Autor: Cerebro

  • Yo, y mi experiencia en el consejo de Mural (Periódico Reforma)

    Yo, y mi experiencia en el consejo de Mural (Periódico Reforma)

    Para los que no son de Guadalajara y no conocen bien como se integra el Grupo Reforma, nada más hago la aclaración. Esta organización tiene 3 diarios: El Norte en Monterrey, el Reforma en la Ciudad de México (y no Distrito Federal porque nuestra capital ya no se va a llamar así) y Mural en Guadalajara.

    Yo, y mi experiencia en el consejo de Mural (Periódico Reforma)

    Bueno, el Grupo Reforma tiene la peculiaridad de tener consejos editoriales, pero ¿qué es un consejo editorial?

    Lo explico de una forma sencilla. Los consejos editoriales están conformados por gente ajena al organigrama del diario, quienes generalmente son lectores, líderes o especialistas en determinada sección. Esto es, cada uno de los diarios de Grupo Reforma tiene un consejo por cada sección de dicho diario (por ejemplo, comunidad, negocios, cancha, etc). Yo tuve el honor de formar parte del consejo de la página web www.mural.com.

    Cada consejo dura un año, y quienes terminan suelen recomendar a los consejeros que formarán parte el siguiente año. Eso sí, los recomendados deben de pasar por un filtro y el diario decide a cuales de los ellos invitar.

    No recuerdo haber visto este modelo en algún otro diario, y en lo particular creo que éste es un modelo interesante; sobre todo por la retroalimentación constante que recibe el diario de los líderes de opinión de la ciudad a la cual informan. Algunos me podrán decir que básicamente la idea es ahorrarse algunos pesos estudios de mercado cuantitativos y cualitativos para conocer la opinión que tienen sus lectores, afirmación un tanto vaga y estrecha.

    Yo pienso que es algo bastante más amplio, creo que esta dinámica implica para el diario una mayor apertura hacia sus lectores. A diferencia de los market research donde mediante una batería de preguntas se les pregunta a los encuestados sobre la opinión de un tema, los consejeros pueden incidir de forma activa en los contenidos del diario. Un encuestado sólo emite una opinión, un consejero tiene iniciativa.

    Y en este año en el cual tuve la oportunidad de participar, si algo fue una constante y la regla, fue la apertura del diario a nuestras opiniones. Muchas de nuestras sugerencias fueron implementadas, y varias de nuestras críticas (algunas muy duras) fueron tomadas en cuenta. Es algo grato ver tu propuesta implementada en el sitio web (o en alguna sección) el día o la semana siguiente.

    El diario tiene sus virtudes y sus defectos; pero a la fecha, me atrevo a decir que de los diarios tradicionales, es el que actualmente menos «compromisos políticos» tiene y el que crea contenidos con mayor libertad. De cierta forma la figura de los consejos abona a que esto sea así. La esencia de las organizaciones (tanto empresas, comunidades, gobiernos o naciones) se debe en mucho a su estructura, y creo que este formato le ayuda al diario a mantener cierta frescura.

    Para quienes formamos parte del consejo, esta experiencia fue muy gratificante. Asistimos una hora cada dos semanas, y mientras los meseros nos servían un buen desayuno, los consejeros en un ambiente muy cómodo y amigable debatíamos, inquiríamos, sugeríamos, criticábamos y llegábamos a conclusiones. Quien estaba al frente del barco (primero fue Sergio, luego llegó Alan; los dos, cada uno en su tiempo directores del sitio web) tomaba apuntes de nuestras sugerencias, para avisarnos la siguiente semana que se había implementado, que no, y cuales propuestas estaban en stand by.

    Yo me siento agradecido con la sincera apertura del periódico en un país donde estamos acostumbrados a simular y donde la libertad de expresión se está viendo comprometida. Siempre nos hicieron sentir con hechos que nuestra opinión era muy valiosa.

    Y no sobra volver a decir que fue una gran experiencia.

    Y los desayunos muy deliciosos.

  • El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    Exageraciones, ataques ad hominem, y demás formas de falacias argumentativas son lo que escucho cada vez que algún personaje o medio pide no donar o recrimina a los que sí lo hacen.

    El Teletón, los niños, y las teorías de la conspiración

    Nadie tiene la obligación moral de ir a donar al Teletón. Puedes ayudar de otras formas, puedes acudir a otras instituciones, puedes crear la tuya propia, puedes ayudar a los migrantes (decidí donar dinero a los migrantes y no al Teletón este año), Eres libre de decidir a quien donar.

    El problema viene cuando se invita a la gente a no hacerlo (y en algunos casos se les recrimina). Mi crítica no va dirigida a aquellos que simplemente creen que el Teletón es una «mentira y manipulación», a quienes sólo trataré de convencer de que su concepción es falsa; sino a quienes quieren convencer a la gente de ello.

    Cuando prendes la televisión y observas a las empresas que patrocinan al Teletón, te das cuenta que participan emporios de todo tipo, desde aquellos que se desarrollaron gracias al esfuerzo y a su capacidad de innovar, hasta aquellos que gracias a su relación (histórica o actual) con el gobierno, gozan de un puesto privilegiado en el comercio de productos o servicios.

    ¿Por qué las empresas están ahí donando?

