Autor: Cerebro

  • Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Hazme un pequeño favor: observa este video. Si eres una persona con la mínima capacidad para empatizar con el prójimo te va a indignar.

    En la semana, a raíz del momentum producto de la marcha y todo lo que ella generó, han aparecido más casos de mujeres que han sido violentadas. No es que se haya incrementado el número de casos, más bien es que han ganado más visibilidad. Pero de entre todos esos videos, me di a la tarea para elegir éste para entender de mejor forma la problemática y qué es lo que se debe hacer. De este video puedo concluir lo siguiente:

    Primero: la cultura machista existe. El video que acabas de ver lo deja muy en claro. Lo que acabas de ver no es un caso aislado, eso es algo que viven no pocas mujeres en el país. El hecho de que un hombre acostumbre golpear a una mujer no puede estar desligado de ello. A través de la fuerza, el hombre está acostumbrado a dominar a su mujer, lo cual en sí es una conducta machista.

    Segundo: La conducta violenta del individuo no se agota en el machismo. Es decir, el individuo evidentemente es machista, pero su conducta no es solo producto de sus creencias sino de algo más: de algún problema psicológico, de algún daño emocional o un desarrollo personal que fue muy deficiente. Es decir, esta persona difícilmente va a cambiar solamente haciéndolo consciente de su machismo, tal vez hasta se congratule por ello.

    Y tercero: Es evidente que la impunidad juega un papel muy importante en este caso. La falta de un Estado de derecho sólido y unas instituciones de seguridad que funcionen provocaron que el sujeto quedara impune y solo se le imputaran cargos hasta que la víctima exhibió los videos en redes (y lo cual evidentemente generó presión sobre el gobierno de la Ciudad de México). Si tuviéramos instituciones confiables, el tipo estaría detenido y la mujer fuera de peligro desde un inicio. También tendríamos en general menos homicidios y violencia en general, y la violencia a la mujer se reduciría manteniéndose la cultura machista al mismo nivel. Prueba de ello es que el número de mujeres asesinadas tiene cierta consonancia con el número de asesinatos en general.

    No solo se trata de cambiar la cultura, se trata de elevar el costo de agredir a una mujer.

    Pequeña propuesta para combatir la violencia contra la mujer

    Conclusión:

    El punto es que este problema tiene varias dimensiones y no solo una. Muchas personas reducen el problema a un problema de género, la contraparte dice que es una violencia como la que todos, hombres y mujeres sufrimos. El problema es que estos dos approaches son más bien parciales y por sí mismo no van a resolver el problema de fondo. Posiblemente reduzcan la tasa de violencia, pero no hasta un punto deseable porque no están atendiendo a todas las dimensiones del problema.

    Este problema debe ser atacado desde una perspectiva multidimensional que sí, abarque un enfoque de perspectiva de género que busque modificar la cultura del machismo. Pero también es importante procurar un tejido social sano de tal forma que sean menos las personas que se desarrollen con una psique seguramente lastimada como la de este hombre que ha hecho de la violencia una constante para resolver cualquier conflicto. Por último, muy importante también, es urgente crear instituciones de seguridad que funcionen, donde los criminales no queden impunes, donde el gobierno logre garantizar un nivel aceptable de seguridad a sus ciudadanos.

    En el caso que puse seguramente habrá muchos otros aspectos que no consideré, y mencioné los más relevantes para que mi punto se entendiera. Pero el argumento se entiende: un problema tan fuerte como la violencia, y sobre todo la violencia contra la mujer, es un problema que tiene muchas dimensiones. Por ello se deben de conocer todos los matices y todas las variables que están involucradas.

  • Felipe Calderón y el juicio de la historia

    Felipe Calderón y el juicio de la historia

    Cualquier presidente, por más honesto o corrupto que sea, estará preocupado por el juicio de la historia.

    El Presidente querrá que en la calle se diga que él hizo una buena gestión, que sean más las cosas buenas por las que se le recuerde que por las malas. Y es evidente, la presidencia es el punto más álgido de la carrera profesional, y tal vez la vida personal, de cualquier persona que logre llegar a ese cargo. Por eso es que algunos presidentes escriben sus memorias o hacen declaraciones tratando de defender su gestión.

    Pero también sería difícil hablar de un solo juicio de la historia. Se podría decir que solo hay uno cuando se trata de una decisión casi unánime de la sociedad gobernada. Pocos podrían darse el lujo de ello: tal vez algún primer ministro como Winston Churchill, o presidentes como Abraham Lincoln o George Washington en Estados Unidos podrían presumir que el juicio de la historia ha sido casi unánime ya que la gran mayoría de quienes conforman su país los aprueban. Tal vez ocurra lo contrario con presidentes mexicanos como Luis Echeverría o José López Portillo donde hay casi una unanimidad a la hora de señalarlos como malos presidentes.

    Pero en la práctica, la gran mayoría los presidentes no están sometidos a un solo juicio de la historia, sino a varios. ya que la sociedad no es homogénea, sino heterogénea, y el juicio que hagan los distintos integrantes de ésta serán diferentes. Felipe Calderón no es la excepción, y vaya que no lo es.

    El juicio no tiene por qué ser justo, el juicio es más que nada un relato, lo que se dice que hizo y no hizo, y no necesariamente un concienzudo análisis de los resultados que entregó. El juicio histórico es resultado de una percepción que generalmente está moldeada por los medios, por la misma oposición y, en muchos casos, por quienes se encargan de reescribir la historia que ha de ser transmitida por medio de las instituciones educativas, biografías, libros, columnas y tal vez hasta tuits.

    Felipe Calderòn fue uno de esos presidentes poco carismáticos y que no atraía muchas luminarias, de esos que gobernaban sin hacer mucho ruido. Se le retrataba como un hombre serio, algo antipático y que en muchos casos parecía estar enojado. Parecía una suerte de tecnócrata, frío, que no comunicaba mucho y que solo se concentraba en hacer su chamba, como uno de esos personajes que no ambiciona el poder, que solo tuvo la oportunidad de estar ahí y la tomó.

