Autor: Cerebro

  • Somos de Netflix. La historia de una masacre en el México más oscuro

    Somos de Netflix. La historia de una masacre en el México más oscuro

    Somos de Netflix. La historia de una masacre en el México más oscuro
    NETFLIX © 2021

    México es un país que tiene muchas facetas, muchas realidades distintas. No pocos mexicanos (aunque la minoría, claro está) pueden presumir tener una calidad de vida similar a los de países europeos. Muchos otros viven en realidades muy distintas que muchos no llegamos a experimentar y que conocemos por la nota roja: realidades donde la violencia es pan de cada día, donde la descomposición social, la carencia de recursos y la necesidad de aferrarse a lo que sea para sobrevivir o salir adelante es regla y no excepción.

    Dentro de este lastimoso contexto, «Somos«, la serie de Netflix, relata una de las masacres más duras que haya experimentado en nuestro país en los últimos tiempos, una que no necesariamente tuvo la difusión que merecía y en la que posiblemente murieron más de 300 personas en Allende, Coahuila, un poblado de no más de 20,000 habitantes. Poco más de una de cada 100 personas en ese poblado murieron. James Schamus, el creador de esta serie, después de leer el reportaje de Ginger Thompson, llegó a la cuenta de que esa era una historia que tenía que ser contada a través de la pantalla.

    ¿Por qué Somos es una serie que vale la pena? Por el simple hecho de que, a diferencia de muchas otras producciones de Netflix, la historia está relatada desde la perspectiva de las víctimas. Por eso se llama así la serie. La mayoría de los personajes como tales no existieron, pero la trama como tal está basada en testimonios reales que aparecen en el reportaje de Thompson de tal forma que, aunque los personajes sean ficticios, la historia que circunda la trama no lo es.

    Muchos de los actores no eran de carrera. Schamus quería transmitir naturalidad a través de la historia y lo hizo a través de actores «no profesionales», cosa que salió bien. Jesús Sida, quien interpretó a Paquito, es un buen ejemplo de ello ya que hizo un muy buen trabajo en la miniserie.

    El desarrollo de la serie es increíble, el arco de los personajes se va desarrollando a través de los distintos capítulos de tal forma que logras empatizar con ellos mientras un ambiente tenso se comienza a hacer poco a poco más presente. No hay una idealización de la víctima, se les presenta como seres imperfectos que pueden tener muchos defectos, lo cual termina de darle más naturalidad a la trama. Así, cuando la tragedia ocurre, aquello que no puede sentirse con las estadísticas termina doliendo mucho después de haber humanizado a quienes terminarán siendo las víctimas de la tragedia.

    Somos acierta en relatar las problemáticas que rodean a la tragedia. Allende es, como muchos pueblos mexicanos, relativamente pobre. Parece ser un pueblo de paso, donde no hay mucho que hacer y donde no hay muchas formas de salir adelante: exceptuando a los más acaudalados que pueden huir de vez en cuando, la cantina y el vicio son formas de perder el tiempo para la gran mayoría de la población. Ahí cohabitan la pobreza, la violencia como forma común para resolver conflictos, los abusos de autoridad ejemplificado en los policías que detienen arbitrariamente a Paquito, el machismo que se hace presente en la relación con las mujeres y, sobre todo, con el trato a las prostitutas como meros objetos (desde los narcotraficantes hasta el pusilánime Benjamín), pero también en esa figura del hombre altanero que siente que puede pasar encima de lo que sea y de quien sea: el típico macho mexicano. También cohabitan la colusión de las autoridades con los narcotraficantes que queda patente cuando los Zetas utilizan a los presos como parte del comando que perpetrará la masacre. Bastó un fallo de la DEA al comunicar información sensible al gobierno mexicano que terminó siendo filtrada para que, como venganza, los zetas decidieran masacrar al pueblo destruyendo casas y quemando los automóviles que se encontraran a su paso.

    La falta de Estado de derecho y la consecuente fragmentación del Estado propia de las transiciones de regímenes autoritarios (que, en el caso del PRI hegemónico, tenía bajo control la violencia provocada por los cárteles gracias a una suerte de consenso con ellos) a democracias imperfectas con instituciones débiles acompañan la problemática propia del pueblo ya que explican en cierta medida la espiral de violencia que se ha vivido en el país en las últimas dos décadas. El hecho de que se afirme que todo partió de un fallo de la DEA lo refleja: el gobierno mexicano no es confiable, como no es confiable es riesgoso compartir información sensible que pueda ser filtrada al crimen, por lo tanto, la DEA guarda responsabilidad al compartir información sensible al gobierno que fue filtrada a los Zetas quienes, como consecuencia, perpetraron la masacre.