    Por una sencilla razón: Relaciones públicas. Las empresas te quieren convencer de que son un alma de la caridad donando dinero (algunas podrán una intención ingenua, otros una más interesada). Y no les cuesta nada porque lo que donan lo deducen de sus impuestos. Eso es completamente legal y de hecho si tú estás dado de alta puedes deducir tu donativo por medio de la página web. El único «negocio» es ese, las empresas donan dinero que no les cuesta porque lo van a deducir, y se venden a los consumidores como empresas responsables.

    Es decir, en lugar de dárselo al gobierno (sabemos a donde van a parar muchos de nuestros impuestos) se lo dan a esta institución. Al menos puedes saber que ese dinero será mejor usado que estando en manos de políticos.

    En esto pueden haber puntos cuestionables, que la congruencia de algunas empresas, que éste es un papel que debería de hacer el gobierno; son argumentos que pueden ser válidos. Pero a partir de aquí vienen las falacias y la desinformación.

    Por ejemplo. se invita a no donar al Teletón porque «es de Televisa».

    Y sí, creo que Televisa se ha encargado de lavar el cerebro de los televidentes, con su apoyo incondicional al gobierno, y con los programas que insultan la inteligencia de los mexicanos.

    Pero el Teletón no es de Televisa. La gente ha hecho esa asociación porque la televisora se encarga de transmitir los eventos año con año.

    Teletón Televisa

    Teletón es una organización civil constituida de tal forma ante la ley, y por eso es imposible que el dinero que se done en la calle, o en los boteos, «se lo clave Televisa». Para deducir impuestos, tú, como empresa tienes que emitir un donativo para que el beneficiario te entregue un comprobante que funciona como deducible. Es decir, no existe mecanismo para que «Televisa se clave el dinero del Teletón«.

    Voy más allá. Si Teletón fuera de Televisa. ¿Qué hacen las empresas de Carlos Slim, competidor acérrimo de la televisora y enemigo casi declarado, donando dinero? El magnate que en varias ocasiones ha sido el más rico del mundo, quien por cierto, apoyó por debajo del agua a López Obrador en el 2006 para intentar que se anulara la elección que llevó a Felipe Calderón a la silla presidencial, retiró la publicidad por varios años del duopolio televisivo en un acto que fue algo así como una declaración de guerra; sobre todo al verse perjudicado por de la Reforma de Telecomunicaciones donde Televisa, su rival, se vio beneficiada (muy probablemente por su cercanía con el gobierno actual).

    Hay cosas que no me gustan del Teletón, no me gusta que se apele a la lástima (aunque el año pasado lo dejaron de hacer, lo cual se agradece), que las «estrellas» lloren para invitarte a donar. El año pasado, ante la convocatoria menguante, la reacción de quienes condujeron la transmisión fue más que lamentable reprendiendo a quienes no decidieron donar.

    Pero a pesar de esto, se olvida lo más importante. Y es que Teletón le ha cambiado la vida a muchos niños.

    A veces parece que las preferencias ideológicas o las modas importan más que la oportunidad que reciben los niños con discapacidad, quienes habían sido casi olvidados por las instituciones públicas.

    Y vienen más generalizaciones:

    Que hay que satanizar a Teletón porque Fernando Landeros se formó con los Legionarios de Cristo, que no hay que donar porque Peña Nieto apareció en la televisión donando.

    Al final los más afectados por esta división son los niños, no los empresarios ni los políticos corruptos.

    Un video me llamó la atención. Gerardo Fernández Noroña, el ex diputado por el PT, muy cercano a López Obrador, fue a visitar un CRIT, y estas fueron sus conclusiones:

    Sí, éste ferviente opositor al gobierno y a las élites del poder acostumbrado a linchar a quien no esté de acuerdo con él, llegó a la conclusión de que el Teletón sí ayuda a los niños.

    Lo que es un hecho es que gracias a esta iniciativa, muchos niños con alguna discapacidad tienen un nivel de vida que de otra forma nunca hubieran tenido. Los CRIT ahí están construidos en varias partes del país, e incluso hay uno en Estados Unidos. Sí, en el mismo país donde el Estado de derecho es lo suficientemente sólido para evitar esas «trucuñuelas» que se le adjudican al Teletón.

    En lo particular se me hace irresponsable que algunos «líderes de opinión» traten de desprestigiar a esta iniciativa por razones políticas o ideológicas con base en juicios a priori y un sinnúmero de falacias sin presentar pruebas contundentes de sus acusaciones. ¡No se vale!

    Se me hace incluso increíble e inconcebible como los seres humanos podemos negarnos solidaridad por razones políticas o ideológicas disfrazadas de buenas intenciones. – No te solidarices con los franceses, no dones al Teletón.

    Y cada año tengo que estar escribiendo sobre el tema.

    Y no, no me pagó el Teletón, ni Peña Nieto, ni el PRI, ni Televisa. Simplemente uso mi libertad de expresión y mi razón para emitir mi opinión.

  • Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Si existe algo que está tan normalizado en nuestra sociedad mexicana y debería de ser algo reprobable es el uso de edecanes para vender productos y servicios.

    Las edecanes y la cosificación de la mujer

    Camino por el tercer piso de la Gran Plaza y una mujer con un conjunto azul pegado a su cuerpo intenta persuadirme para que adquiera un Paquete Telcel. De forma muy discreta pero ensayada intenta sin éxito que me detenga para convencerme de las bondades de dicho paquete, una artificial sonrisa y una pose un tanto atrevida es su estrategia de ventas. No funciona conmigo en parte porque a mí no me gusta que me interrumpan para venderme algo.

