Autor: Cerebro

  • Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

    Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

    Bienvenido Donald Trump, no es un gusto tenerlo con nosotros

    No sé como decirlo, desperté con una sensación extraña. Sé que hoy no es un día normal, no es un día cualquiera. No recuerdo que estaba haciendo el 9 de noviembre de 1989, a mis 7 años, cuando cayó el Muro de Berlín; pero seguramente me acordaré el resto de mis días del día de hoy: me levanté, desayuné, y antes de realizar mis labores profesionales me di a la tarea de escribir este artículo. Este día de hoy en el cual se construye un nuevo muro, no sólo el muro con México que tanto prometió Donald Trump, sino aquel muro político e ideológico que se empieza a construir en el mundo, el muro de la intolerancia, el muro del odio.

    Revisto mi timeline de Twitter, leo lo que han publicado mis amigos y los líderes de opinión a los que sigo y sólo percibo caras largas expresadas en 140 caracteres. Todos ellos escriben acerca del tema, como queriendo sacar al politólogo -y a veces psiquiatra- que llevan dentro. 

    Algunos de nosotros quisimos ir más allá para prepararnos ante este día. Leímos libros, «tragamos» muchos artículos, e incluso, me molesté en leer sobre Roma porque pensé, que entendiendo al Imperio Romano podría entender al estadounidense y lo que pareciera ser su caída. Pero a pesar de la sabiduría que hayamos podido obtener, la realidad es que, no podemos predecir a ciencia cierta que va a pasar; aunque parece sí, que no será algo grato, ni para México, ni para Estados Unidos, ni para Occidente. No conocemos los alcances de Trump porque nunca ha gobernado, pero sí ha dejado unas pistas, en forma de compañías automotrices que retiran la inversión de nuestro país ante las amenazas del nuevo mandatario, y en forma de lo que muchos consideran el peor gabinete de los Estados Unidos.

    Tal vez este artículo sea uno de tantos que se escribirán el día de hoy, tal vez es una forma de catarsis, de expulsar la ansiedad de mi cuerpo. Porque naturalmente una persona que se interese en la política, y que al mismo tiempo, crea en la democracia, no puede no sentirse ansiosa o incluso amenazada; y aunque en la práctica se pueda ver igualmente afectada que una persona que no tiene interés o conocimiento alguno del tema, puede entender un poco más de qué trata esta amenaza y de las consecuencias que puede tener no sólo en nuestro país, sino a nivel global.

    México no llega preparado ante esta ceremonia o investidura. México llega muy debilitado, como una nación que no ha sido capaz de organizarse. México llega con un Presidente, quien es al final de cuentas el representante y quien lidera este barco, reprobado y denostado por casi el 90% de sus gobernados. Nuestro Presidente no es aquel que con su discurso promete encontrar una salida ante el problema, sino aquel que es objeto de burla en infinitos memes. Por consecuencia, el mexicano se siente abandonado a su suerte, esperando de qué tamaño van a ser los trancazos porque no habrá alguien que haga algo. El ciudadano intenta hacer lo mejor que puede, decide no comprar productos estadounidenses, debate sobre cuales son las políticas que el gobierno debería seguir, que si fortalecer el mercado interno o diversificar, pero en realidad se siente solo, y en efecto, se encuentra solo.

    México llega también lastimado por la violencia a todos los niveles. Balaceras perpetradas por cárteles del narcotráfico que exhiben a un gobierno débil, aquellas por algún estudiante que dispara en su salón de clases y que refleja el débil tejido social del cual forma parte, aquella otra donde un gobernador falsea qumioterapias gracias a lo cual, se dice, 8 niños murieron. México llega con un autoestima hasta el suelo.

    Frustrado, quisiera ponerme de pie y gritar -¿¡Dónde están nuestros güevos carajo!?. ¿Dónde está ese México de gente entrona y luchona? ¿Dónde está ese mexicano ingenioso?. Y pareciera que ante mi respuesta hay caras largas y tímidas. ¿Dónde está nuestro orgullo?

    Como ocurre en los mundiales de futbol, nos achicamos en el juego decisivo.

    Algunos pocos líderes intentan hacer su batalla, presionan, llaman la atención, escriben libros. Algunos políticos se suben al barco, no porque estén dispuestos a «aventarse del Castillo de Chapultepec con la bandera», sino para ganar votos y ganar simpatías. Ellos no piensan en términos como «aprovechar la coyuntura para que México salga bien librado» sino en términos «elecciones 2018».

    Caray, ni siquiera los güevos para pedir una disculpa a un ahora Presidente de los Estados Unidos que nos insultó y que nos ha declarado una guerra comercial. ¡Dónde están, carajo! Por el contrario, parece que Mexico se somete ante el poderoso. Peña apenas esboza un tímido y reactivo «México no va a pagar el muro» producto de las presiones y la caída en las encuestas. Es más, ni siquiera el eternamente opositor López Obrador levanta la mano, todos parecen como tímidos, como a la expectativa, se hacen chiquitos. 

