El sismo y las televisoras

27 septiembre 2017

La cobertura de las televisoras en medio de la tragedia corroboró por qué cada vez son más irrelevantes como medio informativo. Se vieron lentos, y muy "dramáticos".

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El sismo y las televisoras

El miércoles pasado me llevé mi laptop a la televisión. La idea era que mientras estaba haciendo llamadas, compartiendo información en redes sociales y conectando gente o gestionando vuelos con aerolíneas para trasladar voluntarios, pudiera estar al tanto de lo que pasaba. Quería tener mi computadora ocupada en las “labores de voluntariado” y doña tele sería mi principal fuente de información en esos momentos. 

Por un momento había olvidado porqué había dejado de ver televisión y porqué los noticieros dejaron de ser, para mí, cualquier fuente de referencia. 

Lo primero que entendí fue que las cadenas de televisión se han visto rebasadas por las redes sociales y los medios de comunicación digitales. Por ejemplo, mientras TV Azteca estaba concentrada en la Frida Sofía que nunca existió (luego supimos que no fue tanto culpa de las televisoras) y narrando apasionadamente un intento de rescate en la Obrera, en Internet se propagaba el rumor, propagado por algunos medios serios, de que el hotel Plaza Condesa tenía daños estructurales (que es un icono del lugar porque hospeda un inmueble de conciertos, bares y restaurantes). Pero la televisora del Ajusco se limitó a comentar algo así como “después vamos a hablar de un edificio de La Condesa que está en riesgo de colapso”. Se notaba, la televisora estaba muy atrasada, no le aguantaba el ritmo a Internet.

¿Qué fue lo que vi en esa transmisión? Básicamente un show. Parecía que estaban preocupados por todo menos por ser un canal de comunicación que pueda a poner disposición herramientas para ayudar en las labores de rescate. En vez de informar, se preocupaban por narrar relatos de “telenovela” para mantener al espectador enfrente de la televisión. Así trataron el caso de Frida Sofía, todas las cámaras apuntaban al colegio Enrique Rébsamen donde supuestamente había una pequeña niña atrapada. Cierto, no inventaron la historia como acusaron algunos de sus detractores, pero parece que tampoco (ni ellos ni Televisa) se preocuparon por corroborar bien sus fuentes de información.

En ese momento existían varios edificios en riesgo de colapso, vecinos preocupados porque el edificio de al lado no se les fuera a caer, muertos, pánico, gente sufriendo, pero todo se centraba en el Enrique Rébsamen y solamente en el caso de Frida Sofía. Después cortaron la transmisión para entrevistar a personajes de la farándula y preguntarles cómo vivieron el temblor. Aprovecharon el momento para promocionar a sus grupos pop, y de paso, promocionar a sus fundaciones como las hermanas de la caridad, dona a nuestra fundación y nosotros donamos otro peso. De nuevo, se presentaban con ese aire paternalista dentro de una sociedad donde ya casi nadie los voltea a ver ni los toma en cuenta. Ante la incapacidad de ser un medio de información, prefirieron ser uno de espectáculos para llegar a ese target que todavía está condenado a verlos.

Y las pocas veces que se molestaron en buscar la noticia (cuando cuadraba con las telenovelas que hacían por medio de la tragedia) no se molestaron siquiera en ser sensibles con el dolor y la desesperación que muchos vivían:

Si en 1985 el gobierno fue rebasado groseramente por la ciudadanía, ahora quienes fueron rebasadas fueron las televisoras. Internet fue el medio de comunicación que sirvió para todo, para informar (y sí, para desinformar de vez en cuando) y para que la ciudadanía se organizara o reportara personas. La gran mayoría conoció información de primera mano a través de Internet. Lejos quedaron los tiempos de aquellos reportajes pletóricos como el de Jacobo Zabludovsky quien salió a las calles en su automóvil inmediatamente después del terremoto de 1985. Ahora todo lo supimos por medio de los videos posteados en redes sociales. Televisa y TV Azteca, ante la falta de contenido propio, tuvieron que echar mano de ellos para narrar la tragedia. 

Y hasta para eso se vieron lentos. Retransmitían los videos que ya rolaban desde hace varios minutos u horas en Twitter y Facebook. 

Básicamente, las televisoras fueron inútiles como medio de comunicación. Ni siquiera se molestaron en usar toda su capacidad humana y tecnológica para involucrarse en las tareas de localización de personas, de rescate y de ayuda. Fueron meros espectadores y transmitieron lo que percibían como espectadores. Pasmados, en la búsqueda de rating, tuvieron que recurrir al show, ahí donde (piensan) todavía no han sido rebasados. Las televisoras no tendrán su nombre impreso en estos días que fueron trágicos, pero a la vez históricos. A diferencia de 1985, nadie recordará ni compartirá las transmisiones de las televisoras si no es para criticarlas. 

Dicen que las tragedias sacan lo mejor o lo peor de las personas. En el caso de las televisoras, tan sólo mostraron que cada vez son más irrelevantes en el concierto nacional. 

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