    Ese mismo día voy a la gasolinera y una mujer con un atuendo muy atrevido y de mal gusto (el cual tapa poco más que el pezón de sus voluptuosos senos), intenta venderme un aditivo para mi automóvil. Es de notar que no la capacitaron bien para explicar los beneficios de ese producto, pero el cuerpo lo puede todo y básicamente lo que hizo esa dama es colocar sus senos a la altura de la ventana de mi automóvil como si ellos hablaran por ella. Lamentablemente no tuvo suerte, porque yo no acostumbro a comprar los aditivos para mi coche en una gasolinera.

    Primero habría que llegar a la conclusión de que casi ningún hombre saldrá con la mujer en cuestión a cambio de comprar el producto, menos tendrá una aventura sexual. Básicamente ese tipo de estrategia consiste en atraer sexualmente al hombre de tal forma que éste preste mayor atención a la edecán y se deje convencer de una forma más fácil. Es casi como una forma light de prostitución, lo suficientemente discreta para que sea considerada como aceptable socialmente.

    Estas empresas utilizan a las mujeres como un objeto para excitar a los hombres a cierto grado que puedan lograr persuadirlos para que adquieran sus productos o servicios.

    Y a pesar de todo, es algo que se considera normal o aceptable en varios sectores de la sociedad.

    Basta con ir a eventos que conglomeran muchas edecanes, como la Expo Ferretera en Guadalajara, donde su cuerpo resaltado con las prendas ajustadas atraen la mirada de los hombres. De hecho el éxito de este tipo de exposiciones no sólo consiste en los productos, sino en las propias edecanes. – Juan, no sólo me interesa buscar que equipos venden para la construcción, también hay unas edecanes bien sabrosas ¡ándale, vamos!

    Es curioso que en la sociedad mexicana donde muchos se dan golpes de pecho ante temas como los gays haciendo énfasis en los «valores morales» se considere normal el uso de edecanes con prendas muy ajustadas y escotes que muestran la mitad del seno para atraer a los clientes con el fin de que, por medio de sus instintos sexuales, se les invite a adquirir un producto o servicio.  En realidad esa distinción hecha «con base en los valores morales» no tiene el fin de distinguir entre lo que atente a la integridad humana o no, como argumentan; sino más bien entre lo que es la regla y la excepción, entre lo que se conoce y lo que no ¿Qué atenta más a nuestra integridad? ¿el uso de la mujer como objeto sexual para vender algo, o la preferencia sexual de un individuo? La respuesta es obvia.

    En nuestra sociedad hemos acostumbrado a cosificar a la mujer, incluso en la propaganda se les muestra como objetos de venta «nuestras playas, nuestras mujeres». A las mujeres históricamente se les ha exigido un mayor número de normas morales que a los hombres, y a pesar de que ese rasgo machista mexicano ha ido menguando con el tiempo gracias a la apertura, la globalización y el crecimiento de nuestra sociedad; las mujeres todavía tienen sueldos más bajos por el hecho de ser mujeres y su presencia en altos puestos directivos y de poder sigue siendo minoritaria. En pleno Siglo XXI, muchos siguen pensando que las mujeres deben de quedarse en casa, o bien que no pueden aspirar más que a edecanes de alguna exposición de productos concurrida.

  • Haz patria, atropella a un ciclista

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Atropella a un ciclista.

    Eso es lo que sugieren algunas personas. Van manejando en su automóvil en medio de un embotellamiento, o bien tienen mucha prisa y de pronto una de estas personas se les atraviesa.

    Como son automovilistas, consideran que la calle es suya porque dicen, fueron planeadas para los autos; y pueden tener cierta razón, pero no del todo.

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Resulta que cuando se inventó el automóvil y se pusieron a estos vehículos a circular sobre las calles; se pensaba que no serían muchos los que circularan sobre la carpeta de asfalto. Luego llegó Henry Ford a popularizar su automóvil con el modelo T, creando, sí, una evolución en la industria (no sólo del automóvil) al fabricar los automóviles en serie, para lo cual contrató a gente poco especializada que sólo necesitara operar sus máquinas (y luego uno entiende por qué Detroit valió queso cuando las compañías automotrices se fueron de la ciudad: Dejaron a empleados poco calificados sin trabajo).

    Entonces las calles se saturaron; y siempre en algún momento, todos aquellos freeways, segundos pisos o nodos pensados para paliar el problema de tráfico, terminaban saturados. La nueva obra de fin de trienio o sexenio construida por un político que aspira a un puesto de elección popular superior, pocos años después termina siendo intransitable.

    Entonces tendríamos que construir segundos pisos, terceros pisos que en algún momento se van a saturar.

    Tal vez por esto, algunas personas han decidido bajarse y montar su bicicleta. Ya no son los estigmatizados «pobres bicicleteros», ahora son los «hipsters sin conciencia».

    Para los automovilistas, los ciclistas son algo así como los mosquitos que rondan por tu cuerpo en la noche. Pequeños, insignificantes, ágiles pero fáciles de aplastar. El automovilista tiene un arma con el que puede matar con tan solo dirigir su vehículo motor a una velocidad promedio hacia una persona, el ciclista se tiene a sí mismo y a un aparato mecánico que cuyas dimensiones no son mucho más grandes que las que él mismo posee.