    ¿Cómo será el gobierno de Donald Trump? ¿Se radicalizará? ¿Se moderará? No lo sabemos. Pero insisto, no será un gobierno muy grato. Hasta ahora tendremos que conformarnos con nuestra incertidumbre y nuestra ansiedad, y esperar, esperar a que pasen los días, los meses, y los años para poder hacer un juicio categórico de lo que ha sido su presidencia.

    Pero no, hoy no es un día normal. Hoy es un día histórico, tristemente histórico. 

  • Un atentado en Monterrey, y el Columbine del morbo y la sociedad infantiloide

    Un atentado en Monterrey, y el Columbine del morbo y la sociedad infantiloide

    Un atentado en Monterrey, y el Columbine del morbo y la sociedad infantiloide

    Decir que México está pasando por un mal momento es repetir aquello que ya es muy obvio. Balaceras en Playa del Carmen y Cancún perpetrados por comandos armados, y ahora un niño que padecía depresión y aparentemente sufría de bullying decidió atentar contra su maestra y compañeros.

    ¿Por qué la frustración de un niño puede llevarlo a atentar contra la vida de sus compañeros y la suya propia?

    Tuvieron que ocurrir muchas cosas para que el niño tomara esa decisión, en las que posiblemente tuvieron alguna relación desde su familia, la escuela, su comunidad y hasta los medios de comunicación -muy seguramente tuvo conocimiento de uno de tantos atentados que han ocurrido en Estados Unidos y alguno de ellos le sirvió de inspiración-.

    Cuando esto sucede no debe de tomarse como un caso aislado, incluso deberíamos entender esto como una «conclusión» de lo que ocurre en las escuelas -públicas y privadas- del país, donde el bullying es una constante. Las señales de alerta existían,  basta ver en Youtube los cientos de videos de este tipo de actos. 

    Lo que se debería de esperar de nosotros, los mexicanos, es un sentimiento de preocupación y solidaridad con las víctimas, con la maestra, los niños heridos, e incluso el victimario que de alguna forma es víctima de un sistema que no funciona y no puede garantizar el sano desarrollo de los niños. 

    Pero en vez de eso, me percato de que lo que abunda es el morbo. Si algo me hizo sentir más mal que el propio video del acto y las fotografías explícitas, fue la cantidad de gente que compartió esos contenidos en sus redes sociales. No para generar consciencia, mucho menos como actos de solidaridad, sino para generar morbo, para divertirse.

    Es discutible si los medios deben o no difundir esos contenidos, algunos podrán alegar que pueden generar un impacto en la gente y que al verlos, hagamos consciencia sobre lo que está pasando. No me atrevería a reprobar categóricamente el mero hecho de la difusión de los videos si la intención es esa, y no la del morbo -aunque considero que es muy imprudente, sobre todo con una sociedad como la nuestra que no termina de madurar-. Pero vaya, incluso algunos medios de comunicación se subieron al tren del mame, para ganar visitas, likes, o vender más diarios. 

    Algunos intentaron (intentamos) parar la propagación de estos contenidos. Muchos, como Risco, recibieron insultos, y como sanción, le publicaron una y otra vez estos contenidos en Twitter. 

    ¿De verdad? ¿Ante un problema tan grave y delicado no podemos tener siquiera respeto por las víctimas?

    ¿De verdad no se puede tener al mínimo un sentimiento de empatía con todas estas personas después de haber visto estos contenidos? ¿Te imaginas ser la madre de una de las víctimas y que gente morbosa esté compartiendo el video donde balacearon a tu niño? 

    ¿De verdad, tu reacción ante un país que se descompone por la violencia, el narcotráfico, y un sistema que no puede por sí mismo garantizar seguridad ni una vida digna a sus ciudadanos, es el morbo? ¿De verdad?

    Estoy francamente sorprendido, estoy sorprendido de que parte de mi sociedad, a la que pertenezco, le importe llamar más la atención en las redes sociales que sus propios semejantes. Si fuéramos una sociedad evolucionada, deberíamos estar lamentando el hecho y estar pensando qué podemos hacer para que esto no vuelva a pasar. 

    Porque si este atentado nos obliga a pensar en la descomposición social que la origina, también entonces debemos pensar en aquella que motiva a algunos usuarios a propagarlas con tal de llamar la atención: ¿qué educación les dan sus padres o cuál es la que reciben en su escuela?

    Ante un panorama -local, nacional y global- tan complicado, los ciudadanos deberíamos estar a la altura. No lo estamos. Seguimos siendo una sociedad que no puede autogobernarse. 

    Y todo eso ocurre en los albores del ascenso de Donald Trump, el bully de México. 

  • Javier Duarte y la muerte del PRI

    Javier Duarte y la muerte del PRI

    Javier Duarte y la muerte del PRI
    Foto: Yahir Ceballos / Proceso

    Ayer no dormí de buena gana. La noticia de que el gobierno de Javier Duarte, acusado por el Gobernador de Veracruz, Miguel Angel Yunes, aplicara quimioterapias falsas a niños con cáncer me indignó, me dejó asombrado. ¿Cómo un ser humano es capaz de hacer eso y quedar impune? ¿Por qué en pleno Siglo XXI un gobernador es capaz de cometer semejante aberración que podemos considerar como una suerte de genocidio? Traté de responder esas preguntas en mi cabeza y luego me pregunté si el entorno tiene algo que ver, si las formas de organización humanas, dadas sus características, pueden hacer que la gente se comporte de tal forma.

