
No son pocas veces las que se repite esta creencia de que la gente ya no está interesada en la filosofía, como si ésta estuviera condenada a morir vencida por lo frívolo y por la técnica.
Pero eso, me temo, es absolutamente falso.
A ver, la filosofía siempre ha sido un gusto de una minoría, y lo es así por las barreras de entrada que esta disciplina tiene: la filosofía no es fácil y requiere cierta dedicación, incluso si se le quiere tomar como hobbie. No es evidente, como entonces se debería pensar, que las generaciones anteriores (nuestros padres y abuelos) tuvieran un gran gusto por la filosofía. Siempre han sido los menos los que se han apasionado por este tema, ¿o acaso tus padres y abuelos siempre discutían de Hegel o Kant en las comidas de nochebuena? Me parece que muy pocos responderán positivamente a esta pregunta.
Por el contrario, me parece que gracias a Internet parece haber un resurgimiento de la filosofía. Gracias a esta herramienta, la filosofía ha podido ser acercada a la gente fuera de los contextos académicos como nunca antes.
En esta posmodernidad tan líquida, donde tantas narrativas distintas confluyen en el aire sin que alguna de ellas tenga el peso dominante que tenían antaño; donde la misma rebeldía, en forma de tatuajes, música pesada, cabellos de colores y remeras, ha sido básicamente absorbida por el status quo transformada en un producto que se ha puesto a la venta, la filosofía ha ayudado a más de uno a explicarse este mundo tan confuso para darle forma. Hay quienes recurren a los clásicos, a los griegos, a los estoicos, o a los medievales (religiosos), o a los ilustrados, o a los existencialistas, los analíticos o hasta a los posmodernos. El lector de hoy se encuentra con una gran cantidad de filósofos tan distintos entre sí.
Tampoco es como que hayan desaparecido los filósofos. Los grandes filósofos generalmente aparecen muy de vez en cuando, no es que abunden. Y si bien, en la actualidad no tenemos a alguien de la talla de Kant o Aristóteles, sí tenemos con vida a Habermas, a Zizek o a Byung-Chul Han entre otros. Y a diferencia de tiempos pasados (hasta hace apenas algunas décadas) Internet se ha convertido en un catalizador donde distintos filósofos pueden interactuar para formar alguna corriente de pensamiento, donde el pensamiento de otros filósofos puede ser propagado por medios como Youtube o donde las conferencias de pensadores eminentes pueden ser colgadas en Internet.
Filósofos como Zizek se han convertido en una suerte de influencers con lo cual logran promover la filosofía entre la gente. Basta ver cómo el debate que sostuvo Zizek con el psicólogo Jordan Peterson causó mucho revuelo. Allá en Youtube hay muchos divulgadores de la filosofía en español que utilizan distintos formatos, ahí está Monitor Fantasma que acerca la filosofía a la gente de una forma muy amena, ahí está también La Fonda Filosófica de Darin McNabb desde una perspectiva un tanto más académica que ayuda a reforzar los conocimientos de quienes ya se han introducido en esta disciplina. Ya no digamos de los canales de Youtube de habla inglesa que existen por montones y en muchísimos formatos. No sin ignorar los esfuerzos que se han hecho en otros formatos, ejemplo de ellos es la serie de Merlí que se transmite por Netflix, la cual ha hecho que más de uno se interese en la filosofía.
Mucho se dice que en los contenidos académicos están priorizando la técnica sobre la filosofía. Pero ésta, a su vez, ha encontrado muchos más canales gracias a Internet. Ya no necesitas necesariamente tener al amigo experto o mentor que te introduzca en la filosofía, ya puedes hacerlo por ti mismo gracias a las herramientas que ofrece Internet. Mejor aún, la mayoría de los libros de filosofía pueden ser encontrados de forma gratuita en las redes (dado que no están sujetos a derechos de autor por su antigüedad) cuyo contenido puede ser reforzado por la infinidad de contenidos, videos y tutoriales en Internet.
El pensamiento filosófico no se ha ido. Por el contrario, pareciera que en los últimos años ha cobrado mayor relevancia y, a pesar de lo que algunos pesimistas dicen, está muy lejos de desaparecer. En esta sociedad tan tecnificada la filosofía nos sigue siendo de mucha ayuda para explicarnos el mundo y para aprender a pensar. Esa técnica, que se dice, desprecia a la filosofía, al final termina potenciándola, dado que los recursos que la técnica misma produce, ayudan a crear los vasos comunicantes y las redes de distribución para que la filosofía llegue a más gente.
En nuestros tiempos se sigue hablando mucho de Aristóteles, de Santo Tomás, de Kant, de Hegel, de Nietzsche, de Russell o de Foucault, y no parece que vayan a ser dejados de lado en mucho tiempo por el simple hecho de que, de alguna forma, constituyen parte de los cimientos de nuestras sociedades. El pensamiento filosófico, el cual ha sido retomado una y otra vez, sigue moldeando a nuestras sociedades y nos sigue ayudando a interpretarlas.














