Autor: Cerebro

  • El resurgimiento de la filosofía en tiempos de Internet

    El resurgimiento de la filosofía en tiempos de Internet

    No son pocas veces las que se repite esta creencia de que la gente ya no está interesada en la filosofía, como si ésta estuviera condenada a morir vencida por lo frívolo y por la técnica.

    Pero eso, me temo, es absolutamente falso.

    A ver, la filosofía siempre ha sido un gusto de una minoría, y lo es así por las barreras de entrada que esta disciplina tiene: la filosofía no es fácil y requiere cierta dedicación, incluso si se le quiere tomar como hobbie. No es evidente, como entonces se debería pensar, que las generaciones anteriores (nuestros padres y abuelos) tuvieran un gran gusto por la filosofía. Siempre han sido los menos los que se han apasionado por este tema, ¿o acaso tus padres y abuelos siempre discutían de Hegel o Kant en las comidas de nochebuena? Me parece que muy pocos responderán positivamente a esta pregunta.

    Por el contrario, me parece que gracias a Internet parece haber un resurgimiento de la filosofía. Gracias a esta herramienta, la filosofía ha podido ser acercada a la gente fuera de los contextos académicos como nunca antes.

    En esta posmodernidad tan líquida, donde tantas narrativas distintas confluyen en el aire sin que alguna de ellas tenga el peso dominante que tenían antaño; donde la misma rebeldía, en forma de tatuajes, música pesada, cabellos de colores y remeras, ha sido básicamente absorbida por el status quo transformada en un producto que se ha puesto a la venta, la filosofía ha ayudado a más de uno a explicarse este mundo tan confuso para darle forma. Hay quienes recurren a los clásicos, a los griegos, a los estoicos, o a los medievales (religiosos), o a los ilustrados, o a los existencialistas, los analíticos o hasta a los posmodernos. El lector de hoy se encuentra con una gran cantidad de filósofos tan distintos entre sí.

    Tampoco es como que hayan desaparecido los filósofos. Los grandes filósofos generalmente aparecen muy de vez en cuando, no es que abunden. Y si bien, en la actualidad no tenemos a alguien de la talla de Kant o Aristóteles, sí tenemos con vida a Habermas, a Zizek o a Byung-Chul Han entre otros. Y a diferencia de tiempos pasados (hasta hace apenas algunas décadas) Internet se ha convertido en un catalizador donde distintos filósofos pueden interactuar para formar alguna corriente de pensamiento, donde el pensamiento de otros filósofos puede ser propagado por medios como Youtube o donde las conferencias de pensadores eminentes pueden ser colgadas en Internet.

    Filósofos como Zizek se han convertido en una suerte de influencers con lo cual logran promover la filosofía entre la gente. Basta ver cómo el debate que sostuvo Zizek con el psicólogo Jordan Peterson causó mucho revuelo. Allá en Youtube hay muchos divulgadores de la filosofía en español que utilizan distintos formatos, ahí está Monitor Fantasma que acerca la filosofía a la gente de una forma muy amena, ahí está también La Fonda Filosófica de Darin McNabb desde una perspectiva un tanto más académica que ayuda a reforzar los conocimientos de quienes ya se han introducido en esta disciplina. Ya no digamos de los canales de Youtube de habla inglesa que existen por montones y en muchísimos formatos. No sin ignorar los esfuerzos que se han hecho en otros formatos, ejemplo de ellos es la serie de Merlí que se transmite por Netflix, la cual ha hecho que más de uno se interese en la filosofía.

    Mucho se dice que en los contenidos académicos están priorizando la técnica sobre la filosofía. Pero ésta, a su vez, ha encontrado muchos más canales gracias a Internet. Ya no necesitas necesariamente tener al amigo experto o mentor que te introduzca en la filosofía, ya puedes hacerlo por ti mismo gracias a las herramientas que ofrece Internet. Mejor aún, la mayoría de los libros de filosofía pueden ser encontrados de forma gratuita en las redes (dado que no están sujetos a derechos de autor por su antigüedad) cuyo contenido puede ser reforzado por la infinidad de contenidos, videos y tutoriales en Internet.

    El pensamiento filosófico no se ha ido. Por el contrario, pareciera que en los últimos años ha cobrado mayor relevancia y, a pesar de lo que algunos pesimistas dicen, está muy lejos de desaparecer. En esta sociedad tan tecnificada la filosofía nos sigue siendo de mucha ayuda para explicarnos el mundo y para aprender a pensar. Esa técnica, que se dice, desprecia a la filosofía, al final termina potenciándola, dado que los recursos que la técnica misma produce, ayudan a crear los vasos comunicantes y las redes de distribución para que la filosofía llegue a más gente.

