Autor: Cerebro

  • El gobierno de la chusma, por la chusma y para la chusma

    El gobierno de la chusma, por la chusma y para la chusma

    El gobierno de la chusma, por la chusma y para la chusma

    Que los líderes políticos relevantes (o aspirantes a serlo) sean Quico, Ricardo Salinas Pliego, Gilberto Lozano o Samuel García, debería ser algo preocupante.

    Se supone que en una democracia el votante elige al candidato que quiere que lo represente. En teoría, el votante tomará una decisión racional al elegir a aquel candidato que considere está mejor preparado para tomar decisiones en su nombre.

    La politóloga Hannah Pitkin decía que para que un candidato represente de forma efectiva a los ciudadanos no puede estar en ninguno de los siguientes dos extremos:

    1. No puede ser alguien que confíe en sus conocimientos y preparación de tal forma que deje de escuchar a sus representados y le sean irrelevantes.
    2. No puede ser alguien que sea igual de falible que el ciudadano promedio, de tal forma que no sea alguien que sobresalga o tenga atributos especiales para llevar a cabo su tarea como representante.

    Según Pitkin, lo ideal sería un punto intermedio: que los políticos tengan una preparación tal que el ciudadano no tiene, pero que, a la vez, escuche las necesidades de sus representados y trabaje en su beneficio.

    Las figuras que mencioné al principio se parecen al segundo extremo: son personas que no se distinguen mucho del ciudadano promedio, o si lo hacen (digamos, Salinas Pliego) no lo hacen necesariamente en materia de preparación política. Pueden ser buenos en algo pero no necesariamente presumen credenciales para gobernar y no sobresalen del individuo promedio.

    Estas figuras coinciden en que sus seguidores no buscan de ellos capacidad para gobernar, sino que son atraídos por la frivolidad del mensaje o personaje. ¿Por qué tendría que creer que Quico va a ser un buen gobierno? ¿Qué razones me ha presentado el comediante (ahora precandidato)? Responder esa pregunta no importa, lo que importa es que Quico me marcó mi infancia y me gustaría que aquél que se burlaba de Don Ramón sea mi representante.

    Los efectos de elegir a este tipo de representantes ya los conocemos, los estamos viendo en nuestro país vecino del norte, pero también lo vemos en Morelos, el estado que gobierna Cuauhtémoc Blanco.

    Mucho se ha debatido sobre la capacidad que el elector tiene para hacer una buena elección en las urnas. Se ha insistido en que la falta de conocimiento, el fanatismo ideológico (aquellos a los que Jason Brennan llama hooligans) o la mera irracionalidad hacen que muchos ciudadanos tomen decisiones equivocadas en las urnas. Pero aquí el problema es más grave, porque lo que muestra el surgimiento de estos líderes cuestionables ya no es una elección deficiente a la hora de ponderar qué candidato puede representar mejor y de mejor forma al individuo, sino la total renuncia a este ejercicio: no elijo a Quico o a Cuauhtémoc Blanco porque, a mi juicio, es el que mejor puede gobernar: lo elijo porque es mi futbolista favorito o el comediante que me gustaba en mi infancia.

    Así, el ejercicio del voto se termina pervirtiendo y se convierte en un mero show mediático más bien parecido a un concurso tipo Big Brother VIP que a un ejercicio democrático. A diferencia de Big Brother podemos saber algo de antemano: todos perdemos.

    Y el problema es que, aún cuando nos hemos percatado de los magros resultados de este tipo de personajes en el gobierno, la gente no solo deja de votar por ellos, sino que son más los que surgen y se apuntan, porque saben que tienen posibilidades de ganar. Tienen todos los defectos de los políticos de carrera: se pueden corromper de igual forma y mienten igual, pero no tienen las virtudes que un político de carrera sí tiene y que se suelen dar por sentadas frente a las críticas que hacemos de ellos.

    ¡Ya no se junten con esa chusma!

  • La cuenta de Trump y el poder de las empresas tecnológicas

    La cuenta de Trump y el poder de las empresas tecnológicas

    La cuenta de Trump y el poder de las empresas tecnológicas

    Voy a empezar diciendo algo de manera tajante: el hecho en sí, de que las empresas tecnológicas hayan suspendido las cuentas de Trump, me parece un acierto: por el contexto en el que ocurre y por el peligro que representa el discurso de Trump en estos momentos. Podemos entrar en discusiones semánticas sobre si a ese acto se le puede llamar censura o no, pero recordemos que cuando una persona se registra en Twitter (empresa privada) acepta los términos y condiciones que Donald Trump no acató y por tanto Twitter está en su derecho de suspender su cuenta.

    Que el acto sea el correcto no significa que de aquí no se puedan desprender algunas cuestiones e incluso algunas preocupaciones que tienen que ver con el poder que pueden acumular las empresas tecnológicas como Facebook, Twitter, Amazon y demás, que si bien hasta hoy nos han traído herramientas valiosísimas y de calidad, el poder económico y social que acumulan puede traducirse en una gran cantidad de poder político.

    Es curioso porque era la izquierda la que había hecho un mayor énfasis en este tema, pero esa bandera ha sido tomada por el ultraconservadurismo al ver a su líder político ser sancionado, incluso contra sus propios ideales de libre empresa y, en algunos casos, deseando intervención gubernamental.

