Etiqueta: demagogia

  • Andrés Manuel López Donald Trump

    Andrés Manuel López Donald Trump

    Me llama la atención cómo es que está creciendo Donald Trump. Parece que su explícito y deliberado conflicto con la comunidad latina le está rindiendo frutos, no le importó que varias empresas (no sólo las de origen latino) le dieran la espalda, ni que un sector de los líderes estadounidenses lo reprueben. Lo cierto es que está podría convertirse en la candidato por el Partido Republicano (aunque se dice que dentro del éste partido no ven la idea con muy buenos ojos). Hace apenas un mes, le llevaba 11 puntos de ventaja al segundo lugar, Scott Walker.

    Andrés Manuel López Donald Trump

    Sigo pensando que Donald Trump tiene casi nulas posibilidades de ser Presidente. Si bien está ganando terreno en el electorado republicano, con su discurso demagogo y radicalizado el voto útil jugaría en su contra. Incluso no se me haría descabellado que algunos republicanos que no simpatizan con el magnate con pésimo gusto para usar el peine, prefieran votar por Hillary Clinton (por el contrario, no creo que algún demócrata vote por Donald Trump).

    El problema no es la posibilidad de que llegue a la Casa Blanca (al menos por el momento), el problema es más bien el daño que causa en la sociedad norteamericana (y latinoamericana también) con su presencia, con sus discursos llenos de prejuicios y falacias. Trump mostró que también es un intolerante y antidemocrático al correr de una conferencia al periodista Jorge Ramos, quien lo cuestionó severamente.

    Los discursos de Donald Trump, así como los de López Obrador, tienen algunas similitudes. Si bien, a ojos de muchos parecerían opuestos, en el fondo puedo observar conductas similares (uno desde la derecha aborrece la influencia extranjera dentro de una nación como lo son los inmigrantes, y el otro lo hace desde la izquierda, apelando a los trasnochados ideales de Lázaro Cárdenas). Los dos han sabido crear enemigos (Andrés Manuel sólo engrandece lo que ya existe, Donald Trump los crea casi desde cero) que les ayude a sostener el discurso y los dos practican constantemente el arte del maniqueísmo. Tal vez López Obrador no tenga un discurso de odio en contra de un sector social (la comunidad latina es un conglomerado mucho más grande que esos pocos a los cual incluye en lo que llama «la mafia del poder»), pero al igual que Donald Trump, apela al nacionalismo para crear esa dicotomía entre buenos y malos.

    Cierren los ojos e imaginen que en 2018 AMLO es Presidente de México y Donald Trump preside a los Estados Unidos, ¿Cómo sería la relación entre ambos países?

    No se trata de fanatismo ni de un desprecio en contra de alguna corriente ideológica. Tanto Donald Trump como López Obrador son un ejemplo que el populismo y la demagogia pueden surgir desde la derecha o de la izquierda. Aunque en el espectro tradicional puedan encontrarse en posiciones opuestas, más bien los ya obsoletos términos se pueden representar en una circunferencia donde las puntas de las flechas que representan a cada lado de este espectro tienden a encontrarse.

    Un deteriorado estado de las cosas abona al surgimientos de estos personajes o movimientos (como Siryza en Grecia), pero no siempre es así. En el caso de López Obrador se puede afirmar que la figura de Peña Nieto (uno de los peores presidentes de la historia moderna de México) le ayuda mucho, pero Andrés Manuel tuvo su punto álgido en el 2006, cuando el país no estaba mal (aunque Fox no haya cumplido todas las expectativas que generó). Igual pasa con Donald Trump, por fin parece que la economía estadounidense está bien y por fin se ve en Obama un líder (que antes daba tumbos).

    A pesar de que las épocas difíciles ayudan a los demagogos (por eso surgen con más frecuencia en los países subdesarrollados), no necesariamente tienen que esperar a que ello suceda. Basta buscar el talón de Aquiles dentro del entramado social para buscar el pretexto perfecto.

     

  • Un freno a las emociones presidenciales

    Un freno a las emociones presidenciales

    Lo que deben de saber antes de echar las campanas al vuelo por dos semanas de «buenas noticias» tricolores.

