Autor: Cerebro

  • La oposición ciudadana de AMLO y la brecha generacional

    La oposición ciudadana de AMLO y la brecha generacional

    La oposición ciudadana de AMLO y la brecha generacional

    La oposición actual de AMLO es, permítanme hacer la comparación, como un feto, un organismo al cual a duras penas se le empiezan a distinguir sus partes: eso que está ahí parece una cabeza, eso de allá abajo parecen ser las piernas.

    La oposición es un organismo todavía un tanto amorfo, pero ya se alcanzan a vislumbrar algunas de sus características. Es decir, sus partes todavía no están muy definidas pero, al parecer, ya podemos ver qué forma están tomando.

    Hay un elemento que sí es muy notorio en la forma que está comenzando a tomar la oposición: la brecha generacional. Los jóvenes no piensan igual que los grandes, unos tienden a ser más liberales y otros conservadores, los últimos suelen analizar la política desde paradigmas más propios de la Guerra Fría o el PRI hegemónico en tanto que los jóvenes suelen verla con sus propias particularidades influidas por un mundo cada vez más interconectado y por un mayor intercambio cultural. Ello no quiere decir que no haya jóvenes conservadores o gente mayor liberal, pero sí parece haber cierta consonancia con los procesos sociales que ocurren en los Estados Unidos donde los jóvenes tienden a ser más liberales (aunque no estoy seguro que haya esa consonancia en lo económico, y adelante explicaré por qué).

    Los grandes y la derecha dura

    Una de las oposiciones hacia AMLO, y que está conformada mayormente por gente grande, toma la forma de una derecha conservadora con algunos tintes nacionalistas, algo más dura que la centro-derecha panista por la cual muchos de ellos solían votar. Ellos tienen una representación considerable en las marchas que se han llevado a cabo en los últimos meses en contra de López Obrador.

    Muchos de ellos suelen ver al gobierno de la 4T con los mismos prismas ideológicos típicos de la Guerra Fría: suelen relacionar a López Obrador con el término «comunismo» y son más proclives a verse seducidos por teorías conspirativas que narran una estrategia orquestada por poderes oscuros (Foro Sao Paulo, George Soros o alguna entidad relacionada con el eje bolivariano) para convertir a México al comunismo, teorías a las cuales se agregan preocupaciones de estos sectores sociales, como lo que llaman «ideología de género» o incluso la migración (a la que suelen oponerse).

    Este sector también se caracteriza por un mayor apego a los valores tradicionales y busca mantener el estado de las cosas, suelen ser más religiosos y su cosmovisión parte de una doctrina religiosa a la que se apegan. Suelen oponerse a los cambios sociales promovidos por los liberales y/o progresistas. Por ejemplo, una encuesta de Parametría publicada en 2016 arrojó que mientras que el 61% de los jóvenes mexicanos (18 a 29) estaban a favor del matrimonio igualitario, solo el 20% de la gente mayor de 50 años lo estaba.

    Por último, ellos también tienden a abrazar posturas nacionalistas, sobre todo en lo relacionado con la migración, lo cual se refleja tanto en las asociaciones de vecinos que no quieren que los migrantes anden por sus colonias como en quienes exigen al gobierno parar por completo el tránsito de los migrantes. Aunque es algo paradójico que la Iglesia Católica, la cual encuentra a los más fieles adeptos en este sector, suela ser más abierta e incluyente, e incluso ayude activamente a los migrantes que circulan por nuestro país.

    Los jóvenes libertarios

    Mientras que en Estados Unidos los jóvenes esperan que el gobierno tenga un mayor rol en lo público (aunque sin acudir a alguna utopía comunista ni a algún socialismo duro), en México parece que el libertarismo ha ejercido influencia sobre un importante sector de la juventud opositora a AMLO (medido más en términos de influencia que en términos cuantitativos).

    Los libertarios fungen, en términos prácticos, como opositores al progresismo mexicano (bañado de las peculiaridades de la izquierda latinoamericana). La libertad (en el sentido de la libertad negativa de Isaiah Berlin) es su bandera y no quieren que «el gobierno se meta con ellos» ni en temas económicos ni sociales. En lo económico suelen ser ultraliberales y por ello insisten en frases como «Don’t tread on me» o «taxation is theft«. El activismo de algunos líderes libertarios como Gloria Álvarez le ha dado mayor difusión a esta corriente que, en nuestro país, suele tener presencia dentro de algunas universidades donde se conforman grupos a los que jóvenes se adhieren, páginas de redes sociales o incluso algunos economistas jóvenes que tienen alguna relevancia en lo público.