    Muy pocos tienen una fanática admiración por Calderón, pero es evidente que un sector quedó contento con su trabajo mientras que el otro hasta este momento le sigue guardando resentimiento (sobre todo ese que, ya estando en el poder, le recuerda el 2006) además de quienes sufrieron por la espiral de violencia que caracterizó a su sexenio. Por ello es que Calderón no podrá aspirar a un juicio unánime de la historia, se tendrá que conformar con que el discurso más dominante le favorezca, y por ello es que se ha abocado a hacer una gira para presentar su libro (y de paso, promocionar su organización México Libre que, hasta ahora, no ha logrado cosechar buenos números).

    Fotografía: sitio web de Felipe Calderón

    Tuve la oportunidad de asistir a una de sus conferencias y ésta me pareció más atinada que su libro. En la primera logró mostrarse como un mandatario que sabe lo que estaba haciendo, que tenía un profundo respeto por la técnica y la evidencia empírica, que trataba de involucrarse de alguna u otra forma en todas las áreas. El libro, al estar demasiado enfocado en los datos, puede parecer más bien algo tedioso (más para la gente poco familiarizada con dichos temas), y se parece más a un informe de gobierno.

    Hay quienes dicen que los mejores presidentes son esos, los que chambean sin hacer mucho ruido, los que se preocupan más por trabajar que por generar expectativas. Muchas veces así ocurre, pero no siempre ni mucho menos es condición necesaria. En mi humilde opinión no creo que haya sido un gran presidente, pero sí creo que ha sido el más rescatable de este nuevo milenio (por encima de Vicente Fox, Enrique Peña Nieto, y los primeros meses de AMLO). De todos los presidentes del siglo XXI ha sido el menos ruidoso pero posiblemente el más efectivo.

    Calderón puede presumir haber mantenido una economía estable y sólida, puede presumir de haber expandido la red de seguridad social y no lo contrario. No puede presumir, sin embargo, haber hecho muchas mejoras en la educación debido a la alianza que tejió con Elba Esther Gordillo para ganar las elecciones (lo cual se tradujo en unos números más bien mediocre y que repercute en una deficiente creación de capital humano cuyos efectos tienen impacto en el mediano y largo plazo) ni tuvo la suficiente perspicacia para lograr pasar muchas reformas que se quedaron atoradas. Sin embargo, sí se rescata la capacidad para tomar decisiones difíciles y sortearlas de buena forma como fue el caso del cierre de Luz y Fuerza del Centro, la contingencia del virus AH1N1 y, sobre todo, la crisis económica global.

    Evaluar la guerra contra el narcotráfico es un tanto más difícil y, a estas alturas, yo insisto en que pudo haberse hecho de mucho mejor forma (aunque me reservo un más profundo análisis por mi falta de conocimiento en ese tema). Si pudiera resumir la presidencia de Calderón en una frase sería: «un presidente que mantuvo el país a flote, estable y por buen rumbo, pero sin darle un empuje hacia adelante».

    El problema para Calderón es que, dado los resultados que arrojó, la evaluación que la gente haga de ese gobierno se tornará muy subjetiva (tal vez por eso haya visto conveniente dejar pasar un tiempo para darse a la tarea de dejar un relato que le favorezca) Por ejemplo, quienes viven en los estados donde la violencia del narcotráfico disminuyó se sintieron muy agradecidos con él, pero lo contrario ocurrió en aquellos donde ésta aumentó. Los resultados educativos son a veces difíciles de juzgar a simple vista ya que sus repercusiones son más bien a mediano y largo plazo. Otros temas como la sustentabilidad, que tanto dice apasionarle, y que ciertamente son importantes, pueden ser percibidos como algo técnico o algo que «la gente no entiende» como para que genere un gran impacto en el relato.

    Calderón acertar en tratar de modificar el relato en su favor ya después de haber estado en el poder. Hacer un buen gobierno no necesariamente va de la mano con la búsqueda del buen juicio de la historia. Lo primero es objetivo, lo segundo puede estar sesgado por las percepciones porque es más que nada un relato.

  • Todos somos posmodernos

    Todos somos posmodernos

    Todos somos posmodernos

    Ana fue a misa el domingo. No siempre va, pero trata. El miércoles fue al Reiki porque estaba muy estresada tratando de terminar su tesis sobre la historia del liberalismo económico (que ella defiende a capa y espada) en México. La otra vez subió una imagen sacada de una fan page feminista que hablaba sobre el número de mujeres violentadas en el último año mientras leía a Séneca, un filósofo estoico con el que se ha identificado mucho.

    El individuo de hoy ya no se explica el mundo por medio de una gran narrativa que le explique la realidad y le dé un sentido a su vida. Pareciera que a la gran mayoría de los individuos de nuestra época los metarrelatos le son insuficientes. Por ello es que, de forma pragmática, adoptan lo que le es conveniente de cada uno de ellos para formar su propio relato y así funcionar en el mundo. En este sentido Lyotard tenía razón cuando anunciaba el fin de dichos metarrelatos.

    Para el individuo de nuestros tiempos ya no hay una verdad universal, sino verdades propias que arma a través de su experiencia, como si la realidad fuera algo parecido a un mueble armable de Ikea. Ya no existe un marco de referencia absoluto, sino que cada quien construye su mundo y lo que único que pervive como absoluto es la idea de la dignidad del ser humano y los valores esenciales que se desprenden de esta idea (por ejemplo, que robar o matar es malo, que ayudar al prójimo es bueno). Los grandes relatos como el liberalismo, el cristianismo o el marxismo ya han dejado de ser absolutos para los seres humanos (incluso para muchos de quienes dicen profesarlos). Así, el sujeto, de forma pragmática, toma un poco de aquí y un poco de allá para construir su propia realidad y desde ahí tratar de entender al mundo y funcionar en él.

