Autor: Cerebro

  • Diez libros que leí este 2019 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este 2019 y que te recomiendo

    Diez libros que leí este año y que te recomiendo

    Este año leí muchos libros y muy variados. Algunos más buenos que otros evidentemente. Y como cada año, te traigo mi lista de los diez libros que más me gustaron (más algunas menciones honoríficas). Espero la lista sea de tu agrado.

    Observación: la lista no tiene ningún orden en específico.

    1.- The Oxford History of the French Revolution – William Doyle

    Básicamente. Si quieres aprender sobre la Revolución Francesa, ya sea que no sepas nada, o ya sea que sepas algo pero que quieras profundizar, este es tu libro. Un libro muy completo y concreto.

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    2.- Crítica de la Razón Pura – Immanuel Kant

    No, no es un libro fácil. Si te quieres iniciar en la filosofía no creo que sea buena idea empezar por aquí. Lo tenía 10 años empolvado porque al principio no entendía mucho. Luego, ya con más preparación lo tomé y lo pude comprender y disfrutar, y por ello lo recomiendo, porque creo que comprender la metafísica de Kant es punto de partida importante para conocer todo lo que vino después.

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    3.- Lean In: Women, Work, and the Will to Lead – Sheryl Sandberg

    Sheryl Sandberg, quien se ha hecho un espacio para llegar a puestos de alto nivel en Silicon Valley, y quien es actualmente directora operativa de Facebook, nos cuenta qué es lo que vive una mujer en el día a día para poder trascender profesionalmente, cómo es que tiene que desmontar paradigmas y vencer resistencias mayores que las que generalmente puede vivir el hombre.

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    4.- The Human Condition – Hannah Arendt

    Arendt es una de mis filósofas políticas favoritas y no creo que sea casualidad. En este libro habla sobre las actividades humanas (eso que llama vita contemplativa y vita activa) a través del tiempo para así entender los roles actuales y el contraste entre el espacio privado y lo público.

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    5.- La Sociedad del Cansancio – Byung-Chul Han

    La única pega del libro de Arendt es que por momentos, debido a que han ocurrido muchos cambios económicos, sociales y culturales desde que lo escribió, pueda sonar un poco desactualizado, pero justamente el libro de La Sociedad el Cansancio de Byung-Chul Han puede, de alguna forma, verse como una suerte de complemento o casi como actualización. Este libro hace una muy interesante crítica del rol del ser humano contemporáneo: aquel que ya no es explotado, sino que se explota a sí mismo, aquel que busca tener una «actitud positiva» pero a que la vez parece muchos trastornos mentales.

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    6.- La Esperanza y el Delirio – Ugo Pipitone

    Este es uno de esos libros que no son tan conocidos pero que recomiendo ampliamente a quien le guste la política. Básicamente es la historia de la izquierda en América Latina en todas sus facetas. Si quieres entender sus peculiaridades y cómo se ha manifestado a través del tiempo, este libro es imprescindible.

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    7.- The Age of Extremes: A History of the World, 1914-1991 – Eric Hobsbawm

    Y siguiendo con historia, me parece que este es uno de los mejores libros de la historia de nuestra civilización del siglo XX. En ella Hobsbawm narra detalladamente los acontecimientos ocurridos en este periodo, todas las transformaciones culturales, económicas, sociales y políticas de este siglo.

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    8.- El Concepto de la Angustia – Søren Kierkegaard

    Tal vez pueda ser algo denso, pero es un libro que vale la pena leer. Aquí, Kierkegaard, quien inauguró la tradición existencialista dentro de la filosofía, básicamente explica lo que la angustia es a través del pecado original. Un libro que bien puede ayudarnos mucho explicar la angustia de nuestros tiempos.

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    9.- La Ciudad de Dios – San Agustín

    San Agustín De Hipona, filósofo neoplatónico, es uno de los pilares filosóficos del cristianismo, y como los pilares Occidente están en parte cimentados sobre el cristianismo, entonces es imperativo conocer a San Agustín. No es requisito que creas siquiera en alguna religión para que puedas nutrirte y aprender de este extenso libro que, partiendo de una defensa del cristianismo contra el paganismo, habla sobre temas muy diversos que muestran la esencia del propio cristianismo.

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    10.- Democracia en América – Alexis de Tocqueville

    Hay muchos más libros que habría querido incluir en esta lista, pero decidí, para cerrar, incluir éste. Es un libro muy indispensable no solo para entender la cultura democrática de Estados Unidos, sino las raíces de la democracia en general desde el punto de vista del testimonio de Tocqueville, quien viajó a Estados Unidos para admirarse de su democracia y contrastarla con una Europa que apenas comenzaba a dejar del lado los gobiernos monárquicos.

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    Menciones honoríficas:

    • Madness: a Brief Story – Roy Porter
    • La muerte de Ivan Ilich – León Tolstói
    • La invención de Morel – Adolfo Bioy Casares
    • Ética a Nicómaco – Aristóteles
    • Nordic Ideology – Hanzi Freinacht
    • World Order – Henry Kissinger
    • Hombre y Engranajes – Ernesto Sabato
    • El Liberalismo del Miedo – Judith Shklar
    • Napoleón – David Avrom Bell
    • Free to Choose – Milton Friedman
    • Thinking, Fast and Slow – Daniel Kahneman
    • El Kybalión
    • La Naturaleza Humana – Jesús Mosterín
    • John Locke – Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil
    • How Democracies Die – Steven Levitsky
    • Una historia de Asia Oriental – Charles W. Holcombe

    Sí, son muchos, pero no los podía dejar fuera. Aquí puedes ver todos los libros que leí este año (incluso hay más libros que valen la pena leer y que no alcancé a incluir en esta lista)

  • El #LordCafé y el manejo de las emociones

    El #LordCafé y el manejo de las emociones

    El Director General del restaurant La Gorda (identificado Daniel Gutiérrez) tuvo un percance donde hizo todo mal.