    En lo social suelen ser liberales (generalmente están a favor del matrimonio igualitario, la legalización de las drogas y, no en pocos casos, del aborto) aunque discrepan del progresismo en todo lo que tiene que ver con la intervención gubernamental para la búsqueda de los derechos sociales (suelen oponerse al lenguaje inclusivo, a las cuotas de género o a los programas sociales que tendrían como fin de velar por ciertos sectores sociales como las mujeres o los homosexuales) así como con algunos de los comportamientos de los colectivos feministas y LGBT. Es decir, comparten varias posturas con el progresismo, pero lo abordan desde otra perspectiva muy distinta, desde el de la libertad negativa: «Nadie puede prohibir a una pareja del mismo sexo que se case» o «el gobierno no puede prohibir el consumo de drogas porque coarta mi libertad», mientras que los progresistas buscan visibilizar a distintos sectores sociales que consideran oprimidos para generar una condición de equidad o igualdad (y para lo cual pueden llegar a esperar la intervención gubernamental): «los gays no pueden ser discriminados» o «la mujer ha sido oprimida y tenemos que lograr que tengan una mayor relevancia».

    Es cierto que algunos jóvenes conservadores abordan el ideario libertario solo dentro de lo económico, pero son, en general, un grupo más pequeño que los primeros por lo cual decidí no incluirlos dentro de esta categoría.

    https://www.youtube.com/watch?v=1hEt6gpeFE4

    ¿Hay oposición entre los jóvenes progresistas?

    Hay quienes asumen, erróneamente, que quien es progresista (o liberal de acuerdo al término estadounidense) en lo social debe ser izquierdista en lo económico. Hay quienes suelen englobarlos en una sola cosa para así crear un hombre de paja, pero ello es falso. No son pocas las personas que defienden la agenda progresista en lo social mientras que, a la vez, defienden una economía de mercado. Tampoco son pocas aquellas personas que, siendo feministas (incluso de las radicales), se oponen a López Obrador, e incluso dudan de que sea un líder progresista en lo social.

    En general, la izquierda socialdemócrata (bajo el cual se podrían englobar varios de estos jóvenes) suele ver con escepticismo a López Obrador e insisten en contrastar la socialdemocracia apegada a las instituciones con la corriente lopezobradorista a la cual suelen relacionar más con el populismo norteamericanos.

    No son pocos los que mantienen esta postura, pero tampoco podríamos hablar de una oposición articulada a diferencia de los primeros dos casos. Es posible que con el tiempo ello pueda ocurrir, más aún con las decisiones de este gobierno que no ha dejado muy contento a académicos, artistas o científicos que suelen adherirse a una de estas corrientes.

    Conclusión

    A diferencia de la categorización binaria que AMLO pretende vendernos, la oposición a la Cuarta Transformación es más bien heterogénea. No es un solo sector privilegiado ni adherido a la «mafia del poder» sino uno diverso que puede albergar grandes diferencias con sus pares: conservadores, libertarios, socialdemócratas distintos entre sí se oponen a un proyecto de nación cuyos simpatizantes tampoco son tan homogéneos como podría pensarse.

    Será interesante ver cómo esta oposición a López Obrador, heterogénea y diversa, es capaz de irse articulando. ¿Podrán ir de la mano un señor de 55 años que está muy preocupado por la «ideología de género» con un jóven que está muy molesto con AMLO porque ve con malos ojos sus alianzas con los evangélicos que tienen una postura aún más conservadora que la Iglesia Católica? ¿La oposición podrá trascender esa brecha ideológica que la divide y la separa? Solo el tiempo lo dirá.

  • ¿Por qué no se debe censurar a Agustín Laje y Nicolás Márquez?

    ¿Por qué no se debe censurar a Agustín Laje y Nicolás Márquez?

    ¿Por qué no se debe censurar a Agustín Laje y Nicolás Márquez?

    La libertad de expresión es un instrumento valioso porque, si bien, hay quienes pueden aprovecharla para difundir ideas falsas o abominables, muchos podemos usar la misma libertad de expresión para exhibir la falsedad de dichas ideas.

    En este sentido, siempre será preferible que todas las voces puedan expresarse al ejercicio de la censura. Por más aberrantes sean los discursos, en un espacio de libertad de expresión estos pueden ser confrontados y exhibidos.

