Cuando las estrellas dejaron de ser la onda

24 agosto 2016

Aquellos que representan las viejas formas son testigos de un cambio generacional que lentamente los están relegando, mientras ven como el poder se escurre.

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Piensa en aquella persona, ya mayor, que trata de encajar con los jóvenes. Ese padre que trata de “integrarse” con la bola de amigos de su hijo cuando hace una fiesta en su casa. Él intenta contar chistes, los amigos de su hijo puberto-millennial se ríen por compromiso. El hijo no se inmuta cuando sus amigos hablan de los malos chistes de su padre, porque lo sabe, sabe que son malos. Después, en privado, el hijo le pide a su padre que no trate de “encajar” con sus amigos, porque su generación ya trae “otra onda” y siente que lo pone en vergüenza. Al final, el padre regresa frustrado a la sala del televisor.

Cuando las estrellas dejaron de ser la onda

Algo así pasa cuando aquellos que representan las viejas formas tratan de encajar con las nuevas generaciones. Por más intentan hacerlo, no pueden, no les sale. Pero a diferencia del padre quien no está obligado a agradar a los amigos de su hijo, tanto Peña Nieto como Televisa necesitan del apoyo de la gente para poder realizar eficazmente el trabajo que están llamados a hacer.

Poner a Peña Nieto y a Televisa juntos en un argumento es algo que puede hasta parecer predecible. No creo que “imposición” sea el mejor término, pero de alguna manera Televisa promovió a Peña para que éste se pudiera hacer con el poder. Encontramos una estrecha relación entre la televisora y el partido de este último, y las “formas” también son parecidas, son parte de una misma cultura, que en algún momento funcionó muy bien.

Lo digo por la nueva programación de Televisa, lo digo por el intento de Peña Nieto de acercarse a los jóvenes al tratar romper moldes con el nuevo informe donde habrán jóvenes y no políticos, empresarios o representantes del clero. Peña quiere verse cool con la chaviza.

Ambos, Peña y Televisa saben que se tienen que acercar a ellos si quieren sobrevivir, el primero por unos puntitos más en los índices de popularidad para ganar legitimidad y más margen de maniobra; el otro, por el rating. Pero no saben cómo.

¿Saben? Yo tengo cierta fe en este cambio generacional. Creo que cuando esta generación termine por establecerse, vamos a vislumbrar muchos cambios en este México que parece sombrío y pesimista. La incapacidad de las viejas formas de generar una relación con los jóvenes lo deja patente. Los viejos actores no saben como adaptarse, por más radicales que sean los cambios, terminan siendo cosméticos. Televisa cambió toda su programación, decidió dejar de enfocarse en el “pueblo”, en los “jodidos” para enfocarse en los millennials que prefieren las series. Puso en su noticiero principal a Denise Maerker, la periodista con mayor credibilidad en toda la televisora, para arrinconarla y marcarle línea.

Carmen Aristegui lanzó la bomba con el reportaje del plagio de la tesis de Peña Nieto. El objetivo no era solamente el presidente, sino Televisa. Carmen colocó la bomba en el lugar exacto, ahí en ese momento donde Televisa cambiaba su programación y le daba un enfoque más cool-hipster-millennial. Carmen los exhibió, no se atrevieron a hablar de la nota, y por el contrario, Maerker comenzó con una nota donde Peña Nieto y Aurelio Nuño hablaban frente a los niños de la Reforma Educativa. En lugar de encontrarme con un noticiero más abierto y juvenil, el comienzo tuvo un tufo muy oficialista, mucho para una Maerker que lograba romper esquemas y rebelarse dentro de esa televisora.

Los cambios de Televisa fueron cosméticos, en el fondo, sigue siendo esa empresa anacrónica de siempre acostumbrada a las viejas formas. De hecho, por el contrario, el cambio podría ser contraproducente porque con el afán de llegar a los jóvenes clasemedieros, ignoraron a ese público cautivo que siempre han tenido pegado frente al televisor.

Peña, quien arrastra su legitimidad por los suelos, también intenta acercarse a ellos. Lo hizo dentro del día de Internet invitando a los principales youtubers e influencers del país. Pero el resultado no fue óptimo. Testimonios como el de Sofía Niño de Rivera lo dejaron muy en claro. La comediante lo percibió como un hombre acartonado. Y es que entre la poca capacidad de nuestro presidente para improvisar, junto con las viejas formas que se han vuelto parte de su personalidad, tenemos a un individuo que parece más bien alienado y así no puede generar rapport con nadie. Vaya, hasta cuando está con niños se percibe ese acartonamiento tan peculiar de él:

Ambos luchan, frustrados intentan acercarse a esas nuevas generaciones que cada vez tienen más peso y que en un momento no muy lejano los relevarán, pero como el padre que ya no está en onda, no tienen las suficientes herramientas para generar empatía porque ellos están “en otra onda”. Nada más que esto trata de poder, y la “onda”, esa a la que no entienden y a la que ya no pueden acceder, es la moneda de cambio.

Y los datos son claros, las pérdidas económicas de la televisora, así como la constante pérdida de voto duro del partido que encumbró a Peña Nieto al poder, muestran que esa generación, que había aspirado a quedarse para siempre, será relevada por aquellos que tienen la oportunidad histórica de dirigir a México a otros rumbos. La pregunta es si lo harán.

 

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