    Una joven quien aparentemente trataba de esquivar un camión chocó en contra del ahora apodado #LordCafé. La joven hizo lo que hace cualquier persona razonable cuando tiene un percance, que es detener el automóvil y hablar al seguro para que éste se encargue de reparar el daño causado.

    En teoría uno puede estar molesto cuando le chocan, por el percance, porque te rompen la rutina y a veces hasta por el susto. Pero uno sabe que si quien le chocó está asegurado podrá estar seguro de que su automóvil será reparado y no tendrá que pagar un solo peso.

    Pero lo que hizo el #LordCafé fue todo lo opuesto a lo que una persona debería hacer cuando le chocan, y en todo salió perdiendo. El hombre bajó, agredió el carro de la mujer, agredió a la mujer aventándole su café directamente a ella y escapó. Probablemente él tendrá que pagar los daños que sufrió su carro y los que causó a la mujer, y lo peor, que ese acto le hizo un severo acto a su reputación como persona que podría derivar en la pérdida de su puesto con todo lo que ello implica. Todo esto justo en el marco del Día Internacional contra la Violencia contra la Mujer que magnificó aún más la indignación hacia este personaje en las redes sociales. Vaya, hasta el ex Presidente Felipe Calderón tuiteó al respecto amplificando el escarnio que cae sobre el #LordCafé.

    No todo termina ahí para el #LordCafé, Director General y uno de los dueños de La Gorda ¿qué le van a decir los otros accionistas por un evento que está manchando la reputación de su restaurante (conocido en la ciudad)? Inclusive este altercado ya ha sido aprovechado por su competencia para robarle algunos clientes. Seguramente el impacto que esto tenga en su carrera profesional va a ser muy fuerte.

    También ¿qué implicaciones tendrá su actitud para la el restaurant que actualmente maneja y que, como muchos restaurantes de Guadalajara, se ha construido a través de muchas generaciones? ¿Ello le causará remordimiento? Ni que decir del hecho de que ya está siendo investigado por la Fiscalía, por lo cual seguramente recibirá sanciones, seguramente tendrá que pagar a la mujer, además de las otras sanciones correspondientes.

    La mujer, de quien se quiso desquitar por quién sabe qué razón, salió tal vez hasta ganando. Ante la mediatización del hecho, ya hay talleres que con el afán de hacerse publicidad se ofrecieron a reparar gratis el carro de la chica, además de que la propia fiscalía ya se puso en contacto con ella. Toda la comunidad se solidarizó con ella ante la agresión que recibió, mientras que el #LordCafé ve cómo su reputación se va hasta los suelos en un evento que seguramente no será olvidado por la gente en tan poco tiempo, y menos por las mujeres quienes vieron la agresión en redes apenas un día después del día contra la violencia hacia la mujer.

    Y lo más triste para #LordCafé es que el escarnio que está recibiendo es justo. No hay un linchamiento con base en mentiras o suposiciones, todo quedó grabado en ese video.

    Si el #LordCafé hubiera controlado sus emociones, su vida seguiría transcurriendo normalmente, la peor incomodidad tal vez habría sido tener que usar el Uber en algunos días mientras su coche (de cuya reparación no pagará ningún peso) sale del taller. Pero en vez de eso, ahora es visto públicamente como una persona violenta, arrogante, agresiva y hasta machista, y no es injusto. Todo por no manejar bien sus emociones y volverse esclavo de sus más primitivos instintos.

  • La camioneta de Musk está horrible ¡yo la quiero!

    La camioneta de Musk está horrible ¡yo la quiero!

    Elon Musk es uno de esos genios que llegan muy de vez en cuando, de esos que se cuentan con los dedos, que irrumpen dentro del escenario y rompen cualquier forma de esquema. Musk es de esos que están dispuestos a coexistir con el caos porque para ellos no hay convenciones ni cosas que se tomen como normales.

    Ya sean sus automóviles, ya sea SpaceX y todas las iniciativas que el sudafricano ha emprendido, Musk ha generado muchas incomodidades a aquellas personas que suelen estar acostumbradas a las convenciones y cuyas innovaciones no salen mucho de esa caja de lo que es correcto (la mayoría y que incluyen muchos que creen ser los nuevos Steve Jobs).

    A los genios son difíciles de entenderlos, porque son muy escasos y porque su mente opera mediante una lógica que no es nada convencional. Son encumbrados y universalmente aceptados cuando casi ya han concluido con su revolución, pero suelen generar muchas resistencias a la mera hora de innovar. Albert Einstein sufrió muchas críticas por parte de la comunidad científica: el judío llevó a cabo una de esas revoluciones científicas a la Thomas Kuhn al entender la física desde una perspectiva novedosa y que dejaba de ser un continuismo de la física tradicional, que era lo que se esperaba (eso que Kuhn llama ciencia normal). Hasta los sectores conservadores lo cuestionaron porque pensaban que esa teoría de la relatividad pudiera trasladarse a alguna suerte de «relativismo social y cultural» (de lo cual Einstein no tuvo intención alguna, aunque el relativismo cultural y social apareció poco después, fenómeno que no necesariamente está completamente disconexo de aquella relatividad einsteniana, comprendiendo que son abstracciones muy similares en tanto son relacionales).