    Es como si esos metarrelatos ya no fueran suficientes para explicarse el mundo, como si el ser humano se hubiera percatado de que el mundo es lo suficiente complejo como para enmarcarlo dentro de ellos. Incluso los que dicen aborrecer el posmodernismo (aunque en realidad se refieran a los excesos de algunas corrientes filosóficas posmodernas) no son ajenos. Tomemos a un conservador católico que defiende una postura libertaria en el terreno económico. Las dos epistemologías pertenecen a dos metanarrativas distintas que en algún punto son incompatibles entre sí: ¿o quién se osaría a encontrar puntos de convergencia entre la filosofía de Ayn Rand y el personalismo característico de la doctrina católica del siglo XX? Esto sin ignorar las otras epistemologías a las que puede recurrir para explicarse otras cosas. Incluso figuras mediáticas como Jordan Peterson, quien arremete contra ese posmodernismo anteriormente mencionado, son posmodernas. Basta analizar cómo es que Peterson ha creado su propia narrativa a través de distintas influencias que parten de metanarrativa disímiles.

    Por eso el individuo ya no tiene héroes como sí los tenían nuestros antecesores. No es que no admire a nadie, es que si bien sigue teniendo personas que lo inspiran, asume que ellos son o eran también imperfectos, los despoja de su aura mítica y los percibe como meros hombres de carne y hueso.

    Por eso también es que se percibe que los partidos políticos se han vaciado de ideologías. Es ingenuo esperar que si el individuo ha dejado de explicarse la realidad por una gran narrativa, un partido no haga lo mismo. Basta a ver a los líderes más polémicos de nuestro continente como Donald Trump, Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro de Brasil quienes, a pesar de que a algunos les puedan parecer distintos, coinciden en ser posmodernos. Si bien, el pragmatismo es algo que ha sido constante y consistente dentro de la política, a diferencia de los políticos de antaño ninguno de ellos está sujeto a un metarrelato ni se definen como algo. El político en cuestión toma un poco de aquí y un poco de allá.

    Paradójico también es que sea algún movimiento como el feminismo (al que en muchas ocasiones se le señala como posmoderno por la influencia que algunos de los filósofos llamados posmodernos tienen sobre algunos sectores de este movimiento) sea lo único parecido a un metarrelato que esté ganando relevancia (mientras insistimos en que el liberalismo y el cristianismo están en crisis, y que el comunismo ya es casi una mera reliquia). Pero ni siquiera es que el feminismo pretenda explicarse la realidad por completo como lo harían el cristianismo y el marxismo, por lo cual señalarlo de forma estricta como un metarrelato estaría muy a debate.

    Lo que importa en nuestros tiempos es el pragmatismo, lo que importa es funcionar en el mundo, un mundo, como diría Bauman, muy líquido y cambiante, donde varios relatos confluyen a la vez como si distintas sustancias acuosas fluyeran por el mismo río, donde la única convicción que mantiene un punto de referencia es la idea de la dignidad humana.

    Y para finalizar, no son pocos quienes dicen que se trata de una crisis, otros dicen que se trata de una suerte de progreso ya que añade una capa más de abstracción sobre la forma en que interpretamos la realidad. Tal vez ambas tesis sean ciertas de cierta forma. Estamos en un periodo de crisis porque al darnos cuenta de la vasta complejidad de la realidad nos ponemos de frente a un mundo caótico y cambiante que no entendemos. Es como la crisis de un adolescente que no sabe quién es, no se siente comprendido y se pelea con sus padres, que intenta emanciparse pero todavía no lo logra porque es presa de sus emociones.

    En este caos percibimos todo como relativo porque todavía no entendemos el orden que está por encima de ese caos. En este sentido, sería ilusorio pensar que nuestra especie vaya a retornar de la posmodernidad a una etapa anterior. Más bien tendríamos que esperar lo contrario, que el ser humano supere la posmodernidad, no que retorne de ella. El adolescente no puede regresar a la niñez, tiene que convertirse en un adulto.

  • ¿Por qué hay una fuerte división frente a la marcha feminista del sábado?

    ¿Por qué hay una fuerte división frente a la marcha feminista del sábado?

    La postura sobre las marchas ha polarizado a la opinión pública. Unos condenan los destrozos y otros reclaman que ello es producto del fuerte hartazgo de las mujeres quienes siguen siendo violentadas. ¿Pero por qué la postura está polarizada? ¿Es que unos son machistas y otros no? ¿Es que algunos están «ideologizados» y otros no? ¿Algunas personas son más sensibles que otras? En realidad esas preguntas no nos pueden dar una respuesta completa, ya que ésta es más compleja y tiene también que ver con la forma en que los individuos conformamos nuestras posturas políticas.

    De acuerdo a Jonathan Haidt, nuestras posturas políticas son producto de muchas variables que van desde el temperamento (determinado genéticamente), la educación y la experiencia mediante las cuales construimos nuestra percepción del mundo. Estamos condenados a interpretar el mundo de manera subjetiva y cuando se habla de posturas políticas éstas no son la excepción. Ellas son más producto de la forma en que percibimos el mundo que de una deliberación meramente racional.

    De la misma forma, esta división (entre quienes son más conservadores o son más liberales, tomando el espectro estadounidense que Haidt utiliza) parece ser inherente a nuestra especie. Es decir, es imposible encontrarte una sociedad donde todos sean absolutamente conservadores o liberales. Si bien es cierto que cuando definimos conservadurismo y liberalismo como posturas políticas tendemos a hacerlo de una forma relativa al contexto (es decir, un conservadurismo del siglo XXI no va a defender necesariamente las mismas cosas que uno del siglo XIX) el espíritu sí permanece y es inmutable, lo cual se entiende si comprendemos los valores fundacionales sobre los que están basados.

    Es importante recalcar que las posturas políticas no determinan la calidad moral de quienes la profesan. Sería irresponsable decir que una persona es más buena que otra simplemente por su postura política.

    Haidt dice que dentro de las posturas políticas hay 5 valores fundacionales: El cuidado a los demás (proteger a otros del sufrimiento), la justicia, la libertad contra la opresión, el orden, la autoridad y la santidad (que se refiere a sentir repulsión ante cosas que son vistas como desviaciones de lo normal) y toma como referencia el espectro político estadounidense entre demócratas (liberales – progresistas) y republicanos (conservadores) así como los libertarios para explicar el valor que las distintas posturas le dan a estos valores.

