Autor: Cerebro

  • México Libre ¿y ahora quién va a dividir el voto opositor?

    México Libre ¿y ahora quién va a dividir el voto opositor?

    México Libre ¿y ahora quién va a dividir el voto opositor?

    Después de meses e incluso algunos años de duro esfuerzo, México Libre no logró el registro como partido.

    Los rumores y críticas abundan. Algunos (entre ellos Felipe Calderón y Margarita Zavala) aseguran que AMLO presionó al INE, otros que ello no pasó y que las razones para negarle el registro al partido tienen sustento. Pero aquí no hablaré de eso (lo dejaré para una ocasión posterior, cuando conozcamos la resolución del Tribunal al cual seguramente Margarita y Felipe acudirán).

    Lo que aquí me importa tiene que ver con las implicaciones de esta decisión en el panorama electoral, y son implicaciones que muchas personas no están viendo.

    Si se ve el asunto por encimita, si uno lee los tuits de Calderón criticando al INE y a López Obrador decir que fue un «triunfo del pueblo», uno asumirá que esto es una victoria de AMLO y que significa la consolidación de poder al «destruir alternativas a MORENA», pero si se le ve con más detenimiento, lo que se ve es otra cosa muy distinta.

    Es cierto que López Obrador ha festejado que a México Libre le hayan quitado la posibilidad de participar (lo cual me parece despreciable por parte de un presidente), pero ello no implica que este escenario le convenga: o 1) no se ha dado cuenta de ello, o 2) sabe que no le conviene, pero lo festeja porque Calderón es el «enemigo» y le funciona para fortalecer su narrativa, pero ¿por qué este escenario no es el más conveniente para López Obrador?

    La respuesta es simple: México Libre iba a dividir el voto opositor (divide et impera) y no iba a permitir lo que incluso sin ellos se antoja complicado: la creación de un bloque opositor frente a MORENA que pueda captar los votos del antilopezobradorismo. No lo iba a permitir por el simple hecho de que el calderonismo y el PAN rompieron cualquier puente de comunicación.

    Es cierto que para 2021 la oposición (o como se le pueda llamar) buscará quitarle a López Obrador la mayoría en las cámaras, y cuantitativamente da igual si el PAN gana, por decir, 100 diputados más o si se los reparte con México Libre, aunque también es cierto que es más efectiva una oposición homogénea en las cámaras que una donde los distintos partidos que la conforman tengan rencillas. Resulta, además, que no solo en 2021 sino a lo largo del sexenio habrá elecciones de gubernaturas y varias alcaldías. Ahí donde México Libre tuviera candidato, ahí dónde el voto de la derecha quedaría más fragmentado.

    El problema mayor habría sido en 2024 porque la presencia de México Libre le impediría a la oposición crear un frente opositor que busque quitarle a MORENA la silla presidencial dada la indisposición de aquel partido y el PAN de formar acuerdos.

    Supongamos que el antilopezobradorismo hará voto estratégico en contra de MORENA votando por el PAN (aunque no simpatize del todo con ese partido). Imaginemos que los resultados del 2024 quedaran de la siguiente forma.

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRD* (si existe todavía)PRI
    41%43%16%

    En ese escenario, la coalición le quitaría el poder a MORENA y lo desterraría de la silla presidencial. ¿Pero qué pasa si metemos a México Libre en la ecuación? Digamos que la mayoría de la oposición debe votar por el PAN, pero los más afines al calderonismo deciden votar por México Libre. Imaginemos que México Libre tiene el 5% (3% del cual habría votado por el PAN y otro 2%, los más férreos calderonistas que no votarían por el PAN nunca, por el PRI). Quedaría algo así:

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRDMéxico LibrePRI
    41%40%5%14%

    Aquí México Libre sería determinante para el triunfo de MORENA, quien ganaría de forma apretada en este ejemplo. Pero ¿qué pasaría si México Libre lograra conformarse como «la opción opositora» dejando la coalición PAN-PRD-MC solo con su voto duro y sus leales? Tal vez tendríamos algo así:

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRDMéxico LibrePRI
    41%10%35%14%

    En este escenario la victoria de MORENA sería todavía más contundente, ya que el PAN tiene una base que no es despreciable y MC tiene la suya en estados como Jalisco y Nuevo León. Digamos que de ese 10% el 7% corresponde al PAN y el 3% a MC.