    Cuando pensamos en genios modernos nos vienen a la cabeza Bill Gates y Steve Jobs, aunque me parece que la genialidad de Elon Musk me parece aún mayor. Musk es una persona irreverente a quien es difícil categorizar. Es un adicto al trabajo a quien acusaban de exprimir a sus empleados pero que, a la vez, no tiene empacho de fumarse un porro con Joe Rogan o bien de sugerir que el Ingreso Básico Universal va a ser necesario cuando los robots se apoderen de los trabajos. Musk es de esas personas que están lejos de todo convencionalismo. Involucrado en industrias bastante diferentes: entre ellas una compañía de automóviles y una agencia espacial que aspira llevar al hombre a Marte (para posteriormente colonizarlo).

    La nueva camioneta que Tesla presentó muestra a Musk tal cual es, y además muestra la reacción de la sociedad hacia un genio en ciernes, la cual se tambalea entre la admiración, el escepticismo y las críticas abiertas.

    Muchos criticaron a Musk por el diseño de la camioneta, que está horrible, que la presentación salió mal, dijo la BBC. Lo cierto es que ya tiene cientos de miles de pedidos. Algunos dicen que está fea pero que si tuvieran el dinero la comprarían, a otros les empezó a gustar con el tiempo. Una persona convencional habría hecho algún estudio de mercado o habría analizado las tendencias actuales que obligan a cualquier diseñador a crear autos con acabados curvos (tendencia que reapareció a finales de los años 80 con la finalidad reducir el consumo de gasolina), pero Musk no hizo nada de eso y lanzó una camioneta from scratch que no tiene absolutamente nada que ver con lo que hoy vemos en las calles. Y como no había referencias, la gente trató de comparar el automóvil con cualquier cosa que se les hiciera parecida: que parecía sacada de Blade Runner, que es como el Delorean de Volviendo al Futuro, hicieron memes para compararlos con otros objetos, hasta con aspiradoras.

    Y eso es lo que un genio hace. Un genio no satisface las necesidades de su mercado para hacerse de utilidades, ni siquiera prevé en demasía si a la gente le va a gustar, tan solo hace que le guste. El genio no toma un papel pasivo donde, en este caso, el mercado es el que moldea el producto; más bien es él quien moldea el mercado. El genio se salta todas esas convencionalidades típicas de libros de empredimiento que te «invitan a innovar y tomar riesgos haciendo lo que todos hacen», presenta su idea y deja que los demás se hagan bolas con ella, que se conflictúen y asimilen su invención revolucionadora.

    No sé qué tanto éxito vaya a tener esa camioneta, pero mientras que unos la critican y otros sacan artículos demoledores para ganar algunos views, ya todo el mundo está hablando de ella y muchos ya la están comprando. Cosas de genios, no de gente normal.

  • El unboxing intelectual de «Hacia una Economía Moral» de AMLO

    El unboxing intelectual de «Hacia una Economía Moral» de AMLO

    El unboxing intelectual de "Hacia una Economía Moral" de AMLO

    Presumen que el libro «Hacia una Economía Moral» de López Obrador es el más vendido, que se convirtió de la noche a la mañana en un superventas. Dicen que en Amazon ya rebasó a Harry Potter como el libro que más se está vendiendo. Y tal vez es evidente por qué ocurre esto, porque se trata del Presidente que tiene, gracias a su investidura, tal poder mediático como para que todo mundo conozca sobre la existencia de su libro. No solo eso, la figura de López Obrador en sí es garantía de ventas, no solo por parte de sus más férreos seguidores, sino por parte de los críticos que leerán con escepticismo (y unos hasta con burla) lo que dicho texto contiene.

    Pero ¿la obra de López Obrador está a la altura de la euforia que ha causado? Para eso decidí leerlo y estas son mis impresiones.

    Mi primera cuestión es ¿cuál era la necesidad de publicar este libro? El libro pareciera una suerte de combinación de libro de campaña con un informe (otro más) y hasta memorias póstumas. Es un libro al cual es difícil entender su utilidad, dado que López Obrador ya nos ha explicado de qué va su ideario, ya nos ha hablado una y otra vez sobre lo que quiere hacer, qué es lo que ya hizo y qué, de acuerdo con él, ya se ha logrado.

    El libro en sí no presenta algo nuevo. Quienes ya hemos leído a López Obrador o hemos estado a su gestión no vamos a encontrar alguna revelación o algo que no supiéramos, todo es como «más de lo mismo», de esa narrativa que López Obrador repite una y otra vez en todos lados. No hay nada nuevo en el aire.

    Pareciera que este libro fue lanzado con mucha prisa. Lo digo por varias razones: por ejemplo, acontecimientos que apenas tienen un mes (como la captura y liberación de Ovidio Guzmán), porque tiene errores de estilo y porque tiene faltas de ortografía imperdonables en un libro (entendiendo que una publicación siempre pasa por correcciones de estilo) tal como sucede en la página 185 donde dice «oprovio neoliberal» (cuando la palabra correcta es oprobio). También podemos ver gráficas que están caducas u obsoletas como ocurre con la que utilizaron para explicar cómo los «gobiernos neoliberales» aumentaron la desigualdad por medio del coeficiente de Gini que solo llega hasta 2012 ¿Cuál era la necesidad de lanzar este libro con tanta prisa? ¿Buscaba el gobierno reavivar la esperanza dentro de un mes tan errático que ya se ha visto reflejado en las encuestas donde la popularidad de López Obrador ha ido a la baja en los últimos días?

