El candidato meme

29 enero 2018

La estrategia de los equipos de campaña ha sido convertir a sus candidatos en memes "cool" para que la gente los viralice y los compartan. Pero esta idea no siempre sale bien.

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Una curiosa tendencia ha aparecido dentro de estas elecciones. Si recuerdan, hace unas semanas hice una crítica de la politóloga Denise Dresser, quien decía que los millennials quieren un presidente cool. Pues, como un amigo me decía, pareciera que dentro de los cuartos de guerra tomaron nota, porque parece que la estrategia de campaña será convertir a los candidatos en memes “que se vean bien cool“. 

Y la estrategia podría tener sentido, porque los memes se replican y se viralizan, de tal forma que, cuando es bien ideado, logra tener un largo alcance que tal vez sólo hubiera sido posible alcanzar con una considerable cantidad de dinero invertida en propaganda política. A través del meme se puede hilar una narrativa donde intenten generar la percepción en el público de que el candidato es de tal o tal forma. 

Los estrategas de campaña saben la importancia que los jóvenes tendrán en estas elecciones. Parte del voto indeciso se encuentra en ese sector que votará por primera vez y por eso han tomado nota de lo que se han hecho en otros países para tropicalizarlo y aplicarlo aquí en México. Si los candidatos no son cool, entonces hay que hacer que parezcan serlo: hay que obamizarlos o macronizarlos

Ricardo Anaya aparece “echándose un palomazo” con Juan Zepeda del PRD para intentar conectar con los jóvenes. Los asesores buscaron algún ambiente en el cual Anaya se sintiera cómodo y familiarizado, y si algo sabe hacer él es tocar instrumentos.

Aunque parece que la estrategia no ayudo mucho, ya que en realidad los jóvenes recuerdan más bien el “insulting and unacceptable“. El meme de Anaya no fue el que habían planeado dentro del cuarto de guerra, sino el que los usuarios crearon. 

A López Obrador le ha sido más redituable este tipo de estrategias ya que las ha aprovechado muy bien para reducir la imagen de rijoso y autoritario que muchos tienen de él. Sus spots de “amlodipino” y “andresmanuelovsky” se han viralizado y él sí que ha conseguido establecer cuál es el meme. Tuvieron tanto éxito que más de un amigo priísta me comentó que estuvo a punto de compartirlo porque estaba “muy cagado”. Desde luego que el carisma de AMLO ayuda mucho ya que él suele ser más natural y auténtico que el político promedio a la hora de hablar. A diferencia de lo que sucede con Ricardo Anaya y Pepe Meade, la primera impresión no pareciera ser la de una estrategia diseñada por el equipo de comunicación sino una ocurrencia del candidato. 

En la campaña del PRI se tardaron en echar mano de estos recursos pero lo hicieron. Después de que José Antonio Meade errara en un mitin al decir “resolvido” en vez de “resuelto”, a su equipo de campaña le pareció una gran idea que Pepe Meade publicara en su Twitter una imagen donde hiciera planas que dijeran “se dice resuelto, no resolvido” para darle la vuelta al incidente y apoderarse de la narrativa. La idea, a mi parecer, fue buena,  aunque no tuvo el alcance o el impacto esperado. 

La intención con este tipo de estrategias es buscar que los candidatos aparezcan lo más naturales y cercanos al electorado, sobre todo al juvenil que gusta mucho de utilizar las redes sociales como Facebook y Twitter. Hay que quitarles el saco, la corbata y el atril y “subirlos al tren del mame”, convertirlos en memes que circulen por las redes.

Pero no siempre funciona: por lo visto en esta campaña, el éxito de este tipo de estrategias depende en cierta medida del carisma del candidato. Obama o Trudeau pueden hacer un meme de su persona porque son personas “carismáticas que caen bien” y porque conectar con el público es algo que se les da de forma natural, a diferencia de Ricardo Anaya (quien puede resultar antipático) o José Antonio Meade (cuya personalidad es más bien débil). 

Los memes son graciosos, pero en realidad no comunican nada y no deberían ser siquiera referencia para elegir por quien votar, aunque en la práctica sí pueden tener cierta incidencia. Los equipos de comunicación tampoco se dan cuenta que jugar con ellos los puede meter en un terreno escabroso, porque si la estrategia no sale muy bien pueden hacer que quien cree los memes sea el propio público y a costa de la imagen del candidato en cuestión como lo que ya hemos visto en las últimas semanas. 

Porque parece ser que estas elecciones no constarán de contrastar plataformas, sino memes. 

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