    En nuestros tiempos se sigue hablando mucho de Aristóteles, de Santo Tomás, de Kant, de Hegel, de Nietzsche, de Russell o de Foucault, y no parece que vayan a ser dejados de lado en mucho tiempo por el simple hecho de que, de alguna forma, constituyen parte de los cimientos de nuestras sociedades. El pensamiento filosófico, el cual ha sido retomado una y otra vez, sigue moldeando a nuestras sociedades y nos sigue ayudando a interpretarlas.

  • De universidades, ideologías y libertad de cátedra

    De universidades, ideologías y libertad de cátedra

    Es complicado que una universidad no muestre cierta tendencia ideológica. Mantener un equilibrio absoluto en este sentido es muy difícil. Hay quienes insisten en la promoción de libertad de cátedra para llegar a ese equilibrio absoluto donde todas las voces tengan igual peso. Sin embargo, en la práctica se requeriría lo contrario: restringir la libertad de cátedra de tal forma que pueda lograrse una igualdad de proporciones en cuanto a ideologías políticas por medio de cuotas.

    Pero la libertad de cátedra sí garantiza algo y por ello es que es indispensable en una universidad pública: y es que, asumiendo que en una institución universitaria haya una inclinación, se garantiza cierta pluralidad de tal forma que el alumnado acceda a corrientes distintas a la dominante.

    Las universidades públicas suelen tener cierta tendencia a la izquierda. De hecho, cualquier universidad que insista en fomentar el espíritu crítico tendrá, de alguna u otra manera, alguna inclinación a la izquierda ya que la izquierda suele cuestionar el status quo mientras que en una «universidad de derechas» como la UP o la Universidad Anáhuac tenderán a promover una serie de valores preestablecidos que requieren que el alumno entienda y no cuestione. Por eso, generalmente las universidades de Estados Unidos y los países europeos suelen mostrar cierta inclinación a la izquierda o al progresismo, sobre todo en las humanidades (aunque no es falso que en los últimos años algunas de ellas se hayan inclinado en exceso con los inconvenientes que mencionaré en el siguiente párrafo).

    Las universidades, sin embargo, tampoco deben estar demasiado cargadas a la izquierda si no quieren perder el espíritu crítico. Para desarrollarlo es indispensable exponerse ante distintas corrientes de pensamiento. Cuando una institución se carga mucho a la izquierda, termina por emular una conducta análoga a las universidades de derecha que tanto dicen aborrecer, ya que se vuelve sectaria y dogmática.

    Una universidad pública, más que ninguna otra, debe fomentar el espíritu crítico y aceptar una pluralidad de opiniones (más allá de su natural inclinación) por el simple hecho de que es pública. Como es una universidad pública que financian los ciudadanos con sus impuestos entonces debería poder representar, de una u otra forma, a todos. Una universidad privada no está obligada a ello por el hecho de que es privada y por el hecho de que no aspira a representar a toda la ciudadanía (ni mucho menos está obligada), sino solo a un sector que comulgue con sus ideas. Así, vemos universidades conservadoras como la UP o el Anahuac, universidades más «tecnocráticas» como el ITAM o el ITESM, u otras más liberales y progresistas como la IBERO (ITESO).

    Lo que aconteció en la UNAM, donde los alumnos tomaron la Facultad de Ciencias Políticas porque no estaban de acuerdo con que Ricardo Anaya diera clases en un diplomado, debe de ser reprobable porque atenta contra la libertad de cátedra que se debe esperar de una universidad pública.

    Incluso la carta que presentaron muestra no un contenido propio de un alumnado con espíritu crítico sino uno dogmático gracias al cual pueden recibir ideas falaces y aceptarlas sin cuestionarlas:

    Primero: dicen que Ricardo Anaya es de ultraderecha. Esta afirmación no se sigue ni en lo económico ni en lo social. Cuando mucho, Ricardo Anaya puede catalogarse como un político de centro-derecha. No es eminentemente «neoliberal» en lo económico, dado los orígenes filosóficos de su partido (que vimos puestos en la práctica en el gobierno de Felipe Calderón): su concepto (de origen católico) de subsidiariedad que siempre ha acompañado a su partido requiere de cierta participación del Estado en la economía, y lo cual se palpó en la candidatura de Anaya con la propuesta del Ingreso Básico Universal. No es gratuito que en los sexenios «neoliberales» del PAN se haya reducido la desigualdad y se haya expandido, de una u otra forma, el Estado de bienestar (con el Seguro Popular, por ejemplo). Ricardo Anaya tampoco me parece que sea una persona muy conservadora en lo social, a diferencia de algunos miembros de su partido.