    Incluso un escenario así, aunque más complicado (dado que habrá voto estratégico y casi necesariamente se inclinará hacia una de las dos opciones), podría llegar a ocurrir.

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC y PRDMéxico LibrePRI
    41%25%20%14%

    Para que la oposición pueda quitarle el poder a López Obrador, necesita crear un frente que capte al voto opositor. Si AMLO mantiene suficientemente popularidad como para que gane con el 40% e incluso un poco menos (en 2018 obtuvo el 53%), entonces la presencia de México Libre podría terminar de darle el triunfo a MORENA.

    El escenario más complicado es que México Libre sea parte de la coalición, pero sabemos que eso muy difícilmente habría sucedido.

    MORENA-PT-PVEMCoalición PAN-MC-PRD-MLPRI
    41%45%14%

    Aquí habría ayudado a consolidar el triunfo de la coalición, y solo en ese caso la negativa del INE a México Libre para conformarse habría beneficiado a López Obrador. Pero el contrafactual «¿qué habría sucedido si… ?» tal vez no sea tan difícil de responder, ya que un escenario donde el PAN y México Libre cooperaran habría sido muy difícil.

    Es evidente que en este ejercicio estoy planteando supuestos. No sabemos si el PAN logrará por sí mismo amalgamar todo el voto opositor. No sabemos si algunos, decepcionados de toda la clase política, se quedarán en su casa (cosa a la que aspira el régimen). No sabemos qué hará el PRI: si se integra a la coalición o hace una con MORENA. Tampoco sabemos con certeza si habrá coalición siquiera, pero plantear supuestos funciona para ejemplificar cómo es que la presencia de México Libre en el escenario puede dividir el voto tanto en las elecciones presidenciales como en las alcaldías y gubernaturas donde contiendan.

    México Libre y el PAN apuntan a un mismo electorado, y si bien el PAN pareciera haberse «socialdemocratizado» un poco, tampoco es que algo tan diferente pueda decirse de México Libre que guarda una buena relación con el Partido Demócrata de Estados Unidos y hasta son referente para ellos. Por ello es que la presencia de ambos partidos no hará más que dividir los votos ya no solo de la derecha, sino de la oposición antilopezobradorista como tal.

    La noticia debería ser más bien buena para quienes quieren ver a MORENA fuera del poder, aunque no definitoria. Habrá que ver si el PAN tiene la capacidad de acaparar el voto opositor, habrá que ver si se forma algo parecido a una coalición. El escenario sigue siendo complicado.

  • ¿Para qué sirve un informe?

    ¿Para qué sirve un informe?

    ¿Para qué sirve un informe?

    Tengo un problema con los informes presidenciales.

    El problema es que estos no parecen servir para lo que se supone deberían estar destinados a servir.

    Y no, no es algo característico de este sexenio, sino de muchos atrás.

    Yo esperaría que un informe fuera un ejercicio de rendición de cuentas, donde el presidente se sienta obligado a explicar los triunfos y los fracasos de su gobierno.

    Pero eso simplemente no sucede, aunque lo parezca. No nos engañemos.

    Un informe debería ser, por sí mismo, un contrapeso al poder político (representado, claro está, por el Presidente). Ahí, el Presidente debe rendir cuentas sobre sus actos (buenos o malos), debe explicar no sólo lo que se ha hecho bien, sino para qué, pero, sobre todo, debería explicarnos por qué aquellas otras cosas se han hecho mal y qué va a hacerse para remediarlo.

    Pero en realidad el informe no es un contrapeso sino todo lo contrario. Los informes son más bien una suerte de propaganda presidencial.

    Lo son porque ahí, el Presidente, en su monólogo, tratará de contar su versión de los hechos de forma que nos haga creer que vivimos en un mundo idílico. El informe sirve para tratar de modificar la narrativa sobre su ejercicio del poder de una forma que le parezca lo más favorable (más allá de si se logre o no). Por eso a López Obrador le encanta preparar su informe y hasta presenta informes extraordinarios cada rato (pero también le gustaban a Peña Nieto y a Calderón, y por eso hacían sus informes pomposos y hasta usaban la propaganda oficial para reforzar lo que se dirá en el informe).