    Esto lo digo porque he visto que algunas personas están solicitando cancelar las conferencias de Agustín Laje y Nicolás Márquez, ya que su discurso llega a ser una afrenta contra la dignidad de individuo con atracción sexual a personas del mismo sexo. En eso estoy de acuerdo y lo dejé claro en mi crítica a su libro.

    Y lo han logrado en la Universidad La Salle, lo cual toman o interpretan como un triunfo, yo más bien lo dudo. Porque mientras pasa eso, estos conferencistas y el conservador Juan Daudoub ya publicaron un video acusando al «lobby gay». El video en un día ya tiene casi 20,000 reproducciones:

    Yo no creo que la censura y la prohibición de ciertos discursos sean la vía para contrarrestar esas opiniones, y no creo que, por más abominable nos parezca su discurso, se les deba callar. En un mundo tan interconectado hemos visto una y otra vez cómo esto puede ser muy contraproducente. A estos discursos se les debe confrontar por medio del debate y los argumentos, no por la censura que tan solo refleja una profunda indisposición a rebatir los argumentos del contrario.

    La mayor parte de la gente que va a asistir a esas conferencias son personas que ya, de inicio, concuerdan con lo que estas personas dicen. Este tipo de conferencias, más que nada, no van mucho más allá de una cámara de eco. En realidad es la censura, más que la conferencia per sé, la que le da más fuerza y reflectores a los argumentos de Laje y Márquez.

    Ellos lo saben, y lo han sabido capitalizar muy bien a su favor. La censura hacia sus conferencias es prácticamente parte de su modelo de negocio. No es algo que precisamente les moleste; por el contrario, con ello buscan reforzar sus argumentos conspiranoides: «¿Ven? los gays son intolerantes, están manipulados por una conjura marxista», «El Lobby gay nos calla» bla bla bla. Ellos saben jugar y lucrar muy bien con ello, por eso son famosos en Argentina. Saben qué botones apretar, saben cómo hacer enojar a sus adversarios, basta ver sus videos, no son tontos.

    Ni Laje ni Márquez suelen debatir con personas de altura. En sus videos siempre debaten con feministas o personas de bajo nivel que no tienen una gran preparación académica y que no se van a saber defender. Es obvio, porque si lo hicieran con una persona preparada se verían en serios aprietos. Ellos no se caracterizan por ser intelectuales sino por crear polémica y jugar con ella. ¿Por qué no aprovechar sus carencias intelectuales y, en vez de pedir que se censuren las conferencias, no asisten y, en la sección de preguntas y respuestas confrontan sus argumentos? Incluso así pueden exhibir lo falaces que son varios de sus argumentos y pueden jugar con el mismo juego, pueden subir a Youtube esos videos donde Laje o Márquez no supieron qué responder o no quisieron responder.

    Pero en tanto la apuesta sea la censura, ellos van a tener el control mediático: ellos van a victimizarse, van a hablar de cuántas veces los han tratado de callar, van a seguir ganando más seguidores en Youtube y van a vender más libros. Porque mientras hablan una y otra vez de casos de censura, nadie de su contraparte se molestó siquiera en pararse y rebatir sus argumentos que, por cierto, son muy endebles.

  • Desprestigiar a la oposición

    Desprestigiar a la oposición

    Desprestigiar a la oposición

    Hace unos días, en un nuevo programa llamado La Maroma Estelar del Canal 11 (es decir, con los recursos de la gente) afín al gobierno de López Obrador, se hizo una parodia de la politóloga Denise Dresser, a quien llamaron Madame Didí. A Dresser, además de ridiculizarla, la interpretaron con una fuerte dosis de clasismo.

    Pero no quedó ahí. Dieron de alta una cuenta de Twitter de este personaje (que ya tiene 14,000 seguidores) para seguir parodiando y burlándose de Denise Dresser exhibiéndola como clasista y afín al poder (pero no el de la 4T, sino el otro, el de la clase política que se fue, el de los empresarios, el de la mafia del poder).

    Llama la atención que, en vez de ver a medios de oposición parodiando a políticos, veamos a medios oficialistas parodiando a voces opositores que ni siquiera son parte de la política mexicana, como si ahora los patos le tiraran a las escopetas. Ahora resulta que la voz crítica es nada más ni nada menos que el oficialismo.