    Pero habría que pensar. Si agarramos un trozo de calle, digamos 20 metros, que se encuentra congestionada por 20 automovilistas, a estos los bajamos y les damos una bicicleta: ¿Qué pasa? La mayor parte de la calle quedará vacía:

    Haz patria, atropella a un ciclista

    Para el automovilista, la presencia de un ciclista es una pérdida (le quitaron un carril para construir una ciclovía, o se tuvo que hacer a un lado, o no entiende por qué no se van «por la banqueta»), pero su mente le juega una trampa. Si a esos ciclistas los subiéramos a un automóvil a cada uno, ocasionarían más congestionamientos, porque simplemente ocupan más espacio.

    No es gratuito que muchas de las ciudades desarrolladas están desincentivando el auto. Muchos urbanistas como la mítica Jane Jacobs o el economista urbano Edward Glaeser sugieren que las ciudades deberían de ser densas (con edificaciones de varios pisos) con comercio a nivel calle de tal forma que gasten menos tiempo en desplazarse de un lado a otro. Así contaminarían menos, ahorrarían más tiempo y congestionarían menos las calles. En este modelo de ciudad, de hecho, los habitantes tendrían menos razones para usar su automóvil frecuentemente.

    Por ejemplo, si te pregunto que imagen contamina más, posiblemente afirmes que la derecha. La primera tiene áreas verdes y la segunda no tiene un árbol siquiera.

    urbanismo

    Pero de hecho la respuesta es la contraria. El que vive en una casa en un coto o en un suburbio hace traslados más largos en automóvil (consumo de gasolina) y su residencia gasta más energía que un departamento (aunque hablemos de uno lujoso en una zona exclusiva). No es casualidad que ciudades como Houston o Los Ángeles, ciudades horizontales, estén bastante más contaminadas que Nueva York, donde la mayoría de la gente vive en departamentos y usa el transporte público para trasladarse.

    Y en ciudades con una planeación urbana prácticamente nula como las de nuestro país, el problema es más grave: Más embotellamientos, más contaminación. Y cuando se trata de hacer más angostos los carriles para poner una línea de BRT (Metrobus o Macrobus) o para colocar una ciclovía, los automovilistas explotan. Porque les enseñaron que la vía es suya, nada más que suya, y que a los peatones debíamos de segregarlos con puentes peatonales colocados a kilómetros de distancia.

    De hecho, en ciudades congestionadas como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey debería ser impensable en seguir apostando al automóvil; la arcaica planeación urbana hace insostenible este modelo, por más parches, nodos o segundos pisos que se construyan. Nuestras ciudades deberían apostar al transporte público (que más gente se suba) y a los medios de transporte alternativos.

    Y eso requiere cambiar la cultura. Somos una sociedad muy clasista e incluso este rasgo juega en contra.

    ¿Cómo hacer que más gente se suba al transporte público cuando muchos piensan que «el camión es para los nacos»?

    ¿Y cómo hacer que se suban cuando el transporte público parece ideado para eso, para la gente a la que no le queda de otra? Camiones sucios, choferes sin preparación, inseguridad, y un sinfín de etcéteras.

    Y las bicicletas son para los pobres, o para enfadosos hipsters que sólo le llevan la contra a todo.

    Entonces nos damos cuenta que no sólo se trata de cambiar el modelo, sino la cultura. En Nueva York, un negro de Bronx con ingresos escasos puede estar en el mismo vagón del gerente de un banco importante. En México eso es impensable.

    Y entonces el automovilista piensa que todas las políticas públicas deben de girar en torno a su coche. Pero está equivocado, porque el automovilista es un privilegiado, conduce un aparato que lo traslada más rápido, ocupa más espacio y contamina más. Las políticas públicas deben de enfocarse a los medios de transporte más eficientes y más limpios, el automóvil no lo es.

    Es cierto, hay algunos ciclistas que no respetan las señales de tránsito …

    … pero muchos automovilistas tampoco no lo hacen; de hecho a veces tienden a hacerlo menos. Y en este caso ambos tienen una responsabilidad a la hora de salir a la calle.

    Pero recordemos, el automovilista tiene un arma consigo. Si el automovilista atropella a un ciclista el que se muere es el ciclista, si un ciclista se estampa contra un automovilista, el que se muere, de nuevo, es el ciclista.

    Y supongo que ahora has entendido por qué no debes de enojarte por la nueva ciclovía o el nuevo transporte público que pasa por tu avenida.

  • El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    La historia nos ha enseñado que la excesiva intervención del gobierno atrofia a los países. Tenemos que remontarnos a la Revolución Industrial y preguntarnos por qué fue Inglaterra el lugar donde esta se gestó. Antes de este suceso, las naciones tenían mas o menos los mismos niveles de pobreza, pero los ingleses eran una nación relativamente más libre y abierta, lo cual creó las condiciones, entre algunas otras razones, para que fuera ese lugar donde se comenzara a gestar el cambio de una sociedad agricultora a otra industrial.

    Revolución Industrial

    Durante la Guerra Fría, el mundo se dividió en tres: El primer mundo, cuyos miembros eran los países capitalistas desarrollados de Occidente que permitían en libre comercio, el segundo mundo lo integraban los países comunistas miembros o satélites de la URSS, y el tercer mundo los países no alineados que decidieron implementar una economía mixta que permitía el capitalismo dentro de las naciones pero que mantenía muy altas restricciones por medios altos aranceles al comercio exterior. No está demás recordar a que naciones les fue mejor.

