No sin desaprovechar la oportunidad para reclamar a la FINA por la actitud que tuvieron los jueces con los clavadistas mexicanos, Alfredo Castillo aprovechó su puesto como director de la CONADE para pasearse en Brasil. Llevó a su novia, lo cual le generó varios reclamos entre los atletas como Aida Román por la falta de médicos e insumos para los atletas. ¿Por qué lleva a su novia, y nosotros no tenemos médicos? Fue el reclamo de la tiradora con arco que no tuvo fortuna en estos juegos.
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Ante una delegación mexicana que se quedó cerca de no conseguir medallas, todos los involucrados y responsables se deslindaron. El responsable debe de ser otro. Alfredo Castillo de pronto se convirtió en un agente de viajes al decir que toda la responsabilidad recae sobre las federaciones y no sobre la Conade. La medalla del pugilista Misael Rodríguez solo empeoró las cosas. Primero, Alfredo Castillo, sin autoridad moral para hacerlo, festejó el triunfo del mexicano. Le llovió en las redes sociales y lo exhibieron, sobre todo porque Misael Rodríguez había sido uno de los que habían boteado en los camiones para conseguir recursos. El mensaje era épico, Misael no ganaba gracias a la CONADE y a las instituciones deportivas, ganaba a pesar de ellas.
Las Federación de Boxeo culpó a Alfredo Castillo. Alfredo hizo lo propio. Todos se deslindaron. El PRI, como acto de simulación, aseguró que iba a pedir cuentas al amigo del Presidente Peña Nieto. No hay responsables.
En un video que adquirió ironía en el transcurso de los Juegos Olímpicos, Peña Nieto le dijo a los atletas que ellos iban a reflejar el «cambio que se vive en México». Peña Nieto no se equivocó, los magros resultados, responsabilidad más del sistema que de los propios atletas, reflejan el «cambio» que se palpa en el país. El número de medallas será bastante menor al obtenido en Londres.
Con excepción de algunos países que destacan por el físico de sus atletas como Jamaica, Kenya o Liberia, la relación entre la fortaleza institucional y el éxito en los Juegos Olímpícos es muy estrecha. Los países con instituciones fuertes suelen entregar buenos resultados en la justa olímpica. Los que entregan pocas medallas y tienen instituciones fuertes, lo hacen por tratarse de países pequeños; o como ocurre con algunos países nórdicos, porque suelen estar más involucrados en deportes propios de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Y ésta relación tiene una razón de ser, porque un país con instituciones sólidas (ya sea que el gobierno sea el principal actor, o lo sean las universidades o instituciones privadas) naturalmente tendrá mayor capacidad para facilitar la carrera profesional a sus atletas. En un país con instituciones sólidas, los recursos no se van por el caño de la corrupción o el cortoplacismo.
Los dimes y diretes de Alfredo Castillo y las federaciones lo deja bien en claro. Incluso, el deterioro institucional producto del gobierno de Peña Nieto ha infestado a las instituciones deportivas que ciertamente nunca han sido eficientes, pero que ahora llegaron al grado de no dotar de uniformes a los competidores u obligarlos a botear para conseguir recursos.
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Actualmente no existe estrategia alguna encaminada a mejorar el deporte. De hecho, la mayoría de los atletas que tienen más posibilidades de ganar medalla son aquellos que ya participaron (y muchos ganaron) en otros Juegos Olímpicos y fueron producto de un proceso anterior. El deterioro de las instituciones deportivas a reducido el surgimiento de nuevos atletas de alto rendimiento.
Alfredo Castillo es reflejo del modus vivendi del gobierno actual. Se sirve antes de servir a los demás. Lleva a su novia con acreditaciones y presupuesto público, mientras a los atletas, quienes son el motivo por el que se está en las olimpiadas, se les trata como personas de segunda clase quienes tendrán un médico o uniforme si es que corren con suerte, con todo y que la delegación está patrocinada por marcas como Joma, Arena y Adidas.
Al igual que Peña Nieto quien graba infomerciales con López Dóriga para convertir en falso aquellos que es verdadero, Castillo se convierte en víctima de organizaciones como la FINA o de la Federación de Boxeo para exculparse. Como están en el poder, ellos nunca pueden tener la culpa ni tener alguna responsabilidad. Bueno, Peña sí pidió perdón, pero por algo que dice, nunca hizo.
Y bajo estas condiciones, es muy complicado crear un proyecto enfocado a mejorar el deporte de nuestro país.
Jorge se rasca, eructa, se saca un moco, sostiene el control remoto de su televisión con su gran panza mientras bebe una deliciosa cerveza. A Jorge no le gusta hacer ejercicio, a los 100 metros se bofea cuando trata de correr. Jorge trata de no pagar impuestos, no emite facturas para que su dinero no se vaya al «pinchi gobierno». Ahí, en la televisión, observa como Rommel Pacheco y Jahir Ocampo no logran acceder al podio. Después de una serie de clavados en esa agua verdosa que dicen, está comenzando a apestar, quedan en quinto lugar, y Jorge se indigna.
López Dóriga Digital
¿A esto van a parar mis impuestos? Jorge no puede entender por qué los atletas «no le cumplen a la gente». Si le estoy dando dinero al gobierno es para que traigan medallas. Jorge no está muy interesado en cuestiones políticas, no le gusta la política y menos involucrarse, pero le gustan los deportes (verlos, no practicarlos), Jorge no mandó su firma para la #Ley3de3, pero está indignadísimo al ver a los mexicanos perder. Es culpa de los atletas, nada más van a echar la hueva a las olimpiadas, mira esa mentalidad ratonera, dicen que hicieron su mejor esfuerzo, bah! Perdedores.