    Pocos días después, David Ricardo, un joven que pertenecía a Wikipolítica y que luego migró a las filas de MORENA, publicó el siguiente tuit con la intención de desprestigiar a Futuro, el movimiento creado por la propia Wikipolítica con miras a convertirse en un partido político:

    Incluso, ante la respuesta de Futuro en las redes, siguió buscando desacreditar a este movimiento:

    Si a estos casos les agregamos la publicación de una lista de periodistas que supuestamente recibieron dinero del gobierno de Peña Nieto, si le sumamos los ataques de López Obrador a Reforma, y el uso de hashtags como #NarcoReforma por parte de bots y fieles seguidores, podemos llegar a la conclusión de que hay una campaña sistemática para debilitar a la oposición, cualquiera que ésta sea.

    Como escribí hace unas semanas, el gobierno de López Obrador no parece pretender ejercer censura directa, e incluso ha decidido gastar mucho menos recursos en publicidad oficial (mecanismo que muchos gobiernos han utilizado para chantajear o silenciar opiniones incómodas). Lo que sí es palpable es una campaña en contra de las voces opositoras para quitarles prestigio y autoridad moral.

    Por eso los personajes de Madame Didí y las acusaciones a Futuro. En los dos casos buscan vincularlos con la una clase política desprestigiada y con una oligarquía que este gobierno dijo que combatiría (pero con la que López Obrador tiene juntas periódicas con empresarios (muchos de ellos cronies) para así dividir en la sociedad entre los que están con su gobierno (los buenos) y los que se oponen a él (los malos), evitando cualquier tipo de matiz.

  • Chernobyl

    Chernobyl

    Chernobyl
    Imagen: HBO

    No debe de ser fácil hacer una serie de gran calidad cuando sabes que dicha serie tiene que ser rentable, más en un entorno de alta competencia con compañías que venden servicios de video streaming online como HBO, Netflix, Amazon y similares.

    Muchas de las series históricas que hemos visto en estos medios tienden a estar dramatizadas, no son documentales. Es decir, parten sobre un hecho real, pero le agregan algunos detalles que no ocurrieron y que tienen el fin de hacer que la serie sea atractiva para el público en general: series como la de Luis Miguel o películas como la de Bohemian Rhapsody se caracterizan por ello.

    Hacer eso es moverse sobre un terreno pantanoso, porque si la serie se apega fielmente a la historia, entonces los directores y escritores tienen mucho menos flexibilidad para que la serie pueda ser atractiva y, por ende, económicamente rentable. Pero si la dramatizan en exceso, entonces la serie va a recibir muchísimas críticas por no apegarse lo suficiente a la historia. Es importante llegar a un punto medio, y la serie de Chernobyl, a mi parecer, lo logró.

    Chernobyl es una joya porque logró encontrar el punto medio en distintos apartados, no solo el que tiene que ver con el realismo y el dramatismo, sino que es lo suficientemente cruda para hacer sentir al espectador que lo que está viendo es creíble (que sienta la angustia vivida, por poner un ejemplo) pero sin caer tampoco en el exceso o en el morbo. La serie es una joya porque es un trabajo muy bien equilibrado, muy bien producido, que nos recrea la tragedia que ocurrió en la URSS de 1986.

    Posiblemente la serie pueda tener algún sesgo ideológico, evidentemente está elaborado por una compañía del país otrora rival de la Unión Soviética, pero tampoco es que se note tanto. Tampoco es un filme propagandístico como la película de Rocky donde pelea contra el ruso Iván Drago. No parece ser una obra que tenga la intención de desacreditar a un régimen que ya no existe, sino de recrear lo que ocurrió ahí.

    Chernobyl es una serie que te atrapa, que está muy bien recreada (fue rodada en Lituania y Ucrania) y que te cuenta a grandes rasgos qué fue lo que sucedió ahí, en una Unión Soviética que veía sus últimos años. Chernobyl, dicho por el mismísimo Gorbachov, fue uno de los detonadores de la caída del régimen. A pesar de las intentonas del gobierno por ocultar lo que sucedía ahí, todo el mundo se enteró de lo ocurrido y eso, de alguna u otra forma, vulneró la imagen que muchos todavía tenían de la Unión Soviética como una feroz potencia.

    Los personajes (con excepción de la investigadora que no existió y que representaba a todas aquellas personas que se esmeraron en que la verdad saliera a la luz) fueron muy bien recreados. Los escenarios también. La serie acertó al enfocarse en lo humano, más que en lo ideológico o en el discurso medioambiental. Más que hablar sobre un régimen que comenzaba a colapsar (que no es que haya dejado de hacerlo) nos habla sobre el papel que tuvieron los individuos sobre los acontecimientos que derivaron en una tragedia, humanos imperfectos, héroes que son castigados (Legasov) por defender sus convicciones y que, aunque su causa terminó trascendiendo, ellos no necesariamente tuvieron un final feliz. Más que un relato político-ideológico, es un relato humano.