    Segundo: hablan de una «ultraderecha neoliberal fascista militarista y asesina». Con excepción de alguna corriente minoritaria dentro de ese partido (como el Yunque, que tampoco alcanza a ser fascista ni mucho menos asesina), la mayor parte del PAN, y sobre todo la encarnada por Ricardo Anaya, es más cercana al centro político. Dan por sentado que el neoliberalismo (un término demasiado ambiguo que suele utilizarse de forma peyotativa) implica el militarismo y el fascismo, lo cual es absolutamente falso. Intuyen que están relacionados porque en el Chile de Pinochet se implementaron políticas liberales auspiciadas por Estados Unidos, pero esa es casi una excepción a la regla. Países que suelen poner de ejemplo en sus argumentos como México y Colombia han hecho uso de la milicia por razones ajenas al sistema económico (el narcotráfico). De la misma forma, hemos visto regímenes de izquierda con una fuerte participación de la milicia como el de Chávez y Maduro.

    En resumen, podemos ver cómo estos estudiantes no aspiran al uso del espíritu crítico y mucho menos a la libertad de cátedra, sino que aspiran al adoctrinamiento y al dogmatismo mediante el uso de ideas que, como no son cuestionadas ni por ellos mismos, no son rebatidas y caen en el absurdo. Así, la facultad corre el riesgo de perder su universalidad y que puedan ayudar a formar mejores alumnos para que, en cambio, produzcan meros peones ideológicos sin capacidad de cuestionar y cuestionarse.

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  • Conflicto entre generaciones

    Conflicto entre generaciones

    Conflicto entre generaciones

    ¿Por qué entre las generaciones no nos entendemos? ¿Por qué señalamos a unos como arcaicos o retrógradas y a otros les acusamos la incapacidad de seguir los roles que esperábamos que siguieran?

    Partamos desde el principio: los seres humanos construimos nuestra percepción del mundo de forma subjetiva con base en nuestra educación y nuestra experiencia: con lo que recibimos de los medios, de las corrientes filosóficas vigentes y dominantes. Es esa construcción la que nos separa del hombre primitivo en estado de naturaleza. Es esa construcción paradigmática que, con todos sus defectos, nos permite vivir en una sociedad siguiendo reglas y apegándonos a un sistema de valores.

    La sociedad y la cultura, tal y como se nos manifiestan, moldean esa percepción de la realidad que tenemos. Es a partir de esa construcción paradigmática desde donde hacemos juicios y desde donde construimos nuestros anhelos.

    Es cierto, no todos construimos la realidad de la misma forma ni necesariamente nos exponemos a la misma información o sistema de valores (basta ver las distintas ideologías y formas de pensar que coexisten en nuestro mundo). Pero es claro que, por encima de esta multiplicidad, hay un relato más dominante, de tal forma que podemos distinguir las diferencias entre los paradigmas de nuestra generación y las generaciones pasadas. Incluso uno se puede percatar de que, en una sociedad tan globalizada y occidentalizada como la nuestra, existen algunas reminiscencias o patrones de ese paradigma (propio del sistema occidental) en sociedades no occidentales.

    Como la cultura y la sociedad no son cosas rígidas sino que van mutando de forma progresiva a través del tiempo, una persona joven y una persona mayor no construyen su realidad a partir de la misma sociedad y cultura, sino desde una relativamente distinta, lo que quiere decir que no perciben la realidad exactamente de la misma manera, y lo cual es el origen del conflicto generacional.

    Todos estos términos como «baby boomers«, «generación x» o «millennials» son básicamente formas de categorizar a la sociedad con respecto al paradigma de su tiempo. Tal vez sean un tanto arbitrarios, pero su mera existencia y uso explica que tenemos la capacidad de distinguir que los seres humanos crecemos bajo ciertos paradigmas típicos de nuestro tiempo.