    Un freno a las emociones presidenciales

    1.- No puedo negar que cuando vi el discurso de la toma de posesión de Peña Nieto junto con el Pacto por México, lo primero que vino a mi mente fue un sentimiento de emoción: -Caray ahí están varias de las cosas que necesita México, la apuesta por la educación, la ciencia y la tecnología- El PRI parecía entender mucho mejor que el PAN lo que se necesitaba para salir adelante. Pero uno debe de aprender a controlar sus emociones y opté por eso.

    2.- No niego, y otorgo el beneficio de la duda de que el PRI pueda hacer un buen gobierno (aunque cueste trabajo). Pero tantas «buenas noticias» en dos semanas, más que un gobierno realmente eficaz, me termina sonando a un fenómeno mediático. Al PRI le urgía ganar legitimidad y credibilidad. Y como los buenos gobiernos se tardan en ver, optaron por el fenómeno mediático. Si algo nos demostraron en dos semanas es que tienen mucho más oficio que el PAN, y preferible es escuchar las palabras «educación» y «ciencia» en vez de «guerra contra el narco». Por eso insisto en que el PRI sí sabe rebasar por la izquierda.

    3.- Algunos están impresionados de como en dos semanas ya no se habla del narco, como si el problema se hubiera terminado. Yo más bien me preocuparía, porque a sabiendas de que un problema así no se puede resolver en el corto plazo, entonces podría pensar en el control de los medios de comunicación principales quienes tienen la consigna de «ya no hablar del narco». Y si fuere así estaríamos hablando de regresión.

    4.- Peña Nieto se presenta como un priísta reformador, dice entender varias de las necesidades, como las de la izquierda. Tiene un paquete de propuestas muy interesantes que ni siquiera había presentado en campaña y que apenas conocimos. Pero también deberemos recordar que ese PRI reformador es el mismo que bloqueó las «reformas que México necesita» durante 12 años. Es decir, que si esas reformas realmente harán progresar al país como presumen, entonces el PRI habría postergado ese progreso por 12 años, lo cual se va a olvidar. Más porque Peña se empecinó a decir que las ausencias de Josefina Vázquez Mota al congreso eran más importantes.

    5.- La reforma educativa es buena, aunque perfectible. Pero se ve un avance. Lo mediático sugiere que los priístas sí pudieron con Elba Esther Gordillo (tal cual quinazo). Se dicen muchas cosas, incluso que hasta el PRI tuvo negociaciones con la maestra. Sea como sea, esto se entiende perfectamente al saber que al PRI no le gusta ser rebasado por los poderes fácticos (ni por Televisa), al PRI le gusta tener el control de todo. Los panistas se vieron rebasados por los poderes fácticos creados dentro de gobiernos priístas, porque no tuvieron el oficio para controlarlos.

    6.- Dicen que quienes no conocen su historia están condenados a repetirla. Carlos Salinas en su tiempo buscó golpes mediáticos, alianzas (concertasesiones), presentarse como el reformador. Un poco parecido al gobierno actual quien tiene a muchos salinistas en el gabinete. Esto no quiere decir que necesariamente vaya a ocurrir lo mismo, o que no exista posibilidad alguna de que este termine siendo un buen gobierno. Pero sí es algo para tomar en cuenta antes de dejar las emociones florecer por una propuesta seductora.

    7.- Paradójicamente, el éxito de este gobierno depende de la oposición. Las posturas tomadas por el PRI en las dos primeras semanas no se explican sin la oposición, desde el PAN, hasta el #YoSoy132. Sin la oposición no habría ningún «Pacto por México» y las medidas tomadas por el gobierno actual serían más discrecionales. Si la oposición entiende el oficio del PRI pensando en el progreso de México, el manejo de fuerzas podría coadyuvar en un desarrollo positivo para la nación. Si no lo entienden podría terminar en no muy buenas noticias.

    8.- ¿Y López Obrador? ¿Alguien ha sabido de él? Buena pregunta.

  • El PRI y los viajes en el tiempo

    Podré no recordar el nombre de algún autor (…) lo que no se me olvida es la violencia, la pobreza y la desesperanza que vive México.