    Posiblemente el espectador no encuentre en Chernobyl una detallada precisión histórica, es muy probable que algunas de las cosas que se relatan en la serie no ocurrieron de la misma forma en la realidad, pero sí puede ser una muy buena pauta para que el espectador posteriormente ahonde más sobre lo acontecido. No es casualidad que, producto de esta serie, más personas hayan decidido visitar la zona de exclusión, aunque también es cierto que algún que otro influencer fue para ganar likes a como dé lugar sin tener respeto por toda la gente que pereció en esa tragedia.

    La serie no pretende ser un documento histórico, pretende que el espectador sienta y entienda lo que pasó ahí a través de una obra, sí, un tanto dramatizada, pero no tanto como para que afecte la calidad de esta obra. Por eso, a pesar de estos detalles, la serie es una joya. Muy bien recreada en un ambiente soviético tardío (sin caer en lo kitsch).

    Esta serie la recomiendo, sí, para el público en general, pero sobre todo para la quienes tengan la curiosidad de saber qué fue lo que pasó ahí, que entiendan el contexto sociopolítico y, sobre todo, las reacciones humanas ante un desastre provocado por los propios humanos.

    Debo decir que Chernobyl es un muy buen trabajo de HBO, una de las mejores series (miniserie, en este caso) que he visto en este año y la recomiendo encarecidamente.

  • ¡Oye, Trun!

    ¡Oye, Trun!

    En anteriores ocasiones, yo he afirmado que el gobierno de López Obrador no se parece tanto al de Chávez. Y hace sentido porque un mandatario de la calaña de Chávez o Maduro ya habría despotricado contra el «imperio estadounidense». (lo pongo entre comillas porque la condición imperial en el gobierno de Trump está en cuestión).

    Pero no, ello no ocurrió así.

    Es paradójico y un tanto curioso que un gobierno que se dice de izquierda esté haciendo alegorías al libre mercado y festejando que no le impusieron aranceles gracias a su servilismo con el imperio Yanqui con quienes «estrecharon manos». Es algo inédito.

    Peor aún, ese discurso de López Obrador donde criticaba a Trump (eso sí, sin la beligerancia del izquierdismo bolivariano) desapareció, se disipó por completo. Ahora todos somos amigos, todos nos estrechamos la mano, llegamos a acuerdos y negociaciones «ganar-ganar».

    Pero eso no fue lo que sucedió, Trump se salió con la suya, hizo lo que quiso.

    Es evidente que el gobierno de Trump no tenía como fin cobrar aranceles a las importaciones, él quería frenar la migración de Centroamérica a su país y lo logró; logró que el Gobierno Federal reforzara la frontera sur con miembros de la Guardia Nacional. Básicamente, logró su promesa de campaña, construir un muro y que México pagara por él, con la salvedad de que este estará en la frontera sur de México y no en la frontera norte.

    En ese entendido no hay nada que festejar. Es cierto que lo único que perdió México fue algo de su dignidad y 6,000 elementos de la Guardia que reforzarán la frontera sur para evitar que los migrantes sigan llegando a Estados Unidos (y no para los intereses de nuestro país). Los mayores perdedores son los propios migrantes que buscan huir de la pobreza y la miseria, y el ganador no fue en sí Estados Unidos, sino Donald Trump, quien encontró en este acto una gran posibilidad para fortalecer su discurso de campaña, sobre todo para mantener contentas a sus bases. Y no sería extraño que sea este «acuerdo» el que haga la diferencia en unas elecciones donde Trump tiene posibilidades de reelegirse:

    Imagina cuando Trump vaya a esos estados de centro-sur de su país, a Alabama, Indiana, Nuevo México. Dirá que puso a México a sus pies, que los arrodilló, que él sí va a acabar el «problema» de los migrantes. Tiene con qué probarlo, no son palabras, son hechos, técnicamente hizo que México hiciera lo que él quisiera.

    Ciertamente, a estas alturas no había muchas alternativas. Tampoco podría recriminársele mucho a Marcelo Ebrard porque no podía hacer mucho más. La situación económica de México no es la mejor, y en cierta medida no lo es por las malas decisiones que se han tomado en nuestro país (cancelaciones de aeropuertos, refinerías poco viables, recortes excesivos, degradación de las calificadoras) y eso naturalmente no le permitía a México involucrarse en una guerra de aranceles. México estaba en la posición perdedora, parcialmente autoinflingida.