    Los progresistas suelen apelar más a la justicia y al cuidado de los demás. Los libertarios son quienes, según Haidt, se preocupan menos por los demás, se preocupan más bien por la libertad y en una dosis menor por la justicia. Tanto los progresistas como los libertarios le toman poca importancia al orden, la autoridad y la santidad. Los conservadores le dan cierta importancia a todas las variables, aunque ni ellos ni los libertarios interpretan de la misma forma la justicia que los progresistas. Para estos últimos es justo, por ejemplo, que todos tengan seguro social y no haya mucha desigualdad, para los otros lo justo es que quien se esfuerce más gane más.

    Ilustraciones tomadas del libro The Righteous Mind de Jonathan Haidt.

    Con esto, podríamos entender mejor por qué las distintas posturas ante las marchas que vimos el día de ayer. Es importante recalcar que las posturas no son rígidas, se puede ser más o menos progresista, conservador moderado o conservador ortodoxo, y de la misma forma, no está de más señalar que también hay otros factores ajenos a las posturas políticas que pueden influir en la postura de un individuo hacia el tema de las marchas: por ejemplo, que una mujer haya vivido una violación o que una persona muy querida o cercana lo haya vivido, que seas afectado por los actos de vandalismo a que no lo seas, etc. De la misma forma hay quien pueda ser realmente insensible o albergue posturas machistas que no se explican por su postura política. Pero creo que el uso de los valores fundacionales sí nos puede dar un norte para entender de una u otra manera cómo es que las posturas políticas influyen sobremanera en la postura de eventos como la marcha de las feministas.

    Si tomamos la marcha de ayer, la gente con una tendencia liberal-progresista es la que más levantará la voz a favor de las mujeres pero la que tal vez minimice más los actos de vandalismo o, en el caso más radical, los celebre. El progresista apuesta al cambio por medio de la trasgresión del status quo para satisfacer sus valores fundacionales de justicia y cuidado a los demás.

    Los conservadores, en este sentido, sentirían desde las particularidades de su postura cierta preocupación e indignación por las mujeres violentadas, aunque lo harán desde el status quo y tomarán a éste como punto de referencia para hablar del problema. Por otra parte, ellos serían los más enojados y espantados por los actos vandálicos, y los que más exigirán castigar a los involucrados con todo el peso de la ley.

    Los libertarios analizarían el caso casi exclusivamente desde la libertad (negativa). Cuestionarían las violaciones menos que los otros dos desde la perspectiva de la indignación o del deseo de auxiliar a las víctimas, y lo harán más bien desde la perspectiva de que las violaciones representan una coerción a la libertad de las mujeres. Se escandalizarían menos que los conservadores por los destrozos aunque igual, criticarían el hecho en función de la libertad y la propiedad. Por ejemplo, que vandalizar una camioneta es un atentado contra la libertad y propiedad de los dueños.

    Es evidente que el tema es muy álgido, sin embargo, creo que estos ejercicios ayudan un poco a entender que somos individuos subjetivos y nos puede ayudar a tomar posturas un tanto más sensatas.

  • ¿Por qué se rompieron los vidrios?

    ¿Por qué se rompieron los vidrios?

    Madrugué dándole vueltas a la cabeza para escribir este artículo. Es uno de los artículos que más me ha costado escribir porque me ha obligado a hacer un ejercicio interno, de tratar de entender a las partes y llegar a mi propia conclusión (lo cual evidentemente no significa que vaya satisfacer a las distintas partes ni es la intención).

    ¿Les soy sincero? Me cuesta mucho trabajo indignarme por los vidrios rotos o por las paredes pintadas. Me cuesta trabajo ponerme en el lugar de quienes están indignados con lo ocurrido en las manifestaciones.

    Tengo un sentimiento como de «me vale madre»: al cabo se limpia, al cabo los vidrios, que son públicos y no son de alguna propiedad privada, la casa de una señora como para que alguien se viera afectado (lo que sí me habría molestado, por ejemplo), los vidrios se vuelven a poner, me dije. No entiendo por qué tendría que sentir indignación por eso, no es que sea correcto hacerlo ni es algo que aplauda. Es que, comparado con lo que se demanda, es irrelevante. Es como si sufriera un accidente automovilístico donde por alguna razón ajena a mí choco con un poste y quedo al borde de la muerte, pero nadie se preocupa por mí y todo el mundo se preocupa por el poste.

    Andrea Sánchez / Twitter

    Podemos cuestionar en un largo debate si esas son las mejores formas de manifestarse, pero en este contexto eso es un tema secundario, lo que sí sabemos es que es el efecto de una profunda y fuerte indignación. Me llama la atención que en las redes se hable más de los vidrios en sí que de los casos de violación que ocurren una y otra vez en México (independientemente de que el caso que fue la gota que derramó el vaso haya sido verídico o no, que es ahora lo que se discute). Me pregunto si son los vidrios los que realmente causan esa indignación.

    ¿Son los vidrios? ¿O es que causa resquemor ver a las mujeres exigiendo en las calles que no sean violentadas? No dudo que haya quienes legítimamente estén preocupados por los conatos de violencia y por las formas, pero temo que hay varias personas a las que más bien les preocupa la segunda razón.

    Me trato de poner en el lugar de una mujer que ha sido violada, que se ha sentido ultrajada o abusada, donde el Estado de derecho es lo suficientemente débil para que te ignoren las autoridades y la verdad es que tal vez a mí me darían ganas de romper cosas. Ese sería mi primer pulso instintivo. Me recuerdan a mi yo de la primaria, al que le hacían bullying y cuyos maestros no hacían nada. Yo en ese entonces azotaba puertas y hasta le dije a un profe que fuera a chingar a su madre porque era una forma de llamar la atención para que alguien hiciera algo, porque yo no tenía la fuerza para defenderme de los bullies y porque a los maestros les valía madre, incluso alguno llegaba a divertirse.