    Los últimos treinta minutos de la serie son muy duros, porque ahí los personajes, con los que habíamos empatizado, comienzan a caer uno a otro, y solo pocos se salvan. Los narcotraficantes no tienen piedad para terminar con la vida de mujeres, hombres, jóvenes, sin importar el estrato social del que provienen: los bomberos Chema y Ronaldo, quienes habían vencido a la adversidad en tiempos pasados son ultimados por no ser «leales» a los deseos de los Zetas. Nancy descubre que el papá de su amigo es el líder de los Zetas cuando iba al baño y, ante ello, el papá, el Z-40, le pide a uno de sus guardias que lleve a ella y su novio, quienes no sabían que iban a ser asesinados. A Paquito lo matan cuando trata de huir después de haber tratado de sobrevivir siguiendo las órdenes del cártel. Benjamín y otros miembros de su familia tratan de huir a Estados Unidos, pero, después de una llanta ponchada, son alcanzados por los narcotraficantes que les arrebatan la vida. La película termina con los niños que no fueron ultimados pero sí abandonados en una banca y a quien les arrebatan a su pequeño hermano que se queda con los narcotraficantes.

    Ver Somos duele. Duele no solo porque nos muestra el lado más oscuro y terrible del ser humano: el más primitivo y violento, sino porque es real, porque muchos connacionales lo sufren. Duele porque algo que hemos aprendido a normalizar como mecanismo de defensa se nos vuelve a presentar sin piedad y consideración alguna en nuestros ojos. Somos nos hace sentir lo que muchos sienten, nos saca de nuestra área de confort, de nuestra burbuja socioeconómica.

    Y duele porque nos hace sentir impotencia. ¿Qué se puede hacer? Las víctimas no se pueden defender, las instituciones no funcionan. Es más, ni los académicos y especialistas saben bien a bien qué tendría que hacerse para que esta problemática termine.

  • Delirio de Pejecución – Los niños con cáncer y el golpismo

    Delirio de Pejecución – Los niños con cáncer y el golpismo

    Delirio de Pejecución - Los niños con cáncer y el golpismo

    Hace unos pocos días, los moneros simpatizantes del régimen entrevistaron en Chamuco TV a Hugo López-Gatell. Como afirmé en mi Twitter, ese episodio fue de lo más ruin, patético y complaciente que se ha visto en la televisión durante muchos años. Todo el programa trató sobre justificar el desabasto que afecta a niños con cáncer bajo la premisa de que hay una conspiración de la «derecha global» de hablar sobre ese tema, de mostrar (sin datos ni evidencia alguna) que los otros regímenes eran peores y más corruptos.

    Este acto fue de lo más ruin e insensible por parte de quienes dicen representar a un gobierno que tiene «visión social» porque a nada quedaron de culpar a los niños con cáncer de golpistas. De acuerdo con ellos, detrás de cualquier acusación, crítica o incluso mera petición al gobierno, existe una intención golpista para desestabilizar al gobierno. En ese programa no existió la mínima autocrítica. De hecho, el concepto de golpismo sirve para anularla, para centrar todo en una conjura y así evadir cualquier responsabilidad del régimen con el que simpatizan.

    Todo comienza mal con el uso del término golpismo que no se sostiene en lo más mínimo. Para que un golpe de Estado ocurra es necesaria la toma del poder (por parte de un grupo de personas) por medio de la violencia y/o por medios ilegales. En este caso nada de esto ocurre, no existe un acto violento y, de la misma forma, no hay nada ilegal en acusar al gobierno de López Obrador por el desabasto de medicinas: a menos de que quieran considerar la libertad de expresión como algo ilegal.

    Pero propagandísticamente el término funciona porque, a través de éste, se realiza una separación binaria entre nosotros (los buenos) y ellos (los malos que conspiran contra los buenos) anulando así los matices. Toda la carga negativa se transfiere a «los otros»: si se habla de niños con cáncer no trata entonces de un problema de salud pública sino de una acusación con tintes golpistas. Así, la crítica al gobierno queda anulada. El gobierno es víctima y los niños con cáncer terminan siendo condenados a ser solo mera retórica discursiva de la oposición.

    Dentro de esta retórica también se incluye una relativización que no se sostiene empíricamente. Afirman (no sin razón) que en los gobiernos pasados había desabasto, pero ignoran por completo el hecho de que el desabasto se ha acentuado en este régimen producto de las deficientes políticas públicas de este régimen y que también puede verse reflejado en los indicadores del Coneval donde la carencia social del acceso a la salud se ha acentuado. Así mismo, utilizaron el mismo recurso para ignorar el pésimo manejo de la pandemia que ha hecho este gobierno como se puede ver aquí.

    Hugo López-Gatell menciona una y otra vez los términos ciencia y evidencia empírica para denotar autoridad a través de un lenguaje rebuscado. Lo puede hacer porque en ese espacio no hay nadie quien lo cuestione y sí muchos que lo aplaudan, pero bastaría ya no un especialista, sino una persona medianamente informada para poder en evidencia lo endebles de los argumentos que utiliza López-Gatell.

    En la siguiente gráfica de dispersión que hice (para lo cual extraje la transcripción del texto en YouTube y procesé en R Studio) y que muestra el uso de ciertos términos a lo largo de la entrevista por parte de los participantes, es posible ver cómo la referencia a los niños empata con términos como «campaña», «golpista», «derecha» e incluso con Felipe Calderón, pero no lo hace con términos como «Obrador». Esto muestra que siempre que se habló de los niños con cáncer se hizo con referencia a una campaña de la derecha en contra del régimen.