    En el informe no hay nadie que cuestione, no hay políticos de oposición (menos todavía desde que dejaron de hacerse en la Cámara de Diputados), mucho menos personas de la sociedad civil, solo hay invitados que escuchan atentamente lo que el Presidente de la República dice.

    Imagínense un informe donde los opositores o representantes de la sociedad civil cuestionen al mandatario y le pregunten por qué ha tomado tales y cuales medidas o por qué las cifras sobre tal cuestión son desfavorables. No se trata de crear del informe un campo de batalla donde se intercambien improperios (puede tener sus propios protocolos y mecanismos para que el intercambio se haga con toda civilidad), pero sí uno donde haya contraste, donde el mandatario se vea orillado a justificar o explicar tal o cual medida y tenga que salir de su zona de confort (ejercicios de este tipo se han llevado a cabo a nivel estatal).

    Pero eso no sucede. El informe, que debería ser un ejercicio de rendición de cuentas, se transforma en un show mediático sigilosamente preparado para crear la impresión de que está rindiendo cuentas, pero no es así. Basta tergiversar las cifras, basta minimizar y hasta omitir los errores, basta con que el mandatario tenga el control de todo el evento para convertir este supuesto ejercicio de rendición de cuentas donde el Presidente hace como que da explicaciones y se somete a la opinión pública, pero no lo hace.

    Del informe sólo se habla en programas de opinión (muchos de ellos transmitidos ya a altas horas de la noche), se escriben algunas columnas. Pero esto ya después de que el Presidente haya dicho todo lo que tenía que decir. Todas esas inquietudes y cuestionamientos quedarán sin réplica por parte del mandatario.

    Tal vez por eso a mucha gente ni les interesan los informes, porque es más un acto de propaganda que otra cosa. Es algo más parecido a un spot presidencial que un ejercicio de contraste.

  • Del Zoom a la TV Abierta. La brecha tecnológica en la educación en tiempos pandémicos

    Del Zoom a la TV Abierta. La brecha tecnológica en la educación en tiempos pandémicos

    Bien sabido es que la pandemia nos ha prohibido tener clases presenciales.

    Y cuando hablamos de ello, lo primero que se nos viene a la mente a quienes formamos de esa minoría privilegiada llamada «clase media» (de igual forma ocurre con la clase alta) son las clases remotas con Zoom, Blue Jeans o Microsoft Teams.

    Pero lo cierto es que ese es un lujo que muchos mexicanos no se pueden dar. No solo aquellos que no tienen acceso a Internet, sino muchos otros que sí tienen acceso pero de una forma precaria: aquellos que viven en lugares donde la conexión no es estable o aquellos que tienen Internet solamente en sus dispositivos móviles, los cuales, por cierto, son de gama baja. Ello también es un problema por si habías tenido la «asombrosa idea» de que se conectaran por ese medio.

    A todos estos sectores solo les queda una opción: las clases por televisión (esas que se están transmitiendo por Televisa). Y ese mundo es diametralmente distinto a nuestro mundo de «estudios de forma remota con actividades asincrónicas (como se les llama a las tareas en esta modalidad)».

    Actualmente estoy viviendo la experiencia de estudiar el primer semestre de la maestría en el CIDE de forma remota, y si bien creo que nada cambia la experiencia de las clases presenciales (la convivencia en persona con tus compañeros-colegas y con los profesores, el hecho de que puede ser más incómodo estar sentado frente a una pantalla que en el aula), la verdad es que funciona bien. No es lo mismo, pero se le parece. La calidad de la educación que uno recibe es similar.

    Las clases por televisión son otro mundo. Allí la interacción simplemente no existe y ello es una gran desventaja. El estudiante se convierte en un consumidor pasivo de información que le es dada en una pantalla. Pero ¿qué pasa si tiene una duda? ¿Qué pasa si no entendió bien? A lo mucho, podría echarle una llamada a su profesor, pero no es lo mismo, ya que el recurso visual es indispensable. ¿O cómo es que un profesor podría explicarle por teléfono al alumno cómo resolver una ecuación cuadrática?

