a qué punto debe de desplazarse pero no cómo es que debe de hacerlo. Aquí es donde la técnica, las disciplinas y el conocimiento entran al quite. Pero, al parecer, AMLO las está ignorando.

    El trabajo de López Obrador en estos días tiene que ver con su visión personal, los manotazos en la mesa van en este sentido. Con el aeropuerto quiso dar un golpe de autoridad como para decir que los empresarios (o al menos los empresarios que no son cercanos a él) ya no van a poder abusar de su relación con el poder y que desde ahora ambas entidades (Estado y capital) operarán de forma completamente separada. Con la amenaza de eliminar ciertas comisiones que los bancos cobran (porque no es un secreto que dichas comisiones son muy altas y los bancos hacen su agosto en nuestro país) parece que apelaron a un mensaje parecido. 

    Pero los «cómos» han sido los grandes ausentes en su ejercicio de poder que ya ejerce como líder de una bancada legislativa mayoritaria. Poco se detuvo López Obrador a analizar las implicaciones económicas y técnicas de la cancelación del aeropuerto. Hizo caso omiso a los numerosos estudios y observaciones sobre los cuales hizo una descalificación a priori. Lo que importaba para él era dar el mensaje, no las consecuencias que éste podía  tener. Pero incluso parece que ni se detuvo en sopesar lo político, porque si bien AMLO ha llegado al poder con un alto bono de capital político, también es cierto que ha gastado un tanto de ése de forma bastante torpe. 

    Con el asunto de los bancos ocurrió igual. No es reprobable que se proponga restringir las altas comisiones que los bancos cobran a sus clientes (en muchos casos, el doble que en su país de origen) y es entendible que por esa propuesta los bancos vean alguna afectación sobre el valor en la bolsa. Pero tendría que ser una propuesta clara, que partiera del conocimiento del funcionamiento de los propios bancos para saber hasta donde restringir o acotar dichas comisiones de tal forma que tal medida, que busca evitar este tipo de abusos, no afecte con la dinámica del mercado. Pero eso no ocurrió, la propuesta de su bancada se hizo al aire: no solo los bancos, sino el mercado reaccionaron muy mal, y ante lo que ya era muy evidente tuvo que recular. También ignoró que era rotundamente imprudente lanzar esta propuesta justo en medio de la polémica suscitada por la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

    AMLO está generando mucha incertidumbre, y no tiene tanto que ver con una postura radical, sino con una que atiende solamente lo subjetivo e ignora las herramientas para poder empatar eso que es subjetivo con la realidad, con aquello que se puede medir o comprobar. Dicen que el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones, y generalmente ocurre que ese tapiz tan solo contiene buenas intenciones que se han convertido en caprichos, desorden e improvisación.

    Ante un gobierno así, es natural que se guarde una profunda incertidumbre, no solo con relación a los intereses de «los de arriba», sino con relación a la estabilidad económica y política. Sí, eso nos afecta a todos, incluso al «pueblo bueno». 

  • 7 libros escritos por mujeres y que deberías de leer

    7 libros escritos por mujeres y que deberías de leer

    7 libros escritos por mujeres y que deberías de leer

    Históricamente, las mujeres habían estado relegadas de la intelectualidad y no fue hasta hace poco que ellas comenzaron a volverse trascendentes por medio de sus plumas: y lo hicieron muy bien. Haciendo un análisis de todos los libros que he leído, me he dado cuenta que menos del 20% aproximadamente fueron escritos por mujeres y la mayoría de forma reciente (algunos de ellos son mis favoritos de toda la vida). Por eso he decidido hacer este post, para reconocer a aquellas mujeres que a través de su pluma (o su máquina de escribir o computadora) han hecho reflexiones excelsas, o bien, nos han hecho fantasear con sus novelas. 