    Para finalizar hay que notar una cosa. Cierto es que la oposición utiliza este hecho para atacar al régimen de López Obrador, pero que eso pase no implica que lo que se denuncia sea falso y menos sugiere golpismo. Por el contrario, ello forma parte de la democracia y la beneficia ya que da más información a los electores. De la misma forma, el régimen tiene siempre los mecanismos para contar su propia versión de los hechos de tal forma que los ciudadanos puedan deliberar y llegar a una conclusión por cuenta propia.

    Recordemos que el lopezobradorismo hizo lo mismo (y con mayor ímpetu) con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Muchas de las acusaciones que el lopezobradorismo hizo fueron ciertas (más allá de sus intereses y de las simpatías o antipatías con López Obrador) y nos dieron a los ciudadanos más información sobre el régimen. Es una profunda incongruencia reprochar a la oposición de hacer lo que ellos mismos hicieron cuando eran opositores.

    Y vale la pena recordar, que dentro de este conflicto político, parece que queda de lado algo mucho más importante que dicho conflicto: son los niños con cáncer, aquellos que están muriendo porque el gobierno no está haciendo bien su trabajo.

  • El juicio a a ex presidentes: Consulta de un resultado anunciado

    El juicio a a ex presidentes: Consulta de un resultado anunciado

    El juicio a a ex presidentes: Consulta de un resultado anunciado

    La consulta ciudadana para enjuiciar ex presidentes es un insulto a la inteligencia por donde se le vea.

    Si existieran razones para que los ex presidentes sean enjuiciados, entonces ya tendrían que haber sido procesados por los órganos de justicia, con independencia de la «voluntad popular».

    Imagina que se sospecha que Juan Pérez fue quien robó una casa en la colonia y, en lugar de que alguien lo denuncie y vaya a juicio, el gobierno decide hacer una consulta popular en dicha colonia para ver si Juan Pérez es enjuiciado. Ahora supongamos que Juan Pérez sí cometió dicho crimen ¿Qué tal si los vecinos creen que Juan Pérez es una persona honesta porque la conocen y les cae muy bien? ¿Qué pensaría yo a quien Juan Pérez me robó mi casa y tengo pruebas de ello para presentarlo en el juicio? Resultaría que ahora tengo que convencer a los vecinos para que voten de tal forma. Ello es un absurdo.

    La consulta, en este sentido, representa un ataque al orden institucional porque pervierte el proceso para que una persona sea juzgada.

    Pero, a diferencia de este caso hipotético, el régimen ya ha hecho el cálculo y sabe que el sí al juicio va a ganar. Pero el régimen no es quien debe decidir a quién juzgar o no, eso es tarea de los órganos de justicia: otra violación al orden institucional.

    Si el régimen decide, por «sus huevos» a quién se debe juzgar o no, entonces también hay otro problema, porque si el régimen (entendido como el ejecutivo y el legislativo que afín al ejecutivo) tiene injerencia en la impartición de justicia, ¿quién me va a defender de dicho régimen? Si el régimen decide a quién juzgar o no (en el claro entendido de que la consulta ciudadana es una mera simulación), ¿quién me garantiza que quien atente contra mi integridad no va ser protegido por éste? Otra violación al orden institucional.

    La consulta ciudadana pretende hacer creer que se le da poder a la ciudadanía para que incida en lo político, pero ello es un mero espejismo. Al igual que con el aeropuerto, el régimen ya sabe de antemano cuál será el resultado, el cual es conveniente a sus intereses, ya que de otra forma no la habrían convocado.

    Es la misma razón por la que la consulta de revocación de mandato que tanto prometió fue «convenientemente olvidada», porque AMLO, de acuerdo con las tendencias en encuestas, sabe que existe cierto riesgo de perderla. Ello también explica la consulta para enjuiciar a ex presidentes, es una forma de distraer a la opinión pública mediáticamente de esa revocación que no será.

    El gobierno busca, a través de estos instrumentos, lo opuesto al empoderamiento ciudadano: no busca darle poder al ciudadano para que tenga más injerencia en lo político, sino que busca manipularla de tal forma que el ciudadano le confiera una mayor legitimidad y que, de esta forma, adquiera una mayor concentración de poder por medio de la legitimidad y el fortalecimiento de la narrativa.

    Por eso a los líderes populistas les encanta pervertir esta figura del plebiscito, no es que sean democráticos, al contrario: buscan crear una sensación de apertura (falsa) para capitalizarla en favor del régimen.