    Los jóvenes y los mayores caemos en el error de juzgarnos como asumiendo que todos operamos bajo el mismo paradigma, lo cual nos lleva a la contundente resolución de que el otro está mal y no comprendemos «cómo es que no entiende y agarra la onda», y como dice el Abuelo Simpson, si no entendemos esto, al crecer nos vamos a ubicar en el mismo dilema que los grandes a los que cuestionamos y nuestros hijos serán los jóvenes que nos cuestionarán.

    Ciertamente, ambos paradigmas (el de los mayores y el de los jóvenes) no son completamente diferentes. No se trata de un rompimiento, sino que una es una derivación de la otra y la última no se termina de explicar sin la anterior (prueba de que no existe ese rompimiento por completo es la transmisión de valores de la gente mayor a la gente joven). Un paradigma es una acumulación histórica de conocimiento, de significantes, de conceptos, de valores que se someten al avance del tiempo, cuya mayoría permanecen pero algunos otros cambian.

    Pero, aunque uno sea casi en todos los casos una derivación del otro, los paradigmas no serán lo suficientemente iguales como para que ambas generaciones puedan entenderse sin necesidad de comprender que no perciben la realidad de forma idéntica.

    Y en una posmodernidad tan cambiante como la nuestra, donde el continuo cuestionamiento de los propios paradigmas se suma al vigoroso avance de las tecnologías que han modificado de manera abrupta los canales de comunicación y, por ende, la forma en que se transmite la información y los valores, hace que este contínuo y progresivo cambiar del paradigma sea más veloz y más agitado, con lo cual es muy posible que una generación se sienta aún más alienada con respecto de la otra.

    Dicho esto, la única forma en que el joven y el mayor podrán entenderse es a partir de la empatía, de ponerse en el lugar del otro, de tratar, en la medida de lo posible, de entender el paradigma del otro y simular que están percibiendo la realidad a partir de éste.

  • ¿On ta el gen gay?

    ¿On ta el gen gay?

    ¿On ta el gen gay?

    La homosexualidad es una orientación que nos ha acompañado a lo largo de la historia de nuestra especie humana. En muchos de los casos ésta ha sido prohibida, restringida o estigmatizada. Inclusive, en varios de los países menos desarrollados del mundo sigue siendo un delito. Pero lo cierto es que siempre ha estado ahí.

    La homosexualidad entonces es una constante. La variable más bien ha sido la actitud que la sociedad toma hacia quienes son homosexuales. Dicha variable ha ido cambiando en los últimos años al lograr, de forma progresiva, una mayor inclusión hacia ellos dentro de la sociedad.

    Hace apenas unos días apareció un interesante y revelador estudio que tumbaba la teoría de que existía un gen gay (como algunos sugerían) y que más bien refuerza lo que se venía diciendo: que la homosexualidad es producto de una combinación genética (en la que no participa un gen, sino variantes genéticas, como ocurre con la altura y otros rasgos) así como factores ambientales y culturales, lo cual lo convierte en un tema muy complicado: No es exclusivamente genético, pero no es algo exclusivamente cultural o social como para sugerir que se trata de una «desviación» meramente provocada por factores sociales que pueda «curarse con terapias de conversión sexual». El estudio es importante sobre todo porque es el primero que toma una muestra lo significativamente grande (utilizaron datos de 470,000 voluntarios).

    Espero que la ciencia pueda usarse para educar a la gente un poco más acerca de lo natural y normal que es el comportamiento homosexual.

    Benjamin Neale, genetista del Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Harvard (The New York Times)

    Algunos ultraconservadores (agrego el término «ultra» ya que hay conservadores con posturas mucho más sensatas y no quiero que se caiga en la generalización), como temieron algunos de los genetistas involucrados en el estudio, tergiversaron los hallazgos que este estudio arrojó, o de plano solo leyeron los encabezados para sugerir que todos los seres humanos son heterosexuales y que de ahí se siga que la homosexualidad es una enfermedad.

    Un ejemplo es esta imagen colgado por ConFamilia en sus redes sociales. Ellos dicen que la ciencia dice que «nadie nace gay». Pero el estudio no afirma eso, más bien afirma que «la homosexualidad no se explica por un único gen, sino por diversas variantes genéticas en conjunto con el ambiente y diversos factores sociales».