    En un contexto así, es absurdo festejar esto como un logro. La algarabía en Tijuana no se puede interpretar más allá de un mero control de daños. Básicamente porque Trump no estaba tan interesado en subir los aranceles (cuyo beneficio para Estados Unidos era altamente cuestionable) sino en la migración.

    Entonces hablar sobre cómo nos salvamos (que gracias al cielo la inversión no se va a desplomar ni el PIB se va a ir para abajo) no tiene sentido alguno porque Trump obtuvo lo que quiso. No es que lo hayan hecho entrar en razón, más bien el gobierno mexicano se sublevó a los caprichos del demagogo naranja que los chantajeó con la subida de los aranceles.

    Festejar ello es irrisorio, es algo bastante penoso. Curioso que sea un gobierno autollamado de izquierda el que haya llevado a cabo una de las más grandes manifestaciones de entreguismo de los últimos tiempos (ciertamente no había mucho margen de maniobra para hacer algo distinto), aunque los porristas o intelectuales orgánicos de este gobierno quieran convencernos de que ocurrió lo contrario.

  • ¿Por qué la vida nunca es injusta?

    ¿Por qué la vida nunca es injusta?

    ¿Por qué la vida nunca es injusta?

    La justicia es una construcción humana. Nosotros somos los que deliberamos lo que la justicia es y decidimos qué alcance debería tener.

    Lo que llamamos vida (o mundo) no es una construcción humana; ella nos trasciende, ella no tiene conciencia de sí y tan solo se rige por las leyes de la física a las que estamos sujetos todos los que formamos parte de ella.

    Y como la justicia es una construcción humana y la vida no lo es porque nos trasciende, no se puede nunca decir si la vida es justa o no porque es el ser humano el que hace la justicia, no la vida. Ella tan solo sigue un orden basado en un conjunto de leyes. Es decir, si bien la vida no procura la justicia (ya que esta última es una construcción humana) no es injusta per sé porque las leyes bajo las que se rige son iguales para todos.

    Decimos que la vida es o no justa por la expectativa que tenemos de ella y sobre cómo creemos que debería de ser, con lo cual estamos condenados a que nuestra apreciación sea subjetiva y atada a nuestros paradigmas y nuestra cultura. Peor aún, por lo anterior dicho, decir que la vida es justa o injusta es una ilusión.

    En todo caso, sólo podríamos limitarnos a decir que las demás personas son o no justas con base en lo que deliberamos de forma intersubjetiva lo que la justicia es o pensamos que debería de ser. Tendría que decirse si una persona o un conjunto de personas son justas con base en las leyes y las normas sociales. Y aún así nuestro concepto de justicia probablemente diferirá del vigente o socialmente aceptado:

    Para una persona la desigualdad no es un problema relacionado con la justicia, para otros sí. Y aún aquí hay grados: algunos piensan que la desigualdad no es injusta si no es meritocrática, otros piensan que la desigualdad per sé es injusta y que sólo podría haber justicia si todos tuvieran lo mismo, pero al mismo tiempo otros dirían que es injusto que quien se esfuerce más no pueda tener más.

    Pero «la vida» no tiene culpa de ello. Eso que llamamos vida, a pesar de que condiciona nuestra propia existencia con sus leyes, pareciera fungir como mera expectadora. No interviene, no modifica las leyes. La ley de la gravedad o las leyes de la termodinámica siempre son las mismas para todos. En realidad, la vida sigue tan campante dejándose llevar por sus propias leyes, sin intervenir siquiera en ellas porque no tiene conciencia de sí.

  • El primer triunfo de MORENA

    El primer triunfo de MORENA

    Foto: Fan Page oficial de Miguel Angel Barbosa en Facebook.

    AMLO sigue siendo muy popular. ¿Ha bajado en las encuestas? Sí, aunque al mismo nivel que ocurre con cualquier político que llega con preferencias sumamente altas. Sin embargo, su porcentaje de aprobación sigue siendo alto. Por eso AMLO se da el lujo de hacer recortes y despedir funcionarios porque, aunque ellos se decepcionen de AMLO, su popularidad es tan alta que podía darse el lujo de gastarse algo de ella para aplicar sus políticas públicas.