Por supuesto que Jorge no sabe que llegar a los Juegos Olímpicos no es cualquier cosa, estar dentro de los primeros 100 deportistas de un país de 100 millones de habitantes no es producto de la hueva, ni de rascarse mientras ven televisión como acostumbra a hacer Jorge. Él piensa que una medalla tiene un costo, es decir, por más dinero el gobierno invierte en una disciplina, tantas medallas se deben de ganar.
Jorge, como muchos otros, también es muy duro con los atletas que ya ganaron una medalla en otros Juegos Olímpicos. Éste ganó una medalla en Londres, si no gana hoy, no sólo será una decepción, sino que nos quedará a deber a la sociedad porque nosotros pagamos su entrenamiento con nuestros impuestos.
En Twitter, Jorge se burla de los atletas, sube memes, se indigna, se queja, humilla. Dice que le deben, él «las paga» con sus malditos impuestos (que trata de pagar lo menos posible).
Durante los 4 años que dura la olimpiada (que en realidad, una olimpiada es el periodo de cuatro años que transcurre entre unos Juegos Olímpicos y otros) Jorge hace lo mismo, sentarse frente al televisor para paliar el desgaste de su vida rutinaria y monótona. En ese transcurso, los atletas que tanto le deben, están entrenando ocho horas diarias (la misma jornada que el trabajo que Jorge odia y que hace a medias), algunos de ellos tienen que salir a botear a los camiones, buscar patrocinadores por su cuenta, o hasta pelearse porque su federación no le quiere dotar de un entrenador.
¿Porque sabes?
Los atletas no nos deben nada. Pero para muchos, ellos no tienen derecho a fracasar, ¿Y sabes? Lo tienen. Un fracaso no es (en la mayoría de los casos), producto de la displicencia o la hueva de los atletas. Los Juegos Olímpicos son lo suficientemente competidos como para que prácticamente nadie (excepto Michel Phelps y algún que otro deportista extremadamente destacado) pueda tener asegurada la medalla. En los Juegos Olímpicos muchos favoritos fallan y muchos caballos negros surgen.
Los atletas no son como los jugadores de la Selección Mexicana quienes ganan muchísimo dinero para desempeñarse mediocremente. La mayoría de los atletas no cuentan con suficientes recursos, muchos tienen que trabajar y el deporte por sí sólo no completa el dinero que necesitan para vivir decentemente. Para cualquier atleta, los Juegos Olímpicos son muy importantes, y por eso hacen su mayor esfuerzo para hacer lo que pueden con los recursos que tienen.
Si el nivel olímpico es decepcionante, es debido a un problema estructural. Nuestras instituciones no han podido crear un entorno favorable para el desarrollo de deportistas de alto nivel. Varios de nuestros deportistas de alto nivel lo son no gracias al trabajo de las instituciones deportivas, sino a pesar de ellas.
En México hay talento, el problema son los recursos, la corrupción y las instituciones. Incluso quienes están a cargo de ellas, buscan a quien culpar: Alfredo Castillo, dice que la culpa es de las federaciones y que la CONADE es sólo una agencia de viajes. Independientemente de que ésto pudiera ser cierto, eso refleja toda la desorganización que hay en el deporte mexicano. No hay una estrategia, no hay un plan. Ya no sólo pensando en los Juegos Olímpicos, sino en promover el deporte en un país donde la obesidad es un problema de salud pública.
Como lo comenté la otra vez, las instituciones y las autoridades tienen mucha responsabilidad, pero los ciudadanos también la tenemos. En estos 4 años no nos ha importado en lo mínimo siquiera presionar a las autoridades. No, no somos ajenos al fracaso en los Juegos Olímpicos.
Lástima que muchos le carguen toda la responsabilidad a los atletas, que después de competir, en lugar de recibir apoyo por parte de los connacionales, se encuentran con puros reclamos y mentadas de madre en Twitter. Incluso algunas amenazas e insultos misóginos.
El día de ayer, un tuitero me «reprendió» por apoyar lo que él considera mediocridad. Me decía que aplaudir a una gimnasta que no ganó nada era mediocre y que estaba apelando a la lástima (porque algunos, él entre ellos, la criticaban por «ser gorda»). Su sticky post (o sea, el tweet que está fijado en su timeline) era una burla grosera a la gimnasta donde la comparaba con la mascota de Bodega Aurrerá.
Después, otro grupo (supongo amigos suyos) se me vino encima por la misma razón. Varios de ellos con nombres como «Mariguano Phelps», y demás, cuyos timelines estaban llenos de basura e insultos a atletas y demás personas. No era indignación y descontento, era un modo de vida, ellos disfrutan humillar a los demás.
Con base en esto, quise escribir este artículo para diferenciar lo que es la crítica de la criticonería. Hay críticos y criticones, los primeros son muy útiles a la sociedad, los segundos son un lastre. Los términos son parecidos, pero los actos tienen un fin diferente, en tanto son resultado de motivaciones diferentes, e incluso opuestas.
¿Qué es la crítica?
Primero debemos entender que la crítica es necesaria dentro de una sociedad para que ésta funcione y se perfeccione. La crítica, señalar aquello que está mal, es una condición necesaria para mejorar procesos, realidades, estructuras o instituciones. La crítica puede estar movida por la indignación. Puede ser desde un tweet, hasta un ensayo, o un documento académico. En tanto el hombre es un animal político, la crítica puede tener ciertas subjetividades, puede no ser acertada, e incluso puede estar mal informada (aunque el crítico siempre tratará de buscar información para fundamentar su crítica), pero es resultado de una genuina preocupación sobre el estado de las cosas.
Para que exista un cambio dentro de una sociedad, la crítica es condición primera:
De un problema surge la crítica, ésta surge porque el problema produce una inconformidad. La crítica funge como diagnóstico del problema y reconoce su existencia. La propuesta surge de ese diagnóstico, al reconocerse el problema, entonces el paso a seguir es buscar un modelo de cambio. Cuando éste se tiene, entonces, se ejecuta un plan de acción para resolver el problema. Generalmente existe no sólo un diagnóstico, una sola propuesta o un plan de acción. Sino que, en cada tramo del proceso, se debe de llegar a una especie de consenso; o bien, ante las diferencias, diferentes sectores pueden proponer diferentes modelos.