  • Discúlpenme por ser clasemediero

    Discúlpenme por ser clasemediero

    Discúlpenme por ser clasemediero

    En México, el voto de la clase media ha terminado siendo muy relevante en los resultados electorales. En 2018, ésta ejerció un voto de protesta en contra tanto del régimen de Peña Nieto como de la partidocracia votando por Andrés Manuel López Obrador. Desde luego no todos quienes conformamos la clase media votamos por López Obrador, pero el voto de los clasemedieros en su favor fue determinante. En este año, fue la misma clase media la que ejerció un voto de protesta, pero en su contra. La clase media (muchos de los cuales habían votado por él en 2018) atiborraron las filas de las casillas e hicieron de esta elección intermedia la más concurrida.

    Hoy, López Obrador está muy molesto con quienes conformamos la clase media: nos tachó de aspiracionistas y de ser personas fácilmente manipulables (por Reforma y quién sabe cuántos medios más). Los clasemedieros, dice, somos conservadores, gente insensible con la pobreza, que solo pensamos en nuestras aspiraciones, nuestros títulos de maestría y doctorado. Somos muy malos, sí, bien malos.

    Pero a López Obrador se le olvida cómo nos golpeó en estos tres años de gobierno. El presidente ignoró a la clase media cuando, sorprendentemente, decidió no apoyar a los pequeños empresarios en la pandemia: gente con PyMES, restaurantes y demás se fueron a la quiebra porque quedaron desamparados, y con ellos, también los que tenían un empleo gracias a ellos. El presidente también nos ignoró con los constantes ataques a la ciencia, cuando hizo abruptos recortes a las becas y cuando eliminó fideicomisos. ¡Y cómo no olvidarlo! Ignoró a la clase media al mostrar un terrible desdén hacia las mujeres en muchos sentidos: no le importó en lo absoluto la violencia de género y, jurando ser izquierdista, tomó la misma postura que esos machitos que siempre repiten frases como «a los hombres nos matan más» o «se lo buscaron por cómo iban vestidas».

    Era obvio que el desencanto de la clase media iba a llegar, pero resulta que no lo apoyamos porque nosotros somos muy manipulables, resulta que nos hacen coco-wash de forma muy fácil. Seguramente el Reforma ha de tener mensajes subliminales o algo así.

    López Obrador nos reclama por el hecho de ser aspiracionistas, que somos de lo peor querer buscar subir peldaños en la pirámide socioeconómica, como si ello fuera algo malo (claro, en tanto no se busque por medios ilegales). A López Obrador se le olvida que justo esa aspiración es la que ayuda a naciones a prosperar, se le olvida que el mercado no es un juego de suma cero. Quienes quieren subir peldaños creando su changarro o su pequeña empresa tienen que generar empleos de los cuales se benefician más personas.

    Malas noticias para López Obrador, los de abajo también son «aspiracionistas». La diferencia estriba en que, en muchas ocasiones, no tienen los recursos para escalar por la escasa movilidad social que existe en nuestro país. Ellos también aspiran a ser como quienes están más arriba de ellos. ¿Y saben qué ha hecho López Obrador para generar mayor movilidad social en estos tres años? Absolutamente nada.

    Contrario a lo que dice el presidente, con excepción de algún libertario dogmático, casi nadie está en contra de que existan programas sociales para ayudar a los que menos tienen o a quienes se encuentran en una situación más vulnerable. Lo que se ha criticado es la visión clientelar de los programas de éste régimen que busca capitalizarlos políticamente, lo que se ha criticado también es el pésimo diseño de los programas de este gobierno que los vuelve muy ineficientes.

    Si bien es innegable que en estos últimos días han aparecido algunas lamentables expresiones de clasismo en las redes y que deben repudiarse categóricamente, es un despropósito generalizar a todos por los comentarios de unos cuantos. Voy más allá: el presidente es clasista. Cuando López Obrador afirma que a los pobres hay que tratarlos como animalitos a los que hay que auxiliar, está mostrando lo que es el clasismo en su máxima expresión: él, quien se encuentra en una posición ventajosa y privilegiada, trata a quienes se encuentran en una posición no privilegiada como inferiores a quienes él, desde su posición de privilegio, se encarga de definir y encuadrar sin siquiera considerar su libre agencia: los que menos tienen deben ser leales al régimen que busca auxiliarlos a través de mis programas sociales.

    Cuando habla de programas sociales, como sugiriendo que nosotros queremos que se eliminen para que los pobres queden en el más terrible desamparo, López Obrador nos recuerda que el dinero es «del pueblo». La afirmación sería cierta si hablara del «pueblo» como toda la sociedad en su conjunto: los individuos pagamos impuestos y esperamos que el gobierno los administre eficientemente en beneficio del bien común. Queremos que existan mejores servicios públicos, mejor educación, un mejor sistema de salud público, mejores carreteras, infraestructura.

    Pero cuando López Obrador habla del pueblo habla de «su pueblo», ese en el que las clases medias no cabemos. Ese pueblo es aquel sector de la sociedad del que el presidente espera lealtad y una cierta forma de sumisión (y del que, en realidad, no recibe tanta como esperaría). Es ese «pueblo» en el que reside (o espera que resida) su poder. Entre líneas se puede comprender que entonces el dinero, más que ser de la gente, es del régimen. Si el régimen se asume como tutor de «su pueblo» (al cual hay que tratar como animalitos y no como personas con libre agencia), entonces es el régimen el que dispone de él y el que dice qué se va a gastar, en qué, por qué y para qué sin que «su pueblo» tenga algo que decir sobre ello, porque recordemos qué pasa cuando se disiente con el régimen, los clasemedieros lo sabemos muy bien. Así, termina de tomar forma la trampa conceptual: un traslado de la gente a un soberano que reside en el presidente, muy en la tesitura de Luis XIV.