    «Hacia una Economía Moral» no es un libro de economía, los economistas no encontrarán nada valioso en él. Lo económico se funde con lo ideológico y solo se manifiesta con las constantes culpas que López Obrador le echa al «neoliberalismo» como producto de todos los males. Pero incluso, al analizar los números, AMLO hace eso que en estadística llaman «cherry picking«. Tomemos la misma tabla de GINI: AMLO dice que gracias al neoliberalismo aumentó la desigualdad, pero omite decir que, en ese mismo periodo neoliberal, dicha desigualdad volvió a disminuir a niveles «preneoliberales» en las gestiones de Vicente Fox y Felipe Calderón.

    Dado que este libro dice «mucho de lo mismo» podría no valer tanto la pena ahondar en la argumentación, pero sí me parece que hay algunas cosas que valen la pena señalar. Hay algo que AMLO introduce en este libro, y es la intención de construir al fraude como arquetipo a través de la historia para posteriormente ligarlo con el neoliberalismo. Es cierto que López Obrador no es alguien que ignore la historia de México, de hecho me parece que sabe bastante de ella, pero a través de ella hace una interpretación de tal forma que abone a su narrativa. Vemos cómo a través del libro construye el concepto del fraude (desde Hernán Cortés hasta el que denunció en el 2006) buscando analogías y paralelismos. Así, liga el saqueo de Hernán Cortés, el porfiriato y lo que él llama el neoliberalismo (de la cual tiene una definición muy propia y particular). El relato victimista y de lugares comunes se repite una y otra vez.

    Es evidente también que el ideario de López Obrador no ha cambiado con el tiempo ni lo ha sometido a actualizaciones, de tal forma que se antoja obsoleto, el mundo ha cambiado pero el concepto que AMLO tiene de él casi no. Por ejemplo, el «crédito a la palabra» típico de algunas políticas actuales es algo calcado de su activismo y su participación en la política desde los años 70.

    López Obrador hace una interpretación muy conveniente de la historia que no soportaría el análisis de un politólogo o historiador serio. Más aún cuando él se asume como juez y parte:

    Fue en el Porfiriato (1876-1911) que se instauró la corrupción que predominó hasta el triunfo de nuestro movimiento.

    AMLO insiste en que el neoliberalismo es lo peor que le podía haber pasado a México. Si bien acierta en algunas críticas, como en las formas turbias en que se llevaron a cabo las privatizaciones, omite la ineficiencia del sector productivo estatal que lamentó que fuera privatizado. Todo aquello que surgió con el neoliberalismo debe ser repudiado y objeto de crítica, incluso las organizaciones civiles y muchas de las figuras que trataron de crearse como contrapesos. Gran parte del libro trata de eso.

    Más curioso es que en la práctica López Obrador haya adoptado parte del recetario neoliberal, sobre todo lo que tiene que ver con el adelgazamiento del sector público (una política de austeridad muy agresiva) y ha buscado mantener una macroeconomía relativamente sana. Incluso se jacta de ello y, a diferencia de otras obras, aquí si establece un distanciamiento con los regímenes de Echeverría y López Portillo a quienes critica por despilfarrar y endeudarse. Es evidente que se trata más bien de una cuestión retórica que práctica.

    A diferencia de otros libros, es posible, por el contexto en que fue publicado, ver las discrepancias entre la retórica y la realidad. El relato de López Obrador podrá ser atractivo a unos, pero su forma de gobernar ha discrepado. Pongo un ejemplo:

    Ya existe un auténtico Estado de Derecho y queremos convertir en hábito la consigna de nuestros liberales del siglo XIX: «Al margen de la ley, nada, y por encima de la ley, nadie».

    En la práctica hemos visto algo más bien distinto, sobre todo porque este gobierno ha acostumbrado a saltarse las vías institucionales. Ahí están los tristes ejemplos de la Ley Bonilla o de las consultas que no están reglamentadas por el INE y cuya instrumentación siempre está hecha para beneficiar la postura del gobierno.

    El siguiente párrafo, que ha formado parte de la narrativa de AMLO se convirtió de la noche a la mañana en una oda al cinismo, sobre todo con relación al evidente fraude en la selección de la nueva ombudsperson de la CNDH:

    Un punto fundamental en este sentido es acabar con la simulación de constitucionalidad tal y como se practicaba en el periodo neoliberal, y acatar puntualmente los límites y las jurisdicciones establecidos en el pacto federal y la división de poderes. Dicho de otra manera, el Poder Ejecutivo no debe inmiscuirse de ninguna forma en las decisiones de los otros poderes, debe respetar las potestades de los niveles estatal y municipal de Gobierno y obedecer las decisiones de la Fiscalía General de la República, el Banco de México, las autoridades electorales y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

    Así también hay otras afirmaciones que hacen un poco de ruido, sobre todo atendiendo a esa obsesión del presidente con el periódico Reforma así como las campañas de bots en contra de este diario:

    Nadie es perseguido o censurado como pasaba en los gobiernos neoliberales.

    En resumen, el libro no trae algo especialmente nuevo que no hayamos visto antes, sobre todo si hablamos de un político que a través de su trayectoria ha tratado de comunicar sus ideales a través de varios libros y otros medios, y que, a través de sus mañaneras y numerosos informes, nos habla cómo es que van las cosas en su gobierno. No es un libro superventas por su originalidad, sino porque se trata de López Obrador, y porque su posición de presidente le da muchos reflectores.

    Y me parece que era muy innecesario lanzarlo. Es insistir en algo que ha se ha dicho en numerosas ocasiones.

    Si quieres conocer más sobre mi análisis de su pensamiento, lee mi reseña de su anterior libro: La Salida.

  • Lo Cortés no quita lo demagogo

    Lo Cortés no quita lo demagogo

    Si Hernán Cortés no hubiese conquistado México, López Obrador no habría nacido.