    Los seres humanos somos naturalmente imperfectos. Hasta en la organización más loable pueden surgir manzanas podridas, y por otro lado, pueden existir buenas personas dentro de la organización más viciada. Pero la forma en que una institución está compuesta sí es capaz de influir en la forma en que los individuos se comportan. No sólo porque la estructura de una organización atrae a cierto tipo de perfiles, sino por la forma en que ésta opera y se desenvuelve, la escala de valores y las normas -escritas y no escritas- que sus miembros deben seguir.

    Entonces, tomando como referencia a un PRI ideológicamente ambiguo -su doctrina se limita a asumirse como herederos de la Revolución- que no ha superado su carácter patrimonialista, vertical, y de lealtades a un sistema que se rige por intereses y no por principios, puedo entender que dentro del partido puedan surgir personajes innombrables como Javier Duarte. No es que fuera imposible que una figura aberrante de grandes proporciones surgiera dentro de otro partido -sobre todo porque los otros no son ajenos a la descomposición de la clase política-, pero las características que el PRI tiene hacen que esto ocurra de una forma más fácil. 

    Y de aquí me viene otra cuestión, la de si el PRI -un partido donde abunda la corrupción y la ausencia de principios- va a morir, desaparecer, o quedar condenado a la irrelevancia. Mi respuesta es que sí, al menos uno de estos escenarios eventualmente ocurrirá. La voces que en Twitter esperan la «muerte del PRI» por lo ocurrido con Javier Duarte -más todo lo que ha ocurrido con el gobierno actual- podrían verse complacidas. 

    Es cierto, hemos matado muchas veces al PRI, pero si uno analiza el contexto actual con el de los anteriores, se dará cuenta que éste es de alguna forma diferente a el de aquellas otras ocasiones. Otras veces se pensó que ocurriría porque después de 70 años, había salido del poder, y eso lo condenaría a su extinción. Pero hagamos un poco de memoria. 

    El PRI surgió como una «institucionalización de la Revolución Mexicana» -lo cual se me hace contradictorio, porque una revolución busca romper con el estado de las cosas y con las instituciones- y fundado por Plutarco Elías Calles. Su carácter patrimonialista, vertical y asistencialista ha existido desde ese entonces, pero como afirma Francis Fukuyama, no era algo necesariamente malo si lo vemos como una suerte de transición a la democracia -países como Estados Unidos también fueron patrimonialistas antes de consolidar su régimen democrático-, dado que ese patrimonialismo daba mayor movilidad social a quienes menos tenían -El México de ese entonces fue más igualitario que el de Porfirio Díaz-.

    Así, México tuvo algunos gobiernos bajo el PRI, que a pesar de esa condición, pueden considerarse como buenos,  y dentro de los cuales el país mostró altos niveles de crecimiento: desde el socialista Lázaro Cárdenas hasta el capitalista Miguel Alemán y después terminar con el de López Mateos.

    Pero entendiendo este régimen patrimonialista como una transición, entonces tenía que superar su condición para transitar a una democracia. La matanza del 68 fue la primera manifestación de una fricción entre el régimen patrimonialista y la sociedad mexicana que se haría cada vez más grande. Pero en vez de transitar hacia la democracia el PRI resistió y siguió siendo ese partido de favores políticos que se mantuvo primero gracias a la perpetuación del régimen, y luego, ya en un panorama más democrático -el de la nación, no del partido- gracias al voto duro, como una gran reminiscencia de ese patrimonialismo. 

    ¿Por qué vaticino la muerte del PRI? Porque esa fricción entre el partido y la sociedad actual se ha vuelto tan grande que la realidad del partido ya no corresponde con la realidad del México actual, El PRI no sólo no ha superado su condición, sino que se ha corrompido más que nunca. Y a esto, hay que agregar que su voto duro, bajo el cual se seguía sosteniendo hasta hace poco, está envejeciendo.

    Si el PRI regresó en 2012 fue por una combinación de factores: el desencanto con el PAN, el miedo a López Obrador, y el voto duro que todavía ostentaban. El voto duro del PRI es cada vez más pequeño, y el desencanto de la gente con éste partido es mucho mayor que la que había con el PAN hace cuatro años -los encuestadores, dice Leo Zuckermann, dicen que la popularidad de Peña Nieto es de menos del 10% y también que el PAN y MORENA ya son más populares que el PRI-, con lo cual podemos concluir de antemano que el PRI perderá las siguientes elecciones para muy posiblemente no retornar al poder nunca más.  