    Entre las muchas contradicciones en las que han caído la derecha y los libertarios estos últimos días, tal vez no se equivoquen (dejando de lado sus énfasis conspiranoides) cuando hablan sobre un sesgo de estas empresas hacia el progresismo: son empresas californianas y generalmente los perfiles progresistas funcionan mejor dentro de las empresas tecnológicas. Vaya, ninguna entidad puede ser realmente neutra ideológicamente y de alguna manera ese sesgo se va a notar en la forma en que se desempeñan.

    ¿Habrían actuado igual si el líder político que no reconoce resultados y d a incentivos a los violentos hubiese sido demócrata? Es una buena pregunta que sería complicado responder hasta poder tener un contrafáctico. ¿Por qué Twitter no suspende las cuentas de Nicolás Maduro o Kim Jung?

    Controlar una red tan amplia como Twitter es algo muy complicado, discursos de odio ahí abundan y solo pueden ser controlados cuando son muchas las personas las que denuncian las cuentas. Dicho esto, a muchas personas las han suspendido por mucho menos que lo que han dicho otras personas que siguen libres. Los incentivos de una red como Twitter son evidentemente comerciales y seguramente la sanción a Trump responde, en parte, a ello, sobre todo cuando las empresas tecnológicas fueron severamente cuestionadas en el pasado por dejar circular un sinfín de fake news y discursos de odio.

    Seguramente ello responde a la segunda pregunta. Twitter es una empresa estadounidense y un Presidente que ataca a las instituciones democráticas e incentiva actos violentos trastoca más sus intereses que lo que dice algún Ayatolá al otro lado del mundo. Es cierto también que en este caso Donald Trump debió haber sido sancionado desde antes y posiblemente no se sancionó sino hasta ahora porque Twitter, ya que Trump está a punto de dejar el poder, no va a sufrir las consecuencias de haberse «metido con el Presidente».

    Que las sanciones que aplica Twitter o no son parejas o si tienen algún sesgo ideológico me parece que es algo sano de preguntarse y habla también sobre la necesidad de que las grandes compañías tecnológicas puedan ser capaces de crear un reglamento (junto con su aplicación) que sea lo más efectivo posible y que genere la menor controversia posible. Es algo difícil de hacer, más cuando estas empresas tecnológicas apenas están en medio de una curva de aprendizaje: son pocos años los que se ha debatido sobre cómo manejar este tipo de conflictos, sobre la desinformación y los discursos de odio.

    Que haya un sesgo ideológico (a mi parecer bastante menos marcado del que sugieren los ultraconservadores, pero que existe) es un problema si se pretende que Twitter sea un espacio donde personas que piensen distinto puedan convivir. Es cierto que en Twitter tanto liberales, progresistas, conservadores y religiosos pueden participar libremente, pero una cuestión a preguntarse es si las sanciones a quienes evidentemente faltaron al reglamento son medidas con la misma vara, o si algunas conductas inapropiadas se dejan pasar más que otras.

    El ultraconservadurismo, de forma evidente y deliberada, ha buscado sobredimensionar este sesgo para así poder crear una narrativa de ustedes contra nosotros, y por ello es que el árbitro de la plataforma debe buscar ser lo más neutral posible. Si bien, una plataforma, como entidad privada, podría tener derecho a tener un sesgo ideológico deliberado, ello no sería deseable. Por ejemplo, si los ultraconservadores junto con parte de la derecha se van a otras redes como Parler, ahí se va a crear un nido de extremistas (como ya parece estar ocurriendo) y Twitter se va a inclinar más a la izquierda, lo cual potenciará aún más el problema de las cámaras de eco. Los pocos vasos comunicantes que habían entre las distintas visiones ideológicas van a terminar rompiéndose y eso es muy peligroso.

    Pero esto no significa que la anarquía sea la solución: la realidad es que es sano y deseable que las redes sociales tengan un reglamento para fomentar, en la medida de lo posible, el buen uso de la plataforma. Que las plataformas tengan un reglamento no significa un atentado a la libertad de expresión a menos que éste tenga como fin último acallar a las personas que piensan de una forma (lo cual no creo que sea el caso, con lo anteriormente dicho). Así como hay existe un reglamento donde en un concierto no puedo aventar botellas al escenario o así como puedo ser retirado de un salón si hago escándalo en medio de una conferencia, así también las redes sociales pueden reglamentar su uso sin que eso implique un ataque a la libertad de expresión.

    La cuestión no es si es injusto que se sancione a Trump, evidentemente no lo es por más que algunos insistan, la cuestión es si Twitter es coherente o no al aplicar las sanciones o si su modelo termina de ser eficiente. El problema es que estos pequeños detalles dentro de compañías tecnológicas que adquieren cada vez un mayor poder económico, social y político, sí pueden marcar una diferencia.

  • Trump, y el libertinaje moral del conservadurismo

    Trump, y el libertinaje moral del conservadurismo

    Trump, y el libertinaje moral del conservadurismo

    Que vivamos en tiempos de verdades relativas y posverdades no es una sorpresa.

    El conservadurismo ha insistido en que el relativismo y la decadencia moral es producto de esa izquierda cultural influida por los filósofos posmodernos como Michel Foucault y Jacques Derrida.

    Sin embargo, la realidad es que en estos últimos años hemos sido testigos de la aparición de una derecha profundamente «líquida», (como dijera cierto filósofo), en la cual se arropan quienes dicen defender los valores morales, pero que está representada por una corriente de pensamiento nihilista (si es que se le puede llamar corriente de pensamiento) encarnada por Donald Trump.

