Autor: Cerebro

  • Pensar la política en binario primitivo

    Pensar la política en binario primitivo

    Pensar la política en binario primitivo

    Las oposiciones binarias siempre han acompañado a nuestra especie humana:

    • Bien vs mal
    • Hombre vs mujer
    • Capitalismo vs socialismo
    • Amigo vs enemigo
    • y un largo etcétera.

    Los oposiciones binarias nos son altamente eficientes porque son simples, porque dentro de todos los modelos son los que requieren la menor abstracción. Esa es una de las razones, por ejemplo, por las cuales la búsqueda de la deconstrucción del modelo «hombre vs mujer» en favor de un modelo donde exista una gran cantidad de identidades de género para incluir a aquellos que tienen una identidad distinta a las tradicionales ha generado mucha resistencia. Ciertamente, modificar las instituciones humanas y los procesos para abarcar a un sinnúmero de géneros se podría antojar complicado y poco eficiente.

    Las oposiciones binarias pueden ser muy útiles, ya que si utilizaramos siempre marcos de referencia complejos, estos obligarían al ser humano a detenerse a pensar ante cualquier circunstancia que le requiera tomar una decisión pronta (pensar lleva tiempo y consumo de energía) lo cual lo haría más lento y torpe. Esto último también es una de las razones por las cuales los valores morales (muchas veces basados en oposiciones binarias) existen y son útiles: determinar que algo está bien o mal por medio de una predisposición a priori le permitirá al individuo tomar una decisión más ágil y pronta que si el ser humano se detuviera a analizar toda la complejidad del caso en cuestión y le diera un valor entre varios matices o conceptos de bondad o maldad.

    Estas oposiciones reducen un fenómeno complejo a algo simple. Por un lado, son más eficientes porque requieren una menor abstracción, pero por otro lado, puede conducir al error al no reparar la complejidad del asunto. En esa simplicidad también se encuentran sus defectos.

    De ahí viene esa idea de que no toda la vida es blanco y negro, sino que implica una escala de grises.

    Y es que, en diversas circunstancias, es indispensable detenerse y salir de esos marcos de referencia binarios para conocer la realidad de mejor forma y poder tomar mejores decisiones. La política es un claro ejemplo de ello:

    La polarización política es un claro ejemplo de una oposición binaria: tenemos a quienes simpatizan con López Obrador y a quienes lo detestan. Conforme la polarización se acrecenta, los dos polos toman una postura más rígida en donde ambas partes se vuelven más homogéneas entre sí. Los matices desaparecen para volver este conflicto en una feroz batalla entre dos partes.

    No es indeseable que los conflictos existan, por el contrario. De hecho, la democracia presupone el conflicto y le da un espacio para que este se desarrolle. Pero también es importante reparar en la forma en que se desarrolla este conflicto, porque su destino final dependerá en gran parte de ella. La mayor capacidad de abstracción es lo que nos ha permitido crear sistemas sociales más complejos y sofisticados.

    Cuando reducimos la política a una mera confrontación binaria (estoy con AMLO o contra AMLO) los puentes tienden a romperse porque se descartan a priori la posibilidad de tener coincidencias, dialogar o llegar a acuerdos, pero eso es un problema menor. El mayor problema es aquella «alienación autoinflingida» con la cual el individuo ya no tiene siquiera la capacidad de preguntarse por qué ha tomado esa postura y mucho menos de llegar a la conclusión de que aquella postura que ha tomado, aunque posiblement loable, no es necesariamente perfecta. Aquí es donde el fanatismo y la irracionalidad se manifiestan.

    Esto no significa que siempre sea deseable que las partes lleguen a acuerdos. En algunos casos las diferencias son irreconciliables y ello no tiene nada de malo. Matizar y ser autocríticos con nuestra postura no implica dejar de tomarla o mantener una postura tibia o ambigua. A veces las circunstancias nos obligan a tomar decisiones duras: si un tirano o una amenaza exterior pretende atacarnos, lo que toca, sí, es confrontarlo porque es lo más eficiente.

    Pero los fenómenos de polarización social como los que vive nuestra sociedad nos da mucho margen para salir de esa oposición binaria y entender los matices y las complejidades del problema con el fin de abordarlo de mejor forma, e incluso hasta para combatir el problema del que surgió dicha polarización.

    ¿O de qué otra forma muchos de los que le temen a López Obrador podrían persuadir a aquellos que votaron por él pero que le guardan escepticismo? ¿Cómo podría uno darse cuenta que si un mandatario busca polarizar a la sociedad, actuar de forma visceral sólo le va a hacer la chamba? ¿O de qué otra forma podría uno dejar de estigmatizar a los del bando contrario y ponerles etiquetas que en muchos casos no se merecen?

    Naturalmente, ello requiere de una mayor abstracción (es decir, pensar y razonar más). Tal vez suene incómodo decirlo, pero en una sociedad excesivamente polarizada muy posiblemente la mayoría no se hayan detenido a analizar la situación y estén muy seguros de una postura que posiblemente ni han terminado de entender bien. Por ello es que la oposición binaria termina convirtiéndose en una gran herramienta para el demagogo.

    Entendiendo que el ser humano se diferencia de las demás especies animales por su capacidad de abstracción, podemos entender que un conflicto político que se mantiene en un nivel binario donde todo son blancos o negros (abstracción baja) termina siendo más primitivo que en uno donde los integrantes de dicho conflicto tienen la capacidad de matizar y de entender sus complejidades.

    Porque nuestra sociedad y nuestro mundo es de una complejidad tal que conocemos muy poco de ella. Nuestra evolución consiste en ir entendiendo y descubriendo dicha complejidad de mejor forma. Tanto las matemáticas, la física, la filosofía, la política, la economía, la sociología y gran parte de las disciplinas apuntan en esa dirección y, en este sentido, reducir o someter conflictos y diferencias a una mera oposición binaria (donde la gente tome posturas irreconciliables donde sea incapaz siquiera de matizar) significa un estancamiento, si no es que un retroceso a la hora de buscar construir mejores sociedades.