    Si a todos nos choca la forma en que el PRI busca comunicarse con el pueblo, esa parsimonia y ese «autoaplauso», si odiamos ver a los twitteros priístas repetir lo que les dicen desde arriba que digan, si nos sentimos insultados, es por esa misma razón. Porque los tricolores quieren comunicarse con una sociedad que ya no existe; una sociedad que ciertamente, le falta madurar mucho todavía, pero que ya no creció con el «lo que usted diga, señor Presidente» y que ve tan lejana e irrelevante a «aquella Revolución que les hizo justicia». 

    Eso que los hizo fuertes en el pasado, es lo que los está condenando. Esa fuerza del partido, que a la vez se traduce en una gran sordera; esa lealtad con los suyos que a la vez se traduce en una deslealtad hacia sus gobernados; ese régimen vertical del cual cada vez menos personas quieren ser parte. 

    Como los casos de Grecia e Italia nos han enseñado, los partidos hegemónicos también pueden volverse irrelevantes e incluso desaparecer. El PRI está muriendo y necesita quimioterapia, pero parece ser que, al igual que el ex Gobernador de Veracruz emanado de su partido con los niños con cáncer, se está tratando con agua destilada. Parece que «no entienden que no entienden» y eso los está llevando a una lenta -o ya no tan lenta- extinción.

  • Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

    Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

    Ya llegó Trump. ¿Dejaremos que abusen de nosotros otra vez?

    Trump ya viene, Trump ya está aquí. El viernes se convertirá en Presidente de Estados Unidos, y parece que nosotros no le caemos muy bien. Somos culpables de las desgracias de los estadounidenses, dice. Y es que parece ser que la presidencia de Trump será más bien parecida a la del Trump en campaña que la del Trump moderado en el que muchos creyeron y que en realidad solo existió en su imaginación.

    México está en una de esas tantas coyunturas en las que aparece como la víctima, como el país del cual van a abusar; como todas aquellas que recordamos con rencor y resentimiento, que si los españoles, que si los gringos que nos robaron la mitad del territorio. 

    Pero como yo siempre he dicho, para que exista un victimario o un bully, también se necesita alguien que se deje abusar. La pregunta en cuestión es, ¿qué papel tomaremos nosotros ante una presidencia hostil, como la de Donald Trump? ¿El de víctimas, o el de un país que tiene orgullo y dignidad?

    Primero, para poder ser un país que pueda defenderse bien ante los embates de Trump, se necesita un líder al mando. En su lugar tenemos a Peña Nieto, quien junto con Luis Videgaray, tuvo la osadía de invitar al candidato Trump a Los Pinos para que regresara y se burlara de nosotros en nuestra cara. Luego, Peña volvió a invitar a Luis Videgaray como canciller, el cual dice, está aprendiendo.

    Pero parece que en estos últimos días el gobierno de Peña Nieto ha sido un poco más sensato con respecto a este tema, no sólo porque al menos estableció un posicionamiento al decir que México no pagará el muro -antes, ni eso ocurría-, sino por la decisión de nombrar a Gerónimo Gutiérrez como embajador de Washington, que es experto en el NAFTA y no se aleja del perfil que se necesitaría en este puesto ante estas eventualidades. 

    Pero sigue siendo poco, muy poco. Necesitamos un líder que nos una a los mexicanos. En vez de eso, miles brincan y gritan al unísono en Mexicali «fuera Peña» como protesta al gasolinazo y todos los agravios acumulados durante este gobierno. Quien debería mostrar dotes de liderazgo es repudiado, y con justa razón, por el pueblo. 

    No hablo de una figura que «le miente la madre» a Donald Trump, que le siga el juego, se descomponga del coraje y se desentienda de todas las reglas escritas -y no escritas- de la diplomacia. Hablo más bien de un líder moral, un líder que lleve al país en los hombros, uno en el cual se sientan representados los mexicanos y que sientan que éste está defendiendo sus intereses. No hay eso. 

    Ante una eventualidad así, también se necesita sensatez e inteligencia, cosa que también parece estar ausente en este gobierno. Un gobierno visionario podría incluso jugar con esta coyuntura a su favor. Con mucha inteligencia podría sacar dividendos a su favor y podría explotar la irracionalidad de Donald Trump.

    Muchos países se han reinventado gracias a las desgracias que les han caído y que les han obligado a salir de su zona de confort.

    Tal vez, dependiendo de la postura que termine tomando Trump ya como Presidente de Estados Unidos, tendremos que olvidarnos del TLC (NAFTA). Pero un gobierno con visión podría plantear una muy buena alternativa ante este hecho. Las que se vienen a la mente de muchos es fortalecer el mercado interno y tejer alianzas económicas con otros países para dejar de depender de un solo país, que languidece como imperio. Pero seguro podrán existir otras alternativas todavía más acertadas e inteligentes. 

    El tamaño de la desgracia para México dependerá no sólo del gobierno de Donald Trump, sino de lo que hagamos o dejemos de hacer nosotros los mexicanos. No podemos volver a caer en el error histórico de buscar culpables externos y de crear resentimientos cuando ni nosotros mismos nos respetamos. 

    México está ante una coyuntura histórica delicada, pero dependerá de nosotros hacia adonde queremos que nos lleve. Si no hay algún líder, hay que crearlo. Si no hay una estrategia clara, hay que sumar a aquellas personas lo suficientemente inteligentes, porque en México talento sobra, para delinear una. 

