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  • Jesucristo y el Superhombre

    Yo lo se, tal vez no soy lo suficientemente religioso para ponerme en el lugar de los que siguen los pasos de Jesús, pero necesitaba desahogar todos estos bagajes intelectuales que traía en mi mente, y es que quería ver si había una forma de conciliar a un seguidor de Jesucristo, con el Superhombre de Nietzsche, y creo haber encontrado la respuesta.

    Primero, empiezo diciendo, para los que no conozcan a Nietzsche ni a su concepto de superhombre. Primero, Nietzsche fué un filósofo aleman, nihilista, muy controversial, un poco loco (de hecho se volvió loco y eso se puede palpar en algunas de sus últimas obras) y que ha influído en muchos filósofos, y no solo eso, sino en muchas personas, tal y como Hitler, que lo malinterpretó.

    ¿Que es el concepto superhombre?, es importante que lo recuerden bien, y por eso lo voy a poner en negritas: el superhombre de nietzsche es seguro, independiente e individualista, y no se deja llevar por la multitud; al contrario de las personas débiles, que sólo se dejan llevar por las tradiciones y las reglas establecidas.

    Leyendo el libro de este autor llamado El Anticristo, uno se da cuenta de una cosa. Para Nietzsche, a pesar de haber «matado a Dios», Jesucristo era un modelo de superhombre. Porque Jesucristo se había impuesto y rebelado contra todas las ataduras sociales de la época, se rebeló frente a los romanos, se erigió como un mesías y se sacrificó para salvar al mundo. Esta versión de Jesucristo cuadraba muy bien con la del superhombre, pero Nietzsche se preguntaba una cosa: ¿Por qué ahora la Iglesia hace que sus súbditos se sometan a ella, se humillen ante el señor y tomen la actitud contraria a la del superhombre que fué Jesucristo? Es decir, que en lugar de ser independientes y libres, se comporten como personas débiles que deben de someterse a los designios.

    Nietzsche tenía razón, y el autor Raúl Gutiérrez Saenz (con claras tendencias religiosas), no solo no lo desprecia sino que lo entiende casi por completo. Raúl Gutiérrez Saenz decía esto:

    Respeto a la negación de la existencia de Dios, podemos comentar lo siguiente. Lo que se critica en los textos de Nietzsche es un dios antropormofizado, despótico, lleno de las debilidades humanas, dispuesto a castigar la menor falta, absolutamente carente de la bondad y la excelencia que hemos acentado más arriba. Esta negación del concepto de dios en boga durante el siglo XIX (y también, por supuesto, en algunos medios de la civilización actual) puede ser aceptada sin menoscabo de esa experiencia de intimidad religiosa que hemos descrito.

    Nietzsche vivió todavía una época donde la Iglesia era muy represiva, que seguía atorada en los prejuicios del medievo, donde se presentaba a Dios como el castigador, ante el cual la gente se debía humillar y sentirse nada. Un concepto bastante diferente del que nos tratan de presentar ahora con un Dios misericordioso, lleno de amor, que le da libre albedrío al ser humano y que le perdona al ser humano sus errores. Por eso Nietzsche no se equivocaba, porque mató a un dios distorsionado, utilizado para controlar a las masas y reprimirlas.

    Pero parece que el papel ha vuelto a cambiar. La religión católica, con todo y sus defectos y errores actuales que presenta se ha desprendido de esos prejuicios medievales y e incluso ha pedido perdón por ellos. El Papa Juan Pablo II pidió en nombre de la Iglesia perdón por la santísima inquisición, y a diferencia de muchas iglesias protestantes, han tenido menos problemas para aceptar las verdades contundentes de la ciencia como lo es el evolucionismo.

    Ahora parece ser que el que busca seguir a Jesucristo en su vida diaria se convierte en un superhombre, es decir, ya no se humilla ni se vuelve insignificante, sino que siguiéndolo logra romper las ataduras que le impone la sociedad moderna. El seguir a Jesucristo en la actualidad es vivir una vida equilibrada con un goze espiritual de paz, y no niega al hombre la oportunidad de tener sueños ni ambiciones, no lo limita. La dificultad estriba en lograr ser un hombre recto moralmente que logre amar a su prójimo, y para lograr eso, el hombre debe de luchar contra la corriente, debe de dejarse de llevar por las masas y por la multitud, por eso, el hombre que de verdad (no el que lo hace de dientes para afuera) busca seguir el ejemplo de Jesucristo, podría decir que también está logrando convertirse en parte en un superhombre, independiente, que no se deja de llevar por la inercia de la sociedad, y aquel que logra hacer un bien por su comunidad.