    ¿Es lo más asertivo? No lo sé, al menos para mí no lo fue y eso lo descubrí con el tiempo. Yo decidí no dejar carcomerme por el dolor y el resentimiento que tenía porque no me llevaba a ningún lado. Ellas sabrán si aquello que me ocurrió pudiera aplicar para ellas o no porqué posiblemente no termine de entender qué es lo que ellas sienten, y creo que no soy quien para decirles qué hacer ni sé si mi caso siquiera aplique como analogía o no. Eso es algo que a mí no me corresponde. Ellas son quienes deciden cómo llevar a cabo su movimiento y ellas son las que asumen sus aciertos o sus errores.

    Twitter / Alejandra Crail

    En esta vorágine muchas personas no se dan cuenta que detrás de muchas de ellas hay muchas historias de profundo dolor, muy posiblemente mucho más profundo que el que yo tenía. Lo que más teme una mujer en su vida es ser violada, no sólo por el acto en sí, sino por el significado y el juicio de la sociedad. El daño en muchos casos es irreparable y yo no soy la mejor persona para dimensionarlo de la mejor forma.

    Ellas gritan, rompen vidrios y rayan paredes porque no encuentran respuesta en ningún lado, ni con las autoridades (que se dicen de izquierda) ni con la sociedad. Ellas se sienten solas y frustradas como yo me sentía. Lo que ocurrió no es fortuito: la realidad, todos los efectos, son producto de una causa, no son gratuitos ni son hechos disconexos. Si alguien se enoja y se indigna es que debe haber algo que hizo que se indignara.

    ¿Hubo excesos? Sí. Pero también es cierto que en cualquier causa reivindicativa la posibilidad de que haya excesos es latente. También, como en cualquier movimiento, hay sectores radicalizados. Las sufragistas, aquellas mujeres que lucharon por su derecho al voto (lo cual costó mucho, y basta ver la gran distancia entre los años en que ganaron el derecho en los distintos países), esas que son señaladas por alguno como ejemplo de «feminismo liberal apegado a la civilidad» también llegaron a hacer destrozos y se involucraron en peleas con los policías. De hecho, los parecidos entre aquel feminismo y el actual son más bien muy asombrosos. A las mujeres las ridiculizaban como locas o como brujas, e incluso había algunas mujeres que formaban ligas en contra de las sufragistas. También hubo este tipo de manifestaciones dentro de la lucha de los negros e incluso Martin Luther King, quien representaba la vertiente pacifista, llegó a decir que «los motines son el lenguaje de los que no son escuchados».

    En una manifestación en la cual la gente está enojada e indignada hay quienes pueden salirse de control, son los riesgos que tienen marchas que parten desde la indignación y donde las emociones están a flor de piel. También es cierto que el comportamiento en masa suele ser distinto a nuestro comportamiento individual.

    Sin embargo, sí debo decir que hubo algunos actos que no puedo justificar de ninguna forma y que se deben señalar como que unas mujeres arrojaran brillantina al reportero que había sido golpeado por un hombre, o que una periodista de Milenio y un repartidor de Uber fueran agredidos así como también la camioneta de unas zapatistas feministas sufrió destrozos al punto en que ellas no pudieron regresar, sin olvidar la cobarde agresión que recibió un reportero por parte de un intruso que nada tenía que ver con el movimiento. Se deben reconocer pero no debe de distraernos de lo más importante, que también explica (aunque no justifique) los excesos que he mencionado. Tenemos que escuchar el mensaje.

    Y tal vez no estás poniendo atención porque tu foco siguen siendo solamente esos excesos a los que ves como hechos disconexos (efectos) y no las causas a las que están ligadas (que muchas mujeres siguen siendo violadas o violentadas sin que pase absolutamente nada y sin que puedan hacer nada). Porque los efectos no van a desaparecer hasta que las causas hayan sido combatidas. Si la violencia contra las mujeres sigue, van a seguir organizando marchas y una vez que se abrió la caja de pandora no es como que vayan a parar. En un mundo idílico donde hubiera equidad de género y donde no hubiera numerosos casos de violaciones, las mujeres no tendrían la necesidad de salir a la calle y hacer ruido, no tendría sentido siquiera.

    Y la verdad es que los hombres no tenemos derecho a quejarnos de lo ocurrido si nosotros no ponemos nuestro grano de arena, si nosotros no combatimos la violencia de género desde nuestras trincheras, si no señalamos, reprendemos y denunciamos a aquella persona que ha abusado de una mujer, si no nos preguntamos si nuestros comportamientos limitan o hacen menos a las mujeres. Estoy de acuerdo, no debe de ser una batalla entre mujeres y hombres sino en contra del machismo y la falta de equidad de género, pero si la causa se desvía a ello, entonces nosotros seremos corresponsables por no haber hecho nada.

    Twitter / Alfonso Nava

    ¿Que las mujeres pueden aprovecharse de los hombres? Sí (y créeme que en alguna ocasión alguna mujer me ha herido de forma fea). Pero las mujeres en muchos sentidos se encuentran en desventaja: son menos fuertes físicamente (lo cual hace que a un hombre le esa relativamente fácil violar a una mujer) y, a diferencia de nosotros, las mujeres son todavía afectadas por algunos paradigmas y creencias que no se han ido del todo y gracias a las cuales ellas llegan a sentir que les es un tanto más difícil que al hombre llegar a puestos de poder o tener la misma relevancia. Es cierto, se ha avanzado mucho con respecto del pasado y eso es innegable, pero tampoco podemos hablar todavía de una situación de equidad.

    Y es que no tienes que tratar el tema «ideológicamente», más allá de las ideologías que puedan profesar las diferentes activistas. Tampoco debes estar necesariamente de acuerdo con el ideario feminista (yo tengo algunas discrepancias que he expresado en este espacio), ni con las formas o los métodos, ni mucho menos se te pide que los aplaudas, sino que escuches el mensaje, que empatices, que te pongas en sus zapatos.