    1.- The Origins of Totalitarianism – Hannah Arendt

    Esta obra está dentro de mi top 10 de todos los libros que he leído en mi vida, me enteré de la existencia de esta magna obra de la filósofa judía justo cuando Donald Trump ganó las elecciones. Básicamente explica cómo es que los regímenes totalitarios como el nazismo y el comunismo surgieron, cómo se fueron gestando desde hace muchas décadas atrás, cómo es que este tipo de regímenes se establecen y cuáles son sus características.

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    2.- Orgullo y Prejuicio – Jane Austen

    Esta obra, la principal de la autora inglesa, nos adentra en las costumbres de una sociedad inglesa de principios del siglo XIX en el cual el papel de las mujeres en la sociedad era secundario. Las clases sociales, las relaciones de pareja, los celos, los roles y las tradiciones familiares son narradas de forma excelsa en esta novela donde la llegada del apuesto y opulento Mr Darcy se vuelve el tema central.

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    3.- El Segundo Sexo – Simone de Beauvoir

    Otro de los grandes libros que he leído. Muchos lo consideran la biblia del feminismo. Lo cierto es que este libro marcó un antes y un después ya que puso muy en entredicho el rol de la mujer en la sociedad a quien era visto como «el otro». Beauvoir no improvisa: investiga, indaga, se sumerge en hechos históricos para llegar a su tesis. Dice que la mujer no nace sino que llega a serlo (frase que ha sido sacada de contexto por algunos oportunistas conservadores) intentando desterrar la falsa pero común creencia de que la naturaleza le ha dotado a la mujer un rol secundario. 

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    4.- El Diario de Ana Frank – Ana Frank

    Uno de los primeros libros que leí en mi vida cuando estaba en la secundaria. La obra me cautivó ya que la propia Ana Frank narra la vida que ella y su familia judía llevaban intentando esconderse de los nazis. Lamentablemente, ella como su familia no lograron salvarse del holocausto, pero gracias a su pluma, tenemos un testimonio directo de los errores del totalitarismo. 

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    5.- Pequeño Cerdo Capitalista – Sofía Macías

    Cambiando radicalmente de género, este libro es una buena guía para que los neófitos aprendan a administrar su dinero. Este texto es una muy buena introducción a la educación financiera que tanto falta hace en nuestra sociedad, es muy fácil de entender y muy práctico.

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    6.- País de Mentiras – Sara Sefchovich

    Este libro fue escrito ya varios años antes de lo que ahora consideramos la época de la «posverdad» y las «fake-news», pero nos muestra un México que en realidad no es nada ajeno a ello y exhibe cómo nuestra cultura (sobre todo la política) está tan acostumbrada a la mentira y a la hipocresía. 

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    7.- Una habitación propia – Virginia Woolf

    Esta escritora también es, de una u otra forma, una gran referencia para el feminismo. Está muy enfocada en la relación de la mujer con la literatura y, a partir de ahí, narra y cuestiona los roles de género donde la mujer estaba muy limitada en comparación con el hombre. Dice ella que para una mujer tener una habitación propia era algo impensable para la mujer aún a principios del siglo XIX, a menos que los padres fueran muy ricos o nobles. 

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  • Leer para quitarse lo pendejo

    Leer para quitarse lo pendejo

    Leer para quitarse lo pendejo

    Leer puede llegar a ser algo frustrante.

    Es frustrante porque por más uno lee, más se da cuenta de que es un completo ignorante.

    Y así uno entra en un círculo vicioso, trata de paliar esas lagunas de ignorancia leyendo más y más para solo descubrir lagunas más y más grandes.

    Imagina que quiero conocer a Aristóteles, lo ignoro, me pongo a leerlo para luego descubrir que también tengo que conocer a Platón, y después a Descartes, a Kant, Hegel, y luego tengo que leer todas las corrientes filosóficas, y luego toda la historia que subyace a esas corrientes, y todo se convierte en un loop interminable. Las lagunas de ignorancia ahora son mares. 

    Luego uno se compadece cuando un no leído se comporta como si ya lo supiera todo.