    En el pasado, la derecha procuraba votar a políticos que eran (o aparentaban ser) hombres íntegros, patrióticos, de familia, con una buena conducta, moderación (más allá de si realmente lo eran). Se fijaban mucho en esos detalles y los políticos lo sabían.

    Donald Trump es lo opuesto al arquetipo conservador: es un hombre profundamente nihilista para el cual «todo se vale». El concepto de «ley y orden» se ha repetido una y otra vez en su presidencia, pero lo que hemos visto de su gobierno es lo contrario: caos, atropello institucional y un profundo atropello a los valores democráticos de los Estados Unidos. Incluso habría que preguntarse si una de las posturas más importantes para su electorado, como era su oposición al aborto, fue genuina o no. En 1999, él mismo afirmó ser «pro-choice».

    Podría esperar, por ejemplo, que en 2016 vieran a Trump como el menor de los males (pero mal al fin y al cabo) y votaran estratégicamente porque son «Prolife», pero no me hace sentido alguno que lo arropen y lo hagan suyo.

    Y es que Trump está lejos de ser ese arquetipo que los conservadores antes buscaban: Trump no es un hombre familiar (aunque insista en ello), no es un hombre «fiel a su esposa» ni un padre de familia ejemplar en lo absoluto como un conservador esperaría: no es una persona que promueva valores morales, por el contrario: representa la ausencia de cualquier principio ético o moral. Trump está muy lejos de ser un Ronald Reagan, quien sí parecía encajar mucho más con ese arquetipo.

    Esta idea posmoderna de que todo es un mero relato y que tanto han criticado algunos conservadores es también parte de ellos y su postura en torno al Covid lo deja patente. Si algunos posmodernos se atreven a argumentar que la ciencia no es más que un relato, estos sectores conservadores que simpatizan con Trump tienden a hacer lo mismo, y tal vez de una forma más grosera. Estos sectores son los que se han mostrado más reacios a tomar medidas recomendadas por especialistas en la materia (incluido Trump mismo), son los que más «oposición» han tenido frente a las vacunas y los que más consideran las propuestas científicas al mismo nivel que las «soluciones alternativas», e incluso prefiriendo estas últimas. No es que en los demás sectores ideológicos este problema esté ausente, pero es particularmente notable entre los sectores conservadores que simpatizan con Trump.

    Estos conservadores nos han alertado una y otra vez que el relativismo y las políticas identitarias son peligrosas para Occidente, pero cuando su líder clama un fraude que no hubo y viola todos esos acuerdos tácitos que explican la supervivencia de la democracia estadounidense no solo hacen mutis, sino que se dejan convencer y aplauden la «irreverencia» antidemocrática de su tirano. Llaman la atención influencers conservadores como Agustín Laje, que tanto se indignaron por las protestas de Black Lives Matter que terminaron en violencia, pero que mide con una vara distinta las protestas de los extremistas simpatizantes de Trump porque son de «los suyos».

    Por todo esto es que veo con asombro cómo algunos líderes de opinión de la derecha más conservadora y confesional de México han convertido a Trump en un mártir e incluso le ruegan a Dios que lo proteja. ¿Un hombre corrupto, egocéntrico y misógino que representa la más profunda decadencia de valores y principios éticos y morales un mártir?

    Si estos sectores están abocados en denunciar la decadencia moral, deberían empezar por verse al espejo. Hay algo muy grotesco en la idealización de un hombre nihilista por parte de aquellos que dicen ser guardianes de los valores morales.

  • Análisis de la conversación política en Twitter parte 1

    Análisis de la conversación política en Twitter parte 1

    Análisis de la conversación política en Twitter parte 1

    Muchas personas utilizamos Twitter para informarnos sobre el acontecer político, seguimos a políticos, académicos, periodistas, influencers y opinólogos.

    Pero, ¿cómo se ve la conversación desde fuera? ¿Cómo interactúa el oficialismo con la oposición? Gracias a la ciencia de datos, me di a la tarea de contestar estas preguntas y llegué a conclusiones muy interesantes.

    Con ayuda de R Studio, la API de Twitter y librerías como tidyverse, rtweet y visNetwork elaboré una red de nodos donde es posible ver cómo es que las cuentas interactúan: estas son interactivas y los usuarios pueden jugar con ellas: los nodos son seleccionables y se puede hacer zoom con el mouse o los dedos en una pantalla táctil. La primera red toma como referencia las menciones que se hacen las distintas cuentas y la otra los retweets entre las distintas cuentas.

    Para este ejercicio incluí a políticos oficialistas (rojo) y de oposición (negro), simpatizantes del régimen (naranja) académicos o intelectuales no alineados al régimen (azul), periodistas no alineados al régimen (amarillo) e influencers (verde). Para este ejercicio se tomaron los 2000 tweets más recientes en los que estas cuentas interactuaron.

    Las líneas explican la relación de una cuenta con otra y el grosor es el tamaño de la interacción que dos cuentas tienen. Las cuentas que más nodos tienen suelen concentrarse al centro y las que menos nodos son relegadas a la periferia.

