El dictador naranja, round 2

10 octubre 2016

Hillary pudo darle la estocada final a Donald Trump y no lo hizo. Pero posiblemente Trump ya haya sentenciado su suerte con el video que lo exhibe como un depredador sexual.

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REUTERS/Karen Pulfer Focht

REUTERS/Karen Pulfer Focht

Después del debate, quien todavía no crea que Donald Trump tiene inclinaciones dictatoriales es porque no lo observó bien, o se quiere cegar. Basta observar su lenguaje corporal: se mostraba imponente y hasta acosador. Hillary respondía las preguntas mientras Trump caminaba a sus espaldas, como el stalker perfecto, casi respirándole al cuello. A diferencia de Hillary, Donald Trump no se acercaba a la gente cuando respondía sus preguntas, marcaba su distancia, interrumpía a los moderadores del debate.

Trump inició el debate con un semblante devastador, nuevamente inhalando aire una y otra vez, no sé si debido a una enfermedad, o como consecuencia de lo que sugieren las malas voces, de la cocaína importada por los mexicanos secuestradores, violadores o asesinos. Después, Donald se recuperó y por momentos tomó el control del debate. Hillary Clinton esta vez mostró que el carisma no es lo suyo, le faltó contundencia, no mató, dejó ir vivo a Donald Trump del debate y no le puso el clavo final a su candidatura, aunque ese clavo tal vez Donald ya se lo había puesto solo con el video que lo exhibe como depredador sexual. Trump, antes del debate había llevado a mujeres que presuntamente acusan de acoso sexual a Bill Clinton como respuesta, y pretendió que éstas entraran al recinto donde se llevaría a cabo. Trump hizo todo lo posible para ensuciar todo, para mostrar las “porquerías” de Hillary, verdades, medias verdades, mentiras, muchas mentiras.

El punto culmen del debate fue cuando Trump le dijo a Hillary que de llegar a la Casa Blanca daría órdenes para investigar el caso de Hillary Clinton y así, poder meterla a la cárcel por el escándalo de los correos. Fue el punto culmen porque la persecución política es característica de dictadores y demagogos y no de presidentes democráticos, porque la investigación corresponde al poder judicial y no a los caprichos del legislativo. La simpatía, a veces expresa, de Donald Trump por Vladimir Putin no es coincidencia.

Donald Trump una vez más mostró que el respeto por el Estado de derecho y las instituciones no es lo suyo: se ufana de no pagar impuestos, amenaza con encarcelar oponentes o por cancelar tratados internacionales. El talante autoritario de Trump está muy presente, no es ni siquiera parte de una estrategia de campaña, es él mismo en un desplante sincero de su esencia como persona, lo ha mostrado durante toda su carrera como hombre de negocios con el (mal)trato hacia las mujeres, sus escándalos sexuales -que llevan implícitos una falta de respeto hacia su propia esposa-.

El resultado del debate no fue tan holgado como el de la otra vez, de hecho no me atrevo a decir que Hillary lo haya ganado. A pesar de sus mentiras, Trump se vio más presente, menos caricaturesco, y se molestó más en preparar sus intervenciones. Hillary ahora no pudo darle una de esas estocadas penetrantes que vimos en el primer debate. Pareciera que la estrategia de Hillary fue defensiva, parece que decidió apostar a que el escándalo de los videos hicieran todo el trabajo para tumbar a Trump a la lona y que no pudiera usar el debate para quitarle el momentum a Hillary. Si esa fue la estrategia, funcionó, porque a pesar de que Trump estuvo mejor, el debate no incidirá mucho en las preferencias como ya lo estamos viendo, pero Hillary pudo rematarlo y decidió no hacerlo.

A pesar de que mejoró mucho en su desempeño, Trump no pudo frenar la picada en la que se enfrenta su campaña. Parece que ahora sólo podrá apostar a un milagro si quiere ganar la candidatura, en la cual, al menos hasta unas pocas semanas, se veía muy competitivo.

A pesar del duro golpe, los medios aciertan en no subestimarlo. No se puede subestimar a un personaje de la talla de Trump a estas alturas del juego donde votaciones como las del Brexit y los tratados de paz de Colombia, ya nos han enseñado a que no podemos dar nada por sentado.

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