¿Por qué podemos mandar sondas a Júpiter mientras nos matamos a nosotros mismos?

17 julio 2016

Esta pregunta no se trata de una paradoja en realidad, si entendemos que estudiarnos a nosotros mismos es más complicado de lo que parece.

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Hace unos días, la NASA dio la noticia de que la sonda Juno había entrado a la órbita de Júpiter, lo que quiere decir que será cuestión de meses (o menos) para que conozcamos nuevas revelaciones sobre este planeta que alguna vez aspiró a ser un sol pero que se quedó corto. La forma en que fue lanzada esta sonda me impresionó, primero se lanzó al espacio para dar una vuelta completa al sol, y después de hacerlo, se volvió a acercar a la tierra para que la fuerza gravitatoria de “nuestra casa que es tu casa” la impulsara hacia Júpiter y entrara a su órbita.

Tenemos que hablar de todos los avances tecnológicos y científicos de nuestra especie para que esto suceda. No es cualquier cosa, ¿cómo lanzar una sonda a un lugar donde nunca hemos estado con una precisión tal que cumpla su cometido? El ser humano tiene que confiar en las ciencias exactas, en mediciones precisas por medio de complejas ecuaciones y sustancias químicas cuya reacción pueda ser medida con exactitud.

EFE/Nasa/Jpl-Caltech/Handout SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS (NASA/JPL-Caltech/HANDOUT / EFE)

EFE/Nasa/Jpl-Caltech/Handout SOLO USO EDITORIAL NO VENTAS (NASA/JPL-Caltech/HANDOUT / EFE)

Los seres humanos hemos logrado, por medio de la observación, determinar la velocidad y el tiempo con los cuales un planeta cumple su órbita alrededor del sol (año); también la gravedad que cada astro ejerce, tomando como referencia su interacción con otros objetos, porque nosotros “nunca hemos estado ahí”. Las herramientas que el humano tiene a la mano son la culminación de los descubrimientos de sus antecesores (estamos sobre los hombros de gigantes). No sólo es el mérito de los científicos que hacen esto posible, sino todos los que les precedieron a través de los siglos.

Y hay que ponerlo en este contexto: hasta hace pocos siglos, el movimiento por medio del vapor era nuestra principal innovación. Ahora hablamos de física cuántica y de inteligencia artificial. Somos la única especie capaz de “auto-sorprendernos”. No sólo porque la inteligencia de los animales no está lo suficientemente desarrollada para realizar dicho proceso mental, sino por el tamaño de los avances que superan las expectativas (al menos desde nuestra concepción) de nuestra propia especie.

Luego me viene la pregunta ¿y por qué como sociedad no hemos logrado avances tan grandes? ¿Por qué en pleno siglo XXI siguen existiendo manifestaciones de racismo, xenofobia y discriminación? ¿Por qué seguimos matando a quienes no piensan igual que nosotros?

Parece ser una paradoja. Pero si te detienes un poco y te pones a pensar, no lo es tanto. ¿Por qué?

Ser juez y parte:

Quienes son más inteligentes, muchas veces echan mano de sus habilidades intelectuales para descalificar las opiniones opuestas a la suya.

Primero, porque cuando los seres humanos tratamos de estudiarnos a nosotros mismos, somos juez y parte. Estudiamos nuestros límites como especie, pero a la vez esos límites afectan al estudio de nosotros mismos. Si queremos tratar de estudiar alguna corriente de pensamiento, estamos condicionados de facto.  Quien estudia una corriente de pensamiento tiene dos opciones, simpatizar con ella, o no hacerlo. No puede estar en una zona completamente neutral. Por eso es que es iluso esperar que un periodista o comunicador sea completamente objetivo.

Algunos pueden echar mano de herramientas científicas, o incluso de las ciencias exactas al grado que les sea posible (por ejemplo, un estudio cuantitativo). Algunas otras personas tratarán de ser empáticas con la corriente que no es de su simpatía. Y si bien, estas estrategias pueden reducir el sesgo, lo cierto es que, esas mismas herramientas pueden ser utilizadas para reforzar sus posturas, en vez de tratar de llegar a una verdad objetiva.

Por ejemplo, la inteligencia no es garantía de objetividad. Los seres humanos más inteligentes, esto es, quienes poseen un cociente intelectual más alto que la media, no necesariamente son más objetivos. Muchas veces echan mano de sus habilidades intelectuales para descalificar las opiniones diferentes.

Conflict - Flickr

Conflict – Flickr

No podemos estudiarnos por medio de las ciencias exactas:

Es imposible estudiar el comportamiento del ser humano de la misma forma que estudiamos las leyes necesarias para mandar una sonda a Júpiter.

