El caprichoso afán de etiquetar a las personas

18 enero 2015

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Todos los individuos tenemos una forma de ser. Nuestra personalidad fue moldeada por varios factores: El temperamento, el carácter, la educación recibida tanto en la familia como en la escuela, las personas con quienes nos llevamos (familiares, amigos), nuestras experiencias, la influencia externa de los medios y corrientes de opinión y un sin fin de factores más.

El caprichoso afán de etiquetar a las personas

Dicen que los individuos somos únicos e irrepetibles, pero varios somos muy parecidos, más parecidos que otros. Por esto puede existir cierta predisposición para clasificar a los individuos en grupos relativamente homogéneos, sobre todo cuando tenemos cierta tendencia a juntarnos con gente parecida a nosotros, o que comparten rasgos (de personalidad, gustos o preferencias) en común. Pero al final no dejamos de ser únicos y creo que ponerle etiquetas a la persona, puede relativizar y trivializar su esencia.

Al ver el spot que el partido Nueva Alianza lanzó, me vino a la mente este vicio (por llamarlo de una forma) que tenemos los seres humanos: “¿Fresa o pandrosa?, turquesa (en referencia al color del partido); ¿Dark o punketo?, turquesa. Y es cierto que los humanos podemos agruparnos en tribus urbanas, lo cual hace fácil clasificarnos, pero no siempre lo hacemos así y de todos modos terminamos siendo clasificados en algo, para que después el mercado se encargue de consolidar dicha clasificación y convertirla en un nicho.

Una amiga me decía: -Técnicamente hoy me clasifican como hipster, pero yo siempre he sido así desde antes que yo conociera ese término, y me molesta, porque yo tenía mi propia forma de ser sin tratar de pretender ser nadie, y ahora resulta que soy parte de una tendencia.

Y es que si nos fijamos, a la gran mayoría de las personas ya nos han etiquetado como algo sin siquiera pretender ser parte de algún movimiento, tribu o tendencia. Si gusto de ir en bici por mi café ya soy considerado un hipster; por el contrario, si uso la primera ropa que me encuentre para ir al Oxxo (unos pants y una camisa blanca) ya soy normcore. Si soy una persona que tengo un cuidado excesivo de mi imagen, soy un metrosexual; pero si decido dejarme la barba y tener un aspecto un poco soy más despreocupado, entonces me he convertido en un lumbersexual.

Cuando estas etiquetas se vuelven tendencia, entonces las grandes marcas que ya han agrupado a los individuos en nichos de mercado, encuentran un pretexto para vender moda y reafirman dichas etiquetas. No importa que se trate de prendas caras dirigidas a quienes aparenten vestir despreocupadamente. Posiblemente Dolce & Gabbana lance una chamarra fodonga dirigida al mercado de los normcore, pero con un precio desorbitante ¡Y posiblemente se venda! Porque al señalar a los individuos con etiquetas, se crean tendencias, y a partir de ese punto, muchas personas querrán ser parte de esa tendencia (a pesar de que antes nunca se habrían identificado con ella).

Pero en realidad los humanos somos únicos e irrepetibles, nuestras historias de vida, nuestros rasgos y nuestro temperamento podrá hacer que tengamos muchas cosas en común con otras personas, lo cual nos persuada a tener lazos con ellas; pero nunca serán lo suficientemente similares como para justificar una etiqueta que predefina nuestra personalidad.

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