    Sí, Cortés fue conquistador, y como cualquier conquistador de su época fue despiadado con quienes conquistó.

    Sí, nuestras sociedades están construidas sobre eventos históricos que a la fecha nos parecen lamentables. Ni Estados Unidos, ni México ni cualquier país europeo ni asiático puede erigirse como ejemplo humanitario en este sentido, sobre todo si partimos de una época donde el humanismo tal y como hoy lo conocemos no existía.

    ¿Y qué le vamos a hacer? La historia no es muy grata, pero si algo supimos hacer es, en el lapso que separa esos eventos con la actualidad, progresar como especie de tal forma que eso, que era lo normal, ahora nos sea repugnante.

    Se puede argumentar, sin equivocaciones, que fuertes reminiscencias de lo que ocurrió hace cientos de años se palpan en la actualidad, como el hecho de que los indígenas sean el sector que se encuentra en mayor desventaja. Pero también es cierto que la realidad actual es lo suficientemente diferente a aquella anterior como para pensar que para combatir esa brecha de inequidad que sufren sobre todo los indígenas el remedio sea lamentarnos una y otra vez por lo acontecido hace más de cinco siglos.

    Pero lo más cuestionable es el trato que López Obrador le da a los indígenas. Presume de haber estado en causas sociales en pro de ellos y de todos los pobres, que si ayudó a los chontales o hizo aquello. Pero recordemos que hace pocos meses López Obrador dijo que los pobres eran como animalitos a los que hay que alimentar.

    López Obrador dice que su gobierno trabaja en pro de los sectores más desaventajados, pero, al parecer, no los ve como iguales. Algunos de los programas que propone para ayudarlos son de corte asistencialista y no se ve en el horizonte alguna estrategia para empoderar a los indígenas o para que tengan una mayor movilidad social. Se observa más bien la construcción una base clientelar que le ayude a consolidar su poder.

    Diría alguno de esos sociólogos modernos que López Obrador más bien pareciera «reafirmar el dominio hegemónico eurocéntrico instaurado por Hernán Cortés». López Obrador podría disentir diciendo que él es mestizo, pero nada más. Es más, en su gobierno la presencia indígena más relevante es el propio Evo Morales quien está exiliado en nuestro país. Casi todo su equipo está compuesto por gente blanca o mestiza. Quienes tienen mayor legitimidad para representar a los pueblos indígenas como el Subcomandante Marcos (ahora Galeano) ya desde hace muchos años han tomado una drástica distancia de López Obrador.

    ¿Entonces por qué López Obrador debería gastar su tiempo en decirnos que Cortés representó el primer fraude nacional al imponerse a un pueblo al cual no pertenece ni por raza, ni por credo, y cuando el mismo presidente utiliza a los indígenas y a quienes están menos aventajados para consolidar su poder a través de programas asistencialistas y consultas que están deliberadamente sesgadas? ¿Por qué dice representarlos cuando los ignora, por poner un ejemplo, ante las grandes obras que plantea construir en el sur de nuestro país?

    ¿Por qué la necesidad de abrir heridas que deberían estar cerradas? ¿Por qué la necesidad de reclamarle a los españoles, tan diferentes en muchos sentidos a aquella que creó a Hernán Cortés (reclamo que recibió una feroz respuesta de Vox, el partido populista de derecha española)? ¿Por qué si dice estar con los indígenas no trabaja para que tengan mayor movilidad social, o respetar sus usos y costumbres según sea el caso más allá de la palabrería y de los atuendos o ceremonias?

    Lo que menos debería importarle es abrir estas heridas para alimentar su narrativa y su discurso retórico con un tono victimista, y debería preocuparse en crear políticas públicas que de verdad ayuden a los indígenas. Hasta ahora, AMLO parece fortalecer esa hegemonía que él dice combatir.

  • De la sociedad del deber a la sociedad de los derechos

    De la sociedad del deber a la sociedad de los derechos

    De la sociedad del deber a la sociedad de los derechos

    Desde hace mucho tiempo se ha dicho que nuestra sociedad ha sucumbido al nihilismo, que ya todo vale, que todo está permitido, pero en sentido estricto en realidad ello no es tan así. Sí así fuera, nuestras sociedades ya se habrían resquebrajado desde hace tiempo; pero, a pesar de todo, se mantienen en pie. Una conclusión así podría hacer un poco de más sentido para hablar de aquella rebeldía de los años 60 y 70 del sexo, drogas y rock & and roll, pero lo que estamos viendo hoy no es necesariamente una suerte de degeneración sino más bien la consolidación de una transición de entender la moral desde la lógica del deber hacia la lógica de los derechos en aras de buscar un marco ético y moral que funcione dentro de una sociedad líquida, capitalista y posmoderna con narrativas fragmentadas. En esa etapa de rebeldía de los años 60 y 70 el individuo buscó liberarse de las normas, los tabúes y los deberes. Lo que hoy ocurre parecería ir un poco en sentido opuesto: no se trata de un retorno a la sociedad del deber, sino la búsqueda de una estructura que satisfaga a una sociedad ya «liberalizada», que le dote de un cierto orden y la mantenga en pie.

    La sociedad del deber, como le llama Lipovetsky, fue promovida dentro de las sociedades modernas que emergieron en la sociedad industrial para evitar la degeneración y el caos. No solo eran las instituciones religiosas las que la promovían, sino el propio Estado secular y laico (siendo el punto más álgido la sociedad victoriana). Por ejemplo, se decía que tu deber como hombre o como mujer era comportarte de esta manera o llevar a cabo ciertos roles, debes sacrificarte por tu país aún si ese sacrificio no te iba a traer un beneficio personal, debías de salir a votar porque es tu obligación. Bajo esta cultura del deber, más que los derechos (que existían, aunque jugaban un papel secundario al respecto), las sociedades occidentales se mantuvieron en pie.