    Las clases «a distancia» no son una novedad en sí (la novedad es que los colegios que dan clases presenciales hayan tenido que trasladarse a esta modalidad). Experiencia sobre cómo hacerlo hay de sobra (muchas instituciones ya daban cursos en línea a través de plataformas como Coursera o EdX y el reto no va mucho más allá de capacitar al profesorado para que hagan bien su trabajo y acostumbrarse a la modalidad. Las inconveniencias se arreglan en el camino y a través de la experiencia. La interactividad ayuda a que el sistema mismo se retroalimente y vaya mejorando.

    Pero con el sistema de clases por televisión no ocurre lo mismo. Éstas tienen una curva de aprendizaje más elevada y, como la dinámica no es interactiva sino pasiva, es más difícil percatarse de qué tan bien o qué tan mal está funcionando, lleva más tiempo.

    https://www.youtube.com/watch?v=cF8-QAsgkaI

    Es el sistema centralizado (el gobierno) el que carga con la mayor parte de la curva de aprendizaje, y generalmente los incentivos para ello son menores (basta ver la mala calidad de los contenidos preliminares como los del video). Seguramente muchos maestros harán su lucha y pondrán todo su esfuerzo para tratar de auxiliar a los alumnos, pero la brecha tecnológica siempre será un problema.

    En las clases remotas el profesor solo tiene que hacer lo que siempre ha hecho pero de forma virtual: no tiene pizarrón pero tiene el iPad. Basta con que esté bien capacitado para que la calidad de la educación sea casi la misma que la clase presencial. De hecho, el profesor puede valerse de muchos recursos tecnológicos que son tan útiles que seguramente van a perdurar incluso cuando regresen las clases presenciales.

    En las clases por televisión la dinámica cambia drásticamente. ¿Cómo hacer que el alumno, que ahora no está en un aula sino frente a la televisión, pueda tener un mayor aprovechamiento educativo? ¿Cómo es que deben ser mostrados los contenidos para que el alumno aprenda, no se canse o no se distraiga? ¿Cómo hacer para que la calidad de la educación no caiga dado que el alumno tendrá muchos más problemas para hacer preguntas al maestro y donde la interacción es prácticamente nula? Ello implica todo un replanteamiento de los métodos pedagógicos, lo cual hace la curva de aprendizaje todavía más grande.

    Así, la brecha tecnológica trae ganadores y perdedores.

    Todos aquellos que tienen la capacidad tecnológica de tomar clases de forma remota no verán cambios drásticos en el aprovechamiento de la educación. Los que no tienen ese privilegio estarán en desventaja. Ya de por sí la educación que reciben los sectores con menos recursos deja mucho que desear.

    Imaginemos lo que puede ocurrir cuando a un sistema educativo, ya de por sí problemático, se le despoja de la interactividad y convierte al alumno en un ser pasivo. Éste tan solo debe estar callado mirando la pantalla sin poder preguntarle nada a nadie y mucho menos puede pedir al profesor que repita el problema que no entendió.

    Es evidente que el aprovechamiento no va a ser el mismo y la brecha tecnológica acentuará más la brecha educativa, donde los más pobres estarán todavía peor educados. A ellos lo mejor que les podría pasar es que la pandemia termine pronto para que sea el menor tiempo posible el que deban estar pasivos frente a una pantalla a la que no le pueden preguntar nada.

  • Mi maestría y ¿qué va a pasar con El Cerebro Habla?

    Mi maestría y ¿qué va a pasar con El Cerebro Habla?

    Como algunos de ustedes saben, desde principios de este mes entré a estudiar la maestría de Ciencia Política en el CIDE.

    Evidentemente, quien ha escuchado algo sobre el CIDE sabe que no es cualquier institución. La exigencia académica es muy alta.

    Estas últimas semanas han girado en torno a la maestría. Por lo general, con todas las lecturas, clases y ensayos, mi rutina empieza como a las 8:30 AM de la mañana y termina a las 10:00 PM. Algunas veces termino hasta más tarde, aunque también hay otros días son más tranquilos y puedo tener parte de la tarde libre, pero por lo general la dinámica es así.

