La crisis de la izquierda y el ascenso del fascismo en tiempos de Google

29 marzo 2016

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Si hay un momento en la historia en que la izquierda ha estado más débil que nunca, es éste, lo estás viviendo el día de hoy.

La crisis de la izquierda y al ascenso del fascismo en tiempos de Google

Hasta hace no mucho, la izquierda dominaba el cono sudamericano. Muchos pensamos que la izquierda populista caería en determinado tiempo producto de sus contradicciones, y así está ocurriendo. Lo que no previmos es que esa izquierda a la cual calificábamos de moderada, y que se estaba convirtiendo en un supuesto “gran ejemplo”, se desmorona de la misma manera. Brasil, ese país tan admirado no sólo por los progresistas, ve como ese legado político-ideológico emanado del Partido del Trabajo empieza a caer. Esos mismos que le habían dado una nueva cara, terminaron envueltos en escándalos de corrupción. Lula da Silva, el otrora idolatrado político, termina investigado por supuestos actos de corrupción, mientras que su contemporánea Dilma Rousseff, hace poco tiempo tenía algo así como el 12% de aprobación.

Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, regresaba al poder tras un mandato que fue aplaudido por la opinión pública; y no podía ser mejor para ella al suceder a Sebastián Piñera, que se fue del cargo con niveles de aprobación bajos de entre el 25% y 50%. Pero Michelle Bachelet no sólo no logró repetir el éxito de su pasada presidencia, sino que varios familiares directos suyos se vieron envueltos en escándalos de corrupción.

En Europa, la socialdemocracia parece estar mimetizada con los partidos de centro-derecha, concuerdan en varios puntos de sus agendas, las diferencias en términos económicos son pocas, y esto es importante entenderlo porque el contexto en el cual nos encontramos es producto de una crisis económica mundial (la del 2008).

La extrema derecha ha robado el discurso antiglobalizador y en contra del libre mercado. Esa extrema derecha que hasta hace poco, muchos pensaban que no existía, que era ya parte de la historia, y que había quedado enterrada después de la Segunda Guerra Mundial, con tan sólo pequeñas expresiones esporádicas aisladas que no tenían injerencia alguna en el panorama político.

Hoy, esa extrema derecha existe. Está más viva que nunca. En Estados Unidos, los dos candidatos del Partido Republicano, Donald Trump y Ted Cruz (con sus peculiares diferencias entre los dos), son representativos de ella. El partido Alternativa para Alemania tiene cada vez más presencia en diversas regiones del país teutón, el UKIP en Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, y demás movimientos ultra-conservadores que comienzan a tener cierto peso en la vida política de los países europeos.

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Muchas personas e incluso analistas se atrevían a decir que el “neoliberalismo y el capitalismo”, eran expresiones derechistas, y que a más derechista. más neoliberal se era. Incluso en algunas manifestaciones, comparaban a estos políticos que apostaban radicalmente por el libre mercado, con Hitler o algún otro dictador fascista. Estaban equivocados.

Nos vemos obligados a regresar al espectro político, tal y como era concebido en el tiempo de entre-guerras (y que en realidad nunca debió de cambiar, tan sólo porque un extremo del espectro estada dormido), con los extremos políticos abocados al excesivo intervencionismo estatal y el nacionalismo, y los centros tendiendo a ser más liberales: La centro-izquierda limitándose a promover cierto intervencionismo estatal para mantener un Estado de Bienestar dentro de una economía de mercado, y la centro-derecha para rehusarse al aborto y los matrimonios gay (entre otros valores tradicionales), por mencionar algunas diferencias.

De hecho no podemos concebir a los extremos como si se tratara de una sola flecha que separa a la derecha y a la izquierda y ambos quedan totalmente separados. Por lo contrario, entre los extremos existen más bien muchas convergencias y estos en vez de estar separados parecen unirse, de tal forma que podemos encontrar más coincidencias entre políticos que se encuentran en ambos extremos que entre uno de ellos con otro que se encuentra en el centro. Tampoco es coincidencia que Hitler y Mussolini, hayan simpatizado o formado parte del socialismo de aquel entonces para luego verse tentados por el fascismo.  Por ejemplo, tomemos este discurso de Hitler, el cual bien podría pasar en diversos momentos, por alguna figura de izquierdas:

Es decir, si nos ubicamos en el centro del espectro político y comenzamos a recorrernos hacia los extremos de la izquierda y derecha, nos percatamos que la izquierda progresivamente es más intervencionista en lo económico, pero comienza a ser menos liberal en lo social (el nacionalismo aumenta y los derechos de las minorías disminuyen), mientras que en la derecha, al irnos del centro al extremo, ésta empieza a volverse más conservadora (ya no sólo hablando de temas como el aborto o el matrimonio, sino un nacionalismo más exacerbado) al tiempo que deja de ser liberal en lo económico (lo contrario de lo que muchos asumen), y ambas corrientes al llegar a los extremos no sólo se hacen más diferentes, sino que se comienzan a parecer.

Si bien, el famoso plano cartesiano donde se propone no dividir el espectro político entre izquierda derecha, sino en liberalismo o conservadurismo social o económico, es completamente válido, y es el más difundido en la actualidad para medir la posición política de una persona. Me atrevo a hacer esta ilustración para que se entienda de una forma más fácil la forma en ambas corrientes políticas (izquierda y derecha), más que diferenciarse, se parecen cuando se trasladan a sus respectivos extremos:

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Habiendo explicado todo esto, podemos entender por qué la izquierda está en crisis. Si bien, también ha tratado de irrumpir en Europa como una respuesta a las consecuencias de una crisis económica dentro de una economía de mercado (con Podemos en España y Syriza en Grecia), la izquierda, al quedarse sin argumentos (o al ser estos endebles y titubeantes), ha permitido que la extrema derecha se robe el discurso anti-globalizador. Al igual que en 1929, una crisis económica mundial ha sido el punto de partida para el surgimiento de opciones radicales; pero a ésta se han sumado temas como el terrorismo y la migración. Cada bomba que hace explotar DAESH (o ISIS) son puntos porcentuales para los demagogos de extrema derecha, son argumentos para sostener sus propuestas de campaña. La izquierda en tanto, no tiene respuestas que suenen a música en los oídos de aquellos que buscan soluciones radicales.

Y las preguntas son, ¿hasta donde llegará toda esta convulsión política? ¿La democracia liberal está amenazada como hace más de medio siglo? ¿O estas corrientes se disiparán y todo volverá a la normalidad? ¿La izquierda tendrá futuro? y ante una clase política tradicional desacreditada a nivel mundial ¿Qué alternativas, lejos de los demagogos radicales, hay para poder volver a mantener ese delicado pero necesario equilibrio político?

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