Anaya, el candidato chavorruco

6 febrero 2018

Anaya es el candidato más joven, aspira a venderse como un intelectual agente de cambio. Pero también es percibido como un traidor capaz de hacer cualquier cosa para llegar al poder.

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Anaya, el candidato chavorruco

Ricardo Anaya tiene un problema muy grave, parte del electorado lo percibe como un traidor.

Eso es lo que me dice la gente con la que he platicado, que si pudo destruir al PAN para satisfacer sus ambiciones entonces puede destruir al país. Que poco se puede esperar de una persona que llegó a la presidencia después de haber pisado a los demás. 

Esta percepción (no del todo errónea a mi parecer) se alimenta con la ayuda de los calderonistas (Calderón incluido) a quienes tiene en su contra. Ni su cara de niño bueno le ayuda a paliar la imagen de traicionero que muchos tienen de él. 

¿Cómo sería Ricardo Anaya como presidente? Me parece una incógnita, pero yo no veo que Ricardo Anaya enarbole algo parecido a un cambio de fondo como él promete, forma parte de la misma clase política que ha entrado en un proceso de putrefacción, y si se ha hecho enemigos de varios de ellos no es porque haya querido rebelarse, sino por su ambición de llegar a la presidencia.

No cabe duda que detrás de ese “chavorruco” que toca el piano con sus hijos hay una mente muy astuta e inteligente (y tal vez un tanto perversa). Pareciera que Anaya busca mantener un perfil bajo en ese sentido, que parezca alguien incapaz de robar un dulce a un niño. En vez de ello, con el afán de desplazar a José Antonio Meade al tercer lugar (algo que parece estar ocurriendo), intenta mostrarse como un intelectual que sabe varios idiomas, pero a la vez también es un millennial que toca palomazos y anda en moto. El mensaje es un tanto confuso, y a esto tenemos que agregar que Anaya tiene más bien poco carisma.

Cuando Anaya sube al estrado brilla porque es muy elocuente, pareciera estar en una charla TED. Pero cuando se baja a dialogar cara a cara con los jóvenes, es de notar que no conecta, pareciera que se molesta poco en escucharlos y mucho en que el spot salga bien. Ya ni por su imagen juvenil logra mimetizarse con ellos. 

Ricardo Anaya dice que irá a combatir la corrupción del PRI, pero Álvaro Delgado exhibe triangulaciones que Anaya hizo con ayuda de su fundación. Anaya dijo que se trataba de acusaciones falsas parte de la “guerra sucia del PRI” pero Álvaro Delgado está muy lejos de ser priísta (aunque evidentemente ese “bombazo” le beneficia al partido tricolor). Anaya dice querer a México y que trabajará con todo por mejorar la educación, pero tenía a sus hijos estudiando en Atlanta.

Sus propuesta  del Ingreso Básico Universal (UBI) tampoco parece haber caído muy bien, se percibe como una medida populista con todo y que ha intentado convencer al electorado con su elocuencia característica: que si se están haciendo pruebas piloto en países desarrollados, que si es una idea que fue apoyada por Milton Friedman (para calmar a los liberales) o que si Zuckerberg o Elon Musk lo recomendaron ahora que la inteligencia artificial comience a reemplazar puestos de trabajo. 

Anaya se presume como el cambio, como la alternativa ante el continuismo del PRI y el cambio riesgoso de López Obrador. Pero no ofrece nada nuevo, no hay algo que diga que a ser algo diferente a los últimos gobiernos que México ha tenido. 

Peor aún, Anaya, en su ambición, se hizo muchos enemigos, incluso dentro de su partido. Mientras que el PRI y López Obrador apuestan a fortalecer sus estructuras y a lograr la unidad, la estructura de Ricardo Anaya se ve resquebrajada. Y si Anaya está por encima de Meade es porque este último carga con el lastre que representa su partido, no tanto por méritos propios. Hasta Javier Corral, con su caravana, pareciera tener mayor presencia que él. Anaya difícilmente podrá contar, por ejemplo, con el voto útil de los calderonistas el cual se podrá ir por Meade o votará por Margarita Zavala aunque no tenga posibilidad alguna de ganar. 

Anaya está forzado a buscar una fórmula que funcione. El diagnóstico que ha hecho es bueno: tiene que convencer a los jóvenes y al electorado indeciso. Pero la ejecución es más bien mala, en parte por las contradicciones del personaje.

En el cuarto de guerra podrán estar muy felices de ir en el segundo lugar, pero ¿lograrán a convencer a los indecisos, muchos de los cuales perciben a Anaya como un traidor?  

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