    Es muy claro que López Obrador está enojadísimo con las clases medias. Ellas le quitaron la posibilidad de alcanzar la mayoría calificada en el Congreso. Cualquier aspiración de extender su mandato o reelegirse ha sido neutralizada, así como cualquier intento de acabar con las instituciones democráticas. Ellas le quitaron el bastión, el corazón de su proyecto, la Ciudad de México, quienes votaron incluso por el PAN, no porque fueran conservadores ni mojigatos, sino porque de verdad ya estaban hartos.

    Pero la gente tan solo expresó libremente y de manera democrática su sentir en las urnas. Todo lo demás es causa de la gestión de López Obrador y sus compinches, aunque no lo quiera reconocer.

  • Breves reflexiones sobre las elecciones intermedias

    Breves reflexiones sobre las elecciones intermedias

    Breves reflexiones sobre las elecciones intermedias

    Sobre la oposición partidista:

    Pensar que esto es un gran éxito de la oposición es equivocado.

    1. Es la gente que se organizó y no la legitimidad de los partidos de oposición lo que hizo que la 4T quedara lejos de la mayoría calificada. El éxito es de la gente.
    2. La alianza sirvió para que la gente supiera con mayor facilidad por qué candidatura votar contra MORENA y poco más.
    3. Después de la desastrosa gestión de AMLO, que la oposición solo pudiera evitar que AMLO quedara lejos de la mayoría calificada y no ganara la absoluta es un fracaso monumental.
    4. ¿Hubo voto de castigo contra AMLO por parte de una población? Sí. Pero también lo hubo contra la oposición, si la oposición tuviera legitimidad, AMLO habría perdido cuando menos, la mayoría absoluta

    Las cosas como son. Los ciudadanos podemos festejar, los opositores no. Ellos tienen que ponerse a trabajar para el 2024, porque si hoy fuera la elección presidencial, el candidato de MORENA ganaría.

    El voto de castigo a AMLO y MORENA en la ciudad de México:

    No fueron los «fifís» o los privilegiados los que castigaron a AMLO. Esos nunca votan por él. Quienes votaron contra él fueron las clases medias que, curiosamente, fueron las que terminaron de llevar a AMLO al poder.

    AMLO, con su desdén a la academia y la ciencia, con su desdén a la violencia hacia la mujer, y con su desdén a los pequeños empresarios que no recibieron apoyo en la pandemia. Que el poniente de la CDMX se haya vuelto azul no es culpa del clasismo ni significa que se está volviendo conservador. Es la gente que está encabronada.

    En cambio, AMLO ha ganado apoyo en las clases más marginadas (antes del PRI) con quien ha tejido una relación clientelar. México se parece cada vez a lo que fue Estados Unidos con Trump, donde él tenía el apoyo de los menos favorecidos mientras los demócratas (acá la oposición) tenían a los grandes centros urbanos.

    Puede ser complicado comprender el voto de castigo a AMLO en números brutos, porque el voto perdido de la clase media se traslapa con el voto ganado. Los números pueden ser engañosos porque parece que AMLO perdió «poquito» y salió bien librado. Pero si comprendemos que la gente votó por el PRI y el PAN, por los que mucho sienten, cuando menos, asco, si comprendemos que estuvieron dispuestos a votar por eso, entonces comprendemos la gran necesidad que la gente tenía de castigar a AMLO. Si existiera una oposición fuerte y consistente, es muy posible que AMLO no tuviera siquiera mayoría simple.

    Sobre el clasismo que fortalece a AMLO:

    Pero AMLO sigue vivo y coleando a pesar de lo desastroso de su gestión. Y si eso pasa es porque la oposición (tanto política como ciudadana) no ha estado a la altura de las expectativas:

    Para una persona que vive en situación de pobreza o en una condición cercana a ella, una despensa mensual de 1,000 pesos o 2,000 pesos presupone una gran diferencia en su calidad de vida.

    Contrario a lo que piensa mucha gente, aceptar la despensa y votar por el candidato que la promete es una decisión racional para un individuo y sus necesidades. La respuesta simplona es «que se pongan a trabajar». El problema es que ya muchos trabajan (en ocasiones más que los quejumbrosos) y la movilidad social en México es escasa. El esfuerzo, si bien necesario, no es suficiente para abandonar su condición, se necesita suerte y estar el lugar correcto a la hora correcta (lo cual no aplica para la mayoría de la gente sin recursos) para tener la oportunidad de abandonar la trampa de la pobreza.