  • La lectura no son carreritas

    La lectura no son carreritas

    Foto de The Incredible Book Eating Boy de Oliver Jeffers

    No son pocas veces cuando escucho a personas presumir el número de libros que leen al año porque sienten que eso los vuelve más importantes o más cultos. Como si el número de libros necesariamente tuviera una correlación directa con la cultura o el conocimiento que están recibiendo.

    Pensar que la lectura es una carrera para ver quien lee más pervierte lo que debería de ser el hábito de la lectura. No solo eso, dichas «carreritas» entorpecen el proceso de adquisición de conocimiento.

    Abrir un libro y leerlo no es cualquier cosa. El lector se va a enfrentar con información o conocimiento nuevo (incluso si se trata de una novela) que le será más útil si lo analiza y le da vueltas. Eso significa que el buen lector se va a detener constantemente en la lectura para poder absorber de mejor forma dicha información. Tratará de reflexionar o, en algunos casos, tratará de encontrar analogías o conexiones con otros conocimientos que ya tiene. No es lo mismo la información que el conocimiento. La información es lo que el lector lee, el conocimiento solo es tal cuando aquella información fue procesada y fue bien asimilada por el individuo. Quien se apresura por leer solo lee información, quien es capaz de detenerse adquiere conocimiento.

    Pero ¿por qué mucha gente insiste en presumir el número de libros que lee?

    Esto sucede mucho con aquellos «gurús del emprendimiento» de calidad cuestionable quienes apuntan toda su energía a su imagen personal como marca ante la escasez de conocimiento de valor agregado. Por ejemplo, el autoproclamado gurú del emprendimiento Carlos Muñoz 11, de quien escribí hace algunos días, presume leer 150 libros al año:

    Más allá de que me parezca inverosímil lo que presume, ya que leer 150 libros al año requiere una cantidad de tiempo que un emprendedor no se podría dar el lujo de leer, la realidad es que muchos de estos gurús presumen leer una gran cantidad de libros para reforzar su imagen de expertos que lo saben todo, que se preparan, que se actualizan.

    Estos gurús insisten en que los entrepreneurs más famosos del mundo leen mucho. Es cierto que los CEO más exitosos tienen el hábito de leer, pero tampoco leen tanto como los pseudo gurús sugieren y lo hacen por placer y para desarrollarse personal y profesionalmente, no por «carreritas». Bill Gates lee 50 libros al año pero también, al estar retirado, no le falta tiempo libre. Mark Zuckerberg, quien seguramente no tiene tanto tiempo libre, lee algo así como 24 libros al año.

    Hay personas que, para acelerar el número de libros que leen, buscan cursos de lectura rápida esperando a que vayan a leer muchos libros al mes. Si bien, es posible aumentar el número de palabras por minuto leídas con entrenamiento, no es posible aumentarlas al punto en que estos aspirantes a lectores voraces aspiran. Muchos especialistas dicen que es improbable poder duplicar la velocidad de lectura y, al mismo tiempo, adquirir la misma capacidad de comprensión. Si alguien presume leer más de 100 libros gracias a que «triplicó su nivel de lectura» ten por seguro que casi no aprendió nada.

    Otra estrategia que sugieren las personas que dicen leer más de 100 libros al año es que no debes leer todo el libro de portada a contraportada sino solo lo más importante para así evitar la «paja». Pero este es un craso error, ya que ¿cómo podemos determinar qué es paja si no lo hemos leído? Si estamos leyendo un libro es porque asumimos que no conocemos a priori su contenido (de lo contrario no tendría sentido). Es posible que esa sección del libro que estés leyendo no te guste o la encuentres aburrida, pero que al acabarlo le encuentres sentido. Dicho esto, no se puede decir qué es paja y qué no lo es si no se ha leído el libro completo.

    Pero ¿para qué la necesidad de leer más libros?

    El año pasado yo leí poco más de 60 libros, lo cual ha sido el mayor número que he leído en mi vida y no creo que esa cifra sea rebasada pronto porque no hay necesidad de ello. La cantidad de libros que leo al año (que pueden ir desde los 15 hasta los 60) varía muchísimo porque depende de muchos factores que no tienen que ver con «carreritas». Varios de ellos los leí en aras de mis aspiraciones profesionales (por lo que aproveché los tiempos muertos de trabajo para seguirme capacitando a través de la lectura), hubo otros que me gustaron mucho y que llegaron a hacer que me la pasara leyéndolos todo el fin de semana. A mi parecer, es la mayor cantidad de libros que yo podría leer por placer y con una buena capacidad de concentración, y eso que tengo cierta velocidad lectora producto del hábito (eso sí, naturalmente releo aquellas partes que no me quedaron claras).

    Con esto, me parece muy complicado que un emprendedor, más uno que presume trabajar del tingo al tango, tenga tiempo para leer 150 libros.

    Luego, hay libros que son muy buenos, que son grandes, y requieren ser repasados una y otra vez. Estorban en la ambición de leer más, pero logran todo lo contrario en la adquisición de conocimiento. Por ejemplo, yo tardé más de 2 meses leer el libro Crítica de la Razón Pura de Immanuel Kant. Por su tamaño (600 páginas) es un libro que me aventaría en poco menos de un mes, pero resulta que ese libro, por su complejidad y porque no es muy fácil de entender, me tuvo leyéndolo varias veces un mismo párrafo y regresando a páginas anteriores del libro para evitar que olvidara conceptos necesarios para entender las secciones posteriores del libro.

    ¿Y qué hay de esas novelas que lees lentamente porque quieres jugar con tu imaginación? ¿Y qué hay de esos libros que te motivan a buscar cierta información por otros medios?

    ¿Y de qué sirve leer cientos de libros que te van a dejar poco? De esos que lees tan rápido porque no tienen casi nada que valga la pena en donde detenerte. ¿De qué te sirve haber leído 100 libros de autoayuda del Sanborns que, en su conjunto, te van a dejar menos que un buen libro?