    En nuestros tiempos, en cambio, la idea del sacrificio ahora termina siendo sustituida por la del bienestar. La cultura del deber ha sido eclipsada por la cultura de los derechos, que mantiene la idea toral de la cultura occidental de que el ser humano es digno por el mero hecho de serlo, pero que cambia el enfoque bajo el cual se aborda la ética y moral.

    Ya no se habla de sacrificios en torno a un bien común sino de derechos: tienes derecho a ser respetado, tienes derecho a la educación, tienes derecho a votar, tienes derecho a expresarte etc. Pero para satisfacer estos derechos es imperativo crear obligaciones y un marco ético: si tienes derecho a expresarte, entonces yo estoy obligado a permitir expresarte, si tienes derecho a vivir, entonces yo estoy obligado a no matarte. No hay un «todo se vale expreso» ni un nihilismo absoluto en tanto que para poder garantizar los derechos se vuelve indispensable crear reglas y normas que la gente debe seguir.

    Incluso dentro de los sectores conservadores donde permea y se mantiene más el sentido del deber han adoptado progresivamente el enfoque de los derechos para defender sus convicciones: ahora se habla del «derecho de los niños a tener mamá y papá», «el derecho a la vida», por poner algunos ejemplos. La batalla cultural entre conservadores y progresistas va en función a los derechos mucho más que los deberes, dado que los derechos que uno y otro defienden se contradicen y no pueden coexistir y dado que, hablando de derechos dentro de una cultura basada en los derechos más que en los deberes, es más fácil persuadir a la gente. Más suena hablar de «el derecho del niño a tener una madre y un padre» que hablar del tema en cuestión de deberes.

    ¿Podrá nuestra sociedad, tan líquida y cambiante, mantenerse en pie prescindiendo por completo de la cultura del deber, de la cual las nuevas generaciones ya se sienten muy ajenas? ¿Esta cultura de los derechos representa un avance o un riesgo con respecto de la cultura del deber? Las opiniones al respecto están muy divididas, más cuando esta nueva forma de abordar la ética es relativamente nueva. La liquidez de nuestra sociedad evidentemente espanta a más de una persona dado que se percibe que no termina por consolidarse una estabilidad muy fija y anclada lo cual deriva en una suerte de angustia hacia lo desconocido, como si más de una vez nos sometiéramos a asomarnos a un precipicio al cual tememos caer, algo similar a la angustia de Kierkegaard. Pero tampoco se percibe lo opuesto, que la sociedad termine por sucumbir a la degeneración y al caos. Pareciera que nuestra sociedad se ha mantenido en una suerte de estado de equilibrio bajo el cual aspira a expandir el sentimiento de liberación sin prescindir de un marco ético y moral.

  • La ilusión del progreso

    La ilusión del progreso

    La semana pasada debatía con unos amigos sobre si nuestra especie humana ha progresado con el tiempo o no. Yo argumenté que sí, que aunque el progreso es dispar dentro del globo terráqueo y que éste no es estrictamente lineal sino que más bien se trata de una línea sinuosa (no se podría entender de otra forma al nazismo en el siglo XX) además de que los progresos siempre traen externalidades que hay que solventar (por ejemplo, la equidad de género y el problema que en un principio trajo a la hora de acordar roles para cuidar a los hijos), el progreso existe y es completamente medible.

    El contraargumento que me hacían es que dichas métricas están sujetas a una narrativa propia del sistema económico vigente que tiene sus intereses propios: el capitalismo. Yo rebatí al decir que, aunque muchas de las métricas ciertamente responden al diseño y a los intereses de un sistema capitalista, era una obviedad que la gente tiene una mayor esperanza de vida, que tiene una mejor calidad de vida y que esto ocurría incluso ocurría dentro de la mayoría de los países históricamente oprimidos. De la misma forma no se pueden soslayar los avances tecnológicos, médicos y científicos que han mejorado nuestra calidad de vida. Por ello es que, a la fecha, la economía de mercado me sigue pareciendo la menos mala de todas las alternativas existentes.

    Pero luego me puse a pensar ¿qué implicación tiene este desarrollo para nuestra psique? Podemos hablar de un desarrollo o progreso objetivo que reside fuera de nuestras mentes y que puede ser medible más allá de consideraciones ideológicas. Pero al final, ¿qué implica ese progreso objetivo para cada uno de nosotros? ¿Podemos hablar entonces también de un progreso subjetivo? Aquí la respuesta se vuelve mucho más turbia y complicada.

    Partamos del hecho de que, si bien la realidad que reside fuera de nuestra mente es objetiva (el hecho de que haya árboles o montañas no cambia debido a nuestra actitud o percepción), la forma en que nosotros percibimos la realidad e interactuamos con ella es una construcción subjetiva producto de nuestra interacción con dicha realidad objetiva (a la que no podemos acceder completamente) que se da a través de la experiencia, la educación recibida y los rasgos biológicos que influyen sobre la forma en que nos desenvolvemos (como nuestro temperamento). Es más, se puede decir que construimos, en parte, nuestra percepción de la realidad con base en la construcción que han hecho de ella otras personas (como nuestros padres, nuestros maestros y demás). Los individuos no conocemos toda la realidad, conocemos tan solo una interpretación subjetiva de una parte de ella, a la cual se dice que podríamos acceder de mejor forma si tenemos una buena educación o diseñamos estructuras o sistemas para reducir esa subjetividad (como el método científico) y que nos han permitido acelerar el progreso objetivo, aunque tampoco terminan de ser una garantía absoluta ya que no terminan por eliminar lo subjetivo por completo.