    Palabras bonitas pero superficiales trataron de esconder a un ser de mente vacía y de pensamiento propio inexistente; un discurso emotivo es el que recitó el títere tricolor para hacernos creer que tiene vida más allá de los hilos que los sostienen. Así como lo hizo el constitucionalista Venustiano Carranza hace más de 90 años, Peña Nieto intentará ocultar una escasa ideología con unas cuantas oraciones que dejen a la gente al borde  de las lágrimas, dispuestos a entregar su voto al elocuente político sin antes analizar que para gobernar un país no es indispensable tener una lengua de plata, más bien es obligatorio contar con una conciencia social genuina y con ideas políticas-económicas contundentes; claro está , es lo menos que se ve en la clase política mexicana… Mantenlos jodidos pero conmovidos  parece ser el lema de la mayoría de los políticos actuales.

    Los dinosaurios reviven, el poder de la Iglesia y de la clase conservadora aumenta con la ayuda de reformas que tienen un aire a las del siglo XIX, los talks shows (tipo Laura en América) vuelven a ser populares, la censura a periodistas y ciudadanos crece… ¿soy sólo yo o alguien más piensa que estamos en una gran máquina del tiempo?, si estoy en lo cierto… Tomen nota; televisora basura + políticos corruptos + educación mediocre + pobreza + desempleo + Neoliberalismo + Sometimiento a EUA + desesperación social = Viajes al pasado… ¡Y nosotros que pensábamos que estaban abusando de nosotros!, bueno, ya que sabemos esto, podemos recostarnos, tomar una siesta y esperar un poco para poder ver a Jesucristo en persona (si con lo anterior le he faltado el respeto a alguien; perdón)

    “Sólo ataques ofrecen a México nuestros adversarios.”

    ¿Y tú qué propones?, hubiera sido la pregunta perfecta. Las propuestas políticas de “el copete” son vagas y contradictorias; reactivar al campo poniéndolo a competir con los productos gringos  y canadienses es una broma de mal gusto (los campesinos mexicanos no cuentan si quiera con tractores), disminuir la pobreza y el desempleo sin hacer cambios profundos en la política económica imperante es una utopía y tratar de resolver el problema del narco haciendo más pactos con el gobierno estadounidense es, sencillamente, una pendejada… Aunque, si consideramos que el libro que marcó su vida fue la Biblia, es comprensible que crea en milagros (nuevamente si he herido alguna susceptibilidad; lo siento.)

    Se veía venir; el candidato priísta tomó un pañuelo para limpiarse las lágrimas de rostro, provocadas por los “perversos” ataques de la oposición a su persona; “Guerra sucia” alegó el exgobernador mexiquense ante sus seguidores… lo que hace 6 años era libertad de expresión, hoy por hoy es guerra sucia; convirtieron al priísta en mártir y a nosotros, los renuentes al regreso del partido de los  70 años, en verdugos… Dicen que es divertido lanzar globos llenos de agua a los transeúntes desde la azotea de una casa, pero no tanto recibirlos…

    Probemos un poco nuestra habilidad matemática:

    Pobreza + desempleo= delincuencia.

    Delincuencia + Sometimiento a EUA = Menor soberanía.

    Educación mediocre + televisora basura = población ignorante.

    Población ignorante + políticos corruptos = Neoliberalismo.

    Neoliberalismo = Iglesia con poder político.

    Ahora:
    Todo lo anterior = ¡Ya nos cargo la chingada!

    De sentarse Peña Nieto en la silla presidencial le espera a México un infierno terrible, pero, por otro lado, ¡tal vez veamos algún cavernícola!…

  • Políticos presumidos. Demagogia pura

    No recuerdo si fue con Díaz Ordaz o Echeverría, pero cada vez que hacían alguna obra, sacaban un slogan que decía «haz patria» (de ahí, la famosa frase de «haz patria, mata a un chilango») como una forma de presumir ante el pópulo la construcción de nuevos proyectos que estaba realizando el Gobierno Federal (La versión despectiva fué acuñada en Sonora según lo que pude encontrar en Internet). Era a todas luces una forma de demagogia para que tu ciudadano te dieras cuenta de que el gobierno si estaba trabajando por tu bienestar, no importa si esas obras fueran a ser eficientes o no.