    No necesitas leer tantos libros para volverte culto o experto, eso déjaselo a los posers, simplemente tienes que saber leer mejor, buscar buenos libros y hacerte un buen hábito de la lectura. Más vale 10 libros leídos y disfrutados que 100 leídos a toda prisa.

  • ¿Por qué Danaerys Targaryen se está volviendo mala?

    ¿Por qué Danaerys Targaryen se está volviendo mala?

    ¿Por qué Danaerys Targaryen se está volviendo mala?
    Foto: HBO

    Contrario a lo que muchos comentan en las redes, a mí no me sorprende para nada el plot twist de Danaerys Targaryen.

    Inician spoilers:

    Aunque ciertamente estas temporadas ya no están basadas en los libros, creo que acertaron en mostrar su lado oscuro. A estas alturas dejarla como heroína ya habría sido algo incómodo. Game of Thrones no es una película de Disney, es una serie que si por algo destaca es por mostrar la naturaleza humana tal cual es, una que es imperfecta y donde la frontera entre buenos y malos se ve algo más difuminada que en las películas hollywoodenses.

    Desde temporadas antes ya se percibía cierto mesianismo en Danaerys, producto de la creencia de que ella estaba destinada a ser reina. Iba de ciudad en ciudad liberando esclavos, pero no parecía ser una liberación auténtica, ya que muchos de ellos terminaban al servicio de su reina como soldados, a quien ellos sentían que le debían algo y a quienes ella seducía con su retórica. Ella desde un inicio fue a liberar pueblos para ir construyendo un ejército que le permitiera, junto con sus dragones, tomar el poder en King’s Landing; el discurso liberalizador parecía, aunque no fuera siquiera algo consciente para ella en un principio, algo retórico. Posiblemente, dentro de su fuero interno (el personaje), sí había al principio un deseo noble y genuino, pero al engrandecer su ejército y al acumular poder, fue atravesando esa difusa línea entre lo noble y la mera ambición de poder.

    Por ello su frustración al llegar a Westeros, donde las diferencias culturales que explican el rechazo de la gente hacia su figura harían más difícil la idea de que el pueblo legitimara su reinado. No soportó que Jon Snow fuera heredero al trono y ha intentado asegurar (dada la reticencia de Jon Snow) de que no se vea tentado a ello, no soportó que no recibiera la admiración de los pueblos de Westeros y, en conjunto con el asesinato de otro de sus dragones y de su sirvienta Missandei (porque técnicamente eso era), le hizo perder la cabeza y decidió masacrar al pueblo de King’s Landing. Fue ahí donde cualquier atisbo de nobleza desapareció, fue ahí donde el poder la corrompió (emulando de alguna manera a su padre, de quien heredó su locura potencial). No me parece algo improvisado (con todo y que las últimas temporadas sí han tenido algo de improvisación en algunos sentidos) sino que me parece que fue algo que más bien se fue cocinando desde el principio de la serie si se le pone atención.

    Daenerys tiene algo de eso que tienen los «liberadores revolucionarios» que se convirtieron en déspotas al llegar al poder, que ante el miedo y la paranoia de que este les sea arrebatado, son capaces de deshumanizarse y de atentar contra los demás, incluso contra aquellos que juraron defender. Desde hace varias temporadas yo ya sentía algo de incomodidad con la idea de que fuera ella la que llegara al trono porque ya se percibía cierta arrogancia y algunos signos de megalomanía que me hacían dudar si, al estar sentada en dicho trono, sería capaz de mantener sus ideales y no caer en un régimen despótico.

    Y afortunadamente, Game of Thrones no es una película de Disney. Que no se convirtiera en la heroína del cuento tal vez no haya gustado a muchos, pero eso es lo que le da el toque de originalidad de la serie, al hacer a los personajes más humanos.

  • ¿Cómo vender humo y hacerte rico? Parte 2

    ¿Cómo vender humo y hacerte rico? Parte 2

    La respuesta de Carlos Muñoz 11. ¿Cómo vender humo y hacerte rico? Parte 2

    A raíz de la publicación de mi primer artículo donde narré cómo los modelos de negocio como los de Carlos Muñoz 11 buscan embaucar a la gente y el cual fue leído en su fan page, apareció en sus redes sociales un video donde le responde a sus «haters». La referencia a mi artículo fue obvia e incluso después me respondió directamente.

    No me quise quedar callado porque evidentemente esa respuesta simplemente muestra más de lo mismo: una persona que busca enriquecerse sin ofrecer productos de valor reales que ayuden a la gente a emprender. Lo he dicho anteriormente, Carlos Muñoz es un hombre inteligente, estudió bien a su nicho de mercado y creó un producto: «él mismo», que pudiera hacer clic con cierto público. Lo dije también anteriormente: él se vende como un símbolo que apela a las emociones, que utiliza anglicismos y tecnicismos para mostrar una sofisticación que no tiene, y eso se vuelve a reiterar en el video con el cual nos respondió a los que ya nos etiquetó como «haters» (tal cual como político demagogo).

    Corre video.

    Me llama la atención la forma en que responde porque pretende sonar sofisticado como para mostrarle a su público que sí sabe, pero basta hacer un pequeño análisis para darse cuenta de que sigue vendiendo humo.

    Carlos Muñoz nos muestra una gráfica donde en su eje vertical agrega las temáticas y en el eje horizontal el tiempo y experiencia que tiene el emprendedor para decir que sus contenidos van dirigidos a novatos en el mundo del emprendimiento. El primer error (y considero grave) es que mide la experiencia en número de empleados; es decir, por más empleados tienes más experiencia debes de tener, está correlacionado, piensa Carlos Muñoz 11. Pero la realidad es que no se puede medir de esa forma. Muchas empresas exitosas, que incluso operan internacionalmente, no tienen más de 100 empleados (pregúntenle a muchas startups de Silicon Valley), mientras que otras, que tienen un modelo más arcaico y que están reacias a modernizarse, pueden presumir tener más de 1,000 empleados (pregúntenle a muchas empresas mexicanas).