    La alternativa es el crecimiento económico de tal forma que la misma creación de riqueza creara muchos empleos y sacara adelante a la gente, el problema es que la que es hoy oposición no logró hacer crecer el país durante más de 20 años.

    Si la gente sale con sus argumentos tipo «ellos son huevones, resentidos y que no pagan impuestos» (como dice falsamente un meme por ahí), el populismo siempre va a acechar porque a una persona que vive en una situación complicada le va a beneficiar ese tipo de despensas y no se le está ofreciendo alternativa alguna.

    Si ya no quieren a gente como López Obrador, entonces deben poner su granito de arena para que haya más crecimiento, más movilidad social, para que quien se esfuerce sí tenga posibilidades de mejorar su condición de vida en esos sectores, que se involucren en campañas para dar mayor acceso a educación a la gente que nació en condiciones difíciles. Esos quejidos (porque luego algunos de ellos evaden impuestos y terminan pagando menor porcentaje de impuestos que los que menos tienen) no ayudan, solo nos mantienen en la trampa del populismo. Un populista se irá, luego llegará otro, y no saldremos del círculo. A ellos también hay que recriminarles la presencia de AMLO, son corresponsables.

  • Decirle a la gente por quién votar

    Decirle a la gente por quién votar

    Te tengo un notición que NO te va a gustar

    Decirle a la gente por quién votar

    Aleccionar a la gente cómo tiene que votar es inútil y tal vez hasta ingenuo. A nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer.

    Ello ha sido un error garrafal en muchos pro «voto útil».

    Cuando alguien te dice cómo tienes que votar, la gente siente que la están subestimando o, básicamente, que está tonta o es ignorante, y ese sentimiento es muy desagradable. Es más, es posible que termines reforzando tu voto para reafirmarte como persona autónoma o independiente.

    La gente, por lo general, expresa sus valores, cosmovisiones o creencias por medio de su voto, y no es como que éstos vayan a cambiar con una discusión en redes sociales.

    Cuando mucho, la gente cambia cuando le das información muy relevante que le puede ser útil para que él decida su voto (y tampoco es como que cambien muy seguido de parecer. Los sesgos son muy poderosos incluso en quienes dicen ser muy «rigurosos y racionales»).

    Pero es raro que la gente te diga algo nuevo o algo que no sepas. Mucha información (alguna de ella basura) circula a través de las redes sociales y tanto tú como quien te quiere convencer está expuesta a ella. Que no votes por AMLO porque el aeropuerto de Santa Lucía, que la pandemia. Eso ya todos lo hemos escuchado hasta el hartazgo.

    Uno dice muchas cosas en Facebook, discute y así, pero en el fondo sabemos que todo es más un acto de mera catarsis y expresión.

    Nota al pie: poco tiempo he tenido de escribir aquí en estas últimas semanas porque estoy en entregas finales y pues mi escritura está abocada a ello. Pero juro, ya que termine la siguiente semana, que hablaré largo y tendido sobre lo acontecido en estas elecciones.

  • El voto útil: la persuasión de «sofá»

    El voto útil: la persuasión de «sofá»

    El voto útil: la persuasión de "sofá"

    Para llamar al voto útil, se está haciendo todo mal.

    Si la oposición se encuentra con que le lograron quitar la mayoría (ya de menos la calificada) al régimen, no habrá sido por mérito propio, sino por los errores de López Obrador, porque algunos simpatizantes se sienten personalmente traicionados por él, o porque la gente vio en una App por qué partido votar (no porque ese partido haya sido exitoso en persuadirlos).

    La oposición (en todas sus especificaciones) urge a la gente a votar contra MORENA, pero no da nada a cambio, no hay sacrificio de su parte. La oposición partidista no está siquiera dispuesta a cambiar las causas que hicieron que la gente votara por López Obrador. Parecen creer que la gente tiene urgencia de regresar al estado de cosas anterior, ese estado de cosas que fue votada en contra de forma contundente en la elección pasada.

    La oposición es como un sujeto gordito con halitosis y con poca confianza en sí mismo que está urgido de conseguir novia. Se fija y se obsesiona con la primer mujer que ve, pero no hace nada por ser más atractivo: cree que él es «bueno» y que por eso la mujer debe fijarse en él.

    En la oposición (tanto política como parte de la ciudadana) hay una profunda desconexión con la realidad, con el otro. No hay un ejercicio mínimo de empatía. Columnas como ésta donde se considera que a los trabajadores hay que hablarles como Adal Ramones es prueba de ello. Somos nosotros, los poseedores de la razón y la sabiduría, los que le hablamos desde un pedestal de superioridad moral al ignorante, al otro, y le decimos qué es lo que tiene que hacer: hay que incluso parecer cool y usar frases juveniles para llegarle «a los chavos».