    No solo es cuestión de popularidad en términos de porcentaje, sino de la relación entre el político y quienes lo aprueban. No es lo mismo alguien que diga que aprueba a tal político porque cree que hace un buen trabajo a uno que lo aprueba porque cree que ese político representa un verdadero cambio y al cual la tiene fe. La relación entre AMLO y su electorado se parece más al segundo, y ello importa porque esa relación es más difícil de romper que la primera, la primera es producto de una evaluación programática y la segunda tiene más que ver con la fe.

    ¿Y cómo es que esta fe puede beneficiar al partido en su conjunto?

    Sí, el porcentaje de votos hacia MORENA cayó comparado con 2018 en todas las entidades cuando AMLO estaba presente en las boletas. Es evidente que eso ocurriría ya que no tienen las estructuras que tiene el PRI. Crear estructuras clientelares lleva tiempo y es necesario tener acceso a recursos para irlas consolidando. MORENA lleva 6 meses en el poder y no tiene la experiencia de los tricolores. Es evidente que trabajarán en crear y fortalecer estructuras de aquí al 2021.

    No es raro que en una elección estatal, legislativa o municipal, el número de votaciones baje. Primero, porque esas elecciones suelen generar menos interés (en Puebla solo votó el 30% del padrón). Segundo, porque la gente no siempre trasladará la imagen del candidato al partido.

    Pero lo que obtuvo le bastó a MORENA para ganar Puebla con un Barbosa que era repudiado incluso por algunos simpatizantes de AMLO les fue más que suficiente. He ahí el poder de la figura de AMLO, logró llevar a un candidato cuestionable y poco agradable al poder. Y mejor aún para ellos, lograron quitarle Baja California al PAN que gobernaba ahí desde hace 30 años. Un partido nuevo tiene ya en sus manos CDMX, Veracruz y Puebla, 3 de las entidades más grandes de México. Como sea, la figura de AMLO alcanza para trasladar votos a sus candidatos y que ganen gobernaturas. Yo no sé cómo algunos se atreven afirmar que MORENA fracasó o se llevó una derrota que la gente no quiere ver.

    Penoso sería lo que hizo el PAN, que celebró haber ganado algunas alcaldías en Aguascalientes después de que MORENA le arrebatara dos entidades federativas, y no entidades cualquiera.

  • Mi conversación con un xenófobo

    Mi conversación con un xenófobo

    Esto ocurrió en un grupo de Whatsapp de un movimiento de activismo político, y al cual me agregaron.

    Vi que muchas personas estaban compartiendo información que Gilberto Lozano estaba propagando en redes. Esa que decía que, producto del Pacto Mundial de Migración y de una supuesta agenda del Foro de Sao Paulo (para convertirnos en comunistas), este gobierno estaba dejando a entrar a migrantes de forma indiscriminada.

    Yo coloqué como respuesta un artículo de El Economista que exhibía con datos y gráficas que, contrario a lo que AMLO había prometido en campaña, el número de deportaciones en este sexenio no había bajado, sino subido. Incluso varios migrantes quemaron piñatas de Trump, AMLO y Olga Sánchez Cordero en protesta.

    Las respuestas que recibí por parte de algunos integrantes de ese chat fueron muy agresivas. Una persona empezó a colocarme muchas notas donde hablaban sobre cómo México estaba firmando acuerdos con países de Centroamérica, notas que no leyeron porque ahí mismo decía que dichos países buscarían mitigar el problema de la migración.

    Pero otra persona, que llamaremos Javier, me increpó diciéndome zombie y que no llegara a desinformar. Dijo que lo que dice Gilberto Lozano no es mentira, que todo forma parte de una agenda globalista. Me di cuenta que se trataba de un señor cuyo discurso tenía un fuerte contenido de xenofobia y racismo.

    Javier me comenzó a mandar mensajes de audio explicándome en qué consistía esa agenda. Se le notaba molesto, alterado, era evidente el tono de desprecio de su voz cuando se refería a los centroamericanos, chinos y árabes, a quienes se refirió como «gentuza» y gente «ignorante hambreada» para después intentar revirar y decir que no tiene problemas con los migrantes sino con quienes promueven esta «agenda globalista». Aún así después volvió a utilizar esos términos despectivos.