    Simplemente, no puedes medir el éxito de un emprendedor con base en el tamaño de los empleados que tiene porque el número de empleados de una empresa depende de muchos otros factores (como el modelo de negocio).

    El siguiente problema son las temáticas que ofrece en sus cápsulas que ya de por sí están mal enfocadas en muchos de los casos. Él asume que el emprendedor debe de saber incluso de sitios web y big data (cosas que él ni siquiera entiende), es decir, necesita saber de todo menos de la creación de productos o servicios de valor y de innovación (de lo cual, naturalmente no habla, porque no parece convenir mucho para su estrategia). La realidad es que los emprendedores no dominan todo ni necesitan hacerlo, los emprendedores exitosos delegan muchas tareas a expertos en ellas. Muchos emprendedores que conozco no saben nada de páginas web, pero saben que son importantes y contratan a una agencia o a un experto que les haga una estrategia de comunicación. Evidentemente habla del tema en sus cápsulas para verse sofisticado y nada más.

    ¿O de verdad un emprendedor debe saber cuánto debe durar un video de Youtube? (lo cual ni siquiera explica bien) Si ya de por sí emprender te quita muchísimo tiempo y es muy desgastante, ¿creen que se va a poner a sentarse en su computadora a editar los videos de su compañía? ¿De verdad?

    Después dice que sus cápsulas no pretenden ser el contenido completo: bueno, cualquier persona con dos neuronas en la cabeza sabe que no, pero vaya, ni siquiera está ofreciendo nada, sino puro humo, solo está vendiendo su imagen para embaucar gente. Dice que esos videos te dan la llave para que «busques un concepto» y tú te pongas a buscar en Google ¿de verdad? Es que muchos videos suyos ni siquiera cumplen con esa función. Si la función de sus cápsulas es ofrecer una introducción sobre el tema y que luego los usuarios se empapen más por su cuenta, generalmente se ofrece literatura, libros, sitios web especializados sobre el tema (que es lo común en Youtube). Carlos Muñoz no lo hace, y ni siquiera nunca había dicho que ese era el propósito. No es que haya asumido que la gente entendió que esa era la dinámica (lo cual habría sido absurdo) sino que nunca fue el propósito y ahora que se siente acorralado por tantos cuestionamientos y burlas, se lo sacó de la manga.

    Otra cosa curiosa es que Carlos Muñoz habla de «un nuevo modelo educativo» (la ironía de alguien que dice haber estudiado dos carreras, tres posgrados y luego dice que las universidades son una mierda) y para ello recurre al concepto de in-time microlearning, pero no es un nuevo modelo educativo, es tan solo un método que parece que ni domina bien y del cual puedes encontrar mucha información en Google.

    Luego dice que la gente le está diciendo adiós a los «profesores profesionales» y que quieren profesores prácticos (vaya, emprendedores). Ciertamente la dinámica educativa se ha estado modificando en los últimos años y lo hará aún más en los próximos, pero no hay absolutamente nada que nos diga que esos profesores que Carlos Muñoz tanto dice odiar vaya a desaparecer. Tal vez algunos ya no estén en un salón frente a 50 alumnos, pero sí aparecen en MOOC’s y cursos en línea como Coursera o edX. Pero bueno, no se puede esperar nada de alguien que diga que las universidades son una mierda y, al mismo tiempo, presuma no sé cuántas licenciaturas y posgrados en quién sabe dónde.

    Carlos Muñoz les dice a los que él llama haters que «ya se vayan de su canal y que no estén chingando» y que, a juzgar por los comentarios, son más de la mitad. Él dice que hay que sumar y no restar:

    Pero él no está sumando porque está haciendo perder el tiempo (y dinero) de la gente en productos que no tienen valor y que podrían gastar bien en educación o conferencias que sí les puedan servir para ser emprendedores o desarrollar la actividad que desean desarrollar. Si escribo estos artículos es para evidenciar a esta nueva corriente de pseudogurús que se están aprovechando de la gente para ganar dinero, y no solo se vale, es necesario.

    Esta idea de «sumar, aportar y no restar o criticar» es muy típica de este tipo de personajes que buscan etiquetar a sus críticos como «nocivos y tóxicos» para ellos vestirse de una pureza que no tienen y que así el auditorio relegue a los primeros. Esto también queda patente en la respuesta que Carlos Muñoz me dejó en sus comentarios:

    Es el típico «en lugar de estar criticando, ayúdanos» para crear la sensación de que él es una persona humilde que está dispuesto a emprender. La última vez que vi este recurso fue cuando el periodista Zul de la Cueva confrontó a Lagrimita, un conocido payaso de Guadalajara que se lanzó como candidato «independiente» para beneficiar (sin éxito) a otro candidato restando votos de su contendiente.

    Pero Carlos Muñoz está lejos de ser una persona humilde porque, además de burlarse de aquellos que llama haters, se refiere con desprecio a las universidades, a los profesores y a los empleados. No estoy seguro que Carlos Muñoz no va a estudiar y mejorar nada si le mando contenidos, porque eso no es lo que le importa, lo que le importa es el bluff, porque esa es su estrategia de negocio.

    Y no, sus críticos no son tóxicos y nocivos. Si lo fueran (a juzgar por el porcentaje de críticos que tiene en su sitio) este país ya habría desaparecido.

  • Por qué el gobierno de AMLO no es una dictadura

    Por qué el gobierno de AMLO no es una dictadura

    Por qué el gobierno de AMLO no es una dictadura

    Me parece un absurdo, a estas alturas del juego, decir que el gobierno de AMLO es una dictadura.

    He escuchado esa afirmación entre algunos opositores de AMLO, en las redes o en las marchas. Sin embargo, en este aspecto están equivocados.