La crítica puede ser sobre cualquier cosa: el fracaso en las olimpiadas, las casas blancas de Peña Nieto, la crisis económica, el rezago educativo, los derechos de las minorías etc. También se puede llevar a cabo en cualquier lado, un tweet, en forma de meme de Facebook, una columna en un periódico, una tesis de maestría. Claro, dependiendo del contexto, unas críticas serán más eficaces que otras. Algunas serán instintivas e inmediatas, otras estarán muy planeadas y calculadas, pero todas son valiosas.
Pongo como ejemplo la #Ley3de3. Muchas personas estaban indignadas ante el enriquecimiento de muchos políticos (problemas), varias organizaciones como el IMCO y Transparencia Mexicana propusieron un mecanismo de acción para obligar a los políticos a declarar sus bienes (propuestas) y lo ejecutaron presionándolos a hacerlo, buscando que esa dinámica se convirtiera en ley, haciendo lobbying en el congreso al presentar las firmas de cientos de miles de ciudadanos.
¿Qué es la criticonería?
La criticonería es otra cosa totalmente distinta, y muchas veces se suele confundir con la crítica.
Se confunde, porque en muchos casos los criticones creen estar haciendo crítica. La diferencia consiste en que la criticonería no surge de la necesidad de un mejoramiento de un problema, o al menos no está orientada a mejorar las cosas.
Y las redes sociales, en especial Twitter, están llenas de criticones.
La criticonería incluye calumnias, burlas «con mala leche» hacia otras personas, falta de tolerancia, insultos a quien tiene una opinión diferente.
Los criticones tratan de disfrazar su injuria como si fuera una crítica. Un crítico puede ser severo y demoledor con el Presidente en tanto considera que el diagnóstico del problema lo amerita; un criticón puede burlarse de ciertos rasgos del Presidente porque disfruta hacerlo y ello le ocasiona placer.
En el caso de la criticonería, el problema puede ser o no real. Lo que menos importa es lo sustancial del problema en tanto sea una excusa para sentir placer a la hora de atacar. El problema puede ser incluso una diferencia ideológica o de opinión, lo importante es «acabar con el otro», su destinatario no es el problema sino el contrario por sí mismo.
El criticón puede sentirse indignado, pero esa indignación es una excusa para sentir placer y no para resolver un problema. El crítico puede caricaturizar al causante del problema, puede ser sarcástico, pero lo hace como medio para hacer el diagnóstico y hacer énfasis en el problema, no para atacar personalmente a la otra persona como el fin único. El criticón participa en un juego de suma cero, donde espera que el otro pierda para que él gane.
Muchos criticones sienten placer en su psique cuando ven, por ejemplo, a México fracasar, porque esa condición les da más razones para seguir criticando y disfrutando de ello. En las redes se muestran indignados, pero en realidad no lo están. Si el problema que toman como excusa se solucionara, les causaría frustración, porque una fuente de recursos para criticar estaría extinguida.
Los criticones no construyen. De hecho, muchos permanecen en el anonimato mediante un avatar, porque de esa forma las posibilidades de enfrentar represalias por humillar al otro son mínimas. Los criticones muestran en Internet una faceta que no se atreven a mostrar en persona. En las redes suelen ser muy activos, suelen tomar bandos de forma convenenciera; pero allá afuera, muchos de ellos se caracterizan por su pusilanimidad, son personas inseguras, retraídas, o bien, son agresivas.
Los criticones pululan por el mundo virtual de las redes, pueden burlarse de una gimnasta por un supuesto sobrepeso, pueden linchar en las redes a quienes no piensan como ellos y recurren a los ataques personales cuando el debate está perdido (si es que en algún momento les interesó debatir en realidad). Piensan que son parte de un gran campo de batalla…
Primero antes que nada, te mando un saludo y de paso una gran felicitación por haber participado en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Son pocos los mexicanos que tienen el privilegio de asistir a unos, poco más de 100 en un país de más de 100 millones (menos de una persona por cada millón). Tú fuiste una de esas 100 personas que tuvo el privilegio. Partiendo de ahí, eso ya es un logro personal.
Te escuché en una entrevista que te habías sentido algo nerviosa pero que al final sentiste que no lo hiciste mal. Sé que quedaste en el lugar 31 y hay gente te recrimina por eso.
Me imagino también que en algún momento te sentiste atacada y traicionada por algunos de tus connacionales que te criticaron en las redes sociales por quedar en último lugar, porque no eres «de tez blanca» y por tu complexión. Espero que estos comentarios de gente tan ignorante y con una preocupante estrechez de miras no te afecte en lo personal, como dicen en mi rancho, «tómalo de quien viene».
Yo estoy muy orgulloso de ti porque, primero, es muy extraño que nuestro país tenga lleve mujeres gimnastas a unos Juegos Olímpicos. El nivel que nuestro país tiene en la gimnasia es tremendamente malo y tú te sobrepusiste a eso para obtener un lugar en Río 2016. Concuerdo con la frase de Vince Lombardi de que lo más importante no es ganar, sino lo único. Y tú ganaste, tus rivales no fueron la estadounidense o la rumana, te sobrepusiste a las muchas carencias que las gimnastas tienen en nuestro país, te sobrepusiste a la CONADE. Eso es ganar.
Tal vez no seas la mejor gimnasta del mundo, pero eres un ejemplo a seguir dentro de un país donde buscamos con ansias ejemplos, o personas que hagan la diferencia.