    Lo que me llamó más la atención de Javier, que me trajo sentimientos mixtos (algo de gracia y a la vez preocupación), fue cuando empezó a explicarme de qué iba esa agenda globalista que buscaba deliberadamente destruir a Europa y a Estados Unidos. Javier me explicó que en esa agenda macabra buscaban acabar las fronteras en el 2030. Me dijo que me fuera a investigar la agenda de la ONU, (seguramente se refiería a la agenda para el desarrollo sostenible de esta organización). Fui a consultarla, no porque me dejara con la duda, sino para demostrar que él no estaba en lo correcto, y en dicha agenda no viene ninguna propuesta para acabar con las fronteras. Lo único que dice al respecto es lo siguiente:

    Facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas.

    http://www.sela.org/media/2262361/agenda-2030-y-los-objetivos-de-desarrollo-sostenible.pdf

    Naturalmente eso no implica ni mucho menos la derogación de las fronteras y va en consonancia del Pacto Mundial de Migración donde dice que los países tienen derecho a establecer sus controles sobre migración.

    Javier me contó cómo en Europa hay muchos migrantes y cada vez se ven menos personas de origen francés en Francia, lo cual es cierto, pero eso no es producto de una conspiración oscura y secreta. Lo más cómico fue cuando me mencionó quiénes estaban detrás de esa agenda globalista: La Unión Europea, la ONU, los judíos, George Soros, los masones y el Vaticano.

    Sí. Según Javier, los masones y el Vaticano (la Iglesia), enemigos acérrimos e históricos, ¡estaban confabulados en la misma conspiración! O sea, dos organizaciones meramente occidentales y que han moldeado, por un decir, lo que Occidente es hoy, ¡estaban confabulados para destruir Occidente! No pude hacer nada más que soltar una carcajada.

    Pero esa carcajada se reprimió a sí misma cuando me puse a pensar que hay gente que de verdad cree eso, y que hay personas como Gilberto Lozano que están propagando esas ideas xenófobas de odio en contra de los migrantes. Javier coincide con Gilberto Lozano en que a México no solo van a llegar millones de chinos (que pocas razones tendrían para migrar a México con una economía que en tamaño está a punto de rebasar a la de EEUU) sino también árabes de ISIS.

    Por más que lo quisiera negar para no parecer «políticamente incorrecto», en su voz y en sus mismas palabras se notaba un fuerte desprecio a los migrantes. Javier estaba seguro de lo que me decía, estaba completamente convencido. Al final me dijo que me largara de ahí con mis «tonterías» y que dejara de desinformar. Hasta creyó que era un simpatizante de AMLO.

    Lo triste no es tanto que haya gente que piense así, sino que haya quienes, como Gilberto Lozano, estén propagando ese discurso de odio. Es cierto que quienes tenemos una postura más cercana al multiculturalismo debemos de ser críticos: podríamos preguntarnos si la migración a Europa fue excesiva o muy precipitada y qué tanto ello ha provocado el surgimiento de liderazgos de ultraderecha. También habría que preguntarnos si la oleada masiva de migrantes que hubo en México al final del gobierno de Peña Nieto y que resultó en un Estado rebasado y migrantes varados en las ciudades fronterizas ayudó a fortalecer este discurso.

    ¿Hasta qué punto un país podría recibir migrantes? ¿Debe haber controles? ¿Y cuáles? ¿Deberían ellos adaptarse al nuevo país o podrían atraer consigo mismos su propia cultura? Son preguntas razonables que nos podríamos contestar, pero ninguna respuesta puede llevar consigo un discurso de odio.

    Pero con todo ello, es cierto también que hay líderes como Lozano que están promoviendo un discurso de odio ante los migrantes que, hay que recordarlo, son seres humanos. Es de reconocer el papel de la Iglesia y de diversas agrupaciones religiosas en nuestro país en favor de los migrantes y que sirven de contención ante el crecimiento de los discursos xenófobos que muchos creyeron no existían en nuestro país (tal vez eso explique por qué algunas de estas teorías de la conspiración meten al Vaticano junto con los masones y la ONU dentro del mismo complot).

    La realidad, y como lo hemos visto a través de la historia de nuestro país, es que nuestra especie apunta hacia un mundo globalizado. Manifestaciones que van en contra de esa corriente como el nazismo, por más crueles en inhumanos hayan sido, no terminaron alterando ese rumbo globalizador cuyo proceso, como todo, no es estrictamente lineal pero cuya tendencia se percibe a lo lejos. ¿Habrá fronteras en el futuro? ¿Habrá naciones y aduanas? No lo sabemos. Lo que sí es cierto es que, al ser un mundo cada vez más interconectado y donde los ajenos se perciben cada vez un tanto menos ajenos, el proceso globalizador podría parecer una natural consecuencia.

    Tal vez ese México aislado y de fronteras bien selladas que quisiera ver Javier terminará siendo meramente una ilusión suya.