    Igualmente, muchas personas están convencidas de que «voy a hablar con mi sirvienta para convencerla de que no vote por MORENA, con ese mismo tono con el que le pido que tienda la cama o planche la ropa», voy a decirle a mis trabajadores, casi con un afán de «educar», que no voten por MORENA. Les voy a contar, desde una postura paternalista casi de relación amo-esclavo en el sentido hegeliano, lo difícil que es ser empresario, porque yo sé más que ellos, y les voy a contar todo desde mi perspectiva, les voy a decir cómo un triunfo de MORENA me va a afectar a mí y cómo, por tanto, yo siendo el empresario que les doy trabajo a mis empleados, les va a afectar a ellos. Pero la gente lo nota, y cuando los empleados salen de trabajar, lo primero que van a hacer es quejarse de sus patrones que les dicen «qué tienen que hacer». Si el patrón no es alguien que se destaque por la profunda admiración y respeto que recibe de sus empleados, en su fuero interno se mofarán de él y hasta incentivos de sobra tendrán de no hacerle caso y votar en sentido contrario.

    Apostar por el voto útil para que MORENA no gane mayoría en el Congreso es completamente válido y, en las circunstancias actuales, hasta necesario, ya que existen riesgos de involución democrática. No se debe malinterpretar lo que digo. Sin embargo, insisto en que quienes lo promueven no hacen esfuerzo o sacrificio alguno: les basta aleccionar y educar, pero no ponen nada a cambio, no quieren asumir nada. El esfuerzo ni siquiera está centrado en compartir información para que la gente tome una buena decisión en las urnas, sino de decirles «qué es lo moralmente correcto», «qué es lo que se debe de hacer», porque yo estoy en una posición en que te puedo decir a ti qué es lo que tienes que hacer.

    Creen que su percepción de la realidad, esa construida a través de sus propias experiencias, es la misma realidad del otro. Asumen que el otro posee una realidad más incompleta, que son ignorantes de ella, como si ellos fueran una versión muy inacabada de ellos mismos y que, por lo tanto, se les debe educar, pero son completamente incapaces de sentir sus necesidades que no son las mismas que las de ellos, porque no es lo mismo ir a trabajar en carro que en camión, no es lo mismo vivir en esta colonia que en aquella otra, porque la interacción con la demás personas no es la misma, porque la relación con las autoridades tampoco lo es. No conocen sus realidades y no parece siquiera estar dispuestos a conocerla: es el trabajador, el de abajo, el que tiene que esforzarse por comprender la realidad del patrón, le delegan al trabajador esa responsabilidad.

    Pero los que sienten estar en una posición de superioridad intelectual y hasta moral pueden llegar a ser ignorantes y tomar decisiones irracionales de la misma forma que, piensan ellos, el «otro» lo hace. Muchos, me consta, tienen poca idea de la política y sus insumos sobre el tema provienen de los chats de WhatsApp. Si asumiéramos que votar contra MORENA es «estar del lado correcto de la historia» no se debería omitir el evidente hecho de que estar del lado «correcto de la historia» no implica necesariamente que se sea un conocedor de la política o que se sepa más que el que «está equivocado»: a veces se puede estar en el camino correcto por las razones equivocadas. En muchos casos, estar «del lado correcto» es meramente circunstancial: puede ser producto de la presión social o, simplemente, porque exista la coincidencia de que lo que parece convenir o cree que conviene a una persona en lo individual le conviene al colectivo en su conjunto. ¡Vaya! A veces hasta los más «cultos y doctos» llegan a tomar malas decisiones.

    Y la realidad es que la falta de empatía, la incapacidad de abordar al otro para persuadirlo es también una manifestación de ignorancia.

    Tal vez por eso López Obrador sigue siendo popular a pesar de su gobierno tan errático, porque sabe comprender esas otras realidades (aunque luego se mofe o se burle de ellas). La oposición no ha hecho el mínimo esfuerzo siquiera.

  • El emprendimiento positivo como ideología populista

    El emprendimiento positivo como ideología populista

    El emprendimiento positivo como ideología populista

    Un fantasma está recorriendo México, es el fantasma del «emprendimiento positivo».

    A ver, el emprendimiento no es malo. Por el contrario, a nuestro país le urgen emprendedores que innoven y creen riqueza. Pero, de hace algunos años para acá, se ha enquistado una cultura nociva, frívola y superficial que poco abona a este propósito: es eso que yo llamo el «emprendimiento positivo» porque más de estrategias de emprendimiento e innovación parte de la premisa «motivacional» de que si tienes una actitud positiva o una mentalidad de tiburón (que no es otra cosa que un nuevo concepto que utiliza los mismos clichés de la autoayuda), te vas a convertir en millonario.

    En esta cultura no se trata tanto de darle a la gente las herramientas para que logre innovar o emprender: por lo general esos contenidos suelen quedar en un segundo plano. Esta cultura trata, más que nada, de jugar un poco con las ambiciones inmediatas de la gente haciéndole sentir que «sí puede ser exitoso», «sí puede ser millonario», porque, ante la necesidad que mucha gente tiene de tener más recursos económicos (a los cuales van acompañados deseos de status o autorrealización), este tipo de discursos se vuelven mucho más atractivos (y más fáciles de comprender) que la transmisión de metodologías y conocimiento para que una persona pueda emprender.