    ¿Vamos a ser ese México luchón y echado para delante? ¿O vamos a ser ese que se baja los pantalones y que se echa a dormir en un nopal después de haber sido abusado?

    Porque no, yo no voy a romper mi cochinito para pagar el muro. 

  • ¿Quieres ser mi amigo?

    ¿Quieres ser mi amigo?

    ¿Quieres ser mi amigo?
    Photo por MCPIX/REX Shutterstock – Huffington Post UK

    ¿Por qué un amigo se convierte en tu amigo? Aristóteles delineó tres clases de amistad: la primera es la amistad perfecta -que se da entre hombres buenos y donde ambos se desean el bien-, la segunda es la amistad por interés -donde cada uno se beneficia del otro- y la tercera la amistad por placer. La amistad por interés la podemos encontrar dentro del mundo de la política o los negocios; la amistad por placer, entre aquellos que se van de juerga. Estos dos tipos de amistades, a diferencia de la amistad perfecta, pueden disolverse, pero también pueden trascender y convertirse una amistad duradera.

    Eso me ha pasado, por un decir, con algunos clientes donde la amistad, al principio, estaba basada en un interés mutuo, pero con el tiempo éste  trascendió y actualmente la amistad existe aunque la relación de negocios ya no exista o haya terminado. Lo mismo puedo decir de algunas «amistades de juerga». 

    Cuando hablo de los amigos, me quiero referir a aquellas amistades que consideramos duraderas y valiosas. Una amistad por interés o placer puede estar sujeta a una ideología, dado que ésta dio origen a la amistad. Por un decir, una persona que se ha afiliado a algún partido político entablará una relación de amistad con varias personas porque tienen coincidencias ideológicas y de interés. Si aquella persona se desencanta del partido y decide cancelar su afiliación es muy probable que la relación de amistad termine a menos que haya trascendido. A ese nivel se entiende esa condición, no se trata de una amistad consolidada sino una relación de interés mutuo. 

    Pero cuando hablamos de esas amistades que Aristóteles llamó perfectas, que trascienden cualquier tipo de interés, entonces deberíamos preguntarnos por qué permitimos que éstas se rompan ante el primer conflicto ideológico o de pensamiento que se presente.

    No soy una persona de muchísimos amigos. Pero si algo he procurado es no esperar que ellos piensen como yo ni que tengan las mismas posturas políticas o ideológicas que yo tengo, y tan sólo espero que coincidamos en ser personas de bien -ya lo dijo Aristóteles, las amistades perfectas se dan entre dos iguales en virtud y quieren el bien el uno del otro en cuanto son buenos-. 

    Tener amigos que piensan diferente es una de las mayores bendiciones, por llamarlo de alguna forma, que una persona puede tener. ¿Por qué? Primeramente, porque convivir con personas que tienen diferentes puntos de vista te puede dar una perspectiva mucho más amplia de la realidad y ambas personas pueden aprender mucho una de la otra -a diferencia de quien siempre se procura amistades que piensan igual que él- y porque dichas amistades vuelven más tolerantes a las personas.

    Si bien, siempre existirá una tendencia a buscar amigos que compartan afinidades con nosotros, porque no hay que olvidar que tiene que existir ese algo en común -un interés, círculos en común, una simpatía ideológica o una simpatía personal- que inaugure esa amistad antes de que trascienda, la realidad es que los amigos nunca seremos iguales en todo, y por tanto, no podemos exigir a nuestros amigos que piensen igual que nosotros, ni mucho menos, poner en tela de juicio una amistad por ello. 

    Pero aún así, hay quienes tienen miedo de ver sus creencias o dogmas confrontados, quienes no valoran lo suficiente la libertad que tienen las demás personas y esperan que coincidan a la fuerza. Confunden las amistades con lealtades que no son recíprocas, la persona espera que la otra persona esté alineada a su credo sin dar algo a cambio -y si es que sí hay algo a cambio, la primera decide de forma arbitraria, y sin preguntar, cuál es esa moneda de cambio-.

    La lealtad, dentro de una amistad genuina, lleva implícita el derecho a la libertad que ambos tienen. La lealtad genuina consiste en el respeto y el amor, no en el sometimiento. La lealtad genuina se rompe cuando uno de los dos amigos se aprovecha de la amistad del otro o la traiciona, no cuando discrepa en su forma de pensar o no está de acuerdo con ella.

    Para terminar, puede darse el caso de que haya una discrepancia entre la clase de amistad que cada uno de los dos está ofreciendo. Por ejemplo, uno puede pensar que se trata de una amistad de interés, y otro que se trata de una amistad perfecta. Esto ocurre porque uno de los dos se creó demasiadas expectativas de la amistad que el otro le estaba ofreciendo, o bien, porque, en un acto de hipocresía, uno de ambos fingió entablar una amistad más elevada de la que en realidad estaba ofreciendo para obtener un interés propio.