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    Pero los resultados que arroja el estudio no abona a su causa, sino todo lo contrario:

    Los ultraconservadores insisten que la homosexualidad es una enfermedad no por el hecho de que sea una enfermedad en sí, sino porque temen que la homosexualidad trastoque el orden social como ellos lo conciben o creen que deben de ser. Pero entonces si lo que les preocupa es que sea una enfermedad, ¿por qué insisten mucho más en ella que en cualquier otra enfermedad? La respuesta es muy simple: al categorizar a la homosexualidad como enfermedad entonces tienen un argumento para combatirla y arrinconarla. Al categorizarla como enfermedad pueden señalar la homosexualidad como una anomalía o una desviación que es imperativo curar.

    Como lo que a los ultraconservadores les motiva no es el hecho de que sea una enfermedad, sino el temor a que se trastoque el orden social, si encontraran un argumento para combatir la homosexualidad que no tenga que ver con la enfermedad, entonces lo utilizarían. Algo así podría haber pasado si se hubiera descubierto que la homosexualidad estuviera determinada por un «gen gay» ya que pudieran sugerir entonces combatir la homosexualidad a partir de la genética y habrían argumentado que se trata de una anomalía genética, como ocurre con el Síndrome de Down.

    Pero al encontrar que no es una sino diversas variables las causas de la orientación sexual y que se trata de algo sumamente complejo, entonces se encontrarán con que es muy difícil combatirla y erradicarla. Si algo es producto de diversas variables genéticas, del ambiente y de la cultura (donde entra también el hecho de que en una sociedad más tolerante con los homosexuales más personas respondan de forma positiva a las preguntas) ¿entonces por dónde pueden empezar?

    De hecho ¿bajo qué argumentos pueden sostener que la homosexualidad es una enfermedad? ¿Por el hecho de que estuvo categorizada como trastorno en el DSM donde fue catalogada como tal de forma muy arbitraria y que tuvo que ser eliminada por presión de muchos colectivos, una batalla que amenazaría con revelar la naturaleza espuria de su taxonomía? Además, las enfermedades que conocemos y categorizamos como tal pueden o no tener factores genéticos inmiscuidos y coincidimos que es una enfermedad por la afectación que ésta trae en nuestro cuerpo y nuestra psique. Entonces ¿Por qué entonces si la homosexualidad es una enfermedad como dicen, la gran mayoría de los «afectados» no están urgidos en curarse como ocurre con cualquier enfermedad? En este sentido, para los ultraconservadores lo que revela el estudio no les debería dar siquiera argumentos para sostener que la homosexualidad se trata de una enfermedad. Ellos pretenden sostener esta correlación, pero son los mismos científicos que ejecutaron el estudio los que alertan de que no se tergiversen los hallazgos para este fin.

    Evidentemente, conforme más se avance en el terreno de la ciencia, más se sabrá por qué hay personas que tienen una diferente orientación sexual. El conocimiento que tenemos todavía es limitado para entender cómo es que las condicionantes genéticas interactúan con el entorno.

    Y para concluir ¿por qué tendríamos siquiera que hablar de combatir la homosexualidad? ¿Por qué no deberíamos mejor respetar la autodeterminación de las personas?

  • ¿Qué es eso de Futuro 21?

    ¿Qué es eso de Futuro 21?

    ¿Qué es eso de Futuro 21?

    No es la primera vez que alguien quiere formar alguna suerte de oposición hacia la Cuarta Transformación. Hemos visto algunas iniciativas ciudadanas y hemos vistos a los partidos tradicionales tratar de fungir como tal sin siquiera entender qué fue lo que pasó. En general, ninguna de estas iniciativas ha logrado algo rescatable que pueda tener preocupado a un gobierno que sigue campante con su mayoría absoluta y sus altos niveles de aprobación.

    Tan solo la prensa y algunas organizaciones o think tanks son las que han generado alguna incomodidad al gobierno actual, pero no más.

    En este contexto surge Futuro 21, el cual será un nuevo partido que no tendrá que cumplir con los engorrosos requisitos para conformarse, ya que utilizará el registro hasta ahora tiene el PRD que desaparecerá para dar paso a esta iniciativa que, por cierto, está formado por muchos perredistas como Miguel Ángel Mancera, Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Fernando Belaunzarán así otros políticos como Gabriel Quadri y el ex priísta José Narro.

    Este partido pretende tener una postura entre centrista o socialdemócrata, aunque la vez pareciera pretender ser transversal en lo ideológico como para acaparar el mayor número posible de los indignados que se vayan acumulando con este gobierno (lo cual en sí me parece un acierto). Ortega y Zambrano son hombres de izquierda, mientras que Quadri es un liberal que de pronto llega a flirtear con iniciativas conservadoras como Vox en España.