Segundo, porque las ciencias sociales, por las cuales estudiamos el pensamiento y comportamiento de nuestra propia especie, no son exactas. Para conocer el comportamiento de un ser humano desde un postura completamente objetiva (es decir, por medio de las ciencias exactas), tendríamos que poder medir con exactitud todas las variables que están en juego, determinar por fórmulas matemáticas las leyes de la física y de la química cómo es que el comportamiento de todos los átomos derivan en eso que motiva a una persona a enojarse por poner un ejemplo. Mandar una sonda a Júpiter o incluso colonizar Marte suena como un juego de niños, si lo comparamos con lo que tendríamos que hacer en el caso de los humanos. Son demasiadas las variables como para aspirar a medir el comportamiento del hombre por medio de las ciencias exactas.

Por eso creamos las ciencias sociales, que son una versión más reducida y compacta, y que no pueden estudiar el comportamiento de todas las partículas, sino que tratan de predecir el comportamiento de un conjunto de ellas.

Con la fórmula adecuada, el ser humano puede enviar a otros humanos en marte con una alta probabilidad de éxito (las posibilidades de fracaso, estarían dadas en su mayoría, por errores en el planteamiento de las fórmulas). Pero un psicólogo, por más especializado que sea, no puede garantizar que su método le va a funcionar a todos los individuos. Un fracaso a la hora de emprender un proyecto por medio de las ciencias exactas (un edificio que se desploma por una deficiencia en los cálculos) es un error grave, y en muchos casos, una irresponsabilidad. Una persona que no se recuperó de la depresión después de ir con uno de los mejores psicólogos del país, es para este último, un gaje del oficio y poco más.

Dentro del mundo de la política y de las ideologías, encontramos varias de las principales razones por las cuales los seres humanos entramos en conflicto.

Las ideologías (véase, corrientes de pensamiento, religiones, etc.) son un orden de valores creados por los seres humanos con el fin de crear comunidades con la suficiente cohesión para que éstas satisfagan sus necesidades al renunciar a algunas libertades (ejemplo, libertad de matar o robar a terceras personas). Los valores morales, a su vez, tienen una función dentro de nuestra supervivencia como especie. Si la moral no existiera, tendríamos que llevar a cabo un proceso de razonamiento ante cualquier evento, lo cual dilataría por mucho nuestra capacidad de respuesta.

Por ejemplo, no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es un valor moral para algunas personas; que “todxs nosotrxs” escribamos así para evitar la discriminación de género, es un valor moral para otras personas. Podemos estar de acuerdo o no, pero es cierto que es mucho más fácil echar mano de éstos, que tratar de someter a juicio un conjunto de variables cada vez que una situación se nos ponga enfrente.

Si no hablas inglés, puedes configurar el idioma a español en la barra de opciones del video.

 

Pero ni las ideologías ni la moral son ciencias exactas. Cada comunidad desarrolla un orden de valores que puede ser muy diferente a la de la otra, incluso dentro de las comunidades pueden existir severas discrepancias entre lo que consideran un valor, lo cual lleva a un conflicto. Además, los seres humanos tendemos a tratar de conservar nuestros valores establecidos más que a cambiarlos de forma repentina, ya sea por la irrupción de otra comunidad o por la influencia externa.

Una comunidad que mantiene sus valores morales rígidos a través del tiempo pierde flexibilidad, se vuelve arcaica y se estanca. Por el contrario, una comunidad que cambia sus valores constantemente, tiene el riesgo de perder cohesión e incluso desintegrarse. Posiblemente un punto intermedio es lo más sano para el desarrollo y evolución de una comunidad. Pero esto no se determina por medio de las ciencias exactas porque no podemos medir todas las variables por separado.

Por el contrario, este equilibrio es la suma de varios conflictos opuestos, y no el resultado un método elaborado por consenso por parte de los involucrados, como se hace con las ciencias exactas; porque con éstas, son las herramientas que ellas mismas dotan y no la opinión, el estado emocional, la fe, o la lucha por los derechos de los involucrados, quienes determinan los pasos a seguir.

En resumen, es imposible crear un orden de valores y principios perfecto de la misma forma en que lanzamos una sonda a Júpiter. Entonces podemos llegar a la conclusión de que no es una paradoja que podamos enviar sondas al espacio mientras que nosotros hemos sido incapaces de resolver nuestros conflictos.

Y posiblemente no los hayamos resuelto del todo, cuando el primer humano ponga un pie sobre un exo-planeta.

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