    Esto es lo que obtuve en el caso de las menciones. Basta presionar el nodo de cada personaje para ver con claridad con qué personajes interactúa más y con cuáles no tiene ninguna interacción:

    Al ver esto, varias cosas me llamaron la atención. Es posible ver cómo, por lo general, la conversación suele agruparse en clusters. En la zona superior izquierda se concentran los periodistas e intelectuales que no están adheridos al régimen (en su mayoría opositores) y en la parte inferior derecha se concentra el oficialismo: tanto políticos como simpatizantes.

    Sin embargo, existen algunos casos anómalos. Felipe Calderón se encuentra «atrapado» en el cluster oficialista y creo que la explicación es sencilla. Calderón suele gastar más energías en criticar al oficialismo al tiempo que los oficialistas hacen lo propio con Calderón quien se ha convertido en una suerte de némesis de la 4T. Gerardo Esquivel es otro caso anómalo ya que se encuentra en el «cluster opositor» y ello también tiene una explicación. Esquivel suele interactuar con varios académicos que no están adheridos al régimen e incluso asiste a programas de opinión como «La Hora de Opìnar».

    En la periferia aparecen los influencers. Al parecer, solo Chumel y Vampipe no están tan relegados como los demás, aunque están relativamente lejos del centro de la conversación. Que los influencers se encuentren en la periferia se explica, en gran medida, porque están más preocupados en tener impacto sobre la comunidad en general que en «formar parte» de la comentocracia política.

    Si hacemos este mismo ejercicio con retweets tenemos este resultado:

    El resultado no es el mismo. Mi supuesto es que la gente suele, en muchos casos, mencionar a otros usuarios para criticarlos, mientras que, en ello ocurre rara vez con los retweets, y esto puede explicarse porque:
    1. La separación entre clusters es más evidente y la interacción entre los usuarios de los distintos clusters es menor. En el caso de las menciones, ambos clusters se encuentran más cercanos y. como mencioné anteriormente, algunos de los personajes se traslapan. En este caso rara vez ocurre esto (solamente con Gerardo Esquivel (quien incluso aparece un poco menos integrado al cluster «opositor» que en el primer caso).
    2. Son más los políticos son relegados a la periferia que en el primer caso. Los intelectuales y opinólogos los mencionan mucho (supongo que para criticarlos) y por ello en el primer caso muchos están en el centro de la conversación, pero los retuitean poco.

    Es de llamar la atención que los políticos más relegados son los opositores mientras que los políticos oficialistas están más «incluidos» dentro del cluster oficialista. Esto sugiere que hay una mayor afinidad entre los simpatizantes del régimen y los políticos de dicho régimen que entre los opositores y los políticos de oposición. Al parecer, los opositores no se terminan de sentir representados por los políticos de oposición.


    Para concluir, con base en este ejercicio se puede percibir una tendencia a la tribalización del discurso en Twitter: las cuentas suelen interactuar con quienes son afines ideológicamente y son parecidos a ellos (ello explica la presencia de estos clusters) mientras que lo hacen poco con quienes tienen una postura diferente. Es decir, el discurso político en Twitter tiende más bien a formar burbujas ideológicas y no suele promover del todo una sana discusión de ideas entre quienes piensan distinto, discusión que si bien no está completamente ausente, sí es algo escasa.

  • ¿Por qué no te quieres vacunar?

    ¿Por qué no te quieres vacunar?

    ¿Por qué no te quieres vacunar?

    Mucho se ha hablado sobre las deficientes políticas del gobierno para contener la pandemia o sobre la irresponsabilidad de muchas personas. ¡Lo bueno es que ya vienen las vacunas! Algunos dicen aliviados, pero de aquí surge otro problema que puede ser determinante y que puede marcar una gran diferencia entre el número de muertes por el Covid.

    Resulta que muchas personas no se quieren vacunar. Nos dicen que son muy escépticos a las farmacéuticas y a las élites de poder. ¡Podría haber gato encerrado! ¡Quieren manipularnos! Hablan de supuestos órdenes mundiales, de Bill Gates, de chips y hasta de fetos abortados.

    Días después ven una nota en redes sociales que confirman su postura: resulta que un médico que se vacunó desarrolló síntomas graves: ¿ves? Te dije, hay gato encerrado. ¡Te dije y una y otra vez que no tenía sentido que una vacuna saliera tan rápido!

    Pero ello no es más que un sesgo cognitivo. No es lo mismo un caso específico publicitado en los medios que muchos casos que no son cubiertos (básicamente, porque los medios no se van a poner, por poner un ejemplo, a sacar una plana por cada muerte del Covid).

    Estadísticamente, vacunarse contra el Covid es «mucho menos peligroso» que no vacunarse contra el Covid. Una persona que no está vacunada tiene posibilidades mucho más altas de morir o tener un cuadro grave que el que tiene una persona por recibir la vacuna. ¿Cuántas muertes por Covid o cuántos cuadros graves se desarrollan mientras lees una nota de un doctor que tiene una sintomatología grave a causa de la vacuna en México o en alguna parte del mundo? En México se han administrado 25,000 vacunas y de estas solo se ha reportado un caso grave. Mientras tanto, ha habido casi 25 muertes por cada 25,000 personas (con base en cifras oficiales que, como sabemos, tiene un subreporte de muertes).

    Esto ya es argumento suficiente y necesario para vacunarse. Es más, es menos peligroso vacunarse que manejar un coche o salir a andar en bicicleta. Ahí hay más probabilidades de fallecer que recibiendo una vacuna.

    Los «escépticos» de las vacunas también insisten en que la vacuna salió muy rápido, que ahí hay «gato encerrado». Pero difícilmente te sabrán explicar cómo es que se desarrolla una vacuna.

