Merezco la abundancia – El síndrome de Karime

21 Febrero 2017

Los políticos más corruptos también practican yoga y van a cursos de superación personal. El daño que le hacen a la sociedad no les afecta en lo más mínimo.

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Merezco la abundancia - El síndrome de Karime

Muchos se preguntan cómo es que aquellos políticos y “figuras” pueden robar lo que los otros trabajan. ¿Cómo no les da remordimiento?

Lo que sabemos es que su perfil dista de aquel tipo malévolo que agita sus manos ante cualquier maldad. 

Porque, de acuerdo a los escritos de la esposa de Javier Duarte, con todo y todo, ella parece aspirar a un equilibrio espiritual, va al yoga -seguramente es asidua del bikram–  y toma cursos de superación personal.

Muchos de ellos tienen guías espirituales, algunos son religiosos, otros acuden con gurús o se van a algún lugar recóndito del planeta a “encontrarse con ellos mismos”, y aún con este “equilibrio espiritual” siguen robando y tomando dinero de las arcas.

Esto nos puede parecer un acto de cinismo, y de cierta forma lo es. 

Pero si escarbamos un poco más, podremos llegar a la conclusión de que ya han dado por descontados a quienes perjudican con sus actos. No es que sean necesariamente personas que disfruten de hacer el mal, más bien parecen ser personas que dentro del proceso psicológico mediante el cual realizan sus actos ya no tienen la capacidad de evaluar el daño que hacen a terceras personas, ya no sienten remordimiento por lo que hacen.

Como ese mecanismo ya no existe, entonces ya no les incomoda, ni les genera remordimientos. Entonces pueden aspirar a “reencontrarse con ellos mismos” o a “encontrarse espiritualmente” sin que las razones de su enriquecimiento ilícito constituyan un estorbo.

¿Y por qué sucede esto? Existen muchas razones, pero creo que tiene mucho que ver el hecho de que este tipo de personajes se hayan desarrollado en un entorno donde les han enseñado a estar por encima de los demás. De que no solamente gozan de los privilegios del poder, sino que los merecen. Por eso actúan siempre por encima de la ley, porque además saben que hacerlo no tendrá consecuencias.

Podríamos decir que se trata de gente muy desequilibrada o que tiene severos conflictos psicológicos. En realidad, ellos pueden estar “en paz consigo mismos” e incluso en algunos casos sentir que no están haciendo nada malo. Muchos de ellos han crecido y se han desarrollado dentro de familias que pertenecen a élites políticas que siempre han acostumbrado a sentirse superiores, como si fueran parte de una aristocracia. Así se desarrollaron o se educaron, y si no, conforme fueron entrando al clan, fueron asimilándose hasta el punto de pensar que lo que no debería ser normal es normal.

Si partimos de que los seres humanos intentamos adaptarnos a nuestros grupos de referencia y de alguna forma a emularlos como una forma para adaptarnos y sentirnos parte de, como la suya es una clase económica y de poder ensimismada, terminarán actuando igual. Si dentro de mi grupo de referencia todos roban, entonces es normal robar, y como es lo común, entonces es lo aceptable y hasta lo bien visto. 

El síndrome de Karime es uno que padece gran parte de la clase política, quienes han dejado de ser servidores de los ciudadanos para convertirse en una élite que trabaja para sí misma, que sólo “atienden” las peticiones de los ciudadanos como parte de la dinámica en la cual todos pelean por una tajada de poder.

Y mientras, con el dinero de nuestros impuestos pagan cursos de superación personal caros para encontrarse con ellos mismos, tarea difícil dentro de una vida opulenta pero hueca, promotora de grandes vacíos existenciales que sólo pueden ser saciados con el poder.

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