    Pero tal vez ese sea el único acierto, porque de ahí en más no vemos nada nuevo bajo el sol. Esto suena más bien a un rebranding del PRD que, producto de sus últimas decisiones (como ir junto con el PAN en varias elecciones incluyendo la presidencial), ha perdido su identidad. Pero Futuro 21 no nos muestra algo nuevo más allá del cambio de nombre y la incorporación de alguno que otro elemento.

    Futuro 21 está conformado por elementos de la misma clase política que fue barrida en las elecciones pasadas. No se trata de una nueva cosa que ha surgido desligada de la clase política, sino de la reedición de aquella otra que fue desechada por el electorado. Muchos de ellos fueron derrotados en elecciones pasadas y, peor aún, muchos de ellos son personas imponentes (de esas que buscan brillar sobre los demás) de diversos colores y sabores que en algún momento podrán entrar en disputas o conflictos. Quadri, Belaunzarán, Jesús Zambrano o Rubén Aguilar son de esas personas que les gusta estar al frente del atril.

    Peor aún es el nombre que han elegido, no solo porque adoptaron prácticamente el mismo nombre que el nuevo partido de los wikis ya había adoptado, que no es un nombre que se destaque por su originalidad, sino que al parecer le agregaron fecha de caducidad. El 21 claramente apela a las elecciones intermedias del 2021. Pero ¿qué va a pasar después? ¿Qué le van a ofrecer al electorado más allá de ese año? El nombre, que pareciera salir de una agencia publicitaria de medio pelo, es ya de por sí confuso y en realidad no dice nada.

    Y para terminarla de amolar, el domingo, el día del Informe (primer o tercero) de López Obrador, organizaron una marcha a la cual invitaron a participar incluso a organizaciones reaccionarias como Chalecos Amarillos. Lo que iba a ser una «mega marcha» fue un rotundo fracaso ya que al parecer apenas lograron conglomerar a poco más de 1,000 personas.

    Es casi hasta iluso esperar que la clase política pasada sea la que vaya a lograr conformar un movimiento opositor en el cual los ciudadanos que no simpaticen con AMLO encuentren un refugio. Me queda claro que para que surja una oposición que incomode al gobierno actual tendrán que surgir nuevos líderes que no hayan emanado de esa clase política que fue casi desterrada en las urnas.

  • El Primer Informe que fue Tercer Informe

    El Primer Informe que fue Tercer Informe

    El Primer Informe que fue Tercer Informe
    Foto: Fan Page de Andrés Manuel López Obrador

    Varios nos topamos con la sorpresa de que este no era el Primer Informe sino el Tercer Informe. Así lo rezaba la pared colocada en el escenario.

    Pero luego López Obrador presumió el informe físico en sus manos, el cual decía Primer Informe en su portada.

    Nos aclararon que era el Tercer Informe porque el primero era aquél que había hecho a los 100 días de su gobierno y el segundo era el del aniversario de su triunfo en las urnas. Algunos comenzaron a bromear que entonces las mañaneras deberían contarse como informes.

    La duda será si para el Informe del año que viene (el oficial), el gobierno seguirá siguiendo ese orden que, de una forma un tanto arbitraria ha establecido, es decir, un Cuarto Informe (a menos que se acumulen más informes del día de hoy al del siguiente año), o será simplemente Segundo Informe.

    Son de esos detalles que parecen insignificantes pero que dicen mucho. El orden institucional diría que éste fue el Primer Informe, pero la narrativa que pretende crear este gobierno, y que parece fungir en paralelo con el propio orden institucional, nos dice que se trata de un Tercer Informe. Como si dos realidades distintas pudieran coexistir al mismo tiempo.

    No es, desde luego, un error. El detalle fue colocado a propósito. El fin era básicamente que prestaras atención a él para resaltar aún más su narrativa y el símbolo, para que notaras todavía más el contraste de su gobierno con los informes pasados, para que notaras que este gobierno es distinto y que está haciendo las cosas de otra forma. Desde esa perspectiva es una genialidad, y nadie puede rebatir la capacidad que tienen AMLO y su equipo de manejar el discurso.

    De hecho, este informe tuvo el propósito de fortalecer esa narrativa sobre la que se asienta este gobierno. A diferencia de los informes pasados, vimos uno más austero: no había un gran desplante, no había pantallas ni un escenario magnánimo. Basta comparar su informe con el del año pasado.