    Un argumento que se da para ello es la casi ausencia de contrapesos, pero ello no es producto de un régimen autoritario sino de la voluntad de la gente expresada en las urnas aunada a una crisis de legitimidad de los partidos y a un contrapeso ciudadano que todavía no acaba de gestarse. Cualquier régimen democrático permite que un gobierno gobierne con mayoría absoluta si así lo decide la gente a la hora de ir a votar. Bajo el argumento de las mayorías legislativas entonces el gobierno de Peña también era una dictadura ya que tenía mayoría de facto en las cámaras, con las cuales pudo pasar reformas constitucionales. Naturalmente, eso no es una dictadura.

    Actualmente, la gente puede salir a manifestarse sin que sea reprimida, también puede expresarse en las redes sociales y la prensa no parece ser menos libre que años anteriores, aunque algunos de los vicios de la relación entre gobierno y prensa persisten. Eso no ocurre en las dictaduras, donde quien sale a manifestarse sabe que está corriendo un riesgo y donde la prensa crítica no existe, lo que no sucede en México. Si bien a la prensa mexicana le hace falta desarrollarse, no vemos una diferencia con respecto de otros gobiernos.

    Lo que sí se percibe son algunas pulsiones autoritarias, como la actitud de AMLO y sus seguidores ante algunos medios de comunicación como Reforma, pero el diario sigue operando libremente. Si esto constituyera una dictadura, entonces tendríamos que hablar también de la «dictadura de Donald Trump» quien, al igual que AMLO, critica a los diarios que le son incómodos.

    Se vale, sí, y sin importar que tan sólidos sean los fundamentos, temer que en el futuro un gobierno pudiera derivar en un régimen dictatorial y ser vigilantes de las acciones que vaya tomando el gobierno.

    SÍ hay actitudes y decisiones de este gobierno que pueden debilitar la institucionalidad como el memorándum de la Reforma Educativa, de ello tenemos que que estar vigilantes. El discurso polarizador es otra actitud a la que se le debe tomar cautela: es algo sobre lo que los ciudadanos deben prestar atención y no caer en el juego. Otras decisiones, por más aberrantes que sean, como la cancelación del aeropuerto, no tiene que ver con manifestación alguna de autoritarismo ya que el proceso se hizo con apego a la ley.

    A pesar de estos detalles, a los que no hay que perderles la pista, el día de hoy el gobierno de AMLO está lejos de constituir una dictadura. En la actualidad, México tiene muy poco de parecido con la Argentina de Videla, el Chile de Pinochet y ni siquiera con la Venezuela de Maduro. Es evidente que quien dice que la 4T es una dictadura no ha vivido en una.

    Algo que los ciudadanos pueden hacer para evitar el surgimiento de un régimen dictatorial es formar un contrapeso ciudadano fuerte, pero sobre todo, responsable, informado y que se no sume al juego de la polarización y la descalificación. Sí está comenzando a surgir un contrapeso ciudadano, y eso siempre es bueno, pero como vimos en algunas expresiones de las marchas, no parecen estar evitando del todo caer en la trampa de la polarización.

  • Guía para hacer que las marchas contra AMLO funcionen

    Guía para hacer que las marchas contra AMLO funcionen

    Guía para hacer que las marchas contra AMLO funcionen

    Este domingo se llevó a cabo una marcha en diversas ciudades de la República Mexicana pidiendo la renuncia del presidente López Obrador, o bien, exigiendo que cambie su postura con respecto de ciertos temas.

    Puedo sacar dos conclusiones que me servirán para la argumentación que haré: la primera es que esta marcha fue, en lo general, más grande que las marchas anteriores (sin embargo, sigue siendo muy minoritaria). La segunda es que me he dado cuenta que muchas personas que se oponen al gobierno de López Obrador se oponen también a estas marchas.

    Una marcha comenzará a lograr su cometido en tanto logre generar la suficiente masa crítica. La masa crítica es un concepto prestado de la física que, en esta disciplina, significa la mínima cantidad necesaria de combustible para producir una reacción nuclear en cadena. En sociología vendría a ser como la mínima cantidad de personas necesarias para que un fenómeno concreto tenga lugar (que el gobierno se vea presionado y cambie su forma de gobernar, por poner un ejemplo).

    Aquí nos encontramos con un problema. Las marchas están compuestas mayoritariamente de personas de clase alta y media alta (que no quiere decir que no haya asistido nadie de otros estratos sociales, pero son menos), las cuales son una minoría en nuestro país, pero cuando se trata de salir a la calle la historia es otra. Es muy complicado que la clase alta y media alta por sí sola logre generar masa crítica.

    Luego nos encontramos con otro problema. A la clases alta y media alta se les percibe como clases privilegiadas. Generalmente esta condición de privilegio se refleja en las propias marchas: por ejemplo, que salgan a manifestar con ropa de marca o viseras para que no les dé el sol. Esta condición de privilegio genera rechazo y muchos cuestionan por qué la mayoría de ellos no se involucraron en marchas producto de la indignación como los 43 de Ayotzinapa o la corrupción del gobierno de Peña Nieto. Ello tal vez explique la reticencia de varios opositores a unirse a las manifestaciones.

    No los estoy culpando ni criticando por su posición social, ella no les impide ser ciudadanos ni pueblo, pero debemos tenerlo en cuenta porque es una variable que juega un papel muy importante en la ecuación (una variable con la que los amloístas han sabido jugar bien). Dado que es imposible que las clases altas por sí solas generen masa crítica, entonces es importante la incorporación de personas de otros sectores sociales (incluso de la misma clase media alta o alta que se resisten a manifestarse por lo anteriormente mencionado).

    El otro problema es el siguiente: López Obrador es muy popular, según las encuestas (incluidas las llamadas «fifís») le dan un 70% de aprobación. Es un número muy grande y difícilmente va a bajar en el corto plazo porque no lo ha hecho a pesar de los errores. Mucha gente tiene esperanza en un cambio y no quiere dejarla ir así nada más. Esto también juega en contra del deseo de lograr esa «masa crítica».

