Hablar de #MiPrimerAcoso, romper paradigmas, y evolucionar como sociedad

24 abril 2016

Hoy tenemos que hablar del acoso sexual en un país donde está tan normalizado. #MiPrimerAcoso fue un buen ejercicio para exponer lo que viven las mujeres todos los días.

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Me encontré con una dinámica muy interesante en Twitter con el hashtag #MiPrimerAcoso. Posiblemente ya la viste porque se le dio mucha difusión como respuesta a la exposición continua de casos donde la mujer es degradada o abusada (México es el primer lugar en violencia sexual según la ONU). Hay que recordar que uno de los mayores temores de una mujer es ser víctima de un abuso sexual, sobre todo cuando se trata de una violación. Cuando ellas buscan una pareja o relación, tratan de percatarse (tanto a nivel consciente como subconsciente) que el hombre en cuestión muestre signos de ser una persona psicológicamente estable de tal forma que no sea un riesgo para la mujer.

Hablar de #MiPrimerAcoso, romper paradigmas, y evolucionar como sociedad

La dinámica se me hizo muy interesante y a la vez escalofriante. Muchas mujeres (y también algunos hombres) quienes aprovecharon este hashtag en las redes, entre ellas amigas y conocidas mías, expusieron casos donde fueron víctimas de un acoso sexual.

Se me hizo interesante porque con este ejercicio los hombres podemos dimensionar de una mejor forma por lo que pasan las mujeres. Personas comunes expusieron casos donde hombres que manosean su vagina mientras dormían en un trayecto largo en el transporte público; personas que aprovechan el tumulto para meter los dedos “por debajo de las nalgas” de las mujeres; mujeres que vieron como algún hombre se masturbaba y eyaculaba mientras las veían; abusos de familiares, sacerdotes, maestros; niñas que temían salir a la calle porque un hombre les levantó la falda; mujeres a quienes les agarraron una nalga o un seno y después les recriminaron a ellas por vestirse así. Son muchos los casos, y varios de ellos habían quedado en el anonimato.

Y se me hizo escalofriante pensar que como sociedad hemos permitido que pasen estas cosas, y sobre todo, que las hayamos tolerado.

Lamentablemente ha habido muchas personas que se han burlado de esta iniciativa. Es algo predecible y lamentable a la vez.

Porque cuando tratas de cambiar un status quo donde muchos están acostumbrados a ver estos actos como “normales”, lo natural es que seamos testigos de actos de resistencia, de quienes no quieren que cambien las cosas, de quienes quieren seguir pensando que “la mujer es un objeto para el hombre”, por parte de aquellos que no saben controlar sus instintos sexuales. Esos mismos son los que se mofan, los que llaman feminazis a mujeres y hombres que tratan de exponer estos casos.

Existen sectores de esta sociedad donde este tipo de “cultura” es más notoria, por ejemplo, en aquellos que tienen relación con la música grupera. Hace no mucho, un conductor acosó sexualmente a su compañera al aire; el cantante Gerardo Ortiz quien en un video asesina a una mujer por despecho, o Julión Álvarez quien cargando rumores donde presuntamente golpeó a una dama, afirmó que si una mujer no trapea no sirve, y que ésta debería de estar al servicio del hombre.

El problema más grave viene cuando tanto hombres como mujeres aprueban este tipo de actos y formas de pensar con tal de defender a sus “artistas”. Terminan reafirmando y avalando sus actos:
julion

Esta cultura del machismo en conjunto con una sociedad actual y medios de comunicación que invitan a experimentar la sexualidad de una forma descontrolada nos ha llevado hasta aquí.

Ciertamente, la forma en que los hombres experimentamos nuestra sexualidad es diferente; los hombres tendemos más a excitarnos con el físico de las mujeres, que lo que lo hacen ellas con el nuestro. Pero no somos animales, ni siquiera los animales se comportan de esa forma. Los hombres tenemos la capacidad de moderar y controlar nuestros impulsos, y para eso la educación en casa es muy importante, con padres que enseñen a valorar y respetar a las mujeres.

Pero también es importante que como sociedad cambiemos paradigmas, donde reprobemos abiertamente el acoso sexual y donde no condenemos ni señalemos a las mujeres por ser víctimas de este tipo de abusos.

Para combatir este problema debemos reprobar con más contundencia este tipo de actos. No sólo se trata de que las autoridades actúen, sino que nosotros como ciudadanos le pongamos un precio más alto a los actos de los abusadores; que sepan que este tipo de personas serán relegadas de la sociedad y condenadas al ostracismo social.

Ojalá cada vez más mujeres hablen sobre aquellas ocasiones en que fueron abusadas, y ojalá cada vez menos hombres las juzguen (por más absurdo que parezca que se juzgue a quien fue víctima).

Ojalá logremos construir una cultura donde el abuso sea completamente condenable, tanto por la sociedad como por las instituciones.

Y por cierto, felicidades a las mujeres que se atrevieron a exponer sus casos en Twitter, un aplauso por su valentía:

Acoso Sexual

 

 

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