    El escenario era muy simple, pero muy bien preparado. Además del detalle del «Tercer Informe», solo se encuentra el atril presidencial y una silla, la cual es exactamente igual a las que se le colocaron a los asistentes y que son simples sillas que se utilizan para cualquier conferencia.

    A diferencia de Peña Nieto, López Obrador no echó mano de ningún apoyo multimedia. Mientras que informe de Peña estaba lleno de mini spots que complementaban lo que el ex Presidente decía, con AMLO solo vimos a un presidente hablando, con un juego de tomas austero que apuntaban a él y al público asistente. El informe no se transmitió en cadena nacional. López Obrador no portó la banda presidencial (la cual solo usará el 15 de septiembre), aunque si en algo guardó los órdenes institucionales es en no tener el atrevimiento de romper los protocolos y hacerlo en público, sino que, al igual que en informes pasados, vimos ahí al poder político y empresarial quienes se sentaron frente a un escenario muy simple y austero. Ahí estaban los gobernadores, los altos mandos del ejército, ahí estaban Carlos Slim, Germán Larrea, y los empresarios prominentes. El informe fue irruptor hasta donde tuvo necesidad de serlo, lo suficiente irruptor para reforzar la narrativa, pero sin caer en rampantes exageraciones.

    Si bien sí recurrió a datos y cifras, el informe de AMLO echó más mano de lo simbólico que los de sexenios pasados. Con él, buscó reforzar su narrativa y explicar lo que considera que fueron sus logros en función de dicha narrativa: «A diferencia de los gobiernos neoliberales, nosotros hemos hecho tal o cual cosa».

    Nadie puede rebatir el hecho de que en lo simbólico AMLO ha logrado marcar un notorio contraste con los informes de sexenios anteriores y nadie puede negar que lo haya hecho bien. Nadie puede negar el dominio que AMLO y los suyos tienen sobre el relato, el cual explica los altos niveles de aprobación que AMLO ostenta.

    La narrativa, al parecer, no ha perdido solidez. Los errores que ha cometido este gobierno y las incongruencias con el relato (la más reciente tiene que ver con Manuel Bartlett y sus casas) no lo han afectado mucho, el cual sigue siendo imponente y logra jugar incluso con sus opositores (quienes todavía no han logrado crear alguno medianamente decente). Se atreve a decir que ya hay Estado de derecho, que ya hay democracia, que los opositores (conservadores) están moralmente derrotados mientras que «el pueblo está feliz, feliz».

    Es curioso que, en medio de esta austeridad, se haya hablado más de este informe que de muchos otros. Más que los datos, fue lo simbólico, el terreno desde el cual este gobierno sigue dominando y que, ciertamente, tiene preocupados a los opositores, porque a pesar de los errores que este gobierno ha cometido y a pesar de las preocupaciones que se tiene sobre de él (muchas de ellas, legítimas) sigue allá arriba, muy popular, feliz, feliz.

    En el informe de hoy nada fue casualidad, así como no fue casualidad su «no es por presumir» en los spots que antecedieron a dicho evento. Todo tuvo su función, hasta el más mínimo detalle lo tuvo.

  • Cuando tu historial de Twitter te destruya

    Cuando tu historial de Twitter te destruya

    Cuando tu historial de Twitter te destruya

    Ya mucho se ha escrito sobre la forma en que las redes sociales han cambiado la forma de comunicarnos e incluso de hacer política. Pero hoy quiero hacer énfasis en uno de los rasgos más relevantes: tu historial de Twitter.

    Resulta que en Twitter podemos llegar a escribir cualquier cosa de forma desenfadada, podemos echar a andar nuestros prejuicios y decir aquello que nunca hubiéramos la osadía de decir en persona para no sufrir el escarnio de los presentes.

    Pero tus tuits, esos que parecían tan inofensivos, se van guardando en tu historial. No desaparecen a menos de que los borres. Pasa el tiempo y ya ni siquiera recuerdas que hayas escrito esas barbaridades, pero ahí están, almacenados en un servidor en quien sabe qué parte del mundo. No importa si es de hace 10 años. Todo lo que está almacenado en Twitter está al alcance de cualquiera con una pequeña búsqueda.

    Pero luego ese tuit misógino que escribiste (aunque ya no pienses así ni por asomo), ese tuit que critica duramente a la empresa o al gobierno para el cual trabajas, todos esos tuits están ahí escondidos pero de alguna forma listos para arruinarte la vida.