    Explicaciones explicar la rapidez del desarrollo de la vacuna abundan. Una de las razones por las que la vacuna salió en menos de un año es que las investigaciones no comenzaron desde cero. Había ya mucho camino recorrido gracias a los «hermanos» del Covid, el SARS y el MERS.

    Otra de las razones es que, dado los estragos que causa la pandemia, había demasiado interés en tener una vacuna. Sí, los intereses económicos de «los poderosos» están alineados con los intereses de la población en general. A todos, a la farmacéutica malévola, al gobierno, a ti y a mí nos conviene tener la vacuna.

    Los sospechosistas nos quieren convencer de que «algo nos están queriendo ocultar», pero no saben bien qué o cómo: nos dicen que el virus fue creado en un laboratorio para contagiarnos y hacer dinero con ello. Pero eso es un absurdo porque la pandemia no ha hecho más que golpear a muchos sectores económicos. Muchas transnacionales han visto pérdidas en sus cuentas producto de la reducción del consumo producto de la pandemia.

    Pero así como no pueden explicarnos cómo es que se desarrolla una vacuna o cómo funciona, tampoco pueden explicarnos bien en qué consiste esta conspiración. Y lo preocupante es que este «escepticismo» solo va a traer consecuencias adversas a la población en general.

    La sana duda y el escepticismo son válidos, pero para eso se investiga, no se supone. Cualquier persona sensata que haga un esfuerzo en investigar se dará cuenta que gran parte del miedo a las vacunas no tiene fundamento alguno.

  • AMLO y sus oposiciones. Breve análisis de discurso

    AMLO y sus oposiciones. Breve análisis de discurso

    AMLO y sus oposiciones. Breve análisis de discurso

    En política el discurso es poder: aquello que se dice es lo que convoca y amalgama. A través de las palabras, el individuo es introducido a una opción política de tal forma que vote por ella o se alinee a ella.

    El discurso político no solo trata de intercambiar mera información o datos, más bien trata de inducir al ciudadano a tomar una acción y para ello es importante que aquello que se dice tenga algún bagaje emocional que funja como estímulo. Por ello es importante que el político conozca al electorado al que aspira llegar si es que quiere convencerlo, porque si lo conoce entonces sabrá «qué botones apretar».

    Este texto trata un poco sobre ello, sobre el contenido de los discursos tanto de López Obrador (como evidente cabeza y símbolo del régimen actual) así como de las dos oposiciones a su gobierno más relevantes que serían «Va por México» y FRENA». Para esto, decidí irme a lo más simple: ¿qué palabras suelen usarse más en los discursos de estos tres movimientos políticos? Con este fin hice un ejercicio de minería de datos (data mining) con los siguientes discursos:

    Para llevar a cabo este ejercicio primero extraje el texto de los discursos de las transcripciones de los videos en YouTube, y luego, con ayuda de R Studio, obtuve las palabras más utilizadas de cada discurso. En específico, utilicé el paquete tidyverse para muchas de las funciones básicas de manejo de datos y graficación, el paquete tidytext para la minería de datos, stopwords para eliminar pronombres y palabras que no eran útiles para el análisis (aún así se llegaron a colar algunas) y wordcloud2 para generar la nube de palabras.

    Andrés Manuel López Obrador

    Voy a empezar con el discurso de López Obrador que puedes ver aquí:

    Las palabras que utilizó en su discurso son las siguientes:

    Esta nube de palabras dice mucho sobre el lenguaje retórico que AMLO utiliza. Pueblo es una de las palabras más utilizadas, ya que este concepto retórico le permite hacer la distinción entre el «pueblo» y los «privilegiados». La palabra «vamos» es muy recurrente ya que, en ese discurso, funge como muletilla para presentar sus propuestas: «vamos a hacer esto y aquello». Podemos ver cómo es que la retórica de AMLO es propia y no es parasitaria de alguien más. Hace referencia a sus adversarios de forma indirecta con palabras como «corrupción» o «poder», pero su retórica brilla con luz propia.

    Es de notar que el discurso que López Obrador maneja es sencillo: podemos observar palabras como «trabajo», «becas», «corrupción», «caminos» e incluso «amor». Son palabras que todo el mundo entiende, prácticamente no hay tecnicismos ni términos académicos.

    Va por México

    La presentación de Va por México se puede ver aquí. Cabe señalar que dicha presentación se hizo a través de una videoconferencia y no a través de un evento multitudinario. Las palabras más utilizadas fueron las siguientes:

    La palabras «México» y «país» fueron las más utilizadas, y tiene sentido que así sea (sobre todo porque es parte de su nombre). Sin embargo, a diferencia del discurso de AMLO, aquí sí podemos percatarnos del uso de términos un poco más técnicos que, si bien no son tan sofisticados, sí son más propios para la gente con cierto nivel de educación: «electoral», «activista», «desarrollo», «coalición». También podemos encontrarnos con palabras que son parte de la retórica partidista tradicional y que AMLO ha evitado usar: palabras como «proyecto» o «desarrollo».