    Yo digo, pobre tipo, si supiera todo lo que ignora y lo patético que se va a ver en retrospectiva cuando se ponga a leer, le va a dar un patatús.

    Porque el ignorante que no lee no se da cuenta de su condición; incluso suele, de una u otra forma, subestimar o relativizar el hecho de que otros saben más por el simple hecho de que no entiende de lo que hablan o hasta le parece aburrido.

    A diferencia de él, nosotros, los que sí leemos, sabemos que somos unos completos ignorantes y lo reconocemos. Sabemos que es imposible dejar de ser ignorantes por completo y nos hemos resignado a ello.

    El ignorante que no lee es la único en su clase, porque es el único que asume que no es ignorante y que lo sabe todo.

    Luego están los snobs, los que se creen intelectuales porque leen mucho, pero en el fondo se saben ignorantes, porque si no creyeran que lo son, entonces ya no tendrían un aliciente para seguir leyendo. Más bien es una pose para disfrazar su falta de autoestima.

    Captan ¿no? Uno lee porque sabe que ignora algo y quiere dejar de ignorarlo.

    Y entonces uno nunca va a poder quitarse lo pendejo del todo.

    Ni aunque le den una estatuilla por su sapiencia.  

     

     

  • No te has dado cuenta quién manda aquí

    No te has dado cuenta quién manda aquí

    No te has dado cuenta quién manda aquí

    No importa si se ha cancelado un aeropuerto, si se perdió una oportunidad de desarrollo. López Obrador le dio a los mexicanos lo que la mayoría de ellos pedían: un golpe de autoridad. 

    López Obrador lo sabe, no es tonto. 

    Eso es lo que muchos no han entendido. Muchos siguen insistiendo en lo mismo, le dan vueltas, intentan entender al tabasqueño desde la perspectiva equivocada. 

    Dentro de los gobiernos mediocres como los de Peña, Calderón o Fox, donde si bien se mantuvo cierta estabilidad económica (del disfrute más bien de las clases medias y altas) poco se logró para paliar las otras demandas: aquellas relacionadas con la injusticia y dentro de las cuales se amalgaman no solo la desigualdad, sino la corrupción y la viciosa relación entre el poder político y el poder económico. De hecho, separar ambos poderes sí es un imperativo, le concedo la razón a AMLO. Lo cuestionable son las formas. 

    A muchos nos parece absurdo y contradictorio, pero en lo político, la maniobra de AMLO no es necesariamente absurda. Porque no importan tanto las formas. Los que nos estamos quejando por la metodología de la consulta y la simulación somos los de siempre, y no somos todos. Tal vez seamos más bien una minoría.

    López Obrador no les está hablando a todos, les está hablando a quienes tiene que hablarle, a esa masa que lo apoya, masa suficiente para mantenerse en el poder con cierta legitimidad. Y eso es lo que muchos no terminan de entender.

    Si AMLO se hubiera desdicho de su promesa de cancelar el NAICM, habría quedado mal con quienes necesitaba quedar bien. Tal vez incluso él sepa eso, que la cancelación podría no haber sido la opción más conveniente en términos económicos o de desarrollo. Pero si hubiera priorizado ello, tal vez habría perdido más legitimidad que la que pudo haber perdido con su manotazo. Muchos analistas no lo entienden porque viven en una burbuja en donde dentro de sus círculos sociales todos piensan que AMLO se dio un disparo en el pie. 

    Muchos de los analistas todavía no terminan de entender en qué época del mundo vivimos, en uno donde hay una fuerte crisis de representatividad y donde la gente está votando cada vez más por líderes más bien duros y políticamente incorrectos. Parece que no han entendido el mensaje. 

    Los demás actores pensaron que podían seguir viviendo en la justa medianía manteniendo el orden de las cosas: políticos, empresarios, algunos opinadores y hasta dizque intelectuales. Creían que no importaba la alta concentración de riqueza, la cantidad de corrupción existente, no se dieron cuenta que su sistema comenzaba a gotear (algo parecido a lo que le pasó a la izquierda brasileña con sus propias particularidades) y que la clase política se mantenía inerme.