Me da coraje que algunas personas minimicen tu logro, producto de años de esfuerzo tuyo. Mujeres que practican la gimnasia en nuestro país son muchas, tú fuiste la única que tuvo el privilegio de ir a unos Juegos Olímpicos. La verdad es que te partiste la madre. La verdad es que tus «críticos» nunca tendrán en su vida un logro tan grande como el tuyo. Siento decirte que en nuestro país existen muchas personas que en lugar de apoyar a los suyos, los jalan del pie. Éstas suelen ser personas acomplejadas con vidas completamente irrelevantes, y a las que ni siquiera vale la pena escuchar.
También he leído criticas a tu persona por tu complexión y porque no eres «güerita», críticas que me parecen completamente lamentables y que están fundadas en la ignorancia. Primero, porque cualquier cabeza con un IQ más alto que el de un chimpancé entendería que una persona con sobrepeso no podría aspirar nunca a participar en unos Juegos Olímpicos, y porque tu complexión es natural y no tiene nada que ver con el sobrepeso; tu peso y estatura lo dejan en claro. Lo segundo es todavía más lamentable porque técnicamente es un acto de racismo hacia tu persona. De manera paradójica, muchas de estas personas criticonas están indignadas con el ascenso de Donald Trump por su xenofobia contra nosotros los mexicanos.
Siento tristeza y desesperanza al ver estas reacciones. Son ignorantes, prejuiciosas e injustas. Ojalá comprendas la ignorancia y el pobre espíritu de estas personas.
Muchos de ellos no saben ni entienden qué es una competencia de alto rendimiento, muchos de ellos ni siquiera hacen ejercicio, ni se desempeñan bien en su trabajo, y ni siquiera ganan una medalla de oro en un videojuego. Para ellos es fácil sentarse frente a una computadora y linchar a los mexicanos como tú que se la parten y que ponen el nombre de nuestro país en alto.
Ellos son el México que deberíamos dejar atrás.
Tú eres el México que deberíamos perseguir, el de personas que hacen la diferencia, y que logran vencer muchos obstáculos. El de las personas que se sobreponen a las críticas, el de las personas que a pesar de la falta de apoyo logran dar ese paso, el de las personas que se logran ubicar en los 100 primeros de entre los 100 millones, entre los primeros 31 gimnastas del mundo y la doceava mejor gimnasta en salto.
Tú eres un orgullo para nuestro país, tú eres el ejemplo de que México no sólo son malas noticias y desolación. Eres el ejemplo de que los mexicanos pueden trascender. Tu ya nos trascendiste a todos nosotros.
Muchas felicidades. No importa lo que digan «algunos», no dejes que demeriten tu trabajo y esfuerzo. Como la frase popular: «cuando los perros ladran Sancho, es señal de que vamos cabalgando».
Tal vez es pronto para hacer un juicio, van apenas 3 días de competencias de las dos semanas que dura la justa olímpica, y ya veo caras largas entre los comentócratas, aficionados, o mexicanos de a pie. El ambiente derrotista vuelve a invadir nuestros pensamientos justo cuando algo que suene a triunfo nos haría bien en nuestra psique colectiva dentro de un sociedad acostumbrada a escuchar malas noticias y a sentirse pisoteada (por políticos, grupos de interés, o por ellos mismos inclusive).
La cuestión es si esperábamos algo mucho mejor que esto, ¿Por qué deberíamos de hacerlo?
Con excepción de algún que otro comentario desafortunado, creo que linchar a los deportistas por su fracaso (como ahora ocurre con Aída Román) es algo demasiado precipitado e irresponsable. Aida Román afirmó que a pesar de no ganar la medalla y quedar eliminada, se va contenta porque hizo su máximo esfuerzo, que donde entrenó no había viento y en Brasil sí había. Un comentario que para muchos suena mediocre y posiblemente sí lo sea, aunque aún con esa «mentalidad» ganó una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres. Se vale fracasar.
Cuando no es temporada de Juegos Olímpicos, frecuentemente compartimos noticias sobre cómo es que tal atleta tuvo que ponerse a vender no sé cuantas cosas y tuvo que costearse el camión de tercera clase para poder viajar a una competición porque el gobierno o las instituciones le dieron la espalda; o que a tal atleta la castigaron porque no la dejaron usar su uniforme, lo que iba contra los intereses económicos de los dueños del deporte. Una y otra vez, vemos notas de como pisotean a los atletas quienes no tienen apoyo, y sobre cómo los jerarcas se enriquecen.
Con este sistema, en el mejor de los casos, nos alcanza para ganar 6 medallas (no más de 1 o 2 de oro), y en el peor, ganamos una de bronce (como cuando Islas Tonga nos superó en el medallero de Atlanta 1996). Seis medallas para un país de más de 100 millones es basura.
Si las cosas se hicieran bien en nuestro país, tendríamos más arqueros buenos como Aída Román, o bien, ella estaría todavía más preparada. Pero no sólo es culpa de los jerarcas y los del negocio, la verdad es que no nos interesan las competencias de alto rendimiento más que el futbol y ver a los gringos hacer deportes gringos. Si en el futbol exigimos poco y nos quejamos mucho, en los deportes olímpicos exigimos nada y nos quejamos muchisísimo.
Y como siempre pasa, mentaremos madres de la CONADE, de Peña Nieto y de todos los que están mínimamente involucrados. Pasará el furor de las olimpiadas, y no pasará absolutamente nada, olvidaremos todo el asunto por completo.
Cierto que la asombrosa competitividad de países como Estados Unidos o China se debe en parte a cuestiones geopolíticas, pero también son competitivos porque sus instituciones funcionan, porque trabajan lo suficientemente bien como para preparar atletas de alto rendimiento. Estos países han logrado una cultura del deporte muy impresionante, una cultura que nos hace demasiada falta en nuestro país.
Y nos hace falta cuando en la mayoría de las escuelas el deporte brilla por su ausencia. Varias de ellas con infraestructura adecuada. La educación física consta de dar vueltas a la cancha de la escuela y premiar al que tarde más en cansarse.