    Ello no significa que el 70% de los electores estén casados con AMLO, ni siquiera todas las personas que votaron por AMLO están casadas con él. Tomando en cuenta el voto duro de López Obrador (el que tuvo en las elecciones, menos el voto útil que ganó y que fue mucho) sospecho que ha andar rondando por el 30% de la población.

    Bueno, es hora de hacer política. Y en política gana quien logra persuadir a los indecisos.

    Tomemos esta imagen de referencia. Podemos ver que hay 3 polos: los anti AMLO (los marchantes que están preocupados), los indecisos (como aquellos opositores a AMLO que le tiene reticencia a las marchas o los que votaron por él pero que le guardan cierto escepticismo) y los que son férreos simpatizantes de AMLO.

    Lo que le conviene al régimen es polarizar a la sociedad para dividir el discurso entre buenos y malos, donde ellos sean mayoritarios. Esto es, que básicamente existan dos frentes que no puedan hablarse entre sí, para que de esta forma, los pro AMLO puedan estigmatizar a los anti AMLO como los fifís o la mafia del poder. Con su discurso del «pueblo bueno», AMLO busca no solo estimular a sus férreos seguidores, sino sumar a los que llamamos indecisos a su causa, o bien, anularlos y hacerlos irrelevantes (que existan pero que no hagan nada).

    Este escenario es el ideal para AMLO. Una mayoría de simpatizantes contra una minoría de simpatizantes y unos indecisos que no hagan nada o que no existan.

    En un estado así, el gobierno tiene todo el poder y el control. Ya no solo por su mayoría absoluta en el Congreso, sino porque tiene a una sociedad compuesta de tal forma que resulta legitimadora de todos sus actos. Lo que se desearía es lo contrario.

    Pero resulta que los que forman parte de un conglomerado pueden terminar involuntariamente ayudando a lo que hace el otro. Cuando en las manifestaciones alguien dice

    • Los que sí tenemos cerebro no votamos por AMLO
    • Sus seguidores son menos inteligentes
    • Soy fifí, abajo los chairos

    terminan haciéndole la chamba al gobierno ¿por qué?

    Primero, porque no votaron ni por ignorantes ni por tontos (es totalmente válido y respetable que hayan votado por AMLO). Transmitirles eso hará que se opongan a nosotros, lo cual sería un craso error.

    Recordemos que dentro del conglomerado de los indecisos (aquellos que están en posibilidad de ser persuadidos y a quienes se necesita persuadir para lograr masa crítica) está gente que votó por AMLO o gente opositora a AMLO que se resiste a sumarse a la manifestación. Con esto, unos indecisos se anularán (seguirán siendo indecisos pero ya no podrán ser persuadidos) o se pasarán al bando de los pro AMLO (la gente que votó por él pero que guarda cierto escepticismo). Este tipo de actitudes y manifestaciones alienarán a los indecisos, perdiendo así una gran oportunidad para hacer masa crítica.

    El problema en las manifestaciones del domingo es que vimos manifestaciones clasistas (que naturalmente los amloístas aprovecharon en su beneficio) pero que existieron y no se pueden ocultar:

    ¿Cómo persuadir a los indecisos para que el polo anti AMLO logre ser masa crítica? Es cierto que la gran popularidad del Presidente juega un papel en contra pero algo puede hacerse para tener un escenario así. La manifestación debería prohibir consignas clasistas o de odio que ataquen o alienen a otras personas.

    Voy a decir algo que puede sonar políticamente incorrecto: es ilusorio que toda la gente se vaya a desencantar de AMLO, es imposible que «todo México se una»; no hay que ser románticos, hay que ser inteligentes y pragmáticos. Personas que simpatizan con AMLO siempre habrá, y toca mantener una postura de respeto, lo que nos interesa aquí es generar la masa crítica para incidir en las decisiones de este gobierno (creer que va a renunciar es casi una ilusión por la forma en que está compuesto nuestro sistema político presidencialista. Eso ya lo vimos en las manifestaciones en contra de un EPN con 19% de popularidad) y donde se pueda cambiar la narrativa a una donde no es AMLO quien tiene todo el poder, sino que tiene enfrente suyo un contrapeso ciudadano. No se trata tampoco de «destruir a López Obrador» sino de buscar beneficiar a nuestro país y a sus habitantes siendo un contrapeso incómodo sobre las decisiones erróneas pero que reconozca, sí, las buenas decisiones.

    Ahora, en el entendido de que se pretenda sumar a personas de otros sectores, hay que buscar los puntos en común y dejar fuera de la mesa aquellos puntos que pudieran generar conflicto. Por ejemplo, hay mucha gente que tiene una postura política progresista (aborto, matrimonios del mismo sexo) y que se opone a AMLO, y seguramente dentro de los manifestantes actuales habrá quien se oponga a esa agenda. Esos temas deben de dejarse fuera de toda discusión porque, de lo contrario, será imposible «marchar juntos». Esto nos permitirá aglutinar personas no solo de varios sectores, sino de distintas ideologías políticas (conservadores, liberales, progresistas) que coincidan en su preocupación por el rumbo del gobierno de AMLO. Si Churchill y Roosevelt pudieron sentarse con Stalin para acabar con la amenaza que representaba Hitler (no estoy sugiriendo, por cierto, que AMLO sea algo remotamente cercano a Hitler) ¿por qué personas que piensan distinto en algunos puntos no se pueden unir?

    Es muy importante entender por qué la gente voto por AMLO. Si creemos que lo hicieron por tontos o ignorantes estamos perdidos porque se parte de una premisa falsa. La mayoría de la gente votó por AMLO por un justificado descontento con la clase política, porque no ha visto mejorías sustanciales en las últimas décadas, realidades que AMLO ha aprovechado para construir su narrativa.

    No puedo dejar del lado la necesidad de informarse bien, analizar las políticas de AMLO y entender qué es lo que tiene más prioridad. En las marchas he visto desinformación (incluyendo repartición de volantes con contenido xenófobo con respecto a los inmigrantes) o que se hace hincapié en frivolidades como «AMLO nos va a volver comunistas» en vez de enfocarse en lo que sí importa.