    Tanto la excesiva intervención en la economía como en lo social son un lastre para las naciones. De hecho las naciones que pugnan por una excesiva intervención en una de las ramas, terminan siendo, en la mayoría de los casos, intervencionistas en la otra (por eso es que se dice que al final del día la ultraderecha y la izquierda radical se parecen).

    Hace unos años, gran parte de América Latina giró a la izquierda intervencionista, debido a que las instituciones supranacionales como el FMI y el Banco Mundial (Consenso de Washington) pensaron que bastaba con darles a las naciones latinoamericanas en crisis, la misma receta para liberalizar sus economías sin analizar a cada país de forma individual. Eso hizo que muchos países no resistieran bien el shock, traduciéndose esto en golpes de Estado, o en la creación de élites económicas rígidas (capitalismo de cuates) como en el caso de México. Esto dio a pie al surgimiento de líderes que pugnaban por un estado anterior de las cosas amparándose en la apología al nacionalismo, la excesiva intervención del Estado y un discurso imperialista – conspiracionista.

    El discurso anti imperialista ha sonado todos los días en los medios oficiales de Venezuela. Pero PDVSA es propietaria de CITGO, empresa estadounidense que posee varias gasolineras en esa nación.

    Bastó algún tiempo para mostrar que estas políticas económicas estaban equivocadas. El Kirchnerismo (que paulatinamente se volvió afín al chavismo) perdió el poder a manos de Macri, y ahora el mismo chavismo en su tierra recibe un duro golpe en las elecciones parlamentarias, lo cual muy posiblemente se puede considerar como el inicio del fin del chavismo. Maduro tendrá un congreso de oposición liderado por la Mesa de la Unidad Democrática que aglutina a partidos de centro-izquierda, centro y derecha. Ésta es la primera vez que el chavismo gobierna sin controlar el congreso.

    El principio del fin del chavismo, o el día que el sentido común regresó a Latinoamérica

    El chavismo se desinfló gracias a los pésimos resultados en economía, gracias a las tiendas vacías, a la hiperinflación, y al autoritarismo. Estas son en realidad, consecuencias naturales de los gobiernos excesivamente intervencionistas. Durante el chavismo, Venezuela se rezagó; basta ver sus ciudades que parecen estar atrapadas en el pasado, y las torres financieras sin concluir que se han convertido en favelas verticales.

    La política redistributiva en Venezuela ha consistido en reducir la desigualdad haciendo más pobres a todos.

    La mejor forma de traer prosperidad a una nación es por medio de mercados lo suficientemente libres como para que puedan transferir conocimiento, producir, transferir y absorber innovación. Los avances tecnológicos y la innovación, como lo ejemplifica la Revolución Industrial, son los que traen prosperidad a las naciones.

    No digo con esto que el gobierno no deba tener ningún papel. Los gobiernos pueden implementar políticas redistributivas para procurar una sociedad más equitativa, en tanto éstas no atrofien a sus benefactores. Los gobiernos deberían de garantizar el acceso a la salud, la educación y el agua a sus habitantes, y también deberían implementar mecanismos para que los más pobres tengan mayor posibilidad de movilidad social (es decir, saltar de una posición social a otra).

    Pero los gobiernos no pueden pretender sustituir la productividad y la capacidad de innovar de la iniciativa privada, y mucho menos puede pretender castigar a ésta (como ahora lo hace el gobierno de Peña Nieto) para obtener más recursos, debido a que su despilfarro irresponsable los ha dejado con las arcas vacías.

    Las izquierdas deberían de pensar en buscar mecanismos para redistribuir mejor la riqueza sin castigar la productividad y la innovación de la iniciativa privada.

    Esos males que las izquierdas atañen al «neoliberalismo» son más bien producto de la intervención del Estado y a del favoritismo de éste para beneficiar a determinadas empresas. Las izquierdas deberían de pugnar por un mercado libre, y hecho esto, implementar mecanismos redistributivos. Si las izquierdas, como la de MORENA, siguen pensando en que el Estado debe de tener un papel activo en la economía, estaremos condenándonos al fracaso como ya está ocurriendo con algunos países de América Latina.

    Hoy Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo, el chavismo ha creado pobreza (55% de la población) y desabastecimiento (89%) además de tener uno de los salarios mínimos reales más bajos del mundo de menos de $12 dólares al mes (paradoja en un país socialista), su petrolera es una de las más ineficientes del mundo y sus políticas han hundido a los sectores industriales. Además éste régimen se ha caracterizado por su intolerancia, la represión (como el encarcelamiento de Leopoldo López) y la persecución como formas de mantenerse en el poder.

    Esos son los resultados del socialismo latinoamericano, y en el caso de México, a pesar de las evidencias empíricas, palpables y sonantes, todavía muchas personas ven en López Obrador a la figura que por medio de las mismas políticas fracasadas, rescate a nuestro país; sobre todo porque consideran al «neoliberalismo» (que en realidad nuestro país no es muy «neoliberal») y a la mafia en el poder (cuya existencia se debe al conturbenio con el Estado y no al libre mercado) como los responsables de las problemáticas actuales de nuestro país.

  • La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    México es el país más ignorante del mundo.