    Hay muchas formas de hacer el bien, no digo que «seguir a Jesucristo» sea la única. Se puede ser un ateo o un agnóstico y ser un hombre recto de bien. Pero aquí lo que traté de hacer fué conciliar esos dos conceptos que para muchos eran irreconciliables, espero haberlo logrado

  • Nuestros Superheroes.

    Los seres humanos podremos ser la especie mas evolucionada en la tierra, pero no por eso es perfecta. El ser humano vive en una vida cuyos resultados son determinados por diversas circunstancias, el ser humano es frágil, se puede romper, se puede deprimir, puede ser derrotado o simplemente ser un perdedor, a pesar de que vaya por la vida gritando a los siete vientos que es una buena persona. Por lo tanto, es limitado y es imperfecto; depende de los demás y en ocasiones está, muy angustiado, porque no ha logrado lo que quiere.

    Las demás especies de animales parecen aceptar su condición. Viven una lucha por la supervivencia por medio de sus instintos, los cuales les dicen que es lo que tienen que hacer para poder cumplir con sus necesidades: Como aquel tigre al cual su instinto le dice que tiene que ir a matar al mono para poder comer, o aquel perro que se hace buen amo de sus dueños, para que estos le den de comer sin tener que hacer grandes esfuerzos. Pero el humano, a diferencia de los animales, fué dotado con una característica que lo haría mas evolucionado que los otros animales, y es la capacidad de pensar.

    Pero esta capacidad de pensar, es la que hace que el humano no acepte su condición. A fin de cuentas el humano está en franca lucha por la supervivencia diaria, pero a veces no parece aceptarlo, tan es así que evade sus responsabilidades ante su incapacidad por competir: «Esta persona me hizo fraude; estoy seguro de que se le va a regresar» , «ese puesto no me lo dieron, pero yo creo que no me tocaba«, «no tengo muy buena suerte con las mujeres», «esa persona es mas exitosa que yo, pero creo que por dentro no debe de ser muy feliz«, y así, en nuestra conversación interna utilizamos el recurso de la «chaqueta mental», para no sentir que hemos perdido, cuando en realidad sabemos que si lo hemos hecho.

    Y como los seres humanos no siempre obtenemos lo que queremos y a veces perdemos (unos mucho, otros poco, pero todos pierden), entonces es donde nos vemos en la necesidad de crear superheroes. Alter egos de nosotros mismos, que tengan las características que nosotros desearíamos tener: desearíamos ser invencibles, incorruptibles, poder salvar al mundo y a nosotros mismos, que las mujeres (o varones) nos sigan por nuestra condición de invencibles supremos. Y es cierto, nosotros no lo podemos ser, pero si podemos crear uno en nuestra imaginación, o bien, pensar que existen superheroes reales que nos ayudan a compensar nuestras limitaciones.

    Al no aceptar nuestra condición humana, reflejamos en los superheroes la condición sobrehumana deberíamos haber tenido y no nos fué dada. El niño que desea volar como Superman, el joven que desearía salvar al mundo del lado del lado oscuro de la fuerza, o la mujer que quisiera tener la iluminación divina para salvarse. Buscamos en terceras personas imaginarias o aparentemente reales, la negación de nuestros límites y nuestras derrotas. Y el peor de los casos es que a veces llegamos a confundir esa «condición sobrehumana» con nuestra condición limitada: Un clásico ejemplo es cuando esperamos que en la realidad los buenos siempre ganen, y los malos pierdan como en las películas heróicas. Y entonces cuando la incongruencia aparece, buscamos taparla con frases como: «Se le va a regresar algún día», «esa persona en realidad no es feliz por dentro» y otras mas (que algunas veces podrían llegar a ser verdad, pero en muchos otros casos no lo son); de esta forma negando la imperfeccción del ser humano, y la imperfección de la vida.

    El concepto de superheroe no contempla alguna imperfección, y si la hubiera, siempre es rebasada por lo perfecto y supremo. Superman se debilita con la Kriptonita, pero sus poderes hacen que siempre salga triunfante a pesar de su debilidad. Anakin Skywalker, al ser rebasado por su debilidad, pierde la etiqueta de heroe, o aún cuando Obi Wan Kenobi es derrotado, no pierde su condición del heroe, sino que se transforma en mentor, porque su facultad mas sobresaliente nunca se pierde.