    Ante ello, un líder que llegue y de un manotazo de autoridad es aplaudible por muchos. Es tiempo para el demagogo en una época donde los técnicos, los especialistas y los del dinero se vieron rebasados por la realidad. Es tiempo para el que se muestra como diferente, para el que se «atreve a decir las cosas», para el que no se guarda sus pensamientos, para el que se le percibe directo y sin pretensiones. La gente no quiere a alguien con un doctorado, sino con una gran cantidad de voluntad para cambiar las cosas (aunque eso no garantice que los resultados no sean nefastos).

    Parece que están juzgando a López Obrador desde una arena que, con su llegada, acaba de colapsar. 

    Por eso dio su manotazo. El mensaje es claro: a partir de ahora las cosas van a ser distintas.

    Y eso era lo que muchos querían escuchar, por eso muchos votaron por López Obrador. 

    Y por eso yo lo dije en este espacio desde hace años, se veía venir, era el candidato natural a la Presidencia. Muchos no me creyeron.

  • Por el bien de todos, primero los Forbes

    Por el bien de todos, primero los Forbes

    Por el bien de todos, primero los Forbes

    Me parece a veces que somos un país un tanto extraño. Pareciera que las prioridades están al revés, que lo que es menos importante es más importante que lo más importante y viceversa.

    Me llama la atención, por ejemplo, que en Guadalajara haya sido más mediática la noticia donde unos jóvenes gratittearon un vagón de la nueva línea del Tren Ligero (hasta el alcalde terminó haciendo un video con ellos para mostrarse jovial y comprensivo) mientras que la noticia donde cinco indigentes fueron asesinados en distintos puntos de la ciudad con una piedra mientras dormían pasó desapercibida. ¿Por qué un vagón, que es eso: un vagón que puede limpiarse, nos parece más importante que la vida de 5 personas que fueron asesinadas impunemente? ¿Por qué incluso las autoridades le prestan más atención al vagón?

    Pero de la que quiero hablar hoy es de la marcha para salvar al aeropuerto de Texcoco. Ustedes saben que yo siempre he estado a favor del aeropuerto de Texcoco, pero la marcha que quieren realizar en la CDMX, al menos como la están planteando, se me hace un absurdo. Y ojo, al criticar esta marcha no estoy poniendo en entredicho su libertad de expresarse, tienen derecho a hacerlo. Pero lo que se me hace esquizofrénico es que pidan ir vestidos de luto. 

    ¿De luto, de verdad?

    ¿En un país donde hay muchas más razones para vestirnos de luto?

    ¿En un país donde muchas familias y comunidades son destrozadas por la violencia y el narcotráfico?

    ¿En un país donde los periodistas son asesinados cada rato?

    ¿En un país donde mujeres y niñas son violadas y asesinadas y donde la noticia se pierde dentro del mar de la cotidianeidad?

    Y si bien considero que el aeropuerto de Texcoco no debería de cancelarse, en la marcha no parece proponerse nada para combatir la corrupción que hay en ese proyecto como revisar los contratos ni mucho menos de pedir que el impacto ecológico sea el menor posible. Me parece más bien un desplante de «es que el aeropuerto está chido, lo diseñó Norman Foster».

    La otra vez comenté en mis redes sociales sobre la responsabilidad que tenían las cúpulas empresariales en la cancelación del aeropuerto. Dije que nunca se habían molestado en socializar bien el proyecto, que parecía que se estaban hablando entre ellos mismos al hablar de términos que la mayoría de la población ni siquiera usa. Fue el colmo que para defenderlo lo hicieran en una reunión de banqueros y no en la obra, junto con los empleados y los trabajadores (que perderán sus trabajos).