    La verdad debe decirse. México es un pueblo muy ignorante Parte 2

    Bueno, eso es lo que algunos encabezados de algunas páginas web sugieren erróneamente para llamar la atención del público. Muchos lo creyeron y muchos lo compartieron como si esa afirmación fuera cierta.

    Es paradójico que trate de exponer el problema de ignorancia que tenemos en nuestro país con un encabezado sensacionalista que sugiere que somos el país más ignorante del mundo.

    Muchas personas compartieron esa nota en las redes sociales. La vi varias veces en mi muro de Facebook, y bastó con hacer una búsqueda en Twitter para ver la resonancia que tuvo.

    En realidad la gente no se molestó en leer, o abrieron notas cuyos escritores no se molestaron en leer bien el estudio original.

    Sin ver el estudio, haciendo un juicio a priori, sé que esa afirmación es una falacia.

    Cierto, somos un pueblo muy ignorante. Pero existen países más pobres y con mayor falta de recursos que México (de hecho son más los más pobres que los más ricos), que por lo tanto tienen un sistema educativo más raquítico que tiene a su población sumida en la ignorancia. Sería absurdo pensar que el pueblo de Burkina Faso o Malawi es más culto que el de México.

    Eso es tan fácil de concluir, no necesitas haber ido a la universidad para saberlo.

    Pero mucha gente lo dio por sentado. Vieron la frase junto con el nombre de una institución, y vualá, lo dieron por hecho.

    Y aquí todavía no me he molestado en ver de que trata todo esto. Pero bastó con un razonamiento simple para explicar la trampa en la que cayeron muchos: «Si un cabezal lo dice, entonces es cierto». No sólo no verificaron la fuente ni mucho menos leyeron el contenido, sino que ni siquiera cuestionaron el contenido del cabezal.

    Bueno, ahora vamos al estudio. Supongo que sabes algo de inglés de tal forma que puedas entenderlo.

    Primer punto, dicho estudio tomó en la muestra a 33 países (de 197 países reconocidos en el mundo), la mayoría de dichos países son desarrollados, o bien, tienen cierto peso en el concierto de las naciones (como India o China). Cierto, estar en el fondo de esa lista no es nada halagador, pero eso de ninguna forma muestra que seamos el país más ignorante del mundo.

    Segundo punto, ese estudio no toca la ignorancia como un todo (solamente con relación al entorno de las poblaciones estudiadas). Más bien lo que cuestiona es que tan precisas son las percepciones de la población sobre algún tema frente a la realidad medible y cuantificable. El abstract del estudio relata el caso de la Gran Bretaña donde a los encuestados se les realizó preguntas cuantitativas sobre diversos temas como obesidad, población no religiosa, empleo femenil. En el caso de la isla, la gente piensa que en promedio el 1% más rico  tiene el 59% de las riquezas cuando en realidad es el 23%, o bien, creen que el 60% de las mujeres trabaja cuando en realidad lo hace el 69%.

    El propósito final del estudio no es exhibir que país es más ignorante que otro (aunque de alguna forma lo haga), más bien trata de medir las discrepancias entre la percepción y la realidad (que sí, a más amplia sea, el número de ignorancia es mayor) para determinar por qué esto sucede. Cito:

    There are multiple reasons for these errors – from our struggle with simple maths and proportions, to media coverage of issues, to social psychology explanations of our mental shortcuts or biases. It is also clear from our “Index of Ignorance” that the countries who tend to do worst have relatively low internet penetrations: given this is an online survey, this is therefore likely to reflect that this more middle-class and connected population generalise from their own experience rather than consider the much greater variety of circumstances in the full populations of their country.”

    Entonces tenemos tres conclusiones contundentes.

    1.- Que el cabezal por sí mismo es falso, y eso se puede comprobar mediante un razonamiento lógico sin siquiera ver el contenido.

    2.- Que la muestra del estudio abarca a 33 de 197 países.

    3.- Que no mide la ignorancia como un todo, más bien lo que hace es medir que tan bien está informada la población confrontando su percepción contra la realidad.

    Insisto, no necesitas ser un letrado para darte cuenta, una persona sin estudios universitarios tiene la capacidad de detectar la gran falacia, que es exhibida punto por punto.

    Aún así, hay quienes (posiblemente para vender más o para obtener más clics) colocaron ese título tramposo, manipulador, y falso per sé.

    Lo peor es que hay quienes se lo creyeron. Vieron el cabezal e inmediatamente abrieron sus redes para esparcir la idea de que México es el país más ignorante del mundo.

    Y algunos incluso con un dejo de arrogancia lo hicieron. O para mostrar que tan mal gobernados estamos y cómo es que este país no funciona.

    «Bean como estamos sumidos en la hignoransia».

    Si tomáramos los resultados de las pruebas PISA de la OCDE donde se evalúa la educación de los países miembros, podríamos tener en nuestras manos un resultado más contundente. No es que demerite este estudio de IPSOS, más bien es que este mide una variable en específico, y el de PISA mide diferentes habilidades adquiridas por medio de la educación.

    Pero para mucha gente lo importante no fueron las métricas ni las estadísticas (que tampoco vaya, es algo difícil de entender) ni mucho menos el abstract, sino el título sensacionalista.

    Es tan tramposo el título, que si tomamos el factor de que México fue el peor evaluado de 33 de los países más importantes del mundo, y tomando en cuenta que en total son 197, podría crear un encabezado que diga «México es uno de los países más cultivados del mundo», y en términos estadísticos podría ser cierto. De hecho ese encabezado sería menos falaz que el de «México es el país más ignorante del mundo».

