Una pastilla para Andrés Manuel López Obrador

15 marzo 2015

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¿Regresar la Constitución a como era en 1917? Sí. Esa es la novedosa propuesta de Andrés Manuel López Obrador. Sí. Como película de Volver al Futuro, pero 100 años. Caray, hemos vivido tanto tiempo con esa Constitución y con ella emanaron gobiernos autoritarios como los del PRI (donde él se formó). Tanta corrupción, tantos desfalcos, tantas represiones, tantas crisis económicas bajo el amparo de la Constitución de 1917. ¿De qué sirve tener una Constitución tan bonita si todos se limpian con ella cuando van al baño?

Una pastilla para Andrés Manuel López Obrador

Señor López Obrador. Vivimos en el 2015. Ahora cuando yo quiero ver que día es, yo agarro mi smartphone y lo prendo. En 1917 tenías que conformarte con preguntarte al tendero que día era porque ni la radio existía en nuestro país. Señor López, vivimos en épocas muy distintas, los seres humanos tenemos necesidades muy distintas, la estructura social es muy diferente y lo único que queda son los acarreos y la compra de votos tan típicos del partido del que surgió y al cual ama-odia.

López Obrador vive de los mitos, de esos mitos que tanto daño nos han hecho, de esos mitos oficiales que buscaron generar cohesión social a través de la manipulación para que la gente se sintiera orgullosa de su nación mientras quienes estaban en el poder desfalcaban a nuestro querido país. Que Villa, que Zapata, que Juárez, que la Constitución de 1917.

Ese señor que toma como mito a un Juárez que alguna vez hizo un fraude electoral, y que por las circunstancias de la vida no logró vender parte de nuestro territorio a Estados Unidos (Tratado McLane – Ocampo).

Sí, ese López Obrador, ese Peña Nieto de las izquierdas (aduciendo a su capacidad cerebral), ese que dice que uno de los pocos medios libres que quedan en México es el noticiero de Jacobo Zabludovsky. Ese reportero somnífero de Televisa, palero de los peores regímenes priístas, que engañó a la población con la represión de 1968. Ese que se arrodilló ante Díaz Ordaz, Luis Echeverría, López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, ese que se convirtió en el reportero oficial del régimen autoritario y que ahora, que ya no está en Televisa, hace como que cambia su discurso.

Pero cuando hasta la más desagradable sátrapa está con él, hay que aceptarla porque significa que “ya se volvió bueno”. Ejemplos, Manuel Bartlett, el mismo Jacobo, y una lista de personajes más.

Porque López Obrador vive del pasado. Textear desde su iPhone (porque sabemos que gusta de los productos marca Apple) apologías al pasado no lo hace moderno. López Obrador no cree en la democracia, cree en la formas del PRI aunque diga odiarlos. Defiende a Aristegui o a El Reforma, porque independientemente de su calidad, no tienden a criticarlo tanto. Dice que La Jornada es un medio libre, pero si él llegara a la Presidencia, seguramente desempeñaría el mismo papel que desempeña, por ejemplo, Televisa con Peña Nieto.

Tan rancio, tan obsoleto, tan hipócrita (habla de la Mafia del Poder, pero hay quienes lo han apoyado por debajo del agua en infinitum) tan igual que los políticos “de siempre”, porque él es, muy de siempre.

¡Para afuera!

 

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