El Big Brother, la neolengua de Televisa

22 septiembre 2015

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Como dato cultural, El Gran Hermano surgió del 1984 de George Orwell, un libro distópico que recreaba la dictadura soviética en un imaginario futuro. El Gran Hermano era por algún decirlo el “amado líder” al que todos debían obedecer y someter; y para mantener al pueblo sometido, manipulaba deliberadamente la información inclusive al reducir el léxico del lenguaje de tal forma que se pudiera inhibir la crítica y los cuestionamientos al gobierno, eso que Orwell en su obra, llama neolengua.

El Big Brother, la neolengua de Televisa

Los creadores de este reality show adoptaron el término, que en realidad tiene poco que ver con el “Big Brother” de 1984 porque sólo se trata de un ente que tiene control sobre la casa donde residen los concursantes, quien les organiza dinámicas a los miembros de la casa e los invita a nominar a uno de ellos para que salga de la casa. El Big Brother está muy lejos del terrorífico Gran Hermano de la obra.

Lo que tal vez sí tenga de parecido es la neolengua. Basta a ver a algunos de sus integrantes quienes parecen tener algo en común; al parecer no se trata de personas realmente interesantes, mucho menos leídas; por el contrario, son personas que tienen un perfil adecuado para que dentro de esa casa se armen los conflictos suficientes para que Televisa pueda obtener buenos ingresos a través del rating. Algunos son pedantes, arrogantes, y narcisistas; pero sobre todo son personas comunes y corrientes con una personalidad estereotipada y fácilmente encasillable. Los organizadores no son tontos, y saben que este tipo de personas son los más proclives a hacer de Big Brother, un programa con el suficiente morbo para que las personas “medianas” lo sigan y compren los productos integrados por medio del brand placement, en la dinámica de la casa. Es el ingrediente perfecto.

El verdadero Gran Hermano (apelando al concepto de Orwell) se trata en realidad de la televisora que tiene cautivos a los televidentes perdiendo el tiempo viendo Big Brother.

Las personas que gustan de interesarse por las vidas de otras personas reflejan una vida vacía. Es lo mismo que lleva a los individuos a leer revistas como TVNotas y demás revistas del corazón, su vida es lo suficientemente monótona y aburrida como para que lo que haga una persona que no conocen y que seguramente no conocerán, sea más interesante que lo que hagan ellos mismos. Por eso soy muy crítico de este tipo de programas, porque se alimentan del vacío intelectual y espiritual de la gente, quienes proponen a personas que distan de ser ejemplares como modelos a quienes estar vigilando en la televisión por un determinado número de horas.

Eso es Big Brother, es una alegoría al chisme, a lo banal, a lo superfluo, al morbo, al no tener nada que hacer, a la vida vacía, al espíritu inexistente, a la mediocridad, al conformismo.

Si esperaban que hablara de la dinámica del programa, lamento decepcionarlos. Que si Adela Micha lo va a conducir (ahí está mejor que haciéndola de analista del mundo político, de verdad) que como se van a nominar, que cuales son las reglas. De verdad eso no tiene ninguna importancia.

Para muestra basta un botón, aquí el perfil de algunos de los integrantes. Seguro de aquí saldrá el Octavio Paz del Siglo XXI, al tiempo:

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