    Por otro lado, debo reconocer que, al menos en este evento, su discurso no fue parasitario del de López Obrador y se enfocó en evocar sentimientos de esperanza así como mirar al futuro (lo cual me parece acertado). Sin embargo, no existe una narrativa sólida y cohesionada (como sí ocurre con el discurso de AMLO) que le dé forma. Mientras que en el caso de López Obrador el conjunto de palabras parecen formar algo: una narrativa coherente que le da esencia a su movimiento, en este caso podemos observar más bien una amalgama de ideas y lugares comunes por aquí y por allá que no terminan de formar un discurso que tenga sustancia.

    FRENA

    Por ultimo tenemos el caso de FRENA que, en este caso, se compone de varios discursos y videos de Gilberto Lozano. La comparación puede parecer ociosa ya que, en este caso, no se trata de una presentación sino de un discurso confrontativo. Sin embargo, es cierto que este es por lo general el tono del discurso típico en FRENA y por ello decidí incluirlo.

    En el caso de las palabras más utilizadas, tenemos el siguiente resultado:

    Podemos ver que el discurso de FRENA trata sobre López Obrador. «López» es la palabra más mencionada en los discursos de Gilberto Lozano. También podemos percatarnos de algunas palabras que evocan miedo o encono, tales como «radical», «chavista», «apesta», «mentira».

    El discurso es parasitario del de López Obrador en el sentido de que depende completamente de él y no ofrece nada propio: ni siquiera un sentimiento de esperanza, pero, a diferencia de «Va por México» sí podemos observar un discurso más cohesionado y basta con ver las palabras que componen la nube para darnos cuenta de qué va este movimiento.


    Para concluir, algo que me interesó saber fue el uso de ciertas palabras en estos discursos tales como pueblo, democracia, corrupción o México. Obtuve los siguientes resultados:

    Algo que me parece interesante de esta gráfica es el contraste entre la palabra «pueblo» y «ciudadanía». El término pueblo concibe a la sociedad como una masa homogénea que tiene una voluntad propia. El término ciudadanía, por su parte, reconoce la heterogeneidad de la sociedad: es decir, la percibe como una entidad que está compuesta por individuos diversos que no necesariamente piensan de la misma forma ni tienen las mismas aspiraciones.

    Los movimientos de carácter populista suelen apelar al pueblo porque ellos les permite crear un discurso polarizador (el pueblo contra la élite, los privilegiados o la clase política), y en este sentido tal vez no sea coincidencia que en el discurso de López Obrador, así como en los discursos de Gilberto Lozano, se prefiera usar el término «pueblo» en vez de el de «ciudadanía».

    Me llamó la atención que López Obrador no haya utilizado una sola vez la palabra «democracia» en su discurso. Va por México, en cambio, la usó de forma recurrente en su presentación.


    Podemos ver, a través de estos (breves) análisis de discurso, que cada uno tiene una esencia distinta y apela a diferentes sentimientos. Unos son más efectivos que otros: el de AMLO es el que a mi parecer funciona mejor, el de FRENA apela al miedo pero no ofrece alguna ruta mientras que en el de Va por México, si bien acierta al apostar por el futuro y la esperanza, no termina de tener cohesión alguna y queda atrapado en el discurso político de los últimos 20 años.

  • ¿Va por México? ¿De verdad?

    ¿Va por México? ¿De verdad?

    ¿Va por México? ¿De verdad?

    Si Stalin, Churchill y Roosevelt dejaron sus evidentes diferencias (más bien los dos últimos con el primero) para vencer a Hitler, entonces el PRI, el PAN y el PRD podrían aliarse para quitarle a AMLO la mayoría en las cámaras y acotar su poder ¿no? ¿Qué podría malir sal?

    En términos cuantitativos no es una mala idea, o no lo parecería. El PAN, el PRI y el PRD (si es que queda algo de ese partido) juntarían su voto duro y sus estructuras para ganar más alcaldías, alguna gubernatura o bien, más curules en el Congreso.

    Pero los votos no son necesariamente intercambiables. Si 20 personas quieren votar por el PRI y 10 por el PAN ello no implica que 30 personas van a votar por una alianza PRI-PAN. Es posible que algunos panistas voten por el PAN porque detestan al PRI o viceversa de tal forma que si ambos fueran en alianza, el individuo se abstendría de votar por ésta, buscaría una tercera opción, o bien, se abstendría de ir a votar.

    Como alianza, seguramente lograrán juntar más votos que si fueran por su propio camino, además de que en un sistema mixto como el nuestro (sistema de mayoría combinado con algunas características del sistema de representación proporcional), la relación entre votos y curules no es lineal, sino sigmoide, con lo cual, a pesar de los votos perdidos, la alianza sigue siendo más conveniente, como afirma el académico Javier Márquez:

    En este sentido la alianza no es mala idea, pero no significa que por sí sola vaya a vencer a la 4T. Estamos hablando de tres partidos que hoy tienen más negativos y menos popularidad que MORENA y que, para ser sinceros, están muy desgastados y quemados.

    El problema no es el qué (la alianza), sino el cómo (cómo se hace, quienes la integran, qué ofrecen, qué narrativa van a construir).

    En este contexto, la elección se vuelve una suerte de plebiscito donde a la gente se le pregunta si quiere este régimen o quiere regresar al régimen pasado que fue derrotado contundentemente. No puede ser otra cosa porque la coalición PRI-PAN-PRD no hace más que representar al régimen saliente, a ese que AMLO llamó por tanto tiempo «la mafia del poder». ¿Qué ofrecen de nuevo los mismos? No solo no lo sabemos, sino que la gente verá con escepticismo cualquier novedad que se prometa.