    Es más, voy más allá: este «emprendimiento positivo» es una ideología populista. Si bien, los politólogos no nos hemos terminado bien de poner de acuerdo sobre qué es el populismo, sí podemos percatarnos que el «emprendimiento positivo» comparte algunas nociones de las definiciones de populismo más aceptadas.

    Una de las características de los populismos tiene que ver con una visión moral dualista de los buenos contra los malos: buscan librar a la política de la corrupción ocasionada por la élite (argumenta Pipa Norris). Aunque la definición de la élite para este caso pueda parecer difuso, puede estar fácilmente por 1) los empleadores, aquellos que contratan a personas para tenerlas trabajando a sueldo y 2) el sistema educativo: los gurús del emprendimiento siempre insisten en que la educación no funciona.

    El emprendimiento positivo también hace una distinción dualista entre los emprendedores y los empleados (godínez). Los emprendedores se conciben (nótese incluso el aire marxista) como aquellos sujetos emancipados del godinato, de los jefes que los explotan y hacen uso de su tiempo. El emprendimiento positivo no hace distinciones y no explica que mientras algunos se encuentran cómodos emprendiendo, a otros les va mejor tener un empleo. En el emprendimiento positivo hay una superioridad moral del emprendedor sobre el empleado: el emprendedor siempre será mejor que el empleado: el empleado es el sujeto que no se ha emancipado, el que «no ha pensado fuera de la caja», el que «se deja explotar».

    Otra de las características achacadas a los populismos es la presencia de los líderes mesiánicos que promueven una retórica populista que consiste en «la adopción de ciertas ideas específicas en el discurso a partir del dualismo entre buenos y malos» tales como «librar a la política de la corrupción ocasionada por la élite» o «regresar el poder a la gente ordinaria». El emprendimiento positivo no tiene a Donald Trump o Hugo Chávez, pero sí que tiene a Carlos Muñoz, Richie Espinoza y demás gurús que pululan por Instagram y que, por medio de frases triviales, crean un culto a su persona.

    Para el populista del emprendimiento el pueblo son sus seguidores, los emprendedores (que los siguen) o aspirantes a ello, su tribu: el propio Carlos Muñoz, en su debate con Diego Ruzzarin, afirmó que cuando muriera él iba a tener el funeral más grande del mundo. Los emprendedores (obviamente, afines al líder) forman parte del pueblo, mientras que los empleadores, los mismos empleados, los profesores y todos aquellos que no caben en el concepto de emprendimiento forman parte de esa élite o los «conservadores» como diría cierto político mexicano.

    Así, el emprendimiento positivo se vuelve objeto de culto. En Instagram gustan de subir frases motivacionales: «sé tu propio jefe», «cambia tu mentalidad», «los ricos invierten, los pobres gastan». «tu competencia está en el espejo», «haz que el dinero trabaje para ti», «logra tus metas en 5 pasos», todo ello acompañado de imágenes de «gente exitosa» de un stock de fotos o de gente reconocida que muchas veces no tiene nada que ver con el texto de la imagen. Así como el populista político te dice que votes por él para que te saque de la pobreza, el populista del emprendimiento te dará consejos, te dirá qué hacer pero no cómo hacerlo.

    El emprendedor populista insiste mucho en las inversiones, en la imagen personal y en las ventas (aunque no ahondará mucho en metodologías y sí mucho en clichés emocionales), pero poco te dirá sobre innovación y creación de riqueza. Al igual que el populista político, para el emprendedor populista los símbolos y las narrativas importan muchísimo más que el diseño de políticas públicas o, en nuestro caso, de metodologías para que las personas puedan adquirir las habilidades necesarias.

    No se trata de que seas millonario: no se trata de ti, se trata de él, de que él construya una imagen de éxito para sí mismo y que tú lo sigas y admires para que consumas sus cursos, para que compres sus libros. Estos gurús te hablarán mucho de Robert Kiyosaki y otros «motivadores de negocios», pero poco hablarán de Peter Drucker o Michael Porter (autores que deberían estar en el librero de cualquier emprendedor) porque es aburrido, es técnica, es metodología. Se trata más de hacer sentir que de hacer: se trata de hacer sentir a la gente que puede ser millonaria, no de ayudar a que sea millonaria, son dos cosas distintas. También se trata de pertenecer, de prometer: no se trata de «voy a ser rico porque estoy trabajando duro», sino de «voy a ser rico porque estoy siguiendo a Carlos Muñoz». Un emprendedor sensato no perdería su tiempo consumiendo una y otra vez videos y frases motivacionales en Instagram: el tiempo es dinero, y no hay que malgastarlo.

    Por eso el «emprendimiento populista» es un ideología: porque contiene un marco normativo que dicte cómo es que las cosas deberían de ser: «todos deben emanciparse del godinato para ser emprendedores». Y es populista por este binarismo entre emprendedores y empleados oprimidos, por las retóricas incendiarias, por las promesas que no van a poder cumplir (la de hacerte millonario). Tal vez no sea casualidad que este tipo de cultura abunde en América Latina, región donde los populismos abundan.