    La marcha parece volver a exhibir lo mismo, una clase alta que parece desconectada del resto de México, el «mexiquito» que es ajeno a los problemas del «mexicote» (como diría Ricardo Raphael), que vive en su burbuja, que pocas veces sale de su microcosmos que compone Polanco – Lomas – Santa Fe, donde a López Obrador, muy astuto, no se le ocurrió poner ninguna casilla. De forma injusta AMLO no les dio voz porque ya sabían cómo iban a votar, pero los organizadores de la marcha parecen empecinados a darle la razón: sí, vivimos en una burbuja, por eso es que nos vestimos de luto cuando van a cancelar una «obra chingona» y no por todos los desaparecidos y asesinados.

    Tal vez por eso esta marcha ha recibido más bien burlas y críticas (incluso de varios que, como yo, preferimos el proyecto de Texcoco al de Santa Lucía), porque parece ser una manifestación complaciente, porque con sus atuendos de luto los único que comunican es que desconocen la realidad de las mayorías. Tal vez por eso se entiende que muchos prefieran a AMLO que a los empresarios, porque como sea, AMLO de menos sabe como comunicarse con las masas, para las cúpulas empresariales parecen más bien no existir. Tal vez por eso gran parte de los mexicanos asocia a los empresarios con la corrupción y, por eso, es escéptica ante este tipo de marchas que consideran buscan salvaguardar sus intereses. 

  • La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos

    La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos

    La consulta: La farsa que nos Riobóo la voz a los ciudadanos
    Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Luis Cortés

    López Obrador nos presenta a la democracia participativa, la vende como si fuera una suerte de evolución de la democracia mexicana y como si la democracia representativa (donde se vota por representantes que toman decisiones nuestro nombre) se tratara de un modelo más obsoleto de democracia; como si el hecho de «consultar» implicara transitar a una forma más justa y sofisticada.

    Nos dice que las consultas van a ser el pan de cada día: todo se va a consultar, el aeropuerto, los derechos de las minorías, todo; el pueblo es el que decide y el que manda. No es la primera vez que AMLO pretende romper con las formas de la política actual, ya lo había hecho con esas tómbolas inspiradas en la democracia de la Grecia Antigua. 

    En su puesta en escena, el Presidente Electo nos pinta un escenario idílico donde la gente parece tener más injerencia en lo público que antes, que puede acceder al servicio público o incluso a la educación no por mérito sino por sorteo. Pero todo esto es una ilusión, y el propio López Obrador lo sabe. 

    Es una ilusión porque las consultas, propias de la democracia participativa, deben de estar diseñadas y ejecutadas de tal forma que estas se lleven a cabo dentro de una condición de equidad que en este caso no existe y por muchas razones. Primero, porque no estuvo diseñada para que cualquier persona que estuviera interesada en el tema participara, sino para incentivar la participación de aquellos que iban a votar de una forma que convenía a los intereses del gobierno entrante. Segundo, porque los dos proyectos no fueron votados en una condición de equidad: hablamos de una obra como la de Texcoco que ya es conocida por todos, que ya tiene estudios, de la cual ya se conocen muchas de sus ventajas y desventajas contra la propuesta de Santa Lucía que no tiene proyecto ejecutivo siquiera y que no es más que una idea. Tercero: porque la boleta, sobre todo en el anverso, mostró un sesgo en favor de Santa Lucía, donde varias de sus desventajas eran «posibles» en tanto que las de Texcoco eran más bien categóricas. Cuarto: porque no habían filtros para garantizar la limpieza de la consulta; porque muchas personas pudieron votar más de una vez, porque lo podían hacer con la credencial vencida, porque la tinta no era indeleble, porque en algunos casos los organizadores los inducían a votar por la opción de Santa Lucía. Quinto: porque los resultados de la consulta difieren rotundamente de las encuestas que se realizaron y que arrojaban en su gran mayoría que la gente prefería Texcoco. La discrepancia fue de más de 30 puntos. 

    No se le puede llamar democracia participativa a un ejercicio donde deliberadamente el gobierno induce a votar de una u otra forma. Para que una democracia participativa funcione, el gobierno debe tomar una postura neutral en el ejercicio y el árbitro debe de ser autónomo. Ninguna de esas dos cosas ocurrieron.