    Y es que se trata de ir a lo más básico, es tan simple y no tiene mucha ciencia porque todo parte del hecho de que el ser humano es digno y valioso por el mero hecho de serlo, y en ese entendido, ninguna persona puede ser violentada ni ninguna persona debería tener distinta consideración por su género (y las otras dimensiones que caracterizan al ser humano).

    Como en cualquier conflicto, las mujeres quieren que los hombres que tienen conductas machistas cedan, y lo que piden es totalmente justo: ya no quieren abusos sexuales ni violencia.

    Y nadie dijo que una causa social iba a ser muy cómoda, así con tazas de café y galletas pidiendo permiso para no incomodar. Es evidente, dado que han agotado muchas posibilidades y, frustradas, no han visto avances.

    Esos vidrios rotos son un mensaje, y hay que entenderlo.

    Porque si el problema persiste, ellas ya no se van a detener. Y si logramos que se detenga, ¡vualá! Estas manifestaciones que tanto incomodan desaparecerán del mapa. Si temes que estas manifestaciones se radicalicen cada vez más, entonces habría que hacer algo de nuestro lado y combatir ese problema que tanto les aqueja.

  • 10 cosas que debes saber antes de hacer análisis sociales y políticos

    10 cosas que debes saber antes de hacer análisis sociales y políticos

    1) La realidad que percibes y que quieres analizar es necesariamente efecto de una causa o de una multiplicidad de causas. A su vez, cada una de esas causas es efecto de otra causa y así ad infinitum. Ya sea que te preguntes por qué se acabó el papel del baño o por qué tal político ganó las elecciones, todo es efecto de una o varias causas anteriores.

    2) A su vez, un conflicto político o social es producto no solo de una causa, sino de muchísimas causas que conforman esa causa mayor y que es la más visible. Puedo decir: las feministas rompieron unos vidrios porque los policías violaron a una mujer. Pero de ahí se desprenden muchas otras causas: por ej, quienes hicieron eso lo hicieron por distintas razones: tal vez una de ellas era amiga íntima de la víctima y le dolió en lo más profundo del corazón; otra tal vez no tenía relación con la víctima pero se acordó cuando ella misma fue violentada cuando era más jóven y ello le motivó a ir a manifestarse. A la vez, todo ello es efecto de otras causas que están interconectadas dentro de una cadena cuyo inicio tal vez no podamos rastrear.

    3) Casi siempre la discusión política se reduce a un conflicto binario (ricos vs pobres, chairos vs fifís, oficialistas vs opositores). Pero para hacer un buen análisis, habiendo entendiendo los dos puntos anteriores donde todo es un efecto de una diversas causas, se debe ir más allá y ser capaz de ver todos los matices y la escala de grises.

    4) Es imposible dejar de ser subjetivo a la hora de analizar la realidad ya que nuestra interpretación del mundo está construido por nuestra experiencia y nuestro temperamento. Todo análisis es, por definición, subjetivo. Y esto quiere decir que siempre existirá la posibilidad de que alguien más analice o interprete un hecho de tal forma que nunca se te hubiera ocurrido. Peor aún, nuestros sesgos cognitivos también juegan un papel a la hora de hacer estos juicios. Es imposible despojarnos de subjetividades, pero si reconoces que tus juicios son subjetivos y que los sesgos cognitivos están ahí merodeando, será más posible que hagas un análisis más sensato a que ignores todo esto y pienses que tu juicio es objetivo y necesariamente el más acertado.

    5) Sin embargo, los hechos por sí mismos son objetivos. Un descenso del 5% en el PIB, aunque sea interpretado y analizado desde distintas perspectivas subjetivas, siempre será un descenso del 5% en el PIB y no otra cosa.

    6) Siempre, por más que pequeña que sea, hay alguna posibilidad de que estés equivocado. Tómalo en cuenta antes de hacer tus análisis porque eso te ayudará a ser más humilde y te hará más receptivo a escuchar lo que otros dicen. Escucha también a lo que dicen aquellos que hacen análisis desde otras disciplinas distintas a la tuya. Posiblemente te lleves una gran sorpresa.

    7) Todo significante o concepto que resida dentro de la mente de uno (subjetivo) o varios individuos (intersubjetivo) y no pueda existir sin un ser humano que lo conciba o interprete es una construcción social: los significantes, las marcas, el dinero, la cultura y hasta las naciones. Toda cosa que resida fuera de la mente del individuo no es una construcción, sino que es una realidad objetiva como tal, aunque el individuo solo pueda interpretarlo subjetiva y fenoménicamente: una montaña o el sol. Ello siempre debe tomarse en consideración a la hora de hacer análisis.

    8) Para conocer la verdad de la forma más fiel posible, siempre deberá de darse preferencia a un estudio cuantitativo bien diseñado como el que arroja que el 30% de los niños lloraron el día en que fueron por primera vez a la escuela en vez de conformarnos con una estremecedora historia sobre cómo un niño lloró y pataleó en su primer día de clases e inferir de ahí que todos los niños sufren al ingresar a la escuela por primera vez. A la hora de hacer análisis, los datos recogidos por instrumentos diseñados para ello siempre serán más fieles que las historias que apelan a las emociones.

    9) Quien quiera hacer un buen análisis debe saber contextualizar y entender el contexto en el que un suceso tuvo lugar. Por poner un ejemplo, no se puede juzgar de la misma forma a un individuo que tenía un esclavo en el siglo XVIII a alguien que tiene un esclavo en el siglo XXI, dado que las realidades y los paradigmas bajo los que se desenvolvieron eran muy distintos a los nuestros.

    10) Y por último, contextualízate a ti mismo. Entiende que cuando haces un análisis, no lo haces desde una realidad total que te permite llegar a la cumbre de la objetividad porque no tienes acceso a esa realidad total ni tienes sabiduría absoluta que te permita desprenderte de tu contexto. Estás condenado a hacer tus juicios desde tu contexto, desde tu forma de entender el mundo la cual tiene mucha relación con la cultura en la que te desenvuelves. Si quieres tener una visión lo más amplia y menos condicionada posible, tendrás que abrirte, cultivarte más y conocer otras realidades. Aún así, nunca podrás alcanzar la sabiduría total, por lo cual siempre estarás condicionado, de una u otra forma, por tu entorno, por tu cultura y por la forma en que has construido tu realidad del mundo a través de la experiencia.