    Me parece bien que los políticos nos digan las obras que están realizando, pero a veces es tanta la megalomanía y el deseo que tienen por exhibirse al hacer tales magnas obras, que hacen de todo, invierten recursos del erario y hacen faramallas para que te des cuenta que «ellos si están trabajando por tí». En Guadalajara por ejemplo, cuando inauguraron el puente atirantado, realizaron un concierto al aire libre que costó unos cuantos millones de dólares (de nuestros impuestos, claro) para festejar su inauguración, juegos pirotécnicos, grupos de rock, tapizaron el rascacielos contiguo con una mantota para agradecer la construcción. El puente, si muy bonito, una arquitectura espectacular; ¿eficiente?, no tanto, aunque habría que esperar a que terminen las obras contiguas para conocer todo su potencial.

    Los del PAN que son los que gobiernan Jalisco, se caracterizan por derrochar mucho dinero en «ciudadanizar» sus obras. También hicieron un concierto cuando inauguraron en el esta vez si ineficiente Macrobús, e invitaron a rockeras bien prendidas como Alejandra Guzmán para que nos deleitara con sus canciones mientras nosotros nos dábamos cuenta que el Macrobús existía. Se preocuparon más por el show mediático y por los acabados del transporte público (para que se vea bonito, si señor) que por la eficiencia de las obras. Dirán –Tal vez no funcione muy bien, pero está bonito y lo hicimos nosotros, el honorable Gobierno del Estado.

    Pero los del PAN no son los únicos en hacer esos derroches del dinero, el PRI en este rubro ya es el colmo. Para hacerse notar, el Alcalde de Guadalajara, Aristóteles Sandoval, lanzó su imagen en color rojo y todo el mundo se tenía que enterar quien estaba gobernando la ciudad. Para eso mandó a pintar todo el mobiliario urbano de rojo (con un pésimo gusto estético) y prácticamente hechó a perder la estética de las obras construídas por el gobierno de oposición, que si algo debo de reconocer de los panistas es que tienen un buen gusto al construír las obras, los acabados son de primera mano.

    Pero esto no solo sucede en Guadalajara. Recuerdo bien cuando fuí al Estado de México (área conurbada del Distrito Federal), que no me encuentro con que cada metro había propaganda publicitaria anunciando que el PRI había reparado cada bache que había en las calles, era inaudito, parecía que se habían gastado más dinero en la publicidad que en tapar los baches. Luego también había bastante publicidad amarilla (del PRD en el DF) y lo peor, una obra inconclusa con la «carota» del delegado del PAN, ya era el colmo.

    Así es aquí en México. A los políticos les encanta presumirnos sus maravillosas obras o sus increíbles gestiones gubernamentales derrochando dinero para hacerse notar. Pero no es gratis que a pesar de eso siempre salgan mal evaluados en las encuestas. La gente ya está harta de demagogia y de politiquería barata. Tal vez sería mejor si invirtieran ese dinero, sí, en ponerse a trabajar.

  • El populista

    El populista se dió cuenta de que la «investidura presidencial» no ayudaba a transmitir esa sensación de cercanía para con los pobres. Es por eso que optó por la guayabera, porque es un atuendo informal que lo hace sentirse identificado con la gente, al grado de perderse entre ellos. La guayabera se puso de moda en los 70’s y mandatarios particularmente populistas como López Portillo la empezaron a utilizar y por ende, pasó a ser el atuendo fashion en el círculo de la política. Pero el populista es más que un hombre con una guayabera, es aquel que busca quedar bien con la gente sin importar las consecuencias que ello implica.

    El populista tiene como meta primordial aparecer arriba en las encuestas de popularidad. Tiene un carisma especial que lo hace atractivo ante las masas, porque las sabe asimilar y termina incluso adaptando un lenguaje plebeyo para hacerles sentir a sus seguidores que no es un lider aparte, sino que es lider de ellos. El populista se encarga de solucionarle los problemas al pópulo. ¿Tienes un empleo mal pagado? Te subo el sueldo por decreto ¿No tienes donde lavar la ropa? El gobierno te regala una lavadora. La gente está contenta porque se da cuenta de que no tiene que hacer un esfuerzo extra para obtener recompensas y dádivas a cambio de comprometerse con la causa del mandatario. El mandatario es el mesías y el mandado es como el esclavo que no se da cuenta de su condición, necesita ser afín a él y rendirle pleitesía para poder obtener los beneficios que ofrece el populista.