    Las amistades son una de las relaciones más importantes que el ser humano tiene y son indispensables no sólo como forma de organización humana, para crear y fortalecer estructuras sociales, sino por el beneficio tanto psicológico, como de pertenencia y hasta espiritual que le dota al ser humano. Crear amistades más genuinas y más maduras también nos ayudará a crear mejores sociedades. 

  • Bajarse los pantalones ante la decadencia del imperio estadounidense

    Bajarse los pantalones ante la decadencia del imperio estadounidense

    Bajarse los pantalones ante la decadencia del imperio estadounidense

    Roma no fue un Estado que llamara la atención por su aporte a las ciencias y las artes -que más bien heredaron de los griegos-, pero sí por su legado en materia de derecho y organización política. En este sentido, los romanos parecían estar adelantados a su tiempo, y la política que ahí se hacía parecería tener más similitudes con el mundo contemporáneo que lo que esperaríamos de gobiernos de aquella época.

    Los romanos ya lidiaban con la inflación, las crisis económicas; y desde ese entonces, aunque no le llamaran de esa forma, existían facciones de izquierda y de derecha. También la demagogia y hasta la compra de votos se manifestaban en el Estado que sentó las bases de la civilización occidental. 

    Actualmente hay muchas discusiones sobre por qué Roma cayó, algunos dicen que fue porque Constantino movió la capital a lo que posteriormente se llamaría Constantinopla, otros culpan al cristianismo -qué más bien ocupó un vacío dejado por los paganos-, o por la invasión de los bárbaros, como los godos y los vándalos. Pero algo era cierto, aquella Roma se encontraba en un proceso de decadencia. Ya no era esa misma Roma de instituciones fuertes y un ejército capaz que venció a Aníbal, sino una de emperadores déspotas que duraban muy poco en el trono después de ser asesinados, de un senado que ya sólo era una fachada al servicio del emperador. Roma se fue con Rómulo Augústulo, quien fue el último emperador que gobernó desde Roma, y si bien no desapareció del todo gracias al imperio bizantino que fungió como reminiscencia, terminaron su historia con el inicio de la Edad Media. 

    La historia es cíclica, aunque las manifestaciones de ésta no sean exactamente iguales. Los imperios tienen que caer alguna vez.

    Cuando veo a Donald Trump dar su conferencia de prensa, lo primero que se me viene a la mente es esa Roma en decadencia, esa Roma que da la espalda a sus valores para caer en la improvisación de un déspota. 

    Tal vez Estados Unidos no esté asediado por godos o vándalos, pero sí por una Rusia que puede involucrarse en las elecciones e influir para obtener un beneficio, para que después, pueda chantajear al ganador. 

    En su conferencia de hoy, Donald Trump dejó claro que es un déspota, que se puede permitir involucrarse en conflictos de interés, que puede callar a la prensa -«You are fake news», le dijo a un reportero de la CNN-. Trump va directamente contra esos valores que han sostenido y legitimado el imperio estadounidense -aunque sea de «dientes pa’fuera». Trump puede convertirse en el Rómulo Augústulo de Estados Unidos, que cierre con llave la historia de un imperio para quedar opacado por aquellos nacientes como China. 

    Ante un imperio que languidece ¿qué hace México?

    Bajarse los pantalones. 

    Ante la amenaza de un caudillo que sí hará que México pague por el muro -porque tiene la intención y no tiene oposición-, vemos a un gobierno inerme, inoperante, displicente. El canciller, el que se supone que está al frente de los asuntos exteriores, y que es quien daría la cara, está «aprendiendo». 

    Porque vamos a decirlo así, para que haya un abusador también tiene que haber alguien que permita que abusen de él, y el dejado es el gobierno de Peña Nieto.

    Sin haber tomado posesión todavía, Trump ya a empezado a atacar a nuestro país al obligar a varias empresas automotrices a quedarse en Estados Unidos. El precio del dólar es muestra de una guerra que se está perdiendo y en la cual no hemos sido dignos siquiera de desenfundar el arma. En vez de eso, nos bajamos los pantalones.

    Si Trump termina de cumplir sus promesas, quedará marcado en la memoria colectiva de nuestro pueblo otro «abuso de Estados Unidos»; pero para ese entonces no deberemos olvidar que, otra vez, nuestro gobierno se sometió a Estados Unidos y no tuvo la dignidad de enfrentarlo. 

    Nuestro gobierno no toma una actitud proactiva, que entienda el fenómeno de Donald Trump y la decadencia del imperio estadounidense, para que así juegue sus fichas de la mejor forma. Es más, ni siquiera hay una actitud reactiva. ¡Están pasmados! Ante las amenazas de Trump no vemos una reacción ni declaración alguna. 

    Con la decadencia de los imperios los entornos cambian, y quienes se adaptan mejor a ese entorno son los que más se benefician. Nuestro país no sabe qué hacer, y así parece que vamos a salir mal parados ante esta coyuntura. 

    Y posiblemente para ese entonces le mentemos la madre a un tal Donald Trump, ignorando que tuvimos un gobierno que dejó que hicieran lo que quisieran con nuestro país. 