    Por último, y el punto más difícil y tal vez por mucho (a algunos le sonará utópico), pero indispensable, es lograr empatizar con las personas de otras clases sociales y tender puentes con ellas. Mucha gente asocia a las clases altas y media alta con el mismo sistema político que fue sacado a patadas. Eso es lo que algunos perciben actualmente en las marchas y por eso se resisten a ir, es como: no apoyo a AMLO pero tampoco al estado anterior de las cosas y considero que ustedes lo representan.

    Eso implica la necesidad de crear una suerte de pacto entre los distintos sectores socioeconómicos. ¿Cuál va a ser el papel de la gente que tiene dinero para que a la gente que tiene menos le vaya mejor? ¿Qué se hará para combatir el clasismo y el racismo prevalente en nuestra nación? ¿Cómo nos vamos a comunicar? ¿Qué actitudes del uno respecto del otro tenemos que cambiar? Muchas cuestiones de este estilo tendrán que responderse para que así pueda construirse un pacto o consenso que incluya a muchos «Méxicos» y no solo a uno minoritario. Incluso un pacto así pueda derivar, a la larga, en un movimiento político o en una oposición política al régimen actual.

    Básicamente, para atraer a ese sector indeciso que permitirá crear esa masa crítica, lo que estoy sugiriendo es:

    • Evitar comentarios o consignas clasistas.
    • Invitar gente de distintas corrientes ideológicas pero que coincidan en la preocupación del gobierno de AMLO.
    • Entender por qué la gente votó por AMLO para así no volver a repetir las causas.
    • Informarse bien y evitar fake news.
    • Dejar fuera temas que generen conflicto.
    • La creación de un pacto ciudadano que trascender ideologías políticas pero que busque la lucha por ciertos puntos en común.

    Se escucha difícil, pero a mi juicio es lo que se puede hacer para crear una real oposición al gobierno de AMLO que logre crear esa masa crítica necesaria para incidir y para que a México le vaya mejor.

  • La marcha contra AMLO

    La marcha contra AMLO

    Me parece paradójico, analizando las decisiones que ha tomado AMLO en sus primeros meses, que los que serían menos afectados son los que se manifiestan el día de hoy, no les están subiendo más impuestos ni sus empresas se han visto afectadas. Muchos de ellos tienen recursos, seguros privados, algunos hasta pueden darse el lujo de irse a otro país en un hipotético y extremo caso de que las cosas se pusieran realmente mal. Ellos no van a caer en la pobreza, porque aunque se ponga mal la cosa, se pueden apoyar entre ellos. Muchos de ellos tienen habilidades, educación y capacidades para salir adelante que los de abajo no tienen.
    Llama la atención que los menos afectados se manifiesten y que los más afectados no lo hagan.

    Los afectados de muchos de los errores del gobierno actual son la gente que no tiene tantos recursos (clases populares medias bajas y bajas), los que dependen de programas sociales que han sido desmantelados y sustituidos por programas clientelares, los que reciben educación pública paupérrima. Como dice un amigo mío, los niños de escuelas privadas están recibiendo clases de robótica mientras los otros son educados por la CNTE. Ellos son los afectados cuando no se generan empleos y son los que pierden más oportunidades de movilidad cuando, aunado a una pésima educación, se ignora las potencialidades de la ciencia y la tecnología. Con excepción de la Reforma Laboral (que me parece acertada) y alguna otra, creo que las decisiones que les compete a ellos les afecta más que beneficiarles.

    Muchos de ellos votaron por AMLO, en gran medida porque vieron cómo en los últimos decenios no vieron que su condición de vida mejorara, porque vieron gobiernos que se servían a sí mismos y empresarios que se beneficiaban del poder político (eso que de pronto ya hemos olvidado). Ellos lo van a seguir apoyando hasta el momento en el que puedan percibir en su vida cotidiana los errores de este gobierno (a menos que cambien de rumbo y tomen mejores decisiones), cuando la realidad rompa el sentimiento de esperanza. En lugar de recriminarlos por su voto o por simpatizar con AMLO (lo cual solo va a polarizar a la población), deberían preocuparse por ellos que van a ser los más afectados.

    Error sería sentirse superiormente morales a ellos porque no votaron por AMLO como si ellos fueran necesariamente racionales a la hora de votar y los otros no. No creo que todos piensen así, pero sí vi alguna pancarta que decía «los que tenemos cerebro no votamos por AMLO».

    La gente que tiene todos los recursos tiene el derecho a manifestarse y celebro que tomen la calle y se involucren en lo público, pero si quieren que la causa funcione y trascienda de un mero acto de catársis, tendrían que establecer puentes con ese «mexicote» saltándose incluso las diferencias culturales históricas entre ambos Méxicos, y me parece que hasta el momento no lo están haciendo. En tanto no lo hagan, al gobierno no le va a pesar mucho las marchas y simplemente las va a ignorar. Tejer puentes implica un compromiso de los que sí tienen con los que no tienen (o no tienen tanto) real. Es un trabajo muy difícil, ciertamente, pero de lo contrario, al ser minoría, tendrán serios problemas en generar la masa crítica suficiente como para que estas marchas se conviertan en una piedra en el zapato de AMLO.

  • ¿A esto le llamas Plan Nacional de Desarrollo?

    ¿A esto le llamas Plan Nacional de Desarrollo?

    ¿A esto le llamas un Plan Nacional de Desarrollo?

    Acabo de leer el Plan Nacional de Desarrollo (PND) del gobierno de López Obrador:

    Es terrible.

    En teoría, la esencia de lo que va a ser un gobierno está impresa en ese PND, porque éste contiene la visión de gobierno, los objetivos que tiene y los resultados a los que quiere llegar. Técnicamente de ahí se desprende todo.

    Es lamentable el poco esmero que pusieron a un documento tan importante. Después de leer el libro La Salida de López Obrador hace dos años y de analizar las propuestas de campaña (también mal presentadas, con errores de redacción terribles), pareciera que solo se dieron a la tarea de compilar toda la información que había ahí. Como si le hubieran dicho a un becario que copiara y pegara párrafos ajustándose a un formato.