    ¿A qué viene todo esto? Básicamente que nuestra percepción de nuestra realidad es contextual y está muy enclavada con la realidad en que vivimos y nos desenvolvemos, y no la realidad de forma completa, la cual es prácticamente infinita (en espacio y tiempo).

    Por ejemplo, cuando nos imaginamos la forma en la que vive una persona que vive en condición de pobreza, sentimientos de angustia y dolor se nos vienen a la cabeza. Pero muchos pobres no viven angustiados ni sufren mucho más que lo que sufrimos nosotros. ¿Por qué entonces nos sentimos angustiados y tenemos un terror a caer en la pobreza en la que viven la mitad de nuestros connacionales quienes están, por lo general, menos angustiados de lo que nosotros pensamos que podríamos llegar a estar? Porque a la hora de imaginar la pobreza imaginamos la pérdida: imaginamos la caída de nuestra posición de clase media a la posición de clase baja y con base en esa caída juzgamos a la pobreza. Y ocurre lo mismo cuando nos imaginamos a los ricos: pensamos que si nos volvemos ricos estaremos jubilosos y seremos eternamente felices cuando la realidad es que ese gozo solo se da en el momento en que transitamos de nuestro estado actual a un estado de riqueza, ya que con el tiempo nos acostumbramos a nuestra realidad. Ello explica que haya ricos que entren en estados de depresión o tengan problemas psíquicos muy fuertes.

    Ahora, si hablamos de progreso a través del tiempo, ocurre una situación análoga. Si nos imaginamos la forma de vida de la Edad Media nos perecería terrible y hasta inhumano vivir en esos tiempos: podíamos morir asesinados, encarcelados o contagiados por la peste bubónica, pero no estoy seguro que los medievales se sintieran mucho más desgraciados que nosotros. Básicamente, a la hora de comparar se nos olvida contextualizar.

    Lo mismo pasa con este escarnio que cae sobre los millennials a los cuales acusan de ofenderse de todo e incluso de ser un tanto más frágiles. Tal vez, objetivamente, no estén tan equivocados quienes hacen ese señalamiento al compararlos con los baby bommers, aunque el escarnio me parece un tanto injusto por lo anteriormente mencionado: un millennial creció en un contexto diferente al de un baby boomer y se adaptó a él. El baby boomer juzga al millennial desde la realidad tal como él la construyó y que no es igual a la realidad construida por el millennial. Incluso, objetivamente (más allá de las construcciones) ambas realidades no son iguales: no es lo mismo 1950 que el año 2000, y por ello no podemos esperar que construyan la realidad de la misma forma si la base es diferente.

    Dicho todo eso, ¿cómo podemos hablar de un progreso subjetivo? Si concluimos que el estado de la psique del individuo a través del tiempo (es decir, su capacidad para sufrir dolor o gozar de alegría) ha permanecido relativamente estable, ¿cómo podemos asegurar que el progreso objetivo ha hecho que nos sintamos mejor, que es básicamente a lo que hemos aspirado a la hora de construir civilizaciones más avanzadas o hacer descubrimientos científicos? Ciertamente, una persona del siglo XVIII perdía hijos de forma más fácil y vivía menos, pero seguramente el impacto que tenía la pérdida de un hijo en la psique habría sido menor que la que tiene para nosotros en tanto que asumían que era común que una familia perdiera hijos (e incluso lo daban por sentado al procrear muchos hijos con el fin de asegurar descendencia).

    Si bien eso que llamamos progreso objetivo, eso que medimos con indicadores y estadísticas, me parece que es innegable, la idea del progreso subjetivo, es decir, que la gente se sienta más feliz y satisfecha a través de las generaciones, me parece más cuestionable. ¿Vivir más años se traduce en una mayor felicidad y goce? ¿Acaso las personas del siglo XV se sentían más angustiadas que nosotros porque su esperanza de vida fuera de menos de 50 años? ¿Por qué, con todos los avances evidentes en la psicología, en la psiquiatría y las neurociencias, hay mucha gente deprimida? Evidentemente es mucho mejor ir a terapia y tomar medicamentos que no hacerlo cuando se requiere, pero ¿estamos en realidad más felices por ello que en otros tiempos? ¿O será que nuestro organismo se ha ido adaptando en un contexto donde existen disponibles medicamentos y terapias? Y si el progreso subjetivo es cuestionable, habrá quien se pregunte cuál sería el sentido de trabajar para que la sociedad progrese. Podría ser que quien se beneficia psicológicamente de ese progreso no es tanto quien lo recibe, sino quien lo produce. Tal vez quien recibe un mayor gozo es aquél médico que descubrió una nueva sustancia y fue premiado por ello, o aquella persona que se decidió estudiar una maestría para luchar en favor del medio ambiente o que se autorrealizó en su profesión.

    Evidentemente, esa lucha inalcanzable produce un progreso objetivo tangible y palpable. Pero parece que, con respecto a nuestra psique, no habría tanto que hacer, ya que está condenada adaptarse al contexto en el que se desarrolla porque esa es su función. Y es mucho más entendible si comprendemos que tanto aquellos sentimientos positivos (felicidad, gozo, placer, autorrealización) como los negativos (tristeza, miedo, angustia y demás) siempre serán absolutamente necesarios para que el individuo se adapte a su entorno. Una persona que siempre esté feliz y que no tenga la capacidad de sentir miedo o tristeza seguramente tendrá muchos problemas para adaptarse a sus circunstancias y perecerá de una forma mucho más fácil.