    Los fines de semana los he tenido también un tanto ocupados. Aprovecho para leer algunas lecturas que tengo pendientes, practico un poco de matemáticas (porque sí, llevamos algo de matemáticas y cálculo), etc.

    Para mí todo esto es una experiencia muy grata. Puede parecer muy matado, pero cuando es lo que te gusta y lo que quieres, la verdad es que se disfruta. No me pesa esta rutina, la paso bien (claro, con excepción del cansancio mental en el que a veces se puede llegar a caer) y la verdad estoy aprendiendo un montón como no tienen idea.

    Pero si estoy tan ocupado, ¿qué va a pasar con este blog? ¿Este espacio va a morir?

    El Cerebro Habla va a seguir vivito y coleando. De hecho, si observan mis últimas entradas, podrán ver que subí algunas este mes. Afortunadamente he encontrado espacios para seguir publicando. Inclusive la intención es que este espacio me pueda ayudar a practicar un poco lo aprendido de tal forma que con ello pueda alimentar mis artículos de crítica política.

    Lo que sí va a pasar es que escribiré de forma más periódica. Estoy calculando que publicaré algo así como la mitad del número de artículos que venía publicando anteriormente. Es decir, si antes escribía quince artículos al mes en promedio, ahora tal vez suba siete u ocho. La carga de estudio difícilmente me dará para más.

    Así que aquí voy a seguir haciendo mis críticas políticas y sociales. Espero que con el conocimiento que adquiera en la maestría sean cada vez más refinadas.

    Gracias a mis lectoras y lectores por su comprensión.

  • Los corruptos dicen: pío pío pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío

    Los corruptos dicen: pío pío pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío

    El circo mediático de Emilio Lozoya había funcionado muy bien.

    Digo que es un circo no porque todas las acusaciones hacia los partidos y actores clave de la oposición fueran difamaciones (son tan corruptos que poco trabajo debe costar al régimen actual exhibirlos), sino porque, más que impartir justicia, se trataba de un show mediático con fines político-electorales con el fin de pintar a la oposición como corrupta y así contrastearse con ellos.

    Y creo que una persona sensata no podría negar el mar de corrupción en el que nadan los partidos opositores.

    López Obrador había subido algunos puntos en las encuestas a raíz del circo mediático. La estrategia estaba funcionando bien, pero dado que ésta trastocaba muchos intereses, era entonces previsible que dichos intereses reaccionaran.

    Y lo hicieron.

    A través del programa de Carlos Loret de Mola, esos intereses exhibieron un video de Pío López Obrador, el ahora «hermano incómodo», quien recibió dinero de David León (personaje que, a la postre, ha escalado en el organigrama de la 4T).

    “Hazle saber al licenciado, a través de tus medios, que lo estamos apoyando”.

    David León

    Estas prácticas (lamentablemente) son comunes dentro de todos los partidos políticos, no es como que MORENA se destaque por recibir este tipo de sobornos, el problema ocurre cuando quien se involucra en este tipo de actividades es quien promete ser diferente y acabar con la corrupción.

    Entonces se convierten en cínicos.

    Este golpe le impacta ahí donde más le duele: en su narrativa. El discurso anticorrupción había sido el salvavidas dentro de la contingencia (pandemia, crisis económica e inseguridad) a tal punto que, según Consulta Mitofsky, AMLO recuperó la popularidad que todavía tenía en marzo.

    AMLO se excusó diciendo que se trataba de aportaciones para fortalecer el movimiento, que quien lo financia es el pueblo (e incluso se atrevió a «recordar historia» el mencionar que la Revolución Mexicana se financió con el dinero del pueblo). Peor aún, su esposa se jactó de que Leona Vicario «daba dinero a su causa» y no la grabaron.

    Ante lo evidente, no les queda de otra que sostener argumentos relativistas o descontextualizar hechos para hacer pasar el acto de corrupción como algo normal y cotidiano para que no manche la imagen del gobierno.