    La democracia participativa, bien realizada, puede funcionar en algunos casos específicos, sobre todo en aquellos que los ciudadanos conozcan el asunto que van a votar o sea posible informarles de buena forma sobre aquello que se va a votar para que tengan los elementos suficientes como para tomar una decisión bien pensada, pero no se trata siquiera de una evolución sino más bien de un complemento a la democracia representativa. Aún así, pueden ocurrir casos en los que, a pesar del buen diseño del instrumento, la consulta termine siendo inconveniente, ya sea porque los individuos no tienen la información suficiente para votar (debido a la complejidad de aquello que se somete a votación), porque el votante prioriza sus afinidades políticas sobre la información que debería valorar a la hora de votar o porque la forma en que se socializó aquello que se va a votar fue deficiente. El Brexit es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se somete algo a consulta cuando lo que está en juego tiene implicaciones muy complejas. 

    Pero a pesar de todos estos inconvenientes, AMLO ya nos prometió que va a someter a consulta cualquier cosa y que éstas van a ser una constante en su gobierno. Por eso más que nada preocupa la pésima ejecución de la consulta actual. Porque el mensaje que ha enviado es que pretende hacerlas con la intención de diluir su responsabilidad sobre las decisiones que tome: el pueblo así lo quiso y por tanto es responsable, no me miren a mí. 

    Si algo puedo decir a favor de la consulta, es que logró socializar y poner dentro de la discusión pública el tema del aeropuerto. Esta logró que se crearan mesas de debate, que la gente investigara, indagara, buscara información de especialistas, de ingenieros, arquitectos, ambientalistas. Vaya, la gente sabe mucho más del aeropuerto y sus implicaciones que lo que hubiera sabido si la consulta no se hubiera llevado a cabo. Tal vez es por esto que hay cuestiones que sí se podrían someter a consulta, pero no todo se puede someter a consulta y mucho menos el gobierno puede estar diluyendo responsabilidades. 

    Es un engaño pretender que fue el pueblo quien eligió cuando diseñas las consulta de tal forma que los resultados coincidan con tu decisión. La gente que fue a votar no tuvo la culpa del resultado, no podemos cuestionar al pueblo cuando va a votar en una situación de inequidad. El único responsable de lo sucedido (tanto por la decisión del aeropuerto como por la farsa que ha resultado esta consulta) es el gobierno de AMLO. 

  • Bolsonaro y el arribo de la ultraderecha posmoderna

    Bolsonaro y el arribo de la ultraderecha posmoderna

    Bolsonaro y el arribo de la ultraderecha posmoderna

    Al mundo se le acabaron las narrativas.

    Tal vez sea la primera vez en varios siglos de historia en que las grandes narrativas, esas que le daban sentido a la vida de los seres humanos y que les ayudaban a explicar el mundo del cual eran parte, brillan por su ausencia en Occidente.

    Las dos narrativas más predominantes en nuestra región: las del cristianismo y el liberalismo, están cada vez más debilitadas; intentan sobrevivir ante esta vorágine que no solo se explica por los cambios políticos sino los económicos y los ideológicos que influyen en el tejido social, cambios que han dejado al mundo político, que sigue aferrado a una era industrial que ya no existe, completamente rebasado y que no ha hecho otra cosa más que improvisar sobre la marcha.

    Bolsonaro es una reacción a este complejo problema. El resumen sencillo y superficial (aún así válido) es el fracaso del régimen socialista que derivó en una crisis económica, de inseguridad y de corrupción. El más complejo es uno donde la gente ya no tiene una narrativa a la cual aferrarse porque las que había han quedado rebasadas y porque en este mundo tal acelerado, donde todo avanza rápido, y donde el individuo ha aprendido a ser escéptico ante todo y ante cualquier cosa, ha sido casi imposible crear una nueva o ya siquiera modernizar las que todavía no acaban de morir.