    Y seguimos con lo mismo, nadie revisa las fuentes, nadie se cuestiona nada, y entonces muchos son susceptibles a la manipulación. Cualquiera los puede engañar (aunque algunos se jacten de ser intelectuales críticos de la ignorancia y la manipulación de los medios).

    Umberto Eco tenía razón.

  • México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Cada cierto tiempo en México algunos medios y opinólogos nos alertan sobre el peligro del populismo. Lo hacen incesantemente. El primer nombre que viene a la cabeza es el de López Obrador, y tal vez en mucho menor medida, el de «El Bronco».

    México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos

    Existen videos realizados por estos medios que explican las características del populista, y de alguna forma aciertan en su crítica. Su discurso es maniqueo, dividen al país entre el pueblo bueno el cual siempre tiene la razón (y con tener la razón me refiero a que cómo el líder no se equivoca, y el pueblo cree ciegamente en él, entonces el pueblo no se equivoca) y los bandidos, los empresarios, los imperialistas, la mafia en el poder.

    Pero quienes hacen esas críticas suelen olvidar una cosa: Las causas por las cuales surge el populista.

    En realidad no es que las olviden, es que muchas veces son parte del problema y prefieren ignorarlas. Una televisora coludida con el gobierno puede hablar en su noticiero sobre como México podría desmoronarse si «el populista» llega al poder, cuando en realidad esa dinámica donde dicha empresa recibe favores del gobierno a cambio de concesiones, está destruyendo el país.

    Ni la Venezuela antes de Chávez, ni la Cuba antes de Castro, ni la Bolivia antes de Evo eran ejemplos de democracias funcionales. En realidad eran países muy injustos donde algunos pocos capitalistas estaban coludidos con el aparato gubernamental, lo que se traduce en mayores beneficios para ellos en perjuicio de la población, se enriquecen a costa de los demás y generan un país más desigual. Es decir, un juego de suma cero, cuando en un mercado libre, el juego no es de suma cero, sino que ambos ganan.

    Y ese es el estado actual de México. El México de hoy se parece mucho a la «Venezuela antes de Chávez».

    A la fecha, empresas como Televisa siguen ejerciendo poder sobre la clase política para beneficiarse. A la fecha, a las empresas que crecieron al cobijo del gobierno no se les ha hecho participar en un esquema de libre mercado. Las élites son las mismas, no cambian, y eso es sintomático de la concentración de poder en la parte más alta de la pirámide.

    No es casualidad que en México existan 50 millones de pobres coexistiendo con algunos de los empresarios más ricos del planeta.

    Es fácil para demagogos como López Obrador etiquetar a esa clase beneficiada como la «mafia en el poder». De hecho dicha etiqueta no es del todo errónea, porque es un pequeño grupo que posee la mayor parte del poder del país, como si se tratara, sí, de una pequeña mafia.

    El problema está en que personas como AMLO usan dicha circunstancia para crear un discurso maniqueo de buenos contra malos y erigirse como líderes espirituales; peor aún, aseguran que el culpable es el mercado, el neoliberalismo; y entonces pugnan por una mayor intervención del Estado en la economía y en la vida cotidiana. Pero en realidad es todo lo contrario. A esa dicha concentración de poder se les debería de quitar los privilegios que tienen con el gobierno y hacerlos competir justamente en un mercado libre, donde sea la calidad de los productos y servicios, y no de las relaciones que tienen con el Presidente, o con los diputados que ellos mismos han colocado en las cámaras (telebancada), los que determinen su éxito.

    En realidad, una mayor intervención del Estado propiciará a la larga la aparición de más «Televisas» y «Carlos Slim». Democracias disfuncionales e inequitativa como las de México y Rusia han sido antecedidas por una fuerte intervención del Estado en la economía. Ahora tanto México como Rusia presumen de tener magnates poco innovadores y sí muy hábiles políticamente para saber jugar con la ley a su antojo.

    Entonces para evitar la llegada de un «populista» como muchos temen, primero se debería modificar este orden donde unos pocos concentran la riqueza del país por su cercanía con el poder. Si no se hace, será cuestión de tiempo para que uno arribe al poder.

    Los partidos políticos no tienen intención alguna de hacer algo. México es un delicioso pastel que pueden comerse unos pocos, y los partidos entonces prefieren comer un pedazo grande en vez de crear las condiciones para que toda la población pueda aspirar a comer una rebanada del pastel.

    Al final tenemos un país muy dividido donde algunos de los políticos prefieren alinearse con «la mafia» mientras otros se preocupan más por alinearse al demagogo, sin que queden muchos que puedan, desde un postura objetiva, luchar por un México más justo por medio de un Estado de derecho que funcione para todos y no líderes demagogos que la violen porque la consideran injusta, en vez de legislar para hacer reformas a ésta y exigir su cumplimiento.

    Dentro de ese punto medio y objetivo podemos vislumbrar a algunos académicos, intelectuales u opinólogos, pero los políticos ubicados ahí son muy escasos.

    Entonces llegamos a la conclusión de que antes de alertar sobre los populistas, deberíamos alertar sobre lo que ya está pasando y arreglarlo. Porque de lo contrario no tendremos siquiera la autoridad moral de emitir dichas alertas.