    Para muchos esto es una bendición cuando se trata de casos de políticos, como si se tratara de un mecanismo de transparencia, porque en muchas ocasiones basta con hurgar en su historial de tuits para ver cómo se contradicen, cómo criticaban eso que ahora ellos hacen. En muchas ocasiones es útil, pero no siempre es el caso:

    Ocurre que una persona puede revisar el historial de otra con el fin explícito de calumniarla. Por lo general, la gente no pone mucho empeño en tratar de entender lo que ocurrió ni el contexto, porque a veces no tiene siquiera el tiempo. Si me convierto en una persona famosa recientemente y dije un comentario discriminatorio en 2011, tal vez no muchas personas reparen que en estos últimos 8 años mi postura cambió, que maduré y que yo ya no pienso así. Posiblemente era un mocoso de 18 años que todavía no maduraba. Aún así, posiblemente la gente me etiquete por ello, sobre todo si soy una figura pública.

    El acusado entonces se verá en la necesidad de escribir una carta de hacer una videodeclaración explicando el contexto de ese tuit para que la gente lo comprenda. Pero aún así, no toda la gente va a ver el video o va leer el texto, y es muy posible que algunas personas no le crean, por lo cual no tiene asegurada la posibilidad de que la opinión pública rectifique.

    También es posible que la gente no entienda el contexto del tuit. Hay contenidos que sí son lo suficientemente explícitos como para juzgarlos por sí solos, pero muchos otros no y aún así muchas personas suelen hacer juicios categóricos con base en esos 280 caracteres sin reparar en nada más. Tal vez la gente lo malinterprete, defina de forma arbitraria eso que malinterpretó y difunda mi tuit con su particular interpretación, cosa que ocurre no pocas veces.

    Twitter es una herramienta maravillosa, pero también puede ser un arma de doble filo, en especial para aquellas figuras públicas que antes de serlo escribían cualquier cosa o, ya de plano, decían una cosa y luego dicen otra.

  • ¿Qué es ser un pendejo?

    ¿Qué es ser un pendejo?

    ¿Quién es un pendejo? ¿Cómo podemos saberlo?

    Aunque algunas veces se asocia el ser un pendejo con la falta de inteligencia (lo cual es una falsa analogía), esto poco tiene que ver con las capacidades cognitivas. Ser pendejo es una cuestión de falta de voluntad y actitud, de no hacer donde el ser humano sí tiene el potencial de hacer y no está restringido para hacerlo.

    No ser letrado o culto no significa ser un pendejo, aunque las razones por las que no lo sea sí (falta de voluntad) pueden denotar que sí lo es. Una persona letrada puede llegar a ser un pendejo ya que, aunque tiene conocimientos, la pereza y la falta de voluntad a la hora de interpretarlos o a la hora de hacer inferencias lo exhiben. Una persona que no es letrada porque decidió hacer uso de su esfuerzo y voluntad en otros ámbitos (digamos, en crear una empresa) no es un pendejo, porque no es perezoso ni le falta la voluntad. Incluso, aunque no sepa mucho, se nota que, con el poco conocimiento que tiene a la mano, puede hacer inferencias bastante aceptables porque no le da pereza pensar.

    Un pendejo no es aquel que tiene algún retraso o discapacidad mental. Sobre de este último es injusto e irresponsable hacer un juicio de valor ya que es su fisiología lo que limita su óptimo desempeño intelectual. Por el contrario, los progresos intelectuales que aquel haga serán más meritorios que los de una persona normal ya que implican un mayor esfuerzo y voluntad, por lo alejarán aún más de la pendejez.

    Tampoco es un pendejo quien, por motivos ajenos a él, ignora muchas cosas, como aquellos que viven en la pobreza y no tuvieron acceso a la educación. De hecho, algunos de ellos pueden adquirir por medio de la experiencia una sabiduría tal que llamaría la atención de las clases urbanas educadas.

    El pendejo es más bien aquella persona que, teniendo las potencialidades cognitivas e intelectuales para no ser un pendejo, decide serlo. El ser un pendejo se traduce en la falta de voluntad para no ser un pendejo y que se refleja en la pereza y la mediocridad del espíritu. Lamentablemente para él, ya que no desarrolló las habilidades necesarias para no ser un pendejo, no podrá ser consciente de que sí lo es, ya que para saber quién es o no un pendejo es requisito no serlo.

    Y es su culpa, y de nadie más.