Por eso me pregunto si es que en estos 4 años que dividen a unos Juegos Olímpicos de otros nos preocupamos por ello. Y la respuesta es no.
Un ejemplo claro de cuando se opta por adoptar una mentalidad más proactiva es Jalisco. Este estado que se ha preocupado más por el deporte que las demás entidades cada año gana la olimpiada nacional, es líder contundente, por lo tanto es el estado que más competidores llevó a Río (21) y en Londres, 3 de las 7 medallas (más una cuarta, el oro de futbol donde algunos seleccionados eran jaliscienses) fueron de deportistas de esta entidad. Imaginemos que los demás estados hicieran el mismo esfuerzo que hace este estado. Si eso sucediera, que todavía sería un escenario lejano a lo óptimo, tendríamos algunos medallistas más. 10 en lugar de 6, o 5 en lugar de 2.
Un Estado corrupto y una sociedad con muy poco interés en que las cosas cambien nos tienen aquí, como un país olímpicamente irrelevante, donde las olimpiadas importan más por el dinero que se ingresarán a las arcas por el concepto de publicidad (como claro ejemplo está el mutis de Televisa y TV Azteca), y donde la indignación popular es una moda coyuntural propia de los eventos olímpicos y no una genuina preocupación por levantar el nivel del deporte en nuestro país.
No, no es un caso aislado, le escasez de éxitos olímpicos no es independiente de nuestra escasez de logros como nación, de la escasez de instituciones que funcionan, o de la de gente crítica (no criticona) que piensa que su país merece más y exige a sus instituciones.
Hoy voy a hablar de algo que parece haber causado más polarización en Guadalajara, mi ciudad, que la que ha causado Donald Trump en Estados Unidos, o el #Brexit en Reino Unido. Voy a hablar de nuestra nueva «marca-ciudad» que ha dividido la opinión pública en las redes sociales. Lo único cierto es que esa imagen no te puede dejar indiferente.
Para eso, primero debemos de entender qué es una marca. Una marca tiene como fin posicionar un producto, servicio, empresa, asociación, entre otros, en la mente de los consumidores. Gracias a la marca, nosotros le damos en nuestra mente «una forma» a eso que se quiere representar. No es lo mismo una serie de productos para jabón genéricos que un jabón Zest. Cuando vas a un centro comercial y ves un jabón Zest, no sólo se te viene a la mente que se trata de un jabón, sino que éste tiene ciertos atributos que lo diferencian de lo demás (producto tanto de la estrategia de branding como de tu experiencia anterior con el producto), lo que incide en tu decisión de compra.
Algo así es lo que se quiere hacer con Guadalajara, darle su propia marca. Muchas ciudades o entidades del mundo como nuestro país, la Ciudad de México o el Estado de Jalisco, ya tienen una. Esa marca debe de tener un elemento de diferenciación, por lo cual deberíamos de preguntarnos ¿qué es lo que hace a Guadalajara diferente a las demás?
Algunos hablan de su comercio o su industria, pero no es la única ciudad que destaca por ello; podemos hablar de la FIL, pero no sé si sea prudente poner un libro como imagotipo cuando a pesar de la importancia del evento, la gente en nuestra ciudad no lee mucho. Con lo que un extranjero se siente identificado cuando viene a la ciudad es con el mariachi y el tequila.
De ahí, la decisión atinada en mi punto de vista de elegir la «Guadalajara, Guadalajara» de Pepe Guizar por lo que representa. Cantada por Plácido Domingo, por Elvis Presley, interpretado por Paco de Lucía y otros músicos de renombre internacional, es una canción que nos da identidad.
Muchas personas comentan que Guadalajara es más que mariachi y tequila, que es más grande que eso, que debemos de ver al futuro y no al pasado. Pero estamos olvidando cómo es que las tradiciones y raíces le dan identidad y cohesión a una comunidad. De hecho, si Guadalajara se volviera una ciudad desarrollada, producto de un hipotético boom económico o del desarrollo de la ciudad como un hub tecnológico, estos elementos le seguirían dando mucha identidad; el mariachi y el tequila seguirían siendo importantes. La tradición no tiene que estar peleada con lo moderno.
París es más que su Torre Eiffel, y ésta es el imagotipo de su «marca-ciudad», Hong Kong no sólo son dragones sino desarrollo y libre mercado, y su imagotipo es un dragón.
En un mundo actual donde muchas nuevas ciudades crecen de la nada y buscan desesperadamente ese algo que los identifique, nosotros renegamos de nuestra cultura como si fuera expresión de un país subdesarrollado, mientras que quienes visitan nuestra ciudad la admiran. Por el contrario, tener todas estas raíces y tradiciones nos da una ventaja sobre otras comunidades (que no lo sepamos aprovechar es otra cosa).
Entiendo que cuando se trata de un nuevo logotipo o imagen la polémica nunca dejará de existir. Ya se trate del nuego logotipo de Londres 2012, el de Google, Microsoft o Instagram. Tampoco gustó al principio la nueva interfase que creó Jonathan Ive para el iOS y ahora todos parecen contentos con ella. El arte del diseño es algo demasiado subjetivo como para esperar un consenso. Que si se puede emular en 2 minutos con Photoshop, que si pagaron una millonada para algo que no gustó a muchos (el caso de los JJOO de Londres), que si no costó un centavo (el caso de Guadalajara), que si es demasiado moderno, que si es demasiado antiguo, que si los millennials no se identifican, que si la gente mayor tampoco.