  • La mitad de Peña Nieto

    La mitad de Peña Nieto

    ¿Se acuerdan cuando Peña Nieto presentó un decálogo para la seguridad en respuesta a la presión social por los 43 estudiantes de Ayotzinapa? ¿Saben cuantos puntos de ese decálogo se han cumplido? Ninguno. Ni siquiera el más sencillo, cambiar el número de emergencias a 911 (porque pues todos vemos películas gringas ¿no?).

    La mitad de Peña Nieto

    Y lo digo porque esta anécdota es un reflejo de su gobierno. Peña Nieto es el mandatario más impopular a mitad de sexenio, y posiblemente el juicio histórico lo coloque como uno de los peores presidentes de la historia moderna del país.

    Peña Nieto ya se gastó casi todas las balas que tenía en su pistola, ya jugó todas las cartas. Desde un punto de vista político no había empezado tan mal, había logrado unir a las tres fuerzas políticas más importantes del país en el Pacto por México. Parecía que dentro de su gobierno al menos había oficio político (eso que tanto presumen lo de su partido).

    Los que fuimos pesimistas al final tuvimos algo de razón, y es que un gobierno que se sostiene con las peores facciones del PRI (como el Estado de México e Hidalgo) no puede dar muchas razones como para celebrar. Al final en estos tres años, la corrupción (Casa Blanca), el autoritarismo (cese de Pedro Ferriz y Carmen Aristegui), la indiferencia y la inseguridad (Ayotzinapa) han sido una constante. Aciertos los hay, pero palidecen rápidamente ante los errores de este gobierno.

    Mencionar un logro de Peña Nieto…

    … entonces me doy cuenta que tengo que hacer un esfuerzo mental. Eso es una mala noticia, porque basta con ser un gobernador mediocre para que los ciudadanos recuerden uno, sólo uno. – Este gobernador es bien rata, pero puedo decir que limpió el centro de ambulantes, o este otro mandatario nos metió en una guerra sin salida, pero amplió la cobertura social universal.

    Podría remitirme a las reformas, pero incluso dentro de los logros que pudiera tener dentro de éstas, uno puede encontrar peros sin ningún problema: – Se necesitaba una reforma a las telecomunicaciones, pero le dio preferencia a su amigo Azcárraga y entonces resulta que pudo ser mejor; o instrumentó una reforma energética necesaria, pero nadie le quiso entrar a la primera ronda porque muchos inversionistas critican la falta de Estado de derecho.

    Y todo esto es una mala noticia para México, porque mientras a Peña le vaya mal, a México le irá mal (aunque claro, hay quienes desde su postura política desean que a Peña le vaya muy mal, sin importar las consecuencias que esto puede tener para el país).

    A Peña le debería de ir bien. Eso nos conviene a todos.

    Luego entonces, Peña Nieto incurre en un conflicto de interés, razón suficiente como para que en un país más desarrollado fuera procesado, y para tapar el ojo al macho se trae a su amigo Virgilio Andrade en lo que fue la máxima expresión del cinismo, la consecuencia inmediata es que ahora los ciudadanos no tenemos razones para confiar en él. Peña ha roto eso que es tan delicado. Peña está divorciado de la ciudadanía y posiblemente ya poco pueda hacer.

    Tener un mandatario sin legitimidad es una mala noticia para México. Pero dicha pérdida de legitimidad se la ha ganado. No es tanto consecuencia de que quienes no simpaticen con su partido lo detesten; lo preocupante es que los cercanos a su mismo partido le siguen aplaudiendo a pesar de lo evidente. Posiblemente si el PRI no tuviera las estructuras que tiene, las encuestas de popularidad dejarían todavía peor parado a Peña. Un mandatario priísta nunca tendrá una popularidad del 10% o menos como ha sucedido en países como Argentina, precisamente por eso, porque su partido tiene los miembros y estructura suficientes para tener adeptos independientemente de la forma en que gobierna. Siempre habrá un acarreado, una persona en busca de un puesto, un priísta de corazón porque su partido lleva los colores de México; siempre habrá incondicional que esté en las buenas, en las malas, y en las muy malas.

    Pero visto desde fuera, el gobierno de Peña Nieto ha sido bastante malo, y visto desde más fuera (desde el extranjero) la situación se complica. Los medios extranjeros han sido demasiado críticos con su gobierno y razones no les faltan. Los medios hablan de las Casas Blancas, de la fuga del Chapo, de Ayotzinapa, de la frivolidad del mandatario y su familia.

    Hace 6 años hice la misma dinámica con Felipe Calderón (nótese que es evidente que en ese transcurso de tiempo mi redacción mejoró mucho, así que no se asusten) y fui muy crítico con él; pero al leer dicha columna para compararla con esta que estoy acabando de escribir, es de notar que la forma en que hago la crítica es completamente diferente: Calderón era alguien que podría dar mucho y no dio tanto, mientras que Peña Nieto podría dar poco y no dio absolutamente nada.

    Sin haber sido un gran presidente, entiendo por qué la gente extraña a Felipe Calderón. La diferencia entre ambos mandatarios es abismal. Es más, creo que Calderón ha de estar agradecido con Peña porque el contraste le ayuda mucho al primero para que el juicio histórico sea más complaciente.

    Así las cosas, no hay nada que celebrar. Por el contrario, es agobiante pensar que apenas vamos a la mitad.