    El problema para «Va por México» es que este plebiscito, al día de hoy, sería ganado por MORENA sin grandes contratiempos. Las elecciones legislativas suelen verse muy afectadas por las ejecutivas en las elecciones presidenciales ya que son concurrentes, y, aunque este no es el caso, López Obrador se está esforzando mucho para que el escenario sea lo similar posible y «transmita» su espíritu a los candidatos de su partido. Lo que en una elección importa no son los números, no importa si el PIB no ha crecido o si este gobierno toma decisiones erráticas, lo que importa es que poco más del 60% está contento con este gobierno.

    ¿Qué propone «Va por México»? ¿Por qué debería votar por él? El único incentivo más allá del voto tradicional que tienen los partidos que la componen es que alguien prefiera cualquier cosa que no sea AMLO. No son pocos los que estarían dispuestos a votar de esa forma, pero no son los suficientes: «Va por México» tiene que ofrecer algo más para atraer a toda esa gran masa de personas indecisas o «apáticas», esas que por lo general no votan en las intermedias. Una derrota en las intermedias no solo sería una derrota electoral sino una moral: «vencidos una vez más».

    Un grave problema es el de la narrativa. El día de hoy, AMLO tiene el control total de la narrativa sobre la oposición y la alianza en sí la fortalece (es el PRIAN en su máxima expresión). López Obrador ha logrado dividir a los dos polos entre nosotros (el pueblo bueno) y ellos (los privilegiados) donde seguramente quedará colocado «Va por México». Lo peor es que ya ha cometido errores en este sentido y que son oro puro para este discurso polarizador, o es que ¿cómo se les ocurrió usar fotografías de campesinos blancos para su propaganda?

    ¿Qué promete «Va por México»? No sé. Suena a lo mismo de siempre y hoy, y como ya dije, entre lo mismo de siempre y AMLO gana AMLO.

    El problema comienza con el nombre: «Pacto por México», «Iniciativa México», «Sí por México», «Va por México» ¿no pueden contratar a alguna persona que de verdad sepa de branding y les cree un nombre más innovador? Es que el mismo nombre, que parece slogan de campaña de Televisa o del Oxxo, hace referencia a «lo de siempre», a las mismas élites, y si algo tienen que hacer es desligarse de «lo de siempre» y ofrecer algo más (que ya de por sí es difícil dado los partidos que lo conforman).

    Considero que para que «Va por México» triunfe (además de cambiar ese terrible nombre) van a tener que ceder, y solo cediendo van a poder construir una narrativa mediamente creíble. Ceder implica que se comprometan a impulsar reformas o políticas que necesariamente van a trastocar sus intereses (tanto de los partidos como de los políticos que los conforman), implica que den algunos puestos a ciudadanos que no necesariamente forman parte de esa clase política y que inspiran cierto respeto, implica que la honestidad y la cercanía con la gente van a ser importantes en los perfiles que tendrán que elegir para contender.

    Necesariamente tendrán que salir de su lógica tradicional de hacer política, tendrán que tener una capacidad de autocrítica que hasta hoy ha estado completamente ausente y, después de eso, tendrán que saber ser más empáticos con el electorado que les dio un doloroso puntapié en el 2018 y el cual no puede terminar de entenderse con datos cuantitativos o meros grupos de enfoque. Van a necesitar hacer un gran esfuerzo. Siendo sinceros, esperar ello me parece algo bastante complicado porque hasta el día de hoy la autocrítica ha estado completamente ausente.

    Es cuestión de representatividad «Va por México» no representa a casi nadie (el voto duro de los partidos que conforman la alianza está algo moribundo) mientras que la 4T sí lo hace y sí que ha sabido construir una suerte de conexión simbiótica a través de la retórica y la construcción de una narrativa muy potente. Ahí la 4T tiene ventaja: «Va por México» podría quedar condenado a fungir como mero repositorio del voto anti AMLO, es como un «es lo que hay, pero ni modo, tenemos que votar por esto para debilitar a López Obrador» y dudo que eso sea suficiente.

    Otro problema (o más bien una continuación de los que ya mencioné) tiene que ver con lo que Anthony Downs ilustra en su teorema del votante mediano. Este suele usarse para explicar elecciones bipartidistas donde el que se ubique más cerca del votante mediano (el que se encuentra justo en el punto medio de la distribución) gana la elección. En este sentido, asumiendo que habrá una elección «bipartidista» entre MORENA y «Va por México», dejando al remanente casi irrelevante en la mayoría de las entidades (MC) excepto en estados como Jalisco y Nuevo León, y dada la composición socioeconómica del país, podemos usar de alguna forma este modelo e intuir que MORENA se encuentra más cerca del votante mediano que «Va por México». Por ello tendrán que construir una narrativa que apele a diversos sectores socioeconómicos, y no solo a la clase media, media-alta y alta. Si «va por México» no logra acercarse al votante mediano y se queda atrapado en las élites políticas, en las confederaciones patronales y en los discursos intelectualoides, sus probabilidades serán prácticamente nulas. Es decir, si hacen lo que están haciendo actualmente, poco van a lograr.

    Dicho todo esto, podemos concluir que la alianza es una condición necesaria pero no suficiente. Si no logran construir una narrativa potente, si no tienen voluntad para ceder y deshacerse de intereses en favor de la ciudadanía, difícilmente podrán cambiar algo en el 2021, y si pierden en 2021 será más difícil aún ganar en 2024.