  • Pobre Peña, pobre

    Pobre Peña, pobre

    Pobre Peña, pobre

    Según Francis Fukuyama, la decadencia de los estados ocurre cuando la fricción entre el Estado y los ciudadanos se hace más grande. Esto puede explicar un poco el ascenso de líderes demagogos en un mundo donde cada vez menos ciudadanos se sienten representados. 

    Pero en México el problema es aún más complicado, no sólo se trata de una fricción, se trata de un desmembramiento.

    Me explico. La distancia que hay entre la sociedad actual (con sus millones de defectos) y el gobierno es abismal. Este gobierno gobierna para un modelo de sociedad que tan solo existe dentro de sus obtusas mentes.

    Su puesta en escena -porque no es otra cosa- con la firma del Acuerdo para la Defensa y Fortalecimiento Económico me trasladó a los años 70 u 80. Ahí estaban el gobierno, los sindicatos, y el Consejo Coordinador Empresarial. 

    Lo que se respiraba dentro de ese salón no tiene en lo absoluto nada que ver con lo que respiras cuando sales de ahí, son dos realidades diferentes que chocan demasiado. La primera es una artificial, la otra es lo que es, el mundo real. Pero ¿qué pasaba ahí?

    Halagos al Presidente, los secretarios -excepto Meade, que se limitó a hacer su trabajo- lambiscones, insistieron en la estatura de Peña Nieto, el líder, el estadista incomprendido que toma decisiones impopulares. Peña Nieto habla de un México que se está «moviendo» y que está transformando, que los pactos que le antecedieron a éste -como los de sus antecesores- buscaban acabar con la tragedia, con la crisis económica que les había explotado, mientras que éste buscaba preservar la estabilidad, el buen rumbo que lleva este gobierno, un buen rumbo que sólo ellos son capaces de ver.

    El Presidente quiso montar esta escena como esperando tranquilizar a la gente enardecida, que se vea que el gobierno ahora sí va actuar. Que reducirá el sueldo de los mandos mayores un 10%, que le apostará al transporte público, que se preocupará por la economía de las familias, ¿qué no era esa su obligación desde hace cuatro años? Luego dejó a hablar a los secretarios y líderes sindicales cuyo discurso se orientó a enaltecer al honorable Presidente.

    El líder sindical de la CTM, Carlos Aceves del Olmo, hablaba una y otra vez de los pobres, que no apoyaba los subsidios porque estos beneficiaban a los ricos, y no a ellos, por los cuales tanto se preocupa mientras presumía un Patek Phillipe de casi $500,000 pesos. Navarrete Prida, mientras tanto, se encargó de alabar al susodicho mandatario nacional. 

    Y con ese circo, tan de los años 80, pensaron que iban a generar un efecto en la población, que estaba afuera manifestándose, que estaba partiéndose la madre en la oficina platicando con sus colegas de lo nefasto que es Peña Nieto. Hablaban de la unidad, pero ahí sólo estaba el gobierno, los sindicatos -adheridos al PRI- y el Consejo Coordinador Empresarial. No había un sólo representante ciudadano, peor aún, no había siquiera una mujer en ese recinto, eran los camarillas de siempre. 

    Luego llegó el golpe que tumbó el circo. Coparmex hizo pública su negativa a participar en tal teatro. Decían que se trataba algo improvisado, que les mandaron la propuesta dos horas antes, y la consideraron una mera estrategia de imagen pública.

    Todos hablan de la negativa de Coparmex, nadie habla de los puntos propuestos. 

    Porque fuera de esa realidad artificial que tan sólo ellos perciben, no hay vítores para Peña Nieto. La opinión pública -excepto la que ha sido maiceada- mantiene una postura cada vez más beligerante con el Presidente, se le percibe como una desgracia, como una tragedia. Pedro Ferriz, el ex comunicador convertido en candidato -aunque le cueste quitarse su primera faceta- lo ve como un personaje tan en desgracia que ni desde que empezó su carrera desde tiempos de Echeverría había visto. El desprecio de la comentocracia y de las clases medias, de todos aquellos que no tienen un beneficio de su gobierno, es unánime.

    Los memes abundan como una forma de catarsis masiva ante lo desgraciados que somo de tener este gobierno. 

    No, ni como villano lo respetan. El sentimiento hacia Peña oscila entre el coraje y la lástima, sentimientos de desprecio hacia ese pobre personaje que es incapaz de exhibirse ante la sociedad. 

    Y no se equivocan, Peña Nieto es un pobre desgraciado, ese será el juicio que haga de él, la memoria histórica de este país, esa memoria que no se puede comprar a billetazos. 

    Sí, es un pobre desgraciado, un pobre diablo al cual dicen, ni sus aliados respetan en privado. 

  • Gilberto Lozano, ¿ha llegado la derecha populista a México?

    Gilberto Lozano, ¿ha llegado la derecha populista a México?

     

    Gilberto Lozano, ¿ha llegado la derecha populista llega a México?
    Fotografía: Periódico ABC

    Marine Le Pen, Donald Trump, Nigel Farage son nombres que nos preocupan a quienes estamos interesados en la política. Sin embargo, muchas veces creemos que en México no están «dadas las condiciones» para que un populista de derechas surja en el país. 