Cierto, yo veo el logotipo, lo observo detenidamente, y le veo algunos peros. Creo que puede mejorarse, creo que al trabajo de diseño, como se puede ver en la Fan Page, le hace falta algo de cohesión; y creo que no lograron muy bien simular los nombres de las tiendas típicas de la Guadalajara de ayer. Así también, se me hace criticable que usaran una fuente gratuita en lugar de crear una propia como parte del trabajo creativo. Pero en lo particular la idea me gusta y mucho, el concepto me llamó más la atención que esos otros detalles, me gustó ver como las palabras cantan esa canción tradicional. Creo que la noticia debería de ser que Guadalajara ya tiene su «marca-ciudad», los detalles de diseño a mi parecer pasan a segundo plano, porque son cosas que pueden pulirse. La idea es muy buena.
Que hubiera sido mejor convocar un concurso entre agencias en vez de que trabajaran las que generalmente le trabajan al gobierno y al alcalde Enrique Alfaro, sí, estoy de acuerdo. También es cierto que aún con concurso de por medio, muchos hubiesen quedado insatisfechos con el resultado; siempre pasa, y más cuando nosotros los tapatíos somos lo suficientemente caprichosos para que los departamentos de mercadotecnia de las empresas prueben la aceptación de un producto en esta ciudad para luego lanzarlo en todo el país.
Tampoco creo que se trate de una «agencia de pacotilla», máxime cuando estas mismas agencias convirtieron a un personaje con una personalidad antipática como lo es Enrique Alfaro en un candidato que se puede vender y que logra generar simpatías en ciertos sectores de la población (sin olvidar esa vergonzosa excepción cuando expusieron la lista nominal del INE al subirla de forma irresponsable a la nube).
Otras personas hablaron de plagio, que se «habían robado» el logotipo de otra propuesta. Por ejemplo, venían a colación estos dos diseños:
La primera es la marca del Ars Santa Mónica, un centro cultural de Barcelona; la segunda es un festival. El estilo tiene parecido con la marca Guadalajara en que el tamaño de las letras va aumentando o disminuyendo de tamaño. Pero basta observar un poco para darse cuenta que la ejecución es diferente. Además tendríamos que preguntarnos si también los diseñadores del centro cultural «plagiaron» al festival, ¿o cómo?
Subo también la imagen de este libro de Alvin Toffler:
Este libro lo compré hace 8 años, muy bueno por cierto. Usa el mismo efecto de «agrandamiento de las letras». Sin ser diseñador, puedo darme cuenta que este es un recurso que no es utilizado pocas veces en el diseño gráfico. De ninguna forma podría afirmar que la ciudad de Santa Mónica ni el festival de periodismo le plagiaron a este futurólogo.
Luego viene un video que lanzaron para socializar la marca. Algunos encuentran similitudes con el trabajo que estas empresas (las mismas) hacían para Movimiento Ciudadano. Esto es obvio cuando los creativos que hicieron tanto este video como los trabajos para Enrique Alfaro son los mismos. Pero yo no percibo ni en el video, ni en el logo, intención alguna de asociar a MC o a Enrique Alfaro con la marca, ni alguna indirecta. E insisto, sí me hubiera gustado más un concurso entre agencias, pero aún así creo que la idea que se creó es muy buena. Si hubiera existido intención proselitista alguna, la oposición o el Gobernador Aristóteles del PRI se hubieran indignado por hacer «proselitismo disfrazado» (en menos de 2 años hay elecciones), pero no fue así. Ni siquiera El Respetable, un diario que no hace honor a su nombre y que funciona como estrategia de golpeteo para cierto partido político, se atrevió a decir que era propaganda a favor de alguien.
De hecho, es una buena noticia dentro de un país acostumbrado a los gobiernos paternalistas y verticales que imprimen su marca en cualquier cosa que toquen para que recuerdes que les debes de estar agradecidos porque trabajan para ti.
Fan Page #GuadalajaraGuadalajara
Como se puede ver en la foto, todos los alcaldes tanto de MC, como del PRI así como el Gobernador emanado del PRI estuvieron en el evento presentando la marca-ciudad. Vaya, ni siquiera se observa el consenso en un país donde éstos generalmente sólo sirven para servir a sus intereses, y cuando se trata de pensar en la ciudadanía, las discrepancias afloran.
Retomando el video, al verlo me queda claro que con este logotipo no sólo se insiste en hablar de las raíces, sino hablar del presente, de lo que somos, y lo que queremos llegar a ser.
El video es muy bueno porque lograron modernizar con guitarras de rock, baterías e intérpretes de Jalisco, una canción como es Guadalajara, Guadalajara, sin destruirla; porque vaya, es una canción muy difícil de no destruir. Lograron encontrar un gran balance entre lo tradicional y lo moderno. Sí, me hubiera gustado que también estuvieran otros intérpretes (y claro que no estoy pensando en Maná), pero la elección en general no estuvo mala. A mí se me puso la piel chinita, a muchos conocidos también.
El video, como creyeron algunos, no tuvo la intención de «presentarle Guadalajara a los extranjeros», sino de socializar la marca en la ciudad. Y creo que sí lo lograron. Guste o no guste, ya todos la conocen.
Para finalizar, sí, comparto la opinión de que el trabajo final es mejorable, se pueden hacer algunas adecuaciones, pero el concepto me parece muy bueno y creativo. Espero que con el tiempo, esta «marca-ciudad» vaya evolucionando y su existencia no se limite a un simple diseño.
Hay que celebrar que Guadalajara ya tiene una «marca-ciudad», una ciudad del tamaño e importancia que tiene la Perla Tapatía no se podía dar el lujo de no tenerla. Para mí esa es la gran noticia, sabiendo que la idea se puede perfeccionar. Me gustaría que ahora ante tanta indignación, agencias participaran en el mejoramiento de este concepto y que el gobierno les abriera las puertas. Para concluir, en mi particular punto de vista, a pesar de sus puntos flacos y que se pueden mejorar, me agrada el concepto creado.
Y sí, creo que va a pasar el tiempo y el logotipo (con algunos ajustes posteriores al trabajo gráfico posiblemente) comenzará a gozar de mayor aceptación, como siempre ocurre en estas cuestiones. Al tiempo…
Seguramente lo has pensado, sobre todo si López Obrador no te simpatiza en lo absoluto.