    Pero la corrupción en ese acto es irrefutable. Es tan simple como el hecho de que dichas «transacciones» no fueron reportadas al INE, no hay más. No hay por donde defender el acto. Que todos lo hacen, pero ellos nos juraron que no eran como los demás.

    Lo que comenzó como un circo termina como una guerra de lodo, donde dos entidades corruptas (el régimen corrupto y la oposición corrupta) se acusan de corrupción. Pero quien la lleva de perder es quien más ha perjurado ser honesto e impoluto.

    Los sobornos entregados a Pío López Obrador pueden convertirse en la Casa Blanca de este sexenio porque, a diferencia de los errores impensables y de las ineptitudes características de este régimen, este caso pega en el principal activo del gobierno: su narrativa.

    No hay forma de defender al gobierno de este acto. Ello sólo podría hacerse desde el fanatismo, la profunda ignorancia o el interés propio.

    Y así como ninguna persona sensata debería defender a los corruptos acusados por el régimen (de los cuales se muestren pruebas), tampoco debería hacerlo con el régimen de López Obrador que es, como lo son los demás en mayor o menor medida, corrupto.

  • La oposición como ausencia

    La oposición como ausencia

    La oposición como ausencia

    Poco queda para que el gobierno de López Obrador cumpla dos años.

    ¿Saben qué es muy triste? Que a estas alturas no hay ninguna oposición política.

    Sí, hay algunos movimientos allá afuera como FRENA que ha logrado convocar a una cantidad no despreciable de gente. Sin embargo, no parece ser capaz de avanzar más allá de donde está (posiblemente por el polémico y demagogo perfil de quien lo dirige) y trascender.

    Sí, hay algunos ciudadanos, académicos y demás personas que hacen activismo para contrarrestar el vendaval de la 4T, como aquellos que lucharon para evitar que el gobierno cooptara el INE. Pero no hay una articulación para que a partir de ahí se forme un fuerte contrapeso.

    Pero si en la ciudadanía pueden verse algunas luces (y no son muchas), en el ámbito de la política las tinieblas abundan.

    Es evidente que los partidos no aprendieron la lección ni reflexionaron. A casi dos años siguen como noqueados sin entender qué pasó, y posiblemente no logren ni estén dispuestos a hacer ese esfuerzo.

    Miren la encuesta de Reforma. Cuando se le pregunta a la ciudadanía que líder podría fungir como contrapeso frente a López Obrador, el primer lugar es Ricardo Anaya.

    Imagen
    Fuente: Diario Reforma. 17/08/2020

    ¿Y qué con eso?

    Bueno, Ricardo Anaya prácticamente ha estado fuera de la escena pública desde 2018. Que el principal «referente» sea alguien que no ha tenido participación ni exposición alguna habla de la ausencia de liderazgos políticos de oposición.

    El problema es que si los opositores quieren pensar en 2021, sin líderes simplemente no la van a armar.

    Ciertamente, AMLO ha perdido popularidad comparado con el 2018, pero sigue por arriba del 50% y desde marzo se ha mantenido estable (incluso la aumentó el último mes).

    Encuesta Mitofsky – El Economista

    Esto es una mala noticia, porque si AMLO mantiene su popularidad en el 2021 y los partidos de oposición no son capaces de mostrarse como una opción que realmente valga la pena, entonces van a sufrir una amarga derrota. Cierto es que no pocos saldrán a votar por lo que sea con tal de votar contra MORENA, pero muchos otros se quedarán en sus casas decepcionados de todos los partidos políticos.

    Este escenario le conviene a López Obrador, y tan le conviene que el show mediático de Emilio Lozoya está orientado en este sentido: en desacreditar a una oposición para que sean los menos los que voten por ellos.

    El tiempo se le está acabando a los partidos de oposición y pareciera que el sentimiento de urgencia brilla por su ausencia. Tienen menos de un año para reorganizarse y mostrarse como una opción presentable, pero si no hay autocrítica por su parte, si no hay una profunda reflexión como la que han postergado en estos dos años, el 2021 va a ser catastrófico para ellos.

  • Covid-19 ¿Quién tiene la culpa? ¿El gobierno o la sociedad?

    Covid-19 ¿Quién tiene la culpa? ¿El gobierno o la sociedad?