  • La segunda ola del Covid y México. Solo nos queda el caos

    La segunda ola del Covid y México. Solo nos queda el caos

    La segunda ola del Covid y México. Solo nos queda el caos

    Últimamente me he sentido muy frustrado, ¿saben? La segunda ola (sin que siquiera hubiese terminado la primera en nuestro país) está aterrizando en nuestro país y apenas va a comenzar lo peor, no solo por la naturaleza de dicha segunda ola, sino porque no estamos preparados en lo absoluto.

    La segunda ola es inevitable porque está impactando en prácticamente todo el mundo, pero evidentemente este impacto terminará de variar de acuerdo con la cultura del país en cuestión, el contexto socioeconómico y la calidad de las políticas públicas impuestas ahí.

    Llega, sí, casi al mismo tiempo en que las vacunas van a comenzar a aplicarse, pero el efecto de las vacunas va a tardar unos meses en notarse para toda la población en general. Esto quiere decir que las vacunas no nos van a salvar en el corto plazo. Es como si tu casa se estuviera quemando y tienes la esperanza en que el cuerpo de bomberos se comprometió en llegar en 15 minutos, no te puedes sentir aliviado porque tu casa se va a seguir quemando en lo que llega.

    Mientras la segunda ola comienza a revolcarnos, las camas de los hospitales comienzan a escasear y cada vez más gente morirá porque no había cama ni ventilador, pensamos que nos habíamos salvado de eso, pero no es así.

    Las autoridades terminan obligadas a «suspender» actividades, con el impacto económico que ello implica (y que habría sido menor si, como cualquier país decente hizo, hubiera dado apoyos tanto a personas como a empresas que no dio). Lo nuestro es un caos total.

    Y es que todo falla por todos lados. Si los países más preparados están en un serio aprieto (véase Reino Unido y la nueva cepa que tiene a los ingleses en aprietos) imagínense lo que va a ser para nosotros.

    En nuestro país el Gobierno Federal lo ha hecho mal: no han hecho más que enviar mensajes confusos y contradictorios, no han hecho más que tomar pésimas decisiones de política pública (nos juraron que la estrategia iba a ser evitar la saturación en los hospitales, hasta cifras nos presumían y ahora ni eso). Luego ha habido una terrible descoordinación con las entidades federativas. Cada quien su estrategia. No ha habido nada cercano a un consenso, todos van por su cuenta.

    Mientras esto ocurre, a una gran parte de la sociedad literalmente le vale madre: bodas multitudinarias, grandes posadas, gente que va al tianguis sin cubrebocas. No es que sea el único país en el que pase, hasta en las naciones desarrolladas aparecen esas actitudes de free rider, pero allá al menos hay una autoridad mientras que acá el mismo gobierno alimenta estas conductas y dan incentivos para ellas porque ellos mismos hicieron como que no pasaba nada, López Obrador ni siquiera se molesta en usar cubrebocas, López-Gatell dice en TikTok que no lo cuestionen a él por las actitudes de AMLO que porque él sí usa el cubrebocas cuando en el pasado nos dijo literalmente que no servían.

    Y ante este vacío podríamos pensar que vendría algún liderazgo que trate de llenarlo, pero en vez de ello tenemos a figurines como Salinas Pliego, quien, por cuidar sus ingresos, ha expuesto a sus más de 90,000 empleados y ha utilizado los medios a su alcance (desde los noticieros de TV Azteca hasta su cuenta de Twitter) para invitarnos a no tomar medidas y vivir la vida.

    Claro está, la conspiranoia y el escepticismo absurdo (que claramente se vuelve más agudo cuando las autoridades no hacen bien su trabajo de informar y han perdido su legitimidad para hacerlo) en el que la gente cree que el Covid no existe, que el dióxido de cloro es más efectivo que las vacunas, que hay un plan por parte de Bill Gates para controlar el mundo y demás teorías absurdas,

    Y mientras tanto, diariamente siguen muriendo decenas de personas. Ciertamente, muchas de esas muertes eran inevitables, pero otras podrían haberse salvado si no fuera por la ineptitud del gobierno y la indiferencia de un sector de la sociedad. Los muertos se convirtieron en mera estadística (y ni siquiera están bien contados), parece que se volvieron completamente irrelevantes para la gente (a menos que le toque a un cercano suyo) y, peor aún, para el mismo gobierno que anda concentrado en construir sus obras faraónicas o presumirnos paisajes desde el avión.

    Luego podría pensar que al menos en pocos meses los sectores más vulnerables van a estar vacunados y la mayoría de todos nosotros en unos pocos más. Podría sentirme aliviado porque las elecciones del 2021 son un incentivo para que el gobierno, ahora sí, haga bien su trabajo. Me temo que, debido a las experiencias reiterativas con este gobierno, lo menos que uno puede hacer es guardar profundo escepticismo: sí, el gobierno debe liderar el suministro de vacunas, pero que hospitales privados no puedan comprar por su cuenta las suyas es un completo absurdo, y también lo es que no exista coordinación alguna entre Estado e iniciativa privada para el suministro.

    Por eso solo nos queda el caos. Por eso solo nos queda tomar nuestras medidas de forma personal y privada en un entorno hostil y adverso, y aquí sólo quien tenga la información adecuada (que uno tiene que buscar por sí mismo) tendrá más posibilidades de protegerse contra el virus.