Seguramente te has imaginado al «Peje» al frente de nuestro país, mientras Donald Trump gobierna el país del norte. A pesar de que en el papel tienen posturas políticas muy distintas, encuentras muchas similitudes y te reprimes por esa contradicción. Pero no lo es, en política, los extremos tienden a parecerse por más se odien en el discurso. Es como aquellos dos compañeros de tu salón que siempre se odiaban a muerte, pero se te hacían muy parecidos. Es como aquel dicho de «lo que te choca, te checa».
Este juego y aparente contradicción será la regla si ambos candidatos llegan al poder. El primero, aunque con menos vehemencia que sus pares sudamericanos, no simpatiza con la apertura comercial con países como Estados Unidos y ve con mucho escepticismo el Tratado de Libre Comercio. Para sus seguidores es una gran tragedia… así como lo es para Donald Trump. Para un sector de la izquierda mexicana, Estados Unidos y su «imperialismo» es el culpable de todos los males. Para Trump y los suyos, México es el culpable de todos los del país del norte. AMLO y Trump se presentan como víctimas de una misma cosa y señalan como victimario al otro país.
También hay que tomar en cuenta. Los dos son outsiders de la política (lo cual no es necesariamente malo, pero sí en sendos casos), son antisistema y hasta hablan de un posible fraude electoral.
Imaginar a un México con una economía más cerrada con un López Obrador al frente del poder, mientras que nuestro vecino hace lo mismo con Trump en la Casa Blanca, sería algo esquizofrénico, pero es algo que puede ocurrir.
Llegara o no López Obrador al poder, si Donald Trump arribara a la Casa Blanca y se esforzara por cumplir sus promesas de campaña, tales como construir un muro que nosotros pagaríamos, o una mayor intervención en la economía para que «regresen los trabajos a Estados Unidos», nuestro país tendría que pensar en alternativas. A sabiendas de que ya tenemos tratados comerciales con medio mundo (y firmar más no terminaría por reemplazar el vacío que significaría una relación comercial deteriorada con Estados Unidos), una opción podría ser fortalecer el mercado interno, trabajar desde adentro mientras consolidamos nuestros acuerdos comerciales con otros países.
¿Pero qué ocurriría si fuera López Obrador el que estuviera al frente del país? Antes hay que explicar algo muy importante:
Esa combinación que tantos temen podría ser posible. No sólo porque ambos son candidatos competitivos, sino porque el ascenso de Donald Trump, podría a su vez, favorecer considerablemente el ascenso de López Obrador. Explicaré por qué.
La respuesta mexicana ante un político «políticamente incorrecto», podría ser otro «políticamente incorrecto».
Donald Trump básicamente nos declaró la guerra, nos señaló como el culpable de todos los problemas que su país tiene, que exportamos violadores y secuestradores a su nación al tiempo que nos quedamos con sus empleos. No sólo se trata de lo que México puede perder con su llegada en materia económica, social y de migración; se trata también de orgullo y nacionalismo. Un golpe así calaría hondo en nuestro patriotismo. Y para muestra clara está el hecho de que la herida de los territorios perdidos hace dos siglos sigue muy abierta.
Y si Donald Trump despierta pasiones por ser «políticamente incorrecto», el remedio para muchos mexicanos será, una respuesta similar, otro «políticamente incorrecto» que le haga frente al «tirano gringo». Y a quien le queda mejor ese papel es a López Obrador.
Trato de imaginarme a Margarita Zavala, a Miguel Angel Mancera o a Aurelio Nuño tratando de criticar a Trump con toda esa parsimonia característica de la clase política tradicional. Me los imagino diciendo que van a «negociar con Estados Unidos para salvaguardar nuestros intereses».
Este gobierno sí cumple. Gracias a nuestras sólidas instituciones y a la debida intervención de la Secretaría de Relaciones Exteriores, he logrado la condonación del 25% de la inversión del muro que nos tocará pagar a los mexicanos – Margarita Zavala, Presidenta de México.
No, no va a funcionar.
El ciudadano mexicano se sentirá herido en el orgullo, va a querer que lo defiendan como a un perro. No importa si en la práctica no se puede hacer mucho porque Estados Unidos es una nación mucho más poderosa o si lo más conveniente es efectivamente algún tipo de negociación.
Rafael Dorantes / Flickr
Un discurso incendiario como los de López Obrador vendrá como anillo al dedo. Un López Obrador que se le ponga de frente como lo hace con la mafia del poder.
Y créanme que con el orgullo herido, varios que jamás hubieran votado por López Obrador en otras circunstancias, podrían estar dispuestos a hacerlo. Ya no se trata de propuestas económicas o que es lo que funciona, ¡se trata de nuestro pinche país carajo!
Y así como un demagogo puede jugar con los hilos del sentimiento nacionalista como lo hicieron Boris Johnson y Nigel Farage con el #Brexit, o como lo hace el propio Donald Trump en Estados Unidos, López Obrador podría hacerlo sin ningún problema en México. Con Trump al frente, el nacionalismo podría desplazar a la corrupción o a los temas económicos como tema principal dentro de la campaña electoral, y ahí quien gana es López Obrador.
Ante un muro que hay que pagar, el mexicano no querrá escuchar sobre negociaciones, sino sobre justicia.
Para terminar, contestemos la pregunta que lancé antes. ¿Qué ocurriría si ambos llegaran al poder? En realidad es algo más difícil de saber de lo que parece, pero por principio, podríamos olvidarnos del TLC (a menos de que las cámaras legislativas de uno o ambos países lo impidan). Tal vez López Obrador ya no tendría tiempo de hacer sus típicos referendums (el #Mexit) para hacer como que le pregunta a la gente porque Trump posiblemente ya habría tronado el TLC desde antes. Segundo. Habría que imaginarnos la relación de ambos países con dos presidentes impulsivos que no presumen de una gran inteligencia emocional, que no entienden mucho de diplomacia y sí de confrontaciones. López Obrador podría terminar acentuando las consecuencias que la llegada de Donald Trump pudiera generar en nuestro país, como la crisis económica que vendría en consecuencia.