    Como dice Yuval Noah Harari, el individuo no interpreta el mundo a través de datos y hechos, sino a través de narrativas e historias. La religión le ha sido muy útil al individuo por mucho tiempo ya que lo simbólico le ha ayudado a interpretar al mundo. Cualquier persona sensata sabe que Jesús no convirtió de forma literal el agua en vino, pero sabemos que dichas historias guardan moralejas que le han servido a la gente para relacionarse con su entorno y para tener una estructura de valores éticos y morales. Luego vino el comunismo con su promesa de crear un mundo completamente justo e igualitario y, a su vez, el liberalismo creó una narrativa en torno a la libertad, el progreso y un futuro promisorio. Hoy no existe ninguna grande narrativa que le dé forma a la sociedad occidental.  Lo que hay en su caso es una antinarrativa que mira con ojos escépticos cualquier cosa que parezca una narrativa: la desmenuza, la interpreta y la deconstruye, pero no forma nada nuevo con aquello que desmenuzó. Esa narrativa pareciera ser por sí sola una narrativa, pero a la vez no lo es porque carece de fondo más allá de su carácter crítico y escéptico.

    La era posmoderna le dijo adiós al cristianismo, al liberalismo y al propio comunismo. Prometió la emancipación al individuo, la libertad de interpretar el mundo a su manera y bajo sus propias creencias sin necesidad de definirse como algo. 

    Lo que hay ahora son más bien pequeñas narrativas muy concretas y que no son necesariamente universales. Ni siquiera los movimientos relacionados con la izquierda como el feminismo, los colectivos LGBT, los ecologistas o los animalistas forman parte de una narrativa más grande.  Estos buscan deconstruir las grandes narrativas (o lo que queda de ellas) para resolver problemas muy concretos y relacionados con su causa. Las grandes religiones en Occidente, por su parte, dan paso a pequeñas iglesias (el propio Brasil es un claro ejemplo de ello) las sectas o al eclectisimo religioso sin ignorar el creciente agnosticismo y ateísmo.

    Bolsonaro no es nada ajeno a los influjos posmodernos (y lo mismo se puede decir de Trump o Putin). El virtual Presidente de Brasil, a diferencia de los fascistas con los que se le compara (de forma un tanto exagerada creo yo). no propone ni defiende narrativa alguna. Su postura, por más autoritaria que sea, está desprovista de un contenido ideológico concreto. Es homofóbico, misógino, cree en la tortura y en el libre mercado, pero no narra nada en concreto, no hay sustancia alguna. Por esto es que, a pesar de su ultraconservadurismo en cuestiones sociales, muchos brasileños que están a favor de estas causas sociales de las que él se burla votaron por él. Pareciera que estas posturas conservadoras son más bien contingentes y no esenciales, por eso muchos decidieron pasarlas por alto porque, además, ven la economía y la seguridad como algo más prioritario porque tienden a ser soluciones más básicas. En realidad no hay más esencia que la resolución de problemas muy concretos que tienen que ver con la crisis económica, política y de seguridad que vive el país.

    El surgimiento de personajes como Bolsonaro, Trump o López Obrador no son una salida al problema posmoderno, sino una exacerbación de éste. Al no existir narrativa alguna, no queda de otra que buscar soluciones pragmáticas e inmediatas. Por eso es que es muy difícil vaticinar como podría ser nuestro futuro (incluso el relativamente inmediato), porque vivimos en un mundo tan líquido, donde las innovaciones tecnológicas cambian día a día el entorno y las condiciones bajo las que nos movemos y donde amenazan hacerlo más con la tecnología artificial y el advenimiento de eso que llaman «la singularidad». 

    No sabemos siquiera si surgirá una nueva narrativa o más bien es que el dejarlas del lado sea una suerte de paso evolutivo de nuestra especie. El mundo actual, sobresaturado de información, es tan incierto, que no nos da siquiera un respiro para detenernos y terminar de analizar qué es lo que está pasando.