    Basta darle una checada a los números, basta tener que recurrir a la gráfica logarítmica porque en la lineal es complicado ver alguna desaceleración de los casos a más de seis meses de que la pandemia pisó nuestro país.

    Lo más triste es que al día de hoy no parece verse la luz al final del túnel. Parece que seguiremos a la deriva: contando centenares de muertos y miles de contagiados diarios mientras no ocurra una de dos cosas: 1) que se produzca la tan ansiada vacuna y se comience a aplicar o 2) que sí se logre la anhelada inmunidad de rebaño (claro, después de algunos cientos de miles de muertes).

    En la opinión pública (sobre todo en redes) corren dos versiones: una dice que no hay que culpar al gobierno, que veamos a toda la gente en las calles y vacacionando como si nada, y otra que dice que todo es culpa del gobierno y que si la gente no se cuida es culpa del gobierno mismo (por no tomar medidas drásticas o mandar mensajes confusos).

    ¿Y entonces quién tiene la culpa?

    La realidad es que tanto gobierno como sociedad cargan con la responsabilidad de la tragedia. Son corresponsables, y me explico…

    La responsabilidad del gobierno:

    Es evidente que el gobierno tiene capacidad y poder para tomar decisiones que incidan en el resultado de la pandemia, no es como que el gobierno no pueda hacer nada ante una sociedad que se comporta de forma irresponsable.

    El gobierno ha cometido errores muy graves.

    1. Ha mandado mensajes muy confusos. López Obrador (en la misma tesitura que sus colegas populistas Donald Trump y Jair Bolsonaro) se ha rehusado a usar cubrebocas e incluso invitó a la gente a salir en plena pandemia contradiciendo al subsecretario Hugo López-Gatell.
    2. Se ha negado a ayudar a pequeñas y medianas empresas a sortear la crisis económica producida con la pandemia, con lo cual mucha gente no solo está en aprietos económicos, sino que tiene menos margen de maniobra para cuidarse del Covid-19
    3. La estrategia seguida por Hugo López-Gatell (el modelo centinela) ha demostrado ser inadecuada para contabilizar el número de muertes y contagiados, con lo cual es imposible desarrollar una estrategia ya que el gobierno solo puede actuar «a ciegas». Ni hablar del afán del subsecretario por dar una y otra vez pronósticos que no se cumplen.
    4. La estrategia sanitaria también ha sido deficiente (y en parte se desprende del punto anterior). El hecho de que muchas personas mueran en casa y los hospitales no estén saturados (cosa que el gobierno presume como un logro), obedece a la deficiencia de la estrategia para atender a los pacientes con Covid-19 que requieren estar en cuidados intensivos.
    5. La falta de coordinación e incluso de voluntad de cooperación con los gobiernos estatales (claro, asignando a estos últimos parte de la responsabilidad).
    6. Y por último, la nula autocrítica. Ante el evidente fracaso de la estrategia no hay ningún cambio de plan y estrategia. Por el contrario, los esfuerzos van encaminados a convencer a la población de que sí lo están haciendo bien.

    La responsabilidad de la sociedad

    Pero sería absurdo culpar al gobierno de toda la tragedia cuando muchas personas están allá afuera sin cubrebocas y sin tomar medidas mínimas. Pensar eso implicaría anular el libre albedrío de la gente así como considerar a la gente como meros autómatas que solo actúan cuando el gobierno les da órdenes.

    Cabe resaltar que cuando hablo de «la sociedad» estoy haciendo una mera generalización. No toda la gente se comporta de forma irresponsable y no son pocos los que se cuidan, pero sí hay mucho otros que, teniendo posibilidad de tomar precauciones, simplemente no lo hacen. En promedio podría concluir que la respuesta de la sociedad ante la pandemia no ha sido la mejor.

    La verdad es que allá afuera hay mucha gente sin cubrebocas, que no toma medidas, y a la que no le importa siquiera portar su frasquito de gel antibacterial. Se entiende que hay gente que por su situación socioeconómica tienen que moverse en transporte público para ir a trabajar y tienen que pasar por aglomeraciones. Este tipo de eventualidades se obvian, pero uno esperaría que, eventualidades aparte, se tomen precauciones en medida de lo posible: si tengo que viajar en un vagón de metro congestionado, de menos me llevo mi cubrebocas.

