El recalentado y tú

25 diciembre 2015

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Posiblemente te agarré crud@ y te percataste de mi publicación mientras haraganeabas en Facebook consultando las publicaciones de tus amigos y seres queridos donde al igual que tú, festejaban el día de ayer con sus familias, seres queridos o amigos.

El recalentado y tú

Te levantaste de la cama a deshoras, tal vez haya algo de papel de envolver o algún moño tirado en el suelo de tu cuarto. Tal vez el sabor del tequila mezclado con pastel y pavo sigue en tu boca, la cual tienes que ir a lavar porque las bacterias se encargaron de hacer su trabajo durante la noche mientras dormías. Tal vez bajes a la cocina y te des cuenta de que sobró mucha comida y habrá que recalentarla para que no se desperdicie, con el remordimiento de la alta ingesta calórica que representan esos alimentos altos en grasas combinados con la pérdida de nutrientes posterior a su ingreso al horno de microondas. Disculpa si te he agarrado en estas condiciones donde tu cuerpo reposa física y mentalmente del desgaste físico y emocional el día de ayer.

Ayer estabas feliz, estabas con tus seres queridos. Tal vez alguno de ellos ya no esté aquí, pero sabes que se encuentra contigo en espíritu; y tu amigo, tío, padre o madre ausente te reconfortan desde allá arriba y no te olvidan a pesar de haberse apartado físicamente. Tal vez fuiste el alma de la fiesta, o bien, guardabas silencio disfrutando y analizando en tu interior las conversaciones de los demás; eso depende de tu personalidad. Pero el hecho es que estabas ahí, con los tuyos, con quienes te han visto crecer, con quienes te han apoyado en los momentos más difíciles. Y sabes que a pesar de los momentos muy duros de la vida, ahí están, y que no todo es negro, y que no todo es triste.

Mientras extraes ese pavo que recalentaste y que ha perdido un poco de su sabor original, reflexionas y llegas a la conclusión de que no estás sol@ cuando tus primos a quienes no has visto desde hace tiempo te preguntan sobre el acontecer de tu vida y sobre tus planes para después entablar una conversación; lo sabes incluso cuando esa enfadosa tía te pregunta por qué sigues en la soltería o que por qué no llevaste a la novia al festejo. A muchos de ellos posiblemente no los veas más de un par de veces al año, pero sabes que puedes contar con ellos cuando aquellas personas que presumen estar más cerca de ti, se apartan cuando ya no les es conveniente estar contigo.

Y en esta fecha tan paradójica, porque la navidad trata de festejos, regalos, consumo y sólo un pírrico porcentaje sobre recordar el nacimiento de Jesús (algo así como si en tu cumpleaños todos se juntaran a festejar quien sabe que y nadie te diera tu abrazo); tan paradójica que en los adornos vemos a Vírgenes Marías y reyes magos mezclados con muñecos de Santa Claus y trineos, y todavía más paradójica porque muchas veces no somos conscientes de dichas paradojas… En esta fecha tan paradójica, tienes el privilegio de estar con los tuyos, y asumes que es la norma porque tus parientes, amigos y “contactos del feis” hacen lo mismo, cuando sólo trata de tus círculos cercanos. Pero no es así.

Eres privilegiado porque muchas personas todavía sufren en estas fechas, tienen que pensar en que comer, están realmente solos, perdieron a sus seres queridos y sólo se tienen a ellos mismos. Están quienes no tienen salud y en vez de celebrar con sus familias, se encuentran conectados a un aparato del cual dependen para mantenerse con vida mientras los doctores deliberan si existirá una posibilidad para que puedan ser salvados. Están aquellos quienes han arruinado sus vidas, quienes tienen algún problema grave con drogas, quienes se han convertido en delincuentes o narcotraficantes que ya desconocen eso que llamamos “calidez humana” y han sido ultimados gracias a las peculiaridades de “su profesión”, o los gajes del oficio.

Mientras te terminas ese pavo que recalentaste, aprovecha para reflexionar y para darte cuenta sobre la privilegiada posición en la que te encuentras. ¡Por Dios! Recalentar un pavo mientras estás acurrucado con el suéter que tu tía te regaló es un privilegio que no muchas personas tienen.

Porque ciertamente, puedes estar pasando un momento difícil, las cosas profesionalmente no van bien, la novia te dejó, alguna persona te traicionó. O hoy tal vez estés angustiado por los kilos de más (que podrás recuperar en pocas semanas con un poco de fuerza de voluntad) al tiempo que el obeso más grande del mundo (orgullosamente mexicano) ha fallecido en este 25 de diciembre.

Y mientras bebes el vaso de leche con el cual acompañas el vaso recalentado, ponte a pensar: Tendrás la posibilidad de planear tu siguiente año: Un nuevo empleo, comprar un coche nuevo (o venderlo para irte de viaje y porque prefieres andar en bici o en camión, es más hipster), una maestría, una boda, una casa, un nuevo hobbie, conocer el mundo, una nueva pareja, o ayudar a la gente que no se encuentra en condiciones de planear años como tú. ¡Eres un privilegiado!

Siempre recuérdalo, y más cuando el mundo se te esté cayendo encima.

Y no te olvides de acabar de comerte el pavo…

 

 

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