    Ciertamente hay rasgos que no se pueden replicar, como por ejemplo, mantener una postura firme hacia los migrantes porque son pocos los que habitan en nuestro país. A algunos ni siquiera los rechazamos -sobre todo aquellos americanos y europeos- porque algunos dicen que «vienen a aportar algo» y a veces se les tiene en demasiada estima. Por otra parte, esos otros pocos que algunos ven con algo de desprecio, son aquellos que solo vienen de paso.

    Pero haciendo lado esta eventualidad, no somos un país que esté «vacunado» contra este tipo de líderes. Que no los hayamos visto, o que no hayamos presenciado fenómenos de este tipo -que creemos que sólo se pueden concentrar en la izquierda, sobre todo en la de MORENA- no significa que un líder de este tipo, un Trump mexicano, pueda surgir.

    Alguien ya levantó la mano, se llama Gilberto Lozano. Él es un regiomontano que ha ocupado cargos importantes como Director de Recursos Humanos en la cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, mismo puesto que ocupó en FEMSA, y también fue directivo de los Rayados del Monterrey, a quien salvó del descenso.

    Este peculiar personaje se ha vuelto cada vez más popular por su activismo en redes sociales y por sus ataques estridentes contra el gobierno mexicano. Hace pocos días organizó la marcha contra el gasolinazo en Monterrey que aglutinó a decenas de miles de personas.

    Me dí a la tarea de analizar los videos de Lozano para conocer cómo es que piensa y que propone, y me encontré con lo siguiente:

    Gilberto Lozano se asume como antisistema, no sólo ataca a Peña Nieto, a quien denunció por traición a la patria, sino a toda la clase política:

    Yo desaparecería la Cámara de Diputados y Senadores porque ellos no conocen las leyes.

    Ha aprovechado el descontento generalizado por el gasolinazo  -en el cual ha llamado a la desobediencia civil y a no pagar impuestos- para hacer crecer su movimiento llamado Congreso Nacional Ciudadano. Digamos que ha entendido a la clase media mexicana conservadora -aunque su discurso bien podría atraer a algunas personas de izquierda- y ha creado un discurso fácil, de lugares comunes, y muy estridente: «son sátrapas, son zánganos». Gilberto Lozano es políticamente incorrecto y puede insultar con malas palabras a Enrique Peña Nieto y a Andrés Manuel López Obrador. 

    Te están temblando las piernitas, estoy seguro que cuando diste tu mensaje Peña Nieto, traías pañal deshechable, por lo mentiroso, y porque ya traes diarrea de lo que vamos a hacer los mexicanos contigo. 

    Pero no sólo es en la estridencia y en el lenguaje vulgar donde podemos ver paralelismos con otros populistas como Donald Trump. También es nacionalista. En sus videos propone no consumir productos extranjeros y mantiene una postura beligerante hacia las empresas transnacionales:

    Vamos a mexicanizar a México, no vamos a caer en el juego de la globalización, aquí tenemos riqueza y la vamos a rescatar para los mexicanos.

    Y por si faltara poco, al igual que ocurre con los populistas de derecha de Estados Unidos y Europa, arremete y desprecia a los intelectuales y académicos: 

    La Ley 3 de 3 es un engaño, pero la parafernalia de los intelectualoides, de la gente que escribe, los editorialistas, te hacen creer falacias. Te inventan con que estamos avanzando.

    Gilberto Lozano toma también algunas banderas de la izquierda como la masacre de Ayotzinapa o el desprecio a las «televisoras del régimen» (Televisa y TV Azteca), porque básicamente desprecia al sistema. Pero Lozano también incluye a la izquierda lopezobradorista como parte del régimen que hay que extirpar. 

    En un país en el que ciertamente todos estamos hasta la madre de la clase política, hay quienes han levantado la mano para proponer un modelo de cambio: Jorge Castañeda y Pedro Ferriz habían sido las dos principales voces que pretenden contender por la candidatura independiente, y aunque han sido muy críticos con el gobierno, se han mostrado más moderados que Gilberto Lozano, quien por medio de un lenguaje soez, estridente, y políticamente incorrecto, podría canalizar de mejor forma a la sociedad indignada por lo que pasa dentro de la política de su país. 

    Falta un año y medio para las elecciones, no es demasiado tiempo, pero tampoco es lo suficientemente poco como para que Gilberto Lozano no pueda aspirar a alguna candidatura. Aunque no ha afirmado de forma explícita que quiere contender por la Presidencia de la República, sí propone acabar con la clase política e instaurar un gobierno ciudadano con su lema «cheranizar a México«. Con el tiempo veremos qué tanto crece este fenóneno, y también podremos conocer de mejor forma quién es él. 

    Pero al día de hoy, no dejo de advertir esos varios paralelismos con la derecha populista que está creciendo en Occidente. Raro sería no ver algo así cuando tenemos una clase política tan desprestigiada y degradada. 

    Aquí pueden consultar su página oficial