    El populista es como aquel ciudadano que gasta todos sus ahorros en cosas inútiles y no los invierte, es como aquel que le dispara «la peda» a todos sus amigos y ni siquiera se fija cuanto tiene en la cartera, al final necesita pedir prestado. Usa el dinero para tener contenta a la gente, no para que este se reinvierta y se genere más riqueza. El populista tiene aversión al mercado, de hecho no confía mucho en la iniciativa y esfuerzo del ser humano, cree que el trabajo duro es un sacrificio y no una virtud. Por eso el populista depende de los recursos naturales para exprimirlos y atraer utilidades sin importar que al no reinvertirse en un largo plazo terminarán perdiéndose. No cree siquiera que el estado debe regular las ineficiencias del mercado, cree que debe controlarlo y debe reducirlo a su mínima expresión. Mas bien cree que el mercado es un beneficio marginal más que el motor de una economía.

    El populista cree que el que no está con el es su enemigo. Cree que generar riqueza es despojar a la nación de sus recursos, cree que cada centavo que genera el rico es centavo que se le roba al pobre. pone su fé en los pobres pero a la vez no cree en ellos, por eso no les pide trabajo, no les pide más esfuerzo más que el que implica seguirlo a él. El es el pastor y los borregos son el rebaño. Sus seguidores le inventan porras, frases, lo alaban, lo adoran, creen que es infalible y si se equivoca le hechan la culpa a las circunstancias o a los enemigos de su causa.

    Muchas veces se cree que el populista es de izquierda, pero ello no significa que todos los de izquierda sean populistas. La izquierda dice procurar la justicia social y el bienestar para los que menos tienen, pero eso no significa que el político de izquierda deba de derrochar los recursos irresponsablemente para ayudar a los más necesitados. Existen otros mecanismos probados que pueden ayudar a las mayorías sin tener que enemistarse con el rico o con aquel que genera recursos por su cuenta. De hecho hay muchos populistas que han sido considerados de derecha, que a cambio de tener contenta a la población, han utilizado irresponsablemente sus recursos, pero ellos tal vez no los usen para dar de comer a los pobres, sino para ofrecer otros beneficios como seguridad, por medio de estrategias mal planeadas sin ningún trasfondo para eliminar la problemática de raíz, estos populistas de derecha tal vez no tengan aversión al mercado, pero no confían tampoco en la capacidad de su población que creen que lo mejor es dejarlos a la intenperie sin educación ni oportunidades de progreso.

    México está lleno de populistas, está infestado de ellos. De hecho tenemos dos presidentes populistas (el oficial y el legítimo) y ninguno de ellos dos ha sabido (o no ha querido) analizar la problemática de fondo para solucionar los problemas que dicen que van a solucionar. Los dos creen que derrochando dinero, subiendo sueldos (a los pobres o al ejército) y aplicando una política de mano dura solucionarán los problemas del pueblo. Y es que a eso nos hemos acostumbrado después de más de 70 años de gobiernos paternalistas y autoritarios. Queremos mandatarios que nos resuelvan nuestros problemas de una vez por todas pero sin que nosotros tengamos que poner algo de esfuerzo.

    El populista «legítimo» es decir, Andres Manuel López Obrador, cabe perfectamente en la primera descripción del populista que hice, no hace falta mencionar nada más. El populista «oficial», Felipe Calderón cabe en la descripción del populismo de derecha, porque se ha empecinado en combatir al narcotráfico como una forma de adquirir legitimidad a pesar de que todos sabíamos que la estrategia era la incorrecta. Invierte la mayoría del presupuesto en ello pero deja del lado rubros importantísimos como la educación y la inversión en la ciencia y tecnología. Pero es más «popular» la mano dura para combatir el narcotráfico (que vale, tal vez era necesario, pero es una guerra muy mal planteada) que el mejoramiento educativo del país.

    Mientras escribo esto, un populista está acomodándose su guayabera para dar un hermoso discurso ante un gran número de seguidores. Porque saben que para tener un rebaño sumiso, solo se necesita de borregos, y de esos, hay muchos mi estimado.