    Para darnos cuenta de ello basta comparar este PND con el del gobierno de Enrique Peña Nieto, que ni siquiera es sobresaliente, pero que se ajusta a lo que uno podría esperara de un PND. Las diferencias son muy notorias:

    El PND de Enrique Peña Nieto, además de tener un formato mucho más cuidado y estar membretado, muestra números, gráficas, referencias. El de López Obrador es un documento cuyo formato parece hecho por un alumno de secundaria o preparatoria, donde, dejando patente su desprecio por la técnica, sustituye a ésta por la retórica. Su documento podría pasar como un documento de propuestas de campaña sin ningún problema, pero un PND es mucho más que eso. Si bien este documento naturalmente toma como base las propuestas de campaña (porque se espera que un mandatario cumpla lo que prometió), en este se desglosan, desmenuzan y se les da un carácter técnico. El PND no es un manual de buenas intenciones ni mucho menos es un panfleto, es una guía técnica de lo que se quiere hacer. En el documento de AMLO, todo eso que esperaríamos de un PND, no sucede en lo absoluto.

    Cuando abrí por primera vez el documento, vi un índice no digno de un plan de desarrollo sino de un libro de Paulo Coelho o de Carlos Cuauhtémoc Sánchez que me habla de honestidad, respeto o confianza. No veo siquiera una categorización ni objetivos planteados como si aparece en el PND de Peña. El documento panfletario del gobierno actual no tiene indicadores, no tiene fuentes ni referencias. Vaya, no hay profesionalismo en la elaboración del documento en lo más mínimo.

    Conforme empecé a leerlo, mis temores se hicieron realidad. No tanto por las propuestas en sí (estoy de acuerdo con algunas, con otras no), sino por todo lo que transmite: desorden, improvisación, ocurrencia. No hay un orden, no profundiza sobre las propuestas ni dice siquiera en muchas ocasiones los métodos que utilizará su gobierno para llevarlas a cabo. Las primeras páginas son tan solo un diagnóstico mediano del estado anterior de las cosas donde se confunde el «neoliberalismo» con el corporativismo y donde hasta incorpora una narrativa cuasirreligiosa.

    Pero incluso podemos ver que muchas de las propuestas ni siquiera están bien justificadas, pareciera un compendio de buenas intenciones. Pocas veces menciona con datos qué resultado esperan alcanzar, y cuando lo hace, la mayoría de las veces se trata de resultados muy idealistas cuyas métricas no son producto de un ejercicio riguroso.

    Algo que asusta, junto con el desprecio por la técnica, es la poca importancia que se le da en la ciencia. Mientras que en el PND de Peña Nieto este tema abarca más de una cuartilla, dos gráficas y se refiere a ella en otros apartados, en este documento todo lo referente a ciencia se menciona en solo cinco renglones. Todo el apartado de ciencia y tecnología cabe ¡en un tweet y medio! La palabra ciencia aparece más de 20 veces en el documento de Peña Nieto, en el de AMLO aparece solo tres veces (y tomando en cuenta que el título «ciencia y tecnología» aparece en el índice y en el apartado en sí).

    Algo similar ocurre con el apartado de cultura, un tema que se supone es del interés de los gobiernos de izquierda. Si bien el apartado abarca casi toda una cuartilla, la mayoría es pura verborrea que no dice casi nada de lo que se va a hacer con respecto a este tema:

    Todos los individuos son poseedores y generadores de cultura. En rigor, el adjetivo “inculto”, particularmente cuando se le utiliza en término peyorativo, denota una condición imposible: los humanos viven en sistemas culturales que van desde el lenguaje hasta las celebraciones y conmemoraciones.

    Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024

    Así, los apartados están llenas de retórica y de reflexiones sin un orden, a diferencia del de Enrique Peña Nieto que en cada apartado hace una reflexión y comienza a desglosar, ayudándose de datos. El PND de AMLO pareciera por momentos un ensayo filosófico de bajo nivel, donde el autor se da el permiso para explayarse y reflexionar sobre distintos conceptos. En este sentido, este documento no genera certeza en el lector, por el contrario, es posible que lo deje preocupado porque entonces se preguntará dónde está la técnica y el desarrollo de las políticas públicas.

    No quiero profundizar sobre las propuestas presentadas ahí, algunas preocupantes, porque son propuestas que ya conocíamos y que por consecuencia esperábamos que estuvieran ahí. Pero queda patente que estas propuestas no están bien justificadas y, en muchas ocasiones, se divaga tanto casi como queriendo evadir el trasfondo del asunto. En el tema de la educación, por ejemplo, divaga entre tanta retórica la cual aprovecha para echarle la culpa al «neoliberalismo» por todos los problemas que la educación tiene, y hasta el final propone la creación de las universidades Benito Juárez, una copia de la fallida Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) que inauguró cuando era Jefe de Gobierno de la CDMX:

    Durante el periodo neoliberal, el sistema de educación pública fue devastado por los gobiernos oligárquicos; se pretendió acabar con la gratuidad de la educación superior, se sometió a las universidades públicas a un acoso presupuestal sin precedentes, los ciclos básico, medio y medio superior fueron vistos como oportunidades de negocio para venderle al gobierno insumos educativos inservibles y a precios inflados, se emprendió una 43 ofensiva brutal en contra de las escuelas normales rurales

    Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024

    En resumen, el Plan Nacional de Desarrollo parece uno de esos trabajos de preparatoria que un alumno hace de última hora para que el profesor no lo mande a examen extraordinario. Está mal cuidado, no hay atención a los detalles, no hay ningún esmero alguno en su diseño, en su estructura. Pero no estamos en la escuela, estamos hablando de uno de los documentos más importantes de un gobierno que va a estar seis años gobernando este país.

    Y eso es muy preocupante, porque si se pretende gobernar con ese mismo espíritu con el que se elaboró este documento, entonces estamos jodidos.