Pero lo que es seguro, es que un escenario así no es el más deseable.
Y menos porque también hay que considerar las implicaciones internacionales y geopolíticas que puedan tener el ascenso de Donald Trump y cómo éstas pueden impactar a nuestro país.
El ascenso de Trump es algo indeseable tanto para Estados Unidos, nuestro país, e incluso para la estabilidad en Occidente que comienza a ser tentada por demagogos de izquierda o derecha. Pero de igual forma no creo ver en López Obrador al mandatario que México necesita para hacer frente a esas calamidades.
Los únicos que ganarán algo, eso sí, son los politólogos. En un escenario tan esquizofrénico, aprenderán más que en una universidad de la Ivy League.
Desde que la tecnología avanzó hasta el punto donde cualquier individuo podía cargar con un dispositivo que incluye una cámara y que puede mandar los contenidos videograbados a Internet, los ciudadanos se dieron cuenta que tenían un arma o herramienta que los podía ayudar a hacer esa justicia que el Estado era incapaz de impartir.
Estas nuevas tecnologías que han irrumpido, han «remoldeado» a nuestra sociedad, y han cambiado, aunque sea un poco, las reglas del juego. Primero, porque logran exponer casos, hechos y sucesos que antes quedaban en el anonimato; y segundo, porque la sensación de privacidad cuando una persona decide cometer una fechoría se ha reducido. No son tanto las cámaras que el gobierno instala en las principales vialidades, sino que cualquier individuo puede estar grabando para que el infractor sea captado infraganti. Eso puede hacer la diferencia entre salirse con la suya o, ir a la cárcel o sufrir de «desprestigio social».
El #LordAudi es el claro ejemplo del papel que juegan las tecnologías y cómo estas llegan a rebasar al gobierno que debería de cumplir un mejor papel. Los ciudadanos se encargan de hacer el papel de investigadores para que el Gobierno simplemente (y si está dispuesto) ejecuta la sentencia. Esto es algo bueno y malo a la vez. Bueno, por la actitud proactiva de varios ciudadanos, y malo, porque es el trabajo que les toca a hacer a nuestros gobernantes.
Sin un smartphone o un GoPro, #LordAudi se hubiera salido con la suya y el caso seguramente hubiera quedado impune. Ahora parece que las autoridades están tomando cartas en el asunto, y se habla de que este joven mirrey podría pisar la cárcel (o bien, pagar una fianza nada económica). Su «papi» podría ser un personaje influyente, pero la opinión pública, que se contrapone por cantidad, puede orillar al gobierno a hacer valer la ley.
https://www.youtube.com/watch?v=cL0SPZKGMuM
Las autoridades brillaron por su ausencia, #LordAudi iba manejando en un carril confinado para ciclistas, al tiempo que «molestaba» con su lujoso auto al ciclista de enfrente. El ciclista, al ver su medio de transporte atropellado, pidió ayuda a un policía bancario (ante la ausencia de cualquier persona que representara a las autoridades) mal preparado, que fue amedrentado y golpeado por el «mirrey caguengue» quien pidió que llamara a su papá, para que después no pudiera evitar su huida.
Varios economistas y «opinólogos de Twitter» se atrincheran en las derechas y las izquierdas para asegurar que los países más exitosos son los que tienen «menos gobierno» o «más gobierno». Sacan sus frases y argumentos de Friedman, Hayek, Keynes o Krugman que encontraron en Wikipedia para clamar por el fin del gobierno o el aumento de su tamaño. Pero la intervención del gobierno en la economía no es la única variable entre los países que triunfan y los que no. México no es un país excesivamente intervencionista (aún comparándolo con algunos países europeos) y es muy ineficiente.
El caso de #LordAudi es un pequeño compendio de cómo funcionan las instituciones en México. Debido a varias razones, algunas de ellas con orígenes históricos (como las diferencias raciales y de clase, o la herencia de un sistema de gobierno ineficaz, sometido a la aristocracia, como el de la Corona de España), nuestro gobierno es sumamente rentista y clientelar. Las autoridades, en muchas ocasiones, trabajan para el beneficio de unos pocos; de aquellos que están cercanos y comprometidos, de aquellos que tienen poder y dinero. De aquí, y no del «libre mercado» surgen las élites de nuestro país. Aquellos políticos y empresarios prominentes con privilegios son los que educan a sus hijos para sentirse que viven por encima de la sociedad, como nuestro estimado #LordAudi.
Ese «Es México güey, capta», lo dice todo. Un México donde se sobreentiende que las instituciones no funcionan, y que dependiendo de la posición social, la fortuna y la cantidad de poder amasada, es la capacidad que uno tiene para brincarse al gobierno para satisfacer sus propias necesidades.
Luego tenemos a un gobierno poco acostumbrado a la rendición de cuentas (por las mismas razones), débil, y que no puede hacer valer la ley. Un gobierno atrapado entre el deseo de las élites y que sólo actúa bajo la presión de la ciudadanía cuando ésta es tal que una respuesta negativa del primero puede tener un impacto negativo que repercuta tanto en su legitimidad como en los resultados de las elecciones venideras. La vocación de servicio por parte de nuestras autoridades brilla por su ausencia.
#LordAudi es como funciona México, la única buena noticia dentro de este caso, es que al menos algunos ciudadanos están dispuestos a tener un papel más activo. Pero si bien, es deseable ver a los ciudadanos cada vez más involucrados y que reprueban públicamente este tipo de comportamientos, es tarea del gobierno impartir justicia, trabajar para todos, y no sólo para unos cuantos.