  • Sobre la depresión y la ansiedad, Gibrán tiene otros datos

    Sobre la depresión y la ansiedad, Gibrán tiene otros datos

    Les cuento un poco de mi historia contra la ansiedad. Digamos que yo tengo un cuadro de ansiedad que me volvía un tanto aprehensivo y, peor aún, me generaban ataques de vez en cuando, ataques que tanto en lo físico como en lo psicológico son una pesadilla.

    Naturalmente este trastorno afectaba mi calidad de vida. Desde hace más de 10 años busqué una cura o algo que lo parara. Intenté todo: fui con psiquiatras, neurólogos, iba a terapia. Incluso bajé de peso y me puse a hacer ejercicio. El problema, de alguna u otra forma, seguía ahí.

    No fue hasta hace dos años que di con la sertralina, un medicamento que para mi suerte es demasiado barato (gasto $140 pesos al mes). A los pocos días la ansiedad se redujo al mínimo. De tener unos 5 ataques al año, en estos últimos dos solo he tenido uno y de intensidad mucho menor a los que tenía antes. En el día a día yo me siento mucho mejor y mi calidad de vida se disparó.

    Evidentemente no todo fue gracias a la sertralina. La terapia me ayudó, el hecho de que haga ejercicio me ayuda, es una combinación de varios factores, pero es muy evidente el cambio desde que comencé a tomar el medicamento.

    ¿A qué viene todo esto?

    Resulta que Gibrán Ramírez, el ya famoso comentarista oficialista, escribió una columna donde, con base en un libro que leyó llamado «Lost Connections» de Jonathan Hari, esbozó algunos argumentos que me parecen alarmantes. Gibrán comienza afirmando que la depresión «está ligada a la pérdida del sentido, a la soledad, y las pérdidas del respeto y el estatus» y que no está ligada a una condición orgánica. Podría, por mi experiencia, decir que esa afirmación no es completamente falsa (el hecho de que haya algo, un evento o experiencia dura que la pueda detonar), pero después argumenta que los medicamentos son básicamente placebos que no funcionan, y que es una mera estrategia de las industrias farmacológicas para enriquecerse a nuestras expensas.

    Me parece evidente que Gibrán no ha vivido un cuadro de depresión o ansiedad como el que muchas personas hemos pasado para decir que los medicamentos no son útiles y que basta con acudir a «soluciones alternativas» que ni se molesta en mencionar.

    Muchas de las personas que hemos padecido este tipo de cuadros no recurrimos solamente a las medicinas. De hecho, en mi caso, no fue el primer recurso e incluso soy de la idea de recurrir a ellas solo cuando es estrictamente necesario. Yo comencé con terapias y de hecho fue el mismo terapeuta quien me recomendó buscar alguna solución medicamentosa porque veía que el problema estaba fuera de mis manos y tenía que ser combatido desde muchos flancos (la misma terapia, ejercicio, vida saludable y medicación). Actualmente me mantengo bien no solo por el medicamento sino por todas las otras actividades que llevo a cabo.

    Gibrán asegura que prácticamente ninguna medicina funciona. Quien ha tenido este tipo de problemas sabe que encontrar la fórmula para contener el problema no es algo que ocurra de la noche a la mañana y el doctor debe tratar distintas dosis y medicamentos para dar con el remedio adecuado porque estos cuadros no se manifiestan de la misma forma y porque nuestros organismos no reaccionan de la misma forma. Si fuera un efecto placebo como dice Gibrán, ¿cómo es que los primeros medicamentos con los que los doctores trataron de solucionar mi problema no surtieron mucho efecto, y con la Sertralina sí sentí un cambio drástico? ¿Cómo es posible parar todos esos ataques y esa ansiedad solo por «sugestión mental» y autoengaño? Si fuera así, la homepatía, con sus chochos placebo, ya habría salvado la vida de millones de personas.

    A Gibrán, sin conocer absolutamente nada de medicina, de forma muy poco ética e irresponsable, se le hizo fácil leer un libro para hacer afirmaciones categóricas de algo que es lo suficientemente delicado como lo es la salud mental y que deberían corresponder a un farmacólogo o un doctor experto en el tema y no a alguien que no domina ese tema y que apenas ha leído un libro que, según él, muestra evidencia, aunque muchos doctores se le fueron encima en redes e incluso compartieron información para probar que Gibrán estaba equivocado.

    ¿Qué pasaría si una persona que tiene un cuadro severo de depresión o ansiedad lee su columna y se convence de que los medicamentos no sirven? Hay temas donde lo mejor, para quienes no somos médicos ni expertos, es cerrar la boca.

    Imagen
    Fuente: https://twitter.com/hematologo/status/1161308010800648193
  • ¿Y alguien se quiere acordar del PRI?

    ¿Y alguien se quiere acordar del PRI?

    ¿Y alguien se quiere acordar del PRI?
    Foto: Fan Page de Alejandro Moreno Cárdenas.

    Entre acusaciones de fraude dentro del propio PRI, Alejandro Moreno Cárdenas «Alito» se convirtió en el próximo dirigente del partido de forma muy contundente. Hay quienes ven en él a alguien que va a reformar el partido, otros dicen que representa el continuismo (del peñismo) y que solo podrá aspirar a ser un partido satélite bajo la falda de MORENA.

    Pero ¿tiene futuro el PRI? Algunos creen que va a volver a resurgir porque logró regresar al poder después de la derrota año 2000, por su oficio y por el mero hecho de ser el partido más tradicional e importante de México.

    La verdad, el PRI la tiene bastante más difícil de lo que los más entusiastas creen.

    La razón de ser del PRI siempre han sido sus estructuras corporativas con las cuales movilizan a gente para ganar elecciones. El PRI se ha caracterizado no solo por tejer una red clientelar con sus bases, sino que también es el campeón en operarlas, cosa que ningún otro partido en México sabe hacer. Esto incluye también a sindicatos y demás organizaciones que históricamente han estado adheridas al partido.