    Los superheroes históricos

    Los superheroes no solo sirven para «tapar esas imperfecciones», también sirven para lograr la cohesión social, de creencias, y de ideologías. El «Superheroísmo histórico» limita la capacidad de debate, dado que este superheroe muestra la perfección no solo de si mismo, sino también del contexto en que se mueve (la creencia, la nación o religión que defiende). Este tipo de superheroe aparenta no tener condiciones sobrehumanas y pareciera que su perfección se limita a lo humano en cuanto a que no tiene superpoderes y puede morir, pero en cuanto a la lucha por sus creencias, esta es perfecta y sobrenatural.

    El superheroe histórico, en la mayoría de los casos, necesita no ser lo suficientemente conocido (por quienes lo tomarán como tal), para así poder omitir sus debilidades y exhaltar sus virtudes. Benito Juárez, George W. Washington, Carlos Marx, Nietszche, Jesucristo, Mohamed, Cristobal Colón, o Napoleón Bonaparte (y muchos mas) son un claro ejemplo. Pero estos han servido para lograr una cohesión social, dado que los habitantes de una nación o creyentes en la ideología verán al heroe que otorga credibilidad a esa nación o forma de pensar, y la fortalecerá, dejando en segundo plano las críticas o las dudas.

    Gracias a estos superheroes, el nihilismo, el cristianismo, el comunismo o el capitalismo, terminan viéndose como irrefutables, gracias a esos superheroes que han sido despojados de su condición humana, la cual en realidad es imperfecta y por lo tanto está expuesto a equivocaciones y errores. Los manipuladores utilizan a los heroes y los traen a la memoria histórica para sustentar su tiranía, su dictadura, o su demagogia.

    Los superheroes históricos no necesitan estar necesariamente muertos. Barack Obama es un claro ejemplo. En Estados Unidos, un país muy dado a la mitificación para exhaltar el nacionalismo (tan es así que en ese país se inventaron los superheroes de comic), es una forma muy recurrente crear superheroes para lograr un objetivo. Un país que ha sido puesto en tela de duda en todo el mundo por la invasión a Irak, por la fragilidad mostrada en el 9/11 y la crisis económica necesitó crear a un superheroe que viniera a rescatar al país para no poner en riesgo la etiqueta de potencia, y han encontrado en Barack Obama a ese superheroe. Un heroe que hace todo posible con pronunciar «Yes We Can», y que es dibujado en los mismos comics donde sale Superman o Batman.

    Los enemigos.

    Otra condición para que los superheroes sean eso, superheroes; es que necesitan archirivales que sean lo contrario a ellos y reflejen lo contrario: lo que no se quiere ser, la amenaza que pondría en evidencia las limitaciones humanas, y que al ser derrotado, absorba las limitaciones que el ser humano no quisiera tener. Estos enemigos hacen mas fuertes a los superheroes, porque al ser vencidos, legitiman de una forma mas contundente su supremacía y la creencia que defienden. El enemigo termina siendo incapaz de demostrar las incapacidades y entonces el mensaje del superheroe es: «Las limitaciones no existen».

    Este tipo de rivalidades (Superman – Lex Luthor, Luke Skywalker – Darth Vader) no solo son característicos  de los heroes que se saben irreales. Sino de los Superheroes Históricos, los cuales fueron elevados a superheroes. (Marx – Capitalistas, Jesucristo – Satanás, Juarez – La Iglesia). Y cabe mencionar que en algunos casos, los archienemigos de los heroes presuntamente reales, pueden ser irreales o imaginarios.

    Es por eso que la creación de enemigos, forja una cohesión o creencia mas sólidos. Personas como Bin Laden reforzaron en su momento a George W. Bush como superheroe, el cual, cuando se puso en evidencia, no solo perdió la etiqueta de superheroe, sino que pasó ser villano, lo cual fué aprovechado por Barack Obama para aumentar en popularidad. O también es el caso de López Obrador, el cual no solo inventó a un enemigo (mas bien a varios) como una forma de legitimarse; y aunque para muchos pasó a ser villano, no lograron encontrar a un heroe que pudiera vencer a este «enemigo», porque sucedió que quienes se quisieron poner la etiqueta de heroe, no tenían la suficiente credibilidad, lo cual los hacía imperfectos.

    Este fenómeno del «Superheroe-Villano» ha estado presente en toda la historia de la humanidad. Lo vemos en los pueblos mas antiguos que tenían a sus superheroes, e incluso durante la Ilustración y el racionalismo, no dejaron de existir, simplemente aparentaron ser mas reales. Esto por el hecho de que nos frustra nuestra condición humana, nuestras limitaciones e imperfecciones.