    Incluso hemos visto eventos muy penosos y degradante como ataques y linchamientos a médicos por parte de personas que dicen no creer en el Covid-19. La gente también tiene la responsabilidad de informarse bien.

    Claro que todos quisiéramos salir sin cubrebocas, pero desde una postura racional es una incomodidad mucho menor portarlo que contagiarse o contagiar a otros de Covid-19. La verdad es que a mucha gente no le ha importado y algunos de ellos han tenido que pagar la lección de terrible manera (muchas veces con parientes que fallecieron producto de su irresponsabilidad).

    Conclusión

    Evidentemente, es imposible tarea medir cuantitativamente cuánto es responsabilidad del gobierno y cuánto de la sociedad, son demasiadas las variables en juego. Sí podemos, sin embargo, determinar por simple observación que ambos actores han puesto de su cosecha para que esto salga mal. Está claro que de ninguna manera la responsabilidad de un actor exime el de otro como si se tratara de una categorización binaria.

    Y para concluir, no podemos dejar de hacer notar que ni el gobierno ni la sociedad son dos entidades independientes que no interactúan. La forma de actuar del gobierno algo nos dice sobre la forma de ser de la sociedad. Los políticos no crecen sobre algún vacío cultural e idiosincrático. Por el contrario, el político no se puede terminar de explicar sin hacer referencia a la sociedad de la cual surgió y forma parte.

  • Lysenko Laboratories presenta:

    Lysenko Laboratories presenta:

    Lysenko Laboratories presenta:

    Después de más de seis meses, o bien, solo seis meses después, se acaba de anunciar la primera vacuna contra el Covid-19.

    Evidentemente, esto ocurre en un contexto donde existe una fuerte urgencia y presión (social, política y económica) de detener la pandemia a como dé lugar. La pandemia ha causado estragos económicos, ha afectado intereses políticos y ha creado problemas sociales.

    Dentro de esa presión también existen intereses geopolíticos. Las naciones saben muy bien que subirse a ese carro les puede traer muchos réditos, las farmacéuticas también lo saben. Estos intereses (político-económicos) están, en este contexto, alineados hasta cierto punto con los intereses de la gente. Tanto a las élites económicas, políticas, así como la sociedad en su conjunto les urge que haya una vacuna.

    Pero ello no quiere decir que dicha «alineación de intereses» sea perfecta, y Rusia es un caso.

    En la batalla geopolítica, Rusia dio un golpe mediático al anunciar la primera vacuna creada por el Instituto Galameya. No fueron ni los estadounidenses ni los chinos (como se sugería) quienes lo hicieron, sino los rusos. Hasta tuvieron el descaro de ponerle el nombre de Sputnik-V (en alusión al primer satélite lanzado por la URSS al espacio dentro de la carrera espacial que tuvieron con los EEUU).

    Pero luego vienen los problemas: si bien el propio Vladimir Putin asegura que la vacuna es eficaz y otorga inmunidad estable, lo cierto es que los rusos se saltaron los protocolos y el proceso de registro. Esta movida por parte de los rusos ha recibido críticas por parte de la OMS y parte de la comunidad científica.

    A diferencia de la guerra espacial que trajo muchos avances científicos, las prisas con el afán de figurar y dar golpes mediáticos pueden causar serios efectos adversos, sobre todo cuando dichas prisas provocan que se salten los protocolos y los métodos para garantizar la efectividad . Que Putin presuma que su hija ha tomado esa vacuna (ni siquiera hay forma de verificarlo, menos en un régimen autocrático) no prueba nada y no puede sustituir a los rigurosos métodos a los que se tienen que someter las vacunas y medicamentos antes de sacarlos al mercado.

    Los rusos podrán presumir que sacaron la primera vacuna, pero no necesariamente la más efectiva ni la mejor ni la más recomendable. Puede que en sentido estricto sí hayan sido los primeros, pero antes de darles cualquier aplauso hay que contextualizar y comprender que lo hicieron a costa de los rigurosos procesos necesarios para lanzar una vacuna eficaz y segura.