    Esta capacidad operativa explica mucho por qué resurgió después de las derrotas del 2000 y 2006 que dejaron al partido dividido. Al fin y al cabo, su «maquinita» estaba ahí lista para usarse. Pero también explica por qué se antoja difícil que vuelva a resurgir.

    Pero de aquí se desprenden muchos problemas: así como las estructuras explican por qué el PRI resurgió, estas mismas explican por qué se antoja complicado que el PRI resurja de nuevo.

    Resulta que las estructuras del PRI han estado envejeciendo. El PRI es el único partido que muestra una correlación directa entre mayor edad y mayor número de simpatizantes. Es principalmente la gente grande, y no tanto la gente joven, la que compone estas estructuras. Ello ya se notó en el 2012, donde para regresar al poder necesitaron echar mano no solo de ellas, sino de un candidato muy vendible y atractivo como lo era Enrique Peña Nieto.

    Como esas estructuras ya no le van a alcanzar al PRI (lo cual quedó patente en las elecciones intermedias del 2015 y, sobre todo, en 2018), entonces tendrían que aspirar a crear estructuras corporativas dentro de los más jóvenes. Pero ello es mucho más difícil, ya que los jóvenes no necesariamente operan bajo el mismo paradigma bajo el cual operaban los más grandes. En tiempos anteriores (y lo cual se puede palpar en todas las democracias occidentales) la gente adquiría simpatía por un partido o movimiento y siempre, ocurriera lo que ocurriera, votaba por él. Los obreros votaban por los partidos socialistas o socialdemócratas, y le gente más pudiente por los partidos de derecha. Este efecto en México tenía un toque corporativista que no existía en Estados Unidos o Europa, pero el patrón de una u otra forma se repetía. Ahora la gente es mucho más pragmática y puede, sin problema alguno, votar por distintos partidos o llevar a cabo un voto diferenciado, lo cual es un gran problema para crear estructuras, ya que los jóvenes no se van a comprometer como lo hacían sus padres o sus abuelos.

    Pero los problemas con las estructuras no terminan aquí. A diferencia del 2000, el acceso que tiene el PRI al presupuesto es muy limitado. La misma sabiduría priísta impresa en la frase «vivir fuera del presupuesto es vivir en el error» habla sobre el problema que esto implica.

    A diferencia del 2000, donde el PAN hizo poco por crear sus bases clientelares y corporativas, el PRI observa frustrado como MORENA sí intentará, de alguna manera, crear redes clientelares a través de programas sociales e intentará (o más bien ya lo está haciendo) arrebatarle algunas de sus estructuras. Ellos tienen el presupuesto y, por lo tanto, tienen mucho más ofrecer el PRI que, de entre sus gobernadores, solo uno está al frente de un estado importante (Alfredo del Mazo en el Estado de México), y es posible que en 2021 el PRI pierda más gobernadores. Y si bien es muy difícil que MORENA logre crear un sistema de estructuras como las del PRI por lo anteriormente señalado y por su falta de expertise y organización, sí le basta como poner en jaque al PRI quien verá cómo parte de su clientela prefiere adoptar a MORENA porque tienen más que ofrecerles.

    Foto: Fan Page de Alejandro Moreno Cárdenas.

    Y si ya no hay estructuras suficientes para ganar, entonces el PRI podría aspirar a hacer lo que hace cualquier partido: convencer a la gente de que vote por ellos, pero aquí la cosa se pone mucho más complicada.

    Primero, porque la imagen del PRI está demasiado desgastada. Todos los casos de corrupción desde los cercanos al gobierno de Peña hasta los de los Duarte, los Borge y demás «pandilla» son muy recientes y no parece que vayan a olvidarse muy pronto. Lo peor es que estos casos no son excepcionales, sino que refuerzan el concepto que muchas personas ya tenían del PRI desde mucho antes.

    Segundo, porque la Cuarta Transformación se ha robado casi todo el simbolismo que le daba esencia al PRI: el nacionalismo, la justicia social. La 4T ha creado una narrativa lo suficientemente sólida como para que el PRI pueda aspirar a construir una que le compita. Más bien es el PRI mismo el que ha fortalecido el discurso de López Obrador.

    Tercero: Porque ideológicamente el PRI y MORENA son más bien similares e incluso la forma de aglutinar integrantes de todas las ideologías es asombrosamente parecida. Si la gente quiere echar a MORENA del poder, preferirán votar por algo que contraste con MORENA y no por una opción que les parezca más similar y se traslape en el compás ideológico.

    Cuarto: Porque, en dado caso de que, como dicen los más pesimistas, el gobierno de AMLO derivara en una crisis económica o en un caos, la gente difícilmente verá como mejor alternativa a un partido como el PRI que también ha estado marcado históricamente por crisis económicas (Echeverría, López Portillo y Salinas se siguen viendo recientes) que a otro partido, como el PAN o alguna otra iniciativa liberal, que les evoque mayor orden y disciplina fiscal.

    Quinto: Porque, dicho todo esto, el PRI está imposibilitado para crear una narrativa consistente y creíble, que sería indispensable para poder atraer voto útil a su favor.

    Sexto: Porque la todavía incipiente oposición que está comenzando a crecer tiene poco que ver con el ethos del PRI. La oposición más patente es de derecha o es liberal, que muy poco se identifica con el corporativismo tricolor. Con el tiempo, esta oposición buscará alguna organización o partido para representarse políticamente y, evidentemente, ese no será el PRI.

    El PRI se ha encontrado con una nueva realidad que no le favorece en nada, una en la cual tal vez ni siquiera tenga reservado un espacio. Las acusaciones de fraude en las elecciones internas, y detalles como el hecho de que la compañera de fórmula de Alito. Carolina Viggiano, es esposa de Rubén Moreira, solo le muestran a la gente que el PRI es el mismo de siempre.

    Un resurgimiento del PRI se antoja excesivamente difícil, tiene todas las fichas en su contra.