    Y todo esto nos lleva a una cruda realidad: el fin último de nuestra especie dentro del mundo terrenal no es la felicidad, la felicidad más bien es uno de los medios por los cuales el ser humano puede adaptarse y sobrevivir dentro de su entorno. Y tal vez por eso, a pesar de los innegables progresos en el sentido positivo, la psique y su relación con el goce y el dolor se mantiene siempre relativamente constante.

  • Deepfake. La mañanera que viste nunca ocurrió

    Deepfake. La mañanera que viste nunca ocurrió

    Hace algunos meses apareció una página web que imitaba la voz del psicólogo clínico Jordan Peterson a la perfección. En dicha página cualquier usuario podía escribir cualquier cosa para que «Jordan Peterson lo dijera». La emulación era tan increíble que cualquier persona podía llegar a pensar que realmente él lo había dicho. Evidentemente Peterson buscó con éxito bajar la página de la red ya que era bien fácil hacer creer a la gente que el psicólogo había dicho algo que realmente no había dicho.

    A este nueva técnica se le llama deepfake, la cual, por medio de inteligencia artificial (algoritmos y deep learning ‘de ahí, el deep‘), permite crear audios y videos falsos de personas que aparentemente son reales. Esta técnica no solo emula en sí la voz y la imagen de aquella persona a quien quiere imitar, sino que «aprende a ser ella» al alimentar al programa con los suficientes contenidos relativos a la persona en cuestión. Llegará un punto donde no solo el tono de voz sea igual, sino que las expresiones y las muletillas serán exactamente las mismas. La tecnología está justo rebasando sea frontera en la cual la gente ya no es capaz de darse cuenta de que un contenido multimedia es falso, y esto puede representar un grave problema con implicaciones políticas y sociales.

    Un conocido antecedente de esta tecnología fue la recreación de la cara de la actriz Carrie Fisher (quien interpreta a la Princesa Leia) que vimos en la película Star Wars Rogue One:

    Pero cuando vimos esa escena que tantos recuerdos nos trajo, casi nadie se preguntó qué implicaciones podía tener la capacidad de emular la imagen y la voz de una persona con tal fidelidad que la gente no se vaya a dar cuenta de que lo que está viendo no es real. La animación y la inteligencia artificial al parecer ya han avanzado lo suficiente como para que no podamos distinguir qué es real y qué no lo es, y eso nos obliga a reflexionar sobre los externalidades que dicha tecnología pueda tener.

    En la actualidad, estas técnicas se desarrollan dentro de estudios muy sofisticados, pero como ocurre con cualquier tecnología, será cuestión de tiempo para que más personas y organizaciones puedan utilizarla a un costo cada vez menor. Pero si con Internet hemos aprendido que nos cuesta trabajo distinguir las noticias reales de las fake news cuando ciertamente hay forma de sortear ese dilema si investigamos bien la fuente, ¿qué va a pasar cuando frente a nuestra pantalla tengamos, por ejemplo, declaraciones de políticos que en realidad nunca existieron y que han sido creados para manipular a la opinión pública?

    Imagina que frente a la pantalla, el día de la elección presidencial, estás viendo un video donde a tu candidato favorito lo «agarraron con las manos en la masa» pactando con uno de los principales líderes del narco. Seguramente, al ser esta técnica ya conocida, mucha gente va a comenzar a sospechar y a preguntarse si lo que vio es verdad, pero bastará con que algunos duden para que dicho video tenga un impacto en las votaciones e influya sobre el resultado.

    Pero el problema también puede darse a la inversa, que los usuarios sospechen de cualquier contenido de tal forma que cuando un mandatario se vea en la necesidad de dar una declaración polémica y que salga de lo habitual pero que es necesaria, mucha gente comenzará a creer que es falso y posiblemente lo ignore.

    O ahora imaginemos que una pandilla delincuencial afirma haber sacrificado a un ser querido tuyo y te envía un video donde dicha persona se encuentra atada a una silla diciendo que si no le pagan tanta cantidad de dinero a los capos lo van a matar y que tiene tantos minutos para hacer la transferencia. ¿Cómo saber si lo que estás viendo es verdad?

    Esto puede tener serias implicaciones porque hasta ahora hemos dado por sentado que lo que estamos viendo frente a nuestra pantalla es real. Hasta ahora podíamos tener algunas imitaciones que eran asombrosamente parecidas pero que sabíamos que eran falsas. Ellas dependían de la caracterización y del maquillaje con lo cual era particularmente complicado engañar al público. El actor habría tenido que practicar por años a su personaje (cosa que la inteligencia artificial puede hacer de forma mucho más rápida) además de tener un aspecto físico lo suficientemente parecido como para que su caracterización fuera casi fiel: era un trabajo casi imposible. Dichas imitaciones por lo tanto tenían más bien propósitos humorísticos.

    Pero con la inteligencia artificial esos obstáculos propios de la condición humana han sido prácticamente sorteados. En no mucho tiempo podremos emular una mañanera de López Obrador sin problema alguno, o bien podremos crear un acuerdo ficticio entre Donald Trump y Vladimir Putin.

    Si ya de por sí el Internet ya ha modificado los canales de comunicación con la suficiente fuerza como para afectar la forma en que hacemos política, el caos podría adquirir nuevas tonalidades con esta tecnología que, si bien por un lado podría traer muchos beneficios, también podría generar muchísimos problemas si es utilizada con intenciones perversas u oscuras.